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martes, 14 de septiembre de 2021

La fórmula maldita

 

El ingrediente principal de esta fórmula maldita al que pocos quieren delante

En esto del toreo se pasan la vida queriendo inventar las sopas de ajo y aún no han llegado ni a enterarse de que hay que prepararlas con ajo. Quizá porque no les gusta el ajo, que es algo que puede pasar. Están que si innovar, que si no sé qué de modernizarse, que si adaptarse a la sociedad, pero no llegan a ninguna parte, porque los taurinos ni quieren innovar, ni modernizar, ni preparar sopas de ajo. Lo que ellos buscan incesantemente es cómo hacer esto más cómodo a los de luces de su escudería, cómo co0nseguir que los que crían animalejos descastados puedan producir más para sus toreros y ya de paso, meter debajo de la alfombra sus miserias, hacer desaparecer todo lo que pueda incomodarles y poner en peligro su negocio y gracias a la tele, con los telepredicadores televisivos, extender por el mundo su doctrina del medio toro, del toro mentiroso y la fiesta verbenera, triunfalista y más mentirosa aún.

Que lo mismo ustedes piensan que cómo es posible que desprecie la innovación y la modernidad así, con esta soltura y sin pararme a pensar un minuto. Pero claro, juzguen ustedes mismos. Que ahora la modernización es más estética y formal, que ética y de fondo. Lo primero, nos olvidamos del toro; y luego nos centramos en lo aparente. Nos ponemos a inventar que si una corrida picassiana, en la que lo único que se varía son los trajes, que no se crean que salen toros y toreros cuadrados, con los dos ojos en un lado y con manos desproporcionadas con los dedos gordos como morcones. Que si la magallánica, que si la pinzonizana, que si… y allí ni un nudo marinero te enseñan. De nuevo, toda la innovación es disfrazarse. Que no es que uno esté en contra de este tipo de conmemoraciones, ni mucho menos, pero que no me lo vistan como la gran innovación de la fiesta. Que cualquier día van a inventarse la corrida disneyniana y me veo a los toreros vestidos Micky, Pluto o el Pato Donald. ¿Se imaginan? A mí me cuesta. O la corrida marxista y ya estoy viendo a Ferrera, Perera y el Juli de Groucho, Harpo y Chico; y repartan ustedes los papeles. Pero tranquilos, que nadie dice “na de na”, todo vale, porque es moderno.

Eso sí, no se le ocurra a usted pensar en montar una feria, de novilladas, por poner un ejemplo; que primero anuncia el ganado, con hierros de esos que quitan la ilusión a los chavales, uno de un encaste, otro de otro y así hasta cubrir los días que se programen y después, una vez anunciados los toros, se ponen a buscar los que irán en cada terna. Lo cual está muy bien, porque así los de luces no se tienen que preocupar de llevar los toros debajo del brazo. Se les libera de esta tarea, ¿no? Que no es justo que los actuantes se tengan que preocupar por lo que van a torear, que bastante tienen los pobres. Que a lo mejor no hay que ponerse a innovar tanto, ni a buscar la modernidad por todas partes. Que, ¿dónde estará la modernidad? No lo sé, pregúntale a tu padre que lo guarda todo en el trastero sin preguntar.

Aunque no sé si algunos prefieren eso de las innovaciones y modernidades, porque eso de anunciar primero las ganaderías y luego que cada uno apechugue, parece una fórmula maldita que solo satisface a los que no gozan y se deleitan hasta el éxtasis con el arte artístico. Y lo que son las cosas, esta fórmula, maldita por supuesto, tiene cabida solo cuando no asoman por los carteles los figurones y rara vez, solo excepciones, en plazas de postín. Esto es ya costumbre en pueblos que, llenos de orgullo, organizan sus ferias de novilladas. Pueblos que meterían en media plaza a todos los habitantes del pueblo, pero que curiosamente llenan prácticamente todas las tardes. ¿Y cómo es eso? Pues muy sencillo, que será cosa de esa fórmula maldita que atrae a esa gente extraña que se regocija con el toro, que son capaces de dejar la familia, cónyuge, niños, suegros y cuñados con la paella en su punto, cogerse el coche y hacerse una montonada de kilómetros para encontrarse con su amante: el toro. Que, aún siendo novillos, ofrecen seriedad y no desmerecen el llamarse toros de lidia.

Pero claro, lo que los taurinos oficiales no pueden permitir es que esta fórmula maldita cunda ejemplo, no vaya a ser que aparezcan por ahí alcaldes y ayuntamientos que decidan hacerla suya y que obliguen a los de luces a ganarse el pan con el sudor de sus taleguillas. Sudor que por otra parte hace sentirse orgullosos a los que después de una tarde de toros salen a pie y sabiéndose vencedores ante el toro, pero el toro de verdad. ¿En contra? En contra hay muchos y a veces se ponen tan fuera de si, que pierden los papeles, las formas, la dignidad y la torería, aludiendo a cosas que dan grandeza a la fiesta, pero que ellos no las practican. Eso sí, quizá solo hay una vía posible para conseguir que esto no se nos vaya por el desagüe y esa no es otra que la fórmula maldita.

