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martes, 30 de diciembre de 2025

Queridos Reyes Magos, bórrenme de su Excel

Ellos son buena gente, pero ojito con los que les rodean


Me costaría encontrar a alguien que pudiera afirmar que servidor no ha tenido siempre la ilusión por los Reyes Magos a mil. De estas fiestas, desde que era niño, luego menos niño y ahora que me cuesta recordar cuando era niño, la carta a sus majestades era algo irrepetible, era el momentazo de año. Ahí yo vertía toda la ilusión que cabe en un corazón de dos habitaciones, un baño y un saloncito. Pero ojo, que tanta ilusión tenía, como comprensión hacia ustedes, unos ancianos que llevan milenios de acá para allá cargando con paquetes, manejando direcciones y siempre puntuales. Aunque lo de las direcciones, con esto de las computadores, se les ha allanado mucho el camino y con las autovías y los túneles en las autovías, mucho más. Pero claro, una cosa es que un año no encuentren tal o cual cosa, un traje de torero, que nunca llegó, se retrasarían en la sastrería, una ganadería de toros bravos, que igual es que no había toros para mandar a Madrid, pero... Perdonen que les diga, pero es que no atinan una, que se les pide blanco y me traen negro. Que empiezo todos los años escribiendo con letra clarita y grande, por lo de la presbicia que igual ustedes ya... Que no quiero yo pensar mal, ni mucho menos, que lo mismo es que el que maneja el Excel se ha hace un lío; aunque un lío todos los años y con el mismo, ya es mucho lío. Que lo mismo es que tienen a un paje asesor que no acaba de entender los deseos de uno, que igual les cuenta que él es abonado a no sé qué de toda la vida de Dios y resulta que... Que alguien tendría que aclarar el concepto de abonado, que puede entenderse por algo un poco pestilente y... ¡Ufff! Da cosa solo imaginarlo. De verdad, que no le deseo mal a nadie, pero, ¿no le podrían poner a cuidar los camellos o a ir recogiendo lo que estos dejan caer y que no son paquetes precisamente; Bueno, paquetes son, pero sin envolver para regalo.

Que insisto, uno quiere ser respetuoso y más con las personas mayores, con las de milenios en el puesto, que lo mismo ya tienen años cotizados de sobra, pero no es que les pida que no me traigan nada para este año y... y para ninguno, que lo que les pido es que me borren de su Excel, que borren mi nombre, mi dirección y cualquier referencia personal que tengan de mí. Que les pido toros encastados, con presencia, toreros con valor y capacidad y me montan lo que me montan, ¡unos carteles! ¡Unas ferias! ¡Unos carteles! ¡Unas fe...! Que claro si lo dejan todo en manos del paje que responde a las iniciales RGG, el Rafa para los colegas pajes, pues ya me contarán. Que lo mismo luego hasta se ríe comentando con sus coleguitas las tropelías que cometen con lo que en teoría debería llegar a nuestros zapatos. Que claro si este va por ahí diciendo que reparte regalos y carteles para el público casi siempre, para el aficionado uno o dos o tres días al año y ni se le pasa por la cabeza que sean para un lugar determinado, con una personalidad determinada, con unos gustos seculares determinados, no sé... pongamos que hablo de Madrid, pues así nos pasa. Que a ver quién le ha pedido a este paje colaborador, asesor o... que nos eche de regalo el convertir una plaza en un merendero tabernario ¿Quién le ha pedido que un lugar de lo más... de lo más... de lo más lo que sea, se convierta en un engendro de alcohol, vocinglería y chabacana astracanada? Y si si alguien lo pone en sus cartas, pues todo para él, que eso de compartir está muy bien, pero esto no me lo compartan, por la bondad que se les supone, no me lo compartan, quédenselo o directamente échenlo en un agujero muy profundo y cúbranlo de abono, pero no de tarjetitas con códigos de barras, no, con abonos de los otros de los de... !Ufff! Da cosa solo imaginarlo

