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lunes, 25 de febrero de 2013

De espaldas a la Fiesta

Un puyazo a un toro empujando con el alma, con la firma de don Eduardo Miura en la esquina. Ideas y nombres de cuando los Toros eran algo grande.



Se aprueba la ILP entre el regocijo de los taurinos, aficionados, público y demás eventuales que una vez al año meriendan en una plaza de toros. Pero esta realidad me sigue aporreando las sienes:

-          Las fundas.
-          Simulación de la suerte de varas.
-          Déficit preocupante de casta.
-          Monotonía y uniformidad en toros y toreros.
-          Silencio de la prensa ante la evidente decadencia de la Fiesta.
-          Adoctrinamiento de la prensa en pro de intereses particulares de la élite
-          Abandono de la afición.
-          Concentración de funciones en pocas personas, duplicándose los roles de estas, ganaderos, empresarios, apoderados, toreros.
-          Oligarquía incompetente e interesada que sólo ve a corto plazo.
-          Carteles cerrados en todas las plazas, con derecho a veto de las figuras.
-          No se reconocen los verdaderos males de la Fiesta, echando la culpa siempre al de enfrente.
-          Exclusión de los Toros de la sociedad.
-          Público muy informado, pero escasamente formado, con cada vez menos aficionados.
-          Aceptación del fraude por el público, cómo un mal menor y cómo la única forma posible de dar continuidad a la Fiesta de los Toros.
-          Excesivo poder medios de comunicación incluso en la elaboración de carteles y en elevar artificialmente a figuras sin consistencia.
-          Sustitución de los cánones clásicos por la vulgaridad ventajista, con la anuencia de las élites, medios y público.
-          Sometimiento de la Fiesta a los caprichos de las figuras.
-          Las figuras más contestadas y discutidas de la historia, que protagonizan y provocan la mayor degradación que ha sufrido el toreo.
-          Ausencia de empuje e interés de novilleros, que se acomodan a los vicios desde sus principios.
-          Alarmante escasez de novilladas, con y sin caballos.
-          Reducción generalizada de festejos.
-          Figuras que ocupan el puesto que deberían tener los toreros más modestos, toreando hasta en plazas portátiles.
-          Pretensiones de que los toreros que salen en la televisión actúen en todas partes.
-          No hay ninguna figura capaz de mandar en la fiesta y quién podría serlo, renuncia a ello, dimitiendo de su responsabilidad cómo torero importante y cómo figura.
-          Consolidación del aburrimiento como algo innato de las corridas de Toros.
-          Deterioro progresivo de las plazas de primera.
-          Descenso más que peligroso de la exigencia en la plaza de Madrid.
-          Deseos irrefrenables de perjudicar la temporada de Madrid y acabar con ella definitivamente, a favor de ferias largas y mediocres.
-          Ataques desmedidos a todo aquel que no aplaude a la vulgaridad imperante.
-          Coaliciones de los poderosos para proteger sus intereses, perjudicando a los más modestos.
-          Concursos para gestionar las plazas de toros con exigencias que impiden el acceso a todos los empresarios, favoreciendo a aquellos que cumplen las preferencias, no taurinas, de la administración que adjudica dichos concursos.
-          Oscurantismo generalizado que absorbe a todos los que creen que pueden beneficiarse del toro.
-          Nula exigencia a los ganaderos habituales de las figuras, que venden su producto año tras año y fracaso tras fracaso.
-          Excesivas maniobras en la sombra para elegir ganaderías, toros y para que los que quieren las figuras pasen el reconocimiento veterinario, en ocasiones con amenazas de no actuar si no se atienden los caprichos de los toreros.
-          Desprecio por la historia del toreo, con el único fin de acomodar ésta para agrandar artificialmente a las figuras del momento.
-          Intentos de convertir los toros en un espectáculo caro y elitista.
-          Negación de las críticas con la pretensión de imponer a todo el mundo un gusto uniforme, poco riguroso y triunfalista.
-          Confundir arte con baile y nobleza con docilidad y falta de fiereza en el toro.
-          Desánimo generalizado de los aficionados, que ven cómo aquello que un día vivieron como algo grande, va tocando a su fin.
-          Disfrazar de evolución a la degradación.
-          El toreo se ha vaciado de contenido y ha escalado a gran velocidad a la cima del negocio.
-          Manipulación permanente del público para defender este negocio, bien repitiendo hasta el tedio que es un arte lo que ya no lo es, y pidiendo la promulgación de leyes inútiles que sólo servirán, teóricamente, para asegurar las ganancias de la élite, a corto plazo.
-          Continuos intentos de lavar la cara a lo accesorio, pero sin profundizar en lo esencial, para intentar atraer a nuevos adeptos a un espectáculo sin interés.

