
Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
Hoy me he permitido traer un poema de Miguel Hernández, el poeta que todo el mundo conoce, que muchos admiran y al que otros sólo ven como un escritor del otro bando; allá ellos. Pero además fue un aficionado a los toros como cualquiera de nosotros, que para poder comer escribió de toros, siendo uno de los colaboradores de José María de Cossío en su meticulosa obra, Los Toros.