Felicidades a todos los padres y a los Pepes y Josés, a mi amigo José Luís Bautista, mi proveedor oficial de frases demoledoras; a Pepe, mi apreciado compañero de localidad casi desde que se retiró Vicente Pastor, que además también son papás, al Papa Negro, a Papá Piernas Largas y si hace falta a Papá Levante.Esos papás que nos inocularon el veneno de esta afición, bendita afición, que nos enseñaron a querer un espectáculo en el que pican, clavan pinchos y matan a un animal y que, al mismo tiempo, nos enseñaron a respetarlo, a quererlo, a conocerlo, a saber cómo verlo en el campo y a admirar a quienes eran capaces de, vestidos de luces, hacerle lo que el resto de los mortales no eran capaces de hacer.
Estos mismos papás que nos llevaban de la mano a ver en silencio y sin molestar los toros en el Batán, los que nos hacían sitio para poder ver mejor el apartado en las corraletas de las Ventas y que, cuando nos cruzábamos con un torero, nos cuchicheaba: mira, Fulanito de tal, a ese le vi un día torear con la izquierda así y asá, le cogió el toro y le dieron las dos orejas sin entrar a matar (Juan Posada, por supuesto). El mismo papá que cuando ya era mayor y salíamos de la plaza indignados con algún espada y que cuando lo veía pasar en su coche por delante de nosotros a la salida de la plaza me agarraba y me decía: ya no le digas nada, ya se acabó la corrida, él ya ha acabado y ya es una persona normal, lo que se le diga tiene que ser en la plaza, aquí no. Pero que luego en la plaza, aunque pudiera protestar, nunca entendió un insulto, y mucho menos si este se refería a su madre, esposa, resto de la familia o tendencia sexual.
Papás que en definitiva nos han hecho violentos, crueles, inhumanos, maltratadotes y no se cuantas cosas más. Papás que después se convirtieron en abuelos y que ya mayores pudieron tener la satisfacción de cruzar la puerta de la plaza de la mano de su nieto, al que le repitieron las mismas palabras que a sus hijos muchos años antes.
Pero que no se nos olvide que para ser papás hay que tener hijos, y para tener hijos hay que tener esposa, que aguantan pacientemente la afición o pasión de papá. Esos que cuando llega mayo soportan cómo a las seis de la tarde papá echa a correr con la almohadilla bajo el brazo, que los domingos no hacen planes si el cartel es bueno y papá decide ir a los toros. Los que aguantan que en las vacaciones se den cuarenta mil vueltas por carreteras infumables para ver unos toros en el campo. Esos que cuando en la tele sale algo de toros, pocas veces, piden silencio para que papá no se pierda detalle. Y por extensión, a las familias políticas que entienden que el papá de los niños de la niña no vaya a un cumpleaños, porque ese día tiene toros.
Pues mi papá, que para mí ha sido quien más sabía de esto, es este señor que hace unos años se borró de este mundo y del que me acuerdo todos los días como si fueran 19 de marzo, y mucho más cuando en el ruedo veo a un torero torear de verdad y, sobre todo,
cuando sale un toro poniendo a cada uno en su sitio. Pues un buen día a todos.