lunes, 27 de abril de 2026

Encuentros con el toro

Almargen de otras circunstancias, la Casta Navarra parece que puede seguir 
 recuperándose
 


Ya ha pasado, esa fecha tan esperada que desde el momento de su anuncio ya movilizó las cabezas de tantos aficionados que se preguntaban unos a otros si irían a San Agustín... y fueron, no se lo podían perder; y los que se lo perdieron, no sin dolor de corazón. Que incluso sabiendo después si las cosas habían ido bien, no sentían envidia, sino satisfacción por el triunfo del toro. Que las cosas han salido como el toro lo haya querido, que ya saben eso de que el hombre propone, el Club 3 Puyazos, Dios dispone y llega el toro y todo lo descompone. Empezaba el fin de semana con una novillada de Guardiola e Isaías y Tulio Vázquez, que decepcionó. Bien presentada, pero su condición nadie la podía saber; mansos y no sobrados de fuerzas. Los actuantes, Joao D'Alva y Jesús de la Calzada, voluntariosos y queriendo cumplir un guión que creían que tenían que cumplir. Intentaban poner los toros al caballo, dando distancia y a esperar a que los animales se decidieran a ir. Unos iban al paso, otros se arrancaban en un encuentro con alegría, pero al notar el palo. Y ese empeño en las lejanías, a contraquerencia y a esperar, esperar y esperar a que el de negro se decidiera. Que eso es mostrar el toro dicen. Sí y no, porque si no va y está mirando de reojo las tablas, si se fija en el caballo cuando está a favor de su querencia, la de manso, igual habría que pensar en darles los terrenos que pide. O eso pienso yo. Pero este ha sido un factor común en los tres festejos.

Por la tarde una corrida pensada por alguien que sabía lo que se hacía y que quería que se vieran los comportamientos a priori opuestos de dos sangres diferentes, los Veragua de Prieto de la Cal y los navarricos de Reta de Casta Navarra. Unos torazos bien presentados, bajando un pelín el sexto de Reta. Para Sánchez Vara, Joselillo y Francisco Montero. Los de Prieto de la Cal mansearon en el caballo, o si quieren, no se comportaron como un toro bravo, les ponían de lejos, tardeaban un mundo y solo parecía opción el esperar, esperar y esperar, a ver si, para unas veces ir andando o con un ligero trotecillo, quedándose en el peto o tirando derrotes cuando ya no sentían el palo. Solo el quinto fue una cuarta vez, por indicación del ganadero, que era como si en un partido de la selección española estuvieran en la banda los entrenadores de todos los equipos de cada jugador. Que igual él lo ve como un alarde de celo, pero... Los de Reta empezaron dejando mal a su criador, o bien, porque esto ya no fue aquel no querer los caballos ni en pintura. El trabajo parece que va dando sus frutos y los animales no escaparon de los caballos, incluso alguno peleó en el peto. El primero, escarbando y todo, pegaba un arreón y hasta tuvo que salir el jinete a los medios a por él; eso sí, al notar la puya pegó un respingo doliéndose. El cuarto empezó derribando y como fue la tónica habitual, tardeó en acudir al peto. Y el que cerraba plaza se hartó a tirar derrotes a la guata, le pusieron de lejos, aunque mal colocado, solo para dejarse, pero el caballero, Gabin Rehabi, se hizo con él, esta vez sin alardes innecesarios, con cabeza y viendo las condiciones del animal y quizá hasta la mala colocación, moviendo el caballo para corregirla. Eso sí, la salida del ruedo fue muy a su estilo, pero si eso gusta y no afecta a la lidia, nada que decir. Los de a pie, pues Sánchez Vara, que parecía más querer estar ahí sin resultar cogido y si encima se le cruzaba por ambos pitones, para qué más. Joselillo con excesivas precauciones y pensando que los toros venían ya aprendidos de casa, dejando los engaños al aire y claro, si a uno de estos le dices a la primera donde está el trapo, después él querrá ir allí sin que nadie se lo mande y pasa lo que pasa. Francisco Montero no podía con su primero de Prieto, toreando más al aire que al toro, para acabar vulgarote, esperando las palmas de un sector del respetable más amante de la diversión que del toreo. En el de Reta, complicado, siempre buscando el refugio de las tablas, estuvo a merced del toro, pero aún así, pegado al olivo, tragó arreones, se empeñó en darle trapazos y más trapazos, pero quizá en su cabeza estaba que o eso o la nada. Y hubo una circunstancia bastante censurable. En el segundo se le rompió el palo al picador y este quiso seguir picando con la astilla. Vale que se tiene que defender, por supuesto, pero una cosa es eso y otra el destrozar a un toro. Quizá no le dio tiempo para voltear el palo, pero es que para esto también están las cuadrillas, que deben estar atentos a cualquier imprevisto y no quedarse mirando a ver si el de aúpa atraviesa al animal o recibe un soplo de decencia taurina.

Y la mañana del domingo, cayendo el sol a plomo, que así se nos pasó el punto de las coronillas despobladas, llegaba la que podía ser la más previsible, si cuando asoma el toro hay algo previsible, pero creo que ya me entienden; es lo que vemos con más frecuencia. Dolores Aguirre y José Escolar, para Damián Castaño, Juan de Castilla y Maxime Solera. Los tres primeros toros con presencia de plaza de tercera, destacando sobre el resto el cuarto y sexto, ambos de Escolar. El primero de Dolores, perdón por la familiaridad, metió los riñones bajo el peto. Entraba en zigzag, lo que dificultaba atinar con el palo. Hinco los pitones varias veces en la arena, con el quebranto que eso supone. Castaño empezó bien por abajo, para después diluirse en muletazos echándoselo fuera y el animal toreándose solo. Al de Escolar, que le recibieron haciéndole la carioca en el caballo mientras empujaba retorcido cuando era para fuera, bien cogido en la segunda vara sin pelear cuando era hacia adentro, y de nuevo solo cuando le tapaban la salida en la tercera vara después de pensarse el arrancarse, Castaño empezó el trasteo entre trallazos. Siguió con el pico y estirando demasiado el brazo, colada por el izquierdo, dejando mucho hueco el espada, muy fuera, cerrando de un infame bajonazo.

