jueves, 25 de febrero de 2021

En el autobús siempre hay sitio


Están los toreros que quedan en la memoria de los aficionados grabados a fuego y los otros

A veces hay frases desafortunadas que hacen fortuna. Quizá sean esas que pronuncian aquellos que no las piensan, aquellos que quieren justificarse, defenderse u ocultar un complejo. Que igual sí o igual no, quieren pasar por filósofos, pero la realidad es que se quedan en charlatanes de mercadillo. Eso sí, no quiere decir que tal o cuál frase no sea celebrada y sea un recurso en mitad de una charla que pretenda ser medio seria, que tampoco seria, seria del todo. Recordarán ustedes aquello que el inefable Jesulín dijo un día; no, no me refiero a cuándo se bajó los pantalones en un programa en directo, ni cuándo comparaba todo con un toro. A lo que voy es a aquello de que los aficionados a los toros, los fetenes, cabrían en un autobús. Que era una forma de autojustificarse de que a estos no les entrara ni con calzador su idea y formas de ser torero y de que, aún rebozado en la vulgaridad más absolutamente chabacana, lo importante era ser seguido por las masas. Un argumento sobado y requetesobado por los que nunca podían imaginar ser apreciados por su toreo por el aficionado. Este que sabe discernir lo bueno de lo malo, valorar hasta las intenciones, pero que se queda frío ante lo que estos “héroes de masas del momento” llaman dar espectáculo.

 Curiosamente, con la escasez de aficionados que estos taurinos dicen que hay, no para de preocuparse y ocuparse por su presencia. Que si son los que caben en ese supuesto autobús, poca guerra podrían dar, ¿no creen? A ver si va a ser que les afecta más de lo que dicen lo que piensa el aficionados de ellos. Que luego vendrá lo de la zorra y las uvas, que saltarán, saltarán e intentarán saltar más alto, pero no llegarán y entonces dirán que los aficionados están verdes, que se conforman con el gentío que es pan para hoy y hambre para mañana. Que si nos ponemos a hacer listas, algo de lo que no soy muy partidario, seguro que los que en su día fueron valorados por el aficionado, también lo son años más tarde por la masa. En cambio, aquellos que jaleó esa masa han caído en su olvido, lo mismo han cambiado los nombres por los de otros que “dan espectáculo” y que cuándo no vistan de luces pasarán directamente a la olvido y serán sustituidos por otros, manteniendo viva esa cadena de entusiasmo efímero y amnesia permanente. Cuanto “espectacular se pregunta el por qué de su situación; él que fue un ídolo de masas. Y cuántos aficionados, porque serán los únicos que se acuerden de ellos, se preguntarán que qué fue de fulano o mengano.

 Nadie quiere a los aficionados, especialmente esos del coge el dinero y corre, del trincar sin mirar atrás. Esos que creen que el futuro, el presente y hasta el pasado es suyo, porque les aclamaron un día las masas enfervorecidas por los vapores del garrafón. Es esta una “filosofía” con entusiastas seguidores que repiten una y otra vez que esto de los toros se mantiene por la pasta que ponen los públicos, que los aficionados aportan nada y menos y que para cuatro perras que se gastan, no paran de dar la matraca. Y será verdad que el público supone más dinero, ni entro ni salgo en esas cuestiones, entre otras cosas, porque no creo que todo se pueda traducir a dinero. Es como si usted va al médico y le dicen que le tienen que operar y en lugar de decirle que estará una semana ingresado, un mes de convalecencia en la cama, otro en reposo con pequeños paseítos y una rehabilitación de seis meses, le soltaran que usted está enfermo y que son 12.000 por un lado, más 15.000 por los meses de baja y entre 2 y 3.000 de los medicamentos, que baratos, baratos, no son. Y marchando.

 Si nos ponemos a pensar en una casa, ustedes me dirán que sin ladrillos no hay casa; y razón llevan, pero, ¿una casa son solo los ladrillos? ¿Ustedes se quedarían tranquilos si les entregaran su piso, un cuarto con ascensor levantado solo ladrillo sobre ladrillo sin nada que los uniera? Yo ni en una caseta para el perro, ni mucho menos metía allí al pobre perro. Falta algo que dé solidez a todo ese mamotreto, algo que lo mantenga en pie y que evite que se vaya desmoronando con las primeras lluvias, con los vientos del invierno, con las tormentas primaverales o con esos aguaceros de las gotas frías del final del verano y principios del otoño. Pues esa masa, esa argamasa que une los ladrillos y que evita que la casa degenere en un montón de cascotes y escombros, eso es el aficionado a los toros. Que si estos no existieran, el deterioro de la fiesta podría haber sido tal, que ya ni toros, ni vacas, carretones engalanados con luces de colores. Ni toreo, ni torea, una danza esperpéntica de unos señores que perdieron el norte y olvidaron el fin último y el primero de esto que es el toreo: torear. Que sí, que los aficionados molestan, y mucho, en mitad de una verbena, pero igual es que esto nunca puede convertirse en una verbena. Que habrá quién me diga que exagero y que nunca se llegaría a los extremos de tal degradación. Que igual no acabarían trapaceando un carretón, pero párense a pensar en lo que esto era hace veinte años y en lo que es ahora, sin que hace dos décadas viviéramos en el edén del toreo, ni mucho menos. Que lo de ser aficionado no es fácil, por supuesto; que los habemos que llevamos toda la vida intentando acercarnos a ellos y ya ven, aún en parvulitos de aficionado, pero creo que merece la pena dejarse el aliento en el intento. Que no hay que perder el ánimo y hay que seguir y seguir. Y se dejen ir siendo presa del desaliento y piensen que en el autobús siempre hay sitio.

