Mostrando entradas con la etiqueta Pliegos de las Ventas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pliegos de las Ventas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de marzo de 2022

Cambalaches a la madrileña

Si no hay temporada en Madrid por la ineptitud de la administración competente, ¿habrá huelgas, manifestaciones, paseos de indignados o se le echará la culpa al maestro armero?


De todos es sabido que lo madrileño es genuino y que no necesitamos, aquí en el foro, importar nada de fuera, que las cosas aquí son a la madrileña; el bocata de calamares, con calamares del Manzanares, por supuesto, el chotis, nacido en Viena, que por un tiempo fue un barrio de Madrid, el mantón de Manila, que seguro que se inventó en aquellas famosas cafeterías de los sesenta y setenta, mientras unas señoras tomaban su tostadita y su bañera de café o el chocolate con  churros, con chocolate de las plantaciones chocolateras del Parque del Oeste. Que no, que no necesitamos nada de fuera para ser tan genuinos como somos. Y como somos muy madrileños, aquí también sabemos de cambalaches, pero a la madrileña, y si no, ¿cómo me explican lo de los pliegos para la plaza de las Ventas?

Que empezamos y es un no parar. Que ya empezó a sonar raro que cuando allá en el paleolítico taurino postpandemia se convocó el concurso, en el pliego se hablaba de que el adjudicatario empezaría a operar a partir de la primera decena de junio ¿Cómoooo? Justo en mitad de la temporada y justo casi al día siguiente de la conclusión de San Isidro, feria también mu madrileña. Y el personal se preguntaba que cómo era eso, que no se entendía, aunque seguro que estos no eran ni madrileños, si acaso, de algún barrio periférico que no entienden eso de “a la madrileña”. Que uno, que igual no entiende de esta forma de vivir la vida, ya pensó que igual eso de que Madrid era plaza de temporada iba a ser verdad, era, que ya no es, pero bueno, tampoco quiero yo perturbar a las mentes madrileñas con mis ideas periféricas.

Y nada, que se montó la feria de San Isidro, aunque no sé si muy a la madrileña o más bien con baremos propios de otras tierras. Una feria preparada para el triunfalismo, que igual muy del foro, esto no es, pero bueno, también puede ser que en una bocacalle de Alcalá esto sea lo que pita. El señor Abellán sacando pecho, como si él fuera el padre de la criatura, sacando pecho por todo, sacando pecho por haber reunido a los aficionados y haberles contado el pliego, cuando ya estaba todo cerrado y con un “esto es lo que hay”, que igual es muy a la madrileña, según su forma de ver el madrileñismo, que cuidado, como no andemos vivos, se puede llegar a confundir con el catetismo, de lo que en Madrid también sabemos un rato largo y tenemos cualificados representantes. Empezaban a oírse ecos de que si los Choperas iban a juntarse con el demonio mexicano que ninguno de esta gente quiere por aquí, que si Ramón Valencia con Matilla, lo que provocó un ataque de ansiedad en algún coletudo engreído y poco comprometido. Vamos, que el ambiente “a la madrileña”, se empezaba a animar, mientras los aficionados se hacían cruces tratando de elegir algún festejo de todo el serial o ver cuáles eliminaban con un cierto raciocinio y no teniendo que recurrir a los dados, porque si por ellos fuera, igual eliminaban más de tres y de seis y de…

