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jueves, 15 de agosto de 2013

Doping en el encaste Veragua, Aurelio el tramposo

Uno de Antonio Pérez, un "hierro" para la historia, los Apes


¡Qué escandalazo! Uno no hace más que llegar de vacaciones, no ha conseguido desambientanterse, pensando en esos paseos por la orilla del mar, esta mañana en la ducha noto el agua sobre mí, echo un paso y casi me parto la crisma en la bañera. Si no fuera por las cortinas que me han servido de salvavidas; a ver si las nuevas duran tanto y aguantan un tirón tan fuerte como el de hoy cuando me veía aterrizando de morros en el inodoro, que huele fatal. El desayuno bajo los pinos, escuchando los pajarillos y el mar de fondo, lo he cambiado por la encimera de la cocina y los opinadotes de la radio, que además cobran por ello, algo que yo no sabía, pensaba que era como en otras radios cuando vas a hablar de toros. Pues nada, uno con la mente en las marismas de Huelva, se ha puesto a ver qué pasaba en esto de los toros y se queda patidifuso, perplejo y ojiplático, todo a la vez; resulta que Aurelio Hernando iba a lidiar una novillada en Madrid, bajo el invento ese de los encastes… Ese invento engañabobos que sólo sirve para que Taurodelta nos quiera hacer creer lo que no es. Que resulta que la Unión y la Asociación se han puesto de acuerdo y han pedido la exclusión de este encierro de los carteles de este nuevo ciclo. Ellos siempre atentos y vigilantes en favor de la verdad, la autenticidad y la integridad de la Fiesta.

No hay que dejar pasar ni media. No ha sido porque los toros de don Aurelio adolezcan de una falta alarmante de casta, ni porque ha llevado la selección a mínimos inadmisibles, ni porque haya convertido la cría del toro de lidia en una megafactoría que clone borregos, ni por criar cabras y pretender que pasen por toros, ni por arrastrarse por esos ruedos del mundo dando una imagen de crueldad y abuso que tanto daña a la Fiesta de los Toros, ni tan siquiera porque con la presencia de animalejos impresentables esto parezca una burla y una pantomima de lo que es el toreo. Resulta que han denunciado que la ganadería en cuestión no es puro Veragua y que tiene sangre Domecq en sus venas. Hombre, la verdad es que la cosa es alarmante, pero recordemos que lo de Domecq no siempre fue la filfa y la peste que se extendió por todo el campo bravo. Uno hasta recuerda cuando lo de Juan Pedro era algo serio, antes de que los toros se convirtieran en artistas.

Tampoco está bien anunciar un ganado como Veragua, cuando no es así exactamente, pero la cosa es tan sencilla como poner las dos procedencias, o tres o veinte y una barrita o un guión que las vaya separando. Si el resultado en el ruedo mantiene la dignidad y el interés del aficionado, ¿qué más da? Pero hemos llegado a unos extremos de máxima estupidez con eso del “Encastismo Integrista”. Mientras que se mantenga lo bueno, se conserve lo que se tiene para poder echar mano de ello si alguien lo considera oportuno y no desaparezca la variedad, ¿qué más nos da? Pero también sabemos de esos que tanto se preocupan de los trámites burocráticos, de las denominaciones, de las formas y maneras y se olvidan del fondo y de lo que ocurre en el ruedo. Si resultara que saliese una novillada brava y encastada, ¿qué diríamos? “Gran corrida de Aurelio Hernando, lástima que no fuera puro Veragua”.

Eso del “Encastismo Integrista” es algo que también tenemos que agradecer a la Tauromaquia 2.0, que tanto y tan bien nos maneja a todos, a los afines y más fieles y a los que nos pensamos que estamos en el punto opuesto a todo este tinglado. Pero nos dejamos mecer como dulces infantes en este entramado de inventos que no llevan a ningún sitio. Ya nos hemos tragado que en todo el verano prácticamente no haya corridas de toros en Madrid, damos como normal esta serie de ciclos inventados por San Taurodelta de los Ciclos, no sólo admitimos los carteles con semanas de antelación, sino que además los exigimos así, cerrando toda posibilidad a repetir el domingo siguiente a los que se lo ganen en el ruedo, soportamos eso de los encastes minoritarios sin pestañear, como si fuera el caramelito que papá le da al niño llorón y caprichoso, olvidándonos de que lo importante es la variedad e integridad en el toro, los hierros más que los grupos. En esto de los encastes hay mucho timo y bajo el paraguas de Saltillo, Veragua, Coquilla o lo que queramos poner, se refugian ganaderías que no valen y que llevan siglos estando mal, o que han tenido que soportar la mala gestión de sus propietarios. La exigencia empieza por la calidad bien entendida, no esa de los borregos. Esta debe venir por la presencia, la casta y la bravura, y si esta falla, pues que los señores de luces apliquen la lidia y punto. Que está muy bien eso de que los de Saltillo son así o asao, pero no es lo mismo lo de Victorino, que lo de Escolar o lo del Lucero del Alba Productions. Y yo que pensaba dejar a un lado esto del blog y los toros, y me encuentro con este caso de “Doping en el encaste Veragua, Aurelio el tramposo”.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Se inaugura el zoo de especies extinguidas


