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martes, 10 de enero de 2012

El circuito paralelo ¿es posible?



En su última entrada de la Aldea del Tauro, Xavier González Fisher me atribuía la creación de esta idea y también del término, lo que le agradezco por pensar que yo pueda llegar a tanto, pero no, es un concepto copiado de Gil de O. y de Lesaqueño, el Pequeño Saltillo. Y tengo que decir que me parece una buena salida para la Fiesta y para el aficionado. Que de forma paralela se estableciera un circuito de festejos en el que en primer lugar resurgiera el toro encastado, alejándonos de la borrica de ida y vuelta. Quizás con esto sería suficiente y no habría que preocuparse de si entran en estos carteles los del G- 10, porque si así fuera, el toro ya se ocuparía de ponerles en su sitio y de otorgarle los “privilegios” que solo se ganarían en la plaza. No niego que la idea no pinta nada mal, y si tenemos en cuenta que los contratos se ganarían con el capote y la muleta, entonces volveríamos al modelo de hace más de treinta años. Pero que nadie se equivoque, esto no sería un retroceso, sería un gran avance, uno de los más importantes de la Fiesta en las últimas décadas.
Pues bien, esta idea, que siempre me ha parecido muy acertada, hace unos meses tenía la sensación de que no era demasiado viable. Y no por nada, sino porque el poder establecido no lo permitiría. Las figuras se molestarían, los ganaduros se molestarían y los empresarios lo cortarían de raíz. Pero las cosas cambian y esos mismos del G- 10, los jediez, como dice Antonio Díaz, puede que le estén poniendo esta opción en bandeja a los sufridos empresarios taurinos. Y es que no hay como querer tocarles el bolsillo. Basta con una leve insinuación, para que les dé un ataque de cordura y sensatez. Que si las figuras no van a las Fallas por la tele, que si no irán a otras por lo mismo, pues ya está, se les deja fuera y empezamos desde cero y que desde la Castellón o Valencia, los toreros puedan empezar a hacer su temporada tarde a tarde.
Ya he dicho en otro momento que la petición jediecista me parece lógica y justa, pero como estos chicos son como son, van y lo desbaratan todo por no pararse dos minutos a pensar las cosas. La fiesta está como está, que se nos va escurriendo de entre los dedos y se nos escapa por el desagüe, con ataques y vetos por todas partes, con una disminución harto preocupante en el número de festejos celebrados y con una crisis social y económica terrible, y a estos no se les ocurre otra cosa que pretender ordeñar aún más a la famélica, anémica y anciana vaca de la Fiesta de los toros.
Pero no queda ahí el desbarajuste del grupo de los Juan Palomos, que ellos se lo guisan y ellos se lo comen, sin contar con nadie más, si les va bien a ellos, le va bien a todo el mundo; pues bien, para que defienda sus intereses se han puesto en manos de una empresa que sabrá acorralar y exprimir a las empresas, pero que puede que no piensen para nada en la Fiesta. ¿Qué más les da? Sus intereses son económicos y no miran más allá. Da la sensación de que los jediez no quieren mirar atrás y les urge recaudar a toda prisa. Ahora hay que saber si es porque ven que el chollo se les acaba a ellos solamente o a que creen que a los toros les quedan dos telediarios. Pues muy bien, si alguien tenía alguna duda, ya puede ir espabilándose y dándose cuenta en manos de quien estamos.
Esperemos que como un último intento de salvarla Fiesta, funcionara el modelo del “circuito paralelo”, que podría constituirse no en el paralelo, sino como el único posible. Y como decía al principio, esto que me parecía una bella utopía, ahora puede tener su oportunidad, siempre y cuando los señores empresarios estén por la labor de seguir montando corridas. Entonces puede que los jediez caigan en que no hayan medido suficientemente bien sus fuerzas y las de sus oponentes, que son muchos, incluyendo a los que no les haya caído muy bien eso de hacerle el encargo de negociar a una empresa ajena al mundo de los toros.
Por un lado están los señores empresarios, aunque estos era inevitable no cabrearlos yendo con semejante propuesta. Y entre estos hay algún que otro apoderado que se sienta traicionado. También cabe esperar si los ganaderos también se movilizarán, o si se conformarán con que solo sean estos chicos los que llenen su saca. Está la televisión oficial, que sea cual sea la solución, puede acabar resentida después de semejante tarascada lanzada por sus queridas figuras. Ya se sabe, “Cría cuervos y… tendrás más”. Si no llegan a un acuerdo, imaginamos que el trato dejará de ser tan cariñoso y entregado; pero si al final se arreglan y se dejan televisar, igual hay quien les pasa factura y se lo hace pagar en forma de comentarios. ¿Y si de repente nos convertimos en exigentes y se nos agudiza la vista por arte de magia? Del público no hablo, porque si se les protesta en Madrid dirán que es por rencor y porque tal o cual nos cae mal, y si es en otras plazas, al segundo olé se nos habrán olvidado los malos ratos pasados.
Aunque a mi me ronda una idea que no se me va de la cabeza. Imaginemos que los jedieces se ponen brutos y no torean, que todo puede ser. Imaginemos que a los sustitutos de las figuras les empiezan a echar un toro más digno que el que seguirán matando estos. Y puestos a imaginar, ¿y si resulta que estos chavales resucitan el toreo de siempre y calan de verdad en el público? Porque asomos de esta posibilidad ya hemos visto con Alberto Aguilar en Valencia, con Fandiño en todo 2011, con David Mora que se tiene que acabar de decidir o con Urdiales, siempre esperado en Madrid y que en Bilbao volvió a demostrar lo que es poder a un toro. Esperemos lo que dicta el tiempo, pero por lo pronto, eso del “Circuito Paralelo” (sic Gil de O. y Lesaqueño) empieza a no ser ninguna locura.