martes, 24 de mayo de 2022

El presidente que quería ser nuestro amiguito

Que bien vendría más de una tarde el que los peones pararan al toro, que se lo mostraran y que el matador no fuera a ver qué pasa 


Segunda novillada de feria o es la… no sé, uno ya se pierde, se le apelotonan las tardes. Y además una novillada, que buen día para irse con el vecino del cuarto a echar un partido de squash y luego unas cañitas, con toda libertad. Que si al menos toreara Roca Rey, todavía, aunque no sé si torea novillos o si esto cuenta para que él… No sé, me estoy liando, pero claro, como hay por ahí algunos que dicen que el peruano torea novillos, pues uno ya no sabe. Pero al final el vecino tenía junta de vecinos en la sierra y me ha dado plantón. Y nada, a los toros que me he ido; sin demasiadas ganas, porque yo soy de los que eligen las buenas. Novillos de Fuente Ymbro, para Manuel Diosleguarde, Jorge Martínez y Álvaro Alarcón. ¿Y quién les conoce? Serán unos chavales que están empezando, ¿no?

Pero vaya, uno que iba desanimado y se ha encontrado con una novillada más que interesante, que al final le han dado la vuelta al ruedo al sexto y ha salido el ganadero a darse la vuelta al ruedo. Un verdadero exceso, pero bueno, si cada tarde sale una corrida como esta, yo dejo que se den vueltas al ruedo hasta los de las almendras y los sombreros de paja de la manita. Que ya digo que dar una vuelta al ruedo, igual era porque el señor del palco, uno de los nuevos, quería hacerse amiguito de los niños que no llenaban la plaza. Que la verdad es que algunos de los del señor Gallardo eran un pelín demasiado anovillados, pero el interés no ha sido por el tamaño, sino por lo que han mostrado en el ruedo. Novillos con sus cosas, algunos con demasiadas cosas y otros que se toreaban solos. El primero, que le correspondía a Manuel Diosleguarde, salió flojeando y no se le picó nada. En la muleta acudía al engaño despacito y el salmantino le empezó toreando incluso sin demasiado piso, para a continuación apelotonar los muletazos, con algún que otro enganchón. Siguió ya pegando trallazos y el novillo apretando. Al menos tuvo el recurso de iniciar las tandas con un muletazo de recurso para alegrar al toro, detalle que más de uno podría aplicarse otras tardes. Pero la continuación no respondía a lo deseado, pico, distante, trallazos trapaceros y hasta citando casi de culo. Le dieron una oreja, que quizá sea demasiada recompensa para lo hecho. En su segundo no anduvo al tanto de la lidia, mal el picador que en el primer encuentro le abrió un ojal en el lomo al animal. Se montó una capea en la que todos o casi todos pillaron toro, mientras el matador solo andaba por allí. Parecía decidido a ir a por la segunda oreja, lo que resultaba muy posible tal y como iba la tarde, los toros embestían, el personal muy entregado y el señor presidente queriendo hacerse amigo de sus nuevos parroquianos, quién sabe, lo mismo se liaba a sacar esos pañuelos blancos que ahora parecen de usar y tirar. Afarolado de rodillas para comenzar la faena, pero en el segundo se enredó y quedó desarmado, que el novillo quería coger eso rojo a toda costa. Insistió de rodillas, esta vez con redondos con el pico. Ya erguido siguió pegando trallazos y tirones. Muy acelerado, lo mismo por uno que por otro pitón, para acabar con manoletinas, que si no las han visto nunca por lo novedoso, consiste en… ¿seguro que no las han visto antes? Y si había alguna posibilidad de una segunda oreja, un espadazo en mitad del lo cerró cualquier atisbo de triunfo.

Jorge Martínez se presentaba en Madrid y oiga, parece algo diferente a los demás. Que Dios le guarde y no aprenda lo que no tiene que aprender. Y me refiero a que le guarde no el novillero, sino… en fin. Ya de salida el animal le pegó una colada que era para pensarse las cosas. Se vencía por el izquierdo. Ni una facilidad del de Fuente Ymbro. Abanto, intentaba el Totanero meterlo en las telas, que no es que estuviera lidiando mal, a pesar de un desarme. Picado en buen sitio por Álvaro Marrón, acabó doliéndose en banderillas. En el último tercio el animal se colaba ya por todas partes, pendiente del torero, pero este viendo el peligro que allí había no se amilanó y siguió queriendo torear, un achuchón, nada cariñoso, pero Martínez lo tenía claro, con las lógicas carencias de un novillero, pero con el espíritu que todos deseamos en los novilleros, que si les dan un trompazo no se echen para atrás. Su segundo, el quinto, tampoco fue una perita en dulce, quizá le han tocado los dos con más complicaciones del encierro. A este empezó tanteando por ambos pitones y al coger la muleta con la derecha mostró una clara intención de embarcar al animal y torearlo. Lo logró por el pitón derecho. Si es cierto que estuvo irregular y que siguiendo con la zurda, tras recibir un empellón, atravesó la muleta, colada y al siguiente encuentro le levantó de mala forma, pero todo quedó aparentemente en nada. Y Jorge Martínez seguía teniéndolo claro. El novillo estaba con él, pero él estaba con el novillo, sacándole una tanda sin quitarle la tela de la cara y tirando de él. En el momento en que intentaba eso del pico, se le venía a él. No encontró la medida de la faena, pero sí que dejó otras cosas que no son las habituales de la modernidad. Una entera en el rincón y el señor presidente no concedió una oreja que quizá se habría ganado, pero lo hecho, hecho estaba. Eso sí, así el señor presidente no iba a tener nunca amiguitos. Con lo que enfada al personal la no concesión de un trofeo. Como si les mentaran lo más sagrado.