Juan de Castilla estuvo gris, algunos justificaban con que estaba herido, lo cual siempre es un hándicap, pero si no se está, quizá es que no se puede estar. El Escolar iba andandito al caballo, le pegaron cuchillada tras cuchillada y al final apenas se le pico. El espada con muchas precauciones y ventajas, pico descarado. A su segundo, el de Escolar, en la primera vara solo se dejó, pero el jinete debía haber pasado una mala noche, una bronca con el casero, unas lentejas sosas, que empezó a zurrarle como si no hubiera un mañana y siguió en los tres encuentros, tapándole la salida. Que no funcionaba eso del vale, vale, ni levantar la mano el espada. Pero el señalado era de Castilla, que es quién debería sacar al toro y mandar a su subalterno que midiera el castigo, que al fin y al cabo es el que le paga. Después el trasteo fue un cúmulo de protestas entre el abuso del pico y los enganchones con que nos deleitaba el espada.

Maxime Solera se encontró con su primero de Dolores Aguirre que empujaba sin meter la cara, fue al pasito al peto para marcharse, sin querer ir desde lejos, por mucho que se lo pensara. En el trasteo el animal iba, iba y volvía a ir, sin que el galo supiera por dónde echarle mano, pero eso sí, alargando la faena hasta la desesperación. Y cuando el toro parecía que iba mejor, decide cerrarlo en tablas y ahí se acabó. El sexto de Escolar ya parecía quedarse un tantito en el recibo y sin hacer caso a los intentos de Solera de sacar los brazos. Fue cuatro veces al caballo, pero sin emplearse nunca, andando, pensándoselo y sin parar de escarbar. Reservón en la muleta y el espada con precauciones. Se le revolvía, tiraba arreones, arrancadas sorprendiendo, quedándosele y siendo este el epílogo de una feria para los aficionados y por muchos años, aunque algunos le auguraban escaso futuro, pero bueno, quizá es que también los había que iban a ver a los toreros y los que iban a ver a los toros les parecían unos bichos raros deshumanizados. Pero esto solo sirve para que, después de hablar de toros, los recordemos y nos echemos unas risas. Estos son los que llevan el Gps que no les funciona a devolverlo a la frutería. Y un último detalle, el señor presidente de los festejos, a ver si para otra vez no se “jincha” a valerianas antes de los festejos y se le ve con un poquito más de diligencia en lo de sacar los pañuelos a tiempo.

Y ahora, yo que ustedes descansaría, iría a tomarme un vasito de agua, un café y después, ya relajados, volver, que queda la de Palha de Madrid. Un no parar. Y es que Madrid no para, de momento. Corrida de Palha, más un remiendo de Couto de Fornilhos, para Sánchez Vara, Francisco José Espada y Luis Gerpe. Presentación entre justita y rara, feos y el de Couto para montar un tendedero entre los pitones, un cornalón que daba susto. Y viniendo de San Agustín,lo que se nota el ruedo de Madrid, que aquí hay que parar y fijar a los toros, evitar que se peguen mil y un garbeo innecesario por el ruedo venteño. Que si siempre es importante lo de los terrenos, en Madrid toma unas dimensiones más que importantes, lo que hace que se pueda ver mejor las condiciones de toros y toreros. El primero de Sánchez Vara fue una capea, que si no te pongo, pero te abandono, mal colocado de lejos, a un toro que quería empujar con ambos pitones, pero al que le faltaban energías. El alcarreño puso banderillas o eso intentó. Mucho trapazo bien bailado, acelerado y solo dando aire al Palha, que seguía entrando a la muleta, hasta que ya harto entraba con la cara a media altura. Le tocó el cuarto, un jamelgo, que se fue suelto al que guardaba la puerta, empujando, para ya a contraquerencia en la segunda vara tirar derrotes al peto. Volvió Sánchez Vara a coger los palos, que si me protestan y los devuelvo, que no, que las pongo yo, y en que hora. Trapaceo vulgar, mano alta, sin asentarse, echándolo fuera y tras pinchar, media pescuecera. Y cuando el animal se marchaba a buscar el abrigo de las tablas, el personal le aplaudía. Cosas que pasan.

Francisco José Espada ya no podía de salida con su primero, dándose la vuelta y perdiéndole terreno. Se le escapó, este también, al de puerta y para que el toro no fallara, lo metió en el peto el propio peón que amparaba el caballo. En el segundo encuentro solo se durmió en la guata, para después irse a tablas. Telonazos a una mano, para seguir por trallazos con el pico, carreras, enganchones desde la lejanía, muleta retrasada y el animal que se quería ir ya aburrido. Al cornalón de Couto le recetó mantazos por alto en el recibo, se le marchó a los medios y allí que le dejó. Fue suelto al caballo, le cogió bien el jinete, la cara muy alta, mientras le tapaban la salida, para acabar yéndose suelto. Volvió suelto para la segunda vara, picotazo y en medio del desorden una tercera vara. Venga trapazos con la muleta, seguimos con los enganchones y sin poder con el animal, para acabar con ese encimismo que entusiasma en otros lares, pero que en Madrid tiene sus detractores... afortunadamente.

