jueves, 28 de mayo de 2020

Marginados


Los marginados solo queremos poder revivir sensaciones que nos hicieron saber que estábamos vivos.

Corren malos tiempos, malos tiempos para la sociedad que primero ha tenido que enfrentar una crisis nunca imaginada y que tendrá que padecer las consecuencias de esta; malos tiempos para la verdad, que unos buscan y buscan esperando que sea la solución para abatir a ese virus, a veces dando palos de ciego, pues ciegos están, con el agravante de los que se empecinan en embarrarla, que si echan falsedades sin pudor, que si tiran de datos inventados, sin otro fin que su propio beneficio. Malos tiempos para todo y por supuesto para el toreo, que está siendo un fiel reflejo de lo que nos está pasando. Pero lo malo no es solo eso, que ya bastante malo es, sino que hay un afán constante y creciente para marginar a todo aquel que no está conmigo. El conmigo o contra mí está viviendo sus días de mayor gloria, para tormento de los simples mortales.

Si empezamos desde lo general, transitando a lo particular, y visto lo que se dice y se lee, el toreo parece que está condenado, incomprensiblemente, por parte del gobierno de la nación. Marginación que niega en algún medio el ministro de Cultura. Está bien, si no es así, ¿por qué no se explica con absoluta claridad para que todo el mundo se entere? ¿Qué problema hay en decir quiénes sí y quiénes no y en qué condiciones van a llegar las ayudas que se anuncian y que parece que están llegando a trabajadores de otros sectores? Que el dar esta que sería una buena noticia, no tiene que ser muy complicado. Que tampoco hay que acomplejarse por auxiliar a ciudadanos a los que les ha caído un problemón sin comerlo, ni beberlo. Y si estas explicaciones no se dan por no ofender o no encender a ciertos sectores de la sociedad, o grupos políticos, que no ven con buenos ojos esto de los toros, pues entonces no solo tenemos un problema más, sino que se crea una circunstancia en la que la incertidumbre está servida sobre un campo sembrado de interpretaciones sesgadas y malintencionadas en beneficio de otros intereses completamente ajenos a los toros. Dirán que nos estamos liando; y de qué manera. Así, ¿cómo nos podemos sentir los aficionados a la tauromaquia? ¿Marginados? Pues quizá sí y con razón.

Y aquí podría acabar el relato y todos tan amigos, pero claro, quizá, involuntariamente, estaría marginando a muchos aficionados que tampoco se sienten cómodos con ciertas actitudes y ciertas campañas que han partido del mundo del toro y más concretamente de los taurinos que desde hace ya demasiado tiempo están manejando todo lo que tiene que ver con el toro. Que no creo que haya que recordar recientes acontecimientos, pero la verdad es que resultan chocantes ciertas posturas y por quiénes son protagonizadas. Ahora resulta que hay que estar a pie firme al lado de quiénes, utilizando su propia terminología, han censurado a compañeros, ganaderías, públicos, plazas, aficiones, medios. Que han manifestado sin pudor alguno que a aquellos que no tragaban y no cantaban con entusiasmo sus supuestas hazañas había que expulsarlos de la fiesta, e incluso, un reconocido nieto se atrevió a desear en público que se pusiera una bomba en cierta plaza. Ahora, arropados de ese victimismo tan falso como ofensivo, nos quieren hacer olvidar no solo su pasividad al contemplar la desaparición de hierros históricos, sino su activa participación en ello. Quieren que ignoremos ese desprecio al afirmar que tal o cuál ganadería no la matan, porque ya no están para eso. Que no es ser rencoroso, eso jamás, pero tontos, tontos del todo, tampoco.

Estas víctimas que ahora se quieren convertir en abanderados de los humildes son los mismos que unas veces se olvidaron de sus compañeros más modestos, los que menos toreaban, y otras directamente pidieron que se les apartara del cartel para ponerse ellos o que se les sustituyera por un torero que no les molestara para alternar con ellos. Estos son los que se pasan por el forro eso del “respetable” y el “distinguido público” encarándose con él arrogante y chulescamente, los que sin ocultar su incapacidad invitan a los de los tendidos a bajar al ruedo, los que se permiten recomendar el uso de un megáfono, los que generan los bailes de corrales, los que quieren echar abajo todo fundamento del toreo para mayor comodidad suya y para que no se les vean las costuras de su escasa torería y nula afición. Y pobre de ti como no olvides todo esto y no te hinques a sus pies. No sé cómo va a acabar todo esto. La sensación es que los cambios van a ser pronunciados y si algunos ya pensamos que nuestra fiesta se acabó hace tiempo, ahora da la sensación de que los que ya eran los dueños se van a fortalecer aún más, que los factores ajenos a la fiesta pueden quizá estar más presentes que nunca y que no habrá sitio ni para los disconformes, los críticos, los sin clasificar y todo aquel que no trague con los dictados del poder y las presiones de las masas, por mucho que nos pese y por muy necesarios que algunos creamos que son, irremediablemente solo tendrán una opción, lamentablemente, quedar marginados.

