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viernes, 25 de noviembre de 2011

Madrid, a cara o cruz


Ya se sabe que el escenario de la plaza de Madrid es el más apropiado para echar una moneda al aire y esperar a ver si sale cara o cruz. Quien lo diría, en una cosa tan seria como es la vida de los que saltan al ruedo, la salud de un espectáculo extremadamente amenazado y arrinconado no se sabe bien en virtud de que criterios y al final lo importante depende de una monedita volando. Lo mismo da el futuro de un torero que viene a Madrid a jugársela como último recurso, que el futuro de la primera plaza del mundo y de la Fiesta de los toros. Aunque como si estuviésemos entre los tahúres del Misissippi, la moneda está trucada y de cada diez veces, nueve sale Taurodelta y una Simón Casas. Y si nos paramos a ver detenidamente el pliego, esta diferencia puede incrementarse aún más. Aunque también puede ser que los dos tahúres se asocien y se lleven todo el botín de Las Ventas. Repartirían beneficios, gastos y lo que les viene todavía mejor, responsabilidades. Si echamos mano a las cuentas del año pasado, les esperan casi 20 millones de euros, más el incremento del precio de las entradas.

No me voy a poner a destripar parte por parte el tan esperado pliego, sería un castigo que no creo que merezca ser impuesto a nadie. Otra cosa son los masocas que se enfrascarán en su lectura para ver el grado de cabreo que son capaces de alcanzar con un papel en la mano. Pero vamos allá. Y creo que lo primero es empezar por las cláusulas excluyentes que cierran la puerta a cualquier posible aspirante con ideas, ganas de trabajar y afición, pero que si no ha regentado al menos dos plazas de primera durante tres años, con un mínimo de diez festejos por año, ya se puede ir por donde ha venido. Que conste que a mi no parece mal poner un filtro para evitar que se apunten los advenedizos y aprovechados, pero no creo que la gestión de las plazas de primera sea la más adecuada. Eso sí, la Comunidad de Madrid se asegura que no se les cuele ningún antisistema ajeno a la actual jerarquía de taurinos que “tan bien” manejan el mundo del toro.

Eso sí, hay que agradecer el celo que se observa en la contratación de toros y toreros. Según se dice, se valorará la variedad de hierros y encastes y la contratación de las figuras y toreros de interés. Algo que suena muy bien, que hasta podría provocar la ilusión del aficionado, pero que así dicho es como no decir nada. Luego te ponen a El Fandi, Castella y Perera con los Jandillas y en rigor que cumplen esos requisitos. Pero claro, Cualquiera de los tres, igual que otros muchos, ponen por delante el pasaporte de matador sellado en mil y una plazas de pueblo, con cantidades ingentes de orejas cortadas, pero claro, Madrid, su público y sus gustos son otra cosa; aunque cada vez hay menos diferencias. Y entonces ya estamos montando unos cartelesmás acordes con las apetencias de Villamulas, Manceteros del Conde y Retortillo del Bizco. Y además serán aplaudidos y acogidos con alborozo por los medios de comunicación afines al régimen taurino que nos tiraniza.

En el susodicho pliego también han tenido el cuidado suficiente en aclararnos el por qué de esas visitas a las fincas por parte de la gente de Taurodelta apalabrando corridas para la temporada que viene. Y es que en el tocho de la Comunidad de Madrid se dice que se valorarán los compromisos ya suscritos; pero lo que no aclaran es por qué unos tenían noticia de este punto o al menos se imaginaban que podría incluirse. Pero nada se dice de tener en cuenta el gusto del aficionado, de solicitar y tener en cuenta su opinión, pudiendo expresarse sobre la inclusión o exclusión de ganaderías y toreros. No aquíhay que tragar lo que se les antoje a los señores empresarios y seguir con el circo itinerante de Manolita Chen, con sus figuras de mazapán y sus borregas chochas y desmochadas. Aunque seguro que veremos como se contrata a algún hierro como Moreno Silva, tan añorado el año pasado en Madrid, y por esas casualidades de la vida, lo mismo salen que no se tienen en pie, para que nos demos cuenta de una vez de que este hierro no merece estar en Las Ventas, aunque no nos logren convencer. Eso sí, nos hincharemos a ver Domecq y Núñez comerciales a tutiplén. Y lo mismo puede pasar con Urdiales o Fandiño, si no se “ajustan” a lo que demandan los mercados, que los estrellarán contra un ganado infame incapaz de dar dos pasos seguidos.

