sábado, 9 de mayo de 2026

Lo histórico empieza con un bochorno, vergüenza y Madrid pisoteada

Se declara inaugurada esta feria histórica, meca de la vulgaridad y chabacanería apta para jóvenes y mayores, no recomendable para aficionados al toro y al toreo clásico. Abstenerse mentes claras.


Miren que estábamos avisados, miren que se veía venir lo que no queríamos que llegara. Pues nada, que empieza la primera de feria y los aficionados de Madrid tienen que salir escondiéndose por culpa del bochorno e indignación de ver su plaza, la cátedra, la primera, el centro del universo, a la altura de cualquier plaza de talanqueras poblada de gentes ahítas de alcohol. Que había que elevar a los altares al pupilo de la empresa, que tan bien se maneja en estos ambientes en los que se enseñorea lo chabacano y es gobernado por la más absoluta vulgaridad. Y para que no se escapara un detalle, un caballero ocupando el palco, que igual había dicho en casa que iba a salir por la tele, que no perdieran ripio de su debut y... Vamos, que estaría bien que le destinaran como comisario en un aeropuerto próximo a Marte, y que no volviera por el barrio de Ventas y la Guindalera ni como controlador de la ORA; sí, eso mismo, los parquímetros de la zona. Que visto lo visto, con ese ojo de águila, igual multaba a los carritos de bebé o a los de la compra que arrastraran los vecinos.

Chotada de Núñez del Cuvillo, ideal para algarabías modernas para acabar sacando a cuestas al primero que se les ponga por delante y que al menos haya cumplido el requisito de haberse liado a pegar trapazos sin cuartel. Impresentables, aunque los presentaron, que el señor presidente del festejo ya empezó a dar pistas al dejar pasar estos toros anovillados unos, chicos pero cebados otros o simplemente destartalados otros. Que a su criador, desde hace muchos, muchos años, le hablas de Casta y te suelta la de don Hilarión dudando entre la Casta y la Susana. Pero casta en sus pupilos, pues nada más lejos. Eso sí, les pones como bueyes en un belén viviente y los rechazan porque de tan parados, el personal creería que son de barro. Que si tenemos que hablar del tercio de varas, pues igual podíamos hablar, claro que sí, pero no sé si... Que los animalicos llegaban al peto, sin que nadie los hubiera puesto correctamente en suerte, por supuesto, para que un señor con un palo lo apoyara en una paletilla, más allá de mitad del lomo, pero sin apretar. Que hasta simulaban apretar, pero no sufran, que no. Que si la carioca, que si ahora te tapo la salidas, pero todo puro teatro. Eso sí, los de Núñez del Cuvillo, el que no se dormía en el peto se dedicaba a tirar derrotes desesperados y acababan yéndose sueltos, ¡anda ya! Le vas a poner el palo a quién yo te diga ¡Ya el tío del palito! Lo de banderillas, pues... si es que esto es perder el tiempo. Eso sí, la concurrencia ha hecho saludar y todo a un señor que ha puesto dos pares a toro pasado; así estaba el patio.

Alejandro Talavante abría la feria, ¡ay, no! Que han echado por delante a una joven promesa de la tauromaquia para que abriera plaza, feria, historia, contubernio, congreso mundial de la chabacanada. Todo con un mismo toro, o lo que fuera. En su primero nos ha tocado el Tala, que así le llaman los más fieles, pasivo, que hoy no tengo ganas de nada. Bueno, espera, pego unos trapazos y me voy a descansar. Pero llega su segundo, un animalejo que iba y venía como un perrillo jugando a coger la pelota. Eso sí, que Toby, perdón, que el animalito no se cansaba de juguetear detrás del trapito rojo. Y Talavante empalmando muletazos, sin acabar de rematar ninguno, siempre fuera y abusando hasta el hartazgo del pico de la muleta. Venga a dar vueltas y más vueltas y otras tantas más. Pero oiga, como gustan los empalmados al personal, es que les enloquecen. Y si esto lo rematamos con más trapazos tirando la espada y hasta desplantando tirando el trapo, no quiero ni contarles. Estocada efectiva y petición mayoritaria, que esto hay que reconocerlo. Una oreja y como si cumpliera un guión establecido, el usía, don Pedro Fernández Serrano, tiro del segundo blanco y el azul sin pensárselo dos veces... quizá si se lo hubiera pensado solo una vez, otro gallo cantaría. Un toro sin picar que cabeceó en el peto y se fue suelto tras un picotazo, premiado con una vuelta al ruedo. Muy bien, sí señor, que este va a ser el nivel, ¿no? Pues no nos espera nada, que igual a algunos se nos hace muy larga esta nueva feria histórica. Que histórica fue la peste negra y no veo a nadie de celebraciones.

El segundo acartelado era Juan Ortega, un dechado de arte, un torero que da mantazos y trapazos al aire como pocos. Que poses, que enjundia para no hacer nada, pero se pone tan, tan... Siempre tirando del pico, escondiendo la pierna de salida y hasta citando dando el culo, con perdón. Pero no voy a ponerme a decir que citaba ofreciendo la rabadilla, ¿no? O bueno, mejor, citando con la parte de su anatomía en la que la espalda pierde su honorable nombre. Enganchones celebrados y en un momento en que se puso a empalmar los muletazos, algunos ya atisbaban la gloria del arte de “atorear”, pero no hubo suerte, o sí, y la cosa quedó en lo que era, en la nada.

Y cerraba el cartel Tristán Barroso, el que inauguró la feria y la tarde y echó el cierre a este histórico evento de la diosa Chabacania, una diosa del Atlas que se dice que pastoreó los toros de Gerión. No cuela, ¿no? El toricantano mostró ganas, unas ganas infinitas, aunque por lo que parece, estas ganas no es que estén bien canalizadas del todo. Que quiere animar el cotarro con trapazos de rodillas, pasándoselo por detrás, por delante y pegando muchos, pero muchos trapazos, hasta llegar al aviso sin tomar la espada. Venga pico y más pico y me pongo lejos, lejos, para que no se me manche el traje, que es nuevo. Y se lo manchó, quizá porque le acertaron en un paintball con unas bolitas de colores. Que es ver a este torero y es ver a todos, como pasa siempre con todos sus colegas de profesión. Que pensaba que se premiaba la cantidad, pero resulta... o igual sí, porque Talavante... Bueno, no nos liemos. Un revolcón en su segundo y cuando la asistencia ya se veía con otro despojo paseado, la espada, la misma que tiró al suelo con un desparpajo que ofendía, no fue eficaz y la cosa quedó en nada. Y así acabamos, que no había acabado Barroso de refrescarse, cuando ya saltaban al ruedo los roba alamares de turno que tanto se esfuerzan en hacer añicos los trajes de luces en las salidas a cuestas. Que bonita costumbre. Que a los clásicos igual les desagrada, pero, ¿qué quieren que les diga? Es lo que están criando, una muchachada para la que esto no es un rito ni de lejos, sino un motivo de jarana, sea cual sea el origen. Y así pasa lo que pasa, que lo histórico empieza con un bochorno, vergüenza y Madrid pisoteada.


