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domingo, 9 de junio de 2013

Más cerca del gran final

Uno esperaba buen toreo, pero habrá que seguir esperando


Lo que se revuelven las cabezas antes de San Isidro y anexos, los foros echan humo, las predicciones sobre carteles bomba, toreros, ganaderías televisiones y hasta de los modelitos que lucirán los toreros son un clásico. La cosa se pone que arde, pero ya ha pasado todo y aquí las cosas siguen igual, vamos en una vía muerta cuesta abajo directos a la nada o peor. Ya habrá tiempo para pararse a pensar sobre lo que ha ocurrido desde primeros de mayo para acá, aunque la primera impresión es que el toro ha alcanzado su nivel más bajo, en general corridas muy mal presentadas, muchas chicas y gordas, poco equilibradas y sin trapío, apabullante mayoría de mansadas, no ha habido tanto toro desaprovechado como en otros años, porque no han salido toros con cierta calidad. La casta es casi un factor desaparecido, la suerte de varas casi no es ni testimonial, la lidia es un concepto desfasado, en gran medida porque el toro no exige a sus lidiadores, los “profesionales” desprecian todo lo que no sea el último tercio, preocupante inconsistencia y falta de recursos, afición y orgullo por parte de los toreros, ya fueran de oro o de plata. Ausencia de cualquier asomo de autocrítica, exceso de soberbia y desprecio por todo lo que no sea justificar su incompetencia no reconocida ni por el protagonista, ni por su “entorno”, ni por esos “seguidores” que piensan que a un torero se le debe adhesión incondicional y a la Fiesta, pues que la den. También se ha confirmado que Madrid ya no tiene nada que ver con lo que fue, antes los isidros venían a ver cómo era esta plaza, ahora se presentan aquí para colonizar este coso, que era el único que resistía de alguna forma el acoso de la vulgaridad. Al final han conseguido que sea una plaza más de provincias, se aplauden mansos en el arrastre, no se exige un tercio de varas íntegro, mucho menos el toro, se hace saludar a los banderilleros por calvar a toro pasado, se jalean los mantazos, estridencias y vulgaridades, se insulta a los que no están de acuerdo y parecen no tener otro aliciente que pedir oreja y más orejas. Esperanzador ¿verdad?

La última de todas las corridas del toreo a pie fue una decepción más, o incluso peor, porque el aficionado esperaba algo más de lo de Baltasar Ibán, y de un Diego Urdiales que necesitaba como el comer, que seguía siendo un torero a tener en cuenta. Recibió por verónicas al primer Ibán que se frenaba y punteaba por ambos pitones. Se fue suelto a por caballo que viajaba por el dos, saliéndose suelto y rebrincado al notar el palo. Ya a contraquerencia derribó al jinete, que no se agarró bien. El toro echaba la cara arriba al tomar los capotes, se arrancó bien desde un poco más lejos, recibió un puyazo trasero, volvió a derribar y salió huyendo de nuevo. Igual que en el siguiente encuentro, en el que el picador volvió a verse en evidencia, demostrando una preocupante falta de pericia, a lo que colaboraba esa larga caña de pescar que parecía el palo. El Ibán se dolió mucho en banderillas y esperó mucho en las entradas por el pitón derecho. Urdiales se lo sacó hacia fuera con pases por abajo, para seguir con derechazos de uno en uno, muy discontinuo y recolocándose constantemente, para lo que le quitaba la muleta de la cara al toro. A pesar de todo parecía no resignarse el riojano, que se sacó a su segundo hacia los medios por verónicas. Lo llevó al caballo con un galleo por chicuelitas, no demasiado lucido por la violencia del toro al embestir. Se arrancó bien al caballo, se le picó trasero, mientras no paraba de cornear el peto. Volvió desde más cerca, se le picó muy trasero, sin que el picador pensara eso de rectificar. Se dolió en banderillas y ya en la muleta echaba la cara arriba, lo que Urdiales no remedia, pues remataba los pases arriba, un desarme, se la echó a la zocata y lo mismo, con el añadido de que se le coló con mucho peligro. La cosa acabó en una pelea en la que el toro se iba acercando cada vez más a toriles. No fue la tarde de Diego Urdiales, ni tampoco ha sido su feria. Siempre se espera a este torero que no sabe otra cosa que querer torear con la verdad, además hay quien prefiere a estos matadores lejos, no vaya a ser que descubran los trucos de otros, pero cada vez hay menos posibilidades y más dificultades para convencer a las empresas de que se merece estar incluido en las ferias.

