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| Más a menudo de lo recomendable los derribos se corresponden con una desesperante inacción de los portadores de capotes en el ruedo, lo que puede tener muy malas consecuencias. |
Estamos tan necesitados de una alegría, que a nada que no nos guinden la cartera, lo celebramos con entusiasta emoción, que ya se sabe que ahora en esto lo que cuenta casi exclusivamente es la emoción. Que si alguien te dice que se ha emocionado, punto en boca. Y qué bonito es eso de emocionarse, de dejar que el corazón sienta y no sea un bloque granítico impenetrable; otra cuestión es que entre tanto sentimiento celestial se lleven a cuestas a nadie por la Puerta de Madrid. Que habrá tardes en las que nos quedaremos con eso del una más una y nos tiraremos de los pelos. Pero si esto va de ser selectivos según quién y qué, pues habrá que conformarse... siempre. Novillada de Montealto correctamente presentada, aunque, será por eso de las emociones, ovacionada de salida en casi todos los novillos. Que lo mismo estos ovacionadores no han visto lo que sale por aquí fuera de feria, que los taurinos se echan las manos a la cabeza diciendo que si tal o cual. Correcta, sin ponerle ni medio pero, pero ya. Que creo que ha sido más interesante su comportamiento, que ya firmaban muchos que encierros como este salieran más a menudo, pero insisto, sin volvernos locos, porque ahora, lo que debería ser norma, lo convertimos en acontecimiento. Al primero, mal tratado, lo han abandonado en el peto, pero el animal quería pelear, no estaba de paso sin más. Amagaba con esperar en banderillas y en la muleta iba una y otra vez hasta que se hartó en el trapazo mil y empezó a pararse, lo que Tomás Bastos pretendió aprovechar como toreo lento y cadencioso. Eso sí, aún el Montealto tuvo energías para arrancarse y sorprender al espada, que remató con un repertorio “agita masas”. Al segundo, que más que derribar fue el caballo el que se rindió, le abandonaron ante el peto y le dieron cera para iluminar un altar. En la muleta Martín Morilla, un abusador del pico y los enganchones, no pudo con el animal, que quizá pedía a gritos un mínimo de mando y nada de maneras vulgares y soporíferas.
Y salió el tercero, aquí iba a rebosar la emoción de los llegados en buses fletados por los partidarios y los no autobuseros. Verónicas aseadas de Álvaro Serrano, curiosamente sin rectificar, aunque sin demasiado toreo. En el caballo el novillo peleó, más con el pitón izquierdo, empujando con ganas para afuera mientras le tapaban la salida, parándose cuando tenía la libertad a su espalda. Había que verlo de nuevo en una segunda vara, pero tras verse descabalgado el picador se cambió de tercio y nos quedamos con las ganas. Quites muy efectivos de Serrano entre la asistencia. Acusó los palos, para en el último tercio ir una y otra vez, primero a los muletazos rodilla en tierra, siguiendo de derechazos acelerados, que emocionaban y sembraban la felicidad en los tendidos. Trallazos sin llevarlo, a veces alborotado y con la zurda hasta echándolo fuera, siempre gobernado por el toro que marcaba el ritmo. Bien es verdad que molestaba el viento, pero este no hacía que todo fuera un tanto apresurado. Primera oreja, primera de la una más una.
El cuarto, segundo de Tomás Bastos, ya apretaba de salida a un insulso novillero a las puertas del doctorado. Le taparon la salida en el caballo, para después salirse del encuentro. Segunda vara yendo el caballo al toro, sin ningún criterio durante la lidia, para que se vieran derrotes al peto. Se dolió bastante de los palos y ya con la muleta, el personal se dolió de la pesadez y nula emoción, ni mucho menos felicidad del personal. De rodillas para pasarlo por detrás, se le fue a tablas, pero el luso insistió, que tenía que pasárselo alguna vez más por la espalda. Luego vino lo habitual de pico, enganchones y muletazos a raudales para no decir nada, porque los tirones dicen poco. Apurado al entrar a matar, se atravesó media plaza escapando del Montealto, sin que nadie estuviera atento para hacerle el quite.
A Martín Morilla le tocó el quinto con algún kilo de más. Lo metieron en el caballo sin cuidado alguno. Cabeceaba el animal mientras le hacían la carioca, partió el palo y nadie, el espada menos que nadie, se dignó a ir a auxiliar al picador, desarmado y con el novillo debajo. En la segunda entrada, cuchillada trapera en la paletilla y martín Morilla que seguía de miranda. Fue una tercera vez, con capotazos y más capotazos para medio colocarlo cerca del caballo. Con la muleta el novillero solo supo estar a merced de su oponente, sin nada más que ofrecer que trapazos acelerados y enganchados, ahora por el derecho, cambio al izquierdo, de nuevo al... sin ningún sentido lidiador. Pero la cumbre de felicidad más emotiva asomó en el sexto, el segundo de Álvaro Serrano. No vean lo contento que se puso el cotarro. Se preocupó de intentar llevar el toro al caballo, pero el capote por aquí y el colorado a su aire. Este empujó con fijeza, después de que intentara llegar al que guardaba la puerta. Empujó, mientras el pica le aguantaba, para acabar tirando derrotes. En la segunda vara, bien cogido, siguió mostrando fijeza en la pelea, para acabar yéndose del peto. Inició el de navas del Rey con un telonazo que convirtió en ayudados por alto y por bajo, para rematar con una trincherilla y el desprecio, que es lo que más gusta, emociona y acerca los corazones a la sublime felicidad. Tanda tras tanda con media muleta, algún empalmado y la locura del personal. Que, ¿qué podemos decir a quién nos dice que se emociona? Pues nada, que eso es cosa de cada uno. El novillo se toreaba solo, iba una y otra vez en busca de la tela. Con la zurda siempre tirando de la uve de la muleta, todo muy vistoso, pero sin torear; eso sí, con mucha decisión, pero, ¿a esto ha llegado la plaza de Madrid? Que ya valen las ganas, que de novillero no lo va a saber todo, pero no es demasiado bagaje el salir a cuesta solo por la voluntad. Voluntad que le faltó para usar el descabello, estando cinco minutos venga a pinchar en el hocico, pero sin buscar el cerviguillo y con evidentes muestras de desconfianza. Al final un golpe certero y la oreja de la felicidad a tanto emocionado. Quizá habrá quien piense que los novillos salieron triunfantes, pero con lo que se queda la mayoría es con esas dos orejas, una más una, pero que provocó emociones excelsas, esas emociones que nos dicen a voces que abracemos la felicidad.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html