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lunes, 4 de mayo de 2026

Que no les engañen con cínicas alabanzas


La colocación en el ruedo no es un capricho, es algo imprescindible


Algo ya demasiado frecuente en esto de los toros y quizá en especial en la plaza de Madrid, son los autobuses de partidarios que se hacen presentes en la plaza. Entusiastas dispuestos a jalear lo que haga falta, aunque esto más que jaleable resulte ser algo vergonzoso y ridículo, tanto para los aplaudidores, como para los aplaudidos. Ellos llegan con una idea fija, que al chico del panadero o del de la gasolinera o el del Fran, que quiere ser torero, le den muchas orejas, le sacamos por la Puerta Grande y así él, sus padres y todos nosotros nos creamos la falsa ilusión de que ha triunfado a lo grande. Que como un coro de párvulos se les oyen los oles, que no los olés rotundos, pase lo que pase; y se aplaude hasta el que asome por la tronera. Que hay un enganchón o mil, se aplaude; que hay un desarme, se aplaude, no digo nada si hay revolcón, ese es un clásico; un bajonazo, el delirio; un pinchazo, más palmas. Palmas y más palmas, que parece el Domingo de Ramos, todos con las palmas. Y si cae el toro y solo es un sector muy fácilmente identificable el que airea los pañuelos, pues no pasa nada. Que si no los sacan los demás, casi toda la plaza, será porque o no tienen para sonarse la nariz o... o vaya usted a saber qué les pasa a esos “esaboríos”. Quizá es que esos “esaboríos” vieran con desazón como unos cazadores de despojos estaban dejándose ir una corrida para triunfar, porque todo lo que se hiciera con verdad tendría mérito.

Corrida con seis novillos de Couto de Fornilhos, con un volumen ajustado, nada grandones, pero que nadie ha protestado ni ha amagado con hacerlo. Que raro, ¿no? En Madrid, que solo quieren elefantes con cuernos grandes, muy grandes. Y, ¿cómo es eso? Pues muy fácil, primero porque esas afirmaciones tan habituales no son reales y segundo, porque la novillada ha salido seria, con el trapío del novillo de esta plaza, nada más que eso. Novillos a los que había que torear, no eran para el pasa por aquí, pasa por allí, que sí, que iban, pero que si no se les mandaba, no había manera, que no eran la boba de los martes. El primero empujó en el caballo y a nadie se le ocurrió ir a sacarlo para ponerlo una segunda vara, encelado en el segundo encuentro, le levantaron el palo y pasó lo que quizá no habría pasado, si no le quitan la puya, que derribó al caballo ¿Y el matador? Mario Arruza, que estaba entre muy lejos y la luna, allí, mirando, sin perder detalle, ni mover un músculo, inoperante, inhibido absolutamente de la lidia y sin preocuparle que su picador hubiera medido el suelo con los lomos. Que sí, que esto es lo habitual, pero no deja de ser una falta de afición que merecería no permitir que quién actúe así pueda volver a vestir de luces y una desvergüenza insultante. Ni por supuesto iba a remediar el caos en banderillas, él iba a no hacer nada con la muleta y lo hizo. Un toro al que había que torear y si no, pues lo que pasó, que no pudo con él, venga trapazos, sin saber por dónde se andaba, echándolo para fuera, trallazos y más trallazos y eso sí, alargando la vulgaridad hasta llegar al aviso sin haber entrado a matar. Su segundo, sin fijarlo, se fue a toriles . Mal puesto al caballo, donde el de Couto peleó metiendo los riñones, le taparon la salida y le dieron para ir pasando. Y el maestro, de nuevo, manteniendo las distancias allá a lo lejos. En el último tercio todo muy, muy vulgar, desconfiado, mantazos y carreras y el toro que empezó a dar muestras de estar aburrido de tanta inoperancia.

Cristian González mostró una desgana desesperante con el capote, que lo suyo, como todos, es lo del trapo rojo, pero... El pero es que es como todos, sin aguantar las embestidas del novillo, sin parar quieto un momento y aderezado con enganchones, pero no pasaba nada, el personal le jaleaba con verbenera algarabía. Mucho pico, trapazos de uno en uno, pretendiendo convertirlo en virtud y hasta había quién se lo creía. La muleta muy atravesada y por si fuera poco, bernadinas. Eso sí, como él lo vale, decidió darse una vuelta al ruedo, faltaría más. En el quinto el recibo fue bailado y bien bailado, que no se paraba el muchacho. Un desastre en el caballo, en banderillas, una lidia desastrosa. Prosiguió su tarde danzarina con la muleta, yéndose antes de que el toro acabara de pasar. Exagerando el abuso del pico y dejándosela tocar mucho. Tirones, trallazos y solo voces, muchas voces y siempre a merced del toro, para acabar con un bajonazo. Que a ver si hay alguien que le diga a esta muchachada aspirante a figura, que tras un bajonazo, lo de levantar el brazo y adornarse, bonito, lo que se dice bonito, no es.