Por el contrario, parece que Juan Bautista tiene todo el crédito del mundo, el que parece que le dan las orejitas concedidas por los isidros por esas eternas y aburridas faenas. Tras despitorrarse su primer contra el peto, le salió uno de El Montecillo, al que antes de entrar al caballo ya le habían capoteado más que al toro del aguardiente en una noche de capea. El animal se iba suelto al caballo, para no empujar, porque le faltaba la fuerza necesaria, o empujar de lado. Se dolió de los palos y constantemente se quería escapar, sin que los mantazos de los de luces lograran sujetarle. En la muleta, el francés empezó con lo suyo, muletazos y más muletazos sin temple, ni mando y sin rematar, y para colmo, este sobrero se defendía por el izquierdo. Casi calcada fue su labor en el quinto, ya de Ibán, dejando que fuera como Juan por su casa. Se le pegó bien en la segunda vara. Y más trapazos y trapazos y trapazos, ya fuera el toro un poco rebrincado o no, daba la sensación de ser un autómata sin alma torera, pero seguro que volveremos a verle por estos lares.


David Mora tuvo el honor de cerrar la feria, de cerrar este maratón de destoreo y vulgaridad y no creo que se pudiera elegir un mejor representante de esta escuela. Así lo evidenció al recibir a su primero con unos trapazos lleno de aparente solemnidad. El toro empujó de lado en la primera vara, se le tapó la salida, sin colocar volvió al caballo a pegar cabezazos y hubo una tercera entrada en la que se arrancó con cierto son, para que le taparan la salida. Íbamos a ver un quite de Diego Urdiales, cuando de repente Mora salió como una flecha para impedirlo y ponerse él delante del toro. Eso es saber estar en el ruedo, conocer las fases de la lidia, los órdenes que en esta imperan, el desprecio al compañero al que le correspondía ese quite y al público, que igual prefería ver torear de capote y no pegar unos trapazos con enganchones y apartándose descaradamente, que quería hacer pasar por gaoneras. El riojano se apartó de la escena y dejó que este chico que alguien le ha hecho creer que era una figura, hiciera el ridículo, sin ayuda de nadie. Luego parece ser que comentaron algo, pero ya se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Con el clasicismo de la modernidad imperante empezó con trapazos por abajo, siguió con naturales sin llevar al toro y con carreritas constantes para colocarse él, ya que con la muleta no sabe llevar al toro. Lo mismo por el pitón derecho, quitándole el trapo de golpe de la cara del toro, en lugar de correr la mano y rematar, muy atacado, con demasiada ansiedad, prisa o vaya usted a saber qué. Un bajonazo soltando la muleta y a otra cosa. En el sexto pegó dos verónicas, el toro se le va y él tan campante, otra vez y lo mismo, como si pensara que si el toro quiere ser toreado, que venga a mí. Descolocado durante el tercio de varas, desentendido de la lidia, igual porque pensaba que eso era para los simples mortales y no para él. Hizo que el picador fuera a por el toro más allá de las rayas del tercio, la multa la pagaba él, que se había levantado rumboso. Pero ya que había multa, que el pica se desahogara sobre el lomo del animal. Tomó de nuevo la muleta y para ser fiel a su escuela, pico, carreras, excelsa sosería, vulgaridad y con tanto torcer la muleta, el toro se le colaba. Pero también sabemos que este torero es un alma impasible y ya le puede tocar el paradigma del toro pastueño, que si él considera que no tiene que llegar al máximo, no se llega. Pero verán ustedes como el año próximo vuelve por estos barrios más de una tarde, si no le vemos antes en Otoño, pero para eso aún quedan meses. Se terminaba este largo caminar, pero viendo como han ido las cosas,¿no estamos más cerca del final de todo esto? Ya saben mi opinión, si lo que nos queda es la tauromaquia 2.0, yo voto por su abolición inmediata, pero si queda algún asomo del toro íntegro y el toreo clásico, a luchar por conservarlo. Y como dicen los modernos, nos hablamos.

sábado, 8 de junio de 2013

Certamen de Miss España durante la próxima feria de San Isidro

Quiero agradecer al Ayuntamiento de Burriana el que hayan utilizado esta imagen para su cartel de los encierros de aquella localidad, sin documentarse sobre quién es el autor, si la imagen estaba disponible y sin importarles un pito eso de los derechos de uso de una obra, pero igual se creen con la potestad de poder pisotear lo que les venga en gana. Al menos me queda el consuelo de que mi encierro les ha gustado. Si se ponen en contacto con alguno de ustedes para hablar de ese cartel, pues si me hacen el favor, me los mandan. Muchas gracias
Los tiempos cambian, el mundo avanza y hay que evolucionar, no se puede estar siempre anclado en el pasado y siguiendo los dictados de otra época, que en la actualidad resulta no sólo anacrónico, sino absurdo, estúpido, aburrido, sin sentido, un freno para el progreso, una renuncia al futuro y despreciar una posible buena talegada de ingresos extras para los señores empresarios y emprendedores que a veces se pasan tres pueblos en eso de emprender. Aunque si por esto entendemos como el espabiladete que monta un esperpento para sacar más pasta, pues entonces la cosa va bien, estamos en el camino ideal, y además a una velocidad de cuidado.

