domingo, 22 de enero de 2023

Entre el toro que embiste y el toro que acude


El toro que embiste busca, el que acude, igual encuentra... o no.


Siempre ha habido patrones para identificar más o menos por dónde transitaban las ganaderías; que si encastadas o no, que si duras o no, que dulces o complicadas, que si blancas o negras… Luego llegó otra división quizá más ofensivas para la fiesta desde el punto de vista del respeto a los fundamentos de la fiesta, toristas y toreristas. Que hasta se ha llegado a hablar de toros muy toreros. Y a un nivel inferior aunque ya centrándose más en determinados toros, está eso de colaborador o no. Pero por encima de todo esto, los taurinos encontraron una división que aparte ensalzar a los suyos, servía para desplazar y arrinconar a los otros y es eso de las ganaderías que embisten y las que no. ¡Qué cosas! Que quizá habría que definir eso de “embestir”. Porque a mí personal entender, no es lo mismo embestir, que acudir. Y yo encuentro la distinción en que los que embisten son los que se quieren comer lo que se les pone delante, lo que obliga a sortear esas embestidas con saber, poder y firmeza. Que luego puede haber toros que se aplomen más o menos, que manseen más o menos, pero la cuestión es querer agarrar la presa y hacerla jirones. Y después están, siempre según una personalísima opinión, los que acuden a los engaños. Que sí que es verdad que lo hacen una y otra vez y que no se cansan, oiga. Pero quizá aquí encontremos otra diferencia más. A los que de verdad embisten hay que someterlos, porque si no, igual se nos suben a las barbas y nos depilan de una pasada. A los otros, los que acuden, se le les dan trapazos en línea; que me gustaría contar su comportamiento en el primer tercio y la forma de acudir a los capotes, pero como habitualmente no se da el caso, tampoco se puede ahondar en este aspecto. Que me gustaría a mí ver si los que acuden seguirían acudiendo tras pasar por el caballo de verdad, no después de una leve colleja, y si en el último tercio consentirían demasiado con muletazos de arriba abajo y de fuera adentro, rematando los muletazos. Que igual al segundo se nos despanzurraban y ni tan siquiera podrían acudir.

Pero una de las grandes diferencias entre los unos y los otros radica en que unos no se dejan así como así y los otros se dejan así y asao. Que con los primeros, posturas las menos, y con los segundos todas las posturas son pocas. Que a los primeros si les recibes con chicuelinas igual los tienes buscándote los tobillos todo el rato y los otros… los otros ya sabemos lo juguetones que se quedan. Que con los primeros solo cabe el arte de verdad y con los que acuden todo es arte. Que aquellos si no se les corre la mano hasta el final te pueden levantar a medio trapazo y los otros tragan hasta un cuarto, sin acusarlo lo más mínimo. Y a todo esto, el personal enloquece con estos últimos y con los que embisten, a veces hasta caen en la infamia de decir que esos animales son imposibles y que hay que mandarlos al matadero a todos, incluidos sus criadores. Es que ahora el criar toros de lidia, toros con casta, es un delito de lesa humanidad.

Iba a decir que adónde íbamos a ir a parar, pero está muy claro, se ha tomado una dirección en línea recta y a toda velocidad hacia el abismo y parece que los que transitan en esa nave lo jalean con entusiasmo. Que ellos quieren al toro que acuda. Que si va al caballo, ya sea desde dónde sea, cuándo sea y cómo sea, se le jalea y se celebra como al niño que ha sacado sobresaliente en plástica y gimnasia, aunque suspenda lengua y matemáticas. Y sigue en los tercios sucesivos acudiendo con esa alegría del que tampoco es que se alegre mucho, porque le falta eso de embestir y se deleita y deleita con acudir. Aunque no se crean, que cuando ven un toro embestir, tampoco le hacen ascos, pero se conforman con los que… en fin. Si al menos luego no denigraran, ni renegaran de los que embisten de verdad, pues algo se habría conseguido. Pero claro, es que otra cosa, que eso habría que ver en otro momento, ahora los que se dicen aficionados se ponen de parte del torero y no del toro. Que ahora todo el mundo se pone de parte y comprensivo con el torero, el empresario, el ganadero de los que acuden y hasta del que vende fantas durante la lidia del toro, pero… ¿quién se pone de parte del que paga? ¿Quién se pone de parte del aficionado que solo pide lo que siempre fue? Pues evidentemente, nadie o casi nadie y encima pretenden tirarnos a la cara la falsa disyuntiva entre el toro que embiste y el toro que acude.

