martes, 15 de enero de 2019

Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fíiiigaro


Tanta evolución resulta insoportable

Ya han pasado las fiestas, pero da lo mismo, siempre habrá ocasión de arreglarse y de ir presentable y para eso hay que empezar por el barbero y si no, pregunten a los maestros Ponce y Juli y les darán las pautas a seguir. Que ellos, como figurones de tronío, seguro que tienen que pensar muy a menudo en eso de ir arreglados, lo mismo ellos, que sus acompañantes. Ya no hace mucho, saltó la noticia de que le habían arreglado unos toros de una corrida, pero la historia no cesa y se vuelven a escuchar ruidos de navajas, en este caso para Huesca, seis toros, seis arreglos. ¿Qué desean los señores? ¿Lavar y marcar o solo cortar y embetunar? Solo cortar, sin medida, y embetunar, como si fuera para rejones. Y esto sale con las fotos de una corrida en Manizales en la que se anunciaba el señor Ponce. De verdad, no te dejan ni respirar, se nos acumulan los escándalos, no hemos hecho la digestión de una vergüenza y ya nos estamos avergonzando por otro lado.

Seguro, segurísimo, que el señor Ponce no sabía nada, no tenía ni idea y el Juli, pues tres cuartos de lo mismo. Si es que, ¿para qué quieren enemigos, teniendo los amigos que tienen? Que es lo mismo que podría decir la fiesta de los toros, ¿para que queremos antitaurinos, teniendo los taurinos que tenemos? Que luego estos son de los que se llenan la boca con que los aficionados piden imposibles, con que así no se puede hacer arte, con que hay que estar unidos. Que viendo lo que vemos, parece ser que el señor Ponce pone todo de su parte para poder “expresarse”. Y don Julián no duda en ponerse a su altura, para poder mostrar todo su magisterio y poder.

Que quizá esta sea la manera en que estos dos maestros insignes desplieguen todo su magisterio infinito de la tauromaquia moderna, aquella Tauromaquia 2.0 que ya se va quedando obsoleta, pero si es así, avisen para quitarnos de la foto, porque que a uno le identifiquen como aficionado de eso, cuando menos, sonroja. Que difícil resulta convencer a nadie no cercano al toreo de que eso nada tiene que ver con los toros. Que serán casualidades, pero que con tanta frecuencia aparezcan firmando la infamia Ponce, Juli y el Vellosino hacen que uno no pueda pensar en que son cosas del azar, en que estos señores nada sepan de que una tarde sí y otra también, el ganado que va a salir por toriles sale intencionada y artificialmente mermado en su condición física y muy especialmente en lo tocante a la integridad de sus defensas. Que el descrédito, la vergüenza de esta merma de la integridad del toro coincide plenamente con el daño que se produce a la integridad, al buen nombre de la fiesta. Y así, poco a poco, con estas actitudes delictivas se va negando cualquier posible futuro a esto que unos llaman rito, otros fiesta, los más modernos “tauromaquia” y los más desencantados, pantomima, vergüenza.

Señores taurinos, maestros magistrales Ponce y Juli, junto con su cómplice del Vellosino y todos los Vellosinos que campan por la fiesta, por favor, dejen ya de evolucionar, que cada paso que avanzan en esto que ustedes llaman evolución, es un paso más hacia el abismo. Su evolución no es más que un ahondar en la búsqueda de su comodidad, sin importarles otra cosa que el negocio, su negocio. Que si tanto confort necesitan, puede ser que hayan equivocado el camino, que ustedes no nacieron para ser matadores de toros, sino para ser provadores de colchones o sofás cama en el IKEA. Eso sí que es comodidad y sin riesgo. Eso sí, está peor pagado. Allí no les hará falta que ningún mandado sin escrúpulos siegue la integridad y la honra del toro. Que donde ustedes leen arreglar, otros ven insidia, mentira, trampa, fraude, vergüenza. Que lástima que aparte de al ganadero, no les sancionen a ustedes con una temporadita sin poder torear en España, que lástima que los aficionados sean cuatro y que no se puedan hacer oír en las plazas para que todo el mundo les llame lo que son, aparte de los verdaderos verdugos de la fiesta de los toros. Pero claro, ese público entusiasta se pasa el tiempo queriendo amordazar a los que les intentan abrir los ojos, en lugar de abrirlos y ver en qué consiste el magisterio de estos dos fenómenos que emborronan la historia del toreo, la tradición, una tarde sí y siete también. Si al menos en lugar del Gato Montes se les recibiera por esas plazas de Dios jaleándoles a coro el Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fígaro.