Enlace programas tendido de Sol del 17 y 24 de mayo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-17-mayo-de-audios-mp3_rf_51124915_1.html
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-24-mayo-de-audios-mp3_rf_51369005_1.html

Enlace programa Especial Joselito, 16 de mayo de 1920:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-especial-16-mayo-1920-audios-mp3_rf_51081461_1.html

miércoles, 13 de mayo de 2020

El triunfo del arte y la cultura


Hay que reconocer la labor de los científicos, que han logrado un artefacto que en su imagen recuerda mucho a aquellos ancestros que se dieron en llamar toros de lidia

En la tarde de hoy se ha celebrado un festejo taurino en el Centro Multicultural “Shopping Ventas”. Una tarde agradable, soleada, que ha obligado a retirar la cubierta retráctil por las muchas solicitudes de los espectadores a través de su dispositivo móvil, con el hastag #quitalatapaquenospongamosmorenitosjoer. Hecho que al producirse ha provocado el jolgorio general de los nativos, chinaponeses, neoropeos y rubimericanos. Una mezcla de modernidad y tipismo que nos ha trasladado a otros tiempos, con ese sabor añejo, esas evocaciones que nos retrotrae a los años en que todos a una entonaban esa graciosa cancioncilla del “Resistiré”. Que ya ninguno de los asistentes vivieron aquello, pero basta echar mano de la tradición escrita en los twits, watshapps y demás mensajes del pasado, que ustedes pueden consultar en el Historical Spanishquischen File.

Hay que destacar que en el desfile de los actuantes participó el cantante Julius JJ Machina, que provocó la alegría de la chavalería, que agitaban al viento sus dispositivos Apple Delco.PN, mientras grababan el momento y los enviaban a todos sus contactos. Y salió el primer artefacto, llamado Corchaíto; que gusto da ver como aunque sea en el nombre de los artefactos se respeta la tradición taurina. Realmente, emociona. El artefacto era manejado por Carmelo Jones de la Fuente, campeón de su localidad de taurodriving. El primer actuante Andrew Stone, “The King”, le acompañó en sus giros por la arena con vistosos volatines que provocaron, aparte de un gran regocijo, que despertaran las palomas que dormitaban al calor de las baterías de recarga de seguridad de los artefactos. Llegó el momento del primer tercio y apareció la reina de las fiestas del Villa Torres del Eresma Ciborg, que airosamente saludo con cariñoso cachete al artefacto, que dado el brío y como consecuencias de una sobrecarga energética, tuvo que recibir dos cachetitos más de la bella señorita. A continuación salió el grupo de bailarines Band. Erilleition 2200, que deleitó a los presentes con una coreografía inspirada en danzas ancestrales del segundo tercio. Y finalmente surgió de su cámara de relax el artista, el gran Andrew, que una vez más dejó claras evidencias del manejo de telas y telones de todos los tamaños y colores, destacando los de tonos bermellones, rojos y colorados, que hizo rugir al público, siempre tan sensible a cualquier referencia a la tradición. Que importante es que no se pierda esa tradición y que este show siga manteniendo la esencia de una cyborg confederación, manteniéndose ajeno a esas corrientes modernistas que pretenden socavar los fundamentos de un country y sus cities.