Que yo no sé adónde se van ustedes o sus pajes colaboradores, asesores, veedores a comprar lo que se les pide, pero igual tendrían que cambiar de proveedores, igual no tendrían que ser tan del puño cerrado, igual tendrían que mirar menos el precio, que luego lo barato sale.. ¡Ah, no! Que aquí lo caro es lo que cobran sus colaboradores, asesores, veedores, productores por ir a “disfrutar” de sus ocurrencias. Que uno pone sus zapatos con toda la ilusión del mundo cada noche de Reyes, para que luego me los llenen de abono, porque el abono no cae, el abono hay que pagarlo con sus buenos reales y cada año más reales, que al final no nos van a quedar reales con que pagarnos esta pequeña debilidad que es el ir a los toros a la plaza de Madrid. Y a propósito, ¿una plaza de Madrid arreglada y mantener la temporada por los siglos de los siglos sería mucho pedir? Bueno, no, déjenlo, olvídense, porque visto lo visto, igual caigo en la tentación y al final me veo que la plaza la convierten en el nuevo Centro Comercial las Ventas Shopping y lo que conocemos por feria de Madrid lo convierten en una Kermesse con toritos de cartón y torerillos postureando con vulgar galanura; ¡Aunque...! Pero si esto ya lo “disfrutamos”. Que ya digo, que lo mejor va a ser que este año pida que queridos Reyes Magos, bórrenme de su Excel.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

miércoles, 3 de enero de 2018

Señores del Oriente



Cómo empiecen a llevarse lo malo, anda que no nos va a quedar espacio para casi todo.

Ya son muchos años en los que pido, pido y piso, siempre lo mismo y ustedes me traen lo que mejor les parece, aunque no venga en mi lista de regalos. Es más, hay veces en que más que regalos, parecen castigos. ¡Hombreeee! Que tampoco creo haberme portado tan, tan mal. Que al final entre lo de no traerme el Scalextric, no hacerme caso en aquello de la bicicleta, la moto, el coche, el crucero por el Mediterráneo y lo de hacerse el sordo con la petición de toros encastados y toreros arrojados, uno va a empezar a desconfiar. Que cómo hagan igual en todas las casas, sin hacer ni un mínimo alarde de celo profesional, va a haber que pensar en que están puestos por el ayuntamiento, en lugar de eso de la magia, la ilusión y esas cosas que se dicen de ustedes. Que al final me da que va a ser todo márquetin. Que ya andaba yo con la mosca detrás de la oreja cuándo mis amigos me hacían subirme a una escalera para hacer guardia y avisar en el momento en que sus majestades asomaran, pero que no, que no asomaron. Deben ser cosas de los reyes, que andan a sus cosas, ajenos a las peticiones de sus súbditos, así que tampoco hay que extrañarse, ¿no?

Bien, pues cambiemos de táctica. Uno, que es comprensivo, para que luego digan, este año no va a pedir que me traigan nada, no voy a colaborar con esa sobreexplotación de pajes y camellos, obligados a cargar regalos de todos los niños del mundo. Que tanta magia y ya podrían idear algún encantamiento que otorgara una fortaleza extraordinaria a sus colaboradores; y además, todo el curro reconcentrado en una noche y esquivando las indiscretas miradas de los regalados. Qué cansinos, todos los años queriendo sorprender a los Reyes. ¿No te traen regalos? Pues ya está, déjalos vivir. Ya veis cómo me sé poner en el lugar de los demás, así que este año, lo que quiero es que se lleven cosas, algo parecido a lo de la retirada de muebles del ayuntamiento, pero sin limitaciones, que aparte del butacón desvencijado y roído de la abuela, se lleven otros muchos trastos que no hacen más que incordiar y estar por medio. Que parece complicado, pero ya les digo yo que no.

Les pido que se lleven a todos los golfillos aprovechados que no buscan más que arañar el último céntimo a base de montar carteles penosos que ofenden al más básico sentido común y buen hacer taurino. No se me asusten, ya sé que son unos pocos, pero a veces no hace falta cargar con ellos, basta con que se les diga que al fondo del precipicio dan duros a peseta, que tanta es su ruindad, que van de cabeza y a toda prisa, no vaya a ser que otro se llevo los cuatro duros que puedan quedar allí. Que les sería más fácil invertir en un buen paracaídas o ni tan siquiera eso, con montar festejos del interés del aficionado, festejos que fomentaran la afición, con el toro de verdad y que engancharía de por vida a quién viviera esa sensación que nace del toro en el ruedo.