El tercero era Juan Alberto Torrijos, sí al que venían a ver los que ocupaban toda una franja del bajo del cinco y parte del seis, sí, esos, los que aplaudían al picador que marraba en la paletilla, que tapaba la salida, que no atinaba y rectificaba hasta seguir sin acertar, esos mismos. Que en el recibo de capote hasta parecía que el muchacho tenía algo de garbo, pero solo hubo que esperar al galleo para poner el toro al caballo y ver que... ver que no llevaba al toro, que el toro le llevaba a él y remataba dónde el cielo le diera a entender, estuviera el penco aquí o en Pekín, esquina Johanesburgo. Y en banderillas se vio que los espadas de la tarde hicieron novillos, que paradoja, el día en que explicaban la colocación durante el segundo tercio. Que si a la salida del par no hay nadie, pues peor para el que parea. Luego, cuando alguien protesta, siguen sin saber colocarse, pero como pollos sin cabeza. El trasteo fue una sucesión de trapazos tirando del pico, carreras, trallazos enganchados, todo muy deprisa, muy vulgar y dando vueltas y más vueltas como un giraldillo en un huracán. Y fue caer el toro y allí que asomó el paisanaje, todos en línea bien colocaditos y como el muchacho es muy educado, fue a darse la vuelta por su cuenta, aunque ofendiera su desfachatez al resto de la plaza, pero si te vienen a acompañar desde lejos, ¿se les va a hacer el feo de no saludar? Con que ganas sacudían el pañuelo. Que cualquier día tenemos un disgusto al declararse una pandemia de hombros dislocados por pedir un despojo. El sexto podía ser un toro de muchas plazas del mundo, que se fue descaradamente a los terrenos de chiqueros. Manteo girándose para perderle terreno. Mal picado, mal lidiado y haciéndolo empeorar por momentos, gracias a la inoperancia de banderilleros y lidiadores, con mil pasadas dejando uno o ningún palo. Y el novillero allí esperando a ver si y cuando ya pudo, pues lo de siempre, venga trapazos y más trapazos desde muy fuera, pero si no llega a pinchar, igual los de los pañuelos se habrían dislocado hasta el peluquín. Eso sí, como no hubo despojo, ni a saludar le sacaron, quizá porque se hacía tarde y no querían quedarse en tierra, que los autobuses arrancan y no esperan a nadie. Que se creerán los de esta y tantas tardes que ese entusiasmo pidiendo despojos favorece a los muchachos, pero nada más lejos, que eso no ayuda, así que, que no les engañen con cínicas alabanzas.


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domingo, 3 de mayo de 2026

Toros modernos, toreo moderno, público moderno... ¡Demasiada modernidad!

Unos recordaban a aquel que tan buen uso hacía de la espada y otros los muchos fallos a espadas del resto


2 de mayo, ¡qué gran fecha! Fecha histórica, fecha recordada una y otra vez por aquel acontecimiento tantas veces rememorado, ¿se acuerdan? Seis toros, seis, para José Miguel Arroyo, Joselito, que conquistó Madrid y el mundo de los toros, quedando aquel día como una lección de lo que debe ser el toreo. Pues quizá, si quiere alegrarse la vista y el espíritu, mejor pónganse el vídeo de aquel día y así borran cualquier imagen de este 2 de mayo de 2026. Que anda que no estaba amable la plaza, amable y hasta cariñosa, y visto lo visto, hasta ñoña. Que parecía que nadie quería molestar a los ya veteranos Uceda Leal, El Cid y el menos veterano, Javier Cortés, que entre los tres sumaban casi siete décadas de matadores de toros. Y el ganado, pues El Pilar, al que tampoco le han echado muchas cuentas, que los importantes no eran ellos, que su obligación solo era el ser “colaboradores” para los triunfos de los de, ¿luces? De los que lucían unos vestidos que cada uno juzgue y califique como mejor considere.

Los toros de El Pilar, correctamente presentados, algunos acusando algo de flojera, en el caballo, aparte de no cuidarse la forma de realizarse el primer tercio, en el mejor de los casos casi cumplían, pero en líneas generales solo se dejaban sin más. Entre todos se ha convertido en un mero trámite, nada más. En el segundo tercio, aparte de los dos pares, mejor el segundo, de Pablo Gallego, ha habido momentos lamentables con los palos, convirtiendo el ruedo en un lamentable caos.

Los de ¿luces? Pues si preguntan a los más animosos, igual les hablan de maravillas, de... yo qué sé, pregúntenle a ellos. Pero la verdad es que lo desarrollado por la terna ha dejado bastante que desear, si de toreo hablamos, que si de lo que se trata es de posturear, ponerse erguido y andar con displicencia, lo han bordado. Pura apariencia, pura modernidad. Eso sí, el ganadero no podrá tener ni una queja de que no hayan dado aire a sus pupilos, que por momentos lo necesitaban.

Uceda Leal recibió sin demasiada convicción a su primero, que ya de salida estaba parado. En el último tercio parecía costarle poder a un moribundo, sin parar quieto y con cuidado con los trapazos, para que no se le fuera al suelo. Muletazos rematados por alto, siempre ausentes de mando. En su segundo, aparte de vocear demasiado, poquito más, más aire, ventajas en cada pase, muy fuera, muchos enganchones y poco más. Lo más negativo sucedió en banderillas en el segundo toro, cuando a la salida del para Rafa González se vio en extremo apurado, con un Uceda ajeno a lo que allí sucedía, por no estar en su sitio a quitar y por una actitud inaceptable en quién se viste de torero, por las nefastas consecuencias que podría haber tenido para un compañero.

El Cid, a quién al menos veremos despedirse una tercera vez de Madrid, venía con aires de maestro añejo, pero para aires, los que le daba él a sus toros con los engaños. Aplaudido en su recibo de capote a su primero, siempre rectificando con el paso atrás y una media para poner el de El Pilar al caballo. Alguno se estaba frotando las manos y mucho se tenía que torcer la cosa para que nadie quisiera aparcar ese entusiasmo triunfalista. Demasiado pico, muletazos acabados arriba, muletazos sin mando, solo dando aire al toro, la muleta lejos de estar planchada, más bien hecha un burruño, retrasada, para acabar con ese recurso tan popular como es el meterse entre los pitones. Quizá por esa ausencia de toreo, le costó cuadrar al de El Pilar, más pendiente de irse a tablas. Varios pinchazos, para acabar el toro echándose de puro manso, aunque tampoco hay que negarle el que fuera una y otra vez, pero... En el quinto se tomó demasiadas precauciones, mucho pico, mucha carrerita, brazo demasiado largo sacando la tela , enganchones y más enganchones y de nuevo lo de meterse entre los cuernos. Y al final, después de una media, fue un arreón provocado por un peón el que hizo que cayera el animal.