Enlace programa Tendido de Sol de 14 y 21 de febrero de 2021: 

https://www.ivoox.com/tendido-sol-14-febrero-de-audios-mp3_rf_65414384_1.html

https://www.ivoox.com/tendido-sol-21-febrero-de-audios-mp3_rf_65749588_1.html

viernes, 12 de febrero de 2021

Cualquier tiempo pasado fue…lo que fue

 

La gran diferencia entre el ayer y el hoy... que cada uno juzgue cómo crea

 Si empiezan a pensar que todo lo pasado fue mejor que lo presente, una de dos o estamos haciéndonos mayores, muy mayores o estamos hablando de toros. Lo que me hace pensar que, ¿qué dirán los jóvenes del presente en su futuro? Porque como su pasado sea mejor que su futuro presente… No lo quiero ni pensar. ¡Señor, llévame pronto! Que uno no es que quiera dejar ya este mundo, pero coincidirán conmigo,  ganas me dan. Que no sé lo que habrá de verdad en estas comparaciones ayer hoy, hoy mañana. Pero lo que es difícil negar es que en esto de los toros, el pasado parece hijo los dioses del Olimpo que engendraron héroes y animales mitológicos y el presente es un apañado videojuego. Aquellos parecían flotar sostenidos por leves brisas marinas y estos tienen que forzar las poses, los ademanes, para parecer que luchan y vencen al mismísimo Satanás, inundando el ambiente con el olor del sudor; pero no el sudor de la conquista, de la gesta, simplemente son los efluvios del que está dónde no quiere estar e intenta librarse de aquel trance de cualquier manera, sin importar si para ello tiene que trampear y engañar, acabando con su enemigo, que no oponente, de una cuchillada traicionera por la espalda.

 En aquel pasado, tampoco tan lejano, el toro imponía miedo, respeto, admiraba su casta y bravura, aterrorizaba la mansedumbre de los marrajos, preocupaban las dificultades que presentaba hasta el más cándido de los astados. Que cada uno tenía su cosa y ni del más noble entre los nobles se podía uno fiar. Simplemente, porque allí había un toro. La jerga taurina, siempre tan precisa, describía con dos palabras a cada animal. Al “toro de bandera” se le oponía, con perdón, “el toro cabrón”; al boyante, el marmolillo, al codicioso, el reservón. A la nobleza, el picante. Nada que ver con el de las embestidas formales frente a las informales, el agarrado al suelo con el del ritmo o el que se mete para adentro, con el que se va por fuera. Lo dicho, mundos diferentes.

 Los de luces han pasado de exhibir galones de “matador de toros”, de “toreros de arte” o “toreros poderosos”, a querer llevar la camiseta de “figura del toreo” y algunos, modelos de alta costura que les reconozcan como “artistas”. Del poder y mandar al querer expresar. De la obligación, la necesidad de llevar una lidia y hacer al toro, a esperar a dar un muletazo, ignorando las más de las veces el capote, con un toro que sea “colaborador” y con el que “sentirse a gusto”. Se empezaba en otros tiempos queriendo enseñar al que no sabe con el capote, conduciendo las embestidas, para a continuación ver su condición en el caballo. Los defectos se intentaban limar en ese momento o al menos, intentando que estos no fueran a más. Frente a ese tener que hacer, para después, poder hacer, nos encontramos con un hacer como si se hiciera, cubriendo el expediente sin más. Lo del peto, pues un trámite más y si el animal no había dejado claro aún que iba a ser un colaborador bonancible y nada comprometedor, pues nada, se esperaba al manteo, que igual, con eso de no molestarle, hasta acababa “sirviendo”. ¡Qué gran palabra! ¡Servir! Cómo se han intercambiado los papeles. Antes, el que tenía que servir era el torero, servir para conducir esa lidia, servir para ver al toro, servir para saber por dónde sí y `por dónde no, o si de ninguna manera, servir para hacerlo y servir para confirmar con la espada eso tan grande y honorable de “matador de toros”. Pero no, ahora el que tiene que servir es el toro y, lamentablemente, no sirven todos, porque hay malajes con cuernos que no se han acabado de enterar de cuál es su obligación: servir.