En el segundo artefacto no decayó ni mínimamente el despliegue extremo de arte y tecnología tradicional, con una única variación, que fue que para el hecho del cachete, en esta oportunidad fue el Master Party de Sotocarrero de las Pozas, Micky Mazas, que con su belleza arrebató a toda la asistencia al Shopping Ventas. Y por si faltara poco, toda la concurrencia, incluidos los artistas, levantaron su recipiente de alcohol y de un trago se lo endilgaron todo al coleto, sin más ni más, sin respirar y sin pensar, aunque, ¿para qué pensar? Estamos de fiesta y el que no lo quiera ver, que no participe de esta muestra cultural y artística, tan arraigada en nuestras tradiciones y nuestras esencias. Y quién quiera saber más de nuestra identidad, ya sabe, que vaya a beber en las fuentes del Historical Spanishquischen File y que se empape. O en su defecto, que vaya a la cantina del Historical Spanishquischen File, que beba hasta empaparse y luego… luego todo le parecerá estupendo, que esto sí que es una tradición muy nuestra, el acabar empapados. Que hay que vivir la fiesta más festiva con un extremado sentimiento festivalero y no hay que darle más vueltas. Desde siglos atrás hasta el día de hoy 18 de nurgbumbiembre de 2185. Y así viviremos en directo el triunfo del arte y la cultura.

Enlace programa Tendido de Sol del 10 de mayo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-10-mayo-de-audios-mp3_rf_50900903_1.html

miércoles, 6 de mayo de 2020

La liberalización a modo de Pandora taurina


La liberalización no nos traerá riadas de arte, no tiene nada que ver, lo que provocaría es una ausencia total de exigencia y la caída irremediable del arte de los toros.

Cuenta la mitología que Pandora, la primera mujer para los griegos clásicos, recibió como regalo de bodas una caja en la que se encerraban todos los males de la humanidad y que ella, curiosota dónde las hubiera en el Olimpo, no pudo aguantar la tentación y hala. La abrió y allá que se expandió el mal por todo el orbe. También, no podría haberse desahogado con el juego de café que te regalan en todas las bodas o el jarrón chino que nunca falta; se tuvo que tirar por la cajita de marras. Y es lo que tienen los caprichos, que unos se empeñan y se empeñan y luego a ver quién asume  y quién sufre las consecuencias. Que si en esto de los toros nos ponemos a asignar papeles, los caprichosos, Pandora, son los taurinos y la cajita serían todas las peticiones que relatan una y otra vez y que solo buscan su comodidad y el beneficio propio. Todos los males del mundo de los toros que se encierran en la caja de la “liberalización”. Que así dicho, todo término que empieza por “libera”, suena bien, pero la cosa no es cómo empiece la palabrita, sino como acaba. Vamos, lo mismo que la idea en sí, que lo malo no es cómo empecemos esa liberalización, sino en que acaba y, lo que es peor, en qué termina.

Lo de liberalización siempre ha sido una forma pretendidamente elegante y cargada de razón de decir “ a mí déjame en paz, que yo ya haré lo que me dé la gana” y que a la postre no haya nadie para pedir cuentas, porque cómo estábamos liberalizando, no caben censuras. Por un lado tenemos a los toreros, que están muy empeñados en que lo que salga por toriles es suyo de su propiedad y pueden hacer con ello lo que les dé la gana, negando a nadie la posibilidad de opinar y arrogándose a si mismos todo poder de decisión e infalibilidad que uno se pueda imaginar. Ellos deciden si se le pica o no a un toro, si se le banderillea o no o si se ponen el toro por montera o no, con el inexcusable resultado de que pase lo pase y hagan lo que hagan, el resultado será su triunfo innegociable. Pero claro, la primera liberalización que no tiene un pase es esa de que no haya veterinarios que puedan decir que tal o cual animal no pasan. De tal manera que ellos, toreros y taurinos eligen el ganado que mejor les venga, sin limitaciones por abajo que les puedan incomodar, que para eso estamos liberalizando, y dando por hecho que todo lo que salga por toriles es válido y admisible.

Pero no son los únicos que demandas tales medidas que les exima de cualquier forma de control, que a esto se unen también los señores ganaderos, que según dicen, junto con los toreros, son los que saben de verdad de esto, los demás ni saben, ni pueden saber, ni tienen que opinar. Entonces, ¿para qué un reglamento? Ellos dicen que al arte no se le pueden poner cadenas, que el arte debe ser libre y a lo mejor hasta se puede estar de acuerdo en eso, pero claro, eso si admitimos pulpo como animal de compañía y tragamos con que el arte se da absolutamente todas las tardes en una plaza de toros, seis veces, dos veces por coleta. Que eso ya es mucho suponer, por mucho que liberalicemos, ¡No, hombre, no! Que en esto del arte de la tauromaquia, el arte aparece de vez en cuando y últimamente, muy, muy de vez en cuando. Es más, habrá toreros que no hayan hecho arte en su vida, ni lo harán, por mucho que ellos se crean. Que no se puede tomar una consecuencia como el todo, ni reducir el todo, los toros, a una consecuencia que se da contadas veces, el arte.

