domingo, 19 de mayo de 2024


 

sábado, 18 de mayo de 2024

Si querer es poder y se quiere poco o nada, el poder se queda en…

Lo mejor de la tarde llegó al ver cómo un torero con dos pares de banderillas se jugó que le arrancaran los alamares de un arreón

Tarde de toreros extremeños y de mucho partidario de la tierra que acudía a acompañar a sus paisanos y si hacía falta, romperse las manos a aplaudir, lo que siempre está muy bien, por supuesto, pero sin que esto se convierta en una obligación universal que condene al que no se adhiera a su causa. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Que lo de ilusionarse es magnífico, pero que cada uno se las ventile con esto de la ilusión de la mejor manera que pueda. Otra cosa es la colaboración de los que pisan el ruedo, primero el ganado y después los de luces, aunque hoy en día ya está demasiado extendido eso de que primero los de luces y luego… luego, lo que sea; que tanto es así, que a veces solo se anuncian los caballeros de luces y no el propietario de la vacada, aunque en Madrid, por el momento, eso no pasa. En este caso el hierro era el de la Quinta, la doble “c” de Conradi. Que los modernos igual los llamarían los grises de la Quinta, pero no nos desviemos por estas rutas de la vanguardia taurina que a algunos clásicos les chirria hasta hacerles sangrar los oídos y el alma de aficionado.

Encierro bien presentado, rosos cinqueños, que así s evitan problemas en los reconocimientos y afirmaciones y justificaciones para querer hacer pasar novillos por toros con eso de que este encaste es así o asao. Con kilos, con bastante margen entre el que más pesaba y el que menos, pero no sé si habrá muchos que se hayan detenido en esto al ir viendo los toros aparecer por la puerta de toriles. Toros con su aquel, llamémosle casta, sin excesos o dejémoslo en un pelín de picante. Que sí se enteraban un poco de lo que allí pasaba, pero sin tampoco mostrar una listeza como para escribir un libro. Casi inéditos en el caballo, donde apenas se les castigó, a algunos ni un picotazo siquiera. Que no se dio opción ni a que los del sol protestaran al picador.

Miguel Ángel Perera cerraba sus comparecencias madrileñas en esta feria y si hay que resumir su presencia con una frase, sería esa de “tanta paz lleves, como tranquilidad dejas” Un paso anodino, en el que se ha empeñado en castigar a los presentes con interminables faenas acumulando pases y pases y más pases insulsos y sin contenido. Que viendo lo de la presente tarde, quizá lo más jaleado sea una serie de derechazos empalmados, que no ligados. Muy fuera, siempre, siempre, abusando del pico estrepitosamente, más empeñado en gastar el bono de mil trapazos, que en dar un muletazo templado, cargando la suerte, conduciendo y mandando en la embestida y rematando atrás para ligar con el siguiente. De eso, ni rastro. Pero él, como es habitual, a lo suyo. Pero digamos algo positivo, que no todo va a ser malo, ¿no? A su primero intentó llevarlo a contraquerencia, pero enseguida se vio que el de la Quinta no estaba para nada, se marchaba de la suerte buscando escapar. Entonces Perera optó por ir adónde el animal le marcara, hacia terrenos de chiqueros, aunque allí la tónica fue la de siempre, tirones, muleta al bies, siempre fuera y alargando el trasteo hasta el aviso previo a decidirse a montar la espada. Curiosamente, no ha habido un toro en el que no le hayan avisado desde el palco, lo que puede dar idea de que Perera no somete, no manda, no torea, pega trapazos y los toros pueden estar yendo y viniendo hasta el día del Juicio Final. Pero aún así, él se debe sentir artista y se pone a dar capotazos a pies juntos, como si su toreo y sus formas derrocharan elegancia, pero que no le engañen. Su segundo no humillaba y además tampoco se intento subsanar el defecto bajándole la mano sometiéndole, no citando con la mano baja y simplemente moverla, pero sin someter, que no es lo mismo bajar la mano, que llevar la mano baja, ¡Cuidado”. Un achuchón de primeras, que evidenciaba que de momento el pacense no podía con el toro. Más pico, más vulgaridad, sin rematar ni un muletazo y sin hacerse con el animal, más bien al contrario. Aperreado, siguió intentando trapazos, un arreón y Perera que veía como le comían la merienda. Y sería por eso de despedirse de esta plaza en la que seguro que se siente muy a gusto, aunque lo disimula a la perfección y habrá que esperarle para Otoño o para el año próximo, aunque tampoco es absolutamente necesario, ¿no creen?