 Pero en este pasado y presente no solo son los que crían los animales, los que los compran y los que se ponen delante. ¡Lo que ha cambiado el público! Que de siempre el aficionado era minoría, eso está claro, pero es que antes se le respetaba y hasta se le escuchaba. Ahora ni lo uno, ni lo otro, no se le respeta, más bien se le desprecia y se pretende callar y no levantar la voz, ni para decir un “muy buenas”. Y como cierre, podíamos pensar, o quizá soñar, con una estocada hasta la bola en todo lo alto, pero… Nada de nada. Aquello que a propios y extraños cautivaba, unos dando mil razones y otros, solo una: no entiendo nada, pero aquí hay algo, esto tiene algo grande e importante. A uno solo le queda decir que aquello me cautivó y me hizo querer ser aficionado a los toros, a costa de lo que fuera, estudios, novias, trabajo, amigos, vacaciones, fríos, calores, apreturas y hasta a costa de tener que ir solo a la plaza, porque mi maestro un día se marchó para siempre. Eso sí, lo que ahora llaman tan pomposamente  tauromaquia, eso… Lo único que me queda claro es que cualquier tiempo pasado fue…lo que fue.

 Enlaces programas Tendido de Sol de31 de enero y 7 de febrero de 2021:

 https://www.ivoox.com/tendido-sol-31-enero-de-audios-mp3_rf_64686124_1.html

https://www.ivoox.com/tendido-sol-7-febrero-de-audios-mp3_rf_65047587_1.html

martes, 19 de enero de 2021

Una verdadera gesta


Lo bueno o lo malo de Miura es que, aunque no mires el hierro, se ve Miura


Como diría la canción: cómo hemos cambiado. Cuánto ha cambiado todo, el mundo, el país, la gente, los toros, los que viven de los toros, los aficionados a los toros y las gestas en los toros. Que gran palabra: gesta. Suena al mismo tiempo a epopeya, a épica y a lírica. Es lo que marca un antes y un después, un hito en la historia, escribiendo con letras de oro al artífice de tal heroicidad. Hechos que generan aluviones de reacciones favorables. Cuantas ganas de tener nuestros propios ídolos, poder hacer a un lado a los del pasado a aquellos de los que nos hablaban nuestros mayores y sustituirlos en el pedestal de la admiración por los nuestros. ¡Ay! Vano esfuerzo el pretender recrear la historia para así sentirnos unos privilegiados, por encima de generaciones anteriores. Qué manía con las gestas, si ya es bastante gesta el vivir, para qué buscar más allá. Pero no aprenderemos. Ahora va el don José Antonio Morante de la Puebla y se descuelga con que se pide la de Miura para la feria de Abril de este incierto 2021. Que no voy a entrar en si se podrá celebrar tal evento, ni tan siquiera en si esa propuesta viene con fecha de caducidad o dependiendo de las circunstancias puede ser ad aeternum. Pero sí que entro en eso de la gesta.

 Ya es costumbre que cuando un matador anuncia que se acartelará con una de las ganaderías que en toda su larga carrera no ha querido ver ni en pintura y que, probablemente no volverá a ver ni en fotos, se levanten las voces y acojan tal decisión en loor de multitudes. Lo calificarán de hecho histórico, de heroicidad y por supuesto, de gesta. Y lo de Morante en Sevilla con los Miuras, no iba a ser menos. Ya estamos gestando gestas por los rincones, ya le estamos haciendo hueco en los altares de los toreros comprometidos que se enfrentaban a todo. ¡Calma, amigo Sancho! Que el bueno de monsieur Castella se apuntó a una, una vez y al acabar ya dijo que una y no más, Santo Tomás, que esa había sido porque se le había puesto a él en los perendengues y que ni una más, que para hacer vergüenzas ya había otras vacadas con las que se pasaba mucho menos traguito que con los Miura. Que yo no espero tal cosa de Morante, que igual que se quiere apuntar a esta este año como homenaje a Joselito, del que se cumplió en el nefasto el centenario de lo de Talavera, quién nos dice que no se apunta para homenajearle en el segundo centenario de tal hecho.

 Pero de verdad, ya está bien de gestas y gestos. Porque la mayor gesta en sí misma es ser torero. Que lo de vestir de luces impresiona hasta para una fiesta de disfraces, cuantito más para ir a la plaza y pisar el ruedo en compañía del toro. Esa es la mayor gesta. Bueno, esa y aceptar y hacer suyo el compromiso que supone investirse de oro, plata y azabache. Y no digo enfundarse, ponerse o algo parecido, porque vestir de luces en la plaza va más allá de portar una uniformidad, pero… ¡Qué cosas digo! No solo dudo que lo entiendan como tal muchos de los que hoy en día se visten de toreros, esos que tienen como máxima ambición el ser figuras, sino que no sé si tampoco llegamos a entenderlo los que acudimos religiosamente a las plazas, según el caso, con mayor o menor compromiso, respeto y afición.