A Jorge Guevara, QEPD

Enlace programa Tendido de Sol del 13 de enero de 2019:

lunes, 7 de enero de 2019

Por la unidad, sin complejos


Al final, siempre es el toro el que tiene que poner orden y si este no aparece...

Malos tiempos para el toreo, malos tiempos para declararse aficionado a los toros. Vivimos momentos en los que hay que estar dispuestos a apretar los dientes y quizá de manera especial, son los propios taurinos los que podrían dar un paso adelante para que los demás nos pongamos a su lado buscando el bien de la fiesta de los toros. Los ataques vienen de todas partes, unos de forma activa por parte de aquellos dispuestos a poner en práctica cualquier medida, con el único fin de acabar con este rito: los toros. Otros se limitan a navegar entre dos aguas, ni dicen que sí, ni dicen que no, pero, ¡ojo! No se confíen, que tienen tanto peligro o más que los otros, precisamente por eso, porque parecen almas cándidas, inofensivas, incapaces de nada, pero no los perdamos de vista. Que igual que dejan hacer para no crearse enemigos, pueden pasar a la acción creyendo que así ganan amigos.

Es el momento de que se imponga la unidad, pero no se confundan, no hablo de que un señor o varios decidan por los demás, enarbolen la bandera del taurinismo y todos detrás como perfectos papanatas. No, hombre no. Que eso del mesías salvador que se erige en líder supremo y que luego veja la fiesta de los toros en cuanto se pone el chispeante, eso ya no cuela. Que ya saben, una cosa es predicar y otra dar trigo. La unidad debe llegar por otras vías. Quizá el primer paso y el más importante de todos sea la que el aficionado lleva esperando desde hace tiempo, el que dejen de existir dos fiestas diferentes, la de las figuras con el medio o cuarto de toro y la de los gladiadores que se enfrentan a lo que los anteriores no quieren ni en pintura. Dos mundos generalmente admitidos por todo el mundo, porque, ¿cómo exigir a los que dicen artistas, ponerse con el toro? Y por otro lado, ¿cómo permitir que los que simplemente tragan con lo duro desperdicien al medio o cuarto de toro creado para expresar el arte sublime del trapazo vacío, superficial y tramposo, pero jaleado con entusiasmo?

Pero aunque parezca mentira, aunque ustedes no lo crean, para los suyos, para los de su mundo, según en el que cada aficionado se sienta más cómodo, apenas se percibe el más mínimo asomo de sentido crítico. En el mundo de la comercialización extrema todo vale, el maestro es omnipotente y hasta omnipresente, ya puede subirse a hacer cabriolas sobre el animalito, que se aplaude y si alguien protesta, te salen con lo de la tauromaquia de cada uno es cómo es. Se permiten los pimientos morrones como pitones, el destoreo como arte sublime, excelso y origen de éxtasis colectivos. Porque ya saben, al arte no se le pueden poner limitaciones. Pero, ¿es que esa cosa tiene algo de arte? Pues si tiene usted bemoles, vaya y se lo dice a la cara, que del susto igual a la dama o caballero en cuestión se le vuelca el paquetón de pipas o se les derrama el yintonis.

Y si nos vamos a la otra cara de la moneda, al otro mundo que compone esta fiesta actual, la crítica suele brillar por su ausencia. A un encierro nefasto, manso y complicado al exceso se le erige un monolito en dos minutos, porque como ellos dicen, no se han aburrido. Que yo no digo que no, pero lo malo es malo y lo bueno, en cuanto al toro, es trapío, casta y bravura y no hay que hacer concesiones, si lo que pretendemos es el bien de la fiesta de los toros. Que ya les digo, que no me falten estas corridas, pero para todos los días y como utopía, uno prefiere otras cosas. Pero no acaba aquí la cosa, ahora viene lo de los de luces;  esos matadores que se la juegan como jabatos delante del toro de verdad, claro que sí, pero a los que no debe dejar de exigírseles, faltaría más. ¿Y cuál es esa exigencia? Pues muy fácil, que pongan en práctica saber y recursos taurinos para poder a ese tipo de toro y si luego asoma el arte, miel sobre hojuelas, el nirvana, el balhala, la gloria bendita. Pero por estar a merced de un animal, por limitarse a sortear los empellones sin tan siquiera oponer un mínimo de torería, por eso no podemos subir a nadie a los altares. Que es de mérito el estar ahí, por supuesto, pero el toreo es mucho más, muchísimo más, por eso esto es tan complicado.