Al tercero, Luis Gerpe, le salió algo más parecido a un caprino, que a un bovino, recibo rectificando siempre. Sin picar, para en un tercer encuentro ir el caballo al toro y no al revés. Empezó la faena de muleta con más banderazos, quitándoselo de encima cuando se le venía, arreones por dentro, venciéndosele por el izquierdo, a merced del animal y sin saber por dónde tirar. El sexto se le revolvía, le atosigaba sin dejar pensar al torero. Fijo en el peto, solo dejándose, hasta que le quitaban el palo, esa bonita costumbre tan en boga para esos del “levanta el palo”, momento en que el Palha se lió a tirarle derrotes al peto. En el trasteo ya le avisó por el pitón izquierdo, sin llevarlo y así pasó, que acabó echándole mano. Que quizá habría que reflexionar sobre si hay que aplaudir siempre a todo o no, evitando así ciertas confianzas y venidas arriba sin tener demasiados recursos, que pueden acabar en la enfermería, un lugar al que no hay que ir ni a por tiritas. Lo avió, no sin dificultades, Sánchez Vara. Y así terminaba un fin de semana de toros, toros mejores o peores, pero toros al fin y al cabo, aunque los Palha no estuvieran a la altura de lo esperado. Se acabó 3 Puyazos por este año, pero seguro que bastará el anuncio de la fecha del 2027, para que tanta gente se ponga a querer cuadrar calendarios. Y Madrid, pues de momento ahí sigue, solo hasta que la empresa, el Centro de Asuntos Taurinos y la Comunidad quieran. Pero de momento, seguiremos pensando en estos encuentros con el toro.


PD.: Disculpen tantas letras juntas, y la demora, pero entiendan que cuatro festejos pueden dar para mucho.


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lunes, 20 de abril de 2026

Y que esto no desgrave en Hacienda

 

Quizá no sea cuestión de volver a los caballos sin peto, pero una vuelta a los fundamentos de todo esto no vendría nada mal.


La vida de un ciudadano está repleta de reivindicaciones no atendidas, que si unos quieren meter los gastos de las vacaciones, que si las clases de hípica de los niños, el gasto de comprar un piano y nada de eso puede ser desgravable para el común de los mortales. Pero claro, ¿por qué no se puede declarar que se ha pasado una tarde infame en la plaza de Madrid? Ya no tanto por el precio de la entrada, si no por el rato que los asistentes han pasado sobre la piedra venteña. Que llevamos ya dos tardes en las que no se emocionan ni los paisanos y amigos de los actuantes; que habrá quien piense que seguro que la abuela de cada uno de ellos se emocionaría al ver a su nieto de luces y delante de un novillo en la plaza de Madrid. Pues no se me confíen, que lo mismo al salir de la plaza las abuelas juran no volver a hacerles un bizcocho para merendar hasta que no aprendieran a torear. Que sería de justicia una casilla en la declaración, ahora que estamos en plazo, en la que se marcara si es habitual de la temporada de Madrid; eso sí, presentando los oportunos justificantes, una foto dando una cabezadita, un cuaderno de crucigramas completados, un resumen de las obras completas de Thomas Mann y el padre Coloma, será por justificantes.

Novillos bien presentados de Antonio palla, aunque para algunas almas generosas, excesivas para ser novillos; aunque hasta la bondad tiene su contrapunto y los hay, con malas entrañas, que afirman que es lo justo para traer a la plaza de Madrid. Y quizá ahí debería haber quedado todo, los animales con su cuajo y punto. Porque si seguimos hablando del encierro, soso, descastado, manso pero sin ganas, que ya es penoso. Que ni ganas de mansear parecían tener. Quizá era porque eran fieles a esa “neotauromaquia”, que después de no decir nada bueno en los dos primeros tercios, en el último, si hay un señor que no les moleste y que les abanique mucho, van y vienen como un burro en una noria. No se les ha picado apenas, que si un pica decidía emplearse, inmediatamente tenía que frenar el brazo. En el mejor de los casos se quedaban en el peto, que era, viendo la condición de los bueyes. El quinto hasta se arrancaba con cierta prontitud, y hasta aparentando ganas, al peto, pero era notar el palo y en lo que tardaba en darse cuenta de que aquello hacía pupa, salía escapando del caballo y de aquel señor del palo largo.

Y usted se preguntarán que en qué estaban los tres espadas en estos primeros tercios, pero no se hagan preguntas difíciles a si mismos. Si bien es verdad que El Mella hasta quiso llevar el cuarto al caballo con un galleo, es mejor que pasemos por alto el capote de los tres novilleros. Y ya metidos en faena con el ya nombrado Mella, más Cid de María y Tomás Bastos, pues solo se puede decir que han estado en la misma línea de los de Antonio Palla. Pongan el nombre que quieran a eso de dar trapazos y más trapazos, hacer las faenas eternas por su larga duración y por lo tediosas que resultan. Pases y más pases, con el pico, desde muy fuera, con demasiado enganchón, abusando de las distancias cortas y cambiando de mano sin ningún criterio. Que a saber quién le ha dicho a el Mella que eso de ponerse de hinojos es toreo, como el que le haya chivado a Cid de maría que a su primero había que ahogarle la embestida, sin aprovechar los quizá pocos viajes que ofrecía yendo dándole algo de distancia. Y Tomás Bastos, cuya única ocurrencia ha sido irse a portagayola con ese valor que se diluye en el momento en que hay que ponerse derecho y cargar la suerte llevando al novillo. Pero que nadie piense que esto es exclusivo del luso, ni mucho menos, porque quitando eso de si se fue a la puerta de toriles, si se puso o no de rodillas, el resto son una copia emborronada del otro. Que tanto estiraban el brazo que conseguían que el animal se les metiera entre el bulto y el trapo. Que claro, uno escucha las maravillas siderales de otras plazas y otras ferias y entenderán que se coma las uñas intentando calmar la envidia, pero claro y todo tiene un pero, si lo medio ve en los vídeos laudatorios que circulan por ahí, de que esto es lo nunca visto, que si esto era de Pepe Hillo, ¡cómoooo? Que si lo otro de Manolete, de Pepe Luis, de Joselito el Gallo, de Chicuelo, de... Cómo no van querer estos proyectos de matadores ser émulos de tales acontecimientos. Eso sí, lo menos que se podrían plantear los que rigen nuestros destinos es que a los que van a la plaza en tardes como esta, hay que hacerles una gracia, porque, y que esto no desgrave en Hacienda


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lunes, 13 de abril de 2026

Pañuelos como sábanas para premiar la nada del autobús

Será que los niños ya no juegan al toro y por eso no tienen ese desparpajo y frescura del que tiene algo dentro que mostrar, más allá de eso de querer ser figura.