 Que el que quiera cantar loas a Morante, o a cualquiera que se anuncie una vez cada centuria con Miuras, que le cante, pero que no pretendan que traguemos ese sapo en amable camaradería taurina. Que no digo yo que Morante, ni ningún otro espada se apunten todos los años a los de la gaita, lo que no estaría nada mal. Aunque sí pido que no se vanaglorien en  público por no hacerlo ni “jartos” de kalimocho. Lo que quizá sería muy bien aceptado es que además de a los Miuras, se apuntaran con la regularidad que marcan todas las temporadas, con Victorinos, Ibanes, Dolores, Rehuelgas, Saltillos, Valdellanes, además de otros hierros ya casi perdidos para siempre, Barcial, Coquilla, Concha y Sierra, Pablo Romero (ahora Partido de Resina), y hasta de lo que ahora torean camadas enteras. Y ya puestos, que se retaran entre los de la parte alta del escalafón, entre figuras, que se midieran con todo aquel que pareciera que pudiera ser alguien en el toreo. Abran los carteles, abran la fiesta a todos, pero sobre todo, abran la mente. Por el bien de todos, olvídense por un momento del negocio y piensen en esto que se nos va de las manos. Que pensándolo bien, si el que un figura se acartele con la de Miura es un acontecimiento histórico que hasta merece el calificativo de gesta, entonces es que estamos mucho peor de lo que nos pensamos. Y si además hay una legión de palmeros que lo alaban como algo fuera de todo lo imaginable, es que ya bordeamos el precipicio borrachos, con los ojos vendados y en mitad de un vendaval que nos va a arrastrar acantilado abajo, hasta despeñarnos contra los peñascos de la vulgaridad, la monotonía y la vergüenza de esta cosa que los finos llaman pomposamente tauromaquia. Si nuestros abuelos abrieran el ojo y nos oyeran, les cegarían las lágrimas al ver en lo que ha quedado eso que ellos llamaban simplemente los toros. Ellos a los que no les cabía la menor duda de que el ser torero, ser matador de toros, eso sí que era y es una verdadera gesta.

 Enlace programa Tendido de Sol del 17 de enero de 2021:

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miércoles, 13 de enero de 2021

El fútbol de regional

 

Quién podría adivinar lo que hubiera sido el Chico de la Blusa sin capear con vacas y novillos por los pueblos

Recuerdo aquellos años, allá por… hace mucho, en que los domingos por la mañana la gente, normalmente los caballeros, iban al fútbol los domingos por la mañana. Los campos de los equipos de barrio, no diremos que se llenaban a rebosar, pero tenían us parroquianos habituales; incluso tenían hasta socios que pagaban su cuota mensual y mostraban orgullosos el carnet del equipo. En lo que me toca más de cerca recuerdo el Ventas, el Canillejas o el Destino, además de otros como el Pueblo Nuevo. Porque hablar de los Moscardó, Pegaso, Sanse, Torrejón, Alcalá, Parla, Puerta Bonita, Carabanchel, eran ya palabras mayores, ni qué decir ya del Castilla o Atlético Madrileño. Y por la tarde, pues a ver a los mayores, alternándose Madrid y Aleti y reivindicando su sitio el Rayo. Había sitio para todos, todos tenían su lugar y todos medio subsistían, quizá no tanto económicamente, como apoyados por esa gente que mantenía esa lealtad dominical. Pero ahora, ahora no sé si ni cuándo juegan los equipos de barrio y lo que es peor, no se sabe en muchos casos ni si sobrevive el equipo de barrio. Todo lo ha devorado la televisión, todo ha sido canibalizado por los equipos de primera y hasta a veces da la sensación de que solo se existe si se llega a asomar aunque sea un minuto, por la primera y por las retransmisiones de la tele. Y me preguntarán que qué tiene esto que ver con los toros. Pues hombre, seguro que hay interpretaciones, pero, ¿no ven cierto paralelismo entre ambos mundos?

 Discúlpenme al establecer algún paralelismo entre toros y fútbol, con la lucha enconada que se mantuvo durante décadas, pero al final va a resultar que hay más en común de lo que podíamos imaginar. Que poco se podía pensar tal cosa cuando en los tendidos uno se levantaba a insultar y siempre había alguien que le respondía: ¡oiga, no insulte, váyase al fútbol! Pero ya eso es cosa del pasado. Si pensamos en que esos partidos de regional son las novilladas, con y sin caballos, esas que se montaban aparte de fiestas patronales, dónde los chavales se iban fogueando. Esas fiestas de los pueblos en los que había suelta de vacas y a veces toros pasados de edad, en las que la principal lección a aprender era defenderse de ese ganado resabiado, cuando no capeado. Igual que esos jóvenes prometedores tenían que esquivar las tarascadas del defensa que ya no le quedaba pelo en la azotea, pero si malas ideas para levantarte cinco palmos del suelo, infiriendo al novel una cornada de tres trayectorias. Que solo tener que ponerse al lado de semejantes criaturas ya hacía pensarse a más de uno lo de salir a la palestra. Que era jugarse las espinillas o la femoral o que te partieran el alma por los aires.