Volvía Javier Cortés, un torero que un día pareció que... otros muchos que no y en estas que le incluyen en este 2 de mayo. Como digno representante de la modernidad, ausente con el capote y prácticamente ausente durante la lidia. Nada en su primero, aparte de muchos trapazos, algún enganchón, demasiada sosería y escondiendo la pierna de salida. En su segundo, un animal que iba e iba y volvía a ir, pudo mostrar toda la dimensión del toreo modernos, el de esconder la pierna de salida, tirar con el pico y no rematar los muletazos, teniendo que recolocarse demasiado. Serie empalmada, que no ligada y la plaza entra en éxtasis. Y el de El Pilar que seguía acudiendo allá dónde le enseñaran un trapito. Que ya los había preparando el pañuelo, afinando la voz para berrear durante la petición, vaticinando más de un despojo, que aquello era para no creérselo; la verdad es que no se podía creer que con eso alguien pensara en... Y llegó el momento final, la espada, tremendo bajonazo, algo previsible viendo lo fuera que se perfilaba. Pero no pasaba nada, había atinado en lo negro, ¿no? Pinchazo y a continuación dos bajonazos más, aún más infames que el primero. Que los modernos pueden hacer la vista gorda con un bajonazo y casi con un pinchazo, pero con tres ya es tentar mucho a la benevolencia de los benevolentes. Y al final todo se reduce a toros modernos, toreo moderno, público moderno... ¡Demasiada modernidad!


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sábado, 2 de mayo de 2026

Ni que hubieran regalado las entradas

 

Lo peor de la tarde fue, sin duda, el grave percance de Raúl Ruiz a la salida del par en el sexto de la tarde


Era la primera de lo que llenaron en su día la feria de la Comunidad y ahora no sabemos cómo denominarla, quizá la que va antes del 2 de mayo, pero... ¿Y qué más da cómo se llame esto? La cuestión es que era un festejo, una novillada con novillos de seis ganaderías de la Comunidad de Madrid, Guerrero Carpintero, Caras Blancas de Carpio, Hermanos Sandoval, Toros de Ayuso, Ángel Luis Peña y el Retamar. Que buen experimento, que buenas intenciones, que sinsentido para evitarse en un futuro. Que para hacer patria no es necesario el ridículo en la plaza de Madrid. Que ya que el Centro de Asuntos Taurinos se desvela por promocionar la fiesta, que lo haga en otras plazas. Pero la fiesta ha proseguido con lo que vulgarmente se llama un entradón. Que no creo que esto sea así, pero vamos, que parecía como si hubieran regalado entradas por el mundo mundial. Y si vemos las reacciones del personal, hasta habría quien diría que en Navas del Rey han echado el resto; Navas del Rey, lugar de procedencia de Álvaro Serrano.

Novillada justa de presentación, unos con kilos de más, lo que hacía que la tablilla maquillara un poco la cosa, pero es que ya se sabe, la tablilla no es de fiar en eso del trapío y la presencia. Y el que destacaba un poco, comparándolo con los demás parecía un toro, pero tampoco nos volvamos locos. Oiga, que aunque que te regalen la entrada, tampoco hay que tragar con todo. Que no vamos a aplaudir mansos descastados que en el caballo no querían líos y salían huyendo, uno, el cuarto, hasta peleo, lo que animó al personal. Otros ni metiéndolo en el peto a la sillita la reina, que en lugar se ir el toro al caballo, iba el caballo al toro, borrando la primera raya, con lo que eso enfada al personal. Si es que les puedes mentar a la madre, al equipo de sus amores, al patrón o patrona de su pueblo, pero que ni les toquen las rayas de picar. De los de aúpa, uno quedó a un palmo de depilarle la penca del rabo, pero hay que quedarse con Carlos Pérez, que aguantó sujetándolo bien y en buen sitio al cuarto de la tarde en el primer encuentro. Pero a pesar de todo el ganado tenía su peligro, como sucedió en el último par del último toro cuando Raúl Ruiz no consiguió ganarle la cara al novillo y le pegó un cornalón que hizo estremecerse a toda la plaza. En un momento en que se les cayó al suelo en el callejón a los que le llevaban a la enfermería, dejó un enorme charco de sangre.

De los de a pie, pues depende a quién pregunten, si preguntan según a quién, igual les dice que fulano o mengano estuvieron colosales, sin importarles si habían matado de espeluznante metisaca en los blandos o si en mitad del fervor por enterrar todo el acero ni se enteraron de que la espada hacía guardia.

Daniel López está para poquitas fiestas, abúlico hasta la desesperación, sin recursos tan siquiera como para no echarse el novillo encima, ni para no quedarse colgado del pitón al usar la espada en su primero. En el cuarto no pareció enterarse de que el manso acudía a cierta distancia cuando le llamaban con los medios a la vista, que él estaba a lo suyo y no para ponerse a pensar en las condiciones del animal. Bajonazo y hasta la próxima. Álvaro Serrano parecía el más bullicioso, pero esto no quiere decir que toreara en algún momento. Un digno practicante del toreo moderno, pero nada de toreo de verdad. En su primero, que se iba a tablas una y otra vez, él quería soltar su repertorio, sin importarle los enganchones, ni a él, ni a los que tanto le jalearon hasta el ridículo, pero claro, imagínense si les hubieran regalado las entradas, que aún estarían más entregados... o quizá no. En el quinto no paraba quieto un momento y fiel al modernismo más populachero, acabó entre los cuernos, librándole del regalo de un despojo no el metisaca traicionero, sino los sucesivos pinchazos, media docenita, como seis soles. Y que los había que amenazaban con que a este señor le volveríamos a ver pronto. Eso es amenazar al personal, ¡oiga! Y acababa Joel Ramírez, con esa manía de ponerse de rodillas a nada que le soplara el viento. Con lo difícil que es de pie, como para ponerse a dar mantazos y trapazos de hinojos. Pero como esto provocaba cierto entusiasmo entre los presentes, pues venga para adelante. En su primero, un novillo que no quería perder de vista el refugio de las tablas, primero aprovechaba los viajes y después se limitó a ir detrás del burel a ver si cazaba algo.. Y tan ensimismado estaba con engatusar al respetable, que al tomar la muleta en el sexto, hubo que recordarle que tenía a uno de su cuadrilla en la enfermería con el muslo atravesado. Empezó de rodilla tirando trapazo tras trapazo, venga enganchones, venga carreras, arrimón vulgar y como broche de oro para olvidar, navajazo haciendo guardia. Que a los presentes les daba lo mismo. Que habría muchos que sería la primera vez en las Ventas, lo cual no es mala cosa; no lo es si la actitud es como la de una joven que se confesa neófita y en lugar de impartir cátedra, preguntaba y preguntaba porque quería saber. De estos, que me vengan muchos y muchas tardes, que de los otros ya andamos más que sobrados. Y quizá de estos era de los que la plaza estaba casi llena, llena de supuestos entusiastas, que no parecía real y es que, ni que hubieran regalado las entradas.