El tercero era Álvaro Alarcón, al quizá le tocó el mejor lote. Su primero una raspita feucha a la que después de trapacear dejó que deambulara por el ruedo. No se le picó y ya en el último tercio, el toledano se plantó en los medios con la muleta plegada, para pasárselo por la espalda. Continuó con muletazos trapaceros, destemplados, largando mucha tela, todo en línea, si acaso acompañando el viaje, metiendo el pico, demasiado perfilero y sin parar de dar pases y más pases. Una estocada entera, que por la ejecución diría que estaba caída, pero no lo puedo jurar, porque Alarcón se quedó con la empuñadura en la mano. Y que esto le pase a uno de Toledo, ya tiene delito. ¡Hombre! Que las mejores espadas son las de Toledo y Damasco. Al salir el sexto el personal aún rumiaba el cabreo con el señor presidente por no dar la oreja del quinto. Que él no quería, que él solo quería hacer amiguitos, que se está haciendo al puesto, entiéndanlo. Ese sexto salió rebrincado. En el caballo Antonio Muñoz le agarró bien la dos veces, pero atención a lo que les voy a decir ahora, el de Fuente Ymbro se dolió en banderillas, un dato muy a tener en cuenta después. Telonazos para iniciar el trasteo, sin llevarlo nunca toreado, iba y venía y él le ponía el engaño. Mucho pico, muy descarado, dejando que el toro le tocara la pañosa. Pico, toreo en línea largando tela sin pudor. Incluso se le metía por la ventana que dejaba al meter el pico. Despegadísimo, volviendo a citar casi dando la espalda. Estocada entera, traserísima y caída, pero el señor presidente sin encomendarse ni a Dios, ni al diablo, en un ataque de enajenación se lio a sacar pañuelos. Dos blancos y un azul, sí ese de la vuelta al ruedo al toro; ¿recuerdan el dato de dolerse en banderillas? Pues eso. Hasta el señor gallardo salió a darse un garbeo por el ruedo. Pero todo el mundo estaba feliz, porque al fin el señor presidente se había puesto a dar trofeos, honores y hasta se dice que se pagó una ronda en la discoteca de moda del momento, la terraza del tendido alto del 6 y el 5. Y es que estaba claro, clarísimo, estábamos ante el presidente que quería ser nuestro amiguito.

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lunes, 23 de mayo de 2022

Otra ronda de banderillas

Ni un detallito en toda una tarde, ni un remate, ni un...

Tres toreros que ponen banderillas y toda una tarde por delante para que los tres muestren su destreza, su punta de velocidad, su capacidad para frenar, para girar, para derrapar… ¡Ah, no! No, eso no, eso no lo hacen los banderilleros… ¿O sí? Como si fuera tarde de figuras, hubo de parchearse el cartel que anunciaba toros de Torrealta, con dos de Hnos. García Jiménez o lo que es lo mismo, Matilla. Así nos entendemos todos. La plaza estaba rara; tengamos en cuenta que era el día después de la jornada de la infamia que fue la fecha anterior. Aún se hablaba de la vergüenza, del estupor, de la incredulidad, de la necesidad urgente de impedir que se meta o se venda alcohol en la plaza. Que sí, que hay quién no entiende ir a los toros sin sus lingotazos, pero es que estos igual es que se confunden de lugar. Confunden la plaza con un macrobar, una discoteca, un... ¡Caramba! Igual que la empresa y el Centro de Asuntos Taurinos. Entonces, apañados vamos. Que sí que hay mucho jovencito que va pertrechado para un botellón monumental, pero también los hay que se abochornan ante el espectáculo que vemos un día sí y otro también y en una pancarta han plasmado su deseo de “Menos alcohol y más educación”.

El parcheado encierro ha resultado ser una novillada seria. A unos les tapaba un poco más la cara, con unas cabezas bien armadas. Mal picados y nada picados, si acaso alguno igual no señaló el puyazo, pero sería porque estaría hablando el pica por el móvil. Malas lidias en general, dejando que los animales corretearan demasiado por el ruedo y si alguien lo ha evitado en sus toros, ha sido el Fandi. Sí, sí, pásmense. Que tiene sus cosas, pero con el capote medio se apaña. Eso sí, no le pidan gollerías, porque para eso ya no da. Que si nos paramos a pensar, lo mismo el ganado y sus lidiadores son tal para cual. Por un lado, lo mismo daban los de Torrealta, que los de Matilla. Mismos mulos con cuernos y mismos comportamientos, que si uno cabeceaba más en el peto, que si otro se dejaba más, que si se aburre antes o despues de que le peguen trapazos, pero al final, todos igual. Y de los de luces, pues al menos te orientabas por el color del traje de luces, que eso siempre es de gran ayuda, sobre todo para cuando viene algún neófito a ver a tal o cual y le tienes que decir quién es, por eso, por los colores del vestido de torear.  Y por si esto fuera poco, los tres se atreven a coger los palos. ¡Qué plácida vida la del peón de un torero banderillero! Que ya les digo yo, que estos matadores banderilleros hacen más que bien de no dejar a los peones, no vaya a ser que los descubran. ¿Diferencias? Pues que el Fandi las pone muy rápido, pero… es que Leo Valadez también va muy rápido. Bueno y que El Fandi las pone al violín, pero… Escribano también las pone al violín. ¿Entonces? Ya está. El Fandi las pone muy rápido y a veces hasta coge un cuarto par, no por gusto, sino porque otro está caído en la arena. Esa es una diferencia. Y Leo Valadez falla en más de una ocasión y solo tira un palo y el otro cae al suelo. Y Escribano, pues lo mismo, aunque al menos se la jugó en un par por dentro, citando sentado en el estribo. Que no es que sea el colmo de la belleza, pero bueno, es diferente, porque en conjunto, los tres las pones a toro pasado, clavando allá dónde caigan, que ya pueden estar en mitad del lomo, que el gentío se lo jaleará con entusiasmo.

Del toreo de uno y otro y el de más allá, pues más de lo mismo, acelerados, con el pico de la muleta, fuera de cacho, teniendo que correr constantemente para recuperar el sitio, mucho enganchón y con faenas eternas y hasta poco soportables. Y aquí pongan ustedes delante el nombre de cualquiera de los tres. Y a la hora de entrar a matar, pues casi pasamos capítulo. Si acaso ese vicio tan feo de tirar el trapo a los pies del toro, como hizo Valadez en el último. ¡Hombre! Esta sí que fue una buena estocada, en el sitio. Eso sí, tanto como para darle un despojo, que también, vaya premio. Tanto que hablan de innovar en esto de los toros y siguen cortando despojos del toro. No sé, es como si en un combate de boxeo al ganador le dieran la coquilla del adversario o en un partido de fútbol las camisetas de los… espera, que eso ya lo hacen. Que no podrían darle al triunfados una caja de bombones, unas galletas o ya puestos, algo más a mano, un lingotazo con los que el público se anima y coge fuerzas para mandarte callar, para que pidas más despojos o para que bieeeejjjnneees a placer. Y ahora se extrañaran que en este ambiente tabernario no se contagien los de luces y cuando cojan los palos pidan palos para todos, como si le gritaran a los del callejón: ¡niñooooo! Pon aquí a estos señores otra ronda de banderillas.