Emilio de Justo, al que una parte de la plaza convirtió un día en su ídolo y parece que aún lo mantienen en ese pedestal, parecía que empezaba con seriedad y comprometido para hacer las cosas con verdad. Ya saben, aquí con la intención ya se ganan muchos puntos. A su primero hasta le alargó el viaje en los primeros capotazos, para a continuación capearle retrasando la pierna. Unas chicuelinas hasta medio aguantando, aunque de repente en el primer tercio se organizara una capea con mucho telón rosa sacudido por allí. El toro había que sacarlo de las tablas para poderlo parear y aún así, esperaba bastante a los de los palos. Comenzó de Justo con muletazos por abajo hasta con cierto temple, mientras el de la Quinta se le vencía por ambos pitones. Y a partir de ahí, pico, pico y más pico desde fuera, trallazos echándolo fuera, lo mismo con la zurda, hasta ya ponerse un poquito pesado, para acabar de un bajonazo. Vaya, y que parecía que la cosa iba a ser otra. Al cuarto le recibió de una larga de rodillas, para que a continuación el toro se fuera escapando a su querencia de toriles. En contra de lo que parece dictar la lógica, en la primera vara lo puso de lejos y en la segunda de cerca. Bien Morenito de Arlés con los palos, aguantando los envites y la cercanía de los pitones al clavar. De Justo empezó la faena por abajo, para después empezar con la sesión de pico, toreo desde muy fuera, muñecazos, sin conducir las embestidas y al quedarse al descubierto recibió una voltereta que por la forma de caer de las alturas recordó lo que nadie quería recordar. Afortunadamente se pudo levantar sin más y proseguir el trasteo. Alguna colada más y lo que se hacía evidente era que no podía controlar a su adversario, no podía con él, sin mando, medios muletazos quitándole el engaño de repente y sin rematar en ningún caso. Para concluir con muletazos de frente con la zurda y acabar sacándoselo a los medios pasando por la cara del toro. Una entera y varios golpes de verduguillo, que quizá fueron los culpables de que no se le pidieran y dieran trofeos, lo que parecía más que probable, con un público entregado y conmovido por el revolcón. Otra cosa es pretender que ese toreo ventajista sea merecedor de premio. Pero por lo que se ve últimamente, estas muestras de no poder encandilan al personal, que es como si viera reencarnado a un gladiador de la antigüedad, pero no, simplemente es falta de recursos y de mando.

Ginés Marín cerraba el cartel de toreros extremeños y la verdad, muy poquito que reseñar, que a su primero apenas se le rozó con el palo después de que el de la Quinta desmontara al picador. Sería que a este le quedaban las energías que no había gastado en el caballo, que poco a poco se iba adueñando de la situación, con la única respuesta del espada de destoreo y más destoreo. Se le estaba yendo sin torear, pero solo obtenía como respuesta trapazos de mano alta y un trasteo interminable. Pero en el sexto la cosa no mejoró, con un toro que buscaba la salida por el mismo sitio por el que entró. Otro animal con el que no podía el espada, pico y muñecazos escupiendo al toro para afuera, trapazos regañados, pero sin poder, enganchones y carreras y más carreras, cambiando continuamente de pitón, pero sin obtener resultado. Terminó con un sablazo envainado, un pinchazo y entera tirando el trapo a los pies del animal. Que lo de la Quinta no se comía a nadie, pero ya saben, hoy en día si sale un toro que no sea una bobona que ya sale lidiada de toriles, sabiendo embestir y como ir a los engaños, pues todo se pone patas arriba. Y si querer es poder y se quiere poco o nada, el poder se queda en…

 

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viernes, 17 de mayo de 2024

Esto no hay por dónde cogerlo

El homenaje a Joselito no fue más allá del minuto de silencio al finalizar el paseíllo. Habría estado bien que se derramaran unas gotitas de toreo


Tarde de postín, de pitiminí, de pasiones encendidas, para el que se quiera dejar llevar por esas pasiones, aunque ya les digo que esto no es apto para todo el mundo, que hay que cumplir una serie de requisitos que si no los sigues al pie de la letra, no hay manera. Que si pretenden apasionarse, no se salten ningún paso, porque si no, nanay. Primero hay que tragar con que todo es arte, pero arte del de verdad, del sublime, porque como empecemos a no tragar por ahí, ya vamos mal. También hay que admitir que unos novillotes adelantados se tomen como toros, como fieras devoradoras de ilusiones de todo aquel que viste de luces. Además hay que admitir sin reservas que el pegapasismo es la sublimación del toreo y por si fuera poco, que un señor que trapacea como pocos y que si acaso pone posturas galanas y camina como pisando cebollas, así despacito, para que no se desprenda esa profunda fragancia que hace que se salten las lágrimas de la emoción. Acompañado de un caballero que rebosa arte hasta yendo a comprar el pan, capaz de mover unas telas que podrían cubrir la Explanada de Alicante y convertirla en un pasaje del terror. Y un joven al que hay que buscarle cualidades hasta debajo de las zapatillas y si no se encuentran, se inventan. Y así sí, así sí que se me pueden apasionar llenos de apasionamiento. Eso sí, si todo esto lo aderezan con unos buenos chorros de alcoholazo, les queda una tarde que para mí la quisiera yo. Y si no lo hacen, allá ustedes, será porque no les dé la gana o simplemente por a ustedes les apasionan cosas mucho más simples, un toro, una tanda de naturales dados de verdad o una lidia bien llevada, con cabeza y con honestidad para el animal en primer lugar y por supuesto, para usted que lo está viendo y ha pagado por ello.

