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miércoles, 23 de enero de 2019

Una fiesta sorpresa


Poca sorpresa, como no sea que los toros echen a volar.

Si a un aficionado a los toros ahora mismo le hablan de fiesta sorpresa o la sorpresa en la fiesta, es fácil que piense en una tarta gigante con un alguien dentro saliendo de ella, una montonada de globos cayendo del cielo o en caso de los más jóvenes, el que aparezcan los padres antes de tiempo y den la luz sin avisar; eso sí que era una sorpresa, un sorpresón. Porque en esto de los toros o “tauromaquia”, como gusta decir a los modernos, pocas cosas hay que no puedan ser previsibles, todo está encauzado para que nada quede fuera de control. Si acaso, saber si el maestro de turno cortará dos o dos mil despojos, todo dependiendo si el animalejo se aguanta en pie y le da por bailar la danza del pasimisí, pasimisá taurino.

Empezando por la confección de los carteles, que se repiten y se repiten y se repiten y se… hasta la saciedad, temporada tras temporada y tarde tras tarde. Los figuritas siempre alternando entre ellos con las borricas de siempre, que es con lo que se atreven a salir a poner posturas de “jartista”. Luego está el grupo de los que parece que echan para arriba, la mayoría queriendo acomodarse en el grupo anterior, pero que a la mínima que peguen un tropiezo les mandan al rincón de pensar. Estos con toros que lo mismo pueden complicarte la existencia, que ponerte el cortijo delante casi llave en mano, amueblado y todo. Y luego están los que tragan con lo que les pongan, que bastante tienen con poder tragar, aunque sea con fieras corruptas de las que el salir andando ya es un triunfo de categoría. Así, año tras año y que nadie se atreva a enmendar el guión, que a la próxima ya no sale en la foto.

Que los hay que esperan sorprenderse ya llegados a la plaza, pues que se sienten y esperen, que igual les sale la barba que no tienen y hasta tienen que hacerse tirabuzones para no pisársela. Que parece cosa de brujas, de los duendes del toreo, el que un aficionado acierte sistemáticamente el que tal ganadería va a dar que hablar en los corrales la mañana de corrida, que los pupilos de tal o cual hierro no se van a sujetar en pie y que con suerte, con mucha suerte, lo mismo entre los seis de la corrida se reparten medio puyazo y no sin esfuerzo. De la misma forma que son capaces de adivinar que fulanito o menganito no va a ser capaz de llevar medianamente la lidia. Que dos mantazos de salida y a esperar la hora de la pañosa. Y cuidado, que si no empieza la faena del primero con banderazos por delante y por detrás, lo hará en el segundo. ¡Vaya sorpresa!

Esto del toreo, en la actualidad, en la inmensa mayoría de los casos todo se reduce a que un señor llegue y suelte su repertorio sin el menos miramiento, sin tener en cuenta la salud de los espectadores. Que siempre se había dicho que cada toro tenía su lidia y así fuera el toro, así obraba su matador, pero eso ya es historia. Que sería mucha sorpresa que saliera un toro que no se ajustara a eso de ir y venir, ir y venir y acabar de nuevo yendo y viniendo. El panorama ideal para que los de luces suelten su número gimnástico, su ballet o cómo lo quieran llamar, ensayado una y mil tardes, una y otra vez. ¿Sorpresa? Pues si acaso, que el de luces se ponga a bailar el Moonwalker; a partir de ahí, no esperen mucho más. Y así, año tras año, sin esperar que nada cambie, lo cual sería una grandísima sorpresa. Que no esperen que el relevo que viene por detrás haga otra cosa, porque ellos se entregan sin reservas a emular  a estos modelos, prototipos de la monotonía y del aburrimiento. Eso sí, si a continuación les dicen que eso es arte, no se escandalicen, ni tan siquiera se sorprendan, porque hasta esto entra dentro de lo que muchos llaman hoy “tauromaquia”. Querrán ustedes saber como acabar con este tedio que parece no tener fin y que tampoco tiene remedio. Pues es posible que la solución la tengamos ante nuestras narices, aunque creamos que es un imposible. Simplemente, pongamos al toro en el ruedo, al toro de verdad, no al borrego descastado, al medio toro, al toro mutilado en su integridad, sencillamente el toro, encastado, bravo o manso. Entonces será cuándo pensarán en otras cosas cuándo, hablando de las corridas de toros, les hablen de una fiesta sorpresa.