 Pero todo eso ya casi son recuerdos, épicas pasadas, porque ya me dirán qué pinta uno con el frío del invierno, o del infierno, y los calores del verano, viendo a una gente que probablemente no llegarían a anda, que los buenos, buenos de verdad te los ponen en la tele, cómodamente desde el sillón o incluso tumbadazo en el sofá, en las champions y ferias de postín. Y ya se sabe, lo que no sale en la tele, no existe. Y además, con lo bien que te lo explican todo, que te cuentan el fuera de juego por tener las pestañas adelantadas y ritmo y la formalidad de un animal en sus embestidas. Y me dirán que para que pasar malos ratos si la comodidad nos las ponen en el salón de nuestras casas. Que la verdad, no les falta ni una gotica de razón. Pero claro, luego esperamos que surjan nuevas promesas que levanten la fiesta o que ganen un mundial o en cualquiera de los casos, que pongan nuestra tierra en el mapa y hagan que nos enorgullezcamos de ver en letras de molde el nombre de nuestro pueblo o nuestro barrio. Que la tele al tiempo que nos trae esa comodidad, al mismo tiempo va minando los cimientos de esas pasiones a las que nos sentimos tan atados y con tanta afición. Lo bueno mata lo mejor, ¿qué le vamos a hacer? Pero que no se me confunda nadie, que no estoy en contra de las retransmisiones de nada, ni mucho menos, porque si el canal para alimentar esa pasión se reduce a la pequeña pantalla, aunque esta sea de 200 pulgadas, bienvenida la tele. Que entre nada de toros, o de lo que sea, y el poderlo ver por la tele, la elección es simple, tele, siempre tele. Porque todo sea dicho, no todo el mundo puede gozar del privilegio de ir todos los domingos a la plaza, ni todos los domingos al fútbol, ni mucho menos a ver a los grandes, pero que ni el fútbol grande, ni las grandes ferias devoren la base por eso de televisarlo todo y hagan que todo, en especial la fiesta de los toros, vaya haciéndose cada vez más pequeño, un gigante con patas de alambre, que cuando menos lo esperemos puede ceder y venirse abajo sin remedio. Que otra cuestión para la reflexión son los precios de las entradas, algo que debería pensarse más de uno, aunque solo sea para que puedan sobrevivir nuestras pasiones con las novilladas con o sin caballos, las capeas, los festejos en los pueblos y el fútbol de regional.

 Enlace programa Tendido de Sol del 10 de enero de 2021:

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jueves, 24 de diciembre de 2020

Decálogos, decálogos y más decálogos

 

Se atienden peticiones, bajo estricto control de los no afisionaos

Lo que nos ha cambiado la vida en los últimos tiempos. Nos ha cambiado todo. Hasta las tradiciones de esta época del año es diferente a lo que siempre fue. No sé si seré capaz de adaptarme a los nuevos tiempos, pero lo voy a intentar. Que era llegar diciembre ya avanzado y en toda casa de bien, lo que tocaba era hacer balance del año, hacer un resumen de todo lo sucedido los últimos doce meses, pero llega este año y al personal le da por hacer decálogos. Que no es que yo sea muy de hacer listas de nada y menos de normas para que se comporte el personal. Que antes que nadie, quién tendría que cumplir todo esto soy yo, pero ya ven, en eso tampoco soy un modelo. Pero he aquí mi decálogo del “güen afisionao”.

