![]() |
| Y esos toros pensando a ver quién les va a trapacear, quién les ha tocado en mala suerte. Venga a derrochar embestidas, para que un caballero le largue tela sin garbo. |
Los más viejos igual recordarán aquello de la maldición de la gitana: “ojalá te salga un toro bueno”. También los había, tiempo ha, que juzgaban la labor de los de luces de acuerdo a las condiciones de lo que tenían delante. Pero todo esto ya no vale, hay que olvidarlo, ¿no? Pues que pierda la memoria el que quiera, pero uno intenta mantenerla, aunque para ello tenga que atiborrarme a rabos de pasa. Y los desmemoriados o los que nunca conocieron de estas cosas de gente mayor, ven toreo en no poder con un toro, ven arte en la trampa, ven poder en no parar quieto y bailar más que un sobrepasado en un after. La cosa es ensalzar al torero y soltar los ¡Bieeeejnnn! Que nos salgan de ahí mismo. Que qué será lo que a esos entusiastas les hace jalear hasta los enganchones. Que no entremos en que si el pico, que si el trallazo o el ventanazo retorciéndose, que con que nos quedemos con los enganchones ya tenemos tema para poner peros a los que ellos perciben como genios de la tauromaquia. Que igual lo son, que no digo yo que no, pero desde luego lo que no son, ni de lejos, medianamente interesantes para el toreo. Que lo dela tauromaquia parece admitir lo ya comentado y exige que si eres paisano o amigo, tengas que mostrar no admiración, verdadera devoción. Si hasta música han pedido. Y ya saben, pedid y se os concederá; y la música ha llegado en forma de avisos, así, como si fuera el vals del segundo. Pero no, a los caballeros no les ha debido parecer bien. Pero siéntense, que esto da para más. Que ya puestos a hacer vergüenzas, los amigos, conocidos o lo que sean, no dudan no solo en hacer que el incapaz se de un giro por el ruedo, sino que encima se ofuscan contra los que opinan muy diferente. Damas y caballeros, es que no todos tenemos amigos toreros a los que ponen para rellenar una tarde de septiembre en Madrid.
Que empezaba la tarde con toros de Valdellán y Juan Luis Fraile y más de uno acudiendo a la plaza con un “verás tú” en la cabeza. Que no digo que lo de Valdellán no se espere siempre, pero lo de Juan Luis Fraile despertaba cierta desconfianza. Pues para que nos vayamos enterando, si no es por el ganado, alguno dudaría entre cortarse las venas o dejárselas largas. Que a la salida todo el mundo comentaba la grata sorpresa de lo de Valdellán y Juan Luis. Pero... siempre hay un pero, la terna actuante... quizá era para refrescar la memoria de los habituales a esta plaza, ni mucho menos de los afines a los toreros. Tres toreros que desde hace tiempo ya no decían nada y... A Pérez Mota parece que nos lo ponen para que no se nos olvide su plomiza incapacidad. Alberto Lamelas, confirmando que lo de hace ya demasiados años parece que fue un espejismo y que su normalidad es el no poder con los toros, ni tener el más mínimo sentido de lo que es lidiar, aunque esto es común a esta terna y a mil que se nos puedan ocurrir. Y José Carlos Venegas, pues dejándose ir dos dulces que exigían toreo y no trapaceo. Pero él a lo suyo, a poner poses y trampear como Dios le dé a entender, con más trampas que Daniel Boon (famoso trampero del far west americano)
Como es habitual, se ha picado penosamente, lo mismo en la paletilla dirección a la pezuña, que más allá de mitad del lomo; imaginen todas las posibilidades para acuchillar a un toro, sin que ninguna de las opciones sea en lo alto del morrillo. Eso sí, como los picadores no tienen padre, ni madre, ni parientes, ni paisanos, se les pueden decir todas las barbaridades que a uno se le pasen por la cabeza en un momento de ofuscación transitoria. Que no sé que iba a ser de esto si no hubiera picas a los que mentarle lo más sagrado. Eso sí, pocos caen en la cuenta de que quien le paga es... y el que le paga es que el que manda, el que da las órdenes y curiosamente suele ser el mismo que no pone los toros en suerte con un mínimo de cuidado y los mismos que no acuden a sacarlo de debajo del peto cuando el de aúpa está zurrando al animal, que uno no sabe como no les falta el riego en el brazo a algunos partelomos que visten de oro. Si vamos por hierros, el primer Valdellán peleó con fijeza, aunque le costara un mundo decidirse a ir al peto. El segundo, tercero de la tarde, fue sustituido por un sobrero del Montecillo que no quería cuentas con el tío del palo. Queriéndose ir en todo momento, escarbando, para acabar yendo el caballo al toro y no al revés. Y el tercero, que hizo quinto, se acercaba al caballo andandito, sin convencimiento, para que no se le picara, aunque el picotazo casi al final del lomo, se lo llevó. Y de los de Juan Luis Fraile, el primero, segundo de la tarde, muy suelto, sin humillar y sin codicia, para acabar en el que hacía la puerta. El segundo, q7ue salió cuarto, medio cumplió en la primera vara y en la segunda, desde lejos, volvió simplemente a cumplir. Y el tercero de Fraile, el que cerraba plaza, tras un primer puyazo sin más y después de pensárselo mucho, en el segundo encuentro hasta empujó con ganas. Pero en la muleta la cosa fue bien diferente, aunque no me gustaría que olvidáramos lo sucedido en estos primeros tercios, porque luego viene el entusiasta de turno y te dice que porque no se cansaba de ir al trapo, este o el otro era el toro de la temporada. Moderación, señores, moderación. Que a veces tenemos la memoria más a corto plazo que un pez.