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lunes, 27 de abril de 2026

Encuentros con el toro

Almargen de otras circunstancias, la Casta Navarra parece que puede seguir 
 recuperándose
 


Ya ha pasado, esa fecha tan esperada que desde el momento de su anuncio ya movilizó las cabezas de tantos aficionados que se preguntaban unos a otros si irían a San Agustín... y fueron, no se lo podían perder; y los que se lo perdieron, no sin dolor de corazón. Que incluso sabiendo después si las cosas habían ido bien, no sentían envidia, sino satisfacción por el triunfo del toro. Que las cosas han salido como el toro lo haya querido, que ya saben eso de que el hombre propone, el Club 3 Puyazos, Dios dispone y llega el toro y todo lo descompone. Empezaba el fin de semana con una novillada de Guardiola e Isaías y Tulio Vázquez, que decepcionó. Bien presentada, pero su condición nadie la podía saber; mansos y no sobrados de fuerzas. Los actuantes, Joao D'Alva y Jesús de la Calzada, voluntariosos y queriendo cumplir un guión que creían que tenían que cumplir. Intentaban poner los toros al caballo, dando distancia y a esperar a que los animales se decidieran a ir. Unos iban al paso, otros se arrancaban en un encuentro con alegría, pero al notar el palo. Y ese empeño en las lejanías, a contraquerencia y a esperar, esperar y esperar a que el de negro se decidiera. Que eso es mostrar el toro dicen. Sí y no, porque si no va y está mirando de reojo las tablas, si se fija en el caballo cuando está a favor de su querencia, la de manso, igual habría que pensar en darles los terrenos que pide. O eso pienso yo. Pero este ha sido un factor común en los tres festejos.

Por la tarde una corrida pensada por alguien que sabía lo que se hacía y que quería que se vieran los comportamientos a priori opuestos de dos sangres diferentes, los Veragua de Prieto de la Cal y los navarricos de Reta de Casta Navarra. Unos torazos bien presentados, bajando un pelín el sexto de Reta. Para Sánchez Vara, Joselillo y Francisco Montero. Los de Prieto de la Cal mansearon en el caballo, o si quieren, no se comportaron como un toro bravo, les ponían de lejos, tardeaban un mundo y solo parecía opción el esperar, esperar y esperar, a ver si, para unas veces ir andando o con un ligero trotecillo, quedándose en el peto o tirando derrotes cuando ya no sentían el palo. Solo el quinto fue una cuarta vez, por indicación del ganadero, que era como si en un partido de la selección española estuvieran en la banda los entrenadores de todos los equipos de cada jugador. Que igual él lo ve como un alarde de celo, pero... Los de Reta empezaron dejando mal a su criador, o bien, porque esto ya no fue aquel no querer los caballos ni en pintura. El trabajo parece que va dando sus frutos y los animales no escaparon de los caballos, incluso alguno peleó en el peto. El primero, escarbando y todo, pegaba un arreón y hasta tuvo que salir el jinete a los medios a por él; eso sí, al notar la puya pegó un respingo doliéndose. El cuarto empezó derribando y como fue la tónica habitual, tardeó en acudir al peto. Y el que cerraba plaza se hartó a tirar derrotes a la guata, le pusieron de lejos, aunque mal colocado, solo para dejarse, pero el caballero, Gabin Rehabi, se hizo con él, esta vez sin alardes innecesarios, con cabeza y viendo las condiciones del animal y quizá hasta la mala colocación, moviendo el caballo para corregirla. Eso sí, la salida del ruedo fue muy a su estilo, pero si eso gusta y no afecta a la lidia, nada que decir. Los de a pie, pues Sánchez Vara, que parecía más querer estar ahí sin resultar cogido y si encima se le cruzaba por ambos pitones, para qué más. Joselillo con excesivas precauciones y pensando que los toros venían ya aprendidos de casa, dejando los engaños al aire y claro, si a uno de estos le dices a la primera donde está el trapo, después él querrá ir allí sin que nadie se lo mande y pasa lo que pasa. Francisco Montero no podía con su primero de Prieto, toreando más al aire que al toro, para acabar vulgarote, esperando las palmas de un sector del respetable más amante de la diversión que del toreo. En el de Reta, complicado, siempre buscando el refugio de las tablas, estuvo a merced del toro, pero aún así, pegado al olivo, tragó arreones, se empeñó en darle trapazos y más trapazos, pero quizá en su cabeza estaba que o eso o la nada. Y hubo una circunstancia bastante censurable. En el segundo se le rompió el palo al picador y este quiso seguir picando con la astilla. Vale que se tiene que defender, por supuesto, pero una cosa es eso y otra el destrozar a un toro. Quizá no le dio tiempo para voltear el palo, pero es que para esto también están las cuadrillas, que deben estar atentos a cualquier imprevisto y no quedarse mirando a ver si el de aúpa atraviesa al animal o recibe un soplo de decencia taurina.