Que si nos paramos a echar cuentas, estos caballeros quieren algo muy sencillo, que les dejen a su aire, que unos paguen una pasta para que estos vayan a su aire y que nadie les rechiste por querer ir a su aire. Ellos siempre a lo suyo y quieren hacer creer que pelean por evitar que se hunda un barco, sin importarles si se va a pique el resto de la flota. Así no es de extrañar que les sobre la autoridad, que les sobren los aficionados y que les sobre todo el que no vaya con la pasta por delante y las palmas y el jolgorio por detrás. Y resulta que ahora a eso le llaman liberalización. Y es que uno escucha la palabrita y le entran unos escalofríos por la espalda, que no me llega la camisa al cuerpo. Que solo nos faltaría eso, un Leman Brothers a lo cañí, que se llevara por delante la fiesta de los toros. Porque bien es cierto que los públicos, los menos exigentes, que pueblan todos los tendidos de todas las plazas, aunque sena cada vez menos, son los que sustentan este espectáculo, porque son los que más aportan económicamente, pero los aficionados, los que estos liberalizadores no quieren ver ni en pintura, los que según unos caben en un autobús y según otros en un taxi, son los que mantienen a la fiesta en su sitio, en el lugar en que debe estar, con el toro, toro, con la verdad en el toreo, con la integridad en los tres tercios y haciendo que la gloria se gane de verdad y que esté al alcance solo de los elegidos, porque si la juerga se da todos los días, será de todo menos la gloria. Y a ver si por atender los caprichos de unos ególatras que se creen que la fiesta son ellos y nada más, vamos a acabar lamentándolo si llega la liberalización a modo de Pandora taurina.

Enlace programa Tendido de Sol del 3 de mayo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-3-mayo-de-audios-mp3_rf_50670907_1.html

jueves, 30 de abril de 2020

Sin público, sin aficionados, sin toro, sin nada


¿Hay alguien ahí? Sí, los de la tele. ¿Pero hay alguien ahí?




Demasiado a menudo se escucha, cuándo quieren justificar los regalos de despojos, que esto de los toros es una fiesta del pueblo, aunque igual no se les entiende bien y lo que quieren decir es que es una fiesta para sacarle la pasta al pueblo y en agradecimiento les reembolsan con casquería a tutiplén. Y que si para intentar llenar la bolsa hay que prescindir del pueblo, pues adelante con los faroles. Total, ¿qué más da? Que hoy en día, con los adelantos de la técnica se puede suplir al respetable con mil y un artilugios. ¿Qué no se oye el rumor de la gente? Unos altavoces así, bien gordos, que haga retumbar los muros del templo de Salomón. ¿Qué no hay quién pida los despojos sacudiendo pañuelos al viento? ¡Naaa! Manden un mensaje al 3232 con la palabra “despojo1” o “despojo2”, si quieren que estos sean dos y si han de ser más, manden los dos mensajes juntos. O bien, voten en nuestra cuenta de tuiter o de güasad, indicando su nivel de agrado, con las siguientes palabras: “bueno, no ha estao mal”: “ha estao por encima del toro”; “Olé los toreros güenos”; “Hay que abrir la puerta!; “Inmenso”. Y en cuanto a los toros, solo se admitirá el mensaje “este toro es de vacas”, no admitiéndose ningún otro. Eso sí, yo quiero verles dar la vuelta al ruedo a una plaza sin un alma, aunque igual tampoco es demasiado inconveniente, bastaría con ir repartiendo a lo largo de las tablas, de forma estratégica, ramos de flores, botas, puros, manojos de espárragos o gallinas boca abajo. Y ahora que me digan a mí que para esto de los toros hace falta público. ¡Anda ya!



Aunque lo mismo, pensándolo bien… Que a lo mejor no es momento de poner esto en manos de la tecnología, de los adelantos inventados por el hombre blanco, ni los cerebros del oriente, que igual la cuestión es pararse un segundito nada más y volver a recapacitar sobre lo que es esto del toro y no echarnos sin reservas en los brazos del e.taurus versión 2.1. No parece muy aconsejable que para salvar la cartera de cuatro se eliminen a alguno de los actores de la fiesta de los toros. Que la demagogia puede ponernos por delante justificaciones casi humanitarias, salvar una res, salvar una ganadería, minimizar el desgaste económico de tal o cual señor, lo que me recuerda a quel final de la Lista de Schlinder en el que el protagonista se deja llevar un tanto por la sinrazón, pero los parches nunca han sido buenos, si acaso los medicinales que calman el penar de los pacientes, pero que solo palían el mal, sin ponerle un remedio definitivo. Que si solo vamos a lo económico, lo mismo estamos tirando de la manta para taparnos las orejas y dejamos los pies al aire, para que se nos acabe llevando por delante nuestra fiesta una pulmonía doble. Que a otros parece que les han entrado ahora las prisas y solo quieren que les arreglen lo suyo y nada más que lo suyo, porque la fiesta les importa entre poco y nada.



