![]() |
| Se declara inaugurada esta feria histórica, meca de la vulgaridad y chabacanería apta para jóvenes y mayores, no recomendable para aficionados al toro y al toreo clásico. Abstenerse mentes claras. |
Miren que estábamos avisados, miren que se veía venir lo que no queríamos que llegara. Pues nada, que empieza la primera de feria y los aficionados de Madrid tienen que salir escondiéndose por culpa del bochorno e indignación de ver su plaza, la cátedra, la primera, el centro del universo, a la altura de cualquier plaza de talanqueras poblada de gentes ahítas de alcohol. Que había que elevar a los altares al pupilo de la empresa, que tan bien se maneja en estos ambientes en los que se enseñorea lo chabacano y es gobernado por la más absoluta vulgaridad. Y para que no se escapara un detalle, un caballero ocupando el palco, que igual había dicho en casa que iba a salir por la tele, que no perdieran ripio de su debut y... Vamos, que estaría bien que le destinaran como comisario en un aeropuerto próximo a Marte, y que no volviera por el barrio de Ventas y la Guindalera ni como controlador de la ORA; sí, eso mismo, los parquímetros de la zona. Que visto lo visto, con ese ojo de águila, igual multaba a los carritos de bebé o a los de la compra que arrastraran los vecinos.
Chotada de Núñez del Cuvillo, ideal para algarabías modernas para acabar sacando a cuestas al primero que se les ponga por delante y que al menos haya cumplido el requisito de haberse liado a pegar trapazos sin cuartel. Impresentables, aunque los presentaron, que el señor presidente del festejo ya empezó a dar pistas al dejar pasar estos toros anovillados unos, chicos pero cebados otros o simplemente destartalados otros. Que a su criador, desde hace muchos, muchos años, le hablas de Casta y te suelta la de don Hilarión dudando entre la Casta y la Susana. Pero casta en sus pupilos, pues nada más lejos. Eso sí, les pones como bueyes en un belén viviente y los rechazan porque de tan parados, el personal creería que son de barro. Que si tenemos que hablar del tercio de varas, pues igual podíamos hablar, claro que sí, pero no sé si... Que los animalicos llegaban al peto, sin que nadie los hubiera puesto correctamente en suerte, por supuesto, para que un señor con un palo lo apoyara en una paletilla, más allá de mitad del lomo, pero sin apretar. Que hasta simulaban apretar, pero no sufran, que no. Que si la carioca, que si ahora te tapo la salidas, pero todo puro teatro. Eso sí, los de Núñez del Cuvillo, el que no se dormía en el peto se dedicaba a tirar derrotes desesperados y acababan yéndose sueltos, ¡anda ya! Le vas a poner el palo a quién yo te diga ¡Ya el tío del palito! Lo de banderillas, pues... si es que esto es perder el tiempo. Eso sí, la concurrencia ha hecho saludar y todo a un señor que ha puesto dos pares a toro pasado; así estaba el patio.
Alejandro Talavante abría la feria, ¡ay, no! Que han echado por delante a una joven promesa de la tauromaquia para que abriera plaza, feria, historia, contubernio, congreso mundial de la chabacanada. Todo con un mismo toro, o lo que fuera. En su primero nos ha tocado el Tala, que así le llaman los más fieles, pasivo, que hoy no tengo ganas de nada. Bueno, espera, pego unos trapazos y me voy a descansar. Pero llega su segundo, un animalejo que iba y venía como un perrillo jugando a coger la pelota. Eso sí, que Toby, perdón, que el animalito no se cansaba de juguetear detrás del trapito rojo. Y Talavante empalmando muletazos, sin acabar de rematar ninguno, siempre fuera y abusando hasta el hartazgo del pico de la muleta. Venga a dar vueltas y más vueltas y otras tantas más. Pero oiga, como gustan los empalmados al personal, es que les enloquecen. Y si esto lo rematamos con más trapazos tirando la espada y hasta desplantando tirando el trapo, no quiero ni contarles. Estocada efectiva y petición mayoritaria, que esto hay que reconocerlo. Una oreja y como si cumpliera un guión establecido, el usía, don Pedro Fernández Serrano, tiro del segundo blanco y el azul sin pensárselo dos veces... quizá si se lo hubiera pensado solo una vez, otro gallo cantaría. Un toro sin picar que cabeceó en el peto y se fue suelto tras un picotazo, premiado con una vuelta al ruedo. Muy bien, sí señor, que este va a ser el nivel, ¿no? Pues no nos espera nada, que igual a algunos se nos hace muy larga esta nueva feria histórica. Que histórica fue la peste negra y no veo a nadie de celebraciones.
El segundo acartelado era Juan Ortega, un dechado de arte, un torero que da mantazos y trapazos al aire como pocos. Que poses, que enjundia para no hacer nada, pero se pone tan, tan... Siempre tirando del pico, escondiendo la pierna de salida y hasta citando dando el culo, con perdón. Pero no voy a ponerme a decir que citaba ofreciendo la rabadilla, ¿no? O bueno, mejor, citando con la parte de su anatomía en la que la espalda pierde su honorable nombre. Enganchones celebrados y en un momento en que se puso a empalmar los muletazos, algunos ya atisbaban la gloria del arte de “atorear”, pero no hubo suerte, o sí, y la cosa quedó en lo que era, en la nada.
Y cerraba el cartel Tristán Barroso, el que inauguró la feria y la tarde y echó el cierre a este histórico evento de la diosa Chabacania, una diosa del Atlas que se dice que pastoreó los toros de Gerión. No cuela, ¿no? El toricantano mostró ganas, unas ganas infinitas, aunque por lo que parece, estas ganas no es que estén bien canalizadas del todo. Que quiere animar el cotarro con trapazos de rodillas, pasándoselo por detrás, por delante y pegando muchos, pero muchos trapazos, hasta llegar al aviso sin tomar la espada. Venga pico y más pico y me pongo lejos, lejos, para que no se me manche el traje, que es nuevo. Y se lo manchó, quizá porque le acertaron en un paintball con unas bolitas de colores. Que es ver a este torero y es ver a todos, como pasa siempre con todos sus colegas de profesión. Que pensaba que se premiaba la cantidad, pero resulta... o igual sí, porque Talavante... Bueno, no nos liemos. Un revolcón en su segundo y cuando la asistencia ya se veía con otro despojo paseado, la espada, la misma que tiró al suelo con un desparpajo que ofendía, no fue eficaz y la cosa quedó en nada. Y así acabamos, que no había acabado Barroso de refrescarse, cuando ya saltaban al ruedo los roba alamares de turno que tanto se esfuerzan en hacer añicos los trajes de luces en las salidas a cuestas. Que bonita costumbre. Que a los clásicos igual les desagrada, pero, ¿qué quieren que les diga? Es lo que están criando, una muchachada para la que esto no es un rito ni de lejos, sino un motivo de jarana, sea cual sea el origen. Y así pasa lo que pasa, que lo histórico empieza con un bochorno, vergüenza y Madrid pisoteada.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html