Y que se quedó aquel aficionado pensando y pensando, ¿y si me apuntara a eso de pedir despojos? Con lo feliz que parece hacer al personal este agitar de pañuelos. Nada que ver con echarse una novia o novio, nada que ver con que te toque un bingo, una muñeca Chochona en la tómbola o que el camarero invite a una ronda después de quince antes, nada es comparable a pedir premios para el paisano, amigo o lo que sea, para el motor que impulsa a la gente a subirse en un autobús para ir a los toros a Madrid. Que por si esto fuera poco, con la entrada te dan una sabana/ pañuelo que lo mismo te sirve para sonarte la nariz, que para embozarte y atracar un banco, que para pedir despojos. Que me dirán que la dominical de Madrid no daba para tanto o que incluso no daba para nada, pero... ¿Es que estamos locos? ¿Qué vamos a perder la ocasión del jolgorio más juerguista? ¡Venga ya! Que solo se vive una vez y lo mismo a las Ventas no se va ni una vez en la vida y menos a ver al ídolo del pueblo, el barrio o el bloque. Sí hombre, que ahora vamos a hacer como esos que ven que el torero traviesa las tripas a un novillo y se ponen de uñas. Atino en lo negro, ¿no? Pues ya está, ¿pa qué más?

Novillos, a veces demasiado novillos, de Sánchez Herrero y dos, cuarto y sexto, de López Gibaja; que frecuentemente, en tono despectivo los aficionados utilizan esa expresión de, ¡vaya moruchada! ¡Ojalá hubiera llegado al rango de moruchada. Mansos descastados, de una flojedad desesperante, que no es que se cayeran, es que se desmoronaban rodando por la arena. Que siguiendo la costumbre, porque esto de los toros es muy de tradiciones, pues no se han hecho ni intentos de llevar una lidia medio ordenada por parte de los titulares de las cuadrillas. Que lo mismo te tiraban al animal contra la nada, allá dónde el quisiera ir, que te lo abandonaban con esa ya demasiado habitual suerte de la gasolinera, que lo dejan a su suerte y desaparecen. Los de a caballo, pues con las miras en la Luna, que si puyazos traseros, que si caídos, aparte de tapar las salidas y hacer la carioca. Pero miren lo majos que eran los autobuseros y demás moradores de las Ventas, que en el sexto, después de un picotazo en buen sitio, aplauden a rabiar, olvidando que ese mismo caballero había clavado en el primer encuentro en mitad del lomo. Cosas de la “tauromaquia” de estos tiempos de juventud y jolgorio. Pero oiga, mucha juventud, pero que anteriormente se enfadaron y cómo, porque uno de estos “partelomos”, en lugar de dar marcha atrás para irse por la puerta de Madrid, el muy osado decidió circular como manda el reglamento y avanzar hasta la puerta del seis, hurtándoles el placer de vociferarle bien cerquita. Si aunque vaya por fuera, también se le puede mentar al que masacra un toro. Pero no se crean que los seis fueron un desastre culmen, no, que los de López Gibaja solo se quedaron en desastre; eso sí, al cuarto, como salió brioso, un ejemplar escuchimizado, le aplaudieron con delirio, porque salió con brío. Que tal y como estamos, algunos necesitamos, y con urgencia, un manual que no explique esto de la Tauromaquia AI o Tauromaquia 5G o Teletauromaquia, porque todo es a mucha distancia y porque parece ser que es lo que van marcando los microfoneros de las teles. Que como saquen el dichoso manual, ya les digo yo que se agotaría... o no. Y que sea con letras gordas, por favor, que la presbicia...

Que dirán ustedes que a este cristiano se le olvidan los de luces; ya me gustaría, ya. Jesús Romero, uno de esos jóvenes valores de la Teletauromaquia, que sigue la lidia de sus novillos a una distancia más que considerable. Y nada más que destacar. Bueno, sí, que no le contaron lo que es esta plaza, que los saludos muleteros de rodillas a modo “El Bombero torero”, pues que no es que se valoren demasiado. Que luego el resto son trapazos y trapazos y más trapazos, enganchones, pierna atrás, que no entusiasmaban ni a los familiares. Que le importaba nada que el novillo se le viniera al suelo con mirarle muy fijo, como el cuarto, que él había venido a gastar su bono trapazo y no se lo iba a llevar a medio gastar. Eso sí, tras una estocada haciendo guardia, los hubo que sacaron el moquero, no se sabe si para pedir despojos o para esparcir miasmas a esos malajes aburridos habituales de la plaza de la calle de Alcalá.

El segundo era Mariscal Ruiz, un portento de desgarbada sosería, otra máquina de dar trapazos cual giraldillo. Entró en quites a los compañeros, pero por favor ruego que no pidan describirlos, guardemos un respetuoso y acusador silencio. Que como sus compañeros, delante de un cadáver con patas, aún se veía superado. Que ellos vienen a dar pases, no a torear. Voluntarioso,, que hasta se atrevió a tomar los palos en su primero, lo que le califica como un buen aspirante a tomar la plata. Y será porque Sevilla pillaba lejos, que no hubo paisanos que sacudieran pañuelos en su honor. Y cerraba pedro Andrés, que curiosamente hubo momentos en los que parecía tener buenas intenciones, pero del querer al poder hay un mundo y en ese trayecto pueden evidenciarse todas las carencias imaginables y sin imaginar. Que antes de empezar su trasteo al último de la tarde hasta se podía pensar en que no molestaría verle otra tarde, pero... Será por las ganas que le insuflaron sus amistades, que decidió tirar de repertorio talanquerero y ahí se rompió todo. Vulgar, pesado, enganchones trapaceros, muy fuera, encimista, pero que al concluir su tarea, ese cogollito de los allegados empezó a sacudir las sábanas como si no hubiera un mañana. Que nadie más en la plaza sintió la necesidad de airear vergüenzas. Pero ellos dale que dale, que igual debían pensar que si llegaban a las 250 sacudidas les convalidaban las que no practicaban el resto del tendido. Eso sí, cosas de la modernidad, no le animaron ni para que saliera a saludar. Que no me hagan preguntas difíciles, cuando salga el dichoso manual para entender esto, van y lo consultan. Pero nada, ellos tan felices con sus pañuelos como sábanas para premiar la nada del autobús.