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domingo, 22 de mayo de 2022

Y la chusma de los botellones asalto Madrid

¿Para esta chusma se cría el toro de lidia?


Anda que no se han vivido tardes de bochorno en la plaza de Madrid, tardes de escándalo ganadero, de fracasos de los actuantes, de palcos infames y de públicos verbeneros, pero lo sucedido en la tarde de los seis toros de Ureña ha sobrepasado cualquier limite posible e imaginable. Algo que por mucho que se intentara, no tenía explicación, nadie la encontraba, los habituales nos mirábamos, nos preguntábamos y la sensación era que estando sentados en el patio de nuestra casa, de repente han echado la puerta abajo una masa, una muchedumbre, una chusma sin honor, sin vergüenza y se han dedicado a tirar abajo, a quemar los muebles, las cortinas, las alfombras que heredamos de nuestros mayores, han abierto los cajones y han desperdigado al aire todos los recuerdos que atesorábamos en nuestro corazón, todos los recuerdos que nos formaron, los que forjaron nuestro ser, lo que nos enseñó a caminar por la vida. Han sacado los libros de nuestra vida y han formado una pira gigante, mientras solo nos quedaba ocultarnos de esa grey tumultuaria, bárbara que con sus risotadas y alaridos de animales danzaban alrededor del fuego que convertía todas esas páginas de saber, de secretos, de alegrías, de incertidumbres, en humo que escapaba de aquella orgía infernal queriendo esquivar esos negros nubarrones, para llegar al cielo, un cielo dónde no cabe, dónde no llega toda esta inmundicia firmada por esta chusma rebosando alcohol o lo que sea. Otros días, a esta misma hora, estaría consultando mis notas, intentando contar cómo había visto yo el festejo del día, pero hoy, perdónenme, me siento ridículo viéndome echándole un vistazo a la libreta y que si este toro manseaba o si el matador se esmeraba en la lidia. Me siento como si después de un bombardeo me preocupara por si la ropa ya se ha secado en el tendedero. Si con la casa convertida en un amasijo de cascotes encontramos la chapa del buzón con el nombre y dirección de un lugar que ya no existe, porque ha sido reducido a cascotes por una chusma infame.

No sé si esto es por lo que claman desde hace tiempo los señores de los micrófonos de la tele del movimiento, si responde a esa aspiración de público verbenero del señor Amón, si así les gusta la plaza al señor Esplá o Fernández Román, si esta es la fiesta a la que aspira Emilio Muñoz, maxi o Germán, porque si esto es lo quieren… Espero que se hayan dado cuenta de que el mundo que ellos pretenden es imposible, que esta chusma que ellos alimentan y jalean puede llegar a ser un ente descontrolado que arrase con lo que se les ponga por delante, sin mirar más allá del vaso rebosante de alcohol. Esa chusma no solo es capaz de linchar a la plaza de Madrid y colgarla del primer árbol que tengan a mano, sino que lo desean, pareciendo que cumplen una venganza, que sacian rencores y envidias acomplejadas ante lo que para ellos es inalcanzable. Esta chusma que se siente satisfecha de tirar por tierra la gloria, la historia de esta plaza, sin darse cuenta de que son la vergüenza de su tierra, de su propia casa. Que a muchos aficionados de su tierra les habrán hecho sonrojar, lamentando compartir con ellos la misma tierra, porque ellos no son así, ellos no odian la grandeza, la quieren vivir, la quieren disfrutar y desean con toda su alma sentirse acogidos por ella una vez más, como tantas veces lo fueron.

Siento profundamente no poder, no querer detenerme en lo sucedido en esta tarde en la que Paco Ureña se encerraba con seis toros, o lo que fuera aquello. Siento que Ureña se deje engañar por esos cantos de sirena que solo le pueden llevar al precipicio, mientras él se siente satisfecho y falsa y cínicamente honrado por una plaza que no es la de Madrid. Esosí, que sepa una cosa, el día en que vuelva a ser lo que fue, esta chusma tampoco sabrá valorarlo, ni agradecerlo y quizá tampoco recordarlo. Seis toros muy escogidos de La Ventana del Puerto, Domingo Hernández, Adolfo Martín, José Vázquez, Juan pedro Domecq, Victoriano del Río y el sobrero quinto del Conde de Mayalde. Un encierro nefasto, flojo, sin picarles, como si fueran hijos de la misma vaca, con los que Paco Ureña ha sido incapaz de dar un solo muletazo de verdad, con los que ha mostrado todas las precauciones, inseguridades, incapacidad y falta de ideas y recursos necesarios para un compromiso así. Él venía a triunfar y se ha querido creer que lo ha hecho bajo un chaparrón, despatarrado, todo trampas, todo destoreo, mientras la chusma le aclamaba, mientras la chusma le engañaba. Siempre he considerado a este torero como un ejemplo de honradez, de entrega, entrega hasta más allá de los límites, un torero al que en más de una ocasión le he escuchado decir que los toros no es que sean malos o buenos, es que si no triunfa es porque él no los ha sabido entender. ¿Cabe mayor rasgo de honradez, de torería, incluso? Pero en esta ocasión, si se ha dejado llevar por el hechizo de la chusma, quizá solo podría rogar a la providencia que le abra los ojos y le permita ver con claridad lo sucedido esta tarde, en que esa chusma ha decidido celebrar lo que ellos consideraban un triunfo sembrando el ruedo de Madrid de almohadillas, incluso alguna lata de cerveza llena, mientras Ureña y la cuadrillas solo intentaban que el toro doblara. Así estamos, intentando digerir lo que no podemos asimilar, lo que no sé si queremos asimilar. Esos a los que molesta una protesta, un pitido, unas palmas o una voz pidiendo el toro, que este se cruce, que denuncie un bajonazo, que se mate con la espada y no con el verduguillo. Esto que esta tarde ha habido que repetir demasiadas veces, pero estábamos sentados en el patio de nuestra casa esperando poder entregarnos en cuerpo y alma al toro y a la casta y la chusma de los botellones asalto Madrid.