Enlace programa Tendido de Sol del 20 de enero de 2019:

miércoles, 15 de enero de 2014

Ciclogénesis explosiva en el arte y la cultura

Lo bien que le vendría a los trapsondistas tres puyacitos en todo lo alto.


Un frente de perturbaciones está penetrando por el Cantábrico, con presencia de fuertes lluvias, en algunos puntos torrenciales y ráfagas de aire superiores a la velocidad de un Opel Corsa Ranchera. Se recomiendo a la población que no circule por zonas arboladas, cerca de la ribera de los ríos o allá dónde se puedan topar con un taurino, ya que las bajas presiones pueden hacer que este le suelte un bofetón sin venir a cuento. Para estos casos no olviden los paraguas, topa de abrigo y un casco integrado que le libre de papada a coronilla, aparte de unas botas de goma, por si hay charcos.

Y es que éramos pocos y… nos peleamos entre nosotros. No piensen que uno es de esos que aboga por la unidad incondicional, por el silencio de las masas al servicio de un caudillo que no se sabe quién ha elegido, ni mucho menos los motivos, pero al que se exige rendir pleitesía y jalear toda palabra que salga de su boca, aunque sea vomitada de cualquier manera, y tomar como ejemplo de vida su forma de desenvolverse en este valle de lágrimas. Creo que el diálogo y el debate son sanos y que enriquecen, siempre que sean expuestos, discutidos y asumidos sin la intoxicación de intereses particulares, tramas con fines inconfesables o la estupidez del que se cree ungido por los dioses e investido de púrpura por los palmeros y corifeos de turno. Pero claro, del debate al combate hay un trecho por el que es mejor no transitar.

De cara al público sentencian que el mal que está minando los pilares de la Fiesta son los banderilleros, ¿solución? Le partimos la cara a su jefe. Otros que el problema es la pérdida de identidad de una plaza y el que se falta al respeto a los deudos de Teseo, que escurren descaradamente el bulto y no asumen que igual ellos son responsables directos de toda esta degradación denunciada. ¿Solución? De forma unilateral exigen la rescisión del contrato que la empresa gestora tiene con la propiedad, exigiéndoles cuentas que no les corresponden, aunque también es cierto que los amos del chiringuito no parecen plantearse pedir ni la más mínima explicación. Pero el desplante ya está hecho y no lo denomino chantaje, porque una vez más o menos conocidas las circunstancias, cada uno sabrá qué término utilizar.

En su momento parecía que estos cinco caballeros, porque son cinco, junto con otros cuantos, que en su momento de mayor unidad llegaron a ser diez, decidieron que se sentían infravalorados, acosados por la autoridad y con un yugo al cuello que les impedía expresar todo lo que les brotaba de dentro, pidieron audiencia con el ministro del Interior que había entonces, el señor Pérez Rubalcaba, y le pidieron auxilio. ¿Solución? Se decidió traspasar el mundo del toro al Ministerio de Cultura; les apretaba menos, no les rozaba en el callo y así creían que no habría quién pusiera coto a sus caprichos. Y contando que el señor ministro del ramo estaba tan interesado en el toro, como lo podía estar en el embarazo de una gamba, les dijo a todo que sí y que bueno, como hacen los papás cuando están cansados de escuchar a los niños berreando a su alrededor. Si estaría interesado el señor Pérez Rubalcaba, que ni se fotografió con la comisión de artistas. Y allá les vimos en aquella bochornosa carrera a un hotel próximo para dar una rueda de prensa y contar lo hablado con el representante del gobierno. Mientras este estaría llamando a su colega de Cultura diciéndole que le mandaba unos chicos muy simpáticos de no sé que gaitas y que querían encuadrarse en Cultura, que por favor les dijera que sí, a ver si así dejaban de enredar.