El pliego se cerraba el 15 de marzo, ya con todas las propuestas en poder del Centro de Asuntos Taurinos, pero… ¡Ay! Que nos cuentan que alguien no ha contado bien a la madrileña y resulta que se han dejado fuera a unos trabajadores. Los de las almendras, los que venden claveles, los taquilleros, los de la reventa -no estos no, que van de sobaquillo y no cuentan-, los de las cervezas, los de las almohadillas, los acomodadores, areneros, porteros, que no les llegaba la camisa al cuerpo. ¿Seré yo? ¿Seré yo? ¿Seré yo? Pues igual no era ninguno. Pero no pasa nada, se suspende el concurso hasta que se arregle el desaguisado y primero paz y después gloria. Aunque las malas lenguas, que seguro que no son madrileñas, hablaban de que a  la Comunidad les habían dado el “queo” de lo que después nos enteramos, que unos señores, la Agrupación de Profesionales Taurinos Luchadores, habían impugnado el pliego y que con tal motivo, el Tribunal de Contratación Publica de la Comunidad de Madrid, había anulado tal pliego y como consecuencia dicho concurso. ¡Caramba! Que esto no lo arregla ni uno muy muy madrileño, ni muy muy a la madrileña. ¡Ay Dios! Que dicen que se conculcaba la libre concurrencia, los principios básicos de contratación pública, que era restrictivo, muy generoso con las empresas y muy dirigido a la empresa actual, Plaza 1. ¡Ay! Que hubo quién pensaba que esto iba a ser como cuando los Choperitas, que solo faltaba poner su foto, que lo demás estaba todo cumplimentado y bien cumplimentado. Pero ya sabemos lo que pasó, que llegó el señor casas, don Simón, y ofreció un pastizal de más de canon, para luego quejarse amargamente toda la vida. Pues igual en estas mismas nos andamos, pero con caras distintas. Que ya se habían hecho su sesión de fotos firmando el contrato el señor Abellán y el señor García Garrido y al final no les va a valer la foto. Estrenar corbata y gemelos para nada. Si al menos pudieran quitarse el disgusto yendo a los toros después de la feria, pero… ¿Y la temporada? Habrá temporada? ¡Ay Dios! Que nos la vuelven a birlar como si fueran una panda de carteristas de Montera o Carretas. Que lo de vivir a la madrileña, aunque seamos de la periferia, mal que bien se soporta, porque con no ir por ciertas calles, se arregla, pero esto. Que una cosa es vivir a la madrileña y otra estos vergonzosos, abusivos e insultantes cambalaches a la madrileña.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

lunes, 12 de noviembre de 2012

Maniatados por los pliegos

La cantidad de recuerdos que se nos vinieron a la cabeza al ver aquello de la variedad de encastes



Ya acabada la temporada de Madrid, que esperemos que no sea la última o la penúltima, en otras circunstancias lo mismo estaríamos haciendo memoria de las grandes cosas que hubieran pasado desde el lejano mes de marzo; grandes faenas, soberbias lidias, toros de ensueño y una afición satisfecha con lo sucedido en la arena de la plaza de la calle de Alcalá. Pero nada de eso destaca como el sol en el horizonte, más bien son nubes amenazadoras cargadas de agua como para arrasar todo lo que se le ponga por delante.

Este año comenzaba con la curiosidad de los aficionados por conocer el pliego de condiciones que iba a regir la gestión de la plaza en una temporada que parecía empezar movidita. Pobres ingenuos y nos pensábamos que iban a cambiar unas cuantas cosas de todo este embrollo que es la Fiesta. Lo que se complicó la Comunidad de Madrid para elaborar unos pliegos, que además de favorecer al que tocaba, pudieran ser recibidos por el aficionado con unas gotitas de esperanza. Si ese tocho de papeles hubiera caído en manos de un marciano recién aterrizado en la Guindalera, pues a lo mejor se felicitaba por la serie de cosas que parecían lo que no eran y esos buenos propósitos que jamás se pensó en sacar adelante.

Todo regulado, marcado y estructurado a la perfección. Tantas corridas con tantos matadores del grupo especial, ganaderías de prestigio poniendo especial énfasis en los hierros de distintas procedencias. Magnífico, las intenciones poco se podían mejorar, pero claro si en el grupo Especial figuran los matadores con tantas actuaciones el año anterior, nos encontramos que tenemos que tragar con lo que indica el pie de la letra, César Jiménez, El Cid, Daniel Luque, Cayetano y otros tantos que no son santo de devoción de la afición madrileña. ¿Se cumple el pliego? A rajatabla, pero, ¿el resultado es satisfactorio? En absoluto. El resultado es un timo. Se montaron carteles perfectamente acordes con los pliegos, pero no con el sentido común. Podrían haberse admitido algunas excepciones, previa consulta a la CAM, para anteponer el sentido común a la letra escrita y conseguir que el aficionado fuera el gran favorecido. Pero claro, como todo indica en apariencia que la confección de carteles no obedece a criterios taurinos y al gusto del que paga y sí a criterios estrictamente económicos y que no admiten variación posible, pues así nos pasa, que se cumple el pliego, creando un verdadero disparate.

La respuesta por parte de taurinos, empresarios y políticos es muy sencilla: Para los tiempos que corren son unos carteles redondos, elaborados con mucho esfuerzo. Falta la parte final en la que debería seguir “para forrarnos de pasta hasta reventar”. Esto se lo preparan allá por febrero, si no antes, se junta los capitostes del negocio, intercambian sus cromos de plazas, toreros y ganado y así en un plis plas, se montan todas las ferias del orbe taurino. Que si la de las figuras, la de los artistas, los mediáticos, los atletas, la obligada del parche, los desgraciados que tragan lo que les echen y los que sirven para cuadrar los presupuestos y llegar a las cifras de beneficio deseadas por empresa y administración.