O sea, que todo lo contrario de lo sucedido con la de Victoriano del Río y el aperitivo de Toros de Cortes. Que la verdad es que se han comportado mucho mejor de lo que esperábamos algunos. Que ustedes me dirán que qué poquito esperaba y tienen razón. Unos novillotes cornalones y un sexto rescatado del Rocío. Al primero del festejo Sebastián Castella le dio mil capotazos y aún así, no se hacía con él. No pasó de dejarse en el caballo y en el último tercio se limitaba a ir sin más ante el pico del maestro, intentando llegar a esa tela que se movía como el rayo en manos de Castella, que después de aburrirse de pegar tirones, se metió entre los cuernos, ya saben, esa heroicidad que tanto cala entre ciertos espectadores, el entusiástico arrimón de plaza de talanqueras. Su segundo, el que hacía cuarto, quizá con kilos de más, fue recibido con variados latigazos capoteros. De inmediato el animal se fue a refugiarse en tablas, anunciando algo poco provechoso. Pero después de un mantazo de Castella se fue casi de punta a punta de la plaza, suelto, al caballo, bien cogido por Bernal a pesar de la distancia, la velocidad y no haber sido colocado. Peleó con un pitón nada más y después solo se dejó. Pero acudía como un rayo a los engaños, en busca del peto y a los banderilleros. Pronto y codicioso, parecía haberse olvidado de que en las tablas encontraría amparo. Tiraba para los medios con verdadera ansia. Veía algo moverse y para allá que se iba. Quizá pedía terrenos abiertos y cierta distancia, pero Castella decidió que este no le iba a incomodar ni un poquito y no pasó de las rayas del tercio, ni le dio esa distancia que pedía. Quizá se le encogió el ánimo después del recibo pasándoselo por la retaguardia y con banderazos por delante con la diestra. Y allí, esos terrenos, trapazos con el pico, sin permitirle ni atisbar los medios, dándole aire con el trapo, sin correrle la mano y el de Victoriano sigue que sigue. Pico, enganchones y ahogándole decididamente la embestida, hasta que logró frenar la codicia del animal. Y como lo de torear no entraba en sus planes, el galo decidió tirar de repertorio populachero, a ver si así se le animaba el sector festivalero y optimista que ocupaba los tendidos. Hasta que aburrió al toro, que acabó hasta escarbando y recordando su querencia a tablas. Muy poca generosidad por parte del espada con el toro y con el público, que se quedó sin ver a este cuarto en toda su dimensión. Eso sí, luego te cuentan que quieren un toro que se mueva, colaborador y yo qué sé cuántas cosas más. Pues ya ven.

Manzanares cumplía su primera aparición esta feria y aparte de mover los telones ya citados, con todas las ventajas posibles, poco más. Que le jalearon, sí, pero es que habrían jaleado hasta al Pato Donald si se pone a torear con una fregona. Su primero se le puso pegajosito de salida, que casi se lo lleva por delante. En el caballo empujó de esa manera como el mal empleado que hace que trabaja cuando mira el jefe, pero luego… La pañosa la manejó de aquella manera, de la forma habitual en este torero, trapazos en línea sin bajar la mano, sin parar quieto, enganchones y venga a buscar el sitio para recolocarse constantemente. Que con esa muleta tan amplia, por momentos llevaba un pitón fuera y el otro en el extremo más lejano de la tela. Que un poquito más y lo saca de la plaza. Esperó recibiendo a su oponente, para dejar casi una media. En su segundo un toro escurrido que ya de salida se fue al cuatro, cerca de toriles, a ver qué se cocía allí, para verlo con perspectiva, con perspectiva de manso. Demasiados capotazos y dos varas en el sitio a cargo de Paco María, rara avis en esta época. El toro pasó desapercibido en el peto, derrotando cuando ya no sentía el palo en el morrillo. Muletazos por abajo para comenzar el trasteo, cortándole el viaje y de nuevo una sinfonía con el pico y acompañamiento de carreritas, demasiado acelerado y más dando aire que toreando; bueno, lo de toreando es un decir, pero bueno, ya me entienden, que daba pases, sin conseguir mandar en ninguno de ellos. Eso sí, el toro seguía embistiendo a lo que se le pusiera por delante, hasta que dobló.

Y en estas que llegó Tomás Rufo, uno de esos toreros que muchos tienen en su corazoncito de aficionado, pero ya les digo, es que los hay muy generosos. A su primero apenas se le picó, quizá le pudieron echar una regañina nada más. Y todo voluntad llegó el matador y le recibió de rodillas en el tercio. Ya se pueden imaginar lo que esto altera al personal, trapazos de aquella manera, el toro de hinojos en la arena y para rematar un desarme, que por supuesto se aplaudió, faltaría más. Ya en pie, además del pico, Rufo citaba dándole el culo, con perdón, y quitándole el engaño a mitad de pase. Un cambio de manos y atravesar en exceso la muleta con la zocata, resultó cogido de mala manera, aunque afortunadamente pudo continuar en el ruedo. Prosiguió por el pitón izquierdo largando tela, para continuar ya metido entre los cuernos, pegando tirones y quitándole la muleta en lugar de rematar el pase. Faena muy vulgar, pero si eso lo haces acompañado de tanto paisanaje y tanto apasionado de apasionarse, aunque mates de media caída con derrame, pues te piden la oreja y no hay más que hablar. El sexto del encierro era el más grandón y ahí lo dejo, no quiero deci9r que fuera el de más trapío, no, solo digo que era el más grandón, no confundamos. Y el de más kilos. Que notó el palo y escapó como alma que lleva el diablo y en el segundo encuentro parecía querer llegar a la luna con la cara por las nubes. Eso sí, era no sentir el palo y se crecía el muy… Telonazos de recibo en el último tercio por parte de Rufo, para intentar continuar su concierto de toreo con el pico y arrebatándole la muleta en lugar de rematar, tirones, el toro por los suelos y ya quedándose poco a poco, muy fuera siempre y alardeando de falta de gusto, poniéndose pesado y tras pinchar, un imperial bajonazo. Que ya les digo que los optimistas, los amantes del pegapasismo salían encantados, porque además habían visto un despojo, pero ya les digo que a nada que uno se para a pensar en lo sucedido entre novillotes, un figura, un artista figurón y un aspirante a figura de su urbanización, esto no hay por dónde cogerlo.


PD.: Al final la empresa, o quién lo considerara, permitió homenajear a José Gómez Ortega, "Joselito" en el 104 aniversario de la tragedia de Talavera.

