viernes, 16 de abril de 2021

Cartelazo muy de Madrid

Lo fácil que habría sido pensar en Madrid para montar un festejo en Madrid

Siempre se ha dicho que cada plaza tiene su personalidad, sus gustos, preferencias, tradiciones y hasta sus manías. Y será por eso que cuando las empresas se ponen manos a la obra para confeccionar carteles, tienen que saber de lo que son esas plazas, de lo que gusta y, claro que sí, de sus manías. Madrid es una plaza que tiene mucho de todo, pero manías, manías tiene para dar y regalar. Es una plaza extraña para muchos y gloria bendita para los más grandes. Paradojas del toreo. Pero Madrid es Madrid, sin necesidad de mirar a otras partes. Y a Madrid habría que darle lo que quiere y digo que habría que darle, porque desde hace años nadie se lo da. Que es verdad que en esta plaza y en este poblachón manchego, el pueblo más grande del mundo, como decía la leyenda, acogen con sumo agrado al que llega de fuera y sin importarle de dónde venga, ni el acento que tenga, se le toma por un madrileño más, pero de ahí a que lo que quieran es que adopte la personalidad, los gustos y las manías de otros, va un gran trecho. Que se puede intentar, pero que tampoco nos obliguen a actuar como si tuviéramos múltiples desdoblamientos de personalidad. Y en esto de los toros parece que esto se ha convertido en norma. Tomemos la plaza de Madrid, las maneras de Madrid, los gustos de Madrid, las manías de Madrid y mandémoslas a tomar… chocolate a San Ginés.

 Pero no se crean que para acabar con Madrid y para darle una patada en semejante parte al aficionado de Madrid tenga que venir nadie de fuera. No, que va, que los nacidos en la Villa y Corte a veces no saben por dónde se andan y aplican a lo nuestro lo que creen que gusta más allá de Guadarrama, más al sur del manzanares o pasado Meco y Navalcarnero. Aquí se aplica eso de los que han entrado en Madrid, pero Madrid no ha entrado en ellos y para muestra, el botón de ese magno festival que la Comunidad de Madrid ha anunciado para el dos de mayo, como fecha marcada en letras de oro para la reapertura de la plaza de las Ventas después de la maldita pandemia. Ya ven, una señora presidenta de Madrid, un señor director del Centro de Asuntos Taurinos, también de Madrid y cuando se meten a confeccionar un cartel, ¿qué digo? Un cartelazo; no se paran ni por un momento a pensar en lo que gusta por estos lares.

Lo primero, un festival y no una corrida de toros. Que uno no es epidemiólogo, pero igual es que el virus ve un traje corto y sale espantado, que todo puede ser. Ya digo, no soy médico y mis conocimientos acerca de todo esto se limitan a salir a la calle embozado y a abrasarme las manos con el gel hidroalcohólico. Pero luego viene la selección de los actuantes, que sí que es verdad que son los figurones del momento, pero es que resulta que en estos tiempos que corren, estos figurones son los más cuestionados de la historia en la plaza de Madrid, quizá desde el Bomba y Machaco. Ventura, que sí, muy espectacular, el adalid del circo a caballo; Ponce, magistral en el manejo de las lejanías, el pionero del teletoreo; Juli, el contorsionismo vestido de luces ante novillotes avanzados casi mogones; Manzanares, prototipo postmodernista y gran exponente de la Tauromaquia 2.0, 2.1… 3.0; Perera, príncipe de la soberbia, mezcla entre Ponce y Juli, agente comercial de Bose, rama megáfonos de largo alcance; Ureña, que se les ha tenido que colar o para al menos dar gusto mínimamente a la afición del foro; Y Roca Rey, sumo pontífice del banderazo, hijo de Eolo reencarnado en figurón mediático.

Pero esos amigos de la fiesta, esos que regentan la plaza de Madrid, esos que prometen proteger la “tauromaquia”, resulta que ignoran lo que gusta a esta plaza, a la gente que ocupa sus localidades, a los que aguantan el frío y el fuego que desprende ese granito serrano, esa piedra de gradas y andanadas de marzo a octubre, sin faltar, salvo que les toque en una mesa electoral un domingo cualquiera. Se les olvida a estos parroquianos, pero se saca pecho en las fotos para mostrárselas, así como diciendo “mira lo que me preocupo por vosotros”. O si es menester, cogen la fiesta que estos leales de Madrid tanto aman y se la tiran a la cara al primero que se les ponga por delante. Que la fiesta lo soporta todo, aguanta patadas, pisotones, desprecios, casi igual que esa afición de Madrid que quiere casi por igual esta pasión que son los toros, como su plaza. Que tampoco piden mucho, solo piden poder volver a su casa, poder volver a ver cómo se abre la puerta de toriles, poder volver a ver el toro y para empezar, quizá preferirían que no asomaran esos que tantas veces les crisparon, los que no dudaron en hacerles desplantes en su cara, decir de ellos verdaderas barbaridades, dudar de su saber, de su afición y hasta de su calidad de buena gente. Que no digo yo que todos sean buenos, ni sabios, faltaría más, pero o que no son es tontos y lo que sí saben es lo que quieren y por eso les gustaría que todo empezara de nuevo no con un cartel de figurones, no con un cartel propagandístico en una fecha tan determinada, no con un cartel para la televisión, sino un cartel a su gusto y si fuera posible, puestos a pedir, un cartelazo muy de Madrid.