Y la mañana del domingo, cayendo el sol a plomo, que así se nos pasó el punto de las coronillas despobladas, llegaba la que podía ser la más previsible, si cuando asoma el toro hay algo previsible, pero creo que ya me entienden; es lo que vemos con más frecuencia. Dolores Aguirre y José Escolar, para Damián Castaño, Juan de Castilla y Maxime Solera. Los tres primeros toros con presencia de plaza de tercera, destacando sobre el resto el cuarto y sexto, ambos de Escolar. El primero de Dolores, perdón por la familiaridad, metió los riñones bajo el peto. Entraba en zigzag, lo que dificultaba atinar con el palo. Hinco los pitones varias veces en la arena, con el quebranto que eso supone. Castaño empezó bien por abajo, para después diluirse en muletazos echándoselo fuera y el animal toreándose solo. Al de Escolar, que le recibieron haciéndole la carioca en el caballo mientras empujaba retorcido cuando era para fuera, bien cogido en la segunda vara sin pelear cuando era hacia adentro, y de nuevo solo cuando le tapaban la salida en la tercera vara después de pensarse el arrancarse, Castaño empezó el trasteo entre trallazos. Siguió con el pico y estirando demasiado el brazo, colada por el izquierdo, dejando mucho hueco el espada, muy fuera, cerrando de un infame bajonazo.

Juan de Castilla estuvo gris, algunos justificaban con que estaba herido, lo cual siempre es un hándicap, pero si no se está, quizá es que no se puede estar. El Escolar iba andandito al caballo, le pegaron cuchillada tras cuchillada y al final apenas se le pico. El espada con muchas precauciones y ventajas, pico descarado. A su segundo, el de Escolar, en la primera vara solo se dejó, pero el jinete debía haber pasado una mala noche, una bronca con el casero, unas lentejas sosas, que empezó a zurrarle como si no hubiera un mañana y siguió en los tres encuentros, tapándole la salida. Que no funcionaba eso del vale, vale, ni levantar la mano el espada. Pero el señalado era de Castilla, que es quién debería sacar al toro y mandar a su subalterno que midiera el castigo, que al fin y al cabo es el que le paga. Después el trasteo fue un cúmulo de protestas entre el abuso del pico y los enganchones con que nos deleitaba el espada.

Maxime Solera se encontró con su primero de Dolores Aguirre que empujaba sin meter la cara, fue al pasito al peto para marcharse, sin querer ir desde lejos, por mucho que se lo pensara. En el trasteo el animal iba, iba y volvía a ir, sin que el galo supiera por dónde echarle mano, pero eso sí, alargando la faena hasta la desesperación. Y cuando el toro parecía que iba mejor, decide cerrarlo en tablas y ahí se acabó. El sexto de Escolar ya parecía quedarse un tantito en el recibo y sin hacer caso a los intentos de Solera de sacar los brazos. Fue cuatro veces al caballo, pero sin emplearse nunca, andando, pensándoselo y sin parar de escarbar. Reservón en la muleta y el espada con precauciones. Se le revolvía, tiraba arreones, arrancadas sorprendiendo, quedándosele y siendo este el epílogo de una feria para los aficionados y por muchos años, aunque algunos le auguraban escaso futuro, pero bueno, quizá es que también los había que iban a ver a los toreros y los que iban a ver a los toros les parecían unos bichos raros deshumanizados. Pero esto solo sirve para que, después de hablar de toros, los recordemos y nos echemos unas risas. Estos son los que llevan el Gps que no les funciona a devolverlo a la frutería. Y un último detalle, el señor presidente de los festejos, a ver si para otra vez no se “jincha” a valerianas antes de los festejos y se le ve con un poquito más de diligencia en lo de sacar los pañuelos a tiempo.

Y ahora, yo que ustedes descansaría, iría a tomarme un vasito de agua, un café y después, ya relajados, volver, que queda la de Palha de Madrid. Un no parar. Y es que Madrid no para, de momento. Corrida de Palha, más un remiendo de Couto de Fornilhos, para Sánchez Vara, Francisco José Espada y Luis Gerpe. Presentación entre justita y rara, feos y el de Couto para montar un tendedero entre los pitones, un cornalón que daba susto. Y viniendo de San Agustín,lo que se nota el ruedo de Madrid, que aquí hay que parar y fijar a los toros, evitar que se peguen mil y un garbeo innecesario por el ruedo venteño. Que si siempre es importante lo de los terrenos, en Madrid toma unas dimensiones más que importantes, lo que hace que se pueda ver mejor las condiciones de toros y toreros. El primero de Sánchez Vara fue una capea, que si no te pongo, pero te abandono, mal colocado de lejos, a un toro que quería empujar con ambos pitones, pero al que le faltaban energías. El alcarreño puso banderillas o eso intentó. Mucho trapazo bien bailado, acelerado y solo dando aire al Palha, que seguía entrando a la muleta, hasta que ya harto entraba con la cara a media altura. Le tocó el cuarto, un jamelgo, que se fue suelto al que guardaba la puerta, empujando, para ya a contraquerencia en la segunda vara tirar derrotes al peto. Volvió Sánchez Vara a coger los palos, que si me protestan y los devuelvo, que no, que las pongo yo, y en que hora. Trapaceo vulgar, mano alta, sin asentarse, echándolo fuera y tras pinchar, media pescuecera. Y cuando el animal se marchaba a buscar el abrigo de las tablas, el personal le aplaudía. Cosas que pasan.

Francisco José Espada ya no podía de salida con su primero, dándose la vuelta y perdiéndole terreno. Se le escapó, este también, al de puerta y para que el toro no fallara, lo metió en el peto el propio peón que amparaba el caballo. En el segundo encuentro solo se durmió en la guata, para después irse a tablas. Telonazos a una mano, para seguir por trallazos con el pico, carreras, enganchones desde la lejanía, muleta retrasada y el animal que se quería ir ya aburrido. Al cornalón de Couto le recetó mantazos por alto en el recibo, se le marchó a los medios y allí que le dejó. Fue suelto al caballo, le cogió bien el jinete, la cara muy alta, mientras le tapaban la salida, para acabar yéndose suelto. Volvió suelto para la segunda vara, picotazo y en medio del desorden una tercera vara. Venga trapazos con la muleta, seguimos con los enganchones y sin poder con el animal, para acabar con ese encimismo que entusiasma en otros lares, pero que en Madrid tiene sus detractores... afortunadamente.