Nos viene ahora un señor con que tiene que sacrificar la mitad de su ganadería, como si las circunstancias actuales fueran la causa definitiva de ello, como si no lo tuviera decidido hace tiempo, como si la causa real no fuera la inviabilidad de una vacada sobredimensionada, como tantas otras, porque un día solo se pensó en lo económico, en ampliar el negocio y no en otras cosas, como la buena salud de la ganadería o, yendo más allá, de la fiesta en si. Y si de parches hablamos, ahora nos viene la tele oficial del taurinismo y dice que quiere dar festejos a puerta cerrada, en los que por supuesto que caben todas las ocurrencias y barbaridades que se puedan pensar y que el absurdo ya apuntaba unas líneas atrás. Que igual nos vienen con el caramelito de que habrá encastes variados y toreros no habituales. Parche, parche y otro parche más. Porque díganme ustedes qué hierros se verán agraciados con la lotería de la tele. Pero si así calmamos el rugir de nuestra conciencia y hasta lo podemos vestir de mérito protaurino, pues nada, los disfrazamos y que salga el sol por “ande quiera”. Y si a este engendro no se apuntan las figuras, pues ya saben ustedes, que dicen que si se pagan los mínimos y entonces el parche ya gusta poco, ya gusta menos que uno de nicotina en un ojo. Eso sí, sin personal, el Valhala taurino, torear sin nadie que reproche nada, que pida nada y que censure nada. Así lo ven ellos, el público molesta, el aficionado molesta, porque es el que no les permite el confort del hacer de su capa un sayo. Eliminamos a uno de los actores principales de la fiesta y todos tan contentos. O igual público si quieren, porque estos son los que ponen la guita por delante, que escala en la bolsa del empresario, termina en sus bolsillos. Quieren esa fiesta liberalizada que les permita campar a sus anchas. Y sí es verdad que el público mantiene esto económicamente, pero el aficionado es el que hace que la degeneración no avance, el que lucha por mantener las esencias de todo esto, el que exige el toro íntegro, el que no traga con el toreo trampa y el que puede hacer que no siempre sean los mismos, los mismos hierros, ni los mismos toreros. El aficionado es uno de los contrapesos de la fiesta, o debería serlo, en oposición a los toreros, ganaderos y empresarios, cada uno por su lado, aunque en los últimos tiempos más parece que el aficionado se encuentra solo ante los otros tres estamentos, lo que se viene llamando “taurinos”. Que igual estos caballeros no son conscientes de adónde nos puede llevar todo esto, ni las consecuencias, ni dónde está el final del camino, quizá más cerca que lejos, pero lo que está claro es que su objetivo, aunque no sean conscientes del todo, es una fiesta sin público, sin aficionados, sin toro, sin nada.



Enlace programa Tendido de Sol del 26 de abril de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-26-abril-se-audios-mp3_rf_50441099_1.html

miércoles, 22 de abril de 2020

La naturaleza desbocada


Quizá no solo no sea posible volver a la edad de las cavernas y además, no parece muy recomendable

La verdad es que no me gusta eso de que no hay mal que por bien no venga, porque mejor es que el mal no aparezca y que el bien nos llegue cada mañana, como tampoco me agrada eso de que hasta del infortunio hay que sacar enseñanzas positivas, pero así es la vida y no la vamos a cambiar ahora, aunque bien es cierto que de todo se pueden sacar conclusiones que nos pueden venir bien, si es que nos aplicamos en ello, porque también puede ser que no y que permanezcamos en esta negra ignorancia.

Uno de los argumentos de muchos urbanos ecologistas es el pretender que se deje la naturaleza a su aire, dejar a los animales en paz, sin cazarlos, sin regular su población o, como en el caso de los toros de lidia, permitir que anden a su aire en la dehesa, que se les eche de comer, sin mentar ni de lejos una plaza de toros. Tal cual como en los tiempos en que nos cubríamos con pieles de los animales que cazábamos, por cierto, y que nos alimentábamos de bayas, frutos del bosque y la escasa carne cruda de los animales a los que “arrebatábamos estas pieles.