Enlace programa Tendido de Sol del 11 de abril de 2021:

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miércoles, 7 de abril de 2021

He aquí la causa de los no toros en las Ventas

 

Sigo esperando. Cuando quieran, me abren la puerta

Al final se ha sabido, ya no han podido esconder más el motivo real por el que hasta la fecha no se ha dado ni un solo festejo en la plaza de las Ventas de Madrid. A ver si ya se quedan tranquilos esos que echan culpas aquí y allá a los que llevan el timón de esta plaza. Y espero de todos ustedes un poquito de comprensión y empatía, que antes de juzgar sobre estas causas, que piensen en que nadie es perfecto, en que un mal día lo tiene cualquiera. Y mal día fue el que tuvo el último que cerró la plaza allá por el mes de octubre de… ¿Qué año era? ¿Fue en este siglo o…? ¿Fue cuándo reinó Carolo o tres reyes después? No sé, da lo mismo. La cuestión es que ese que se marchó el último y pegó el portazo, no solo se dejó las llaves dentro, sino que las dejó puestas por dentro y… Para qué más. ¿Qué quieren que les diga? Que a ver qué haces, que con la llavecita puesta no hay cristiano que la meta desde fuera. Que ustedes me dirán que sí, que es un trastorno, pero tampoco hay para tanto, que se llama a un cerrajero o a un okupa de carrera y con una radiografía no hay puerta que se resista. Y que razón tienen, pero…

 Que no se crean, que llamar a unos y a otros, llamaron, pero en el momento en que les decían que puerta era, entonces vinieron las pegas, que si era para el señor Casas, que si no cobraban por adelantado, nada de nada y con billetes nuevos y autenticados por un notario, un funcionario del Banco de España, otro de la Casa de la Moneda y Timbre, aunque el timbre no les valía de mucho, que ya podían tocar y tocar, que dentro no había nadie. Y claro, sin un profesional experto en cerraduras, allí no había quién descerrajara el coso venteño. En mitad de tal desesperación y sin ver la luz, se empezó a buscar un responsable a quién echarle el muerto. A ver si los areneros, no, estos no, que por ser la última, ni plancharon el ruedo. ¿Los de las almohadillas? Nada, estos se aviaron en un abrir y cerrar de ojos. ¿Los de los bares? ¡Huy! Estos sirvieron el último yintonis casi desde las taquillas del metro. Ya está, los que limpian tendidos, gradas y andanadas; tampoco, esos echaron a correr justo cuándo les dijeron que igual cobraban con un poquito más de retraso. Y así uno por uno y ninguno… Pero, ¿no aprovechó cierta persona para familiarizarse con su despacho y revisar unos papeles? Si dicen que hasta se dejó la luz encendida de lo rápido que salió de allí. Que cuándo quiso percatarse, ya eran las tantas y tenía gente esperándole. Que había quedado para echarse un baile y eso no se perdona por mucho que apriete el cargo. Y allá que salió el recientemente nombrado haciendo fu como el gato y ni apagar luces, ni coger las llaves, ni quitarlas de por dentro de la puerta. Salir, pegar un tirón de la puerta y… sin toros ya va para año y medio.

 Se preguntarán que por qué no lo dicen, que igual algún voluntario se presenta para descerrajar las Ventas y así posibilitar que se vuelvan a dar toros en esta plaza. Pero, ¿cómo lo iban a decir? Hay que tapar al responsable. Que incluso se barajó el que presentara su dimisión, pero claro, si el despacho estaba cerrado, ¿cómo iba a entrar a entregar la tal dimisión? Que podía haberla metido por debajo de la puerta, pero claro, ¿y quién la recoge y la tramita para que tal renuncia fuera efectiva? Pues eso, el que se dejó las llaves puestas. ¡Cómo se puso un señor con acento raro y las guedejas desordenadas! Qué digo desordenadas, un caos, la pelambrera de un erizo electrocutado, empapado y vuelto a electrocutar. Que “ ega un atentado contga el agta, contga la cultuga, contga las tgadiciones, contga su faltgiquega”. Que no había consuelo para el pobre. Que de tal disgusto salió corriendo y tanto y tanto debió correr, que lleva casi desde ese mismo día desaparecido. ¿Y quién responde que pueda responder? Al olvidadizo de las llaves le preguntaban y él siempre respondía con la misma, “que no sé”, “que eso hay que verlo con los responsables de la plaza”, “que eso es cosa de tal o cuál y…”, “que lo que diga la superioridad”, que… La desesperación ya había alcanzado unos límites insoportables, así que un día decidieron hacerse presentes en la plaza y estudiar la situación in situ. Si había que convocar al personal y darles noticia de la situación, pues se les daba, que mejor que los empleados supieran de la situación, antes de que se enterara hasta el sordo de Azuqueca y todos esos amargaos que solo buscan que haya un patinazo de nada para hacer sangre y recrearse en la suerte criticando y venga a criticar.

 Llegó el día señalado y allí concurrieron los máximos responsables de la cuestión. Frente a frente con la dichosa puerta, pero nadie más parecía dar señal de acudir a la cita. Igual es que no les habían llegado los comunicados correspondientes. ¿Seguro que les llegó la misiva? Claro, si hasta me habían confirmado su asistencia. Anda que no se pusieron contentos de saber que íbamos a juntarnos aquí todos. Por un lado, los mandamases, por otro, la puerta. Y allí no aparecía nadie. Llegó la hora en punto y… ¡Magia! ¡Magia! ¡Un prodigio! ¡Una puerta se abrió sola! No la gran puerta, sino otra dentro de esa puerta ¡Loado sea…! ¿Cómo? En paciente procesión empezaron a salir los empleados de la plaza allí citados en punto, hora y lugar marcados. Risueños y con aire cansino, fueron apareciendo uno por uno, porque de dos en dos no cabrían por la susodicha puerta. Se adelantaron los que mandan e interrogaron a sus subordinados sobre el “cómo”. “de qué manera” y “cuándo” Y con la llave puesta por dentro. La respuesta fue contundente, para que pasara el personal no hacía falta abrir portones, bastaba con una simple puerta. ¿Pero? De toda la vida de Dios, que igual si vinieran a primera hora verían la entrada del personal. Y a eso poca respuesta cabía. Solo poner cara de circunstancias, una sonrisa boba y un balbuceo más tonto aún. Eso sí, ahora igual se piensan eso de dar toros en Madrid, eso sí, una vez se hayan recuperado algunos del shock de ver cómo se abre una puerta desde dentro sin necesidad ni de cerrajeros, ni de okupas de carrera. Y para aquellos que tantas preguntas se hacían, he aquí la causa de los no toros en las Ventas.