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lunes, 6 de abril de 2026

Gran mérito lo de aguantar en pie


Siempre se echa de menos al toro, pero cuando delante nos ponen animales que no aguantan un suspiro para mantenerse en pie, la cosa es mucho peor y desemboca en el mosqueo.


Será el pienso, será la falta de vitamina, que no tienen un coaching que les ponga hechos unos toros, nunca mejor dicho o que no les dan un buen tazón de colacao por las mañanas, pero vaya manta de flojos que ha mandado Martín Lorca y el sobrero de Escribano Martín; que no se aguantaban en pie y en el mejor de los casos, para aguantar, solo se defendían. Y dirá el otro que también se defendían por el instinto de la mansedumbre, pero todo con orden, que si no, se nos hacen los dedos huéspedes. Ya de salida daban síntomas de flojera, al tiempo que escapaban buscando la puerta de toriles. Luego en el caballo, ¿caballo? ¿Qué caballo? ¡Ah, sí, ese lugar en el que un señor le acariciaba con cariño con un palo largo, allá dónde pillara, a excepción del cuarto, que el pica estaba con ganas de barrenar... y barrenó. Que el más peleón del encierro tiraba derrotes o se dormía debajo del peto. En fin, que no creo que la de Martín Lorca y el parche pasen a la historia, ni que nadie la recuerde para darle un premio; premio para los que han aguantado a pie de piedra sin dar una cabezadita.

Si hasta los de luces parecían dormitar. Curro Díaz, de luto, desmonterado en el paseíllo, ha sido tratado con cariño desde el primer momento al taparse las cuadrillas en el callejón. Costaba ponerse estupendo con el torero en un trance como este, claro que costaba. Pero lo de ser cariñoso en una fecha tan señalada no quiere decir que haya que pasarse al lado opuesto, al de que todo es maravilloso y todo es toreo grande. No ha sido así, por mucho que alguien quiera convencernos o convencerse de lo contrario. Aunque quizá si ha habido enganchones, la muleta atravesada o muletazos sin rematar sea lo se menos, porque lo verdaderamente importante estaba muy lejos del ruedo y del ánimo de la plaza de Madrid. Solo desearle que vuelva y entonces ya hablaremos de todo, claro que sí, el torero se lo merece.

Sus compañeros estuvieron a la altura del ganado, bajo mínimos, aunque por momentos daba la sensación de que se estaban creyendo cualquier cosa que no era, una realidad paralela en la que esperaban los olés y glorias a su quehacer. Rafa Serna cuidó a su primero como se cuida a un rorro de meses, lo cual está muy bien para una criaturita, pero para un toro de lidia resulta sonrojante y profundamente irritante y más si se pone a pegar trapazos a la bola de sebo y para colmo no puede con él. Que ya tiene delito no poder con un alma en pena con cuernos. A su segundo, como al primero, hay quien asegura que lo picó, pero fíense ustedes de lo que se dice por ahí. Que también hay quien dice que apenas les rozaron con el palito largo. Ya en el último tercio se espabiló con unos trallazos como alaridos en una chumbera. Le dio distancia y venga trallazos con la muleta al bies. Por el izquierdo aún peor, sin poder con aquel moribundo y sin saber por dónde se andaba, bueno, sí, siempre fuera.

Y cerraba Diego San Román, al que le echaron a los corrales a su primero, ya con banderillas en el lomo, que no es que estas le dañaran hasta el punto de impedirle andar, sino más bien porque el señor presidente debió pensar que si aguantaba un poco, igual nos le colaba y santas pascuas. Pero no coló, como quizá tampoco debería haber colado el que en principio era el sexto y que salió como tercero al correrse el turno. A pesar de los capotes al cielo, el animalito tenía que hacer verdaderos esfuerzos para aguantarse sin rodar por la arena. Pero San Román debió pensar que era lo que llaman el toro mexicano y allí se lió a pasárselo por el sacro, vulgo culo. Y venga y otra vez y otra y... y el animal que exhibía una calmada embestida acemilar, tenía que aguantar trapazos con el pico, venga enganchones, después venía lo de acortar las distancias y mostrar que la vulgaridad es ilimitada, siempre puede ir a más. Muleta retrasada, sacando el pico, trapazos de uno en uno, ahora me pongo de frente para lo mismo y dos avisos por su torpeza con la espada. En sexto lugar salió el sobrero de Carmen Valiente, un alegre corretón al que lanceó San Román siempre rectificando. Un primer tercio para no contarlo, sin picar, por supuesto y quite por gaoneras, para hacer que el toro rodara por el suelo. Y como fin de fiesta un inacabable repertorio de trapazos rebosantes de vulgar sosería, recolocándose constantemente, abusando del pico y que no se cansaba, que no veía el final. Que el pobre animal no hacía por el torero por falta de energías y para rematar, unas bernadinas, o una, una antes del desarme. Vaya colofón para una tarde poco o nada soportable, con mucho público foráneo que no parecía saber dónde estaba y lo mismo se te levantaban para ir a por una fanta, que para probar un sitio veinte localidades más allá y otro otras veinte más acá, que lo mismo aplaudía, que al segundo daba palmas de tango. Una tarde de mérito, sobre todo para el ganado, que ya saben que para mérito, mérito, gran mérito lo de aguantar en pie.


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lunes, 30 de marzo de 2026

Si la emoción viene por la ausencia de recursos...

A veces se empeñan en derechazos y naturales, lo cual está muy bien, pero no siempre. Y para dar trallazos, mejor evitárselo.