Pero esta condescendencia con los propios se traduce en desprecio por los del bando contrario. Y aquí es dónde creo que debería instaurarse esa unidad. Que esto no es nuevo, que es tan sencillo como que todos alternen con todos, que todos se anuncien con todos los hierros y que la ganadería y torero que no aguanten el tirón, a su casa. Así de fácil y quizá así de poco probable, tal y como están las cosas en la actualidad. Que no les da la gana, pero si esto volviera a unos cauces más sensatos, igual volvía el interés, la emoción y el toreo a las plazas y hasta podría ser que los que ahora atacan con tanta saña y facilidad a la fiesta de los toros o los que se mantienen en esa postura del ni blanco, ni negro, empezaran a ver los toros de otra manera y, ¿quién sabe? Hasta harían cola para sacarse un abono. Pues si así fueran las cosas, creo que muchos seríamos los que abogaríamos decididamente por la unidad, sin complejos.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Todo felicidad y alegría


Papa Noel siempre tuvo alma de torero

Un año más nos atropellan las Navidades, un año más nos paramos a pensar en lo pasado en los últimos doce meses, en muchos de los que ya no están, en los que siguen acompañándonos y en los que se han incorporado a nuestra vida. No me dirán que no está mal, una vez al año nos detenemos a pensar; buena media, ¿verdad? Que a veces mucho parece, que pensando, pensando, lo mismo nos damos cuenta de la realidad de cada uno y esa…, esa no siempre parece una amiga, más bien parece una mala cuñada, una de esas que te quiere hacer la cusqui por gusto. Y si la realidad cotidiana parece una cuñada, la taurina, según el parecer de muchos, es una suegra, ¿qué digo? La madrastra de Blancanieves.

El beso del Príncipe Azul nos lo dio el toreo de Diego Urdiales, a punto de que el cierre de temporada nos pillara los pies. Que dulce, que tierno, que embriagador es el toreo cuando se hace presente. Que no es mala forma de entregarnos al invierno taurino y ayudarnos a aguantar hasta las primeras ferias de febrero, marzo y las Ventas de nuevo, en un año que no sabremos si será de remodelación y obras en la plaza de Madrid o de traspaso del negocio o de demolición por cierre de actividad. Ya se verá, pero por si acaso, si ven al señor Casas, don Simón, con una piqueta cerca, corran e incítenle a visitar un tascucio con posibilidades. Que debe estar liado, que todavía no parece que hayan ni tan siquiera ido a Leroy Merlin a comprar los materiales de la reforma. Que prisa no hay, porque en último caso, la feria se da como sea y luego en veranito, cerramos el chiringuito y que Manolo y Benito desplieguen todo su saber con el gotelé.

Pero dejemos por un día todo ese embrollo de lado, solo por un día, que también nos hemos ganado el disfrute de sentirnos al lado de los que durante todo el año han estado ahí, de los que con su presencia han hecho que otros sigamos en el camino de intentar aportar algo a esto de los toros. Unas veces de acuerdo, otras en desacuerdo, pero siempre pensando, cada uno desde su punto de vista, con el toro presidiendo. En este año que se nos acaba y en años anteriores, porque esto no es cosa solo de doce meses, de fondo estaba la defensa del toreo, si acaso intentar su enriquecimiento, más allá de pasiones toreristas, de si se merecían orejas o no, de si había casta o no, de todo lo que encierra el toro, ha sido continuar el camino que hace mucho tiempo iniciaron otros, los mismos que un día nos incorporaron a su ruta, que nos llevaron de la mano para conocer la fiesta, para intentar entenderla y hasta poder saber de ella. Que desde fuera lo verán como una afición, quizá solo como un entretenimiento sin más, pero que desde dentro sabemos que esto es mucho más. La fiesta de los toros es un nexo de unión entre los aficionados presentes, es lo que nos une a los pasados, a nuestros mayores, a nuestras raíces, a nuestro ser y al porque de esta forma de ser y entender los toros. A todos y por todo, muchas gracias, un año más, que el que viene vaya usted a saber por dónde andaremos, muy felices fiestas y un muy feliz año nuevo y ya puestos, que los Reyes Magos nos traigan toneladas de casta, bravura y tíos que pongan sobre la mesa valor, saber y torería y entonces, no les quepa duda, será todo felicidad y alegría. 