Eso quizá estuviera muy bien en aquellos años en que el urbanismo era cosa del diablo, cuándo los loft se reducían a un rincón en dónde acurrucarse en una cueva, cuándo la expresión artística era pintar ciervos, búfalos, mamuts y toros en la gruta y cuándo, desde luego, no había wifi para watshapear con los neardenthales que conocimos recogiendo moras. Pero si ahora dejamos a los animales a su aire, puede pasar lo que está pasando, que los animales se desmandan, que las poblaciones se disparan en unos casos y en otras quedan muy mermadas porque no hay quién las atienda, cuando no es que sus depredadores se han multiplicado sin medida. Otros atacan directamente a plantaciones de frutos, con el perjuicio que esto acarrea para el ser humano que no tiene acceso a las bayas y se tiene que alimentar de lo que se siembra en el campo, eso que se ha dado en llamar agricultura. Y precisamente para que se alimenten los que habitan en eso que llaman ciudades. Vaya, que se nos está empezando a resquebrajar el mito de la naturaleza a su aire, o cómo diría el clásico, a su p… bola.

Pero miren, al menos con esto de la pandemia y el tenerse que quedar en casa lo mismo neardenthales, que cromagnones, que ecologistas/ veganos/ almas puras/ que malajes carnívoros, van a dejar a los toros en el campo, sin que nadie les moleste, sin que nadie les muestre trapos rojos provocadores. ¿Seguro? Pues no, la vida no es tan simple. Quizá precipitadamente, no digo yo que no, pero ya ha empezado el desfile de reses al matadero. Algo que si no era hoy, tenía que llegar. Que bien, un toro de lidia sacrificado en un cajón con una descarga, en el mejor de los casos, desollado casi cuándo aún le queda resuello, en demasiados casos. Que bonito espectáculo, ¿verdad? Una maravilla. Que habrá a quién le parezca más justo, más ético y de mejor persona. Pues si así lo creen, perdonen y permítanme que les diga que desconocen de medio a medio la naturaleza de lo que llamamos toros de lidia. ¿Sufrimiento? Pues no me atrevería a asegurar que el matadero les estrese más que una plaza de toros. Que aunque les parezca inverosímil, en esta la sangre se evita mucho más minuciosamente que en un matadero industrial.

En una plaza de toros el hombre aprovecha el instinto de un animal, el toro, que nació y está configurado morfológicamente para luchar, para pelear hasta la muerte si es preciso. Igual que el caballo o el galgo viven para correr, los perros para cazar o los pájaros para volar. Díganme en qué caso defendemos la dignidad de este animal en un matadero, cómo dejamos que aflore su instinto. Que una cosa es la idealización que podamos recrear en nuestra cabeza, tan llena de bondad, buenas intenciones y supuesto amor a los animales y otra la realidad, el resultado de millones de años de un laborioso proceso llevado a cabo por la naturaleza. Que no discuto que a ustedes no les gusten las corridas de toros, si hasta puedo llegar a entenderles y soy capaz de ponerme en su lugar, pero a cambio, ¿por qué no intentan ponerse en el lugar del toro? Que aunque ustedes crean lo contrario, no creo que hayan podido conseguirlo jamás. Bueno, sí, se ponen en lugar del toro, pero sin perder su condición de bípedos animales racionales. Eso no me vale. Cómo apuntaba Luis Landero, intenten ser toros, ¡qué gran afán, ser toro! Pues pónganse a ello y si les cuadra y tienen wifi, háganlo mientras ven embarcar toros cuajados de cuatro años camino del matadero. Y piensen que si esto de los toros se acabara mañana mismo, tendrían que ampliar la potencia de su wifi, porque entonces los vídeos se multiplicarían exponencialmente con vacas y terneros yendo en busca de ser apuntillados o electrocutados. Y sdi quieren, a continuación deténganse un instante viendo un tercio de varas, ese momento en que se pica al toro desde un caballo. Contemplen al toro arrancándose de lejos al peto, despreciando cualquier oportunidad de huida y vean cómo jinete y montura bailan sobre los pitones conducidos por la fiereza, la casta y la bravura. Entonces, no les quepa duda, ustedes sabrán de verdad lo que supone y lo que es la naturaleza desbocada.