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jueves, 15 de diciembre de 2022

Es tiempo de ser buenos

La afición llega muy lejos, más allá de Oriente, más allá de dónde parte una estrella y llega hasta nosotros como el suave vuelo de una mariposa, la del maestro Lalanda


Ya saben, hay que ser buenos, hay que ser buenas personas, lo que un castizo llamaría buena gente. Que buena gente es Manolín, ¿y el Juanín? ¿Qué me dices del Juanín? Pero ese cuando se enfada, cuidado con él. Que no le vayas a quitar lo suyo o que no vea una injusticia, que se pone como un Miura rompiendo plaza. Ya, pero es que Juanín es buena gente, pero no es tonto, no confundamos los términos. Que es que hay mucha disfunción semántica en el orbe lingüístico y social de las personas y seres humanos en general. Que también es verdad que en esto influyen mucho las malas lenguas y los que las dejan trotar por los sembrados ajenos. Que resulta que uno de estos va y te dice que lo mejor para el mundo es que todos estemos unidos. Pero claro, si esa utópica unión no tiene otro fin que quitarme lo mío y que el unidadofilo se ponga las botas y ponga su negocio a funcionar a costa de los demás, ¿entonces? Entonces hay que dejar de ser buenos y toca defenderse de esta perversión del lenguaje y sobre del que la formula y pone su maquinaria trincona a funcionar. Vamos, un Casas, don Simón, por ejemplo, que va y te quiere convencer de que esto de los toros hay que pagarlo a precio de oro, porque si no, el arte no puede subsistir. Pero es que visto así, este no pide unidad, este caballero pide mentecatos, sordos, ciegos, mudos, pero ágiles de manos para vaciarse los bolsillos y llenarle a él los suyos. Pero claro, si al menos después del timo de la estampita, al menos las estampitas estuvieran plastificadas, a todos color y cada uno diferente de las demás y si una es bonita, la otra mejor, pues igual mira, igual compensa un poquito el ser de esa unidad que tanto predica y hasta ser buenos… y tontos. Pero claro, luego llega el momento de la verdad, uno, todo bondad, después de cambiar a los niños de cole, por eso de ahorrar, de quitarse de la carne y abonarse al chup chup del Avecrem, de olvidarse del iphone de última generación y cambiarlo por un tamtam modelo “Ecos de la abana”, con lo ahorrado se va a los toros y ¡Zas! En todos los morros te pegan el tocomocho, que piensas que vas a ver toros y como diría una madre de las de antes, ¡ni toros, ni toras, como me quite la zapatilla”. Pues eso, que en mitad de mayo ves salir por los chiqueros al buey del Belén para allá por diciembre, pero con el mismo trapío que la mula. ¡Hala! Ya tienes la mula y el buey, todo en uno. Pero como es mayo o junio o cuando sea que es diciembre, aún puedes no ser bueno, ni mucho menos tonto. Pero a pesar del primer sopapo, metafórico, por supuesto, ahí que seguimos sentados; quizá esperando los pastorcillo, los tres Reyes Magos y la estrella, nos encontramos que no hay otra cosa que el “caganer”. Un caballero que se dedica a poner poses asín, asao y de aquella manera. ¿Se puede ser bueno entonces? Pues ya les digo yo que si lo intentan, igual hasta se sienten un poco tontos. Pero claro, alrededor de usted hay una muchedumbre que pierde el sentido. ¿Serán buenos todos ellos? Pero si aún quedan meses para la Navidad, que o me estoy volviendo tonto o me estoy volviendo un mal bicho sin alma. Que si los buenos son los que quieren el toro chico, los que no quieren que se le pique, los que fabricas triunfos a domicilio e invisten de divinidades a los coletudos, entonces es que los demás “semos” más malos que Caín.

Pero bueno, como ni es mayo y aún queda un tiempecito para que todo este enredo se enrede todavía más, para que nos suban las bilis, la bilirrubina y la tensión a 29-19, seamos buenos, aunque ya lo seamos doce meses al año, pero bueno, demostrémoslo, o quizá sería más correcto que pongámonos tiernos, que dejemos a un lado la careta de gentes serias, buenas, que no tontos, y digámosle a los nuestros cuanto les queremos, cuanto les apreciamos, les valoramos y deseamos tenerles siempre a nuestro lado. Lo mismo que les digo y les deseo a todos los que durante el resto del año se han pasado y se pasan por esta bitácora (sic Xavier González Fisher), mucha feliz, muchos besos, muchas risas, mucha alegría y a seguir hablando, pensando y viviendo los toros. Que en Nochebuena no les falte nadie a la mesa, aunque el pavo o el cordero o el cabrito estarían encantados de no estar, que en esas cenas y comidas que más parecen de un condenado, puedan decir todo lo bueno que llevan dentro a los seres queridos. Que en la Nochevieja tomen las uvas y no se atraganten, si es que viven en España, y si moran otros paraísos, que brinden con champán hasta que sientan las burbujas hacerles cosquillas en la nariz. Y que bien el gordito de rojo o los Magos de oriente, el Olentxero, el Cagatió  el Pato Donald les traigan todo lo que deseen. Y que en todas las mesas del mundo y todos los niños del mundo rebose la ilusión y la felicidad debida y parece que obligada, en estas fechas; en estas y en todas. Para todos, todos, muchísimas felicidades y que seamos buenos, que no tontos, todo el año, aunque parezca que solo ahora es tiempo de ser buenos.