Eran los tiempos de lo que se empezaba a vislumbrar como el cierre definitivo en Cataluña, con la escenificación del cerrojazo en aquella sesión del Parlament que Serafín Marín tuvo que digerir en solitario, pues nadie tuvo el detalle de ir allí a testimoniar su apoyo a él y a la Fiesta. Pero no debieron quedar muy tocados, pues tampoco apoyaron decididamente la ILP que partió de la región sin toros, Cataluña, para conseguir que el Parlamento Nacional ofreciera protección legal a los Toros y evitar que los hechos recientes se pudieran repetir en otros territorios del Estado. Y el día de la votación, el mismo que se votaba otra ley sobre los desahucios, para que nos demos cuenta como en su momento el PSOE y después el PP, trataban al toro con una desgana insultante, pues ese día sí que se presentaron allí las figuras, por si había que hablar a la tele, para garantizar que lo hiciera una voz autorizada y con mando en plaza, rodeados de los más modestos del mundo del toro y aficionados que acudieron empujados por el deseo de no ver desaparecer parte de su vida a golpe de luces rojas y verdes reflejadas en una pantalla. Eran esos votos pensados y repensados por los políticos, que darían vía libre para que se discutiera la proposición de una ley del toro nacida del pueblo, en el Parlamento de la nación.

Luego vino declarar a los Toros algo que no sirve para nada, que a unos no inquieta porque no ven peligrar su imagen moderna, progresista y acorde con el siglo XXI, a los que oficialmente la Fiesta ni les va, ni les viene; y a los otros, esos defensores a ultranza de esta tradición, les calma la conciencia y les sirve para poder declarar su españolismo sin reservas. Luego uno se para a ver lo hecho en algunas comunidades autónomas para defender al toro y es para ponerse a temblar. Y me voy a parar sólo en Madrid, la primera plaza del Mundo, el mejor instrumento para relanzar y divulgar los Toros, que en los últimos años ha sufrido la mayor y más rápida degradación de su historia, sometiendo todo al imperio del dinero, devaluando la Feria de San Isidro, la temporada de Las Ventas, la Feria de Otoño, las novilladas, permitiendo que la empresa no contrate a lo mejor, tanto en toros, como en toreros y contribuyendo decisivamente a la implantación del monoencaste y al gobierno de la vulgaridad. Eso sí, rápido se llenan la boca de su afición; si hasta doña Esperanza mantiene un abono en la plaza, uno de los que a pesar de la espectacular caída en las renovaciones sigue manteniendo. A los demás, lo que les gusta es ir por la jeta, gratis y a canapé puesto.

Pero bueno, hasta esa declaración de Bien de Interés Cultural podía haber dado su rédito y colaborar para ofrecer una mejor imagen de esto que los finos llaman Tauromaquia. ¿Y qué hace el mundo del toro ante esta oportunidad de echar pa’lante más o menos bien? Pues muy fácil, a partir de entonces viene lo que ya sabemos que ha sucedido muy recientemente, lo del convenio, lo del empresario parlanchínr, las tortas y los chantajes. Aunque tanto taurinos como políticos, han calmado su conciencia y con todo el ornato y parafernalia habitual de unos y otros se han montado eso de PENTA. La purga Benito, lo que va a solucionar todos los problemas del toro, o mejor dicho, todos los problemas que ellos ven en la Fiesta y que les dificultan el poder mantener su posición, sus privilegios y el poder seguir exigiendo caprichos de niños malcriados. Para ellos no hay problemas con el toro, el que se está imponiendo y el único al que se enfrentan, no hay peligro de muerte por inanición, por mucha ley que proteja el toreo, por supuesto que ellos no son responsables de nada de esto y como si ejerciendo de toreadores respondieran a un destino divino al que todo el mundo se tiene que plegar, ni se les ocurre pensar que toda esta juerga se apoya en el aficionado, que si este no va a la plaza, se acaba todo en diez minutos, que el que paga no tiene obligación de ir y soltar sus billetes, que si deja de sacar sus entradas no son responsables de este hundimiento cada vez más evidente, que los responsables son los que han creado las condiciones que les han expulsado de los tendidos. El aficionado no es que no cuente, es un actor a eliminar, quizá por ser uno de los pocos que levanta la voz exigiendo. Que luego habrá quien escriba libros, de conferencias y ruedas de prensa echando la culpa de la situación actual a don Joaquín Vidal, don Alfonso Navalón y a todos los que les siguieron y que ahora les echan de menos. Esos que dicen que lo que vimos tantas veces no ha existido nunca.