 

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miércoles, 15 de mayo de 2024

Ssssssssh Vivaspa… Ssssssssh

De 15 de mayo a 15 de mayo, cómo ha cambiado el panorama

Hubo un tiempo en el que el pueblo de Madrid honraba al Santo Patrón en los toros; hasta se veían manolas y chulapos en los tendidos, pero ya digo, hubo un tiempo. Ahora se llena el aire de la plaza con vivas y vivas y más vivas, que más que clamar por la patria, parecen clamores etílicos. Vivas a la tierra de los toreros, vivas a uno que pasaba por allí, mientras otros no daban crédito a lo que estaba saliendo por toriles y a los que tenían que vérselas con ellos. Eso sí, que a nadie se le ocurriera no solo protestar, sino que ni estornudar estaba permitido, pobres los alérgicos a la primavera. Que a la mínima se poblaban los tendidos de Ssssssssh… Ssssssssh, que una señora preguntaba si era el día del sifón y se encaraba con su santo por no estar atento a la semana del sifón en el súper, ‘Compre 2 y pague 3! ¡Ofertón! Eso sí, a los Vivaspa… Vivastremad… y los bieeeeejjjnnn, no había Ssssssssh… Ssssssssh.

Y quizá aquí debería poner fin al relato del festejo. Que uno no quiere aburrir, que ya han aburrido suficientemente los toros del Parralejo y los de luces, encabezados por Miguel Ángel Perera, con Paco Ureña y el confirmante Alejandro Fermín. Que igual también puede ser que uno no está receptivo a este jarte de la modernidad, a este jarte entre vanguardista tirando a absurdo y un depurado chabacanismo inmerso en la vulgaridad. Que lo mismo los de los barreños de alcohol son unos visionarios y ven lo que otros no llegamos a entender, que para aguantar tanta tralla o vas rebosante de morapio o de tranquicepán en vena. Que siempre estamos con el ganado moderno, que no se le puede picar, pero que luego va y viene en la muleta. Pues ni a eso han llegado los Parralejos. Presencia justa, sin más, algunos cornalones, que en el caballo no dudaban en salir a escape al notar el palo en el lomo, porque es dónde se les pica hoy en día. Si acaso llegaban a dejarse y punto, que ya era demasiado. Solo el quinto ha ofrecido cierta residencia y en el sexto Santiago Chamorro ha picado en buen sitio, lo que el carnicero agradecerá. Un ganado que buscaba los adentros sin pudor, que se aquerenciaba en tablas sin dudarlo y que ya de salida se sentían cómodos próximos a toriles ¡Y que salidas! A paso de borrica, como extrañados de que les dejaran transitar sin tirar del arado o sin dar vueltas y más vueltas en una noria. En el último tercio, entre que los mulos acuden sin entusiasmo y que los de los trapos rojos también andaban carentes de este, pues imagínense, pero imaginen esforzándose mucho, porque si no, ya les digo que ni se acercarán al esperpento vivido la tarde que había que honrar al Santo Patrón.

De la terna, pues si les contara los trapazos uno por uno, ya les digo que nos daban las tantas, parafraseando al cantante… y nos dieron nueve, las diez… Perera se ha largado dos faenas en las antes de montar la espada ya le avisaban del palco. Trapazo por aquí, por allí, me meto entre los cuernos, abuso del pico, dejo que el trapo se me enrede entre los cuernos, cambio de mano y sigo trapaceando, atravieso el engaño lo indecible, con la única innovación de recibir a su segundo de rodillas, culerinas incluidas, y trapazos quedándose al descubierto y rememorando al Taranto y su espectáculo cómico taurino. Culminando todo con unas cuchilladas traicioneras en los blandos, una después de metisaca traicionero. Pero oiga, como en botica, hay gente para todo y los había que seguían con los ¡Vivasss! Que los habrá que tilden al “maestro” de maestro, que allá cada uno, como si le califican de simpático y tío que cuenta muy bien los chistes.

Paco Ureña estuvo perdido toda la tarde, intentando hacer lo de siempre, pero no era el día, quizá le faltó inspiración de las divinidades el toreo, pero sobre todo le faltó toro y le sobró buey. Mucho trapazo, mucho enganchón, carreras, pico muy descarado, acabando metido entre los cuernos, que eso parece ser que es algo que llega al público de los ¡Vivasss! Y los Ssssssh de los sifones. Y habría plaza Alejandro Fermín, que confirmaba la alternativa. Que un iba viendo cómo iba transcurriendo su actuación y solo encontraba una explicación a su presencia, el abrir plaza por delante de Perera. A partir de ahí, la nada. Con todos los defectos habituales de los fieles a la modernidad taurina, sin un mínimo de verdad y además, como en el sexto, dando la sensación de estar a merced del capricho de el pupilo del Parralejo. Pero bueno, ya es doctor en tauromaquia y el señor Perera no ha tenido que ir por delante. Que ya que esto es arte, podríamos encuadrarlo en el dadaísmo y su máxima expresión sea el Ssssssssh Vivaspa… Ssssssssh.

 

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De verdad, ¿quieren ser toreros o solo figuritas?