Eso sí, podemos felicitarnos y morirnos de la satisfacción de habernos conocido, porque el Parlamento ha admitido la ILP para declarar éste adefesio Bien de Interés Cultural. ¿Ustedes creen que la Fiesta íntegra y con el toro como eje único, necesita protecciones legales? ¿Coinciden conmigo en que si el Toreo se muestra en toda su extensión, es más que suficiente para subyugar a cualquiera con la sensibilidad necesaria para entender la Fiesta? 

jueves, 14 de febrero de 2013

Ni ILP, ni maltrato animal

Si algunos supieran lo qué sentimos por el toro.



Qué cosas, a la gente la expulsan de sus casas, aunque con eso les condenen a la exclusión social de por vida, echan a la gente de sus trabajos para mandarlos a comer de la caridad, les escatiman la asistencia sanitaria a favor de no se sabe bien qué beneficio para la sociedad, la educación de sus hijos a no ser que estos sean unos genios, la atención a los mayores para al menos vivir sus últimos años de vida con un mínimo de sosiego y los señores parlamentarios se ponen a votar si se admite la ILP que pretende que los Toros sean declarados Bien de Interés Cultural. Por allí andan haciéndose fotos y contestando a las preguntas las figuras del momento. Para que luego digan que no se preocupan por la Fiesta. Y en esto que otros aprovechan para pasar por allí con un cartel que se opone al maltrato animal, algo a lo que creo que nos oponemos todos, ¿verdad? Otra cosa es lo que cada uno entienda por eso de maltrato.

Pero vayamos por partes, dijo Jack el Destripador; uno no acaba de entender eso de las ILP y la declaración de los Toros como BIC. No sé en qué se beneficiará la Fiesta con todo esto. Y lo que atisbo no solo no me convence, sino que me da mala espina. En teoría es para evitar que en un futuro puedan prohibirse las corridas de toros, creyendo que si a unos señores políticos se les pone en el hocico, no lo van a hacer. Pero bueno, si con eso nos conformamos, pues adelante con los faroles, son las cosas de esta parte del mundo, nos la pasamos haciendo leyes, leyes para regular las leyes que regulan otras leyes, para que no pueda haber leyes que… ¡La de Dios! Pero ¿a que no hay ninguna ley que proteja la paella, la tortilla o el cocido? ¿Por qué? Pues porque es algo con tanto arraigo y sobre todo con tantos fieles parroquianos, que a nadie se le pasa por la cabeza semejante disparate. Si llega un individuo y se pone a legislar sobre lo sano que es comer canguingos encebollados, seguro que le empluman y si encima carga contra la tortilla, pues es peor que si nos mientan a la madre, o por un estilo. Pero con los toros la cosa cambia, para hacer esta paella taurina han cogido arroz pasado, almejas podridas, calamares como las arandelas de una cortina de baño y gambas de color azul; y encima nos obligan a comer de eso todos los domingos y a decir que está buena de la muerte. Y para colmo, van y hacen una ley para que esto perdure en el tiempo.

Pero lo de los Toros es algo aparte, se ha convertido en el monigote al que se puede abofetear para sacar pecho, según se quiera contentar a unos u ofender a otros y no pasa nada. Es una caricatura de lo que fue, dirigida por unos ineptos que no piensan en un futuro que vaya más allá del día siguiente y a los que no se les ocurre invertir en el futuro. Cómo ellos, se creen que todo el mundo se mueve únicamente por el dinero, todo lo malo está fuera y ellos, aparte de no admitir ninguna responsabilidad en esta debacle, están convencidos de que son la sublimación del arte del toreo y que están llevando la Fiesta a las más altas cotas jamás conocidas, mientras desprecian y pretenden anular todo el pasado, como clara evidencia de su ignorancia, ineptitud, estupidez, egoísmo y egolatría. Se quieren asegurar su porvenir a costa de lo que sea, sin querer admitir que las plazas cada día están más vacías, que los aficionados van desfilando en silencio hacia los refugios taurinos que les proporcionan sus libros, vídeos y tertulias con otros que también tuvieron la sensación de haber perdido un miembro el día que dijeron “Nunca más”.