Enlace programa Rendido de Sol del  19 de abril de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-19-abril-de-audios-mp3_rf_50169028_1.html

miércoles, 15 de abril de 2020

Volveremos


Las cuadrillas volverán a pisar la arena y con ellas, volverán las emociones




Son días de estar en casa, encerrados y casi mejor, porque los hay que se ven obligados a salir cada mañana a trabajar, esos a los que nunca agradeceremos suficiente el que podamos pensar que si enfermamos nos atenderán, si nos hace falta pan ellos lo cuecen y otros lo venden, que si hay que llenar la nevera, ellos nos la llenarán desde lugares lejanos en los que nace, crece y se produce todo lo que nos permite seguir viviendo con los mínimos trastornos posibles. La pena es que a nuestro lado también los hay que no tienen ni nevera que llena, ni un rincón no solo dónde colocar esta nevera, sino que ni sitio para descansar sus huesos tienen. Permitámonos el desasosiego, el penar, lamentarnos, gritar al cielo, pero no dejemos que esto sea una cadena que se nos agarra al cuello. Que el dejar salir las tensión está bien y hasta es sano, pero convertirlo en una cantinela que nos ate de pies y manos es letal.



Hay mucho que lamentar, desde luego, los aficionados a los toros vamos viendo pasar el calendario y con él contemplamos cómo se van cayendo esas fechas que siempre fueron tardes de toros. Los toreros con el de luces en el armario, los toros entre la dehesa y el matadero y los empresarios entre la esperanza y la bancarrota. ¿Quién nos lo iba a decir? Lamentándonos por los empresarios, pero sí, ellos también son necesarios y también están pasando su quinario. Ya llegarán los días de pedirles cuentas. Ojalá lleguen pronto esos días, los días de aclamar las glorias de los que lucen moña y coletas y si es el caso, de censurarles, de criticarles, porque ese es también un elogio, la exigencia a aquel que creemos que se le puede exigir, porque él puede hacer el toreo. Porque les queremos tratar como toreros y no como monigotes vestidos de dulce. Los toreros han alcanzado esa dignidad de poder tocar la gloria con los dedos y de tener que encarar con valor las críticas. Por eso son únicos.



Estos toreros de los que debemos aprender a afrontar los reveses de loa vida. Hemos recibido un tremendo cornalón de mil y una trayectorias, que nos ha seccionado la femoral, la safena y hasta el alma, pero que ni de lejos ha rozado nuestra afición. Lecciones de matadores de toros y novillos que se han tenido que enfrentar al desgarro del pitón en sus entrañas, que desde la misma camilla ya preguntaban cuándo iban a volver a torear, que con resignación aceptaron que el camino iba a ser empinado, lleno de piedras y curvas traicioneras. Toreros que un día les dijeron que no sabían si iban a poder volver, que les valía con poder volver a caminar, con escapar de la pérdida de un miembro, con esquivar la silla de ruedas, con poder volver a ver, aunque fuera por un solo ojo, con poder llorar solo por un ojo, pero podían llorar.



Aprendamos de esos ganaderos que salvaron una vacada del matadero y la pusieron en la cima del toreo, que tuvieron paciencia para mantener la ilusión durante años, a veces décadas, pero que sumando los días de uno en uno, poniendo la mirada en un horizonte que iba más allá de los cuatro o cinco años, al final atisbaban la luz, al final se veían en los carteles, precedidos de esa máxima del “6 toros 6, de la afamada ganadería de…” Ellos, toreros, ganaderos, volvieron. Ellos llenaron su espera con la ilusión de aprender, saber, esforzarse, entregarse al toro para poder seguir viviendo, porque para ellos y para nosotros, los que solo podemos sentarnos en los tendidos, el toro es vivir, él nos permite seguir viviendo. La vida más bella, la más hermosa, la de las emociones al límite, las pasiones, las decepciones, la de esas tardes d no poder hablar, porque lo que vimos no se puede contar. Todo esto es lo que nos dará, lo que nos da la fuerza para después de esta hibernación forzada y no deseada nos hará romper las ligaduras que nos amordazan y que nos hará gritar muy fuerte, muy alto y todos juntos que volveremos, volveremos y después… volveremos.