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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ayudemos a la “Taugomaquia”


Para ayudar realmente y de verdad a la Tauromaquia, uno de estos; lo demás, pura palabrería.


Tengo el corazón “partío”, porque aunque no lo parezca, uno tiene alma y siente y padece. Que ha sido conocer las declaraciones del señor Casas, don Simón y n he podido más que estremecerme. Que afirma que hay festejos en los que pierden 300.000 euros. Pero, ¡cómo puede se esto! ¡Cómo se puede consentir! ¡Y nadie mueve un dedo para remediar este disloque! Aunque… quizá lo primero que tendríamos que hacer es plantearnos si este señor y su socio son merecedores de estar al timón de la plaza de Madrid. Que el que un empresario tenga pérdidas de más del 30% del negocio una tarde, no dice mucho en su favor. Que el premio Nobel no se lo van a dar y beatificarles, pues igual tampoco, si acaso serán firmes candidatos al premio Blas de este año, en el que se valora la falta de sesera y la ingenuidad de los candidatos.

Que dicen que pagando tanto y cuanto a ciertos toreros y ganaderos, el presupuesto se le dispara. ¡Amigo! No les contrate y si lo hace, dígales que nanay de acceder a esas pretensiones, que no y si no aceptan, pues adiós muy buenas. Que según parece, esto es lo que deben cobrar por esas plazas de Dios en que a veces entran casi diez veces menos almas que en las Ventas, pero ellos verán. Que si todo sube, que si todo cuesta, que si todo el mundo tiene que achucharse el bolsillo, ¿por qué estos señores no? Igual porque hay quien les paga lo que piden. Que también puede ser que el señor Casas, don Simón, esté queriéndonos preparar el cuerpo para una subida aún más salvaje que la última subida salvaje. Aunque tampoco tendrá que explicarse demasiado, porque ya vimos como algunos celebraban la tan discutida subida. Pues nada, que estos ricachones vayan poniendo a enfriar el champán, porque parece que se nos avecina otra “juerga” que nos desangre el bolsillo. Lo mismo eso de anunciar los carteles en febrero es para que nos dé tiempo a dejar el tabaco, la bebida, las salidas, el echar gasolina, la calefacción y que nos alumbremos con velas, para ahorrar nuestros buenos dineros para sacar el abono. Pero el que no beba, no fume, no… lo mismo de lo que se tiene que quitar es de ir a los toros.

Aunque, ¿ustedes creen que el señor Casas, don Simón, puede estar dispuesto a perder dinero? Que a lo mejor uno de sus objetivos, no el único, es darle otra vuelta de tuerca a la CAM y así pedir, pedir y pedir más favores al señor Abellán. ¿Por qué no? Que a lo mejor las cuentas de Plaza 1 no le cuadran, que ya me cuesta creerlo, aunque nunca lo sabremos, porque no las harán públicas, pero el señor Casas no pierde. Ya le vendrá el dinero porque pone a sus toreros, a los de otros y los otros ponen a los suyos. Y una más, toreros que todo el mundo sabe que ni cobran millonadas, ni exigen, ni molestan, so riesgo de que les dejen cesantes, y que entran en esos carteles que se sacan su buen pellizco, porque su coste es casi todo beneficio. Que no veo yo a los “emergentes”, a esos que los cogen las grandes casas un año o dos y luego los dejan tirados, cobrando dinerales.

Que igual al señor Casas, don Simón, no se le ha ocurrido equilibrar el coste de un festejo combinando figurones con toreros más modestos y con otro tipo de ganaderías. Que igual los aficionados hasta lo agradecerían y les gustaría ver nuevas combinaciones, a ver qué pasa. Que lo mismo unos dicen que quieren lo de siempre, con los de siempre; pues muy sencillo, se les explica que eso no es viable, porque si no el señor Casas, don Simón, palma 300.000 euros. Pero… ¿será la cosa tal y cómo cuenta este hombre? Que cuanto más lo piensas, la cosa pinta peor y pasamos del gris oscuro al negro más negro y te dan ganas de poner la calefacción, fumarse dos paquetes del tabaco más caro, darle al morapio del caro, echarle gasolina al coche hasta llenar el depósito y hasta comprarse un jamón de Guijuelo y así evitar tentaciones de ahorrar para el abono del año próximo. Y ahora díganme ustedes, ¿en manos de quién estamos? De un señor que es un inepto o que miente más que habla; ustedes mismos, pienses lo que consideren. Mientras, este caballero seguirá con su atosigante cantinela traca que traca con el falso “ayudemos a la Taugomaquia”.

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domingo, 13 de noviembre de 2022

San Isidro 2023 se presenta en febrero

Aún no hemos ni catado el turrón y ya nos dicen que menos de un mes después de Reyes, ya están los carteles de San Isidro. Ya es primavera en el Corte Inglés y estamos a dos bajo cero al sol.