Al tercero, Luis Gerpe, le salió algo más parecido a un caprino, que a un bovino, recibo rectificando siempre. Sin picar, para en un tercer encuentro ir el caballo al toro y no al revés. Empezó la faena de muleta con más banderazos, quitándoselo de encima cuando se le venía, arreones por dentro, venciéndosele por el izquierdo, a merced del animal y sin saber por dónde tirar. El sexto se le revolvía, le atosigaba sin dejar pensar al torero. Fijo en el peto, solo dejándose, hasta que le quitaban el palo, esa bonita costumbre tan en boga para esos del “levanta el palo”, momento en que el Palha se lió a tirarle derrotes al peto. En el trasteo ya le avisó por el pitón izquierdo, sin llevarlo y así pasó, que acabó echándole mano. Que quizá habría que reflexionar sobre si hay que aplaudir siempre a todo o no, evitando así ciertas confianzas y venidas arriba sin tener demasiados recursos, que pueden acabar en la enfermería, un lugar al que no hay que ir ni a por tiritas. Lo avió, no sin dificultades, Sánchez Vara. Y así terminaba un fin de semana de toros, toros mejores o peores, pero toros al fin y al cabo, aunque los Palha no estuvieran a la altura de lo esperado. Se acabó 3 Puyazos por este año, pero seguro que bastará el anuncio de la fecha del 2027, para que tanta gente se ponga a querer cuadrar calendarios. Y Madrid, pues de momento ahí sigue, solo hasta que la empresa, el Centro de Asuntos Taurinos y la Comunidad quieran. Pero de momento, seguiremos pensando en estos encuentros con el toro.


PD.: Disculpen tantas letras juntas, y la demora, pero entiendan que cuatro festejos pueden dar para mucho.


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lunes, 20 de abril de 2026

Y que esto no desgrave en Hacienda

 

Quizá no sea cuestión de volver a los caballos sin peto, pero una vuelta a los fundamentos de todo esto no vendría nada mal.


La vida de un ciudadano está repleta de reivindicaciones no atendidas, que si unos quieren meter los gastos de las vacaciones, que si las clases de hípica de los niños, el gasto de comprar un piano y nada de eso puede ser desgravable para el común de los mortales. Pero claro, ¿por qué no se puede declarar que se ha pasado una tarde infame en la plaza de Madrid? Ya no tanto por el precio de la entrada, si no por el rato que los asistentes han pasado sobre la piedra venteña. Que llevamos ya dos tardes en las que no se emocionan ni los paisanos y amigos de los actuantes; que habrá quien piense que seguro que la abuela de cada uno de ellos se emocionaría al ver a su nieto de luces y delante de un novillo en la plaza de Madrid. Pues no se me confíen, que lo mismo al salir de la plaza las abuelas juran no volver a hacerles un bizcocho para merendar hasta que no aprendieran a torear. Que sería de justicia una casilla en la declaración, ahora que estamos en plazo, en la que se marcara si es habitual de la temporada de Madrid; eso sí, presentando los oportunos justificantes, una foto dando una cabezadita, un cuaderno de crucigramas completados, un resumen de las obras completas de Thomas Mann y el padre Coloma, será por justificantes.

Novillos bien presentados de Antonio palla, aunque para algunas almas generosas, excesivas para ser novillos; aunque hasta la bondad tiene su contrapunto y los hay, con malas entrañas, que afirman que es lo justo para traer a la plaza de Madrid. Y quizá ahí debería haber quedado todo, los animales con su cuajo y punto. Porque si seguimos hablando del encierro, soso, descastado, manso pero sin ganas, que ya es penoso. Que ni ganas de mansear parecían tener. Quizá era porque eran fieles a esa “neotauromaquia”, que después de no decir nada bueno en los dos primeros tercios, en el último, si hay un señor que no les moleste y que les abanique mucho, van y vienen como un burro en una noria. No se les ha picado apenas, que si un pica decidía emplearse, inmediatamente tenía que frenar el brazo. En el mejor de los casos se quedaban en el peto, que era, viendo la condición de los bueyes. El quinto hasta se arrancaba con cierta prontitud, y hasta aparentando ganas, al peto, pero era notar el palo y en lo que tardaba en darse cuenta de que aquello hacía pupa, salía escapando del caballo y de aquel señor del palo largo.

Y usted se preguntarán que en qué estaban los tres espadas en estos primeros tercios, pero no se hagan preguntas difíciles a si mismos. Si bien es verdad que El Mella hasta quiso llevar el cuarto al caballo con un galleo, es mejor que pasemos por alto el capote de los tres novilleros. Y ya metidos en faena con el ya nombrado Mella, más Cid de María y Tomás Bastos, pues solo se puede decir que han estado en la misma línea de los de Antonio Palla. Pongan el nombre que quieran a eso de dar trapazos y más trapazos, hacer las faenas eternas por su larga duración y por lo tediosas que resultan. Pases y más pases, con el pico, desde muy fuera, con demasiado enganchón, abusando de las distancias cortas y cambiando de mano sin ningún criterio. Que a saber quién le ha dicho a el Mella que eso de ponerse de hinojos es toreo, como el que le haya chivado a Cid de maría que a su primero había que ahogarle la embestida, sin aprovechar los quizá pocos viajes que ofrecía yendo dándole algo de distancia. Y Tomás Bastos, cuya única ocurrencia ha sido irse a portagayola con ese valor que se diluye en el momento en que hay que ponerse derecho y cargar la suerte llevando al novillo. Pero que nadie piense que esto es exclusivo del luso, ni mucho menos, porque quitando eso de si se fue a la puerta de toriles, si se puso o no de rodillas, el resto son una copia emborronada del otro. Que tanto estiraban el brazo que conseguían que el animal se les metiera entre el bulto y el trapo. Que claro, uno escucha las maravillas siderales de otras plazas y otras ferias y entenderán que se coma las uñas intentando calmar la envidia, pero claro y todo tiene un pero, si lo medio ve en los vídeos laudatorios que circulan por ahí, de que esto es lo nunca visto, que si esto era de Pepe Hillo, ¡cómoooo? Que si lo otro de Manolete, de Pepe Luis, de Joselito el Gallo, de Chicuelo, de... Cómo no van querer estos proyectos de matadores ser émulos de tales acontecimientos. Eso sí, lo menos que se podrían plantear los que rigen nuestros destinos es que a los que van a la plaza en tardes como esta, hay que hacerles una gracia, porque, y que esto no desgrave en Hacienda


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lunes, 13 de abril de 2026

Pañuelos como sábanas para premiar la nada del autobús

Será que los niños ya no juegan al toro y por eso no tienen ese desparpajo y frescura del que tiene algo dentro que mostrar, más allá de eso de querer ser figura.