Los pliegos lo regulan todo, el número de festejos, mayores, medianos, aburridos, muy aburridos y aburridos del copón; los puestos a cubrir por unos y por otros, las tardes que tenemos que pagar religiosamente bajo la amenaza de perder el abono, esa valiosa tarjeta que nos da derecho a seguir padeciendo este purgatorio en la tierra. Quién gestionará los destinos de la plaza, la medidas de altura, peso, pecho, talle, número de calzado, del tiro del pantalón, capacidad de entreabrir en cesárea las tragaderas del personal, ya sean ganaderos o toreros para poder ser anunciados en las Ventas, ya sea de los aficionados, para ver si logran mitigar sus ansias de toros. A veces, hasta da la impresión que los que redactan el pliego, que se dice, se supone, que son los señores de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, les han leído el pensamiento a los empresarios que serán los adjudicatarios de la plaza. Que nadie olvide los desvelos de esta administración a causa de la Fiesta de los toros; hasta se preocupan en poner los medios necesarios, sin recortes ni racanerías, para acabar con la temporada, la afición y cualquier cosa que pueda oler a Fiesta con un futuro prometedor. Que si una cubierta para poder dar festejos matinales en invierno, pero que los evitará seguramente en el verano y primavera, justo hasta San Isidro. Pero como nadie es perfecto y los políticos y empresarios menos que nadie, resulta que cuando ya se va terminando la temporada, se recibe una llamada en las altas esferas taurinas de Madrid y se oye que alguien dice por el otro lado del teléfono “¿Falta la corrida concurso, ¿Cuándo pensáis darla? Si no, sabed que incumpliréis el pliego de condiciones”. Y Zasca, corrida concurso de ganaderías con novillos y novilleros, novilleros más verdes que un chiste de Jaimito.

La variedad de encastes se resuelve con un ciclo que un lince bautizó como de encastes minoritarios; hace falta valor. Quizás habría sido más completo llamarlo “Ciclo de encastes minoritarios y novilleros desplazados y poco placeados”. Pero oiga, el objetivo ya estaba cumplido, parecía como si hubieran ido marcando cada una de las casillas del pliego que había en el apartado “Cosas que hay que hacer obligatoriamente”. Lo malo es que la parte más importante de todo iba en una hoja suelta y se traspapeló. Era el apartado donde se añadía que tanto las ferias, como los ciclos, como corridas fuera de abono, como todo el conjunto de la temporada, debía estar cargada de sentido común, el menos común de los sentidos. En aras de cumplir el pliego se han cometido verdaderas barbaridades que nos han venido estallando en la cara a los aficionados, con el inevitable daño que esto produce a los cimientos de todo este chocolate que desde dentro están empeñados en aguar.

Hay señores de Tapadelta, de Simóndelta, Matillasaldos o Choperitas todo para mí, hagan el favor de no cumplir el pliego, cambien tanta legalidad extrema por un poquito de afición. Si es que están en una posición envidiable, aficionados a los toros, como debería ser pensando con lógica, tienen en su mano el traer al ganado que les apetezca y poner enfrente a los toreros que mejor les parezca en ese momento. Un privilegio del que hacen uso, pero interpretando muy mal lo que significa la gestión de las Ventas. De acuerdo que el aspecto económico es importante, pero hombre, no puede ser lo único. Eso si, en este caso nos ajustamos estrictamente a lo marcado por el pliego y nos lavamos las manos. Antes podía darse el caso de que si surgía un matador con cierto interés por esas plazas de Dios, se le veía con más rigor y acababa haciendo el paseíllo en Madrid. O si un cartel triunfaba, tres cuartos de lo mismo. En Madrid, pliegos aparte, se veía lo mejor de cada momento, lo que más atraía al aficionado y sin olvidar los nombres de siempre, tanto si se hablaba de toros, como de toreros.

Habrá quien diga que sin un pliego de condiciones estricto y riguroso, estamos perdidos y abocados a la catástrofe. Pues tiene toda la razón y no me estoy desdiciendo de nada de lo anterior; y ¿por qué? Porque quizás sea la única forma de intentar poner coto a unos negociantes que no tienen ni afición, ni cariño por el mundo en el que se desenvuelven. Si luego son habas contadas y en una temporada hay sitios para todos, pero claro, montar tantos meses de toros solo con lo que se compra en los chino, es muy complicado. Y así nos salen lo mismo gatos que mueven el bracito, como pijamas con lentejuelas, pero que no entusiasman ya a nadie. Y lo que mejor y más barato les sale son las esposas, para tenernos… maniatados por los pliegos.