También me gustaría que se llevaran a tanto tramposo que quiere disfrazar la vulgaridad de arte. ¡Uff! Duro, ¿verdad? Pero que tampoco es para tanto, porque estos que se dicen artistas, maestros, genios y seres de más allá de Orión, desaparecen en el momento en que husmean que pueda hacerse presente la verdad del toro. Vamos, que ni tiempo dan para despedirse de ellos. Que se querrán excusar que si su arte no puede con esas barbaridades del toro, que si no pueden expresar, que la casta no es que no les entre en la muleta, como los pitones de algunas ganaderías, es que no les cabe a ellos en su cabeza. Y ya puestos, si nos fijamos bien en la dirección por la que salieron volados, igual hasta conseguimos que vayan detrás todos esos palmeros interesados. Que bueno sería que dejaran sitio al toro, al torero y al aficionado; pero tranquilos, que estos no me los tienen que traer, ni mucho menos llevárselos, que estos ya tienen sentido y decisión para elegir y seguro que se quedarían al calor de una fiesta íntegra.

Y ya puestos, a ver si va a poder ser, porque en esto igual se les complica eso de la logística, llévense todos esos borregos con una ligera apariencia de toro, cara como de toro, cuernos como de toro, orejas como de toro, rabo como de toro, pero sin ser toro. No tiene pérdida, aunque a priori lo vean complicado, es muy fácil de distinguir a unos y a otros; Estos especimenes que quieren hacer pasar por toro, se dejan tocar, acariciar, juegan a buscar la pelotita, a la gallinita ciega y hasta te dan la patita. El toro, no, así de simple. Bueno, pues espero haberles dejado claros mis deseos, al menos más claros que todos los años anteriores, en los que yo pedía blanco y me traían negro, pedía redondo y me venía cuadrado. Reciban todos mis respetos y agasajos, de parte de un súbdito insatisfecho de años, para ustedes, los Señores del Oriente.


domingo, 3 de enero de 2016

Queridos Reyes Magos, ¿me traéis un toro?

Mis queridos Reyes/as Magos/as

Yo sé que somos muchos los niños que pedimos cosas y cosas, que hacemos listas muy largas de todo lo que queremos que nos traigáis, quizá esa sea la explicación a tantos años ignorando mis deseos. ¡Vale! Yo soy un niño bueno, que se come todo, que obedece sumisamente a sus papás, maestros, hermanos mayores, personas mayores, políticos que son los mayores... y además, soy muy comprensivo; así que borrón y cuenta nueva, sin rencores. Eso sí, por favor, no paséis de mí también este año, no sé si lo podría resistir y tampoco sé si a ustedes, mis majestades, les quedaría mucho en el cargo, pues no tardaría ni dos minutos en ponerme de parte de esa idea del Papa de las Reinas Magas. Que tengo la sensación de que ustedes se me han acomodado, se han aferrado al cargo y aunque no sean capaz de cumplir las ilusiones de los niños, aquí no dimite nadie. Pues ojito, que vienen las reinas.

Bueno, pues a lo mío. Yo este año solo les pido una cosa, algo muy facilito: Un toro. Uno de esos con sus pitones, su trapío, con presencia y cara de acoj... y cara de toro. El color lo dejo a su gusto, me da igual negro, que cárdeno, que castaño, que berrendo, ¡berrendo! Ya ni me acuerdo como es un toro berrendo. Pero ya digo que en esto no me voy a poner pejiguero. Eso sí, que sea encastado y si ya fuera bravo, ¿para qué más? Es que ni me lo puedo imaginar. ¡Un toro bravo y encastado! ¿Existirá de eso?  Pero ojo, que no quiero un toro bravo y encastado de esos que pone debajo de la penca del rabo “Made in Taiwan”, no, de esos no. Creo que esos tienen piezas pequeñas desmontables y me las podría tragar y que luego me hicieran daño por no poderlas digerir. Que cuando no se puede digerir un toro de estos se pasa muy mal. Que ha habido veces que la gente ha estado toda una temporada a ver si eso pasa y que no hay manera. Mejor, en este caso, producto nacional, o ibérico, que da lo mismo. No vamos a discutir ahora que el toro sea un Palha o Murteira, ¡Quiá! Faltaría más. Hombre, si es por afinidad del paisanaje, estaría de fábula que fuera uno de Salamanca. Lo mismo, hasta podría ser berrendito y todo. ¿Podrá ser este año? Miren ustedes que con solo un toro ya me apañaría yo para ir poniendo en su sitio más de tres desajustes de esto de la Fiesta de los Toros.