Enlace programa Tendido de Sol del 28 de marzo y 4 de abril de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-28-marzo-de-audios-mp3_rf_67493615_1.htmlhttps://www.ivoox.com/tendido-sol-4-abril-de-audios-mp3_rf_68040335_1.html

 

viernes, 26 de marzo de 2021

San Isidro enmascarado

Si la cosa es soltar toros, adelante con los faroles. ¿Hacia dónde marchamos a toda velocidad?

Lo que digo, que se me ponen a innovar estos taurinos y me entra un frío por la espalda. Me tiembla todo, hasta lo que no es de temblar. Ahora van los Matilla y dicen que ellos mismos van a m ontar la feria de San Isidro, la que de siempre se ha celebrado en mayo en Madrid. Que esto es como si en mitad de un partido de fútbol pitan un penalti y salta un espectador a tirarlo, porque él lo vale. Pero claro, no solo el delito está en el que se atribuye lo que no es, sino de los que lo permiten sin menearse un dedo de su sitio. Que ya puestos, ¿por qué no una Feria de Abril en Carmona? ¿O los Sanfermines en Tolosa o Estella? Que por otra parte, son plazas con bastante más entidad que el engendro medio plaza, medio polideportivo, medio centro comercial de Carabanchel? Que de ser la tan querida Chata, parece haber pasado a estar como una chota.

 Una feria muy del gusto del taurinismo, con todo el elenco de figurones al uso, como si fuera una continuación de la gira aquella de la demolición. ¡Leña al mono! Que para honrar al santo patrón de la Villa y Corte ni se les ha pasado por la cabeza echar mano de los hierros por los que los parroquianos de las Ventas beben los vientos, ni Rehuelga, ni Valdellán, ni Cuadri, ni na, de na. Y ya no preguntemos por un torero, iba a decir un chaval, pero no, hay que hablar de un torero, David de Miranda. Uno de los últimos de Filipinas que salió por la Puerta de Madrid y merecido o no del todo el premio, no ofendió a nadie, porque su mayor logro fue querer hacer, su entrega con la verdad. Pero no, estos taurinos, y que mayor taurino que el manejante Matilla, siguen a lo suyo. Que no digo yo que no les salga rentable, porque esto se lo van a rifar todas las televisiones del mundo de los toros, las ocho o diez que litigan siempre por llevarse el gato al agua. ¿Qué? ¡Aaah! Perdón, perdón, que uno se entusiasma y pierde el norte… aún más. Esta es una de tantas, que a los taurinos de pro les importa un bledo Madrid, su plaza, su afición y hasta el santo patrón. Eso sí, que habrá legiones de seguidores del canal de los toros que estarán dando palmas con eso de que les van a echar toritos en la tele las tardes de mayo. Eso sí, que luego no me vengan que si Madrid tal o cuál, ni tan siquiera digan que Madrid ha mejorado por dar mil orejas, por echar el toro güeno que permite expresarse y que se lo han pasado pirata. Que ni para lo bueno, ni mucho menos para lo malo, la plaza de Carabanchel es Madrid. No confundamos, que aunque tenga metro, también lo tiene Arganda, Coslada, San Fernando, Alcorcón, Fuenlabrada y no son Madrid; que seguro que tampoco lo quieren ser.

 Madrid, en estos momentos, es la plaza más silenciosa del mundo, no confundamos. Y es la más silenciosa, porque allí no hay nadie que levante la voz ni un poquito. Que parece como si no se pudiera pronunciar la palabra organizar, ni para preparar una fiesta sorpresa de cumpleaños. ¡Ssssshhh! Calladitos. Y la gran pregunta en este caso, si finalmente se celebrara esa feria en Carabanchel, es saber lo que dirían la Comunidad de Madrid, propietaria de las Ventas, y Plaza 1, gestores de la misma. Que chocaría, y de qué manera, que en una misma ciudad se pudieran celebrar toros en un lugar y unos kilómetros más allá, pasado Manuel becerra, ya no. Que cómo se explica eso. Que hasta es posible que sea una utopía ahora mismo e incluso en mayo el que se den toros en la Plaza de Madrid. Pero como nadie dice nada, pues la cosa sorprende. Que igual el problema es gestionar la cuestión de los abonados, algo de lo que carece Vistalegre. Pero que lo digan. Porque la callada por respuesta solo da lugar a las especulaciones. Que con toda la razón del mundo la empresa podrá decir que hablamos sin saber, pero hombre… Pues sáquennos de nuestro pozo de ignorancia, porque si no es así, da la impresión de que tienen algo que ocultar. Que seremos malpensados, no digo que no, pero es que nos lo ponen en bandeja.