Pues nada, podemos seguir así de confiados, ciegos, sordos y mudos, echarnos a la calle a pasear con la irresponsabilidad del que se pasea con las manos en los bolsillos en medio de un huracán, una tormenta eléctrica, una tormenta tropical, un maremoto, un terremoto y una ciclogénesis explosiva, confiando en que basta con disfrazar tanto fraude y mentira de arte y cultura, para que las riadas de agua pasen de largo, para que se detengan los vientos y para que las entrañas de la Tierra no se traguen nuestra pasión, que no es otra que el toro.

viernes, 3 de febrero de 2012

No es la Fiesta Nacional, es Universal


El toro dentro y fuera de la plaza, como fenómeno cultural que reúne a las personas para expresar sensaciones


Son muchas las personas que se enorgullecen al hablar de la Fiesta de los Toros como la Fiesta Nacional. Es un orgullo muy admirable, aunque me perdonen por no compartir esa terminología y por no haberla utilizado nunca. Creo que es inexacta y restrictiva, que no hace justicia a lo que supone este espectáculo que nació en la península Ibérica y que a lo largo de los siglos se extendió por las tierras del Nuevo Mundo, llegando a adquirir allá donde desembarcaba, su propia identidad. Un fenómeno que alcanzó más allá de los Pirineos y que de la misma forma que surgió y desarrolló en España, también lo hizo en Portugal, pero con las características propias que identifican a la tauromaquia lusa.
Nos costará reconocerlo, pero no toda España es taurina. Hay regiones en las que resulta muy complicado encontrar una afición lo suficientemente extensa y asentada como para considerar eso como territorio taurinizado. Aunque no podemos dejar de reconocer el enorme mérito que tiene el ser taurino en lugares como Galicia, Asturias, Cantabria, Canarias, Las Baleares y sobre todo en Catalunya. Comunidades donde no cabe el toro bravo, aunque siempre pueda encontrarse la excepción. Pero tampoco es admisible que desde esos lugares enarbolen la bandera humanista, democrática y civilizada, en oposición a las regiones taurinizadas. Cada uno tiene sus costumbres, su cultura, su orgullo y sus vergüenzas. Así es el ser humano, que ni es extremadamente malo, ni extremadamente bueno, se limita a ser humano, con sus creencias, escala de valores, contradicciones, particularidades, idioma, cultura y a veces hasta con una apariencia física como signo identitario.
Entonces, parece que la Fiesta no puede ser Nacional. Pero claro, he aquí una de las muchas contradicciones que plantea el toro, exhibiendo una de las cualidades más marcadas del espíritu hispano, esa tendencia vital contradictoria. Se ama al animal que se mata, se cuida al animal para matarlo y se preserva la especie para matarla. No es propio de toda España, pero casi podríamos afirmar sin equivocarnos que es la seña de identidad más conocida de este país en todo el mundo, quizás con El Quijote, el icono más reconocido en el mundo, precisamente de un personaje que nunca existió. Volvemos a nuestra eterna contradicción. Ya seas de Cangas de Morrazo, Utrera, Valls, Tacoronte, Llanes, Pedreña, Ciudad Rodrigo o Manacor, cuando más allá de los Pirineos, del Mediterraneo o del Atlántico dices que eres español, la respuesta es muy probable que sea “Oléy tourero espanol”. Y a lo mejor no has visto una corrida de toros en tu vida, pero tú ya tienes la montera, el traje de luces y la pose de torero de la Carmen de Bizet. Y explícale el guiri en cuestión que no te gustan los toros, que si estás en contra o a favor; toros igual a España, España igual a toros y toreros.
Aunque yo insisto en que no es la Fiesta Nacional, con lo que puede que estén de acuerdo en México, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia, Francia, Portugal o las colonias lusas de ultramar. Esto es lo que según mi opinión convierte a la Fiesta de los toros en Universal, lo que no quiere decir tampoco que se pueda exportar a cualquier punto del planeta. El impedimento de que no se pueda criar el toro bravo en cualquier sitio dificulta esa taurinización Urbi et Orbe.
Quizás para simplificar a veces hablamos de los toros como un espectáculo, lo que en rigor es así, pero lo que tampoco se puede obviar es que ese espectáculo, que de diversas formas se ha venido produciendo desde hace siglos, y que ha ido tomando su aspecto actual desde hace unos doscientos años, cuando se inicio su regularización y evolución estética del toreo, así como la selección de un animal que propiciara la generación de arte, es el origen de un fenómeno cultural con múltiples caras e interpretaciones, como si se tratara de un prisma multicolor. Pintores, escultores, escritores, poetas, músicos, cineastas, folclóricas, modistos y hasta algún torero que otro han hecho arte a partir del toro.
Sea por ese empuje que da la cultura o por ostentar ese impulso que provoca un hecho en cultural, la Fiesta se extendió por los territorios de influencia ibérica imitando las normas y usos de las metrópolis portuguesa e hispana, hasta asentarse sólidamente en ellos. Pero más allá de esto, se produjo un mestizaje entre el toro y las tradiciones de cada región, para acabar dando lugar a una tauromaquia aborigen con caracteres propios que la diferencia de las demás, pero donde se puede reconocer perfectamente el modelo original ibérico. La corrida de toros que aunque ha progresado siguiendo el modelo hispano, también presenta aspectos propios que la distinguen. ¿Quizás entonces los aficionados de esas latitudes podrían hablar de los toros como su Fiesta Nacional? Puede que sí o puede que no, pero ¿es tan importante la terminología? ¿Resulta imprescindible blandir la espada del nacionalismo para agitarla como argumento de peso ante el vecino para que la tauromaquia sea admitida y aceptada? ¿Es la tradición una idea consistente para mantener algo vivo? Pues yo creo que no, sinceramente, me parece mucho más rotundo e indiscutible invitar a esos escépticos a que disfruten del arte, de la emoción y que se zambullan en todas las interpretaciones artísticas que nacen a partir del toro de lidia. ¿Sabrían los primitivos iberos que esculpieron los toros de Guisando que eran españoles? ¿Pensarían que todos los habitantes de su mundo tenían al toro como tótem nacional? Pues seguro que no, lo que no quita, ni agrega valor a la afirmación de que los toros no es la Fiesta Nacional, es Universal.