Que conste que no digo yo que no vengan las figuras, sí, que vengan, pero ¿por qué no cambiamos la fórmula? Yo ya sé que están habituados a viajar con los de su troupe, pero no creo que se vayan a morir por matar una corrida que elijan ellos de un hierro que no sea ni Domecq, ni Núñez, ni Osborne, acompañados por Urdiales, Fandiño o, ¿por qué no?, Frascuelo. Yo creo que hay tardes suficientes para algún día darnos gusto con una de estas combinaciones que sí que llamarían la atención del aficionado. Y si no hay fechas, se echa mano de esos festejos de más que el adjudicatario podría organizar para mejorar su oferta.

Luego está el hecho de facilitar al público la asistencia a la plaza. De momento parece que se valora más el sacar las entradas por los terminales de fuera de la plaza que pasar por taquilla y se intenta propulsar la renovación por domiciliación bancaria. La idea me parece estupenda y muy adecuada para el general del público que acude a Las Ventas. Pero a ver como se les explica a los viejecitos que no fallan un domingo, que la entrada se saca por Internet ¡Miau! Y lo de la domiciliación es la mejor solución del mundo, pero claro, si por el hecho de renovar el abono a través del banco te pegan un zurriagazo en mitad del lomo, Pues, ¿qué quieres que te diga?. Así que parece que va a haber que seguir yendo a la cola de la taquilla a pasar la mañana, mientras se contempla como solo se abren dos ventanillas. O como un domingo de agosto hay quien entra al segundo toro. por no abrirse todas las taquillas, viéndose en la tesitura de entrar tarde o mandarlo todo a paseo. Luego estánlos abonos de temporada para jóvenes y mayores, pero no nos engañemos, no se puede decir que sea algo con demasiado tirón. Solo hace falta ver los números.

Y por último el cajón de sastre, donde está la publicidad de los festejos, que debe correr a cargo de algún creativo desganado, desinformado y al que además no le gusten los toros, pues aún recuerdo las cuñas de radio de las novilladas de la Oportunidad, en las que se hablaba de todo, menos del ganado a lidiar cada tarde noche. Cierran este apartado lasactividades culturales y artísticas, como será la convocatoria de concurso de carteles, que ni tan siquiera se exponen a la vista del público. La promoción de las escuelas taurinascomo fábrica de futuras “figuras del toreo”, que no matadores de toros. Cierra el pliego el apartado de mejoras de la plaza, aparte del mantenimiento de sus instalaciones, donde no se habla nada de facilitar el acceso a las localidades de tendido alto, grada y andanada. No sé, por lo menos una botellita de oxígeno en cada estación, porque está claro que lo de las escaleras mecánicas es un lujo inalcanzable. Algo tan utópico como el conseguir que los baños estén limpios y que no de la sensación que cinco minutos antes pasó por allí la cuadra de picar a hacer sus cosas. Y si la limpieza ya es un logro, lo de cubrir la plaza no parece ni planteable. Es mucho más bonito, más romántico dicen algunos, eso de mojarse cuando llueve, torrarse con el sol o aguantar el viento, siempre tan presente en Las Ventas, evitando que el espectador pueda disfrutar a razón de lo que ha pagado por su entrada.

En definitiva, la conclusión que uno puede sacar es que todo seguirá igual, que al aficionado se le tiene muy, muy poquito en cuenta, que se montan espectáculos para el gusto de no se sabe quién, en una plaza que sigue siendo igual de incómoda, con toreros de saldo y ganado vergonzante, y todo ello con un incremento en los precios del 5%, lo que hará que la recaudación de la temporada 2012 supere esos 20.000.000 de euros. Cómo no les va a parecer que la Fiesta va sobre ruedas; su fiesta va en avión y la que muchos queremos en carro de bueyes, y a veces ni eso, porque te los quitan del tiro para que los maten como toros las figuritas. Estos mandamientos se encierran en dos, la misma basura de los últimos años, a precios más altos. Pues que Dios reparta suerte, porque como reparta justicia…

domingo, 2 de octubre de 2011

No hay que fiarse de las apariencias

Hoy tengo el placer de ilustrar mi entrada con la obra de Luis López, de Tercio de Pinceles. Este es uno de los regalos que me trajo la Exposición de Valdemoro. Muchas gracias Luis.


Última de feria, última de la temporada para muchos abonados que ya no les queda resuello para más toros, última desde Las Ventas en el Canal que es más, vamos, la última de todo. Toros de don Adolfo Martín, los más esperados, al fin volvían a Madrid, atrás quedó aquel desplante por un quítame allá esas pajas con los veterinarios, fuera rencores, de nuevo albaserradas en la calle de Alcalá. Pero una cosa es lo que se espera de regalo de Reyes y otra lo que nos ponen en los zapatos. Los papas igual esperan algo maravilloso y lo que se encuentran es la maldita corbata. Pues lo de los adolfos ha sido algo parecido, nos esperábamos una fantástica corrida de toros y nos hemos encontrado la corbata. Preciosa por fuera, con una lámina todo hermosura, pero cuando te la ponías al cuello, como no estuvieras listo, te ahorcaba hasta quitarte el sentido.