lunes, 17 de diciembre de 2018

Spanish, los sin identidad


Vista de torero a quién quiera, pero no a un conejo en un parque temático

Que ahora resulta que en esta tierra nuestra, nos ofende ver a Bugs Bunny, al que los más talluditos llamábamos el Conejo de la Suerte, vestido de torero. Que ese loby entusiasta de la modernidad, de las buenas maneras, de amor y paz, de integración absoluta con la naturaleza urbanizada y de mirar al mundo desde una bicicleta, ha decidido que no se puede mostrar a un muñeco vestido de luces… en España; o quizá debería decir Spain, por aquello de ser modernos y de no ofender al resto del mundo que no tiene, ni entiende la “ñ”. Lo que sea en esa carrera alocada y frenética para acoger lo que no era nuestro, que tampoco está mal eso de acoger, pero desplazando elementos que han constituido nuestra identidad desde hace siglos y lo que es peor, o mejor, que han sido aspectos que aparte de identificarnos en todo el mundo, han sido factores por los que se ha admirado a esta parte del mundo. Y perdonen por no decir España, pero es que no quiero ofender a las pieles finas y sensibles, no vaya a ser que pidan eliminar también las palabras.

Que lo del Jalogüin está muy bien, que lo del Año Nuevo chino, también, por supuesto, que lo de internanrnos en las celebraciones del Ramadán me parece una experiencia más que estimulante, que lo del Blas frinley es una ideota fenomenal. Que en otra cosa no, pero en eso de acoger, de hacer nuestras costumbres ajenas, no hay quién nos gane. Que nos ponemos a contar y esa identidad propia también se ha forjado con importaciones de fuera, que si empezamos a contar en Madrid, lo que se considera puramente gato, nada tuvo que ver en origen con el oso y el madroño: el chotis, el cocido, el chocolate con churros o, ¡cuidadito! El bocadillo de calamares. Y si seguimos, ni la paella, ni la tortilla de patatas, ni el gazpacho, pudieron haber nacido sin las aportaciones foráneas. Pero no creo que nada de todo esto desplazara, y mucho menos por decreto o capricho, a lo que aquí había.

A veces parece que existe cierto complejo de ser español, quizá porque antes otros permitieron que de esta idea se apropiara otra gente. Pero, ¡hombre! Un poquito de por favor, no podemos renunciar a jugar a la pelota, porque un niño decida que la pelota es Sutra y que solo juegan los que él quiera. Pero parece que estamos en un punto que o vas con las castañuelas por la calle y la bata de cola o con una gorra del revés y una camiseta de los Warriors, los Bulls, los Cavs o el Manchester United. Eso sí, ¿se los imaginan con una de los Bullfight de Tejas? Estaría curioso.

Pero este abandono de ciertos elementos identitarios de aquí no es solo una ventolera de cuatro “alumbrados”, ni mucho menos. Esto no sé si es impulsado o apoyado por los poderes públicos, bueno, creo que sí lo sé, pero hoy me he levantado buenista, pero lo que sí está claro es que a pesar de ese llenarse la boca con la cultura, la cultura, la cultura, desprecian la cultura, desprecian lo propio. Y aquí, y que no se me moleste nadie, no hay partido del espectro político que se salve. Que sí, que unos harán declaraciones pro toros, en favor de la fiesta de forma incondicional, pero ¡Aaaaayyy! Obras son amores y no buenas razones. Otros se declararán… la verdad, es que no sé qué se declararán, pues en esa estrategia del avestruz, de no querer molestar a nadie, de querer agradar a todos, quizá no se declaren antitaurinos, pero tampoco se sonrojan con eso de “a mi los animales me gustan vivos” y luego van a no sé que cumbre del clima.

