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| Hasta la mirada les molesta. |
En esto de los toros parecemos tan obsesionados con el arte, que al final no valoramos ni el toreo, ni la falta de este. Arte, arte y más arte y todos tenemos que estar comprometidos para favorecer eso que llaman arte. Hasta los toros tienen que colaborar con el artista para que este cree su magna obra. Que como en casi todo, o todo, en esto de los toros se han invertido los términos, el mundo al revés. Antes, o por lo menos antes de este síndrome de Florencia taurino, lo primero de todo era el toro, un toro fiero y encastado, fuera bravo, manso o a determinar; Y a este animal en primera instancia había que dominarlo, dominarlo lo mejor que se pudiera, mandar sobre aquel caudal indómito y en último término, en la cúspide de la pirámide de los Toros, el arte, arte que solo alcanzaban unos pocos, que esto no era para todo el mundo. No se compraba en el mercado, ni a plazos como las televisiones, o te tocaban los dioses o estabas apañado. Pero para llegar a esto, lo primero dominar a un toro y el resto... gloria bendita. Y ahora es todo lo contrario, los artistas tienen que crear todos los días y contar con el favor de todo el mundo, incluso del toro, al que se le exige salir ya enseñado, tiene que saber entrar largo a los capotes, responder en el caballo, más o menos, que esto tampoco parece una condición sine qua num, y al llegar al último tercio convertirse en un carretón, en un dócil animalico. Pero, ¿y si resulta que el toro no sale tan colaborador? ¿Si resulta que faltó a clase el día de la toreabilidad? ¿Y si no le contaron que él había nacido para regalar embestidas formales?
Pues los de Pedraza de Yeltes no han debido ir a un colegio de pago de la “tauromaquia”. Que tampoco es que hayan salido alimañas, simplemente que no eran tontos del todo. Manejables, pero que había que saber manejar, había que imponerse a ellos con toreo, así de simple y no con trapaceo insulso, ni con un intentar caz<ar el muletazo bonito, uno aquí, otro allí y entre carrera y carrera, si los juntamos, tenemos una faena de época, ¿no? Pues no, porque eso, muy a nuestro pesar, no es toreo, es dar pases. Una presentación impecable por lo serio, ni una pega, aunque bonitos, lo que se dice bonitos... No creo que este año vaya a ganar ninguno el Mister Toro Lindo de este año. Que lo mismo quería meter los riñones para después simplemente dejarse y acabar peleando sin brío, como el primero. El segundo muy suelto, porque nadie de los de luces le fijó, ni hicieron por ello, apenas se dejaba. El tercero, distraído y tardo, se arrancó al caballo pegando un arreón, para después solo pelear con un pitón y sin humillar. El cuarto no llegó ni a cumplir y acabó saliendo huyendo del peto. Al quinto le cogió mal el del palo y este acabó en el suelo. El matador se lo llevó al de puerta y después pidió el cambio, demostrando José Fernando Molina lo poquito que le importaba la lidia y que se pudieran ver las condiciones del de Pedraza. El sexto, muy suelto, intentaba escapar al caballo que guardaba la puerta y una y otra vez había que quitarle esas ideas de la testuz. Le cogió bien el picador en la segunda vara, pero el castigo fue más bien rácano.
Los tercios de banderillas han sido más que lamentables, que lo mismo sembraban el ruedo de banderillas, que clavaban en mitad del lomo para entusiasmo de muchos. Y quizá unos y otros se limitaban a tomar ejemplo de sus maestros. Isaac Fonseca, totalmente desnortado, intentaba relatar su repertorio de novillero, pero aquellos días ya están lejanos y lo único que muestra es un no saber cómo abordar al toro, ni por supuesto limar cualquier complicación por leve que sea. Pases y más pases con todos los males de moda y en el mejor de los casos, pegando ventanazos con la muleta. Sin parecer que viera las condiciones de sus oponentes, en un pase por la espalda el toro, cuarto, se le llevó por delante, que me pongo de rodillas, haciendo más evidentes sus vicios y carencias. Trapazos desordenados, pero ni podía, ni sabía, todo muy desordenado, para acabar entre los cuernos, con esa trampa de con la muleta retrasada alargar el brazo y citar con el pico. Un torero que despertó interés, pero que aunque con voluntad, parece muy desnortado.
José Fernando Molina es el prototipo de torero al que los seguidores le llevan, inexplicablemente, a la alternativa y en tardes como esta no deja ni una sola duda de sus carencias. Sin saber qué hacer con sus toros, inhibido durante la lidia, parece ser que solo va a pegar trapazos mil, sin garbo, ni gracia, alargando el brazo para echárselo más fuera de lo que ya se pone y si se le pita, con razón, se encara con el respetable, que tuvo que sufrir sus anodinos trasteos, eternos e insufribles.
Jarocho era era reclamado por muchos después de una tarde de hace años en esta plaza. Él, como sus compañeros, no es capaz de fijar al toro con el capote y como los demás, a la mínima se gira de espaldas a los medios para perder terreno, lo que el público aplaude con entusiasmo, Ver para creer. Con la muleta no supo mantener a raya los arreones del de Pedraza y solo tenía como objetivo el dar pases, que solo eran trallazos acelerados, mucho enganchón y largando tela, mientras el toro pedía otra cosa, mando y poder. En el sexto empezó entre enganchones, tirando tela y en línea, lo que empezó a calentar a quienes veían en esto toreo. Sin rematar jamás, medios muletazos y más muletazos entre enganchones y pico desde fuera, hasta que el animal acabó yendo al engaño como un mulo. Que quizá había quién ya contaba con el triunfo, pero un bajonazo infame después de dos pinchazos, acabó con cualquier posible ilusión de triunfo. Que quizá podría haber habido alguno que otro de cualquiera de la terna, pero si obviamos las condiciones del toro y vamos a lo nuestro, pues es muy complicado. Que queremos un toro que así y asá, que no moleste, que complique, que sea dócil, en definitiva, un toro que no se mueva, que no me mire, que no respire...
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html