Segundo domingo de temporada, toros de Dolores Aguirre, pero a veces resulta complicado ponerse a relatar sobre el festejo, cuando en el ruedo se ha rozado la tragedia; entonces los bajonazos, el pico, el escaso trapío, las malas lidias, todo pasa a segundo plano. Y eso ha sucedido cuando en el sexto de la tarde el de Dolores Aguirre ha levantado a Cristian Pérez para darle una tremenda paliza. Le ha zarandeado como si fuera un muñeco, un derrote y cuando parecía que no iba a seguir haciendo por él, ha seguido en unos momentos interminables, la cogida, la caída, otro viaje y... Que en cualquiera de los embates podría haberle causado... yo qué sé, ni pensarlo quiero. Que parece mentira, por no decir que es de locos el que después de los puntazos y destrozos en la pierna del torero, tengamos que sentir alivio, pero... es que ha sido tan fuerte la cogida. Que cuestiones taurinas aparte, que se recupere bien y con prontitud y que podamos volver a juzgar su actuación vestido de luces.

En esta segunda de la temporada los espadas han tenido que enfrentarse a una corrida justa de presentación de Dolores Aguirre y un viento feroz que no se ha presentado, simplemente no ha parado de soplar, levantando telas a capricho, a veces en el peor de los momentos, si es que hay alguno en que el aire venga bien. Ganado con genio, manseando en bastantes momentos, que incluso alguien pudo ver bravura, pero siempre había algo en los toros que desmentía tal apreciación. Buscando la querencia de manso, saliendo huyendo, del peto, no queriendo capotes y sí buscar la salida en terrenos de toriles, pero con genio que había que dominar y que nadie dominó. El primero, una raspa cornalona, ya empezó amenazando por el pitón derecho, cruzándose y dando algún susto. Le pusieron de lejos al caballo, pero él estaba con la puerta de toriles en la cabeza, adónde se marcho sin disimular. Al final el caballo fue al toro y no al revés; eso sí cundo más se crecía en el peto era cuando no notaba el palo. Recibió capotazos y más capotazos, pero parecía que tenía energías para mil más. A pesar del defecto ya señalado, tampoco es que acusara tanto mantazo, aunque sí que tiraba arreones y en cuanto podía, buscaba sus terrenos. Cristian Pérez se limitaba a estar, trapazos eléctricos, venga trallazos, sin mandar jamás en las embestidas y por ese pitón derecho ya señalado, un derrote seco que le levanto del suelo, aunque sin consecuencias. En su segundo, el sexto de la tarde, le costó que tomara el engaño, echando las manos por delante, acudió con prontitud al caballo, para ir una segunda vez ya pensándoselo más, Volvió a la cita con el mismo ímpetu, pero a nada se dio la vuelta y se fue suelto a otras zonas más calmadas. Esperaba con peligro a los banderilleros, notó los palos y ya en el último tercio a Cristian Pérez le di tiempo a poco, un trasteo desordenado por abajo, un par de trallazos por el derecho en el que era evidente que el toro se le comí y al siguiente cite, se le vino encima y ya es sabido el resultado. La única conclusión que se puede sacar es que no se puede venir a Madrid en un “a ver qué pasa”, porque luego puede ser que lo que pase... Se deshizo del toro Antonio Ferrera.

Y Antonio Ferrera, padrino de ceremonia, poco tuvo que ofrecer, quizá en ese sexto toro actuando como director de lidia auxiliando al confirmante. Y aparte de esto, parecía que el extremeño no se había adaptado al cambio de hora, ni al viento, ni al ruedo, ni al frío, ni que si en barrera había uno que le miraba mal, ni a que un señor derramara el gin tonic, ni... a nada. Que sujetó bien a su primero, que en el caballo solo mostraba cierta fijeza cuando le tapaban la salida. La faena de muleta fue un pruebo por aquí y ahora por allí, enganchón, que no lo veo, pues nada, a por la espada. Que si cien veces hubiera entrado a matar, ciento una se habría salido descaradamente de la suerte. En su segundo, el cuarto, uno zancudito, más de lo mismo. El animal se dejó sin más, que si ahora parece que peleo, que me voy al de la puerta, que no me dejan, otro encuentro y si acaso que se dejara; y de nuevo que si con la muleta me lo pienso por aquí, que si le pongo a dar vueltas, cuidado que se me cae, y más trapaceo, para no quererlo ni ver. Nuevo mitin con la espada en la suerte de tú a Cuenca y yo a la Coruña.

Isaac Fonseca, ese torero que de novillero parecía que se iba a comer el mundo, pero que de matador se puso a régimen, ya mostró de salida que la tarde se le podía hacer un poquito larga. Manteo y más manteo para no parar a su primero, que a nada miraba el camino de chiqueros, mucha carrera y que nadie se hacía con al de doña Dolores. Se arrancó el animal con alegría de lejos, para que le picaran trasero, una segunda vara en la que se podría llamar la suerte de la gasolinera, allí lo dejan adónde sea, a su suerte, a ver qué pasa, abandonado. Y el toro que se fue acercando él solito, bien cogido, para que en un segundo saliera como alma que lleva el diablo. Una tercera vara desde lejos, va con alegría, para volver a escapar del envite. Inicio de faena desde los medios, que cualquiera podría decir que se lo iba a pasar por el trasero y quizá alguien se enfadaría porque le habían destripado la sorpresa y es que hay gente pa to. Y a partir del alarde inesperado, que si miro por aquí, por aquí no, mejor por allí, pero no había un aquí ni un allí que le cuadrara, dejando pasar el tiempo y el de Dolores, enterándose de todo. Y fue en el quinto, su segundo, en el que muchos creyeron que la cosa iba a cambiar de signo. Quizá el más toro de los que salieron hasta el momento, que el animal hasta metía la cara y pese a eso, Fonseca se tuvo que girar para perderle terreno hacia los medios. Tres veces fue al caballo y las tres se estampó contra el peto, le tiraba derrotes, para después marcharse suelto, en la tercera vara, a todo correr. Y llegó la hora final, sin desmonterarse, allá fue Fonseca, citando de lejos para recibir al animal con imperiales trallazos que hacían las delicias de algunos. Trapazos sin rematar, sin bajarle la mano, banderazos, pero como citaba dando distancia, parece que se perdona todo, ¿no? Venga enganchones, que quita el trapo de repente y empezaba a verse que el amo del cotarro no iba de luces. Y a cada trapazo, a cada tanda, peor, todo se iba complicando para uno y para el otro... pues todo crecidito. Dando aire, por si no teníamos bastante, telonazos finales y si no llega a ser por la espada, todavía algunos votarían para que le pusieran una placa al torero. Al toro no, que le había dejado con las vergüenzas al aire. Para uno que a poco que se hubiera puesto, le hubiera mandado, porque había que mandar y le hubiera llevado, lo mismo estaríamos en otras cosas. Que esto no puede ir de a ver si no me coge, que esa no es la emoción que se busca en los toros y sí la del torero con cabeza, poderoso, con criterio y que es capaz de hacerse con el toro y conducir los viajes, por mucho genio que tengan, como los de esta tarde de frío y viento. Y repito, que Cristian Pérez se recupere lo más pronto posible, pero Si la emoción viene por la ausencia de recursos...