Otra más de este contubernio taurodemente que componen los que mal conducen la plaza de Madrid, el dúo macabro de Casas y García Garrido por un lado y por otor esos colaboradores necesarios, esos consentidores que dicen que son la propietaria de la plaza, pero que han preferido no solo no ejercer, sino entregarse a los deseos del inquilino. Pues nada, sigamos, que ya estamos a nada de dejar esto como un solar, en el que no se va a poder montar ni un parque con columpios. Ahora van y todo ufanos nos dicen que en febrero será la presentación del próximo San Isidro. ¡Vengaaaa! Que se decía que en otros tiempos se esperaba a ver lo que pasaba en las ferias previas, por si algunos daba la campanada y había que ponerlo en Madrid. Que me parece bien que el ganado ya esté apalabrado y hasta casi firmado, pero dadas las formas de estos caballeros, igual hasta han convenido con algún ganadero eso de hablar allá avanzado febrero o marzo. ¿Después de haberse presentado la feria? Que me lo expliquen, dirán ustedes. Pues muy fácil, si tal y cómo está esto montado, podrían darnos los carteles al completo hoy mismo. Que si ya llevamos años y años que los carteles de esta y de todas las ferias es un corta y pega, ahora mucho más. Que en Madrid aún nos quedaba la esperanza de que pusieran a algún torero necesitado con los toros que las figuritas no quieren ver ni en pintura, pero es que ya no los ven ni en los carteles de la misma feria.

Esto es una multinacional en la que ya hay una serie de gente en plantilla, los mismos toreros, los mismos ganaderos, si acaso alguno que se desmarque mínimamente puede ser suspendido de empleo y sueldo algunas ferias, pero muy mal se tienen que portar, mucho tienen que calentarle los cascos a los jefes para que les licencien definitivamente. Y oiga, como en las grandes multinacionales, se saben los nombres de muchos de los mandamases, pero no se tiene absoluta certeza de quién es el capo máximo. Si hasta parece ser que hay bandos, que cuando se encuentran en público se comen la boca unos a otros. Pero como buena multinacional, hasta hay unos becarios a los que explotar. Eso sí, hace tiempo les dio por llamarles emergentes, pero no nos engañemos, los becarios, becarios son. Que cuando parece que apuntan las maneras que ellos buscan, no saliéndose del carril marcado por la doctrina al uso, igual los cogen bajo su manto los del sistema, les explotan uno o dos años, lo que duren y después, si te he visto no me acuerdo.

Pero esto no acaba aquí, que como toda multinacional, siempre tienen ahí una cantera de aspirantes que se mueren porque les capten. Las que no son del toreo se van a universidades privadas y estos, pues a las escuelas, dónde siempre estarán los que hacen de ojos y oídos, que localizan a los chavales que pueden pagarse su formación y hasta prácticas no remuneradas. Lo que en otros sitios se llama pagar la matrícula, aquí se llama ponedor; cuestión de terminología. Que los jóvenes aspirantes dicen eso de que a ellos les vale con meter la cabeza y que luego, como ellos lo valen, irán subiendo poco a poco en el escalafón, hasta llegar a consejeros delegados, directores generales o presidentes, vamos, lo que de toda la vida se resume en ser figura del toreo y estar en todas las ferias. Como si fuera tan fácil. Pero ellos se lo creen y otros se aprovechan de esta tan grande ilusión y una mayor ingenuidad. Y con este panorama, ¿aún nos extrañamos de que hoy mismo ya podrían sacar los carteles del próximo San Isidro? Que para justificarse siempre tienen frases hechas e ideas requetesobadas que te sueltan sin el menor pudor, como si ellos mismos se las creyeran. Que si las figuras, que si las ganaderías que embisten, que si es lo que el público pide, que si las puertas grandes y despojos del pasado, que si esto es histórico, que si… Pero esto no es lo peor de todo. Que me dirán, ¿pero hay algo peor? Pues claro, todo lo que va mal, aún puede empeorar y en este caso se ocupan de ellos los que pagan y que parecen encantados de poder pagar, que te empiezan a decir que la feria tiene cosas interesantes, que este cartel es redondo, que esa ganadería está en muy buen momento, con resultados previos más que vergonzantes, con animales infames, toreo tramposo y verbeneo a tutiplén animado no se sabe si por el alcohol, por el querer destacar o porque les vale todo. Y acto seguido, sin ruborizarse, te hablarán de aquello de que hay que picar, que hay que cruzarse, que hay que torear de todo, que si variedad de encastes, que si… En fin, que dicen blanco y se apuntan con entusiasmo al negro más negro de la negrura del universo. Me lo expliquen. Pero ya les digo que se estarán frotando las manos para empezar a dictar sentencias de lo que viene, porque si no se han enterado, los de Plaza 1 ya han puesto fecha a la gran pantomima, que San Isidro 2023 se presenta en febrero.