 Que otra cuestión será de saber si realmente se podrá celebrar esa nueva demolición de la fiesta, pero lo que no tiene un pase es que después de tanto lamento por no poder dar toros, ahora que todo el mundo se lanza a hacer planes de futuro, siempre sujetos a posibles restricciones sanitarias, desde la Plaza de Madrid solo salga un rumor de puertas cerradas y corredores vacíos. Que podrían haber tenido una excusa que nos hubiera callado la boca a todos, que se estaba reformando la plaza para ajustarla a las exigencias de seguridad que marca el Ayuntamiento de Madrid. Pero no, allí no movido un dedo, que no deben haber arreglado ni los desagües de los baños. Silencio, silencio y silencio. Lo que me gustaría saber es cómo van a justificar los políticos amigos de la fiesta el que haya toros aquí y no allí y ya sería el colmo el que los responsables de la Comunidad aparecieran en Carabanchel todo sonrientes en una barrera, dándose un baño de masas taurinas enfervorecidas, mientras tiran derrotes de manso a otras tendencias no afines. Que esos también tienen lo suyo, pero de momento nada tiene que ver ni con la plaza de Madrid, ni con la Feria de San Isidro de Madrid, ni con ese engendro taurino del San Isidro enmascarado.

 Enlace programa Tendido de Sol del14 y 21 de marzo de 2021:https://www.ivoox.com/tendido-sol-14-marzo-de-audios-mp3_rf_66797853_1.html

https://www.ivoox.com/tendido-sol-21-marzo-de-audios-mp3_rf_67148642_1.html

viernes, 5 de marzo de 2021

Tradición, tradición, tradición

 

Respeto es algo más que esperar que nos aplaudan cualquier ocurrencia propia y al toro, cómo y dónde sea, siempre el máximo RESPETO.

Parece que estamos rememorando el inicio del Violinista en el tejado, cuando el protagonista expone los fundamentos para los que la vida, su vida, discurra por unos cauces lógicos, aceptables y que además garanticen el buen vivir de todos. Pero valorando profundamente la tradición, indispensable para asentar nuestra propia identidad, no debemos permitir que se convierta en una cadena que nos ahogue, ni mucho menos en un trágala que justifique cosas que mejor borrar de nuestro acervo cultural e identitario. Y como queda bien claro en la película del violinista, también el adaptarse a los tiempos puede darnos la felicidad. En esto de los toros raro es el día en que alguien no tira de la tradición para defender la fiesta o algún aspecto de esta. Que conste que soy un fiel defensor de las tradiciones, pero no de todas, especialmente no lo soy de aquellas que pueden convertirse en un arma arrojadiza contra este rito al que me siento tan unido, tan entregado.

 Hay tradiciones que aunque sean simples detalles, hacen que algo sea grande. Detalles que marcan la personalidad de lugares y gentes. Ahora mismo se me vienen varios casos a la memoria, pensando en mi plaza de Madrid. Hace no tanto, la bandera solo ondeaba sobre la Puerta de Madrid los días de festejo e incluso, si este se suspendía, inmediatamente se retiraba. Una tradición perdida, porque a no se sabe quién se le ocurrió dejarla todos los días del año. Cuando no había bandera, la plaza parecía dormir. Ahora parece que está siempre en vela, insomne. Era tradición que el chulo de banderillas y el de toriles, el buñolero, lucieran traje de luces, por cosas de don Salvador, Frascuelo. Pero los complejos y afanes de notoriedad de algunos, vistieron a tales personajes de barquilleros. Perdón, igual debí decir de corto, pero a un servidor le dan ganas de pedirles un barquillo o un bombón helado. Tradición es que en Madrid salgan dos tiros de mulillas, como cuando uno de ellos debía ocuparse de retirar del ruedo los caballos caídos en el primer tercio. Tradición, no tan lejana en el tiempo, es que en Madrid no suene la música durante la lidia, y que Dios la conserve por mucho tiempo. Tradiciones que le dan a esta plaza una personalidad especial, rasgos que la diferencian de las demás, de la misma forma que las demás tendrán los suyos, y por muchos años.

Parece como si las tradiciones reforzaran nuestras raíces, nos agarraran más al suelo cuidado y cultivado por nuestros ancestros. Pero hay tradiciones que ya digo, mejor borrar. En estos días hemos podido ver la imagen de un señor recortador subido encima de un toro exhausto. Que igual fue bravo y encastado, pero la falta de aliento le hizo permitir que un señor se le subiera a la chepa. Que el caballero en cuestión, muy apasionadamente y sin delicadeza en los términos, defendió y atacó sin compasión a los que no veían de buen grado tal imagen. Que resulta que eso de cabalgar el morlaco es una suerte de más de cien años, es una tradición, y en eso de rescatar suertes antiguas, pues hala, esta también. Que los ignorantes, los que no somos capaces de documentarnos mínimamente, los que no somos, por supuesto, capaces de bajar al ruedo, no tenemos ni idea de que ese número lo inventó un señor de Valencia y la bautizó como la “sabaeta”. Pero de lo que sí que somos capaces, aunque sea a medias, es que hay invenciones no del todo afortunadas. Que luego se convertirán en tradición con el paso de los años, pero…

Que luego también hay que contar con que todo el mundo tiene sus tradiciones. Por ejemplo los antitaurinos tienen la de publicar fotos en las que el toro se ve denigrado en unos casos o moribundo vomitando sangre en otros. Todos sabemos que esto no tiene por qué ser lo habitual, de hecho, no lo es, pero a ellos les da igual, les parece un buen argumento para atacar la tauromaquia y lo esparcen sobre los campos sembrados de ignorancia; que alguien lo recibirá con gusto para reforzar sus ideas preconcebidas. Que para ellos todo es lo mismo, los recortes, las corridas de toros o los encierros; no distinguen, todo es reprobable, todo es barbarie. ¿Y qué se hace desde el mundo del toro? Pues en demasiadas ocasiones optan por todo aquello que se aleje de dar luz a tanta oscuridad mental y, queriendo o sin querer, darles argumentos para tirárnoslos a la cara. Y si acaso, como este señor recortador, soltando alaridos ofensivos, porque atacan sus tradiciones. Pocos argumentos tan valiosos, como endebles como esos de las tradiciones. Que nunca nos falten, pero cuidado con el abuso de estas. Que como a Tevye, el hombre que quería ser rico, se nos pueden venir abajo, por mucho que repitamos sin cesar tradición, tradición, tradición.