Fuera tonterías, el primero con una arboladura de impresión, desarrollo de salida un sentido por el pitón izquierdo que tuvo como consecuencia inmediata la cogida de José Mora. Manso y peligroso, con un pitón izquierdo imposible. Todo se le hizo por el derecho, hasta que también por ese se dio cuenta de lo que iba la fiesta. El segundo muy justito de fuerzas y con el feo vicio de echar la cara arriba. El tercero se frenaba y derrotaba y en el caballo, en cuanto no le tapaban la salida salía de najas pidiendo un taxi que le llevara a la plaza Castilla. El cuarto, con unos pitones que ponían en evidencia al espabilado que haya enlotado la corrida, fue al caballo con desgana, con la cara alta y empujando de lado, saliéndose suelto como sus hermanos. Esperaba en banderillas y por el pitón izquierdo se cruzaba que era un gusto. El quinto que tiraba todos los viajes por el izquierdo, se dejó sin más en el caballo. El último, quizás el de mejor planta, buscaba los toriles, miraba que había tras la barrera, pero sin intentar saltar la barrera, como el que abrió plaza. Echaba la cara arriba y no disimulaba las molestias que le provocaban el palo del picador, ni los de los banderilleros. Pero si hay que hayar el denominador común de la corrida el resultado es lo parada que ha salido y el peligro que ha desarrollado, aunque en algunos momentos parecían estatuas unánimes. Pero ojito con los paraditos.

Sobre los matadores seguro que cada uno tiene su opinión suficientemente bien formada. Rafaelillo, con fama de duro fajador, se encuentra en estos trámites como pez en el agua porque ese es su toreo, el de parecer que está permanentemente al borde del precipicio, pero no se puede basar una tauromaquia en estar a merced del toro, hay que aportar algo más. Al primero, muy peligroso por el izquierdo, se ha limitado a pegarle mantazos por el pitón menos malo, sin plantarse el poder al toro y prepararlo para la muerte, porque claro, si el toro se acaba avisando por el lado derecho, ¿cómo entramos a matar? ¿Con ballesta? Al final una entera muy habilidosa y el toro se marchó a morir a toriles, por si aún quedaban dudas de su mala condición. En su segundo, otro buen mozo, se ha hinchado a pegar derechazos y naturales con el pico, muy ratonero, con mucha carrerita, alargando el brazo hasta lo imposible y prolongando la faena hasta la desesperación. Un aviso antes de entrar a matar con un metisaca infame al estilo barriobajero, que mandó al del señor Martín al purgatorio de los toros de lidia.

Antonio Barrera, al que hacía años que no veíamos por estos barrios, no nos aclarado el por qué de su inclusión en el cartel. No parece que sea por éxitos recientes, tampoco porque haya reventado las plazas por las que ha circulado esta temporada, ni tan siquiera por ser un consumado lidiador especializado en domeñar a este tipo de toro. Su actuación se reduce a banderazos con la muleta, a citar con el pico y la pierna retrasada y a pegarse una carrerita después de cada pase para recuperar la posición perdida, Si acaso en su segundo pegó algún trallazo destemplado más. Dos pinchazos y el “encastado” animal se echó solo, ante el estupor de su matador, que no es que estuviera dispuesto a entrar otra vez con el estoque, es que pretendía descabellar. A ver si se enteran estos señores, se mata con la espada y si el toro no cae una vez que tiene la espada enterrada en el morrillo al menos hasta la mitad, entonces se utiliza el recurso del verduguillo.

Serafín Marín, que venía a Madrid después del trago de su tierra en el que los “ángeles antitaurinos” le expulsaron de su paraíso brindando con cava en copas de fuego, tampoco ha vivido su mejor tarde de matador de toros. Con demasiadas precauciones, sin pararse quieto, con muchas carreritas y sin caer en la cuenta de que lo mejor en su primero habría sido el torear por bajo, a ver si se le quitaba el vicio de llevar la cara a media altura. En el último más de lo mismo, lo único que cambiaba era el defecto del toro que se quedaba a medio pase, cuando no se le volvía. El catalán se limitó a merodear por allí, sin acabar de saber muy bien por donde empezar la tarta.

Ahora ya nos queda Frascuelo, alguna novillada y a pensar que el año próximo será mejor. Los aficionados conservarán su abono con la esperanza de que esto repunte, pero me da a mí que es más fácil que reaparezca Domingo Ortega a que la cosa cambie para mejor. Lo primero que tendría que cambiar es el toro y eso, mientras las figuras lo lleven debajo del brazo como parte de su equipaje, parece harto complicado.

sábado, 1 de octubre de 2011

Madrid y sus mansos

A veces el toreo se convierte en una pelea.