Como en esto de los toros los que mandan pueden hacer lo que les venga bien, literalmente, lo que más tela les reporte, pues reunidos los gestores del corralito de Las Ventas, los Choperitas, alias “¿Y no se puede arrebañar un poco más?”, Simón Casas, alias “Yo tengó un amigó francés que nos lo hace a buen precio” y el señor Matilla, alias “Esto lo hago yo pasar por toro”, junto con los representantes de la Comunidad de Madrid al grito de “lo primero la fiesta, luego esto de los toros”, todos ellos han decidido que el próximo año, el certamen de Miss España se celebrará durante la feria de San Isidro. Como lo oyen, todos los asistentes a los festejos podrán contemplar las bellezas de nuestro suelo patrio, mientras se representa el primer tercio de la lidia. Esto sí que es evolucionar, esto sí que es ARTE y CULTURA. No me digan que no es un verdadero acierto. Por una vez veo que se ha pensado en el aficionado, que no en la aficionada, pero ya se sabe, la mujer en los toros está para que los hombres, los machos ibéricos disfruten con su presencia. Las amables señoritas desfilarán montadas en el caballo de picar, aunque sin castoreño, ni mona, ni nada que afee su presencia. Incluso no será necesario que piquen tal y como se viene haciendo hasta el momento. Grande ¿no? El gremio de picadores también ha mostrado su total adhesión a la medida; lo que parece indicar que no les han avisado de que ellos ya no saldrán al ruedo y que si acaso, se les buscará un puesto como acomodadores, siempre y cuando estos puestos no estén ocupados por las reinas de las fiestas de las localidades de la Comunidad de Madrid. Realmente creo que este cambio no afectará en manera alguna al desarrollo de la lidia tal y como se viene realizando desde hace tiempo y además levantará el espíritu de los machos hispánicos que tan vehementemente soportan esta Fiesta tan nuestra y que tan bien representa los valores patrios.

Si alguien duda de semejante iniciativa, que se pare a reflexionar sobre la de Alcurrucén. ¿Alguien habría echado de menos a los de la montada acorazada si se hubieran ido a pasar la tarde a un spa? ¿Quien nos dice que no estuvieron de juerga los picas y que mandaron a un parado que cobra prestación y que está en su casa perdiendo el tiempo, leyendo libros o estudiando idiomas? Yo en algún momento lo he sospechado, pero no tengo pruebas para demostrarlo. De los seis, al primero, que derribó y todo, casi ni le rozaron con el palo, se refugiaba en tablas y esperaba a los de los palos como si no le hiciera gracia que le colgasen más cosas del lomo. Al segundo novillo había que pillarlo, pues no aguantaba allí debajo ni el pestañeo de una miss. Sólo se paró para esperar a los banderilleros. El tercero, que no se sabía si estaba cojo de una pata, de dos o inválido de todas las extremidades. Salió tambaleándose del caballo, sin que le hubieran picado ni para molestarle un poquito. Tampoco se le picó en la segunda entrada, lo que gustó mucho al público, que ovacionó al señor del caballo, creo yo que por no picar. Estos parece que ya se olían algo de lo de las misses, los muy picarones. Nadie se compadeció del animalito que se retorcía al notar los palos en el lomo. El cuarto salió no queriendo alejarse de las tablas. Le picó el reserva cuando se le vino suelto y con las mismas se fue a escape cuando vio que cabeceando no se podía quitar el palo. Pero en la segunda vara ya bien colocado, se arrancó como un rayo y hasta empujó con ambos pitones. Luego cortó por los dos lados y echó la cara arriba. La cabrita desnutrida que hizo de quinto, corneó el peto y salió escapando a otros lares, lo que debió ablandar el corazón del hombre del palo, que después sólo le señaló la vara. Y no les llamo picadores, porque aún me queda la duda de si eran los anunciados o unos impostores del paro. A mí uno se me pareció mucho a un neurocirujano que conocía yo del Ramón y Cajal, y otro me recordaba una barbaridad a un catedrático de la Facultad de Exactas de la Complutense. Pero ya digo, que no tengo pruebas. Pero a lo que vamos; al sexto se le puso en suerte desde dentro de las dos rayas, para ver como salía huyendo al notar el hierro. Otro picotacito y se acabó. En banderillas pegó algún arreón de manso, que seguro que no lo era, igual que el resto, aunque hicieron de todo por disimular su bravura oculta, bravura que no pongo en duda, igual que la presencia, que aunque fuera la de una novillada, seguro que no era así, las apariencias engañan, porque no creo yo que unos insignes ganaderos y taurinos como los Lozano, fueran a criar mansos con pinta de chivos escuálidos. Aunque para no serlo, les quedaron que daban el pego como tales. Cuanta ignorancia tenemos los que vamos a la plaza, que nos dejamos embrujar por las apariencias.