Es posible que los novilleros aspirantes a matadores de toros hayan errado al elegir el lugar de aprendizaje y... Y así nos va


Cuando se va a una novillada, lo mínimo que el aficionado espera es que los actuantes den muestras de querer ser en esto del toro, de tener una afición a prueba de barrabases, de querer ser la reencarnación de Joselito o Belmonte, de que les salga el toro soñado y soñar el toreo, de pasar lo que haya que pasar para cumplir esa ilusión, ser matador de toros y por supuesto, de hacerse ricos. Pero las cosas han cambiado mucho, ahora estamos, desde tiempo, en una esfera que dista mucho de lo que siempre fue. Ahora los novilleros son el cliente y aplican a rajatabla eso de que el cliente siempre tiene razón. Ello, o los papás, ponen la pasta, pues ellos exigen y además se creen con derecho a exigir a todo el mundo, empezando por el que paga por ir a una plaza. Estos tienen la obligación de aguantarles sus perras, sus caprichos de niñato consentido y cuidadito con no entrar por ese aro. Si ya hasta se permiten elegir ganaderías como si llevaran veinte años de alternativa y hubiesen rendido mil plazas a sus pies, la fiesta entera entregada a su ser. Que de acuerdo que están empezando, que hay que tener paciencia con ellos, faltaría más; pero si son ellos mismos los que se niegan a si mismos su condición de noveles y transitan como figurones, pues tratémoslos como desean, aunque igual tampoco les viene bien.

Novillada de Montealto bien presentada en líneas generales pero que ha dejado bastante que desear, también gracias a la inexistencia de ningún sentido de la lidia por parte de la terna que se presentaba en Madrid, que se limitaba a dar manazos de recibo o hacer quites sin contar con las condiciones de los novillos, que no eran capaces ni de sujetar a los animales de salida. Que insisto en que están empezando en esto, pero no estamos hablando de un encierro complicado, estamos hablando de aplicar unos fundamentos básicos para poder vestirse de luces y además llegar a un San Isidro. Mal la novillada en el caballo, donde se les ha picado poco y mal, en mitad del lomo y más allá, puyazos traseros, cuando no casi en la paletilla, tapándoles la salida. Los de Montealto echando la cara arriba y peleando cuando buscaban la salida o cuando n notaban el palo. Y llegamos al último tercio, donde iban y venían y algunos ofreciendo los trofeos en bandeja, pero… Ahí está el pero, los peros que vestían de luces.

Diego Bastos mostró toda la tarde un largo repertorio de toreo soso, aburrido y desganado. Con el capote inoperante y con la muleta algo parecido. Lo de todos, pico, lejanías, enganchones y en ocasiones dando el pase al aire, el trapo por aquí y el toro por dónde quisiera, que tampoco parecía será lago que le incomodara al diestro. Desarmes, dejándosela tocar, pero sin desistir ni por un momento de agotar el bono muletazos que pareció haber comprado en la puerta de la plaza. ¿me da un bono de 200 trapazos? Pero había oferta y si se llevaba 300, le regalaban un tutorial para tirar la montera y que esta siempre cayera boca abajo.

Nek Romero, del que se dice que está a las puertas de la alternativa, aunque no lo parecía, comenzó queriendo demostrar su valor y dominio de las telas con un recibo a la verónica por abajo, pero si ahí empezamos echando la pierna atrás, la estética se nos desmorona. El primero un toro que anunciaba fiasco en los dos primeros tercios, fue ver la muleta y venga a embestir, especialmente por el pitón derecho, a lo que el espada respondía con unos muletazos fríos, muy mecánico, uno, dos, tres, los que fueran, solo dándose vueltas y más vueltas, para acabar embarullándose. De nuevo quiso lucirse en el recibo de capote, esta vez de rodillas, pero tuvo que desistir de inmediato. Un novillo que en banderillas, con los toriles al fondo iba como un tren, pero que al revés… Quiso calentar al personal en el inicio del trasteo con eso que tanto gusta al público y que el aficionado no entiende la necesidad, las culerinas, banderazos, para proseguir con ese dar pases como un robot, que por otra parte eran enganchones con demasiada frecuencia. Naturales largando tela sin más, prosiguiendo con esos automatismos tan fríos como aburridos. Que Romero quería levantar los ánimos y recurrió a recursos que igual en otras plazas que ha frecuentado surten su efecto, pero esta tarde en estos lares, pues no.

Cerraba el cartel Samuel Navalón, que encandiló a los más afines con verónicas echando la pierna atrás siempre. Inicio de la faena de muleta de rodillas, desacompasado y vulgar, teniendo que renunciar a tal empresa tras el segundo trapazo, para proseguir dándolos ya de pie. Pico, enganchones sin reposo, precipitado, apelotonando pases, retrasando la pierna de salida, muy fuera, muy vulgar, demasiado ventajista y unas bernadinas de aquella manera, sin ser bernadinas, que ya se sabe que eso a muchos les llega al corazón. Y tal compendio de incapacidad y trampas solo podía culminar de un solemne bajonazo. Los partidarios pidieron la oreja y a los que ni les iba, ni les venía y solo quería ver toreo, pues protestaron, pitaron, palmas de tango, que se intensificaron cuando el caballero decidió darse una vuelta al ruedo por su cara bonita. Buena manera de querer conquistar la plaza de Madrid. Pero ese “malogrado” triunfo quedó en nada en el sexto, al que recibió a portagayola, sin saber después tener la picardía de salirse de aquellos terrenos, quedándose allí como un pasmarote soltando mantazo tras mantazo. Después del caos en banderillas allí que se fue con la pañosa para instrumentar unos banderazos de inicio, que serían la envidia de cualquier guardiamarina mandando señales a Elcano. La faena transcurrió en un continuo abuso del pico, carreras, trapazos, para acabar metido entre los cuernos del Montealto. Eso sí, cuando un torero se pega estos arrimones pueblerinos, siempre se escuchan las palmas que rompen el silencio por parte de un afisionao, afisionao, que sabe lo que es eso del arrimón torero. Manoletinas sin el palo, que tiró lejos de sí al suelo, quizá porque se preguntaba que para qué quería él espadas ni espados. Un pinchazo, otro, otro… y una entera traserísima. No quería descabellar y luego se vio por qué, porque lo del verduguillo no lo debía haber practicado suficiente, lo que es muy lógico, ese día de clase se fue a aprender a darse vueltas al ruedo en mitad de las protestas del que paga. ¡Ah, no! Que los que pagan son ellos y eso les da derecho a exigir que se les idolatre allá donde vayan. Dos avisos y a punto de caer el tercero quizá le bajaron un poco la soberbia a un joven que debería preocuparse de muchas otras cosas antes que de alimentar la soberbia, la falta de afición y la falta de recursos y capacidades para presentarse en Madrid en la feria de su santo patrón. Y la duda que se me plantea es si estos que aún son novilleros, si de verdad, ¿quieren ser toreros o solo figuritas?