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sábado, 21 de mayo de 2022

Entre carros, talanqueras y alegrías

Habría que saber si los inválidos habrían aguantado algún muletazo sometiendo y toreando. Podemos intuirlo, pero ya no lo sabremos nunca

Dicen que un día se encontraron dos caballeros en un café de Cincinatti y que descubrieron dos cosas, que los dos eran españoles y los dos se interesaban por los toros. ¿Y de dónde es usted? De Villatejas del Valle, lo tiene que conocer, es el pueblo de Fulanito de tal, que salió por la Puerta Grande de Madrid. Pues no, la verdad es que ni me suena, pero seguro que usted conoce a un chaval de mi pueblo que ese sí que salió a hombros, Zutanito de tal, de mi pueblo, de Lastrillas. Pues ahora no caigo. Y los dos pensaron que menudo aficionado debía de ser aquel señor que no se acordaba de cuando el paisano salió a hombros, llevado por todos los del pueblo que llenaron no sé cuántos autobuses para ese día en Madrid. Y, ¿ustedes creen que se acabarán recordando tantas salidas a cuestas de esas que últimamente promueven y perpetran los paisanos, vecinos o amigos de los toreros? Que dicen las malas lenguas que hasta han repartido pañuelos a la entrada de la plaza para que el personal pidiera hasta las criadillas del toro, como aquella tarde triunfal de Armillita. Que me recordaba a mí cuando escuché hace años a un caballero afirmar que esto era lo que había que hacer y decirle a la gente que era para que pidieran orejas. Pero la cosa no para ahí, que hubo a quién esto le pareció la idea del siglo. Pues ya ven lo que pasa cuando se reparten pañuelos a diestro y siniestro. Que habrá quién diga que con estas maniobras se degrada y ridiculiza la plaza de Madird, la misma fiesta. Pero, ¿qué más da? Total si se va al garete, que se vaya, para una vez al año que voy, qué más da. Y si no es en las Ventas, ya será en Carabanchel, Leganés, Sanse o el Álamo, que para pimplarse unos cubatas da igual el sitio.

Que llegaba el señor de Garcigrande y Domingo Hernández, pero sin Domingo Hernández, a pesar de estar anunciado, con una corrida muy de su gusto y del gusto de los taurinos. Y la verdad es que salió ideal… ideal para el mantazo, ideal para no poder picar, ideal para simular la suerte, que en una de estas, haciendo el picador que picaba, por no apretar, el de Garcigrande le mandó al suelo. De la presentación no sé que decir, ninguno de presencia imponente, nada más lejos, pero tampoco era para montarles la marimorena, aunque también se podrían haber protestado por escasos de trapío, como por exceso de invalidez, pero para darles pases sin molestarlos, valían. Y ya saben como son estos toros modernos, que de bravura, poco, de casta nada, pero es ponerse con ellos a yo te tiro el palo y tú me lo traes, o lo que es lo mismo, me pongo flamenco poniendo poses, te pongo el trapito y van y vienen hasta que dices que se acabó el juego de un espadazo.

La plaza estaba más que ambientada, que solo faltaba el olor a gallinejas y de fondo a los Camela, para creernos que estábamos en la verbena de Villatejas del Valle o de Lastrillas. El personal aplaudía hasta pestañear de los artistas, eso sí, si lo hacían con garbo torero, por supuesto. Al Juli se le esperaba, sobre todo después de lo del último día, pero aquello parece que fue flor de un día. Su primer inválido medio aguantó de pie, pero lo de hacer que fuera a la muleta ya era pedir demasiado. Se veía al torero de siempre, que incluso recuperó su famoso julipié, eso de apartarse a la carrera y pasados los pitones soltar la puñalada. En su segundo, como en su primero, dejó que el animal fuera a su antojo, aunque hay que reconocerle unas verónicas medio aseadas, pero con los brazos encogidos. En el último tercio el Juli volvió a ser el de siempre, ese torero listo que sabe lo que hay en los tendidos y desplegó todo su saber metiendo el pico, siempre en línea, cogiendo la pañosa como una bandera con el brazo medio encogido, en ocasiones citando hasta de espaldas para esos muletazos efectistas, lo que provocaba el delirio de la concurrencia. Pinchazo y entera muy trasera. Ya era el delirio. Hubo petición, pero el señor presidente consideró que ese pinchazo le hacía perder la oreja del público y no sacó el pañuelo blanco. Y lo que se enfadaron algunos, quizá esos mismos que aplaudían la muerte de bravo de un toro que para doblar exprimió su último aliento en irse a toriles, lo que tampoco es que sea de muy bravo.

Alejandro Talavante sigue en ese buscar su identidad y parece que sigue sin encontrarla. No se encontró en unos capotazos desganados, ni mostrando ningún cuidado en la lidia. EN el último tercio empezó el de Garcigrande mostrando codicia, al tiempo que manifestaba su falta de fuerzas que le hacían perder las manos una y otra vez. Trallazos con el pico a lo que mandaba el animal, siempre muy fuera, no parando de correr, llenando a ponerse hasta vulgar, para culminar con un tremendo bajonazo que gran parte de la concurrencia no entendía por qué se protestaba. En el quinto, más desgana, como si no estuviera para nadie. Al menos el de aúpa colocó la vara en buen sitio, que en época de puyazos traseros, caídos o ambos, ya es mucho. Eso sí, apoyó el palo y punto. Y Talavante quería demostrar que él quería y con la muleta en la mano se hincó de rodillas en la arena. Casi le desarme en los primeros compases, pero no desistió y aún dio una tanda por el lado derecho, que al menos le quitaría las moscas al Garcigrande. Primeros derechazos en pie con media muleta, recortando, con lo que eso gusta, aunque hubiera algún que otro enganchón. Con la zocata metía pico y más pico de forma descarada, siempre fuera, moviendo la muleta como si fuera un trapo. Acabó metiéndose entre los pitones y quizá en este trance tuvo el gesto más honrado de la tarde, tirando la muleta al suelo, lejos, que total, para el uso que hacía de ella, tampoco es que la fuera a echar de menos.