martes, 15 de noviembre de 2011

La Fiesta, mejor que nunca, en su peor momento

Rafael "El Gallo" no necesito nunca que le reconocieran como un artista, porque el arte era él.


Si nos paramos a mirar el estado de la Fiesta y su consideración oficial, casi podríamos decir que nunca estuvo tan apoyada y tan bien considerada, pero luego la realidad no responde a tal espejismo. Hasta la UNESCO se está liando el capote de paseo para declararse a favor de las corridas de toros, o por lo menos eso se oye por ahí o eso se le está solicitando. Que si Bien de Interés Cultural, que si Patrimonio Inmaterial, que si un ayuntamiento se convierte en torero oficialmente y la guinda de que el Gobierno del Estado concede a los miembros del G- 10 el capricho de reconocer vía BOE, que esto que nos ocupa debe tener la consideración de hecho cultural.

Pero, digo yo ¿esto no resulta cuanto menos sospechoso de ocultar una realidad que se quiere tapar? ¿Alguien se plantearía que se considere como cultura la pintura, la escultura, la música o el cine? Evidentemente, no es necesario. Entonces ¿por qué hace falta hacerlo con las corridas de toros? El caso es que han cogido la Fiesta, la han pasado el plumero y la han metido en una vitrina acorazada con un cartel muy grande que dice “¡Ojo, que esto es arte!" Pero si eso la sabíamos hace décadas ¿no? ¿O todo esto se debe a que todas estas consideraciones no se las creen ni los que lo inventaron?