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lunes, 23 de marzo de 2026

La fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es

 

Se esperaba un encierro de un tipo y salió... solo esperamos que esto siga siendo la excepción

Pues ya empezó la temporada. Anda que no tenía ilusión el personal, empezar el curso encontrándose con el toro, ni más ni menos que con una de Cuadri; pero al acabarse le festejo quizá más de uno aún se preguntaba que dónde estaban los Cuadri, porque lo que habían visto no se parecía en casi nada a lo que ellos tenían en el recuerdo. Que la memoria puede ser frágil y ya llegados a una edad, lo mismo hasta deforma los recuerdos, pero eso le pasa a los mayores, no a los mayores, a los jóvenes, a los de mediana edad, a los jóvenes pero con entradas, ni a los jóvenes con achaques. Y qué cosas, esta y la que vino hace dos años, resulta que si las recordaban con más parecido entre ellas de lo que se esperaba de este hierro. Que no se puede decir que los de luces hayan ayudado para lucir lo que salió por chiqueros, porque no han ayudado. Con esa desconfianza, esa nula lidia, por mucho que por momentos se empeñaran en poner a alguno de lejos al caballo, pero es que la lidia es mucho más, echar los capotes abajo, mandar en las embestidas, enseñarles a embestir, cuidar al toro en el caballo, no para que se les dé un picotacito, sino para medir el castigo, estar atentos para sacarlos del peto y no deambular por allí como Marco buscando a su mamá. Y para acabar, con ese encimismo que ahoga las posibles arrancadas de cualquier toro, ese meterse entre los cuernos como en plaza de carros, ese arrimón para sacar la muleta desde atrás mostrando el pico y echándolo para fuera. Que sí que les han puesto de lejos, pero si un toro tardea más que el chachachá del tren, si va al paso mientras se distrae con el mundo, a excepción del sexto, que sí, que fue, de la misma al más decidido, sin alharacas, para que el señor de aúpa soltara sobre él todas las tensiones de la comida de Navidad con el cuñado y los suegros. Se quedaría a gusto. Pero con todas las pegas que podamos poner a la corrida, lo que es un hecho es que los de luces tampoco han podido con ella.

Pepe Moral ya debió desnortarse al querer ir a portagayola y verse en un brete rodando por la arena. Citando desde fuera con la muleta, estirando el brazo, venga pico y aperreadito, porque no sabía por dónde mandar al toro y menos con ese trapaceo por arriba. Mal con la espada, al menos habrá tenido el detalle de mandar una caja de bombones al usía por no sacarle el blanco una tercera vez; aunque mejor que los bombones, con un reloj bastaría, uno de los chinos mismo, que para contar diez, tres y dos minutos no hay que llamar a los suizos. Su segundo daba la sensación de que tenía unos andares raros. Hasta tres veces fue al caballo, para pelear solo con un pitón y en la tercera vara irse suelto. En el último tercio empezó Pepe Moral a bailar y bailar, cazando trapazos por aquí y por allá, casi perreando detrás del toro, pero sin saber por dónde tirar, para ponerse encimista y vulgar. Que se decía de este torero que era muy irregular, pero ya se puede afirmar sin temor a equivocarse que eso es historia, ahora es tremendamente regular, la regularidad de la nada, al menos cuando aparece por Madrid.

Damián castaño, un torero resultón, con ese bullir que hace parecer que hace, pero... casi mejor que no hiciera tanto, o al menos que aplicara a su quehacer un poquito de sosiego de firmeza de... vamos, que toreara, así de simple. Pero, ¡oiga! Mientras se lo jaleen, él dirá que mí plim. Si hasta le aplaudían el darse la vuelta para perder terreno. El Cuadri solo tiraba derrotes en el peto o peleaba con un solo pitón. Después de tanto mantazo, cómo no iba a echar la cara arriba, a lo que también contribuía ese pasar al toro sin bajarle la mano jamás. Mucha carrera, tanta, que antes de acabar el muletazo, ya estaba moviéndose; alborotado, con el pico, encimista y sin parar quieto un momento, pero quizá los cinco descabellos nos libraron de un medio triunfo de bochorno, porque los había que bieneaban sin pudor. Quizá los amantes de Travolta y el muchacho de rizos de Bony M. Pero salió el quinto y allí los hubo entusiasmados con los lances de capote, quizá por esa gracia al echar el pasito atrás en cada mantazo, que también es de mérito. Puso al toro de lejos, para que el animal fuera andandito, como sin ganas, hasta tres veces. Que lo de poner un toro tres veces y de largo está muy bien, pero muy requetebién, pero al menos con criterio, con un poquito de sentido común, no ponerlo por ponerlo. Acabó con un homenaje al clasicismo, sin desmonterarse con la muleta, pero... lo del encimismo, el respingo, el pico, estirar el brazo y no pararse o salirse de la suerte descaradamente con la espada, clásico, lo que se dice clásico... y de buen gusto ya ni hablamos.