Si hay una cosa que saca de quicio a la plaza de Madrid es un toro manso. Es salir un manso y la plaza desarrolla una personalidad bipolar digna de ser estudiada por el mismísimo López Ibor. Lo mismo los hay que se ponen a protestar y a tocar palmas de tango, se supone que para pedir que sea devuelto a los corrales, que en el arrastre se le ponen a ovacionarle, aunque el mansito haya ido cinco veces al caballo y en todas haya salido despavorido al notar el hiero, incluyendo el lanzamiento de coces mientras iniciaba la huida. Quizás en el próximo pliego de condiciones para la explotación del coso venteño habrá que incluir una nueva cláusula que obligue a los adjudicatarios a entregar un bono de diez sesiones de psicoanalista junto al abono de San Isidro. O quizás en las largas colas de espera habrá un señor con bata blanca y un sofa para todo aquel que quiera hablar de su relación los mansos de las Ventas.

Y si no es solo un manso, sino que lo son los seis que salieron por toriles, cinco de Gavira, pues eso puede ser el manicomio más grande del mundo. Hasta el sobrero de los Hermanos Lozano manseó. Casi todos se han despachado con un puyazo y un picotazo, y ninguno ha sido colocado en su sitio frente al caballo. Iban de cualquier manera, sueltos, al hilo de las tablas, al reserva cuando salía por la puerta de cuadrillas, pero la palma se la ha llevado el quinto, que después de cinco encuentros con el caballo, al final se ha quedado sin picar. Resultaba imposible hasta hacerle la carioca; era notar el palo y pegaba tal respingo como si recibiera una descarga eléctrica. Pero en su veloz huída aún le quedaba tiempo y fuerzas para soltar una coz al caballo. Será por está habilidad por lo que parte del público se ha puesto a ovacionarle en el arrastre. Si es que estamos como queremos.

La terna se ha reducido a una pareja y un sobresaliente al que no le han dejado ni ponerse en la foto. A estos chicos no les enseñaron que en el quinto toro se le permitía hacer un quite al chaval, a ver si dejaba algún detalle que le abriera alguna puerta de esas plazas de Dios. La terna de dos la componían dos de los toreros que más progresión han demostrado durante la temporada, Iván Fandiño y David Mora.

El vasco ha salido muy decidido desde el principio. Dejando de lado lo del primer Gavira, que se partió un pitón por la cepa al chocar contra el peto, sí, sí contra el peto, nos centraremos en el sobrero de los Hermanos Lozano. Mansote, sin hacer caso de los capotes, se fue como una flecha hacia el reserva mientras salía por la puerta de cuadrillas y un segundo picotazo haciéndole la carioca. Entró en quites por chicuelinas David Mora, con dos primeros lances ajustados, más por la condición del toro, que por la decisión del torero. Quiso responder Fandiño y a la primera, ajustadísima, acabó prendido. Se rehizo y volvió por lo mismo, chicuelinas, muy ajustadas las que recibían al toro por el pitón derecho. La faena de muleta se redujo a unos derechazos a la carrera y varios intentos de naturales entre enganchones. Una buena estocada, en buen sitio y con buena ejecución y a otra cosa. El tercero muy suelto, fue tres veces al caballo, aunque sin emplearse, con la cara alta y empujando de lado. Fandiño se empeñó en hacer el toreo de derechazos y naturales, cuando quizás lo más razonable habría sido machetearle por abajo, reventarle y luego si le quedaban fuerzas, ver si se le podía dar alguna serie.

Lo mejor llegó en el quinto, un manso de libro, el de las coces al caballo. Se le picó poco y mal como se pudo. Dos pases por abajo y Fandiño se fue a esperarle a los medios. Una serie de derechazos con emoción, una segunda aguantando y una tercera con dos pases cargando la suerte y tirando del toro. Por el izquierdo entraba con más violencia y enganchando la muleta. Tandas de pases largos, que no hondos. Para que el toro cogiera la muleta era necesario cruzarse mucho y ofrecerle los muslos, aunque nunca mostró una claridad medio convincente en sus embestidas. Después de la manoletinas de cierre, Fandiño sacó la espada que llevaba desde el inicio de la faena, se cuadro y acto seguido se fue tras el acero con la vista fija en el morrillo. En el encuentro se quedó prendido en los pitones del manso de Gavira durante unos segundos interminables. Por fin se liberó de las guadañas y se quedó encogido en el ruedo. Todo hacía pensar que iba cogido, pero solo fue una paliza más. Por su parte el toro ya llevaba la muerte dentro y tal fue la estocada que solo pudo dar un par de pasos en su huída hacía los toriles. Cayó fulminado, rodando sin puntilla. La plaza pidió la oreja, que habrá quien diga que fue merecida y quien lo contrario. Yo no voy a entrar ahí, ni se la he protestado, ni se la he pedido, pero en este caso, la estocada podía ser ya mérito suficiente para llevársela en el esportón.