Que vuelvo a lo de antes, adoptemos costumbres, pero no desterremos tradiciones, entre otras cosas, por salud mental, quizá para que en cualquier momento podamos saber quienes somos. Que lo de los toros ya sabemos que no gusta a todo el mundo; lógico, pues es algo que no está al alcance de la sensibilidad de cualquiera, pero al menos, que nos dejen un ratito en paz, que permitan que esta minoría siga luchando por una fiesta de los toros íntegra, ajena al fraude, a la trampa y fundamentada sobre el pilar del toro, para que este vuelva a ser el eje de todo esto. Que yo sé que a muchos les costará, por aquello del qué dirán, pero de verdad, aparten los complejos y decídanse en querer saber y luego, si no les gusta, si les parece una barbaridad, aboguen por la abolición, claro que sí. Les parecerá que me he vuelto loco, que tiro piedras contra mi tejado, pero no, es simplemente que estoy completamente seguro que si ustedes se acercan a conocer esto un poco, acabarán entendiendo lo que es y lo que supone. Dejen de lado su urbanofilia por unos instantes e intenten volver a sus orígenes, al de sus padres, sus abuelos, a aquella forma de vivir la naturaleza, de entender lo que era este lugar en el que vivimos, de conocer desde el sentido de nuestra forma de expresarnos, hasta las consecuencias de ese expresarnos. Y después, sigamos adoptando, pero no a costa de borrar y eliminar, ni retirando Conejos de la Suerte toreros, ni renunciando a coger el toro por los cuernos, no vaya a ser que al final se nos conozca por los Spanish, los sin identidad.

Enlace programa Tendido de Sol del 16 de diciembre de 2018:

lunes, 10 de diciembre de 2018

Ciudadanos ejemplares


Pocos son los que pueden haber presumido de ejemplaridad, dentro o fuera del ruedo

Vaya cómo está el patio, que uno no da abasto, que te sueltan un sopapo por la derecha y cuando no has reaccionado, te enderezan con otro por la izquierda, y que nadie vea en esto sesgos políticos, aunque no sería nada complicado verlos. Que si ya es complicado lo de ser ciudadano, sin más, el serlo ejemplar ya queda solo para los elegidos. Que lo de ser ciudadano más bien parece que es serlo, sin más, opinando, ejerciendo los derechos que vienen con el cargo. Pero lo de ejemplar ya es otro cantar, porque para ello hay que contentar a los demás, a todos los demás y eso más bien parece más un imposible, que una lejana utopía.

Complicado tiene hoy en día el ser ciudadano ejemplar un aficionado a los toros, porque ya de salida te echan encima una serie de consideraciones que es difícil quitarse de las espaldas. Eso sí, a los otros aficionados a esto del toro aún les puede caber esa ejemplaridad en sus esquemas, basta con seguir unas pautas muy simples: callar y tragar. A partir de ahí, dispóngase a recoger elogios allá por dónde vaya. El ciudadano ejemplar para muchos de estos taurinos es el que no es capaz de levantar la voz ni para toser, el que todo lo ve bonito, el que sigue a la mayoría y ni tan siquiera amaga con poseer un criterio propio que pueda contradecir a esa masa y los mandatos de los que manejan esa masa. La crítica es mala, no se ve jamás como un aliciente para progresar, quizá, porque pretenden un inmovilismo imposible y solo se admiten los cambios, la evolución que llaman ellos, según dictan los que mandan.

Pero no se crean que esto de la opinión unánime y monolítica solo va en un sentido, ni mucho menos. Esto también se da en el bando opuesto, en el que se posiciona antisistema y exige que se ensalcen sus propios ídolos, en virtud a un casi único mandato, el no estar dentro de ese poder. Pero al final, también pretenden conducir las opiniones y se sienten incómodos con las críticas a su modelo de ver esto de los toros. Parece como si los blancos y los negros acabaran uniéndose en un mismo camino, pero queriendo que su color predomine sobre el otro. Y esto, ambos lo aplican lo mismo en el toreo, que en la vida. Los modelos están muy marcados, los marcan ellos y deciden que nadie puede apartarse de esa línea, so pena de destierro en la isla del Hierro.