Y he aquí quizá el que más público concentró en la tarde, Tomás Rufo, elegante jovencito que confirmaba y que salió a cuestas de los entusiastas. Alumno avanzado de las figuras del momento, apenas tiró un puñado de mantazos al aire. Luego vino un trasteo en el que hubo tanta lentitud o aceleración, según se mire, como se permitía el moribundo que hizo primero. El animalito se arrastraba de aquí para allá, mientras Rufo le llevaba con el pico, quedándose él fuera, sin rematar en ningún momento ningún pase. Le costó un mundo cuadrar para montar la espada, el toro a la mínima se ponía a escarbar, pero al final una entera trasera le valió para el primer despojo. Se presentaba bien la tarde, el primer toro y ya habíamos estrenado el pañuelo. En el sexto ya le desarmó en los primeros mantazos, sin fijarle, el animal iba a su aire y así acudió al caballo, suelto, al hilo de las tablas. Ahora era la oportunidad de los paisanos para poder darle otra oreja y así poder contar en Cincinatti que eran del pueblo de Tomás Rufo, el que un día salió a cuestas del pueblo de Madrid, o de su pueblo, que el resultado será el mismo. Mucho trapazo con la pañosa muy atravesada y dejándosela tocar demasiado. Con la izquierda de uno en uno, porque no acababa de encontrar el sitio y vaya si lo buscó a la carrera. En algunos pasajes, cuando el toro ya se había arrancado se colocaba a la carrera y le atizaba el muletazo. Y entre te pego uno aquí y otro allí, los entusiastas perdían el sentido y después de una caída tirando el trapo descaradamente, se le concedió otro despojo, el que le daba derecho a salir a cuestas por la puerta de servicio de la plaza de Madrid, con el delirio vivido entre carros, talanqueras y alegrías.

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viernes, 20 de mayo de 2022

Ya venían emocionados de casa

El que quiera emociones de verdad, emociones fuertes, que le pongan un toro romaneando en el caballo y sabrá lo que es emocionarse de verdad, para no olvidarlo jamás


Llevamos ya un tiempecito en que los toros parece que solo tiene dos fines, uno, el arte, arte a cualquier precio, incluso al precio de tener que pagar como arte la más sublime vulgaridad y chabacanería, pero si esto se hace calzando medias rosas, ya es arte. Y el otro es el emocionarse. Y a ver quién te discute lo que sea, si esa persona en cuestión se ha emocionado. ¡Ojo! Que la emoción también puede ser provocada por la vulgaridad o la ineptitud de un señor, casualmente, con medias rosas. Porque imaginen que sale un toro con sus cosas y se pone delante alguien un poquito pez. La sensación de peligro se hace más que evidente y por consiguiente, hay emoción; emoción creada a partir del desconocimiento y falta de cerebro de un señor. Eso sí, calzando medias rosas. Y claro, si resulta que alguien apunta con un círculo rojo una corrida de figuras esperando ver la consumación de una orgía de arte y emociones a cargo del que algunos han ensalzado al Olimpo taurino, a nadie se le pasa por la cabeza que esa tarde no se vaya a producir el milagro de los panes y los peces ante sus propios ojos. Que lo mismo los panes eran de la panificadora, con una furgoneta llena de chapatas, baguettes, Viena, molletes, hogazas, pan de picos, y los peces eran los del reparto de todos los jueves de Pescaderías la Dorada, que en un cruce se dieron de frente y toda la mercancía se desparramó por el asfalto, las aceras, la mediana y el parque infantil de la esquina. Pero que no venga ningún listo a contarles lo que pasó de verdad, porque ellos quieren emocionarse y creer que aquel es el milagro de aquel señor de las medias rosas.

Se palpaba en el ambiente ese deseo de ser testigos del milagro y si no se producía, se fabricaba, porque si hay que emocionarse, o nos emocionamos todos o tiramos al presidente al río. La gente ya venía emocionada, quizá porque habían conseguido una entrada en tarde tan señalada, quizá porque se iban a pegar sus lingotazos de yintonis, quizá porque estaba nublado y no les iba a achicharrar el sol, quizá… ¡Vaya usted a saber! ¡Ah! Que si pide una tónica en los bares de la plaza, igual le dicen que no hay, pero si pide un yintonis, al momento. Que todo ayuda para lo de la emoción; ¡y de qué manera! Quién no se enteró muy bien de que iba esto, lo de emocionarse, fue el señor del Río, don Victoriano, que ya empezaba defraudando. Se anunciaba como ganadería de Victoriano del Río y Toros de Cortés y solo han salido del primero. ¡Vaya! Ni uno de Cortés, con la ilusión que nos hacía. Que igual no habrían sido tan desiguales, a veces tan flojos, tan sosos, tan muleteros, tan justos, estando en esa línea en que tan bien se manejan los ganaderos de la modernidad, en que no acaban de, pero tampoco parece que sean para protestarlos, aunque ya digo, alguno se protestó, pero tampoco demasiado. Que lo mismo era la postura más sensata, porque en tardes como esta, al público le da igual que le echen a la mula Francis con cuernos, que como van a emocionarse caiga quien caiga, como están predispuestos a crear una atmósfera rebosante de un histerismo descontrolado, ¿quién se pone a luchar contra eso? Es baladí intentar oponer raciocinio y argumentos ante quién solo pone por delante la subjetividad y el ansia viva de emocionarse.

Encabezaba el cartel José maría Manzanares, que a su primera raspa ya le recibió enmendándose con el capote. Apenas se le pudo apoyar el palo y no acababa de salir del primer encuentro con el peto, el animalito ya abría la boca buscando el aire que le diera un poquito de resuello. Con la muleta se limitó a pegar trallazos con el pico, echándoselo para fuera, venga carreras, buscando a ver dónde se iba a encontrar, pero no se encontró, llegando a parecer que no podía ni con este moribundo andante. Al cuarto, un buey regordío, ni mantazos de recibo. Suelto por el ruedo, le apretaron más de lo que suele ser en estos días emoción, pero sin excesos. Después estuvo perdiendo las manos frecuentemente, mientras Manzanares apenas llegó solamente que a merodearlo, a dejar que pasara el tiempo.

Quién abrió plaza fue el triunfador de la Copa Chenel, Fernando Adrián, quien tuvo suerte de que el premio nadie se lo podía ya quitar, porque aunque sea simbólicamente, esta tarde lo devolvió sin discusión. Ya de primeras mostró poca eficacia con el de la confirmación y a la mínima se dio la vuelta de espaldas a los medios, cediendo terreno. En el caballo el palo lo apoyó el pica en buen sitio, pero decir que picó es mucho exagerar, si acaso le arañó por dos veces. Adrían quería mostrar su compromiso y se puso de rodillas para iniciar la faena de muleta, pero el toro andaba a otras cosas. El espada insistía y el toro desistía, hasta que al final, más próximo a las tablas, se le arrancó y empezó darle trapazos por delante y por detrás, que eso siempre emociona, ¿no? Transcurrió una faena sin criterio, que lo mismo metía el pico con descaro ante unas arrancadas a pasito lento, que se lo pasaba por detrás, porque sí, siempre citando desde fuera, para acabar ahogando al de don Victoriano, al que despachó de un infame bajonazo. Y los emocionados atónitos al ver que alguien protestaba que toda la espada estaba enterrada en lo negro. Su segundo, que fue quinto, un cornalón que parecía candidato al Rocío. Enseguida mostró su condición, yéndose a esperar a terrenos de toriles.  No quería ni ver al caballo, al que llegaba suelto por el ruedo, le daba un respingo y a correr. Fernando Adrían tomó la muleta y aparte del toreo ventajista moderno y de darse muchas carreras, era un cuadro desangelado, sin gracia ni para trampear. Acelerado, desajustado y sin parecer saber adónde quería llegar. Bueno, al menos ya confirmó y muy poquito más.

Y ahora podría contarles lo que el personal se emocionó con la actuación de Roca Rey, pero tampoco quiero que piensen que he perdido la cabeza. Que sí, que es muy listo, o más que listo, pillo, como esos pícaros que saben como sacarse dos monedas, o con la simpatía o conmoviéndote, emocionándote. Un señor que se viste de luces, que incluso calza medias rosas, pero que se inhibe absolutamente de las lidias y le importa nada el estar bien colocado para auxiliar al compañero, que los banderilleros se las apañen solitos, que él bastante tiene con estar colocando el capote permanentemente. Con el capote estuvo vistoso para los emotivos, pero siempre enmendándose, sin plantar las zapatillas en la arena. En su primero dejó que el animalito con pinta de buey fuera a su aire y se marchara las dos veces al picador de puerta. Quitó con el capote, pero no me pidan que describa el quite, bueno, sí, un quite que emocionó al respetable. Pero como los corazones no son de acero, con la muleta solo se limitó al número del pico, los trallazos, la recolocación, muy fuera, cambios de pitón aparentemente sin otro criterio que el que se le cansara el brazo. Para rematar de un espadazo pescuecero, caído. Y salió el menos toro de la tarde, que habrá quién diga, sin emocionarse, que era hasta anovillado. Simularon sin pudor la suerte de varas, con el palo en alto, a lo que el público ahora ya siempre responde con palmas emocionadas. Le citó de rodillas, lo que provocó las primeras manifestaciones patrias, los de allá con las banderas rojiblancas y los de acá, con los impertinentes vivas. Tuvo que hacerse una pequeña peregrinación de rodillas, como si estuviera de penitente camino de Fátima. Trapazos ahora por delante, ahora por el cu… por detrás. Tanda de hinojos con mucho pico, pero daba igual, la cosa era emocionar. Ya en pie, más de lo mismo, pero además con trapazos empalmados, sin rematar, apelotonándolos, con lo que eso gusta y emociona, otro por el cu… por detrás, arrimón, trapazos recolocándose en cada uno y la emoción a mil, mientras otros no creían lo que veían, como la gente se podía emocionar con semejante esperpento tan ajeno y con tan poquito que ver con algo parecido al toreo. La cosa es que el animal pase, un concepto absolutamente opuesto a lo que es torear, llevar al toro. Pero daba igual, ellos se emocionaban, pues no hay más que hablar. Menos de media, un aviso, tres descabellos y el toro dobló solo y los emocionados sin esperar más, cogieron el petate y se marcharon, sin tan siquiera hacerle dar a su ídolo una emocionada vuelta al ruedo. Se desinfló el globo como por arte de magia, era como si a lo que hubieran ido era a ver cortar orejas y como no las hubo, ¡hala pa casita, que refresca! Y a mí no me digan pero estoy convencido de que todos los entusiastas de esta tarde ya venían emocionados de casa.

 

PD.: Un recuerdo sinceramente emocionado al maestro Miguel Baez “Litri”, que tantas veces puso los corazones boca abajo.

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jueves, 19 de mayo de 2022

Las Ventas se gana el ser sede olímpica

Eso de la carreras y el toreo con temple son dos conceptos que no casan, ni aunque estemos hablando de lo más moderno del toreo


Una característica de la plaza de Madrid es que siempre, a pesar de lo que creen muchos, es agradecida y en esta tarde de los Pedraza, seguro que lo volverá a ser con quién la ha engrandecido y quién ha puesto todo su entusiasmo en hacer crecer. Y yo quiero ser el primero en reconocer los méritos, grandes méritos de esta tarde de uno de los tres toreros que conformaban la terna. Mi agradecimiento y reconocimiento a Jesús Enrique Colombo, del que en otros momentos igual hemos dicho que si tal o que si cual, pero no puedo por más que descubrirme ante. La plaza de las Ventas ha acogido desde hace décadas la feria de San Isidro, las sucesivas temporadas capitalinas, ha sido una inigualable sala de conciertos, en sus tendidos resonó el Obladi Obladá de los Beatles, que la hicieron pasar a la historia más gloriosa del rock. Aquí han actuado grupos y cantantes únicos, han volado las motos por el aire, ha sido pista de los circos de todo el mundo que hacían escala en Madrid, jornadas gastronómicas, la Copa Davis, en fin. Pero hubo algo que ni los sucesivos ayuntamientos consiguieron y anda que no lo intentaron, convertir la plaza de las Ventas en sede olímpica; y ha tenido que ser este hombre quien lo ha conseguido en dos tercios de banderillas para la historia. Que no se me equivoquen, no es que haya cuarteado, cuadrado en la cara y dejando los palos saliendo andando. Como si tuviera un motor supersónico, el torero ha dejado seis pares a una velocidad endiablada y lo que es más de aplaudir, a una distancia en la que parecería mentira llegar al toro, que además en su marcha se iba alejando de Colombo. Les ha faltado tiempo a los presentes de París 2024 para solicitar que las Ventas sea sede de la modalidad de acrobacias aeroterrestres sobre tierra. No daban crédito. Parecía imposible estirar tanto los brazos y a esa velocidad. Que bien podría haber flaqueado en algún momento, pues se ha pasado la tarde a la carrera, como si llegara tarde a alguna parte. Que nada importa si todo era bailar y correr con el capote, pico, enganchones y dejando que el toro fuera y viniera, sobre todo el tercero, que no se cansaba de embestir a la muleta. Que si acaso debamos excluir de esta locura atlético festiva el que en su primero lo dejó bien colocado en el caballo, pero bueno, el mejor atleta tiene un borrón. Que los señores de París no le iban a descalificar por eso; que afortunadamente ese “error” lo subsanó después con esas banderillas a cabeza pasadísima, clavando desde lejos al más puro estilo Orzowei, metiendo el pico y tirando unos trallazos que Dios tirita, siempre con carreras y más carreras para recuperar el sitio, venga trapazos, que si le desarma, pero él no se desanimaba, seguía en esa orgía trapacera. ¡Qué profesional! Un atleta, ya les digo y un consumado especialista del bajonazo. Si parecía de goma. Y como fin de fiesta, al sacarle la espada al sexto, este le pegó un empellón y encunándolo se lo subió a los lomos. Que no creo que esto cuente como gimnasia y salto de potro, pero bueno, se podría ver, ¿no?

Y a todo esto, la corrida venía desde el Campo Charro, una de Pedraza de Yeltes que de presencia era más bien feota, algunos grandones, altotes, pero he aquí que el tamaño y los kilos no son sinónimo de trapío. El primero echaba la cara arriba en el caballo exageradamente, flojo, sin apenas resuello para dar dos pasos en el último tercio, aunque a pesar de todo, su matador, López Chaves, se llegó a poner pesadito, intentando no se sabe qué, dónde no había nada. En el que hizo cuarto, al salmantino le costó hacerse con él y ya de primeras se tuvo que dar la vuelta para perderle terreno. Solo cumplió sin más en el primer tercio, yendo al caballo suelto, porque pasaba por allí. Mala lidia y peor trasteo de muleta, en el que el Pedraza entraba como un mulo, sin humillar, mientras López Chaves le presentaba el engaño atravesado, con mucho pico, entre retorcimientos, carreras y un bajonazo final que si al final Las Ventas es sede olímpica, ya les digo yo que le quitan la licencia de esgrima.

Javier Cortés se ganó el puesto para sustituir a Diego Carretero en su anterior presencia en la feria. Y se encontró con un primer Pedraza que igual se podría haber mandado a salto de obstáculos, pasando por un equino con cuernos. Muchos capotazos, demasiados, castigado en el primer puyazo y nada en el segundo, apenas señalado. En la faena de muleta Cortés se limitaba a pegar muletazos acelerados, acompañando, sin mando, tirando líneas, para después intentar lo que hace unos días le resulto, esa pose forzada exagerando el compás abierto, pero sin mando, sin torear, para concluir de frente, consiguiendo solo quitarle las moscas al toro. El quinto, otro grandón feote, corría por el ruedo buscando terrenos en los que nadie le importunara con los trapitos. Peleó con fijeza en el caballo y díganme ustedes por qué, en el segundo tercio se hizo el amo el caos, un esperpento en banderillas, sin que el de Pedraza hubiera mostrado nada que justificara aquel mitin con los palos. Le empezó dando distancia, pero sin poder hacerse con el animal, dando vueltas y más vueltas, sin tan siquiera poder decir que acompañaba el viaje. Le acortó las distancias y el toro ya no estaba para nadie, se paraba y apenas iba al pico de la muleta que se le ofrecía y que enganchaba en demasiadas ocasiones, para terminar uno yendo como un mulo y el otro sin encontrar el sitio, ni la distancia, ni el temple requerido. Y por lo demás, reiterar el agradecimiento a Colombo por conseguir él solito en una tarde de carreras y más carreras, el confirmar que las Ventas se gana el ser sede olímpica.

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miércoles, 18 de mayo de 2022

A ver por dónde empiezo yo

Quizá el derechazo y el natural de principio a fin, rematándolo detrás de la cadera, habría que declararlo en peligro de extinción por la UNESCO

Que en esto es muy importante saber quién te cuenta las cosas, que no es lo mismo que te lo cuente un entusiasta de la tierra de los coletudos, que un sin tierra amargado a los que no les gusta nada nunca. Vaya, no he hecho más que empezar y ya me estoy poniendo al personal en contra, porque ustedes no lo sabrán, pero es muy difícil ser un amargado al que no dejan decir ni mu en casa y que no le queda otra que irse a la plaza a renegar de todo y a quejarse de todo. Eso sí, que cuando se entusiasman con algo grande de verdad, los motivados de un torero o de muchos, tampoco le dejan a uno disfrutar de ese momento de goce. Que si ustedes se cruzan con un animoso “adamista”, le contará que Joselito Adame ha estado colosal, grandioso y que los malajes protestones le han robado un triunfo monumental. O si camino del aparcamiento caminan junto a unos señores con un pañuelo de la peña de Ángel Téllez al cuello, pues lo mismo, que esos reventadores han evitado que su torero saliera en volandas camino del cielo de Madrid. Eso sí, que no veo yo a ningún partidario de Pepe Moral que esta tarde vaya diciendo que lo es; más bien les veo negando tres veces antes de que cante el gallo. Y del ganado… con la ilusión que algunos tenían antes de empezar la corrida.

Que lo de Arauz de Robles ha salido, pues de aquella manera, altotes, faltos de carnes,  manseando, con las dificultades propias de la invalidez en algunos, muy mal lidiados, se les ha dejado corretear por el ruedo a su aire, sin que hubiera intención de fijarlos a los engaños. Algunos buscando refugio cerca de toriles, mal picados, al notar el hierro, si no les tapaban la salida, echaban a correr buscando la salida. Eso sí, hay que decir en su descargo que no encontraban a nadie queriéndoles meter en el engaño, echándoles el capote abajo, simplemente se les presentaban telones a los que sorteaban con toda facilidad. Y ahora van a escuchar la opinión un amargado, mala gente, que como tengo que cerrar la mui a todas horas, pues lo acaban pagando los excelsos matadores, más conocidos por Joselito Adame, Pepe Moral y Ángel Téllez. El mexicano ha tenido una tarde, ¿cómo decirlo? Dejémoslo en una tarde al uso, porque en todo el tiempo que lleva de alternativa no es que haya aportado demasiadas cosas y esta no iba a ser la tarde de la metamorfosis de este torero. Toreo para la galería, para la foto, pero no para hacerse con un toro, no para lidiarlo y menos para torearlo de verlas. Capotazos con desprecio, como si el animal supiese que él solito tenía que encelarse en aquel lienzo rosa. Sin pretender alargar el viaje del toro, ni mucho menos hacerse con él, llevarlo al caballo, en fin, lo que venía siendo hace tiempo eso que llaman lidia. Que sí, que perturba el que te devuelvan dos veces el que abría plaza, teniéndoselas que ver con uno de Chamaco, que cumplió sin más en el caballo y que en la faena de muleta tomaba más o menos la tela. Le citaba a distancia, pero el resultado era un trallazo con el pico, no pudiendo con él por lado izquierdo, con poses gallardas, pero nada más, poses, citando en algún remate casi ofreciendo la espalda, por no decir el culo, que está feo, dando la sensación de que el de Chamaco se le estaba yendo sin torear. En su segundo volvió la mala lidia al de Arauz, que incluso derribó al de aúpa. Lo cito al amparo de las tablas por estatuarios y mientras movía la pañosa, el toro se fue al bulto directamente, propinándole un topetazo impresionante, siendo más escalofriante aún la caída. Afortunadamente Adame se rehízo y pudo continuar el trasteo, aunque de forma poco afortunada, venga pico y más pico, siempre muy fuera, retorcimientos, demasiados enganchones, giros sobre si mismo para rematar las series. Aunque ya digo, hasta los hubo que se enardecieron, profiriendo vivas que ensalzaban el orgullo patrio. Bueno, tampoco pasa nada por un poquito entusiasmo y alegría.

Pepe Moral era el segundo que figuraba en el cartel y si lo miran ahora mismo, verán que no les miento, aunque si se lo preguntamos a una de esas personas que son buena gente y se contentan con cualquier cosa, igual no sabrían decirle a ciencia cierta si el sevillano estuvo o si fue pura ilusión. Pero tampoco vayan ustedes de listillos y no piensen en ir a preguntarle a los toros, que eso ya lo han pensado otros y es probable que estos tampoco supieran decirle si Pepe Moral se hizo presente ante ellos. Igual les dirían que un señor les enseñaba una cosa rosa, a la que ellos no hicieron caso, que bastante tenían en recorrerse el ruedo a la carrera. Y en el último tercio, igual vagamente pueden identificar a un señor que se la ponía atravesada, un tío soso, que tanto le aburría al segundo de la tarde, que optó por intentar irse en busca de las tablas. Y Pepe Moral intentando hacerse ver en mitad de un mar de sosería insufrible. Aunque lo que sí les podrá contar el de Arauz es que un señor alto y desgarbado no atinaba con los aceros y con el verduguillo no paraba de pincharle en el hocico entre las prisas y la desesperación, y todo por no entrar de nuevo con el estoque después de dos pinchazos. Ya saben aquel grito de “¡Se mata con la espada!” ¿No? En su segundo parecía que todo iba a discurrir de la misma forma y prácticamente así fue. No lo vio con el capote y casi tampoco con la muleta, a pesar de ese intento de venirse arriba iniciando el trasteo de rodillas, con lo que más parecía una veleta dando vueltas, sin mostrar un mínimo de quietud. Ya de pie fue más de lo mismo, con la salvedad de la espada, que esta vez se evitó el mitin del anterior.

Ángel Téllez, aquel que de novillero toreaba hasta en las bodas, bautizos y comuniones completaba una terna que a priori parecía más para rellenar una tarde, siempre desde el punto de vista que ya hemos indicado anteriormente, porque para los entusiastas, ya saben, cartel de relumbrón; o igual tampoco. Empezó Téllez manteando en exceso con el capote, pecando de ineficaz, permitiendo que el toro fuera allá donde le viniera bien. Hubo un duelo de quites entre el y Adame, pero casi mejor obviarlo. El animal no podía con su alma, le costaba un mundo, iba al pasito, cansino, lo que el espada aprovechó para acompañar esas lentas embestidas, siempre abusando del pico, sin rematar en ningún caso, si se puede llamar rematar el muletazo a lo que hacía, que era dar un manivolazo, lo hacía siempre delante de la cadera. Daba más la sensación que ya no era el toro el que pasaba, sino la tela por la cara del toro. A pesar del pinchazo hubo quién sacó el pañuelo, pero no fueron tantos como para animal al usía, conocido por su rapidez para regalar orejas a nada que uno que pasara por allí le diera las buenas tardes. En el sexto Téllez dio un recital de baile y de nuevo una multitud de capotazos que no llevaban a ninguna parte, ni a poner el toro en suerte. Que además el animal tampoco estaba por ayudar, marchándose una y otra vez. Eso sí, ¿por qué esa manía de mover el caballo en el sentido de las agujas del reloj y no al revés cómo indica el reglamento? Pues nada, allí que iban penco y jinete tras el burel. Lo de la lidia es mejor dejarlo pasar, porque al final hasta servidor se va a creer lo de amargado y que le pone pegas a todo. El toro se fue a esperar al matador a toriles y allí comenzó el viaje a ninguna parte que, entre mantazos, enganchones, carreras, trallazos, arreones del manso, pico y más pico, se pegaron los dos protagonistas. Se puso pesado el madrileño y solo desistió cuando las arrancadas podían ser las de un pollino en la era. Y díganme ustedes, con este panorama uno no sabe por donde tirar, porque aunque no se lo crean, que igual tienen motivos para no creerlo, no estamos tan amargados. O igual sí, porque ya me dirán si no es para estarlo si tarde tras tarde los inválidos son mayoría, los de luces no ven más allá de querer que les regalen despojos y más despojos, muy lejos de lo que es el toreo eterno, mientras que la dura piedra mortifica el orgullo de los que allí dejan sus mortificados glúteos varias docenas de tardes al año. Y claro, uno se pone a escribir y lo primero que se le viene a la cabeza, visto lo visto, es eso de a ver por dónde empiezo yo.

 

PD.: Quiero dedicar este relato y los de todas las tardes, a esos aficionados que se te acercan a saludarte, a echar un rato hablando de toros y que me permiten aprender un poco más de esto que un día nos embrujó a muchos.

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