Enlace programa Tendido de Sol del 28 de febrero de 2021:

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jueves, 25 de febrero de 2021

En el autobús siempre hay sitio


Están los toreros que quedan en la memoria de los aficionados grabados a fuego y los otros

A veces hay frases desafortunadas que hacen fortuna. Quizá sean esas que pronuncian aquellos que no las piensan, aquellos que quieren justificarse, defenderse u ocultar un complejo. Que igual sí o igual no, quieren pasar por filósofos, pero la realidad es que se quedan en charlatanes de mercadillo. Eso sí, no quiere decir que tal o cuál frase no sea celebrada y sea un recurso en mitad de una charla que pretenda ser medio seria, que tampoco seria, seria del todo. Recordarán ustedes aquello que el inefable Jesulín dijo un día; no, no me refiero a cuándo se bajó los pantalones en un programa en directo, ni cuándo comparaba todo con un toro. A lo que voy es a aquello de que los aficionados a los toros, los fetenes, cabrían en un autobús. Que era una forma de autojustificarse de que a estos no les entrara ni con calzador su idea y formas de ser torero y de que, aún rebozado en la vulgaridad más absolutamente chabacana, lo importante era ser seguido por las masas. Un argumento sobado y requetesobado por los que nunca podían imaginar ser apreciados por su toreo por el aficionado. Este que sabe discernir lo bueno de lo malo, valorar hasta las intenciones, pero que se queda frío ante lo que estos “héroes de masas del momento” llaman dar espectáculo.

 Curiosamente, con la escasez de aficionados que estos taurinos dicen que hay, no para de preocuparse y ocuparse por su presencia. Que si son los que caben en ese supuesto autobús, poca guerra podrían dar, ¿no creen? A ver si va a ser que les afecta más de lo que dicen lo que piensa el aficionados de ellos. Que luego vendrá lo de la zorra y las uvas, que saltarán, saltarán e intentarán saltar más alto, pero no llegarán y entonces dirán que los aficionados están verdes, que se conforman con el gentío que es pan para hoy y hambre para mañana. Que si nos ponemos a hacer listas, algo de lo que no soy muy partidario, seguro que los que en su día fueron valorados por el aficionado, también lo son años más tarde por la masa. En cambio, aquellos que jaleó esa masa han caído en su olvido, lo mismo han cambiado los nombres por los de otros que “dan espectáculo” y que cuándo no vistan de luces pasarán directamente a la olvido y serán sustituidos por otros, manteniendo viva esa cadena de entusiasmo efímero y amnesia permanente. Cuanto “espectacular se pregunta el por qué de su situación; él que fue un ídolo de masas. Y cuántos aficionados, porque serán los únicos que se acuerden de ellos, se preguntarán que qué fue de fulano o mengano.

 Nadie quiere a los aficionados, especialmente esos del coge el dinero y corre, del trincar sin mirar atrás. Esos que creen que el futuro, el presente y hasta el pasado es suyo, porque les aclamaron un día las masas enfervorecidas por los vapores del garrafón. Es esta una “filosofía” con entusiastas seguidores que repiten una y otra vez que esto de los toros se mantiene por la pasta que ponen los públicos, que los aficionados aportan nada y menos y que para cuatro perras que se gastan, no paran de dar la matraca. Y será verdad que el público supone más dinero, ni entro ni salgo en esas cuestiones, entre otras cosas, porque no creo que todo se pueda traducir a dinero. Es como si usted va al médico y le dicen que le tienen que operar y en lugar de decirle que estará una semana ingresado, un mes de convalecencia en la cama, otro en reposo con pequeños paseítos y una rehabilitación de seis meses, le soltaran que usted está enfermo y que son 12.000 por un lado, más 15.000 por los meses de baja y entre 2 y 3.000 de los medicamentos, que baratos, baratos, no son. Y marchando.

 Si nos ponemos a pensar en una casa, ustedes me dirán que sin ladrillos no hay casa; y razón llevan, pero, ¿una casa son solo los ladrillos? ¿Ustedes se quedarían tranquilos si les entregaran su piso, un cuarto con ascensor levantado solo ladrillo sobre ladrillo sin nada que los uniera? Yo ni en una caseta para el perro, ni mucho menos metía allí al pobre perro. Falta algo que dé solidez a todo ese mamotreto, algo que lo mantenga en pie y que evite que se vaya desmoronando con las primeras lluvias, con los vientos del invierno, con las tormentas primaverales o con esos aguaceros de las gotas frías del final del verano y principios del otoño. Pues esa masa, esa argamasa que une los ladrillos y que evita que la casa degenere en un montón de cascotes y escombros, eso es el aficionado a los toros. Que si estos no existieran, el deterioro de la fiesta podría haber sido tal, que ya ni toros, ni vacas, carretones engalanados con luces de colores. Ni toreo, ni torea, una danza esperpéntica de unos señores que perdieron el norte y olvidaron el fin último y el primero de esto que es el toreo: torear. Que sí, que los aficionados molestan, y mucho, en mitad de una verbena, pero igual es que esto nunca puede convertirse en una verbena. Que habrá quién me diga que exagero y que nunca se llegaría a los extremos de tal degradación. Que igual no acabarían trapaceando un carretón, pero párense a pensar en lo que esto era hace veinte años y en lo que es ahora, sin que hace dos décadas viviéramos en el edén del toreo, ni mucho menos. Que lo de ser aficionado no es fácil, por supuesto; que los habemos que llevamos toda la vida intentando acercarnos a ellos y ya ven, aún en parvulitos de aficionado, pero creo que merece la pena dejarse el aliento en el intento. Que no hay que perder el ánimo y hay que seguir y seguir. Y se dejen ir siendo presa del desaliento y piensen que en el autobús siempre hay sitio.