Luego está otra opción de ciudadano ejemplar. Tomemos esa intolerancia a la crítica, esa negación a otra escala de valores o a otra concepción de la vida. Curiosamente, un elemento común a todos es el enarbolar la bandera de la libertad, que no tiene porque referirse a la libertad del prójimo y salvo excepciones, solo tiene en cuenta la libertad propia. Bueno sí y la tuya, siempre y cuando te sometas a la mía, así de sencillo. Eso sí, en este caso, dispóngase a poner cara de bueno, esa cara que se les queda a los que están en plena armonía con la naturaleza, el mundo, el universo, siempre que todo esto tenga cobertura de móvil, güifi o admita que se pueda ir en bici. Si opta por esta idea del mundo, su ideal debe aspirar a que el planeta vuelta a su estado natural antes del cuaternario, sin seres humanos, sin coches, sin prisas, sin dinero, sin propiedades, pero con bicis. Estos se declaran fervientes amantes de los animales, piden que estos vuelvan a la naturaleza y para ello están dispuestos a sacar a sus mascotas al campo todos los fines de semana, si no llueve, claro y si en ese campo se puede ir en bici, por supuesto. No se les ocurra decir que es aficionado a los toros, porque entonces son capaces de mandarte a las mazmorras del castillo de If, de tenerte cinco décadas a pan y agua, incomunicado y sacarte solo para enfilar el camino de la guillotina. Y lo peor es que te llevarían andando, ni bici, ni leches.

Quizá caiga usted en la tentación apartarles de ese estado de ciudadanía ejemplarizante e intente explicarles que cosas como los toros y la caza no son malos para la naturaleza ¡Vade retroooo! Ni lo intenten. Que ya, hasta lo dice la señora ministra, que se supone que algo de formación tiene y más si ostenta la cartera de: Transición Ecológica. Que si es para que nos alumbremos y calentemos con placas solares, bienvenida sea, abrimos los brazos para acogerla entre nosotros. Pero claro, con estas ideas, lo del Medio Ambiente ya empieza a cojear. Evidentemente, entre tanto cargo aquí o en París, no se ha detenido ni dos segundos en intentar entender lo de la caza. Que puede ser que no le guste, porque hay quien no puede con un animal sacrificado, eso es más que comprensible, pero no por ello hay que quitárselo de en medio. Pero cuidado, que aún hay más, que para eso de apoyar con estas ideas de bonachón en bici, nos salen más ciudadanos ejemplares con eso de que hay que eliminar del castellano expresiones como matar dos pájaros de un tiro o coger el toro por los cuernos. ¡Silencio por favor! Mantengamos la calma y no nos riamos de ocurrencias ajenas. ¿Ya? Bien. Concluyendo: vemos que no se puede ser ciudadano ejemplar siendo un ejemplo para todo el mundo, que unos u otros no le votarán; elija si quiere ser un aficionado a los toros silente, amable y sin opinión manifiesta, ni mucho menos contraria a lo que mandan las buenas maneras de toda la vida de Dios, o también puede optar por ser una persona silente, amable y sin opinión manifiesta, ni mucho menos contraria a lo que mandan las buenas maneras, pero eso sí, subido en una bici y evitando expresiones como coger el rábano por las hojas o entre col y col, lechuga. Y si se encuentra en mitad de estos dos mundos que la verdad, a veces no parecen de este mundo, no se extrañe que le echen del grupo de güasap y facebook de los “Ciudadanos Ejemplares”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Entre rebajas, Navidades y Blaqui frili


A veces nos dejamos deslumbrar por las lamparitas de colores

La verdad es que no se dónde vamos a parar con eso del consumismo. Que empezamos a ver asomar a diciembre y nos entra un no sé qué por el cuerpo, que nos dan unas ganas terribles de tirar la casa por la ventana. Venga comprar y comprar, aunque lo que se compre no valga para nada, aunque lo hayamos compramos mil veces mil y nos haya salido rana, no acabamos de aprender. Y si no, vean al señor Casas, don Simón, que ha picado de nuevo y le ha comprado tres novilladas y tres corridas de toros a don Fuente Ymbro. Que vale, que la última no anduvo mal del todo, sobre todo si comparamos con los antecedentes más inmediatos de este hierro, pero, ¡hombre! De ahí a compararle 18 toros y 18 novillos, va un trecho. Que no quiero ni pensar lo que va a ser de nosotros como al señor Casas, don Simón, le dé por darse un garbeo por lo de Garcigrande o Núñez del Cuvillo. Que el cartelón de los pesos lo van a dejar fijo con hierro y divisa y si acaso le cambian el peso. Que con tres cartelones hacemos el año.