Poco porvenir queda si no hay para quién torear, si no hay quien esté dispuesto a pagar por ver a un toro y un torero en el ruedo. Quizá entonces caerán en la cuenta que tiene que torear toros y que no lo hacen para los palmeros de turno, ni para los taurinos que les encubren, ni tan siquiera para la prensa que les ensalza más o menos, dependiendo de circunstancias ajenas al toreo. Los clientes, el destino de toda esta actividad es el público, con especial cuidado por agrada al aficionado, que es el que estará siempre ahí.

Y vayamos a lo del maltrato animal. ¿Hay algún aficionado a los toros que esté de acuerdo con esto? ¿Alguno disfruta viendo sufrir a un animal? Pues permítanme que lo dude, pero si se trata de proteger a los animales, creo que debemos hacerlo de verdad, procurando una vida lo más feliz y confortable que sea posible. Aquí tienen a un animalista convencido y el partido que se lance a tal empresa tendrá todo mi apoyo, mi voto y lo que haga falta y sin pretender que nadie “sobreestime” mi adhesión a esta iniciativa. Para empezar, ¿no creen que habría que regular las condiciones en las que viven las mascotas? Seguro que los dueños, amos o “protectores” de estos seres inocentes estarán de acuerdo en intentar conseguir las mejores condiciones para sus animalitos.

Habría que regular el tamaño de la mascota, dependiendo del espacio del que puedan disponer en su casa. Así que los doberman, pastores alemanes, grandes daneses, perros de caza y todos aquellos que sobrepasen el tamaño de un conejo blanco, no podrán vivir en un piso con menos de 150 m. útiles, o en su defecto que la terraza supere los 50 m., siempre que la casa no esté a una altura mayor que la de un bajo o entreplanta, por si a la mascota le da por saltar la barandilla, no vaya a ser que se cuenta demasiado tarde que moviendo las orejas muy rápido sólo volará hacia abajo y sin control de la velocidad de aproximación al suelo. O sea que la os… será de época. Los propietarios de mascotas solo podrán tener en casa animales propios del ecosistema ibérico, quedando fuera especies como perros de lanas, de agua, siberianos o cualquier otro que en su medio natural no sobrepase los 10º C; así que señores, si tienen uno de estos perros en Madrid, Andalucía, Extremadura, las dos Castillas y demás regiones del sur y costa Mediterránea, deberán responsabilizarse de que su perro sea devuelto a un medio menos hostil que el nuestro. Igualmente se abstendrán de realizar cualquier tipo de manipulaciones antinatura, como cortarles las orejas, el rabo o cortarles el pelo de una forma tan humillante como se lo cortan a los caniches. Estarán obligados a reproducir su hábitat natural para no reprimir sus instintos naturales de caza, supervivencia y reproducción, en lugar de alimentarlos con esas bolitas de aspecto infame, de hacerles beber de una cacerola con su nombre, así cómo la represión sexual a que son sometidos, lo que no quiere decir que se les pueda llevar a lupanares caninos para desfogarse de ese instinto de trascender en generaciones futuras, el apareamiento que se ha dicho siempre. En ningún caso se les podrá dar órdenes verbales, algo totalmente antinatural para ellos, y la autoridad será necesario adquirirla con el trato y haciendo que el dueño reproduzca comportamientos animales, como ir a cuatro patas sin pantalones ni ropa interior, mear en las esquinas para marcar el territorio y conseguir que la mascota le olisquee las partes pudendas, que antes puede haber rociado con sustancias por las que el individuo reconozca su superioridad. Los dueños del resto de animales de momento no tendrán que hacer nada, bastante intranquilos quedarán cuando vean lo que les pasa a los que tienen un perro en casa.

Y así, no solo no serán maltratados los toros de lidia, sino que no será maltratado ningún animal. Eso sí, vayan acostumbrándose a las albóndigas de tofu, a las hamburguesas de soja silvestre, los filetes de acelga empanada, los chuletones de sandía liofilizada, olvídense de eso de tener un insecticida enchufado a la pared, porque los mosquitos también tienen derecho a chuparnos la sangre, las ratas podrán comerse las galletas de la despensa y las palomas se podrán cagar en los cristales del coche a la salida del túnel de lavado, sin que el conductor pueda ni tan siquiera fruncir el ceño, porque estas también son hijas de Dios. Y así tendremos un mundo en el que los animales podrán vivir tranquilos y felices, sin que se acuerden de los maltratos a que han sido sometidos desde que el hombre apareció sobre la faz de la Tierra. Puede que los aficionados a los toros seamos los que menos cambios notemos, pues ya llevamos años sin ver compadecer al toro, así que seguiremos pasándolo pirata con esos señores vestidos de colorines, con medias rosas y ceñidos hasta la asfixia.