Enlace programa Tendido de Sol del 12 de abril de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-12-abril-de-audios-mp3_rf_49933677_1.html

miércoles, 8 de abril de 2020

Los discursos del toreo


El comienzo del discurso, toro, torero y surge el toreo

El toreo se percibe como una unidad en sí misma, una conjunción de toro y torero, pero que si nos ponemos, se puede ampliar al público y hasta a las condiciones meteorológicas, algo que quizá ya sabían los clásicos y que expresaron con aquellos del sol y moscas. El toreo es un relato compuesto de varios discursos que configuran un hecho armónico, en el que no cabe desafine alguno. Como si habláramos de una sinfonía, basta que un instrumento no dé con la nota, para que se desbarate toda aquella obra. Evidentemente basta abrir la primera página para darnos cuenta de que los discursos que llevan todo el peso son los del toro y el torero, el eje del ritual de los toros.

El discurso del toro se fundamenta en la  casta, la bravura, con unas gotitas, no excederse, de nobleza, para generar unas embestidas humillando, con fijeza, lo que no quiere decir que estas broten por generación espontánea, estas solo son posibles si hay un engaño al que el animal quiere coger. Y dense cuenta que he elegido coger y no seguir, porque el toro debe querer agarrar eso que se le escapa por milímetros una y otra vez. Pero este discurso del toro nos muestra ciertos acompañamientos que enriquecen la música del toreo. La media luna cortando el aire, cada vez más abajo, como manda la tela, como manda el torero. El pitón de dentro siempre un poquito más desnivelado, pues es la única manera de poder describir esas espirales de fiereza. Acompañando, el tronco del toro que entra frontalmente, para ir retorciéndose en torno al torero, hasta casi abrazarle con la grupa, que sale despedida en los remates, pero sujeta al pecho, a la cabeza, que sigue buscando, encelada, al engaño. Las pezuñas, que parecen tener su propio lenguaje, el de la tensión, el de correr buscando, para casi dislocarse en ese trazo de espirales, lo mismo frenando, que empujando la mole hacia adelante, obedeciendo el leve toque del torero, el suave correr la mano, el sutil remate que despide y atrae casi mágicamente al mismo tiempo.

Seguimos pasando páginas y nos encontramos con el apartado del torero, punto esencial en este discurso, quizá el canalizador del vigor y fiereza del toro, que aunque fundamental en todo este relato, lo puede hacer saltar por los aires en cada momento, o quizá, viéndolo de otra manera, iniciar un discurso de vida o muerte, de tragedia, de lo no deseado, pero que al final es lo que hace de todo esto algo grandioso, quizá precisamente, por evitar que el discurso del toreo se interrumpa. La oratoria del torero tiene un punto de partida inevitable, ese en el que el valor y la inteligencia van de la mano, porque si uno se impone al otro puede desencadenar en alaridos destemplados, bien los del torero desafinando con bravatas más propias de otros espectáculos, o los del público enfurecido por la falta de entrega del que porta coleta y castañeta. A modo de un Cicerón ibérico, con fluido lenguaje, sin perder la compostura, elegante, sin aspavientos innecesarios, el torero, erguida la planta, va sometiendo a la fiera, a su oponente, que nunca enemigo. Ofreciendo la pierna como columna sobre la que reposar todo el peso del hombre y sobre la que hacer girar al toro una y otra vez, que si se trunca, se acaba todo. Siempre hacia adelante, como ganado sitio a la gloria, conquistando los terrenos del toro, con esa sutilidad, esa delicadeza que exige la verdad cuándo se transfigura en arte supremo. La sinfonía del hombre con el acompañamiento de las muñecas jugando, engañando, cambiando el viaje a la fiera, haciéndole dibujar caracolas en el aire, las caracolas que sonarán para abrir las puertas de los cielos de la tauromaquia. Las manos ofreciendo el engaño, embrujando al tótem ibérico hasta embrujarlo y enamorarlo hasta el momento final, siempre siguiendo las palmas hasta ese instante en que el toro busca el envés de la mano para encontrar la muerte en la arena. Siguiendo los vuelos de las telas, las que con su discurso describen ondas en el aire, al compás que le marca la mano, la muñeca, el torero, siempre elegante. Discurso que jamás debe interrumpirse con enganchones que silencien el toreo, ni habitar en la lejanía de los pitones, porque entonces no existe el discurso, no existe el toreo, porque dar aire, escapar de las agujas o agitarse con violencia nada tiene que ver con esta sublimación de la tauromaquia, los toros, la corrida de toros, expresión máxima de eso, de los discursos del toreo.

Enlace programa Tendido de Sol del 5 de abril de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-5-abril-de-audios-mp3_rf_49647466_1.html