Pero en esta Fiesta en evolución sólo hay una cosa que no admite sustituciones y son los toreadores, nadie como ellos pueden liarse a pegar tal cantidad de trapazos sin ponerse colorados. Fíjense en El Cid, con que soltura pega unos trallazos y mantazos por la derecha, la izquierda y por donde mande la concurrencia, estirándose y contorsionándose para largar tela y mandar al animal allí a lo lejos, que es lo único que de momento manda este torero. Enganchones, banderazos y muestras de incapacidad, mientras algunos discutían en los tendidos si era mejor el hermano gemelo que venía hace años, o este que nos mandan ahora. Este tiene tal desgana que da la impresión de que preferiría estar de jurado de las misses el año que viene. Pero esta feria ha dejado para el recuerdo una aportación propia y es el quite del “por aquí, no, por ahí, no por…”, en el que el matador cita por el pitón derecho, inmediatamente cambia al contrario y vuelve al original, algo muy apropiado para hacérselo a un toro encastado y si encima se lo hace dos veces, será para ponerle un placa junto a la de la corrida más brava de San Isidro, la de Chotoria… perdón, don Victoriano del Río, en la que ya se podría haber probado eso de las misses en el primer tercio.

Además había dos toreros de allende nuestras fronteras patrias, incluso de allende de los mares patrios y de las aguas internacionales, de por México decían en los papeles, que ya es lejos, pero muy lejos. Que si quieres ir a comer allí el Día del Padre, hazte a la idea de que no vuelves antes del Día de la Madre, y lo mismo te pierdes los primeros desfiles de Miss España. El primero, Joselito Adame, se ganó ocupar el lugar dejado por el convaleciente Iván Fandiño, por sus actuaciones anteriores. Sí bien hay que valorar su disposición durante tosa la corrida, no perdonando un quite y arrancando más de un ¡ay! en uno por gaoneras, que si bien se coloca el capote a la espalda como el que se sobrepone un gabán. Aguantó las embestidas sin mover un pelo, con riesgo para las costuras del traje de luces. Pero en esta ocasión todavía le he visto más acelerado que en su anterior actuación y más conservador, poniendo en práctica los vicios de la Tauromaquia 2.0. Sin temple, haciendo parecer que la muleta era una bayeta. Quieto, pero sin manejar del todo bien las telas, muy perfilero, ofreciendo al toro la espalda en algunos cites y toreando como si lo estuviera haciendo para una plaza de un pueblo de provincias… Igual era esa la realidad y algunos nos dejamos deslumbrar por las apariencias, creyendo que estábamos en la de Madrid. Tras unas zapopinas muy bailadas, marcando la salida por un lado y escapando al otro. Mucho trapazo y pierna escondida, innumerables pases, sin que se pudiera rescatar uno, aunque sí que hay que reconocerle un trincherazo que de repente destelló como un fogonazo, pero el resto siguió igual. Un pinchazo y una casi entera atravesada y caída le hicieron cortar una oreja. Ahora a ver qué camino toma, el de la verdad o el de las apariencias.


Cerraba Juan Pablo Sánchez, que como casi todos, no se interesó demasiado por eso de la lidia y poner el toro en suerte. Comenzó con unos pases lentos por bajo a un toro que no se sujetaba en pie. Pico y echando el toro para afuera, pases y más pases sin emoción alguna, que prolongó en el segundo, sin aparente lógica en eso de ahora con la derecha, ahora por el izquierdo, pero con trallazos por ambos lados, banderazos y un excesivo abuso del pico. Acabó con un soberbio bajonazo, aunque la gente ya no estaba en esas cosas, el público ya estaba pensando en el futuro, ese futuro de alegría para el macho ibérico, cuando sea testigo de excepción en el Certamen de Miss España durante la próxima feria de San Isidro.

viernes, 7 de junio de 2013

Ya no estamos para nadie

¿Habrá recuperado Uceda la espada?

Si alguien llama a la puerta para ofrecerse para torear una tarde en Madrid, ya directamente le decimos que ya tenemos de todo, que vuelva el año que viene, que este ya no nos ni feria que planificar, ni ganas. Que vayan pasando los que quedan y ya, y además que se den prisita, no vaya a ser que se queden dentro los tardones, que igual se echa el cierre con ellos dentro. Tantas apreturas unas tardes y ahora no se llega ni a la media entrada. Lo siento por Taurodelta, con la ilusión que habían puesto en esto del Arte y la Cultura y ya ven lo poco agradecidos que son los públicos, si hasta los ha habido que ni han sacado las entradas para este apósito de San Isidro. No valoramos nada, tienen el detalle de juntarnos todas las corridas de toros de junio y julio en una semana y no estamos de acuerdo. Moraleja, el año que viene que se lo eviten y no nos pongan esta semana de rondón así por la jeta. Que no sé yo si la empresa llegará a esta misma conclusión en un futuro, con lo aficionados que son ellos a las ferias, miniferias, preferias, postferias, ciclos de novilladas, ciclos con novilleros, ciclo tímicos, ciclo nes, ciclo pes y toda clase de ciclos que uno pueda imaginar.