La realidad es que todo esto se produce en un momento en que escasea el arte, la bravura, la casta y la emoción. Quizás por este motivo hay tanta prisa por colgar la etiqueta que sea. Porque claro, si nos cogemos a un no aficionado, le tomamos de la mano y nos le llevamos a la plaza, contándole en el trayecto las grandezas del toro y de los toreros que se ponen delante; si le hacemos un recorrido por el Museo Taurino de Madrid, por las galerías de Las Ventas y finalmente nos acomodamos en nuestra localidad, aunque eso de acomodarse en la plaza de Madrid es casi ciencia ficción, y en esto que empieza lo “güeno” y nuestro acompañante, que espera ver todo lo que ha oído yendo a la plaza, lo que ve es un toro dando tumbos por la arena, a un señor subido a un penco que se da un paseo por el ruedo sin función alguna conocida y a un señor con las medias rosas poniendo extravagantes poses llenas de estiramientos y retorcimientos; un conjunto que no dice nada y que emociona menos.

Venga decretos, venga declaraciones y venga ILPs, que pretenden conservar y salvaguardar un hecho cultural muy poco culto y que no se sostiene por sí solo. Volvemos a ese tan arraigado proteccionismo patrio. Pero, yo me pregunto ¿por qué no atacamos el problema desde la base y dejamos de andarnos por las ramas? Estaré equivocado, pero creo firmemente que si se empezara a reconstruir la tauromaquia a partir del toro, que si se sustanciara de nuevo la suerte de varas y se ofreciera un toreo de verdad, quizás no harían falta tantos panfletos bien intencionados, porque la Fiesta se defendería por sí sola.

El edifico se nos cae a cachos y nos preocupamos por darle una mano de pintura a la fachada, o casi peor, queremos hacer creer que los desconchones son manifestaciones artísticas de vanguardia y lo pretendemos hacer colar como arte. Y llegados a este punto volvemos al inicio, en que nunca antes hubo tantas manifestaciones y declaraciones proteccionistas, ni la Fiesta estuvo tan necesitada de una reestructuración a fondo que la ayudara a recuperar lo que nunca debió perder, y que solo favorece a unos taurinos y unas figuras que solo se preocupan por su beneficio y por su comodidad. Lo demás les importa un bledo. La prohibición catalana les ha metido las prisas en el cuerpo para asegurarse que este proceso no se repita más en ningún sitio, creyendo que esto nos blinda contra una muerte por inanición. Pero si esto les hace felices, allá ellos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Los problemas reales de la fiesta

Si algún aficionado de Madrid levantara la cabeza... ¡Ay! Cuando decías eso de "Madrid, quién te ha visto y quién te ve.


Algunos estamos muy perdidos y muy desorientados sobre lo realmente importante para la fiesta. Creo que muchos somos los que nos enredamos en lo accesible y en lo que ni importa, ni afecta al futuro de los toros. Ingenuos de nosotros, nos pensamos que tenemos la verdad absoluta en nuestra mano y nos atrevemos a pontificar a favor de la integridad del toro, en la casta y en el toreo puro y de verdad ¿A dónde queremos ir con estos argumentos? Si leemos y escuchamos a los que de verdad saben y manejan todo esto, no podemos ir ni a la esquina de la calle. Y dense cuenta que hablo de toros encastados, que no llego ni tan siquiera a pedir que sean bravos, que acepto bajar el listón y exigir lo mínimo, no lo que podría considerarse ideal.

El problema de la fiesta no es que no tenga interés, ni se considere al aburrimiento como un elemento intrínseco de los toros, ni que juntando a los líderes del escalafón de matadores éstos sean incapaces de llenar las plazas, ni que los toros parezcan peluches cariñosos, ni que los aficionados escaparen a la carrera de los tendidos. Todo esto son pamemas y bobadas para distraer de lo que verdaderamente hay que arreglar en el mundo de los toros. Sí señores, lo tenemos que reconocer y entonar un “Mea Culpa” colectivo, porque así solo conseguiremos que esto desaparezca.

Si queremos dar una solución a todo esto y acabar con el acoso de las hordas judeo- masónicas bolcheviques, capitalistas, marxistas, anarquistas, ultraliberales y de la extrema izquierda de la derecha más centrista, tomemos el nuevo pliego de la plaza de Madrid como nuestra Torá taurina. Convirtamos en cabalistas del pliego, en avezados levís de la doctrina de doña Esperanza y del señor Abella, mano ejecutora de los siempre sinceros y desinteresados señores taurinos. Creemos un Sanedrín en el que los doctores de la Tauromaquia puedan condenar a cuarenta latigazos a los infieles que no creen en los taurinos como sumos pontífices de la fiesta.