  1. Lo primerito de todo es ser amable con los colegas, compadres y afines de afisión y para ello hay que dar muestras de nuestra buena voluntad. Y qué mejor muestra que a quién se siente a nuestro lado en la plaza, en el bar o en la peña, les ofrezcamos nuestras propias pipas. Compartamos las pipas, porque compartir es vivir y nada de mejor afisionao que un buen bolsón de pipas.
  2. En esto de ser afisionao es muy importante cuidar los detalles. Un afisionao nunca dejará por ahí a su merced el yintonis, siempre lo tendrá bien trincao y no lo soltará bajo ningún concepto, excepto, siempre hay un excepto, para batir palmas en honor del figura/ artista/ señor que se expresa o, evidentemente, para pedirle los máximos trofeos e incluso el indulto del toro. Aunque esto es algo excepcional y no se puede dar siempre. Vale con indultar uno de sus dos toros, pero nunca los dos, porque el afisionao siempre es muy, pero que muy, exigente y conocedor de los códigos de la fiesta. Si no ha sonado la música, cómo vamos a pedir un indulto, por poner un ejemplo.
  3. El buen afisionao se preocupa por la mejora de la cabaña brava y es por ello que peleará por su buen estado con la mejor alma que tiene a su alcance, pidiendo los indultos a los carretones.
  4. El afisionao está obligado en su compromiso con la fiesta, en enseñar a los que no están tan introducidos en la fiesta. Por eso, cuándo un taurino hable, calle o simplemente carraspee, le dedicaremos una sonora ovación, sin reparar en lo que hable, calle o simplemente carraspee. Siempre tendrá razón. Y esa actitud la deben aprender el no tan afisionao; pero nadie nace enseñado.
  5. A nadie se le escapa el crítico momento actual de la fiesta, para lo que todo esfuerzo es poco para levantarla y llevarla a lo más alto. Hay que ayudar, hay que empujar para que los triunfos broten como la flor de azahar en los patios del sur en primavera. Y por ese motivo se precisa una entrega absoluta y qué mayor entrega que pedir las orejas con dos pañuelos, aunque con el traqueteo se nos salten las presillas de los tirantes. Lo primero es lo primero y además, va antes.
  6. El afisionao tiene que dar muestras de saber estar en la plaza, se debe hacer notar y desplegar esa clase que le viene de la mismísima providencia. Nunca interrumpirá una faena de muleta y si tiene sed, empleará los tiempos muertos para satisfacer esa necesidad. Y que tiempo más muerto que cuándo pican al toro. Es en ese momento cuando se pondrá en pie en su localidad y llamará al gaseosero con un “niñooo” o “maestro” y pedirá bebida para medio tendido.
  7. A los toros hay que ir bien vestido y bien “planchao”, siempre con algún detallito taurino. Unos gemelos con sus cuernos y todo, las bocamangas con tela de capote de brega o la camisa con tela de capote de brega o los zapatos con tela de capote de brega o los pantalones con tela de capote de brega o una americana con tela de capote de brega o un tres cuartos con tela de capote de brega o directamente un capote de brega con tela de capote de brega, pero siempre con elegante sencillez.
  8. El afisionao tiene que saber expresarse, saber hablar con claridad; da lo mismo que no sepa lo que dice, pero hay que decirlo con rotundidad y sabiendo decir. Y qué mejor que aplicar el vocabulario televisivo. Tirar de recursos tan precisos como eso del toro informal, el que tiene ritmo, el toro que es bravo pero que él no lo sabe, el toreo espectacular, que cada uno tiene “su tauromaquia”, independientemente de que nadie sepa cuál es esa “su tauromaquia”. Y si de repente soltamos que añoramos al toro Parvulito de la ganadería de Filemón Porretas que tomo dieciocho puyazos, pues lo soltamos, que nadie va a irse a comprobar na de na.
  9. El afisionao siempre tiene que conocer a tal o cual torero o ganadero, con los que tienen una profunda amistad, que un día se le cruzaron y le dio loas buenas tardes; con lo que eso une. Y por esa estrecha relación, el afisionao es tan afisionao y tiene tantos conocimientos de güen afisionao.
  10. Hay que tener el cuenta kilómetros reventado de ir de aquí para allá bien de fiesta en fiesta en las fincas, bien recorriendo las ferias más importantes del calendario taurino, Olivenza, Atarfe, Matilla de los Aceiteros, Torredelcampo del Encinar, Burguillos del Marquesado y alguna más que se me ha traspapelado. Y es imprescindible atestiguar todo esto mostrando fotos en las que estemos con el torero de turno, echándole el brazo por encima, aunque el maestro tenga cara de quién es este tío. Pero no, es que es muy humilde y no le gusta alardear de que conoce a tan güenos aficionaos.
  11. El afisionao que se precie tiene que tener una memoria privilegiada y ser capaz de recordar todos los días de toros por el restaurante dónde comió y su especialidad, por dónde se tomaron las copas y el café, las cervezas antes del festejos y dónde se tomaron las tapas de después. ¿El festejo? ¡Co….! Eso se mira en internez y ya.
  12.  El afisionao tiene que dejar claro que lo es y nada mejor que ir haciendo la forma de los cuernos con los dedos. Que bonita imagen que cuándo vaya a la plaza en su coche ir mostrando los cuernos durante todo el trayecto a los transeúntes, para que sepan que allí va un… un güen afisionao.
  13. Un afisionao tiene que dejar claro el “aquí estoy yo”, el que en la plaza está como gorrino en una charca de barro, pringado hasta las orejas. Si ve a un conocido cuatro tendidos más allá, para que se enteren los de alrededor y hasta los toreros y el mismo toro, se levantará y a voz en grito llamará la atención del amigo con un rotundo “maestro”, al tiempo que coge el móvil y llama a un tercero para decirle eso de: Paquitooooo, ¿a que no sabes a quién estoy viendo en los toros? Sí, a Mariano el Cojo. Eso sí, no confundamos la notoriedad con el mal gusto, esto nunca se hará durante la faena de muleta, que siempre habrá tiempo para hacer en los dos primeros tercios, sin necesidad de molestar al vecino. ¿No?
  14. El afisionao que se precie siempre estará dispuesto a aportar lo que los taurinos le pidan. Si hay que pagar para una peña, se paga; si es para una fundación que no da nada, pero que pide pasta, se paga. Y para ir a la plaza, nada de entraduchas baratas. De las de 50 para arriba, que hay que colaborar para que los verdaderos mártires de esto, los que exponen todo por la fiesta, los empresarios, puedan aguantar en pie. Lo que haga falta.

Y este es mi decálogo, que no tengo muy claro que quiere decir eso, pero yo ahí lo dejo, porque a ver por qué uno no y otros sí, que se la pasan haciendo decálogos, decálogos y más decálogos.