Un trabajo no valorado, lo que les habrá costado encontrar una mansada más, si ya no deben quedar mansos en el campo, ya parecía que habían venido todos. Si hasta habían elegido como presidente de la corrida a don Manuel Muñoz Infante, el azote de los mansos, que parece que los huele de lejos y si encima los llama y ve como se acercan en los corrales, ya no le queda ninguna duda. Qué pena que fuera su último día en el palco, cuanto lo van a echar de menos las figuras y público clavelero y orejero. Ya se sabe, siempre se van primero los mejores. El caso es que don Manuel tenía que estar afectado por su adiós y sin querer se le coló una mansada de las buenas de Juan Manuel Criado, de las que se les pone los toros al caballo y se lían a pegar cabezazos, sin que apenas se les pueda dar más de dos picotazos cariñosos. Y perdón por eso de poner el toro al caballo, es que uno es un antiguo y no logra borrar la terminología de antes; lo más torero era dejarlos en las inmediaciones del peto. No apretaban ni para comprometer al jinete, a lo sumo se quedaban allí a esperar. Si acaso el quinto, que se permitió el lujo de empujar cuando le tapaban la vía de escape. Uno potable que salió, el sobrero de González Sánchez Dalp, tampoco fue un manantial de bravura, se ajustaba más al tipo modernito que tanto se estila, casi muerto hasta el segundo tercio y luego en la muleta empezó a embestir con buen son, incluso sin la habitual bobonería que tanto se ve por esos mundos. Y quede como cosa curiosa el sexto que intentó varias veces saltar la barrera, pero su escasez de fuerzas no le permitió conocer otros mundos.

Uceda Leal, el torero que va a haber estado más años de promesa, despachó a su primero con pases sin ambición ninguna, trapazos sin mando, sin temple, sin gracia y sin nada, ya fuera con la diestra o con la zurda. En su segundo, el sobrero de González Sánchez Dalp, en cambio la cosa cambió casi repentinamente. Lo recibió a la verónica y de repente en un lance se percató de que allí podía encontrar “colaborador” (qué término tan torero, ¿verdad?). Pueden que hayan sido las mejores verónicas de lo que llevamos desde mayo, incluso de toda la temporada, que tampoco es decir demasiado. Pero bueno, a uno le despertaron del aburrimiento, rematando de una media monumental por el pitón derecho, con la planta erguida y con el toro metido en la tela, se lo enroscó alrededor de la cintura. Con la muleta se puso pesado, abusando del pico, de los estiramientos y retorcimientos, pegando tirones a un animal que exigía temple y que no le dejaran enganchar las telas. El toro se le marchó sin torear, pero antes pegó un estoconazo, haciéndonos recordar a aquel Uceda Leal que mataba como un tiro, Don Manuel le concedió la oreja. Será cosa de querer dejar un buen recuerdo en la parroquia. En el que no pudo matar Sergio Flores, su labor se limitó a intentar muletear a un animal que se quería ir constantemente y que entraba con la cara a media altura. Acabó con otra buena estocada, que parece indicar que si no ha recuperado el sitio de la espada, puede que esté en el camino.

El linarense Curro Díaz podía pensar de vez en cuando en esa leal parroquia de curristas que le acompañan siempre que asoma por la calle de Alcalá. Un torero que posee un tesoro, pero que parece que se le ha oxidado y que él prefiere las baratijas modernas. Ventajista, muy perfilero, casi citando de espaldas, sin ganas de nada, lo mismo retorcido que estirando el brazo exageradamente; y eso que aún con ventajas, en su primero dejó ver el aire de artista que tiene, pero si esto lo emplea en esconderse, pues no le sirve para nada.


