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| Uno de Antonio Pérez, un "hierro" para la historia, los Apes |
¡Qué escandalazo! Uno no hace más que llegar de vacaciones,
no ha conseguido desambientanterse, pensando en esos paseos por la orilla del
mar, esta mañana en la ducha noto el agua sobre mí, echo un paso y casi me
parto la crisma en la bañera. Si no fuera por las cortinas que me han servido
de salvavidas; a ver si las nuevas duran tanto y aguantan un tirón tan fuerte
como el de hoy cuando me veía aterrizando de morros en el inodoro, que huele
fatal. El desayuno bajo los pinos, escuchando los pajarillos y el mar de fondo,
lo he cambiado por la encimera de la cocina y los opinadotes de la radio, que
además cobran por ello, algo que yo no sabía, pensaba que era como en otras
radios cuando vas a hablar de toros. Pues nada, uno con la mente en las
marismas de Huelva, se ha puesto a ver qué pasaba en esto de los toros y se
queda patidifuso, perplejo y ojiplático, todo a la vez; resulta que Aurelio Hernando iba a lidiar una novillada en Madrid, bajo el invento ese de los
encastes… Ese invento engañabobos que sólo sirve para que Taurodelta nos quiera
hacer creer lo que no es. Que resulta que la Unión y la Asociación se han
puesto de acuerdo y han pedido la exclusión de este encierro de los carteles de
este nuevo ciclo. Ellos siempre atentos y vigilantes en favor de la verdad, la
autenticidad y la integridad de la Fiesta.
No hay que dejar pasar ni media. No ha sido porque los toros
de don Aurelio adolezcan de una falta alarmante de casta, ni porque ha llevado
la selección a mínimos inadmisibles, ni porque haya convertido la cría del toro
de lidia en una megafactoría que clone borregos, ni por criar cabras y
pretender que pasen por toros, ni por arrastrarse por esos ruedos del mundo
dando una imagen de crueldad y abuso que tanto daña a la Fiesta de los Toros,
ni tan siquiera porque con la presencia de animalejos impresentables esto
parezca una burla y una pantomima de lo que es el toreo. Resulta que han
denunciado que la ganadería en cuestión no es puro Veragua y que tiene sangre
Domecq en sus venas. Hombre, la verdad es que la cosa es alarmante, pero
recordemos que lo de Domecq no siempre fue la filfa y la peste que se extendió
por todo el campo bravo. Uno hasta recuerda cuando lo de Juan Pedro era algo
serio, antes de que los toros se convirtieran en artistas.
Tampoco está bien anunciar un ganado como Veragua, cuando no
es así exactamente, pero la cosa es tan sencilla como poner las dos
procedencias, o tres o veinte y una barrita o un guión que las vaya separando.
Si el resultado en el ruedo mantiene la dignidad y el interés del aficionado,
¿qué más da? Pero hemos llegado a unos extremos de máxima estupidez con eso del
“Encastismo Integrista”. Mientras que se mantenga lo bueno, se conserve lo que
se tiene para poder echar mano de ello si alguien lo considera oportuno y no
desaparezca la variedad, ¿qué más nos da? Pero también sabemos de esos que
tanto se preocupan de los trámites burocráticos, de las denominaciones, de las
formas y maneras y se olvidan del fondo y de lo que ocurre en el ruedo. Si
resultara que saliese una novillada brava y encastada, ¿qué diríamos? “Gran
corrida de Aurelio Hernando, lástima que no fuera puro Veragua”.