Enlace programa Tendido de Sol de 14 y 21 de febrero de 2021: 

https://www.ivoox.com/tendido-sol-14-febrero-de-audios-mp3_rf_65414384_1.html

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viernes, 12 de febrero de 2021

Cualquier tiempo pasado fue…lo que fue

 

La gran diferencia entre el ayer y el hoy... que cada uno juzgue cómo crea

 Si empiezan a pensar que todo lo pasado fue mejor que lo presente, una de dos o estamos haciéndonos mayores, muy mayores o estamos hablando de toros. Lo que me hace pensar que, ¿qué dirán los jóvenes del presente en su futuro? Porque como su pasado sea mejor que su futuro presente… No lo quiero ni pensar. ¡Señor, llévame pronto! Que uno no es que quiera dejar ya este mundo, pero coincidirán conmigo,  ganas me dan. Que no sé lo que habrá de verdad en estas comparaciones ayer hoy, hoy mañana. Pero lo que es difícil negar es que en esto de los toros, el pasado parece hijo los dioses del Olimpo que engendraron héroes y animales mitológicos y el presente es un apañado videojuego. Aquellos parecían flotar sostenidos por leves brisas marinas y estos tienen que forzar las poses, los ademanes, para parecer que luchan y vencen al mismísimo Satanás, inundando el ambiente con el olor del sudor; pero no el sudor de la conquista, de la gesta, simplemente son los efluvios del que está dónde no quiere estar e intenta librarse de aquel trance de cualquier manera, sin importar si para ello tiene que trampear y engañar, acabando con su enemigo, que no oponente, de una cuchillada traicionera por la espalda.

 En aquel pasado, tampoco tan lejano, el toro imponía miedo, respeto, admiraba su casta y bravura, aterrorizaba la mansedumbre de los marrajos, preocupaban las dificultades que presentaba hasta el más cándido de los astados. Que cada uno tenía su cosa y ni del más noble entre los nobles se podía uno fiar. Simplemente, porque allí había un toro. La jerga taurina, siempre tan precisa, describía con dos palabras a cada animal. Al “toro de bandera” se le oponía, con perdón, “el toro cabrón”; al boyante, el marmolillo, al codicioso, el reservón. A la nobleza, el picante. Nada que ver con el de las embestidas formales frente a las informales, el agarrado al suelo con el del ritmo o el que se mete para adentro, con el que se va por fuera. Lo dicho, mundos diferentes.

 Los de luces han pasado de exhibir galones de “matador de toros”, de “toreros de arte” o “toreros poderosos”, a querer llevar la camiseta de “figura del toreo” y algunos, modelos de alta costura que les reconozcan como “artistas”. Del poder y mandar al querer expresar. De la obligación, la necesidad de llevar una lidia y hacer al toro, a esperar a dar un muletazo, ignorando las más de las veces el capote, con un toro que sea “colaborador” y con el que “sentirse a gusto”. Se empezaba en otros tiempos queriendo enseñar al que no sabe con el capote, conduciendo las embestidas, para a continuación ver su condición en el caballo. Los defectos se intentaban limar en ese momento o al menos, intentando que estos no fueran a más. Frente a ese tener que hacer, para después, poder hacer, nos encontramos con un hacer como si se hiciera, cubriendo el expediente sin más. Lo del peto, pues un trámite más y si el animal no había dejado claro aún que iba a ser un colaborador bonancible y nada comprometedor, pues nada, se esperaba al manteo, que igual, con eso de no molestarle, hasta acababa “sirviendo”. ¡Qué gran palabra! ¡Servir! Cómo se han intercambiado los papeles. Antes, el que tenía que servir era el torero, servir para conducir esa lidia, servir para ver al toro, servir para saber por dónde sí y `por dónde no, o si de ninguna manera, servir para hacerlo y servir para confirmar con la espada eso tan grande y honorable de “matador de toros”. Pero no, ahora el que tiene que servir es el toro y, lamentablemente, no sirven todos, porque hay malajes con cuernos que no se han acabado de enterar de cuál es su obligación: servir.

 Pero en este pasado y presente no solo son los que crían los animales, los que los compran y los que se ponen delante. ¡Lo que ha cambiado el público! Que de siempre el aficionado era minoría, eso está claro, pero es que antes se le respetaba y hasta se le escuchaba. Ahora ni lo uno, ni lo otro, no se le respeta, más bien se le desprecia y se pretende callar y no levantar la voz, ni para decir un “muy buenas”. Y como cierre, podíamos pensar, o quizá soñar, con una estocada hasta la bola en todo lo alto, pero… Nada de nada. Aquello que a propios y extraños cautivaba, unos dando mil razones y otros, solo una: no entiendo nada, pero aquí hay algo, esto tiene algo grande e importante. A uno solo le queda decir que aquello me cautivó y me hizo querer ser aficionado a los toros, a costa de lo que fuera, estudios, novias, trabajo, amigos, vacaciones, fríos, calores, apreturas y hasta a costa de tener que ir solo a la plaza, porque mi maestro un día se marchó para siempre. Eso sí, lo que ahora llaman tan pomposamente  tauromaquia, eso… Lo único que me queda claro es que cualquier tiempo pasado fue…lo que fue.