Pensarán muchos que me he vuelto loco o que al fin he sacado mi taradura a la vista de todo el mundo, pero yo más bien creo que ya he visto la luz. En las que estamos, con los muchos problemas que creíamos que nos amenazaban y todo se resuelve a acortar la temporada de Madrid y a subir el precio de algunas entradas, que no están a la altura de las circunstancias ¡Olé tus corbejones! Eso es atender a las demandas del aficionado, del aficionado Casas, Martínez Erice, Lozano , Matilla, Molés y casi para de contar, aficionado al parné, a hacer lo contrario a lo que marca la lógica y a mantener en el negociado de la torería a los que a ellos les interesan. A esos que cuando juran el cargo les ponen la banda de miss figura del toreo y que luego es casi imposible que la devuelvan, y que si hace falta se la grapan al pecho.

No he visto ninguna manifestación, ni ningún escrito en el que el público de Madrid pida que haya menos festejos durante la temporada. Bien es verdad que cada vez acude menos gente a las corridas de toros y novilladas que se dan fuera de las ferias, pero ¿nadie se ha parado a pensar que esto pueda deberse a la basura de carteles, a que Las Ventas se ha convertido en una plaza de oportunidad para los desheredados y laboratorio para ganaderías de saldo? Pues lo mismo algo de eso debe haber. Lo que no es admisible es que para ir a los toros tengas que buscar el aliciente en un banderillero, en que vas a juntarte con los compañeros de localidad y en que a la sombra se está fresquito. Que sí que es verdad que durante las ferias la plaza está mucho más llena, pero ¿alguien ha caído en la cuenta que en esos días el abonado está obligado a pasar por taquilla si no quiere perder su abono? Un abono al que nos agarramos como a un clavo ardiendo, esperando que esto algún día cambie el signo. Estamos ahí esperando en primera fila a que algún día vuelva a los ruedos Marcial Lalanda y Domingo Ortega mano a mano, lo que no parece muy probable que se produzca.

Pero lo que no parece posible es poder seguir gozando de ese privilegio por unos cuantos euros que algunos nos arrancamos del alma allá por el mes de abril, para así garantizarnos nuestro particular calvario en mayo, apartados de la familia, las amistades y cualquier diversión posible. Ahora resulta que los precios son demasiado baratos. Pero estos señores con espíritu corsario ¿se han parado a pensar en que tipo de gente se va a la andanada o la grada? ¿Se parado a pensar en el esfuerzo que nos supone a muchos el poder quitar una buena tajada del pecunio familiar para ir a los toros? Aunque igual lo que pretenden es que no vayamos a los toros, o que al menos no vayamos todos los días.

Resulta indiscutible que Madrid tiene una de las aficiones más estructuradas del mundo taurino. Las mismas caras año tras año, domingo tras domingo, que se unen para exigir sus derechos y que los taurinos cumplan con sus obligaciones. Pero claro, si esto lo desmantelamos ya no habrá ni sietes, ni gradas del seis, siete y ocho, ni andanadas que pidan y exijan. Todo será una verbena y si se les quitan los festejos de julio y agosto, les importa un pito. No es la primera vez que lo digo y seguro que no será la última, pero están como locos por hacer de Madrid una plaza de feria, que de verbena ya lo es. Pues adelante con los faroles, que acorten las temporadas año tras año y suban los precios al cielo, pero súbanlo mucho, aprovechen, porque como se vayan esos que tanto les molestamos, permítanme el exceso de vanidad de incluirme, ese día tendrán que ir pensando en que esto se ha acabado. Ese día ya no harán falta prohibiciones, ni decretos proteccionistas, ese día habrá que echar el cierre por defunción. Y la declaración de BIC de doña Esperanza y las firmas para una ILP en defensa de la tauromaquia podrán exponerse en el museo de la ciudad como una simple anécdota del pasado. Y es que esto no tiene remedio, uno empieza queriendo entender a estos señores que nos dirigen y acaba poniéndose frente a ellos con cara de perro.