 

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lunes, 31 de octubre de 2022

La cultura de una nación

Aunque en Altamira no pintaran a gente jugando con el toro, igual un poco después ya andaban haciendo recortes en las marismas del Guadalquivir.


Si nos ponemos a hurgar en las tradiciones, celebraciones o símbolos de una nación, del lugar del mundo que queramos, seguramente que en gran medida estas partan de hechos y circunstancias que hoy en día nos parecerían poco recomendables. Pero es que la historia del hombre, la historia de su cultura, de lo que retuvo la memoria de sus ancestros, es la que es y lo que dudo es si eso sería justificación suficiente para eliminarlos, para borrarlos de la memoria colectiva de una nación. Que no es admitir ese legado a cualquier precio, ni legitimar la tradición simplemente por serlo, ni mucho menos. Y aquí hablo de naciones y no países, porque a lo mejor estos dos conceptos no coinciden plenamente. Los países tiene claramente definidas sus fronteras, pero las naciones, puede que si las tienen estén tan borrosas y difuminadas que se mezclarían con las de sus vecinos. Y si hablamos de esta península ibérica, quizá nos sorprendería lo que nos encontraríamos antes de que a esto se le llamara Reino de España, pero mejor no seguir por este camino, pues nos llevaría a unas tesis y unos argumentos para los que servidor no tiene argumentos, ni mucho menos conocimientos suficientes. Pero sí que hay un fenómeno que se ha repetido desde hace siglos en toda la península, obviando la frontera más antigua de occidente que el toro sobrepasó sin el menor respeto a gobiernos, reyes, tribus o imperios, y este no es otra cosa que el juego con el toro, primero su crianza y más tarde el hacerlo el eje en celebraciones y fiestas, con los hombres jugándose el ser simplemente por eso, por ser, por sentir, por vivir, por burlar a la muerte, algo que también está en las raíces de esta gente del Pirineo hacia abajo. La muerte, siempre presente y jugando a esquivarla con descaro, con aparente despreocupación y desprecio al cuerpo y a la vida misma.

Que esto de los juegos con toros, tanto desde su origen hasta el presente, con su máxima expresión en las corridas de toros, no es fácil de entender, quizá la cuestión sea que no hay nada que entender: es algo irracional, tanto como los sentimientos humanos, como ese arraigo a una tierra que te maltrata, que es tan inhóspita que cualquiera con dos dedos de frente abandonaría. Pero que el que la nace y la vive se niega a levantar sus plantas de allí donde vivieron los suyos y, con más o menos esfuerzo, se empeña en repetir una y otra vez los ritos que ya nadie sabe cómo, ni dónde nacieron, pero que están ahí. Será porque les hace sentir, saber quiénes son. Que habrá quien desee levitar sobre una historia, unas costumbres, una forma de ser, porque se sienten más próximos a lo que sucede en otras latitudes; que no tienen que estar ni a cientos, ni a miles de kilómetros, basta con estar entre asfalto y edificios de cuatro o más plantas, con ascensor, moqueta en el salón, calefacción con bomba de calor y una Siri para que les diga si se ponen la térmica o las chancletas. Que es posible que esta gente esté creando una forma de vida, una tradición y hasta unos ritos y que luego los quieran implantar en todo el orbe, pero… ¿Ahora vamos a pretender enmoquetar el campo? Que la vida rural, el campo, no se puede instalar en la ciudad, quizá los toros sean lo más lejos que ha llegado este mundo al asfalto, pero tampoco pretendamos lo contrario. Porque igual lo de vivir en el campo con wifi potente, un 4x4 que nos lleve a todas partes, que te traigan la compra pedida por internet a casa, que desaparezcan los gallos que hacen kikiriki al amanecer, que callen las campanas de las iglesias porque no nos dejan ver neflis, que las vacas no caguen, que los caballos no relinchen, eso no es el campo, eso es su ideal de un mundo muerto, anodino, en el que solo caben los que piensan así y, evidentemente, no les cabe nadie más.