 Enlaces programas Tendido de Sol de31 de enero y 7 de febrero de 2021:

 https://www.ivoox.com/tendido-sol-31-enero-de-audios-mp3_rf_64686124_1.html

https://www.ivoox.com/tendido-sol-7-febrero-de-audios-mp3_rf_65047587_1.html

martes, 19 de enero de 2021

Una verdadera gesta


Lo bueno o lo malo de Miura es que, aunque no mires el hierro, se ve Miura


Como diría la canción: cómo hemos cambiado. Cuánto ha cambiado todo, el mundo, el país, la gente, los toros, los que viven de los toros, los aficionados a los toros y las gestas en los toros. Que gran palabra: gesta. Suena al mismo tiempo a epopeya, a épica y a lírica. Es lo que marca un antes y un después, un hito en la historia, escribiendo con letras de oro al artífice de tal heroicidad. Hechos que generan aluviones de reacciones favorables. Cuantas ganas de tener nuestros propios ídolos, poder hacer a un lado a los del pasado a aquellos de los que nos hablaban nuestros mayores y sustituirlos en el pedestal de la admiración por los nuestros. ¡Ay! Vano esfuerzo el pretender recrear la historia para así sentirnos unos privilegiados, por encima de generaciones anteriores. Qué manía con las gestas, si ya es bastante gesta el vivir, para qué buscar más allá. Pero no aprenderemos. Ahora va el don José Antonio Morante de la Puebla y se descuelga con que se pide la de Miura para la feria de Abril de este incierto 2021. Que no voy a entrar en si se podrá celebrar tal evento, ni tan siquiera en si esa propuesta viene con fecha de caducidad o dependiendo de las circunstancias puede ser ad aeternum. Pero sí que entro en eso de la gesta.

 Ya es costumbre que cuando un matador anuncia que se acartelará con una de las ganaderías que en toda su larga carrera no ha querido ver ni en pintura y que, probablemente no volverá a ver ni en fotos, se levanten las voces y acojan tal decisión en loor de multitudes. Lo calificarán de hecho histórico, de heroicidad y por supuesto, de gesta. Y lo de Morante en Sevilla con los Miuras, no iba a ser menos. Ya estamos gestando gestas por los rincones, ya le estamos haciendo hueco en los altares de los toreros comprometidos que se enfrentaban a todo. ¡Calma, amigo Sancho! Que el bueno de monsieur Castella se apuntó a una, una vez y al acabar ya dijo que una y no más, Santo Tomás, que esa había sido porque se le había puesto a él en los perendengues y que ni una más, que para hacer vergüenzas ya había otras vacadas con las que se pasaba mucho menos traguito que con los Miura. Que yo no espero tal cosa de Morante, que igual que se quiere apuntar a esta este año como homenaje a Joselito, del que se cumplió en el nefasto el centenario de lo de Talavera, quién nos dice que no se apunta para homenajearle en el segundo centenario de tal hecho.

 Pero de verdad, ya está bien de gestas y gestos. Porque la mayor gesta en sí misma es ser torero. Que lo de vestir de luces impresiona hasta para una fiesta de disfraces, cuantito más para ir a la plaza y pisar el ruedo en compañía del toro. Esa es la mayor gesta. Bueno, esa y aceptar y hacer suyo el compromiso que supone investirse de oro, plata y azabache. Y no digo enfundarse, ponerse o algo parecido, porque vestir de luces en la plaza va más allá de portar una uniformidad, pero… ¡Qué cosas digo! No solo dudo que lo entiendan como tal muchos de los que hoy en día se visten de toreros, esos que tienen como máxima ambición el ser figuras, sino que no sé si tampoco llegamos a entenderlo los que acudimos religiosamente a las plazas, según el caso, con mayor o menor compromiso, respeto y afición.

 Que el que quiera cantar loas a Morante, o a cualquiera que se anuncie una vez cada centuria con Miuras, que le cante, pero que no pretendan que traguemos ese sapo en amable camaradería taurina. Que no digo yo que Morante, ni ningún otro espada se apunten todos los años a los de la gaita, lo que no estaría nada mal. Aunque sí pido que no se vanaglorien en  público por no hacerlo ni “jartos” de kalimocho. Lo que quizá sería muy bien aceptado es que además de a los Miuras, se apuntaran con la regularidad que marcan todas las temporadas, con Victorinos, Ibanes, Dolores, Rehuelgas, Saltillos, Valdellanes, además de otros hierros ya casi perdidos para siempre, Barcial, Coquilla, Concha y Sierra, Pablo Romero (ahora Partido de Resina), y hasta de lo que ahora torean camadas enteras. Y ya puestos, que se retaran entre los de la parte alta del escalafón, entre figuras, que se midieran con todo aquel que pareciera que pudiera ser alguien en el toreo. Abran los carteles, abran la fiesta a todos, pero sobre todo, abran la mente. Por el bien de todos, olvídense por un momento del negocio y piensen en esto que se nos va de las manos. Que pensándolo bien, si el que un figura se acartele con la de Miura es un acontecimiento histórico que hasta merece el calificativo de gesta, entonces es que estamos mucho peor de lo que nos pensamos. Y si además hay una legión de palmeros que lo alaban como algo fuera de todo lo imaginable, es que ya bordeamos el precipicio borrachos, con los ojos vendados y en mitad de un vendaval que nos va a arrastrar acantilado abajo, hasta despeñarnos contra los peñascos de la vulgaridad, la monotonía y la vergüenza de esta cosa que los finos llaman pomposamente tauromaquia. Si nuestros abuelos abrieran el ojo y nos oyeran, les cegarían las lágrimas al ver en lo que ha quedado eso que ellos llamaban simplemente los toros. Ellos a los que no les cabía la menor duda de que el ser torero, ser matador de toros, eso sí que era y es una verdadera gesta.