Con un toro, pero de los que yo quiero, ya no tendría que pedirles un ordenador, ni un clasificador, ni nada. Esto es como la termomix, tú lo pones en el ruedo todas las tardes y él solito te va poniendo todo en claro. “Tú vales, tú no vales, tú para allá, tú para adentro, a ti te quiero volver a ver”. Y sin tenerle que dar más instrucciones. Lo que son las cosas, que sabia es la naturaleza. Un simple torito bravo y encastado te hace la limpia de las malas hierbas en un pis pas. Además también se ocuparía de que la pureza volviera al toreo, no esa de los encastes, sino la del toreo de verdad, la del toreo puro, pues a este torito eso de que le citen y le quieran llevar con el pico de la muleta, pasándolo a larga distancia, allá por la circunvalación y en línea recta, sin mandarle y sin bajarle la mano sometiéndole, lo lleva mal. Que le da por levantar los pies del suelo al atrevido que ose intentar tomarle el pelo. Pero no se confundan, que no es mal chico. Si le haces las cosas como se debe y desde el primer momento se le hace saber quién manda allí, al final suele entregarse, sin que te deje confiarte, pero se entrega.

Además, con un toro, en cuantito que el público lo viera, seguro que se enamoraría de él y ya no soportaría ni una sola tarde más ese animalejo del “made in Taiwan”. Me juego un duro que sí. Que eso de la durabilidad, la toreabilidad y la aburribilidad iba a saltar por los aires a la voz de ya. Iban a volar los yintonises y los canapeses a la primera arrancada. Se iban a arruinarlos vendedores de pipas y chuches a la puerta de las plazas. Eso sí, igual si alguno reconvertía el negocio y vendiera valeriana embotellada, igual hacía el agosto. Los toreros ya no tendrían que ir mendigando respeto, ni ir asaltando plazas para arrancar orejas, como si fueran robagallinas en la noche. El público y el aficionado se les entregaría sin reservas. Quizá sería el momento de recuperar al matador de toros y comenzaría la extinción de la figurita de mazapán. Bastaría que el toro, mi toro, saliese todas las tardes, para acabar con los bailes de corrales, las amenazas de no torear y los atropellos exigiendo inconfesables manipulaciones de los pitones. Y todo esto con un toro.


Los voceros de las teles, las radios, prensa del movimiento y redes sociales tendrían que volver al sitio del que nunca debieron escapar, al de la verdad del toro, al de su integridad, sin concesiones a la figurita que luego responde a los halagos generosamente. Quizá hasta dejarían de lado ese afán de adoctrinamiento de las masas para que no molesten a los que tanto les dan. ¿Se imaginan ustedes? Mis majestades y todo esto solo con un toro. Que no pido más, que no hace falta ni güiffi, ni bluetooth, ni actualizaciones, ni na’ de na’. Ustedes me traen el toro y ya les digo, él solito me hace el resto del trabajo. Que si me traen a mí el toro, seguro que a muchos aficionados ya no tendrían que traerles nada, que con mi regalo se apañarían con todo el gusto del mundo. Piénsenlo. Y no les entretengo más, lo dicho, queridos Reyes Magos, ¿me traéis un toro?

viernes, 2 de enero de 2015

A los Reyes Magos... que pasan de mí


Uno se empieza a plantear a quién pedir ayuda

Queridos Reyes Magos:

Llevo años escribiendo mi carta con todas las cosas que quería en ese momento, y en otros momentos, que si toros, toros, toreros de los güenos, casta, bravura y todas esas cosas que se espera uno encontrar en sus zapatos el 6 de enero por la mañana. Pero un año tras año, cuando me levanto en tan señalado día no encuentro más que los calcetines que me regala mi suegra y el cartón de tabaco de parte de mi cuñado. Yo no fumo, así que siempre acabo regalándoselo a él, que sí que fuma, justo la marca que sus majestades me dejan junto a mis calcos. Que no diga yo que me sienta ignorado por sus regias personas, no, quizá sea yo demasiado susceptible, aunque empiezo a pensar que si pidiera el Scalextric, sí, ese mismo que quería desde los cinco años, hasta los... hasta hace poco, me lo traerían sin pensárselos dos veces, antes de cumplir mis deseos en esto de los Toros. ¿No serán ustedes taurinos?