Sergio Flores parecía una sucursal del ciclón que parece que está ahora instalado allá por el Golfo de México. Muy acelerado, dando muchos pases y sin dejar claras sus aptitudes y conocimientos de la lidia o de lo que es hilvanar una faena de muleta. Abuso de todos los trucos y modos del toreo moderno, resultó cogido una primera vez, aunque siguió en el ruedo para no parar de dar más trapazos, intercalando lo que se le venía a la cabeza, una nueva cogida que ya le hizo entrar en la enfermería. Quizá fue el fiel reflejo de lo ahora se entiende por torear, dar cuantos más pases mejor, si es a toda prisa da igual, la cuestión es abanicar al toro. Después de todo esto a uno ya le da mucha pereza todo esto, así que no se extrañen si alguien les dice que no estamos para nadie.

jueves, 6 de junio de 2013

Señor Morante y compañía, la honradez, honestidad y afición ni se compran, ni se estudian

Vicente Pastor, un ejemplo de honradez y vergüenza torera


Corrida Extraordinaria de Beneficencia que se llamaba antes la el festejo que se celebró el 5 de junio, pero que se podría pasar a llamar la chirigota de un señor que no se sabe qué pinta en Madrid, y más en este día, cuando la última vez que se pasó por aquí se choteo y quiso ridiculizar al público que pagó su entrada, para que él pudiera cobrar. Que uno siente más que nadie su accidente, pero si es por percances graves, aún espero a Pauloba, Sandín, Fernando Cruz y muchos otros que estuvieron en la línea de irse o quedarse aquí abajo. Otro caballero que va de artista supremo, de genio del toreo, que en la plaza de Las Ventas, que coincide que es la de Madrid, solo ha hecho tres o cuatro quites con el capote, geniales, pero tres o cuatro, pero que lleva años reventando tardes de toros exigiendo hierros, toros, a veces parece que también presidente y a lo mejor hasta público. Pero el señor no sólo se permite hacer el ridículo, sí, el ridículo, pegando mantazos y sin torear, poniendo posturitas de chapero de billares y sin mandar ni una vez en el toro. Eso sí, tiene cara y falta de estilo suficientes como para encararse con un aficionado, y gran parte de la plaza, de esta que era la primera del mundo, pero que ahora es una vergüenza dominguera y clavelera, le rieron la gracia y le regalaron una ovación, igual que se hace con los niños mal criados. Eso sí, ninguno de estos le echó cuentas cuando le pasaba la muleta por encima de la cabeza al toro. Y cerrando el cartel Sebastián Castella, monsieur Castelá, al que solo le importa que le llamen figura, que le traten como y no ver sufrir a los animales, que hace años se aprendió una faena de muleta y la sigue exhibiendo tarde tras tarde, le cuadre o no le cuadre al toro. La ha refinado eliminado riesgos, pero el público sigue sorprendiéndose con los numeritos de siempre.

No se avergonzaron al montar el espectáculo que se montó en toriles, ¿cómo lo iban a hacer si ellos son unos mandones del toreo? En el primer reconocimiento se dice que sólo pasó uno de Valdefresno, luego que se habían repescado dos más y que al final, para no tener que ponerse a devolver entradas, se admitió a uno más. La corrida fue parcheada con dos de Victoriano del Río, esa ganadería que dicen que ha sido la mejor de la feria y eso sin que la picaran. El primero ni admitió el caballo, so pena de reventarse contra el suelo, no se aguantaba en pie y además tuvo que tragarse los trapazos destemplados de Padilla y su cuadrilla. Banderillas del maestro, impropias hasta de un aprendiz, Pases fuera de cacho, trapazos echando al toro hacia fuera, carreritas para recuperar el sitio, para acabar con martinetes, molinetes  despegados. En su segundo no cayó en que igual sería bueno fijar al toro antes de liarse a pegar mantazos a discreción, aunque sólo fuera para poner el toro en suerte y no dejarlo a su caer allá donde pillara. Mal picado, trasero y tapándole la salida a un flojo toro de Valdefresno. Una faena plena de retorcimientos, abuso de pico, estiramientos contorsionistas para largar al toro allá dónde éste quisiera. Tanta falta de mando y colocación le costó llevarse un susto al verse cogido por el torillo. No sé si Juan José Padilla volverá pronto por esta plaza, pero al menos que venga con toros y que lo haga esperando su turno, a ser posible después de los que se han ganado anunciarse en esta plaza. Que seguro que en otras plazas ha estado “cumbre”, como dicen los taurinillos, pero lo lógico es que actúen esas plazas y no en esta.