Cerraba la terna Gómez del Pilar, que un día se aprendió una lección y te la suelta allá por dónde va, que le da lo mismo si le preguntan de historia, geografía, matemáticas o el catecismo del padre Astete, él a piñón fijo, venga o no a cuento su tema. Que hasta una voz le soltó que así no se viene a Madrid, pero yo me pregunto, ¿cómo ha venido siempre? Que igual esa voz esperaba otra cosa. Que el confundido no es solo el torero, es quien así, por las buenas, le pide peras al olmo. Que su repertorio dice que hay que poner a los toros de estos hierros de lejos y allí que va y tres veces; que ninguna de las dos cosas es mala, pero estamos en lo de siempre. Con la muleta venga y venga a buscar el sitio y a pensarse por dónde, para acabar encimista, tirando de pico. Cambio de pitón para hogar aún más al de Cuadri, con muchas dudas y venga arrimón, vulgaridad y más vulgaridad, que si el péndulo, para no llegar nada, quizá porque el camino no era ese. Y en el sexto, el castaño, lo de siempre, tres veces al caballo, quizá en este caso porque el presidente consideró que una entrada no debía contarse por haberse roto el palo, aunque el jinete no tuvo miramientos y si hubiera tenido que picar con una escoba, sin dudarlo que tiraba de escoba. El animal escarbaba, olisqueaba, que no estaba para caballos, pero... Y en el último tercio, pues sin saber encontrar ni terrenos, ni distancia, cambiándose la tela de mano, miraba por aquí, ahora por allí y se fue a por la espada, que si encima el personal no iba a saber apreciar su arte, “pa qué más”. Y con un bajonazo culminó esa tarde tan esperada u deseada, que quedó en lo que quedó, en que tres de luces pasaron por allí sin responder a lo que algunos creían que podían responder y un ganado del que unos aún siguen esperando, pero que cada vez parecen estar más lejos de lo que fue, que una mala tarde, dos, hasta tres, las puede tener cualquiera, pero al meno siendo fieles a lo que fueron y que parece que están dejando de serlo. Ni la lámina, ni el comportamiento y aquello de la casta... Que nos llamarán pesimistas o nada positivos, pero la fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es.


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jueves, 19 de marzo de 2026

El negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico

 

Pues si esto está cómo está, quizá mejor sea una ilustración que lo exprese sin palabras


En estos tiempos que se nos avecinan, quizá de crisis, de incertidumbre, de un futuro algo turbio, muchos se preguntarán cómo poder encontrar un lugar seguro, dónde invertir los ahorros. Seguro que encontrarán mil y una opinión, que si en las eléctricas, que si bonos, que si las "matildes" de Telefónica, pero a poquito que veamos el panorama, hay dos territorios inexplorados, el de los girasoles piperos, los gusanos de seda y el de las bañeras de plástico para contener combinados alcohólicos; estos van a crecer como nunca nadie imagino ¿Qué quién me ha dado el chivatazo? Nadie, simple observación. Tómense su tiempo y párense a contemplar el panorama. Y paso a revelarles mi teoría macroeconómica para asegurarse un futuro de solidez y estabilidad económica. Si nos sentamos delante de una televisión y vemos cómo ha empezado la temporada taurina, quizá muestra del presente y el futuro de los toros, muy torpe hay que ser para no darse cuenta del beneficio, del negocio que tenemos ante nuestros ojos, el abastecimiento de esas masas devoradas por el fervor taurómaco triunfalista, que devora pipas, engulle yintonis y agita pañuelos blancos como si de ello dependiera la paz del mundo. Que otro posible filón sería el de las pastillas para aclarar la garganta, porque con esos alaridos aclamando a sus héroes, las cuerdas vocales necesitarán un suplemento para mantenerse en su sitio.

Que el que no quiera, que no lo vea, pero si esto es producto de un genio empresarial como es el de plazas como Valencia, ¿qué no pasará en Madrid durante casi un mes de tardes de locura y embriaguez supina? Con esos animalicos colaboradores como un pinche de cocina que le deja las verduras bien lavaditas y cortadas para que el maestro se exprese. Ese ganado menguado, con cara bonachona, con pitones a los que solo les falta la pegatina de “plátano Canarias” y con la acometividad de un caracol en día soleado. Pero claro, ahora viene lo mejor, los maestros, esos que se atreven a todo, lo mismo a ponerle caras a un presidente, que al osado que no le bata palmas con entusiasmo y arrebato. Esos maestros que con sus eternos trapaceos permiten que mientras ellos se expresan, el personal acabe con un saco de pipas y dos bañeras de alcoholazo, que por supuesto deben haberse consumido para el momento en el que hay sacar los pañuelicos, pura seda, y hacerlos flamear al viento cálido de los vapores etílicos. Que delicia de torería, que una década después de su doctorado aún lucen como principiantes y los que ya pasean las canas en la castañeta, con casi veinte años o más de alternativa, insisten en aburrir como el primer día. Eso sí, ¿cuál es la fórmula mágica contra el aburrimiento? ¡Bingo! Las pipas, la bañera y rematar con el pañuelo, pura seda, flameando al viento. Y por si fuera poco, para animar más a consumir esa fórmula mágica, solo se necesita alguien en el palco que se ponga serio unos días y otro que no se ponga serio ni en un funeral y que anime regalando despojos a diestro y siniestro, lo que provoca que el personal tenga la creencia de que vociferando más y más rato, se puede conseguir el gran objetivo, llegar a los más elevados grados de chabacana y vulgar adefesio. Pero que esto no acaba aquí, ¡no! Que luego nos quedan esos satélites a los que no se les puede poner delante un micrófono delante, porque o se lo comen o empiezan a lanzar exabruptos o muestran con todo lujo de detalles su falta de afición al toro, su afición al parné, su absoluto desprecio por algo que algunos consideran sagrado y y que lo de la dignidad, honestidad con la fiesta y el toro les importa... ¡qué les va a importar! Si ya lo dicen ellos, que venden productos y firman contratos, pero, háganme caso que si quieren invertir su dinerito, los ahorros de toda la vida, háganlo en el negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico.


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