 

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lunes, 13 de mayo de 2024

Benditas gotitas de normalidad

Ese caminito del centro del ruedo al peto enciende el entusiasmo de cualquiera y sin excepción.


Después de tanta histeria popular, tanto desvarío del personal y tanto elemento perturbador de lo que es una corrida de toros, con tanto aderezo propagandístico y dirigido a favorecer unos intereses que nada tiene que ver ni remotamente con lo que es la fiesta, se agradece un festejo que al menos responde algo más a la lógica que se debe suponer y esperar al acudir a una plaza de toros. Sin pancartas con exabruptos impropios de estos lugares y que se pretenden atribuir a los que se consideran los malos de siempre, pero que podrán verlos como malos, pero al menos con más estilo que eso de los huevos y demás. Sin gritos coreados no escuchados antes al menos en la plaza de Madrid, ni tan siquiera en otros tiempos, cuando no se podía levantar la voz. Ni tampoco ese botellón gigante y alentado desde las altas esferas de las Ventas, lo que no quiere decir que alguien se montara allí su juerga, pero al menos no se notó tanto. Probablemente los autores de todos estos desvaríos serían los que dejaron ver tantos huecos de la piedra venteña. Que el cartel no era gran cosa, no era cartel de figuras de pitiminí, pero si se anunciaba un hierro que el aficionado quería ver, uno de los pocos que apetecían desde un principio, pero que por lo visto no interesa ni a los transeúntes, ni a la propia empresa, que para nada lo publicitó. Con lo bien que suena Baltasar Ibán a los oídos del aficionado, ¿verdad?

Sí señor, toros de Baltasar Ibán para Calita, el que en otras fechas se pegó sus vueltas al ruedo por su cuenta, quizá para eso estirar las piernas. Francisco de Manuel, al que algunos quieren subir a los altares del figureo, pero que él se empeña una y otra vez en desdecir a sus generosos partidarios. Y Álvaro Alarcón, que se encontró que la realidad de Madrid es más que una orejita, unas palmas o un público generoso. El ganado en varios momentos fue protestado de salida, quizá porque algunos esperaban otra cosa, pero es que esto suele salir así, que no digo que podrían estar mejor rematados, desde luego. De cabezas mejor que bien armadas, pero con esas culatas, y lo que no son culatas, quizá necesitadas de un poco más de pienso. El primero ya se defendía de salida, encontrándose con el capote nada eficaz de Calita. Fue suelto al caballo, para que le picaran trasero, le taparan la salida o le volvieran a picar mal, camino de la paletilla. Se limitó a dejarse debajo del peto. Calita empezó a dar signos de notable impericia, mantazos por abajo sin pararse para continuar con un espléndido destoreo de lejanías, con el pico, enganchones y siempre fuera de sitio, quizá para no acortar esas mismas lejanías. A su segundo le dejó corretear a su aire, ya parará. Le pusieron dándole distancia en el caballo, para que el Ibán solo se empleara con un pitón, mientras solo se dejaba y acababa yéndose solo del peto. Esperaba un mundo a los banderilleros, mirando a ver lo que pasaba a su alrededor. Y volvió Calita con demasiadas precauciones, pegando latigazos destemplados e intentar ponerse a eso de los derechazos y… lo de siempre. El toro si se arrancaba era defendiéndose, sin entregarse nunca, aunque el espada insistía en hablar de su libro, pero no, nanay. Acortando las distancias y las arrancadas eran simples arreones, llegando entonces el arrimón sin sentido, si es que alguna vez lo tiene. Otro bajonazo imperial tirando el trapo y hasta aquí llegó su presencia en esta feria, sin que crea que nadie lo vaya a reclamar para el futuro, aunque si es barato y lo quiere imponer el accionariado azteca de la empresa, entonces…