Que las almas puras ahora parece que quieren hacer que el mundo sea mejor borrando cualquier referencia a lo que no es una felicidad al modo que inventó Aldous Huxley, ese de “Un mundo feliz”, que ya sabía de antemano que ese mundo nunca podía ser feliz. No podemos eliminar los “Fusilamientos de la Moncloa” porque es una imagen de guerra, dolor y muerte, no podemos echar abajo el Coliseo porque simboliza todo lo que era la Roma Imperial, ni convertir la “Gran Muralla” en una huella en el suelo, porque era una barrera para impedir el paso de los forasteros, ni prohibir la “haka” Maorí porque era una danza previa a la lucha y en la que al enemigo se le quería asustar anunciándoles una muerte cercana. Porque eso son los pueblos, lo que no quiere decir que hoy en día los tercios quieran volver con la pica a Flandes, ni que las legiones pretendan someter de nuevo al mundo, ni que se vaya a pasar a cuchillo a todo aquel que sobrepase la muralla, ni que los “Black Jacks” tenga la idea de acabar con cualquiera que les pretenda arrebatar un balón apepinado. Entonces, ¿Por qué es tan difícil entender que los aficionados a los Toros son unos enamorados de un animal? ¿Bajo qué mecanismo y razonamiento pueden pensar estas almas puras que odiamos al toro y que disfrutamos con su muerte? Que no le da un valor extraordinario el que sea parte de la tradición, nada más lejos; el valor se lo da el rito, el acerbo cultural que ha llegado hasta nosotros y ha crecido a través de los siglos, la fuente de inspiración que ha sido y es para tantas mentes prodigiosas, para tantas mentes que hasta estuvieron dispuestas a dar su vida por la libertad de su gente, de su pueblo, por la igualdad entre semejantes, por la fraternidad de los pueblos, y que además veían en los Toros una fuente inagotable de valores reales, no los que otros pretenden manipular torticeramente, valores para crear arte, para educar en la vida sabiendo que siempre estará presente la muerte, que la muerte es inevitable, la tuya, la suya, la propia. Y quizá también supieron entender cómo era y por qué se movía el lugar dónde vieron la luz, cómo eran sus padres, sus abuelos, los que les precedieron y que les hicieron saber más de ellos mismos. Quizá por todo esto aprendieron a saber e identificar cómo eran, cómo es la cultura de una nación.

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martes, 25 de octubre de 2022

Victorino sigue defendiendo… solo lo suyo

Al final, don Victorino va a decidir quién es merecedor de llamarse aficionado o quedarse en reventador indeseable. Cuidadito, que a nada que se descuide, igual acaban sobrándole carneses.

Ganadero de postín, máximo representante de la Fundación del Toro y quizá el que más cartas escribe en el mundo a los malvados antitaurinos que están acabando con los Toros. Pues ya ven, don Victorino no se cansa, siempre tiene que estar haciendo algo, no puede estar parado; ya puede ser destrozando el hierro mítico que le legó su padre, ya puede ser montando una Copa Chenel que bien podría ser según una idea original de los antitaurinos, bien escribiéndoles a estos unas cartas que a sus destinatarios les quita el sueño o como en este caso, defendiendo a capa y espada su negocio, el que nadie les diga nada ni a él, ni a sus cómplices en esto de desbaratar el toreo. Que la cuestión es que ellos y solo ellos, con este señor en lugar preferente, puedan decidir cómo son y cómo deben ser las cosas en esto del toro. A mí me dejan y si alguien se queja, que se quede en su casa. Que ahora nos sale, como ya han salido muchos, entre ellos el insigne señor Hernández, ganadero como Victorino, con que fuera reglamentos. ¡Dejanme solo! Como decía el chiste.

Que hay un detalle, un detalle curioso, que se ha reproducido a lo largo de… de toda la vida de Dios. Resulta que los que tenían las manos más enfangadas, esos decían que tenían las manos limpias, tan limpias, que hasta eran capaces de autorregularse, porque aparte ser gente de orden, ellos sí que sabían de qué iba su negocio. Que esto último no lo he dudado nunca. Y entonces, como ellos lo sabían todo de lo suyo, pues hala, ha llegado la hora de la autorregulación, que para que nos entendamos, es aquello tan clásico y castizo del “déjame, que yo mapaño”. Pues eso, el señor Victorino Martín García se las quiere apañar él solito. Vamos, lo que habrían dado porque les dejaran apañárselas solitos al señor Capone, al señor Genovese y hasta a Toni Soprano, el de la tele. Que en esto, como en muchas otras cuestiones, lo que quieren es que una oligarquía, lo que siempre han sido unos gerifaltes, capos, jefecillos, es querer disponer de todo, en beneficio propio. ¡Vaya! Si don Victorino solo busca el beneficio para la fiesta, ¿no? Pues parece que no. Ellos, con Victorino a la cabeza, quieren controlar el tipo de toro, los festejos que se montan, quién actúa y quién se queda fuera, si ahora colamos este ganado impresentable, si los veterinarios se quedan fuera, si el presidente debe actuar así o asao como un monigote que ellos manejan y hasta a los que pagan para ir a la plaza. A estos les marcan hasta los gustos que deben tener, lo que tienen que decir, lo deben callar y siempre, pero siempre, que deben pagar. Pero fuera reglamentos, que yo sé más que nadie de esto y a ver si con tanta reglamentación, esos que solo deben pagar y callar o aplaudir, ahora se me van a agarrar a eso y van a exigir unos derechos que no merecen, porque aquí los derechos son para nosotros, los que sabemos y nos debemos autorregular y no para esos que solo vienen a poner pegas. ¿Se imaginan? Novillos de tres años para que los artistas se expresen, animalejos que no pasarían ni como cabra del Pirineo y que nos colarían como toro, artista, pero toro. Un palco con un amigo de los que, según ellos, saben de esto, repartiendo pañuelos blancos, azules y naranjas al viento. Y que no falten los aplaudidores profesionales, los que para toda trampa tienen un por qué, los de los micrófonos de la tele, y los aplaudidores practicantes, los que jalean hasta a los mulilleros por andar para atrás. Y con todo esto, ya de paso, los tikismikis igual se cansan, abandonan y les dejan solos. Pero, ¡ojo! Que cuando echas abajo un dique en el mar, luego no cabe decirle a las olas que paren, que ya han inundado bastante, no señor, el mar seguirá avanzando y lo mismo hasta se lleva por delante el chalé que estos fulanos tenían en primera línea de playa. Que lo mismo quieren echar a unos cuantos y acaban marchándose más de la cuenta y se van a encontrar ellos solitos en las plazas con apenas dos centenares de incautos, pero… Si eso ya está pasando, si hay festejos televisados en los que apenas llegaban a las doscientas almas. ¡Ah! Pero había tele y con la mosca que te sueltan estos, podemos seguir autorregulándonos.