 Enlace programa Tendido de Sol del 17 de enero de 2021:

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miércoles, 13 de enero de 2021

El fútbol de regional

 

Quién podría adivinar lo que hubiera sido el Chico de la Blusa sin capear con vacas y novillos por los pueblos

Recuerdo aquellos años, allá por… hace mucho, en que los domingos por la mañana la gente, normalmente los caballeros, iban al fútbol los domingos por la mañana. Los campos de los equipos de barrio, no diremos que se llenaban a rebosar, pero tenían us parroquianos habituales; incluso tenían hasta socios que pagaban su cuota mensual y mostraban orgullosos el carnet del equipo. En lo que me toca más de cerca recuerdo el Ventas, el Canillejas o el Destino, además de otros como el Pueblo Nuevo. Porque hablar de los Moscardó, Pegaso, Sanse, Torrejón, Alcalá, Parla, Puerta Bonita, Carabanchel, eran ya palabras mayores, ni qué decir ya del Castilla o Atlético Madrileño. Y por la tarde, pues a ver a los mayores, alternándose Madrid y Aleti y reivindicando su sitio el Rayo. Había sitio para todos, todos tenían su lugar y todos medio subsistían, quizá no tanto económicamente, como apoyados por esa gente que mantenía esa lealtad dominical. Pero ahora, ahora no sé si ni cuándo juegan los equipos de barrio y lo que es peor, no se sabe en muchos casos ni si sobrevive el equipo de barrio. Todo lo ha devorado la televisión, todo ha sido canibalizado por los equipos de primera y hasta a veces da la sensación de que solo se existe si se llega a asomar aunque sea un minuto, por la primera y por las retransmisiones de la tele. Y me preguntarán que qué tiene esto que ver con los toros. Pues hombre, seguro que hay interpretaciones, pero, ¿no ven cierto paralelismo entre ambos mundos?

 Discúlpenme al establecer algún paralelismo entre toros y fútbol, con la lucha enconada que se mantuvo durante décadas, pero al final va a resultar que hay más en común de lo que podíamos imaginar. Que poco se podía pensar tal cosa cuando en los tendidos uno se levantaba a insultar y siempre había alguien que le respondía: ¡oiga, no insulte, váyase al fútbol! Pero ya eso es cosa del pasado. Si pensamos en que esos partidos de regional son las novilladas, con y sin caballos, esas que se montaban aparte de fiestas patronales, dónde los chavales se iban fogueando. Esas fiestas de los pueblos en los que había suelta de vacas y a veces toros pasados de edad, en las que la principal lección a aprender era defenderse de ese ganado resabiado, cuando no capeado. Igual que esos jóvenes prometedores tenían que esquivar las tarascadas del defensa que ya no le quedaba pelo en la azotea, pero si malas ideas para levantarte cinco palmos del suelo, infiriendo al novel una cornada de tres trayectorias. Que solo tener que ponerse al lado de semejantes criaturas ya hacía pensarse a más de uno lo de salir a la palestra. Que era jugarse las espinillas o la femoral o que te partieran el alma por los aires.

 Pero todo eso ya casi son recuerdos, épicas pasadas, porque ya me dirán qué pinta uno con el frío del invierno, o del infierno, y los calores del verano, viendo a una gente que probablemente no llegarían a anda, que los buenos, buenos de verdad te los ponen en la tele, cómodamente desde el sillón o incluso tumbadazo en el sofá, en las champions y ferias de postín. Y ya se sabe, lo que no sale en la tele, no existe. Y además, con lo bien que te lo explican todo, que te cuentan el fuera de juego por tener las pestañas adelantadas y ritmo y la formalidad de un animal en sus embestidas. Y me dirán que para que pasar malos ratos si la comodidad nos las ponen en el salón de nuestras casas. Que la verdad, no les falta ni una gotica de razón. Pero claro, luego esperamos que surjan nuevas promesas que levanten la fiesta o que ganen un mundial o en cualquiera de los casos, que pongan nuestra tierra en el mapa y hagan que nos enorgullezcamos de ver en letras de molde el nombre de nuestro pueblo o nuestro barrio. Que la tele al tiempo que nos trae esa comodidad, al mismo tiempo va minando los cimientos de esas pasiones a las que nos sentimos tan atados y con tanta afición. Lo bueno mata lo mejor, ¿qué le vamos a hacer? Pero que no se me confunda nadie, que no estoy en contra de las retransmisiones de nada, ni mucho menos, porque si el canal para alimentar esa pasión se reduce a la pequeña pantalla, aunque esta sea de 200 pulgadas, bienvenida la tele. Que entre nada de toros, o de lo que sea, y el poderlo ver por la tele, la elección es simple, tele, siempre tele. Porque todo sea dicho, no todo el mundo puede gozar del privilegio de ir todos los domingos a la plaza, ni todos los domingos al fútbol, ni mucho menos a ver a los grandes, pero que ni el fútbol grande, ni las grandes ferias devoren la base por eso de televisarlo todo y hagan que todo, en especial la fiesta de los toros, vaya haciéndose cada vez más pequeño, un gigante con patas de alambre, que cuando menos lo esperemos puede ceder y venirse abajo sin remedio. Que otra cuestión para la reflexión son los precios de las entradas, algo que debería pensarse más de uno, aunque solo sea para que puedan sobrevivir nuestras pasiones con las novilladas con o sin caballos, las capeas, los festejos en los pueblos y el fútbol de regional.

 Enlace programa Tendido de Sol del 10 de enero de 2021:

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