Corran niños y mayores a hacer cola en el nuevo parque zoológico que a no mucho tardar se va a abrir en nuestro país. Falta definir la ubicación definitiva, aunque todo apunta a que el lugar elegido será el campo charro. Al menos es que el que más espacios naturales puede poner a disposición de las autoridades que decidan embarcarse en esta iniciativa urbanístico ecológica.

Los campos de Salamanca permitirían un fácil acceso a Madrid, a dos horas de autovía, con aeropuerto próximo y con tanto terreno para expropiar en las dehesas de ganaderías que van a desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, que posibilitaría la construcción del parque temático ExpoNecio. Incluso sería mucho más cómodo el traslado de algunas reses de Atanasio Fernández, desde Campocerrado, los patas blancas de Sánchez Cobaleda y quién nos dice que pronto podremos contar con los Coquillas. Nos va a quedar un parque estupendo; incluso, en lugar de mantener los ejemplares vivos, se podrían disecar. Así se podría permitir que los papás pasasen a los cercados con los niños, para que éstos los tocaran, se subieran a ellos y hacer la visita mucho más participativa. Y allí mismo se habilitaría un aula taller en el que esos niños pudieran jugar al juego educativo “La extinción ecológica”.

Ya lo estoy viendo; un resort con campos de golf, pistas de padel, squash y monopoly, salón multiusos, auditorio con proyecciones de las dos mejores faenas de los ídolos del momento. Se prevé la construcción de unos minicines para poder ver más que dos a lo largo del día. Aunque si se trata de una lección de torería de Ponce. Igual habría que poner una única faena, no daría tiempo a más, ni empezando a las ocho de la mañana. Con unos sillones amplios y cómodos en los que el espectador pudiera dar una cabezadita a partir de la tanda veinticinco.

Y yo que me pensaba que me iba a afectar el que toda una ganadería única y de la que parece que ya sólo quedará el recuerdo, pero no, estoy feliz. Vamos, tan feliz como pueden estar los amantes del toro artista, esos bajitos y bonitos, noblotes ellos, que no se rebelarían ni aunque les redujeran su ración de pienso a la mitad. Al fin podremos disfrutar de una fiesta alegre, despreocupada, uniforme, monotemática, adocenada, aburguesada, vulgar, mentirosa, aburrida, sosa, insulsa, tediosa, sin emoción, pero eso sí, con un ganado que en los test de “toreabilidad” reventarían el contador.

No creo que vaya a haber manifestaciones por las calles de Madrid, Barcelona o Sevilla, incluso no creo ni que vaya a salir en la tele en el Telediario de la noche, ni tan siquiera saldrá en las páginas de cultura o naturaleza de cualquier periódico de gran tirada. Al fin y al cabo sólo se pierde un encaste, que además ya no interesaba a nadie. Lo que no vale a la basura y punto. Total un toro que lo mismo salía manso de foguearlo, como que únicamente iba al caballo para hacerlo bailar sobre sus extensos pitones, sin aguantar como un perrillo doscientos derechazos sin salirse de la línea recta. Un toro con una arboladura que incomodaba a las figuras que mantienen la fiesta en todo lo alto. ¿Para que queremos ver como estas figuras se desenvuelven ante un tipo de toro diferente del borrego al uso?

Igual que pasó con los Atanasios, con los patas blancas y, Dios no lo quiera, con los Coquillas, al final no pasará nada y seguiremos discutiendo sobre orejas de oro, medallas a las Bellas Artes, propuestas parlamentarias, toreros mandones, toreros paradigma de la regularidad, toreros que torean tan mal como hablan, toreros a los que vetar, no vaya a ser que descubran el engaño, empresarios pedigüeños sin rubor, si Cultura o Interior y tantas y tantas cosas que nos alejan de los fundamental y nos enredan en lo accesorio. Luego un día un parlamento autonómico prohibirá las corridas de toros y nos tiraremos de los pelos, apelaremos a la libertad, al derecho al trabajo de unos profesionales y a no se cuántas frases que suenen bien, pero la realidad es que esto importa un pito a los que viven de ello y nos quita la vida y la ilusión a los que vivimos por ello. Señores profesionales, ¡váyanse ustedes a la real…!