La cantidad de cartas que escribe don Victorino Martín García, Victorino el Epistolario, pero no he visto por el momento ninguna en la que se defienda al que paga, en la que se defienda de verdad al aficionado, en la que se abogue por los derechos del espectador, por la integridad del toro, por sancionar o al menos afear las trampas, el fraude ponerse definitivamente del lado del toro, de la fiesta de siempre, esa que dicen que es del pueblo, pero siempre que ellos sean los dueños del pueblo para hacer y deshacer a su antojo, porque la desregularización es eso, a mí déjame hacer lo que se me pase por ahí y yo apretaré y pondré normas y más normas, todo lo duras que sea posible, a los débiles, a los que tienen que pagar y a los que les quito todos los derechos, que me guardo para mí. Pero bueno, ya vemos que aquí nada cambia y mucho menos a mejor, que nos contarán todas las milongas que quieran, se despacharán a gusto contra los antis, contra los exigentes, contra el gobierno, contra el desgobierno, pero al final, como siempre, Victorino sigue defendiendo… solo lo suyo.

 

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lunes, 10 de octubre de 2022

Y se expresaron con todo lo que tenían que expresar

Un toro metiendo los riñones, mostrando su bravura en el caballo, para acabar en manos de un vulgar trapacero sin el menor sentido de lo que es el toreo.


Hoy en día, cualquiera que calza medias con espiguilla se siente artista y, según dicen, con algo que expresar, algo que sacar desde muy dentro, tienen que volcar fuera lo que llevan dentro. Pero claro, hay que tener mucho cuidado con lo que cada uno lleva en su interior y sobre todo con cómo y dónde se echa fuera. Piensen lo que quieran, pero yo les recomendaría que no se crearan mucho en esta imagen, porque la cosa puede resultar muy, muy desagradable, tanto, que lo mismo vuelven a revivir a Perera, Leal y Lorenzo liados a trapazo limpio con unos animales que a nada que les achucharas con el mimo del toreo, te echaban una orejita al cesto. Que yo tampoco querría extenderme mucho, porque lo último que yo desearía sería ponerme desagradable y a ver si a ustedes les provoco un mal grave por recrearme en la narración de lo sucedido en la última de una gran feria de Otoño ideada y puesta sobre la arena de Madrid por Plaza 1. Que resumiendo, habría que decir que las puertas grandes de otros días, las que abrieron los paisanos y autobuseros a cabezazos, para enaltecimiento de unos coletudos más que limitados, han sido devueltas con creces por novilleros y matadores de toros. Que las trampas al final se pagan y ahora, casi a punto de acabar la temporada, algunos las han pagado, no sin asombro; ellos que se creían ya figuras históricas del toreo, ahora se dan cuenta de que se han quedado en pañales. Y otro dato a valorar es que con esas subidas de precios, no solo no ha habido más público, sino que hasta parece que ha bajado la asistencia. En el mejor de los casos han ido los mismos que lo habrían hecho en otras ocasiones, pero pagando más. ¿Le ha compensado a Casas y Garrido? Pues ellos dirán que por supuesto, pero igual en la intimidad…