Y que se quedó aquel aficionado pensando y pensando, ¿y si me apuntara a eso de pedir despojos? Con lo feliz que parece hacer al personal este agitar de pañuelos. Nada que ver con echarse una novia o novio, nada que ver con que te toque un bingo, una muñeca Chochona en la tómbola o que el camarero invite a una ronda después de quince antes, nada es comparable a pedir premios para el paisano, amigo o lo que sea, para el motor que impulsa a la gente a subirse en un autobús para ir a los toros a Madrid. Que por si esto fuera poco, con la entrada te dan una sabana/ pañuelo que lo mismo te sirve para sonarte la nariz, que para embozarte y atracar un banco, que para pedir despojos. Que me dirán que la dominical de Madrid no daba para tanto o que incluso no daba para nada, pero... ¿Es que estamos locos? ¿Qué vamos a perder la ocasión del jolgorio más juerguista? ¡Venga ya! Que solo se vive una vez y lo mismo a las Ventas no se va ni una vez en la vida y menos a ver al ídolo del pueblo, el barrio o el bloque. Sí hombre, que ahora vamos a hacer como esos que ven que el torero traviesa las tripas a un novillo y se ponen de uñas. Atino en lo negro, ¿no? Pues ya está, ¿pa qué más?

Novillos, a veces demasiado novillos, de Sánchez Herrero y dos, cuarto y sexto, de López Gibaja; que frecuentemente, en tono despectivo los aficionados utilizan esa expresión de, ¡vaya moruchada! ¡Ojalá hubiera llegado al rango de moruchada. Mansos descastados, de una flojedad desesperante, que no es que se cayeran, es que se desmoronaban rodando por la arena. Que siguiendo la costumbre, porque esto de los toros es muy de tradiciones, pues no se han hecho ni intentos de llevar una lidia medio ordenada por parte de los titulares de las cuadrillas. Que lo mismo te tiraban al animal contra la nada, allá dónde el quisiera ir, que te lo abandonaban con esa ya demasiado habitual suerte de la gasolinera, que lo dejan a su suerte y desaparecen. Los de a caballo, pues con las miras en la Luna, que si puyazos traseros, que si caídos, aparte de tapar las salidas y hacer la carioca. Pero miren lo majos que eran los autobuseros y demás moradores de las Ventas, que en el sexto, después de un picotazo en buen sitio, aplauden a rabiar, olvidando que ese mismo caballero había clavado en el primer encuentro en mitad del lomo. Cosas de la “tauromaquia” de estos tiempos de juventud y jolgorio. Pero oiga, mucha juventud, pero que anteriormente se enfadaron y cómo, porque uno de estos “partelomos”, en lugar de dar marcha atrás para irse por la puerta de Madrid, el muy osado decidió circular como manda el reglamento y avanzar hasta la puerta del seis, hurtándoles el placer de vociferarle bien cerquita. Si aunque vaya por fuera, también se le puede mentar al que masacra un toro. Pero no se crean que los seis fueron un desastre culmen, no, que los de López Gibaja solo se quedaron en desastre; eso sí, al cuarto, como salió brioso, un ejemplar escuchimizado, le aplaudieron con delirio, porque salió con brío. Que tal y como estamos, algunos necesitamos, y con urgencia, un manual que no explique esto de la Tauromaquia AI o Tauromaquia 5G o Teletauromaquia, porque todo es a mucha distancia y porque parece ser que es lo que van marcando los microfoneros de las teles. Que como saquen el dichoso manual, ya les digo yo que se agotaría... o no. Y que sea con letras gordas, por favor, que la presbicia...

Que dirán ustedes que a este cristiano se le olvidan los de luces; ya me gustaría, ya. Jesús Romero, uno de esos jóvenes valores de la Teletauromaquia, que sigue la lidia de sus novillos a una distancia más que considerable. Y nada más que destacar. Bueno, sí, que no le contaron lo que es esta plaza, que los saludos muleteros de rodillas a modo “El Bombero torero”, pues que no es que se valoren demasiado. Que luego el resto son trapazos y trapazos y más trapazos, enganchones, pierna atrás, que no entusiasmaban ni a los familiares. Que le importaba nada que el novillo se le viniera al suelo con mirarle muy fijo, como el cuarto, que él había venido a gastar su bono trapazo y no se lo iba a llevar a medio gastar. Eso sí, tras una estocada haciendo guardia, los hubo que sacaron el moquero, no se sabe si para pedir despojos o para esparcir miasmas a esos malajes aburridos habituales de la plaza de la calle de Alcalá.

El segundo era Mariscal Ruiz, un portento de desgarbada sosería, otra máquina de dar trapazos cual giraldillo. Entró en quites a los compañeros, pero por favor ruego que no pidan describirlos, guardemos un respetuoso y acusador silencio. Que como sus compañeros, delante de un cadáver con patas, aún se veía superado. Que ellos vienen a dar pases, no a torear. Voluntarioso,, que hasta se atrevió a tomar los palos en su primero, lo que le califica como un buen aspirante a tomar la plata. Y será porque Sevilla pillaba lejos, que no hubo paisanos que sacudieran pañuelos en su honor. Y cerraba pedro Andrés, que curiosamente hubo momentos en los que parecía tener buenas intenciones, pero del querer al poder hay un mundo y en ese trayecto pueden evidenciarse todas las carencias imaginables y sin imaginar. Que antes de empezar su trasteo al último de la tarde hasta se podía pensar en que no molestaría verle otra tarde, pero... Será por las ganas que le insuflaron sus amistades, que decidió tirar de repertorio talanquerero y ahí se rompió todo. Vulgar, pesado, enganchones trapaceros, muy fuera, encimista, pero que al concluir su tarea, ese cogollito de los allegados empezó a sacudir las sábanas como si no hubiera un mañana. Que nadie más en la plaza sintió la necesidad de airear vergüenzas. Pero ellos dale que dale, que igual debían pensar que si llegaban a las 250 sacudidas les convalidaban las que no practicaban el resto del tendido. Eso sí, cosas de la modernidad, no le animaron ni para que saliera a saludar. Que no me hagan preguntas difíciles, cuando salga el dichoso manual para entender esto, van y lo consultan. Pero nada, ellos tan felices con sus pañuelos como sábanas para premiar la nada del autobús.


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