David Mora parecía que también venía dispuesto a todo, pero al final la cosa no ha sido para tanto. Recibió a su primero a portagayola, para luego seguir con verónicas echando el pasito atrás. Mal colocado durante el primer tercio y con serias dificultades para poner el toro al caballo, para al final desistir y dejar que el toro fuera como le diera la gana. Con la muleta toreó al Gavira muy despacito, con mimo, queriendo evitar que éste rodara por el suelo. Un buen natural en una de las cortas tandas que admitía el animal, al que acabó atosigando acortando demasiado las distancias. Media y dos pinchazos y a por el descabello. En su segundo volvió a poner en práctica el famoso “ahí te quedas” en la suerte de varas, para que el picador simulara que hacía, cuando no hacía. Faena con naturales intercalados entre carrera y carrera, para acabar poniéndose pesado delante de aquel mulo. Al sexto nuevas verónicas echándose para atrás y más falta de colocación durante la lidia. El comienzo de la faena fue emocionante, cuando citó desde los medios y el toro se le vino desde el burladero del 1, Dos derechazos con el pico y al tercero resultó cogido. Por el izquierdo se le revolvía el toro, que se vencía por ambos pitones, vicio que se acrecentaba cuando David Mora se quedaba fuera de cacho. Quizás lo más oportuno habría sido machetearle por bajo y sanseacabó.

La tarde que empezó con toda la ilusión del mundo, haciendo salir a los dos matadores a saludar al final del paseíllo, acabó con esas dudas con que a veces nos sorprende el público de Madrid; ¿los mansos se protestan? ¿Los mansos se ovacionan? ¿Qué hacemos con los mansos? A mi se me ocurre una respuesta, aunque quizás sea un tanto disparatada, ¿y si los lidiamos?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Tanta modernidad me mata

Confieso que uno no está preparado para tanto toreo moderno; vamos por la Tauromaquia 2.0 y yo me doy cuenta que todavía estoy queriendo asimilar el toreo de siempre. Llámenme torpe, pero a un servidor ya le resulta suficientemente complicado el ir descubriendo los secretos del toro y del toreo de siempre, como para meterme en desentrañar y decodificar los mensajes, seguramente encriptados, de esta tauromaquia de última tecnología.

Uno espera que salgan toros con poder y se encuentra con seis inválidos a los que les costaba un mundo mantenerse en pie. Una lástima el bravo y buen primero, que no llegó ni al primer capotazo. Lo que podría haber sido una delicia, viendo como quería empujar con fijeza, acabó dando lástima. En cambio el cuarto, que tuvo más aguante, se fue suelto al caballo y empujó, mientras pudo, con la cara alta, para en el segundo picotazo, querer humillar bajo el peto. Ni los de El Puerto de San Lorenzo, ni el sobrero que hizo sexto de Los Bayones juntaban energías para recibir un solo puyazo entre los seis. Como consecuencia hemos “disfrutado” de un penoso tercio de varas en el que un señor subido a un caballo con faldas ponía cara de apretón repentino para hacernos creer que estaba picando. Pero que nadie se crea que todo el mérito se lo llevan los del castoreño y la cucarda, tengamos un recuerdo para los matadores de la segunda de Otoño EL Cid, Monsieur Castelá y Miguel Ángel Perera, que no han puesto el toro en suerte ni una vez en toda la tarde, que en lugar de irse a su sitio se quedaban parados a la derecha del caballo como la portera cotilla que sale al portal cada vez que la del segundo se despide del novio. Total ¿qué más da? Si en esta Tauromaquia 2.0 lo que cuenta es la muleta, ¿a quién le importa eso de la suerte de varas? en que la verdadera suerte es verla practicar como Dios manda, si es que manda estas cosas. Aunque lo del numerito de la muleta tampoco les ha quedado demasiado logrado, pues aparte de cucamonear un rato los de luces, lo más parecido a una embestida era ese ir y venir que solo emociona a los vanguardistas del toreo.