Enlace programa tendido de Sol del 20 de diciembre de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-20de-diciembre-2020-audios-mp3_rf_62708461_1.html

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Y un próspero…

Que el que entre no se parezca en nada al que se va


Se nos acaba el año. ¡Vágame el cielo! Que lleve tanta paz, como tranquilidad deja. Que parece costumbre el que por estas fechas empecemos a renegar del año que se va y deseemos que nuestras esperanzas e ilusiones se hagan presentes en el que va a estrenarse. Que siempre hay quién dice que ellos recordarán el que se agota con cariño, porque hicieron un viaje, porque disfrutaron de los suyos, porque estrenaron casa o coche, por mil motivos, pero este, ¿este? Anda y que se vaya con viento fresco. Eso sí, si algo hay que agradecerle a este nefasto 2020, es que ha servido para que muchos se quiten las caretas y dejar asomar lo que realmente tenían dentro. Para eso sí que ha venido bien. Mientras unos intentaban mantenerse en su sitio lo más quietecitos posible, otros se han lanzado a pegar bandazos para acá y para allá, sin preocuparles llevarse por delante al mismo mundo. Y el mundo de los toros no iba a ser menos.

 Gracias a este añito ha quedado claro eso de que “por el interés te quiero…” Que hasta los que venden almendras, refrescos, bombones helados, gorras, almohadillas o agua de cebada han dejado clarito que ellos no tienen sentimientos en lo que les toca la cartera. Eso sí, de primeras todos eran solidarios como el primero, que si hacía falta salían a la calle a “defender a los suyos” a brazo partido. Recuerdo cuando salían esas rutilantes figuras del toreo/prensa amarilla, liderando manifestaciones, ya fuera saltándose confinamientos, estados de alarma o estados de buena esperanza, que ellos corrían como primerizas/os para salir en la foto. Otros se ponían flamencos y según el caso, afirmaban con la rotundidad del soberbio/ ignorante, que ellos darían tal o cuál feria, por sus… Otros que iban a preparar las suyas, en su plaza y que no iba a haber autoridad alguna que se lo impidiera; menudos son ellos.

 Otros pecamos de ingenuos, y vaya que sí, pensando que igual para San Isidro lo mismo… Ni Isidro, ni Isidra, ni Fallas, ni feria de Abril ni na, ni na, adiós la luz. Luego que para junio si acaso, para agosto, para septiembre, otoño en todo caso. Si hasta hubo quién afirmó que el sía de la Hispanidad se iba a celebrar por todo lo alto en la plaza de Madrid. Que no había cristiano que impidiera que se dieran toros. Y ya ven cómo estamos, ni toros, ni vacas, al menos en Madrid. Que la realidad ha sido tan cruel, como irremediable. Y vaya que sí. Eso sí, ¿recuerdan los de las manifas rebeldes? ¿Los que iban a “defender a los suyos”? Pues todos desaparecieron, en cuanto vieron que lo suyo igual se les medio enderezaba por otros caminos, dieron de lado a los suyos. Que la maquinaria no la pararon, pero como si fueran víctimas de un gran naufragio, entre unos pocos, los poderosos, empezaron a construir su balsa, con plazas limitadas, evidentemente, y a los que en otro momento fueron “los suyos”, se limitaron a desearles suerte y que los tiburones y pirañas del toro estuvieran desganados o se hubieran convertido al veganismo.

 Pero todo lo que ha venido después ya es archisabido, vaivenes, idas y venidas, lo que hoy es blanco, mañana es negro y el show que se montaron que tanto avergonzó a muchos, sobre todo a los aficionados, pero que a ellos les ha parecido tal maravilla, que ahora andan a ver si esa fórmula mágica, y más rentable para ellos, se aplica por los siglos de los siglos. A los que pagan, a los que pagamos, solo nos queda esperar que este maldito año al que solo hay que agradecer que haya descubierto a tanto miserable y a tanto interesado, se vaya pronto y que ninguno que le suceda le tome como modelo. Con lo bonito que parecía el doble veinte y vaya que nos ha salido rana. Pero ni este, ni ninguno nos quitarán las ganas de felicitar las fiestas a todo el mundo, especialmente a los amigos, a los allegados, a los seres más queridos y que el que empieza el uno de enero nos sea a todos infinitamente más bondadoso, que nos deje abrazarnos, besarnos, reírnos a dos palmos, mirarnos a los ojos sin peligro, disfrutar de las sonrisas, ver las caras al completo y no solo del entrecejo para arriba. Que no se nos empañen las gafas con mascarillas impertinentes, que no haya que plantearse si esta protege más o menos que la otra, que un dolor de cabeza no sea motivo de alarma y que los mayores puedan de una vez por todas abrazar y besar a los nietos, que puedan descargar en forma de abrazos tanto cariño acumulado. Para todos, un muy feliz 2021 y todos los que sigan, acompañados de abrazos entregados y besos apasionados, que eso, aunque no lo creyéramos hace unos meses, es vida, es vivir. Y pese a quién pese, muy felices Navidades y un próspero…

 Enlace programa Tendido de Sol del 13 de diciembre de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-13-diciembre-de-audios-mp3_rf_62275167_1.html


jueves, 10 de diciembre de 2020

Victorino Martín y su compadre Atila el huno

 

