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| Decían que el pase del celeste imperio era engañar como a chinos. Será que ahora hay más chinoc de la cuenta. |
Una de las mayores plagas que azotan a nuestra sociedad, al
modelo del que tanto nos enorgullecemos, son los becarios; estos se extienden
por todos los rincones, es una especie contra la que no hay antídoto posible,
ni que les revientes a trabajar horas extras sin descanso, ni que el sueldo sea
un simple quimera, ni que sean utilizados cómo saco para que los jefes y
algunos con contrato fijo descarguen sus iras a base de puñetazos y patadas, ni
que tan siquiera les dejen entrar en el comedor social de la empresa,
teniéndose que salir a comer al aparcamiento, si lo hay, o un banco de la
calle, no hay quién les ponga freno. Que se rumorea que la NASA va a mandar a
la Luna una nave tripulada exclusivamente por becarios. Que lo mismo te diseñan
un coche familiar propulsado por gachas manchegas, que se responsabilizan del
sistema informático de la Comunidad de Madrid, que te presiden una corrida de
toros en la plaza de Madrid. Que él no quería, que andaba por allí en sus
cosas, cosas de becario, se entiende, y nada, que te subes al palco y allá que
fue don Gonzalo Julián de Villa Parro. Que si le quieren ofrecer unas prácticas
en HiperUsera, igual la afición y la plaza de Madrid lo agradecerán en el alma.
Que según cuentan, allá que le subieron al palco, él todo
preocupado no paraba de preguntar: ¿qué tengo que hacer? A lo que el asesor,
Pedro Herranz “Madriles”, le respondía convencido intentando contagiarle de su
serenidad y entusiasmo taurino: tú, digo, usted, que al presidente no se le
tutea, se le ustedes, usted solo tiene que sacar el pañuelo blanco y si tiene
duda, lo vuelve a sacar. Y hala que voy, que al becario se le calentó la mano y
sacaba pañuelos blancos hasta para saludar a la parentela más afín. Así, así
vamos bien, le aseguraba Madriles acompañando el aserto con un guiño cómplice.
¡Anda! ¿Y todos esos señores me están saludando con sus pañuelos? Pues venga un
blanco, y si insisten, un blanco más. Y ya que estaba él tan entusiasmao y
viendo lo contentos que estaban los amigos del paisano, pues vamos a darle
variedad ¡Pum! Y saca uno azul que le asomaba por allí.
Tengo la sensación de que en la función de fin de curso de
los padres mercenarios hay más rigor que el que se puede encontrar ahora en la
plaza de Madrid. ¿Quizá creen que este entusiasmo exacerbado atraiga a más
público a las Ventas, pero, ¿realmente creen que esta es la fórmula o quieren
convencernos de que sí lo es? Porque ya llevamos unos añitos de desmera
verbenera y la cosa no remonta. Que al final todo esto solo sirve para que el
señor casas, don Simón, salga diciendo que se han dado tantos o cuantos
despojos y hasta se atreva a decir que ha habido más asistencia a la plaza que
en años anteriores, obviando el que esto se haya dado con más festejos y
contando que la grada joven y localidades de la tercera edad se llenan todas
las tardes. Da igual que no vaya ni Pablito el Chinchetero, que cómo sacó el
abono en marzo, eso ya cuenta como que no faltará ni a una durante toda la
temporada. Que igual luego la tarjetita la tiene picada cuatro tardes, pero
para el señor Casas, don Simón, cuenta que no se perdió ni el día en que
alicataron los burladeros.
Que no voy a entrar en ese entusiasmo que brota del
paisanaje, caso de Lorenzo y los vecinos de Toledo, pero a esto hay que ponerle
freno, porque se nos va. Que igual al torero tampoco le valen los tres despojos
para mucho, al menos para lo que supuestamente debería valer un triunfo de ese
porte en la plaza de Madrid. Que como mucho será que el señor Casas, don Simón,
lo fiche para su cuadra y lo utilice de relleno. Que muy bien, porque el chico
así se habrá asegurado un año de trabajo, como si hiciera una suplencia. Pero
al final se la estará jugando por cuatro chavos y se estarán aprovechando de
él. Y lo que es peor, ya le han hecho creerse que sabe y no enmendará ni un
ápice eso del destoreo agachado, ni lo de tirar trallazos, ni el toreo lineal,
ni lo de echar la espada allá dónde caiga, ni lo de soltar el trapo al hocico
del animal, ni tantas cosas que le impedirán hacerse torero. Que o retomamos el
rumbo o adiós, porque esto no se puede sustentar a base de autobuses llenos de
paisanos entusiastas, porque igual estos o se cansan o se les achicharra el
bolsillo, aunque de Toledo a Madrid, tampoco es tanto. Pero esta no es la
manera. Que solo hace falta un poquito de afición y en consecuencia el rigor
que esta suele llevar como fiel compañera. Pero claro, si son cuatro los que no
son paisanos, los que pretenden ser aficionados serios, los que no faltarán así
llueva, truene o que pongan a un becario en el palco a sacudir pañuelos, pero
al final se encuentran con don Gonzalo Julián de Villa Parro o un colega, pues
no adelantamos nada. Así que por favor, igual que un día mandaron a su casa a
aquel señor Pangua, recetador de rabos a discreción, bajen al becario del
palco.