Pérez Mota empezó con ciertas precauciones con el capote. Inseguro en los primero compases con la muleta, iniciando por enganchones, trapazos acelerados y sin ser capaz de poder con el Valdellán, lo que se evidenciaba con un no parar de bailar entre trapazo y trapazo. En su segundo, insulso con el capote, manteo de compromiso, para luego dar un concierto de muletazos con el pico, mucho enganchados y tomando ese camino que denuncia el no poder, pero que oiga, los hay que se entusiasman con ello y hasta piden música, que no hay nada que les ponga más felices que un buen arrimón, pero que a otros desespera hasta el clímax de la desesperación. Y a ver si otra vez que se piensen ponerle ya se nos ha olvidado lo poquito que da de sí este torero. Eso sí, al entrar a matar por segunda vez salió prendido, siendo zarandeado una eternidad por el toro, recogiéndolo de la arena y volviendo a tenerle a su merced.
Alberto Lamelas recibió al primer Fraile con el capote, mientras este lo punteaba por ambos pitones. No fue el más fácil de la tarde y quizá pedía otra cosa que no fueran derechazos y naturales, al menos de primeras.. Por el izquierdo se vencía, por el derecho tiraba derrotes y lo único que se le ofrecía era un no parar quieto, dejarle enganchar la tela y que el toro fuera el que mandara. Al de Valdellán lo recibió a portagayola, para acabar de cara en la arena. En el último tercio fue una sucesión de trallazos, enganchones, abuso del pico y sin poder hacerse con él, lo que provocaba en el respetable una sensación de emoción, la del que no puede y está a merced de su oponente, que iba una y otra vez a cada cite. Pico exagerado y el animal que se le venía por el hueco entre bulto y engaño. Pero eso parece ser que gusta, que no se imaginan lo feliz que estaba una señora venida de más allá de los Pirineos, que hasta se quería echar al ruedo para agasajar a su torero/ ídolo/ amigo/ váyase a saber.
Y el tercero era José Carlos Venegas, que al que me diga que no se pone estiloso, la tenemos. Eso sí, que cuide las lumbares, que con esas poses tan... que la espalda es muy traicionera. En el recibo a sus dos toros hubo de darse la vuelta para perder terreno. Como todos, mucho trapazo, siempre sacando el culo fuera, muletazos nalgueros, que dicen. Siempre atravesando la muleta, venga a colocarse, salpicado de enganchones muy celebrados, sin percatarse de que el manso en el caballo no paraba de acudir adónde le llamaran. Y dos avisos, ¿no querían música? Pues toma música. A su segundo empezó dándole distancia, igual que le daba ventanazos, siempre muy fuera. El toro no se cansaba de embestir, embestidas que no merecían tanto trallazo, tanto dejarse enganchar la tela y tan poco mando, manifiesto en carreras y más carreras. Que si no pincha cuatro veces, para que el toro acabara echándose solo, igual alguno agitaba el pañuelo, aunque igual en lugar de para pedir la oreja era en señal de rendición, que ya no había quién aguantara más. Eso sí, si la cuadrilla es incapaz de poner cuatro palos y casi deja caer al suelo una docena, por mucho que se mire al palco, señor Venegas, no se puede cambiar el tercio. Que si fuera el caso de que el toro fuera una alimaña, igual podía ser, pero porque los de luces sean unos incapaces, por eso no ¡No, hombre, no! Y al final resultó que el toro sorprende y los de luces... ya ni pueden decepcionar.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html