El genio, el duende del toreo, ese que a todos nos ha hecho vibrar en algún momento y soñar su toreo de capote, parece que no acaba de saber cuál es la medida de las cosas. ¿Por qué hay que aguantarle sus caprichos matinales desde hace años? Antes bajo la portavocía de Curro Vázquez y ahora por quien sea, que no tengo el gusto de conocer. Hay que tragar con los toros que le parezcan bien, con los compañeros que no le molesten, hay que tratarle como un artista supremo, hay que soportar que si se le tuerce el ceño tiene el privilegio de decir “ahí os quedáis” y además hay que decirle a todo que sí, que es un maestro. Al primero le recibió con la rodilla flexionada, pero echándose hacia atrás y no hacia delante. El cebado novillote no tenía fuerzas y se limito a estamparse con el peto, mientras se simulaba la suerte de varas. Ni lo llevó al caballo, como mucho le puso al relance en la segunda vara. Trapazos por abajo, y signos de no querer ni verlo, más trapazos para machacar al animal y tras un pinchazo, un bajonazo. En su segundo comenzó su labor con trallazos largados sin torear. le picaron, que es un decir, trasero, para salir suelto hacia las proximidades de toriles, un quite al aire de Morante y los olés de los más fieles, que no cayeron en la cuenta de que a lo sumo le estaba abanicando. Picotazo en la paletilla y nueva huida del de Valdefresno. Tomó la muleta para trapacear vilmente al toro, derechazos citando de culo, intercalados de las correspondientes carreras para recolocarse una y otra vez. Como el maestro no se encontraba con su tipo de toro, se lió a pegarle mandobles con la muleta, por encima de la cara, por debajo, hasta dejar apabullado al animal. Ya me dirán si hay algo que pueda merecer el aplauso, más bien todo lo contrario, pero Morante no pudo aguantar el que nadie le criticara, él no está para esas cosas, él es sublime, no uno de esos con los que se mete el escandaloso público de Madrid. No tuvo reparos en encararse con el respetable y haciéndolo con descaro y sin el mínimo rasgo de humildad y vergüenza torera. Pero esos fieles, esos que beben los vientos por él, pero a los que parece que les importa un pito el que la Fiesta de los Toros sea despreciada, porque sólo viven para su torero, como perfectos corifeos le dedicaron una ovación y le rieron la gracia. Es que me parto, que gracioso y chisposo, que ya le veo en la nueva temporada del Club de la Comedia. Recordaba a un torero que nunca tuvo una buena tarde en Madrid, al que se le protestó y se le montaron verdaderas broncas de las de antes, pero que a lo que más se atrevió fue a poner cara de evidente cabreo, pero comiéndose cualquier reacción contra el público. Era Emilio Muñoz, un torero que a pesar de todo, la afición de Madrid le reconoce como un torero de una vez. Sufrió como nadie este público, pero nunca se revolvió y hasta ha llegado a decir que entiende a esta afición. Eso es ser torero, eso es ser honesto y honrado con este mundo, y no el chistoso del día, como parece que quiere ser el señor Morante, que a lo mejor tendría que pensar en acartelarse con toros y en torearlos y no abanicarlos.


Lo de Monsieur Castelá es un caso aparte, aunque en esencia es lo mismo que cualquiera de las figuritas que pisotean el Toreo tarde tras tarde, desde que eligen el ganado, hasta que lo mandan al desolladero. hay que reconocerle ese arte que tiene para hacerse invisible durante la lidia, siendo lo más comprometido a lo que se digna, a dejar al toro a su aire en el tercio de varas, eso que se llama la suerte del “ ahí te quedas”. A su primero casi le pican en la marca del hierro, aunque daba igual, el animalito no tenía fuerzas ni para pensarse eso de empujar, bastante tenía con aguantar en pie. Pero el galo a lo suyo, tiró de repertorio y venga a pegar mantazos enganchados tirando de pico, teniendo que recolocarse a cada momento, rematando allá por las nubes, pero él no pierde el ánimo, su mística es mucho más fuerte que todo eso. Siguiendo el guión, a su segundo nadie le fija, es más todo el que pasaba por allí le daba un capotazo, sólo faltaba el “aficionado práctico” con la camiseta del Círculo Taurino de Villaseca del Río Crecido. Con tan poca dedicación, el toro decidió irse a toriles, que al menos se estaba más calentito. Empujó con fijeza en la primera vara, mientras le tapaban la salida. En la segunda ya no recibió el mismo castigo, un picotacito y cabezazos para quitarse el palo. En banderillas hicieron saludar a Javier Ambel por dos pares en medio del lomo y sobre un pitón. La faena un calco de la anterior, con pases por detrás en el comienzo, siguiendo con muletazos distantes, enganchados y con el pico. El toro se le acabó yendo a tablas y él detrás queriendo seguir con lo suyo, sin cuidar ni terrenos, ni distancias, ni preocupándose por el dolor de espalda del respetable, que casi siempre es el último de la juerga. Eso sí, cada día más, echa de menos a los toreros de siempre que sabían que la honradez, honestidad y afición ni se compran, ni se estudian.

miércoles, 5 de junio de 2013

Cuestión de voluntad


La variedad con el capote, algo tan propio de los toreros mexicanos
Las vueltas que le he dado a esto de escribir sobre el añadido del Jarte, que de esto uno tiene la cesta llena, del jarte de no soportar ya ni un minuto más aguantando bodrios. Lo de la Cultura ya es pretender dar un barniz a esto que no deja de ser algo pretencioso y poco cercano a la realidad, pero al final me ha podido la voluntad de querer llegar al último día contando, aunque sin contar nada, porque no hay demasiado para contar.