Que dicen que en la variedad está el gusto, pero también se dice que eso, el gusto, no se vende en hipermercados, ni tiendas del ramo; del ramo del buen gusto, se entiende. Pero claro, si enloquecemos así, súbitamente, tenemos que tener en cuenta que esto puede tener sus consecuencias. Vamos, que si el señor Garcigrande desembarca toda su camada en el chiringo del señor Casas, don Simón, detrás se nos viene don Julián. Que se rumorea que tiene ya reservada una planta en el hotel que hay casi enfrente de la plaza, ese con nombre de pájaro. Que dadas así las cosas, igual hasta se permite el lujo de vender la “fregoneta” a Morante y se desplaza del hotel a la plaza y de la plaza al hotel, en patinete, con una pausa en el puesto de helados junto al metro, para refrescar el cuerpo.

Pero la cosa no queda ahí, que hay más, agárrense, que detrás de los Cuvillos viene un Manzanares y un Roca Rey, otros dos que se cogen una planta exclusiva para ellos en el hotel con nombre de pájaro zancudo. Eso sí, el trayecto de la esquina de Alcalá hasta el patio de caballos va a estar más que concurrido. Ya me veo a los maestros y a las cuadrillas los días de toros deslizando su porte torero por la explanada de Ventas. Eso sí, para evitar lesiones inoportunas, cada uno con su casco reglamentario, sus coderitas, sus rodilleras protectoras y un bidoncito de bebida isotónica con su gomita de la mochila de los Milwacki Backs a la boca, que hay que hidratarse.

Que luego igual queda algún hueco para otras ganaderías y para otros toreros, que ya aparecerá Castelá en la de Alcurrucén y en la de Lozano Hermanos y si llegan a un acuerdo, también en la del Cortijillo. A Ferrera le dará lo mismo, que para ponerse “exagerao” le vale cualquier cosa, que sus partidarios se lo sabrán agradecer. ¿Y Perera? ¡Caramba! Se nos había olvidado Perera. Que a ver cómo se le hace entender a Perera que hay que pedir poco, que si no el señor Casas, don Simón, se nos arruina. Aunque bien pensado, tampoco es problema, que pida lo que quiera pedir, que lo que no se le abone en moneda de curso legal, también se le puede pagar con vales comida y bonos por noches de hotel, que así aprovechando la coyuntura, se le hace gasto a los socios del señor Casas, don Simón. Y por si fuera poco, hasta un crucero por la costa suiza, ¡que no se diga, oiga! ¡Venga ya! Que seguro que ya andaba alguno poniendo pegas a la temporada que viene, ¿qué digo temporada? Temporadón. Ni nos vamos a enterar de lo de las obras, que ensanchen puertas y ventanas, que amplíen los pasillos, que el arte necesita espacio. Acondicionarán los tendidos, gradas y andanadas, el ruedo lo harán más chiquito, que así grandote uno se desorienta. Dicen que hasta los corrales van a acomodarlos para que estos toros modernos estén a sus anchas; bueno, mejor dicho, a sus estrechas, pues se rumorea que van a ponerles boxes, como a los caballos de carreras y que por ganar espacio, hasta los comederos van a cambiar, que van a sustituirlos por unos tubitos de esos de los canarios, que va cayendo grano a medida que el animalito lo va consumiendo, que en lo de Fuente Ymbro se comenta que fue la solución a aquellos problemas de los cereales, los chococrispis y el salvado para periquitos.

Que no digo yo que ustedes no echen de menos a los Urdiales, Chuzón, de Justo, Valdellán, Rehuelga, Pallarés y alguno más, pero entiéndanlo, que no se puede tener todo y además, esos hay que ir a comprarlos a otras tiendas que no son ni las de los chinos ni esas que se ponen ahora de bote en bote entre rebajas, Navidades y Blaqui frili.

Enlace programa Tendido de Sol del 25 de noviembre:

Enlace programa Tendido de Sol del 2 de diciembre:

lunes, 19 de noviembre de 2018

El Conde de la Maza, una pesadilla menos


Lo que se pierde, no se recupera y aunque a veces lo parezca, luego viene el "elimina todo lo anterior" y se acabó definitivamente.