Francisco de Manuel es un torero al que algunos consideran, no me pregunten por qué. Y si se lo preguntamos a ellos, pues tirarán de estadísticas, ya saben, del cuánto, pero no del cómo, que es importante, quizá lo más importante. Su primero tiraba un poquito a cabra, pero ya de salida no se hizo con él el matador. Mucho capotazo, costándole hasta ponerlo al caballo. Muy mal picado, siempre trasero, peleaba solo con un pitón, ahora uno y después el otro, pero nunca de frente y humillando, para luego querer tirar camino de toriles. Se inició el trasteo por abajo demasiado apresurado, para irse serenando en los muletazos del final del recibo. Prosiguió sin olvidarse de meter el pico ni en un muletazo, pegando el muñecazo al final del pase, pero sin rematar. Distante, siempre fuera, pero muy fuera, enganchones incluidos, acabando entre los cuernos y con un bajonazo sin disimulo. Y salió el quinto, con el que ya no pudo de salida, dándose la vuelta y cediendo terreno. Le costó hasta ponerlo frente al peto, dándole distancia, escarbando y hasta olisqueando, pero la alegría de la arrancada hizo que muchos se frotaran los ojos. Un puyazo trasero y tapándole la salida, mientras el Ibán mostraba fijeza, aunque sin meter abajo la cara y acabando corneando el peto. De nuevo dándole distancia y otra arrancada codiciosa, para recibir solo un picotazo ¿Una tercera vara? Puede que sí y... La verdad es que fue un primer tercio espectacular, como el resto de la lidia, pero también hay que señalar que no paró de hacer cosas feas, esperaba en banderillas, se dolió de los palos, pero allá que se fue a por la tela que de Manuel le ofrecía de rodillas en los medios, aunque mejor de pie, que de hinojos, siendo el resultado el mismo, pico, trapazos destemplados, fuera de cacho, distante, escupiéndolo de la suerte y dando evidentes muestras de no poder con ese toro, ni de saber lo que tenía que hacer. El animal que exigía toreo, que cualquier cosa bien hecha habría tenido mérito, pero que tuvo la mala suerte de no encontrarse con un torero capaz. Acudía como un tren, descomponía a su lidiador, que se acabó embarullando, vulgar y con demasiados enganchones. Casi entera bajera y un golpe de verduguillo, oyéndose dos avisos. Hubo quién pidió la vuelta al ruedo del de Baltasar Ibán, a mi juicio excesiva, pero se pidió.

Álvaro Alarcón no parece haber asimilado lo que es anunciarse en Madrid y en San Isidro, dando la sensación, como tantos, de ir a soltar su repertorio y punto. Malas lidias, dejando corretear a su primero sin hacer amago de sujetarle, se le fue a toriles sin que nadie le sujetara en los capotes. Excesivos mantazos para llevarlo al peto, donde se arrancó de lejos, para que Peña lo cogiera en buen sitio, igual que en la segunda vara, a la que el toro se fue acercando primero, tardeando y amagando con irse, quizá más pendiente de los capotes, arrancándose y mostrando fijeza. Bravucón, que plantaba cara, pero que siempre quería irse a tablas. Que todo esto podrá parecer bueno, malo o regular, pero que mantiene la atención del aficionado. La faena de muleta fue un camino constante para demostrar que se estaba dejando ir el toro, simplemente por querer hacer lo de siempre, el toreo ventajista, con demasiadas precauciones, pico, fuera… lo de siempre. Teniendo que recolocarse constantemente, hasta que definitivamente el toro acabó marchándose a tablas. Que es ahora muy habitual el aplaudir a los que buscan el refugio de las tablas, allá los gustos. El sexto simplemente se dejó en el peto, mientras le hacían la carioca, peleando con más ganas cuando ya no sentía el palo. Ya saben esos de “levanta el palo”, en lugar del “sácalo”. A buenas horas un pica de los de antes iba a levantar el palo, pero son otros tiempos, otro toro, otros toreros, otros públicos… Se fue a esperar a los rehileteros a toriles, de donde lo sacó con acierto Candelas. Una faena descompuesta, sin sustancia, trapacera, largando tela y demorándose en exceso, como si cobraran por horas y no por toreo, y digo toreo, no por cantidad de pases. Pero al final el personal hablaba de toros, de ese al que se pidió la vuelta al ruedo, del otro que… y de que los toreros se habían dejado de ir un encierro con el que podían haber espabilado a más de uno. Ni botellones, en exceso, ni pancartas soeces, ni gritos propios de otros lugares, lo que nos permitió saborear esas benditas gotitas de normalidad.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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domingo, 12 de mayo de 2024

Para ligar y tomar copas… las Ventas

Quizá estaría bien que algunos, o todos, los matadores banderilleros tuvieran más curiosidad y en consecuencia asomarse al balcón con decisión y torería.


¡Qué bien lo pasamos en las Ventas! Ni Tinder, ni una copa en Chicote, las Ventas y si me apuran, ni Benidorm, porque al sol de los madriles, por mucho menos dinero te pones de un bronceado zaíno que tira pa tras. Bueno, ahora igual es más barato irse a Benidorm, que sacarse una entrada para los toros en Madrid, pero da igual. Y después, varios ambientes de disco en las terrazas de la plaza. Qué bonito es que vaya la juventud a la plaza, que no a los toros; lo de ir a los toros es otra cosa. Aunque cuidado, que hay quién le ha cogido gustillo a pedir orejas entre barreño y barreño, que eso siempre alegra el ánimo y calienta los sentidos, todos los sentidos. Que entre que pides fuego, ofreces unos hielos y el de dónde eres y cómo te llamas, acabas sentado con la otra parte de la parte contraria ¿Y los toros? ¡Qué toros, ni toros! O bueno sí, eso de los toros es lo que pasa allí en el fondo y que tapa el barullo jaranero de esa gente que animan a que vaya a la plaza, esos atraídos por las fotos de gente divertida sonriente y barreño en mano. Que de verdad que cuesta centrarse en lo del ruedo, aunque siempre los hay que igual se centran por de más y ven un corridón donde hay una corrida moderna. Buena, un punto por encima de la modernidad, pero sin dejar de ser moderna. Eso sí, si los de luces son también modernos, apaga y vámonos. Y así se juntó una de Fuente Ymbro, la nonagésimo segunda en Madrid en los últimos tiempos, para El Fandi, en su habitual aparición de feriantes que van de pueblo en pueblo; Román, que es capaz con su pobre bagaje de conseguir que el personal se emocione, precisamente por esa falta de todo; y Leo Valadez, que venía a desplegar su colorido y alegre repertorio de allá la mar océano, pero que tuvo la mala suerte de ser cogido en su primero.

