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martes, 3 de abril de 2018

Bajen al becario del palco


Decían que el pase del celeste imperio era engañar como a chinos. Será que ahora hay más chinoc de la cuenta.

Una de las mayores plagas que azotan a nuestra sociedad, al modelo del que tanto nos enorgullecemos, son los becarios; estos se extienden por todos los rincones, es una especie contra la que no hay antídoto posible, ni que les revientes a trabajar horas extras sin descanso, ni que el sueldo sea un simple quimera, ni que sean utilizados cómo saco para que los jefes y algunos con contrato fijo descarguen sus iras a base de puñetazos y patadas, ni que tan siquiera les dejen entrar en el comedor social de la empresa, teniéndose que salir a comer al aparcamiento, si lo hay, o un banco de la calle, no hay quién les ponga freno. Que se rumorea que la NASA va a mandar a la Luna una nave tripulada exclusivamente por becarios. Que lo mismo te diseñan un coche familiar propulsado por gachas manchegas, que se responsabilizan del sistema informático de la Comunidad de Madrid, que te presiden una corrida de toros en la plaza de Madrid. Que él no quería, que andaba por allí en sus cosas, cosas de becario, se entiende, y nada, que te subes al palco y allá que fue don Gonzalo Julián de Villa Parro. Que si le quieren ofrecer unas prácticas en HiperUsera, igual la afición y la plaza de Madrid lo agradecerán en el alma.

Que según cuentan, allá que le subieron al palco, él todo preocupado no paraba de preguntar: ¿qué tengo que hacer? A lo que el asesor, Pedro Herranz “Madriles”, le respondía convencido intentando contagiarle de su serenidad y entusiasmo taurino: tú, digo, usted, que al presidente no se le tutea, se le ustedes, usted solo tiene que sacar el pañuelo blanco y si tiene duda, lo vuelve a sacar. Y hala que voy, que al becario se le calentó la mano y sacaba pañuelos blancos hasta para saludar a la parentela más afín. Así, así vamos bien, le aseguraba Madriles acompañando el aserto con un guiño cómplice. ¡Anda! ¿Y todos esos señores me están saludando con sus pañuelos? Pues venga un blanco, y si insisten, un blanco más. Y ya que estaba él tan entusiasmao y viendo lo contentos que estaban los amigos del paisano, pues vamos a darle variedad ¡Pum! Y saca uno azul que le asomaba por allí.

Tengo la sensación de que en la función de fin de curso de los padres mercenarios hay más rigor que el que se puede encontrar ahora en la plaza de Madrid. ¿Quizá creen que este entusiasmo exacerbado atraiga a más público a las Ventas, pero, ¿realmente creen que esta es la fórmula o quieren convencernos de que sí lo es? Porque ya llevamos unos añitos de desmera verbenera y la cosa no remonta. Que al final todo esto solo sirve para que el señor casas, don Simón, salga diciendo que se han dado tantos o cuantos despojos y hasta se atreva a decir que ha habido más asistencia a la plaza que en años anteriores, obviando el que esto se haya dado con más festejos y contando que la grada joven y localidades de la tercera edad se llenan todas las tardes. Da igual que no vaya ni Pablito el Chinchetero, que cómo sacó el abono en marzo, eso ya cuenta como que no faltará ni a una durante toda la temporada. Que igual luego la tarjetita la tiene picada cuatro tardes, pero para el señor Casas, don Simón, cuenta que no se perdió ni el día en que alicataron los burladeros.

Que no voy a entrar en ese entusiasmo que brota del paisanaje, caso de Lorenzo y los vecinos de Toledo, pero a esto hay que ponerle freno, porque se nos va. Que igual al torero tampoco le valen los tres despojos para mucho, al menos para lo que supuestamente debería valer un triunfo de ese porte en la plaza de Madrid. Que como mucho será que el señor Casas, don Simón, lo fiche para su cuadra y lo utilice de relleno. Que muy bien, porque el chico así se habrá asegurado un año de trabajo, como si hiciera una suplencia. Pero al final se la estará jugando por cuatro chavos y se estarán aprovechando de él. Y lo que es peor, ya le han hecho creerse que sabe y no enmendará ni un ápice eso del destoreo agachado, ni lo de tirar trallazos, ni el toreo lineal, ni lo de echar la espada allá dónde caiga, ni lo de soltar el trapo al hocico del animal, ni tantas cosas que le impedirán hacerse torero. Que o retomamos el rumbo o adiós, porque esto no se puede sustentar a base de autobuses llenos de paisanos entusiastas, porque igual estos o se cansan o se les achicharra el bolsillo, aunque de Toledo a Madrid, tampoco es tanto. Pero esta no es la manera. Que solo hace falta un poquito de afición y en consecuencia el rigor que esta suele llevar como fiel compañera. Pero claro, si son cuatro los que no son paisanos, los que pretenden ser aficionados serios, los que no faltarán así llueva, truene o que pongan a un becario en el palco a sacudir pañuelos, pero al final se encuentran con don Gonzalo Julián de Villa Parro o un colega, pues no adelantamos nada. Así que por favor, igual que un día mandaron a su casa a aquel señor Pangua, recetador de rabos a discreción, bajen al becario del palco.