Abría plaza El Cid, quien ya ha confirmado su paso al lado oscuro, abandonando definitivamente aquel toreo clásico y de verdad que tantas satisfacciones nos dio y tantas esperanzas creó en nuestro corazoncito de aprendiz de aficionado. A su primero le manteo con la sosería que requería el bondadoso primer tullido. En su segundo nos quiso hacer creer que se había reencontrado con su toreo de siempre, pero a cada pase, a cada derechazo o natural ahondaba más en la herida del toreo postmoderno. La peor noticia se había confirmado, aquel torero que no sabía engañar, ya ha aprendido. Varias tandas con la izquierda tirando del toro con el pico de la muleta, muy despegados, en línea recta y sin rematar, que calaban en parte del público que coreaba olés de colegio de monjas. Cambió a la mano derecha y la cosa cambió. Derechazos medianamente aceptables, especialmente si se comparan con lo anterior y con lo que seguiría. Medios pases con media muleta, sin rematar y más enganchados que ligados, más ajustados que el resto. Pinchazo y bajonazo en medio del vientre del animal.

Monsieur Castelá, un torero con una sensibilidad muy personal, aunque ésta no la dirija hacia el toreo, tiene la facultad de estar en el ruedo y dar la sensación de que no hay nadie; es la reencarnación del gran Houdini y sus trucos de escapismo, pero vestido de luces. Además tiene la capacidad de abstraerse de todo lo que hay a su alrededor; ya puede tener delante un inválido sin fuerzas al que le cuesta coger resuello, que él va y lo brinda al respetable, como si fuera el toro de su vida. Pases y más pases sosos, sin gracia, ni torería, con el brazo encogido y sin obedecer a ninguna lógica torera.

Acababa Miguel Ángel Perera, quien se obcecó en torear en los medios a su primero, un manso que al tercer muletazo salía escapado, dejando al bueno de Perera con la palabra en la boca. El toro buscando la querencia y el extremeño empeñado en no salir de los medios. Que no digo yo que no sea una buena decisión, pero a partir de la quinta serie hay que intentar otra cosa. Quizás habría sido más recomendable probar primero entre las rayas del tercio, pero él es un hombre decidido y resoluto, o los medios o toriles. Y el toro decidió por él, pues a toriles. Pases afeados por el pico y por esa costumbre de esconder la pierna contraria, pero que a fin de cuentas no llevan a ninguna parte. En el de los Bayones hizo verdaderos esfuerzos por no estar jamás en su sitio durante toda la lidia. Más toreo moderno, mantazos y un aburrimiento perseverante que empezó pasadas las cinco y media y que concluyó unas dos horas después.

Una tarde con un cartel que nadie entendía, que ha cumplido con las peores expectativas posibles. Quizás haya sido del gusto de la televisión oficial de la plaza de Madrid, pero no de la afición de Las Ventas, que antes de comenzar la corrida lanzó unos papelillos llenos de buenos deseos para la fiesta, la de siempre, la que un día fue grande, la que nos emociona y la que todavía nos arrastra a las plazas esperando que renazca en cualquier momento; pero la realidad es tozuda y tarde tras tarde nos pone delante esta modernidad insoportable. Y es que a mí, tanta modernidad me mata.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Una plaza muy, muy cariñosa



La plaza de Madrid ha evolucionado, usando la terminología de los taurinos cuando quieren decir degeneración, ha pasado de ser una plaza seria, después una plaza amable y al final se ha convertido en una plaza muy, muy cariñosa. Daba gusto ver como trataban a los tres novilleros en la primera de la Feria de Otoño, y lo poco que se han quejado del ganado y lo que han aplaudido al noble y buen sexto, a pesar de no haber sido casi picado y de su forma de arrancarse al caballo, que más parecía un gazapeo que una galopada alegre y codiciosa contra el tío del palo largo.

Los de don Gabriel Rojas han sido el prototipo del toro moderno, o salen mulos o salen babosas que se comen la muleta. Vamos, que un poquito más de ánimos y lo mismo estamos hablando del indulto de un novillo en Madrid y nos ponemos en la senda que ya iniciaron otras plazas, como Sevilla, que se empieza por el novillo y se sigue por… pero eso ya es historia. Silbato, que así se llamaba el novillote, tras superar los trámites del primer y segundo tercio, se encontró con la muleta y su poderoso poder hipnotizador. Embestida tras embestida, nobleza a raudales y sin tirar ni una mala cornada. El ganadero puede que esté muy feliz y orgulloso de lo que ha sacado su pupilo, que no ha sido poco, pero de ahí a pensar en darle la vuelta al ruedo, como he escuchado a algunos mientras salíamos, hay un mundo, pero es que cuando uno se pone cariñoso, la seriedad se alborota y salta por la ventana.