Que buena noticia para los taurinos, una ganadería de las que a veces te complicaban la vida, se va directa al recuerdo y si me apuran, ni eso, que bastarán cuatro grandes tardes de esas de toros colaboradores, toros artistas, ¿qué digo? Coleguitas para echar un buen rato entre bieeeeejjnes e indultos. Que los jartistas se puedan expresar, eso es lo que hace falta, no pasar miedo, como decía un día el propietario del hierro condenado a la desaparición. Pero, ¿qué es eso de que los toreros pasen miedo? ¿Es que estamos locos? Que esto ha evolucionado, según dicen; lo malo es que igual a eso que ellos llaman evolución, otros lo llaman degradación. Así de simple.

 Que no es que desaparezca un encaste único e imposible de recuperar, ni muchos menos, porque en definitiva, guiándonos por eso ahora tan obsesivo de los encastes, la pureza y no sé qué más milongas, esto del conde no era más que una de encaste Núñez, precisamente del mismo de lo de Alcurrucén, que tantas tardes de gozo y alegría da a los taurinos, taurinillos y públicos adyacentes. ¡Ea! Una por otra. Pero si simplificamos tanto, igual cualquier día nos encontramos con el carnet de “afisionao”, sin haberlo pedido. Claro que se pierde y mucho, sin tener que entrar en el debate de si lo del Conde de la Maza era ya un encaste diferente o no. Se pierde la obra de un ganadero que partiendo de algo nada extraño, pues repito que de lo de Núñez aún queda, a base de saber, de afición de selección y de un criterio propio, de una forma de entender un toro de una forma determinada. Eso es lo que se pierde. Que si ardieran las Meninas, el Guernica o las Pinturas Negras, seguro que habría reproducciones fieles al extremo, para saber como eran esas pinturas, pero nos habríamos quedado sin esas pinturas y para volverlas a tener habría que resucitar a Velázquez, Picasso o Goya y reconstruir aquel momento de la creación de tales maravillas. La recuperación del Conde de la maza no pasaría tan siquiera por tomar una punta de vacas y un par de sementales de Núñez y ponerlos en manos del actual ganadero. Otra vez volveríamos a ese simplismo estúpido. Habría que resucitar hasta los años en que el conde se decidió por crear, alimentar y hacer crecer esta vacada. Si será imposible, que ni tan siquiera podría contar con los toreros que permitieran vera a las vacas en los tentaderos y a los toros en la plaza; porque si ahora un ganadero aspira a que la torería más boyante le deje ver algo en una res, que le regale una cámara de fotos, a ver si así se dan maña.

Se nos llena la boca de hablar de tradición, patrimonio, cultura y a las primeras de cambio celebramos que una parte de todo esto se arranque del tronco del toreo y se haga cisco para el brasero de los incompetentes y guardianes de su bolsa. Que esto no es por una decisión arbitraria de hoy para mañana, ni tan siquiera un inevitable accidente, no señor; todo esto obedece a un estrategia muy bien definida, a una ruta muy bien marcada que siguen los taurinos al pie de la letra, esos que cuando sale una corrida complicada de un hierro alejado de las bobonas para triunfo, que no hablo tan siquiera de ganaderías duras, pero que lo mismo los de luces, que los de los micrófonos, se hartan a echar sobre los toros la culpabilidad de su incompetencia, de su falta de afición y se hacen cruces, no entendiendo que eso siga saliendo a los ruedos del mundo. No sé si alguno de estos de palabras dulces malintencionadas, se lamentarán de esta pérdida, sinceramente, no lo creo. Quizá en público pondrán cara de mohínos, gesto de cínica lástima, incluso hasta echarán mano de esa afición enciclopédica para contarnos que una tarde de septiembre del año tal, en la plaza de dónde quiera, tal torero le hizo una sensacional faena al toro currutaco, que cumplió con creces en el caballo, que se le dieron mil vueltas al ruedo y al que se le cortaron las orejas. ¡Miau! Porque si miran por un agujerito en sus casas, en sus fiestas o en sus sesudas tertulias, seguro que no dan abasto a descorchar botellas de champán para celebrar que estos animales ya no les volverán a sacar los colores, que solo se quedan con que se ha perdido definitivamente  el Conde de la Maza, una pesadilla menos.

Enlace programa Tendido de Sol del 18 de noviembre de 2018: