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| Me pregunto si realmente cuando muchos dicen que el primer tercio es fundamental, si de verdad se lo creen o si basta un toro que acuda a la muleta para que se entreguen sin reservas. |
Quizá alguna vez, solo alguna, ustedes habrán escuchado eso de la importancia del primer tercio para valorar un toro, que si no da el do de pecho en el caballo ya pierde toda opción a los máximos honores. Que lo mismo hasta a usted mismo se le ha escapado en algún momento, incluso sin querer. Yo recuerdo a varios de los que se autocalifican como exigentes, ¡ay, pobres! Afirmarlo con esa rotundidad de quién se inviste con galones de general de la tauromaquia. Que oiga, uno hasta se lo cree, pero es llegar una tarde zurrándote el sol en la azotea y parece que se te reblandece la materia gris. Que malo es el sol en esta época del año. Que así pasa, que les sale un toro que pastó en la sierra de Madrid que en los primeros encuentros con los capotes salía de los lances como un burro despistado mirando al tendido, quizá buscando a algún conocido que le hubiera visitado por la finca. Luego llegamos a ese punto culminante, el caballo, que independientemente de que le taparan la salida, usó el peto para dormirse a su calor sin tan siquiera amagar pelea. Bueno, estaría despistado, probemos por una segunda vez, que como parece costarle arrancarse, pongámoslo de cerquita, en la mismita raya. Y allá que va para colarse debajo de la cabalgadura. Anda, sacalo, que al final vamos a tener un disgusto, aunque no se le haya picado, pero sácalo de ahí. Eso sí, luego iba y venía a la muleta las veces que se lo mandaran. Un toro de esos que llaman para el torero, ¡Ay la frasecita! El animal era el perfecto colaborador para propiciar el delirio de las masas con el torero que le tocó en suerte, Sebastián Castella. Que sería que como muchos ya le veían en la cumbre del mundo y al final no pudo ser, pues nada, le damos la vuelta al ruedo al toro. Pedida por algunos, unos autodenominados exigentes de nuevo cuño, otros no tanto. Que tenían ganas de estrenar el pañuelo azul. Tiempo le faltó a don José Luis González para sacar también el suyo. Y vuelta al ruedo al toro que en el caballo. Pero... ¿No era que si no se cumple al menos en el caballo no...? Que sí, que nos cuelan muchas, pero es que ni protestas, ni descontento. Eso sí, ya saben, que igual no se lo han dicho nunca, pero el primer tercio es fundamental y además, ¡hay que picar!
Pero claro lo del “¡hay que picar!” con lo de Victoriano del Río, pues no casa. Esto no cuadra con la “tauromaquia moderna”, con estos usos actuales en los que lo que vale es la muleta; y que no me cuenten rollos, muleta, muleta y muleta. Y esto, la verdad es que este ganadero lo borda, le sale que ya quisieran muchos. Otra cosa es si nos debemos conformar o simplemente lamentarnos de que nos pongan solo la mitad de la película, como si tuviéramos la obligación de asumir lo que nos negamos a asumir. Pero, ¡ojo! Que lo den gato por liebre. El gato podrían ser los tres primeros, que en nada parecían criados en la sierra, que no daban el tipo de la casa; flojones, aunque aún así, como el segundo, pues hasta iba y venía. El primero pendiente de las tablas y el tercero, pues esperando a que alguien le sujetara, visitando a todos los tendidos de la plaza. Fue a partir del cuarto cuando ya se les reconocía como parte de la familia del Río. El cuarto ya ha quedado retratado al inicio. Al quinto no se le picó demasiado, aunque se marcara el puyazo en buen sitio. Luego bastante tenía con no hincar la cornamenta en la arena entre trallazos por abajo de su matador. Y el sexto, este era de la familia, pero que al amigo le dio por arrancarse con alegría al caballo, muy mal picado, pero que quería pelea, hasta encelarse con el caballo. Luego tuvo la mala suerte en el sorteo, haciendo que le correspondiera Tomás Rufo, que ni de lejos se le pasó por la cabeza mostrar a ese toro a ver si tenía algo más de lo expuesto en el tercio de varas.
De los espadas, pues poco nuevo, incluido ese escándalo trapacero que arrebata a las masas de Sebastián Castella. En su primero nada de nada, anodino. E incluso en el del éxtasis fue incapaz con el capote. Eso sí, fue irse a los medios y decidió innovar iniciando muletazos por la espalda, por delante, para proseguir atravesando la muleta con la zurda ¡Pa qué más! Con la diestra pico exagerado y pierna de salida escondiéndola a veces hasta con exageración. La misma tónica con la izquierda, siempre con la uve y alguno algo más largo, lo que ya enloquecía al más frío del mundo. Sin rematar jamás detrás, cortando el muletazo y el de Victoriano que seguía en su papel colaborador. Que ya estaban unos preparando el pañuelo para sacudirlo a los cuatro vientos, otros tomando proteínas para coger fuerzas para pasearlo a cuestas hasta la calle de Alcalá, pero nadie contaba con el fallo con la espada primero y con el descabello después. Hasta tiró este de malas formas, que debe ser algo también de la “tauromaquia moderna” Y uno, como ya va para tarra, ni lo entiende, ni lo admite. Y venga golpes de verduguillo y no golpes, porque el atornillar no es golpe, ¿no? Y será por el disgusto, que en los siguientes toros, en lugar de ocupar el sitio que le correspondía durante la lidia, pues se limitó a andar por allí.
Emilio de Justo, al que alguien hace tiempo calificó como figura, pues si reparamos en el capote, verónicas echando la pierna atrás o chicuelinas siempre apartándose. Y ponga esto en el toro que quieran. Y con la muleta, pues más trampas, un no parar, abuso del pico, tirones, enganchones, trapazos echando al toro para fuera, siempre citando allá a lo lejos, quitándole el engaño a medio trapazo y siempre forzado.
Tomás Rufo debe sentirse un incomprendido, pero que esté tranquilo porque hay muchos que tampoco comprenden a qué su presencia en esta feria. La de él y la de tantos otros. Un torero que sabe guardar las distancias, lejos durante la lidia de sus toros, aunque eso sí, dando órdenes, no parando de hablar, que seguro que alguno de los suyos pensará; ven tú. Pero tranquilo, que eso no parece que vaya a pasar. Y ya con la pañosa, pues él viene a soltar su repertorio sin importarle lo que tenga delante. Que se le marcha porque a estas alturas nadie ha fijado al animal, pues él detrás a ver si caza algún trapazo. Y si su toro parece haber dicho algo en el caballo, da igual, venga a pegar trapazos con la muleta exageradamente torcida y él guardando las distancias, que ya se sabe que... Que en el sexto de principio le iba como un tren, pero eso a él le importaba bien poquito, él a lo suyo. Cerca del cinco, que dicen que es su terreno talismán, más pico, algún empalmado, huy que me la ha quitado, pero tengo más. Cuartos de muletazo, ahora me pongo encimista y nada, que a esta gente no le gusta nada, que soy un incomprendido. Pero para muchos lo que todavía les daba vueltas en la cabeza es esa vuelta al ruedo a un toro que en fin...Y me hablaban de la importancia del primer tercio.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html