El cartel lo formaban Francisco Montiel, Alberto Durán y Víctor Barrio, y ninguno resultó ser el triunfador de aquellas novilladas de julio que aparte de ofrecer la posibilidad de torear en Madrid, además venía con el regalo de tener garantizado un puesto en esta feria. Francisco Montiel ya parecía atisbar el calvario que tenía que pasar cuando al primer lance vio como le salía volando el capote. Mala lidia, nula colocación y toneladas de aburrimiento y sosería en su parado primero al que logró finiquitar después de escuchar dos avisos. En el segundo se fue a portagayola, mantazos de recibo y más de lo mismo, aparte de la cogida de Antonio Cama, rápida y certera. Nueva sesión de mantazos con el capote, trapazos con la muleta y el vía crucis de la espada, el descabello y el puntillero. Alguien tendrá que contarle a Montiel que para matar hay que bajar la mano izquierda, que para descabellar hace falta que el toro se descubra y que si el puntillero no atina, igual acabas viendo como se te va el toro a los corrales. Pero como el roce hace el cariño, el matador solo ha tenido que escuchar un tímido abucheo a modo de tironcillo de orejas. Ya habrá días mejores. Total ¿a quién no le han sonado los tres avisos en Madrid? Y pelillos a la mar.

Alberto Durán se destapó con un más que aceptable quite a la verónica, rematado con una media de rodillas. Vulgar con la muleta, con demasiadas carreras y sin acabar de quedarse quieto, cambiando el toreo por el trapaceo y sin cuidar la colocación. En su segundo una especie de tafalleras sin gracia, apiladas con dos verónicas más, para acabar con otra faena de muleta insulsa y aburrida.

Cerraba la tarde Víctor Barrio, al que después de tantas comparecencias al final uno le coge cariño. Para que luego digan que lo de Madrid no se valora; una faena valiente y con cabeza a un novillo complicado, otra vulgar a uno bueno y con eso ya ha venido a la oportunidad de julio y a la recién estrenada Feria de Otoño. Y bien que la ha aprovechado la tarde el segoviano. Vale que no ha encontrado su sitio durante la lidia de sus dos novillos, no importándole tener que pasar por el culo del penco en el primer tercio, ni si el toro iba al relance contra el peto o si ponía en práctica la afamada suerte del “ahí te quedas”, sin preocuparle si los terrenos son los adecuados o no. Con la muleta muy vulgar y mal en su primero y aprovechando las dulces embestidas de su segundo. Recibió al que cerraba plaza de rodillas, mantazo va y mantazo viene. Mucho derechazo componiendo la figura, llevando al novillo enganchado al pico de la muleta, allá por las lejanías, no vaya a ser que en una de estas se le ciña y le manche el terno. Ni por el derecho, ni por el izquierdo impuso su ley, acompañaba el viaje sin mando, ni toreo. Y para agradecer el cariño recibido, nada mejor que tirar de repertorio de plaza de talanqueras o puede que sea lo apropiado para una plaza muy, muy cariñosa, pero como uno no está acostumbrado a tanta amabilidad, pues se pierde, me pierdo, no acabo de cogerle la medida a esta relación entre los de arriba y el de abajo. Estocada entera y contraria y la orejita, ¡Viva los despojos! La pena es que la oreja bien limpita, bien lavada y con unas judías, no da para invitar a comer a toda una plaza de Las Ventas, pero ¿qué más da? si lo que cuenta es la intención y el ser cariñoso, eso siempre, hay que ser muy, muy cariñoso.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La Feria de Otoño: Pues me lo expliquen

Si queremos disfrutar del buen toreo de Diego Urdiales, habrá que verle en las tientas.


Citando a un famoso muñeco, al que le metían la mano por detrás y le prestaba la voz un señor especializado en ventriloquia, vistos los carteles de la feria de Otoño, no me sale otra cosa: pues me lo expliquen. No hay por donde cogerla. Si los carteles los hubieran parido como el sorteo de la Champions, quizás el resultado sería más coherente.

Se han debido juntar un día la familia Choperita en plena canícula veraniega, uno con el barreño de sangría con morapio de tetra brik, otro con panceta para que no falte, que son de buen comer -a la vista está-, los vecinos con la discografía de Karina y Parchís que echaba chispas, el cuñado inmortalizando el momento con la cámara de vídeo en ristre, los niños con los manguitos de Phineas y Ferb y el patriarca, en chancletas, con el Meyba azul clarito y libreta y bolígrafo en ristre, levantó la voz: “A ver, un momentito que me vais a ayudar a un mandao que tengo que hacer, que así nos lo quitamos de encima en un pis pas” “ A ver niño, dime un número del 1 al un millón” Y salga lo que salga, adjudicado, Castella y Perera, y de regalo El Cid”. “Y para este amable público que tanto me quiere, nada por aquí, nada por allá, los toros del Puerto de San Lorenzo

Una vez más uno ve los carteles y piensa que o los Choperitas llevan años de exilio en la Argentina y han perdido el contacto con la afición de Madrid, o que el canal de telepago oficial tiene algún fleco que arreglar por ahí, o que por un lado contratan a los que no ponen pegas a la hora de los dineros o a los que en las mismas condiciones, aparte de no dar un ruido, les permiten hacer creer al público que para este miniserial contratan a las figuras.