 

Enlace Programa Tendido de sol Hablemos de Toros del 12 de septiembre de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-12-audios-mp3_rf_75332878_1.html

miércoles, 6 de marzo de 2019

Ferias de primera en plazas de tercera


La fiesta de los toros parece haber encontrado refugio en pueblos que no renuncian al toro. Mejor que sea un punto de partida, que no el testimonio de otros días.

Como diría el otro, de toda la vida de Dios, dónde se marcaban las directrices de la fiesta, las tendencias, dónde daban los campanazos toros y toreros, era en las plazas de primera, las ya sabidas Bilbao, Valencia, Málaga, Sevilla o Madrid. Cualquier cosa que allí pasaba trascendía al resto del mundo de los toros. El aficionado miraba y confiaba en esas plazas. La expectación por conocer carteles, de ferias y de no ferias, porque por aquellos días, los toros no se movían solo a golpe de feria y los toreros lo mismo actuaban en mayo en Madrid, que en junio, marzo o septiembre. Las ganas de no faltar a un festejo señalado no diferían de San Isidro a julio, ni de abril a septiembre. Y el aliciente era mayor, pues no resultaba fácil poder tener una entrada, solo las que dejaban los abonados, en su mayoría público local. Pero, ¡cómo ha cambiado el cuento!

Hemos llegado a un punto en el que no solo no se entiende que fulanito o menganito mate tal o cual hierro, sino que ya parece o una locura o una gesta sin precedentes, el que se anuncie fuera de los respectivos ciclos feriados. Y el aficionado se traga esta perla, encantado y convencido de que las cosas deben ser así ¡Válgame! Pero conscientes o sin darse cuenta, que quizá no quieren dársela, los aficionados acaban yéndose a buscar el toro a otros ruedos que no son precisamente los de primera. Paradojas de la vida, para encontrarse con el toro los hay que van para ver novilladas y esto solo se lo garantizan algunas plazas de tercera, plazas de pueblo, pequeñas, sin la grandeza de las monumentales, pero manteniéndose fieles a esa fe única del toreo, la del toro.

Ahora mismo en España, el que quiera calmar su hambre de toro, toro serio y al margen del toro comercial, tiene que viajar al sur. A la provincia de Murcia, Calasparra; a Toledo, Villaseca de la Sagra y a la Rioja, a Arnedo. Cosas del toro. Cin listado de ganaderías con mucha chicha, Escolar, Cuadri, Ibán, pArtido de Resina, Cebada, Fernando Peña, El Puerto, Jandilla, Monteviejo, La Quinta Prieto de la Cal y Miura. Que podrán cuestionar tal o cual hierro, pero que variedad hay. Y repito, esto en plazas de tercera y para novilleros. El mundo al revés.  El mérito de los modestos se convierte en el sonrojo de los opulentos. Sin pretenderlo, esas ferias de novilladas se convierten en una denuncia de lo que es en la actualidad el poder establecido de la fiesta.

Queda claro que todo lo que no sea comercial se convierte poco menos que en clandestino y no solo es casi inviable verlo en las grandes ferias, quizá a excepción de Madrid, sino que el desprecio de los magnates de la fiesta es manifiesto y motivo de orgullo para todos ellos, porque llegados a ese punto que ellos consideran de exquisitez, ya no tienen por qué cruzarse con nada que no sea el medio toro. De la misma forma que esos que manejan todo esto no tienen ninguna consideración por la fiesta de los toros, no cuidan el fortalecimiento de esta y nada les interesa, a no ser que sea el llenar la saca en provecho propio. Parece evidente que han dimitido de su obligación de mantener y engrandecer los toros y lo dejan en manos de esas escasas ferias de pueblo, en plazas de tercera. Que está claro que en los pueblos, las plazas de tercera y segunda tiene que crearse el sustrato que soporte todo esto, pero dejarlo en manos de unas pocas localidades de un puñadito de ferias, aparte de irresponsable, es injusto. Ahora resulta que el futuro, o el poco presente que nos queda, lo dejamos en manos de Calasparra, Arrendó o Villaseca de la Sagra; que muestran dan de no arrugarse con el compromiso, pero estas ferias, estas plazas, también necesitan el modelo de Madrid, Sevilla y el resto de plazas de primera. Porque la ovación a unos no puede tapar el bochorno de otros, pero así están las cosas. Que parece que por el momento, al aficionado no le queda más salida que acudir, y con gusto, a las ferias de primera en plazas de tercera.