La voluntad que le faltó a los de El Montecillo para ser bravos, aunque esto sea más cuestión del ganadero que de los pobres animalitos, que a la mínima se arrastraban por la arena intentando mantener el equilibrio, que salían como alma que lleva el diablo horrorizados de lo que daban en el caballo. Quizá habría que recuperar aquella idea de las diferentes tallas de pullas según el toro. Y a los que sean de la misma condición que estos ponerles un borlón con un pompón en la punta, para así no quebrar la voluntad de los de las patas negras, leales “colaboradores” con los muleteros, pero a los que no habían dicho nada de que les pincharían. Flojos y mansos., pero mansos de esos que piden a gritos las negras y que sirven para poner en evidencia al presidente, que se conforma con un amago y medio de picotazo, para poder cambiar el tercio. Incluso los matadores corrían para que no les devolvieran el toro a los corrales, ¿qué estaba sin picar? Y qué más da. En otros tiempos eso sería un suicidio y hoy, la única consecuencia es que el encargado de ponerse delante gastará menos en vendas, tiritas y agua oxigenada. Sólo fue medianamente “colaborador” el tercero, el que tenía más pinta de toro, manso como sus primos y hermanos, pero al menos sacó una chispa que daba cierta emoción a la faena de muleta de Joselito Adame.

Antonio Ferreras llegó dando la impresión de que él ya había pasado de curso y no tenía voluntad de subir nota; no la necesitaba, porque para lo que él quería le daba de sobra la media, con lo hecho seguro que podrá pedir algo más de dinero en esas plazas del mundo y a lo mejor hasta actúa en algún sitio más. pases a toro pasado, numeritos de hacer quiebros y requiebros, para después liarse a pegar pases citando desde fuera, con el pico, intercalando muchas carreras y cuando parecía que el cuarto le iba a sobrepasar, tomó el estoque y punto, no fuera a ser que le hicieran devolver lo conseguido.

Serafín Marín llegó tan desorientado y desganado que daba la impresión de no tener ninguna voluntad de salir del hoyo en el que se encuentra desde hace ya bastante tiempo. Ausente y toreando con el piloto automático, queriendo aplicar la faena de siempre a todo lo que se le pusiera por delante, lo mismo un novillote de El Montecillo, que un caballo de picar, que el delegado de la autoridad. Uno ignora el motivo de todo esto y por qué salió de las ferias en las que era un habitual, pero así será difícil retomar aquella vereda.


Joselito Adame, que hubo un tiempo en que le faltaba esa voluntad tan necesaria para ser torero y más para ser un fijo en las ferias, en las últimas actuaciones en esta plaza ha dejado bien claro que su actitud es otra. Ahora le sobra voluntad y quizá lo más complicado para él sea dominar esa fuerza y encauzarla para alcanzar sus propósitos. Intervino en quites en los toros de sus compañeros y no se arredró al recibir a su tercero, tragando sus parones y sus escandalosas huídas de los caballos. Comenzó la faena con unos estatuarios a un toro que parecía un moribundo, continuó muy bullanguero, no queriendo ceder en la pelea, consiguiendo un derechazo completo y de calidad, aunque también los hubo enganchados, la mayoría. De los naturales posteriores, otros dos para recordar, pero insertados en una cadena de enganchones y pases sin demasiado temple, la verdad. Pero hay que valorar el poder ver un natural rematado atrás. Ayudados por bajo flexionando la rodilla, en los que se valoraba más la intención que la ejecución, pero si es necesario claudicar a ver el toreo para ver si los toreros se administran sus buenas dosis de voluntad, pues amén. Acabó con entera muy caída, lo que no fue obstáculo para que se le concediera la oreja. En su segundo salió desde la portagayola a llevarse esa segunda oreja, derrochando eso que tanta falta hacía, voluntad. Quite por zapopinas, que aquí llaman lopecinas y un comienzo de faena vibrante, citando desde los medios, pero la cosa no estaba para arriesgar y esas buenas maneras del tercero en el que en la mayoría de los casos adelantaba la pierna de salida, ahora quedaban archivadas. Ese no querer perder se tradujo en abuso del pico, retorcimientos, demasiado espatarrado y con la izquierda tirando con la uve de la muleta del animal, echándole hacia fuera y escondiendo la pierna de salida. Despertó al público con detalles toreros, pero un buen toro para la muleta, que no para otra cosa, se llevó las orejas puestas. Habrá quién diga que fue por culpa del descabello, pero si se piensan un poquito las cosas, lo mismo llegan a la conclusión de que otra oreja habría sido excesiva, a pesar de la buena voluntad del respetable que gusta de ver salir a hombros a los jóvenes toreros rebosantes de… ganas y voluntad.