Los toros de Gabriel Rojas, El Puerto, Gavira y Adolfo, los primeros lo de siempre, los siguientes quizás deberían descansar por un tiempo de Madrid, los terceros los menos oportunos para un mano a mano y por último los que el aficionado siempre aceptará de buen grado a priori. Los matadores con el eterno Víctor Barrio, que aún de novillero, acabará toreando en Madrid más tardes que Joselito Calderón, acompañado de dos chavales, pero que ninguno se llama Conchi Ríos. Y mira que se les llenó la boca diciendo que el triunfador de las novilladas se anunciaría en Otoño. Pues será anunciando Perlan para la ropa delicada, o el nuevo MacMenú con extra de colesterol y el doble de grasa hiposaturadas. Eso es tener palabra. O igual es que la torero murciana pretendía que le pagaran por torear, y eso sí que no, por ahí Taurodelta no pasa, el que quiera torear que lo haga por amor al arte.

Del cartel de figuras, pues bueno, pues eso la presencia testimonial de esta representación del G10, para que se note que no nos dejan de la mano de dios y más ahora que estamos en cultura. Aunque lo que sí que podrían avisar es si para ese día hay que tener preparada alguna lectura de Donna Leon, Kadare, Mishima, las memorias de la duquesa de Alba o las no memorias de Belén Esteban. Que luego empieza el foro literario en la grada y uno no sabe por donde tirar; y entonces no le queda otra que fijarse en El Cid, aquel torero que se decía que iba a resucitar, pero que ha preferido dejarlo para otro día; vuelve Castelá, con sus pases por detrás y esos parones que quitan el sentido y hasta las ganas de merendar; Y Perera, al que por el bien de la parroquia deseamos que le salga todo a pedir de boca, no vaya a ser que se contraríe y empiece a mirarnos de soslayo a los que le pagamos el jornal. Aquí volverán con su desquiciante monotonía.

Lo más esperado era el mano a mano Fandiño- Mora, pero claro, si a dos toreros que vienen empujando les meten con la tonta del bote, pues apaga y vámonos. Y habrá quien me diga que si los Gavira tal o cual, que hasta pueden salir buenos, pero visto así, también te puede tocar el Euromillón, incluso esto último parece más factible. Pero seamos comprensivos, si a los señores Martínez Erice les han tocado seis Gaviras en un rasca y gana en la tómbola de Brihuega, ¿qué hacemos? ¿Los tiramos a la basura? Y ¿a qué basura los echamos, a la orgánica, como despojo animal? ¿Al cubo amarillo como recipiente de la casta brava?

Y como cierre, los Adolfos. ¡Cuánto tiempo! ¿Habrán echado cuerpo para contento de los señores veterinarios de Madrid? ¿Se habrá serenado don Adolfo después de aquel quítate pa’lla? Pues habrá que verlo, pero antes habrá que seguir soportando a Rafaelillo, al que alguien le puede decir que esté tranquilo, que no queremos que le coja ningún toro, y que se acuerde de las tardes en las que a pesar de su toreo basto y exento de arte, el público de Madrid se le entregó premiando su honradez y valor ante el toro que la mayoría no quieren ver ni en pintura. Antonio Barrera y Serafín seguro que habrán hecho méritos para volver por Madrid, pero puestos a elegir y revisar los méritos de cada uno y el gusto de la plaza de Madrid, yo me quedo antes con Curro Díaz, Morenito de Aranda, con alguno de los mexicanos que demostraron querer ser el San Isidro pasado y ya puestos, hasta me inclinaría por algún torero que hubiera estado bien recientemente por alguna plaza importante. No sé, alguno que se hubiera portado como un tío con un toro complicado. Tampoco pido que sea uno de esos que torean 40 o 50 al año, no hace falta, a lo mejor me vale con que hasta agosto no llevara más de diez, pero eso sí, que al menos hubiera triunfado ya en Madrid. ¿Capea? No, porque no ha triunfado con el toro. ¿Juan Bautista? Tampoco, seguro que lleva muchas más corridas ¿Los del G 10? Esos se estarán reservando para el año próximo. Pues a mí solo me sale Urdiales. Lo que son las cosas, sin haberlo pretendido, es el único que cumple las condiciones exigidas. Pero no, no y no. Bien sea por machacar al torero o por martirizar a la afición de Madrid, seguiremos sin verle de nuevo y tendremos que tragar como siempre con lo que a casi nadie le interesa ya. Pues me lo expliquen.