Pero vayamos a lo que toca, una de Fuente Ymbro que hubo que remendar con un sexto del Puerto de San Lorenzo. Los cuatro primeros muy sueltos, contando con la inestimable colaboración de sus matadores, incapaces de retenerlos en los capotes. Toros muy mal lidiados los seis, pero estos cuatro primeros además no se picaron, flojos y el cuarto inválido. Toros que andaban por allí y que en el último tercio iban y venían, pero que solo fueron malamente trapaceados por los de luces. Pero el quinto fue otro cantar. Le dieron más capotazos que estrellas hay en el firmamento. Lidia desastrosa, pero en el caballo le dio por meter los riñones. La cosa era que lo hacía mientras le tapaban la salida. Que pena no verlo con el ruedo a la espalda y pudiendo elegir entre el campo abierto o la pelea. Pero en la segunda, con todo el ruedo a su alcance, optó por la pelea y volvió a meter los riñones como hacía tiempo que no veíamos a un toro. Pero este de Fuente Ymbro tuvo la mala, malísima suerte de haber caído en esta corrida de expresionistas y dentro de estos, en las de Juan Leal, una auténtica negación de lo que es el sentido de la lidia, el mostrar a un toro y el darle las ventajas que este merece y ofrecerle un toreo al menos honrado. Recibió el trato que nunca merece un toro bravo, al que se le pagó con un arrimón chabacano su bravura, ahogando su boyantía con vulgaridad y falta de recursos. El otro toro a destacar es el sexto, el remiendo del Puerto; un toro también mal lidiado, pero sin esa espectacularidad en varas, quizá también por ese caos que se montó en el ruedo, por no cuidar la colocación en el caballo. En un primer puyazo levantó al caballo de manos y en el segundo encuentro el pica le dio bien y trasero. Y fue en el tercio de muerte dónde se esperaba que le dieran un trato digno, pero Lorenzo no supo verlo, ni entenderlo y tiró por los suelos cada una de las embestidas que el animal le regalaba a cada cite. Y de muchos es sabido que la mejor forma de que un toro no luzca es metiéndose entre los pitones, que así no atosiga.

Miguel Ángel Perera es uno de los que más parecen sentir esa necesidad de expresar, aunque a veces tiene que dar demasiadas explicaciones para justificar ese toreo vulgar, monótono, ventajista y aburrido al extremo, si no eres paisano o partidaria del trapazo asfixiante. Aparenta siempre una desgana insufrible, retorcido, abusando descaradamente del pico, retrasando la pierna de salida, pegando tirones y latigazos, haciendo juegos de manos que ni el Jesulín de sus mejores tiempos, con enganchones constantes, sin templar y si la cosa no despega, pues uno se mete entre los cuernos, que seguro que habrá unas palmas solitarias que partan del sol y que contagien al resto de la popular. Todo este repertorio se lo soportó el primero de Fuente Ymbro que iba y venía con docilidad. Su segundo fue un inválido al que cambió con media vara y un picotazo. Banderazos al aire y a ver si no se tumbaba demasiado, pero eso no era fácil. No vino a San Isidro y quizá algunos habrían agradecido que mantuviera a Madrid exenta de tenerle que soportar su necesidad de expresarse.

Juan Leal es uno de esos toreros que no se sabe quién le puso el sello de valiente. Sí, valiente, pero citando desde muy fuera, siempre atravesando las telas, a tironazos, enganchones, carreras, sin el más mínimo concepto de la lidia. Como si le hubiera contado lo que es el toreo un tailandés que un día vio el videoclip de Madonna y Emilio Muñoz. Pues imagínense. Sí, busquen, busquen, que seguro que sale en internet. A este Juan Leal le da lo mismo el toro bueno, el malo o el regular, porque a ese buen quinto le hizo lo mismo que al segundo, meterse entre los cuernos y empezar a sacar trapazos de uno en uno, apoyando la taleguilla en el pitón y un extenso repertorio de vulgaridad y actos soeces para un toro bravo. Porque soez es tratar a un toro como este castaño como si fuera un mono de feria, sin darle distancia, ni el sitio que pedía, sin permitir que se le viera, aunque quizá era tan evidente la buena condición de este animal, que no había sábana en el mundo para taparlo. Pero si considera que las Ventas no le ha valorado como cree que merece, no tiene más que acudir allí donde sí lo hagan.

Álvaro Lorenzo es uno de esos espadas que un día vieron el fulgor del triunfo, pero que en esta ha dado la medida de lo que es y ha sido siempre, un vulgar pegapases que lo mismo se los pega a una máquina de tricotar, pero no a un toro. Magnífico exponente de la “tauromaquia” moderna, vulgar, tramposo y sin otro concepto que dar trapazos a diestro y siniestro, en su primero un toro que iba y venía, retorcido, teniendo que recuperar el sitio constantemente. Pero el que le descubrió del todo fue ese sexto al que no supo lidiar, por supuesto, que no intentó mostrar y que con la muleta no sabía por dónde tirar, no veía el camino, que no era otro que torear de verdad. Igual ese era el problema. Venga a correr, venga pico, banderazos al aire, tirones y ante tal incapacidad solo le quedaba una opción, la peor, el arrimón, el meterse entre los pitones, pero la ocasión ya se le había esfumado. Al terminar el festejo muchos saldrían decepcionados porque ninguno coleccionó ningún despojo, pero es que la terna era lo que era y da de si, lo que puede, que es poco, apenas nada. Pero la realidad es la que es, los toreros son lo que son y se expresaron con todo lo que tenían que expresar.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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