Los de Fuente Ymbro en esta ocasión fueron de los de presentación impecable, serios, sin fisuras y duros de patas y si alguno media el suelo de morros, quizá se debiera más a los tirones de sus lidiadores que a otras carencias físicas, pero es que a veces el mal uso de los engaños también puede provocar caídas. En el caballo no destacaron especialmente, el primero, como varios de sus hermanos le tomó gusto a lo de escarbar, cabeceó en el peto y se fue suelto. Al segundo le picaron trasero, le hicieron la carioca, pero tuvo brío para derribar al picador y después pelear solo con un pitón en el siguiente encuentro. El tercero se dejó sin más, acudiendo con muy poco entusiasmo. Al cuarto se le picó poco, reservón, derrotando al notar el palo, escarbando constantemente. El quinto, picado trasero, derrotando la guata. Y el sexto, después de que le cogieran bien, le taparon la salida y a continuación solo le propinaron un picotazo trasero.

Pedir a los diestros de esta tarde capacidad lidiadora quizá sea un excesivo ejercicio de optimismo. Desde el primer momento nadie hizo por fijar a los toros, dejándoles corretear demasiado por la arena. El Fandi desarrolló todo el repertorio propio de una plaza de carros, quites distantes, pares de banderillas más distantes aún y un toreo en la misma línea. Y eso que algunos casi dejan de lado lo de ligar y el cubata al ver a un señor iniciando el trasteo de rodillas, pero ese pegar pases con tirones, venga trapazos en línea, fuera y abusando del pico, enganchón tras enganchón, hacía que la chavalería se volviera a desconectar y siguiera en lo del “cómo te llamas” y el “¿tienes fuego?”. Que ni las largas de rodillas llamaba la atención de la chavalería, ni mucho menos el que el Fuente Ymbro fuera una y otra vez a las telas. En su segundo mucho mantazo con un toro aquerenciado en tablas, más tirones, desarme y cada vez más alborotado, alargando el trasteo sin ninguna necesidad. Y en el sexto, el que correspondía a Leo Valadez, pues más de lo mismo. Intentaba reconciliarse con la parroquia, pero a esas alturas los parroquianos ya solo pensaban en el after en las terrazas de la plaza, y total, era más de lo mismo, mucho trapazo, el espada a lo suyo, a seguir acumulando trallazos, dejándose ir otro animal de esos que quien ahora los de luces, los del callejón, los del tendido, de la tele, los que ven la tele, que siguen la muleta con una docilidad que a veces resulta hasta algo cansina. Que el granadino seguro que volverá el año próximo y los que sean, porque parece que siempre tiene que haber un festejo programado del arte de poner banderillas y trapacear a gran velocidad y en eso, no me lo negarán, El Fandi es un hacha.

Román, el segundo del cartel, al menos sabe aparentar y aunque haga lo que la mayoría, hace creer que allí está pasando algo. Se agradece eso de darle distancia a los toros y el pú8blico enseguida toma partido y se olvida de esos trallazos largando tela en línea recta, sin llevar jamás al toro. El toro va, él sacude la pañosa y cuela para muchos. Muy fuera, demasiado despegado, pero con ese ir y venir sin mando, llega a la gente y por un momento, solo por un momento, deja lo del “¿y tú cómo te llamas?”. El toro repetía y repetía y volvía a repetir, pero lo mismo por uno que por otro pitón, la receta era la misma, la consabida de la modernidad imperante. Y con una entera en buen sitio, pues no quedaba otra que dar el despojo. En su segundo, un toro que por la mala colocación de todo el mundo en banderillas cogió a uno de los que pareaban, un mansito que se dolió en banderillas y que en la muleta fue recibido con muletazos destemplados por abajo y al que se sacó al tercio para iniciar un trasteo que requería algo de mando, por lo que quizá Román anduvo demasiado a la deriva, que lo mismo se veía sorprendido por una arrancada, que se liaba pegar muletazos acelerados, muchos de uno en uno, más para aliviarse el propio matador, incapaz de imponer su dominio. Esta falta de todo provocó entre el público la sensación de que allí había un gladiador jugándose lo que no hay que jugarse innecesariamente. Arrancando un trapazo aquí, otro allá y los de los barreños frotándose los ojos, creyendo encontrarse con el general romano de la película esa de gladiadores. Una entera muy trasera y como en su primero, no queriendo coger el verduguillo y limitándose a hacer gestos astracanados de supuesta épica, que no eran otra cosa que la excusa para no jugársela con el descabello.

Leo Valadez no tardó en mostrar sus carencias, bastó con el recibo de capote, contando los lances por enganchones, que continuaron cuando tomó la muleta. Intentó cazar algo por el izquierdo, pero más de lo mismo, tirones, enganchones y llegó el revolcón, estando siempre a merced del oponente, a lo que este decida. Más desarmes y para culminar un bajonazo quedándose colgado del pitón, lo que hizo que tuviera que pasar a la enfermería. Que nadie, o muy pocos, se podrían haber pensado que allí hubiera algo más que un gran botellón, una tertulia eterna de lo que iba a molar el after, que si tienes fuego, que cómo te llamas, que si estudias ADE o International Relationships o que si tienes un hielo para mi barreño, pero si nos ponemos a echar cuentas, la verdad más verdadera, la realidad más real, es que para ligar y tomar copas… las Ventas.

 

Enlace al Programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html