Los quieren así o igual más pequeños, por aquello de poder expresarse


Hay muchas formas de pasar a la historia, unos porque conquistaron la Galia y escribieron un libro para los futuros estudiantes de latín, otros por dar un gran salto para la humanidad, otros por marcar un gol a Holanda, otros por quemar la biblioteca de Alejandría, o por montar un caballo que arrasaba allá por dónde pisaba, por dejar caer Constantinopla o incluso por arruinar una de las ganaderías con mayor prestigio de la historia y ahora por empeñarse en darle la puntilla a la fiesta de los toros. Y hablo de la fiesta de los toros y no del negocio, de su negocio, de la tauromaquia. No sorprende ya a nadie que hablo de Victorino Martín. Lo que le costó a don Victorino Martín Andrés hacerse con un hierro legendario en absoluta decadencia, salvarlo del matadero, reflotarlo y convertirlo en emblema del campo bravo y santo y seña del aficionado de Madrid y de todas las plazas del mundo taurino. Pero aunque su nombre si pueda llegar a ser eterno, don Victorino Martín no lo era y parece que su obra tiene notables detractores que no han dudado un segundo en echarla por tierra. Que no ha sido necesario que vinieran de fuera, que el puntillero lo tenía en casa. Su hijo, también Victorino Martín, ha convertido este hierro legendario en una suerte de hierro comercial que, aunque manteniendo ciertas distancias, va camino de ser uno de tantos de esos que prefieren las figuras por encima de todo. Pero claro, parece que este señor considera que la leyenda está reñida con el negocio y si había que elegir, él no tenía duda y así lo ha evidenciado, primero el negocio y lo otro…

 No es nuevo esto de la decadencia de la ganadería de Victorino Martín, es un proceso que viene de tiempo atrás. Se va limando la casta, se alimenta hasta cebarla la nobleza y se construye un animalito que linda próximo a la bobería y cuándo uno de estos sale a la plaza, ni por estampa, ni por comportamiento recuerdan a aquellos que entusiasmaron al aficionado. Pero si esta es una labor notable y que hasta puede considerarse digna de pasar a la historia, no es suficiente para el señor Martín hijo. Él está preparado para empresas de mucha más enjundia. Aniquilado lo de Albaserrada en su casa, vayamos a hundir definitivamente la fiesta de los toros. Y para ello, con la excusa de mantener viva la llama de tauromaquia, montaron eso que dieron en llamar la gira de la Reconstrucción, un perfecto banco de pruebas para lo que podía venir después. De todo el mundo es conocido el mecanismo. Un matador, una figura, que elige un compañero que él mismo asignara y un ganado escogido con pulcritud por el propio matador. Dos toros para cada uno, total, cuatro por tarde, a precio de seis. Más que un 3x2, como en los supermercados, un 2x3. Pague tres y llévese dos.

 Todo en plazas de tercera, a excepción de Logroño, que es de segunda. Una presentación impresentable del ganado, en que curiosamente lo que mejor pintaba era lo de Victorino Martín. No sabe na el chico de Victorino. El resultado de todas las tardes era el esperado, para los taurinos y sus palmeros todo jolgorio y alegrías y para el aficionado una enorme decepción y vergüenza. Que lo que interesaba no era dar una imagen seria y con rigor de la fiesta de los toros. Lo que se buscaba era mantener en la medida en que se pudiera, el negocio. Todo medido, todo perfecto. Toreros y toros a la medida de los taurinos y como guinda, la presencia de las cámaras del canal oficial, que por otro lado se justificaban con sus abonados, y con la inestimable colaboración de doña Cristina Sánchez, que es tan poco fiable frente al micrófono, cómo lo era vestida de luces. Sierre ensalzando lo insufrible, enalteciendo las vergüenzas y justificando lo impresentable, intentando que el espectador tragara con unas grandes, gordas y suculentas ruedas de molino. Que aquí “toe r mundo e güeno”.

Pero no acaba aquí la historia de esta infamia, que en la última retransmisión corrió doña Cristina Sánchez para cantar las maravillas de la fórmula y pedir que esta se extendiera para futuras tardes. Ella encantada de la pantomima, no dudo en decir a sus jefes que allí estaba ella para seguir arrastrándose por cuatro reales, que para lo que mandaran, ella ponía su piquito de oro al servicio del poder. Que todo esto puede parecer espontáneo, pero claro, ahora nos sale el señor martí, don Victorino jijo y nos suelta que pretende prolongar este timo del tocomocho para la temporada futura. Que lo de los cuatro toros es el no va más, que lo de la confección de los carteles es la reoca y que si además se embolsan unos eurillo, mejor que mejor. Que el está más que dispuesto a pasar a la historia, aunque sea a la de la infamia y que no le importaría que se le recordara junto con un prócer de las conquistas, ahí una collera de triunfo y desolación,  Victorino Martín y su compadre Atila el huno.

 Enlace programa Tendido de Sol de 6 de noviembre de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-6-diciembre-de-audios-mp3_rf_61446980_1.html