Veo que a quien pide autobuses bien bonitos, se los traéis, a los que quieren una gira, también, a los que suspiran por torillos, se encuentran con torillos, pero a los que pedimos otras cosas, que hasta podrían parecer más lógicas, no nos traen ni carbón. No me negaréis que no es para estar un poco amoscado. Que uno va a los toros y se le queda cara de pasmao y sensación de estúpido, cuando ve como disfruta la gente de tantas cosas, mientras que uno casi solo tiene derecho a oír, ver, callar y pagar. Si acaso, solo se permite palmear, bien una mano contra otra, bien en la espalda de un taurino afablemente o para pedir disculpas por estar en desacuerdo. Que yo no creo que haya sido tan malo durante el año, como para no poder merecer un poquito, aunque sean las migajas que dejan otros, de lo que pido cada año. Ya digo que yo me pensaba que no había un regalo más próximo a lo imposible que el Scalextric, pero ya veo que hay cosas peores. Que hasta estoy empezando a pensar que los Reyes son Taurodelta. Perdónenme sus majestades, pero es que la cosa ya pasa de castaño oscuro.

Pero uno es paciente, tampoco voy a perder la compostura porque lleven años haciéndome mobing navideño, dejándome ahí apartado en un rincón de sus obligaciones. Que igual el error está en mí, que no digo yo que no, y por eso he decidido cambiar mi actitud y mis peticiones para este año. Fuera eso de pedir toros toros, toreros, casta y esas cosas que parece que son difíciles de encontrar. Este año igual pueden cubrir mis expectativas con algo comprado en la tienda de los chinos, taurinos, pero chinos. Así que, queridos Reyes Magos, este año he sido un aficionado muy bueno, dependiendo del punto de vista de cada uno, que ha intentado no faltar ninguna tarde a los Toros, aunque algunas no fui. Eso sí, siempre acudí con ilusión, esperando ver algo interesante, dejando en casa cualquier prejuicio molesto y pesado y afrontando cada tarde a cuerpo limpio, con la cara lavada y sin mejunjes extraños. Bien es verdad que las más de las veces me llevé unos sopapos de campeonato, de esos que te dejan marcados los cinco dedos entre la oreja y la nariz. Pero el desánimo no podrá conmigo. Es por eso que les pido que este año me traigan una caja de conformismo grande, de las más grandes que haya, para que me dure hasta octubre o noviembre. Una sonrisa de estúpido, de esas que hacen que estés riendo permanentemente, sin saber por qué,  aunque te estén levantando la cartera colándote borreguillos por toros. También quiero una almohadilla de esas de diseño, de esas que es cogerla y ya te sientes feliz, ya puede dejarte la novia, ya pueden meterte el índice en el ojo, que tú, feliz; y si es posible, que venga acompañada del pañuelo orejero, uno de esos blancos como la virtud y la pureza, que cuando se agita desde el tendido parece que echas a volar directo a la gloria. Y si no es mucho pedir, por favor, unos prismáticos. Estos igual se salen de presupuesto, así que si no os importa, me los dejáis en casa los taurinos, que ya me pasaré a recogerlos. Unos prismáticos de esos que te los echas a la cara y sin saber cómo, ni de que manera, empiezas a soltar un ¡bieeeeejjjnnnn! tras otro. Así los vecinos de localidad se morirán de la envidia, porque verán que allí hay un verdadero “afisionao”, uno de esos que, no comerán durante todo el año, pero que a los toros llevan manjares de reyes.

Espero que no les parezca que he excedido e cupo de peticiones, pero háganse cargo, el pasar de “amargao” torista a “entregao” torerista requiere mucho esfuerzo. y eso que no he pedido el manual de “Cómo justificar la vulgaridad y la mentira en el toreo”, sus seis volúmenes, porque quizá sea abusar demasiado; si acaso para otro año, de momento iré haciendo la oreja poniendo atención a los comentarios de los que ya campan por estos caminos del conformismo entusiasta desde hace tiempo. Me entregaré sin reservas a ver los vídeos de las retrasmisiones taurinas de la tele del más, devoraré la prensa especializada, escucharé los amables programas de radio, de esos en los que las preguntas más comprometidas a los maestros es preguntarles la hora o el tiempo que hace en Isla Cristina o Tielmes.

Ya sé que no es el mejor momento para dispendios, que hay recortes en todo lo imaginable y hasta en lo inimaginable, pero entiéndanme, uno también pone su esfuerzo, o no me negarán que no son recortes eso de rebajar el nivel de exigencia a niveles inferiores al cero. Que no puede ser que siempre carguemos con lo malo los mismos. y encima nos ponen pegas, todo parece poco y todavía se nos exige mucho más. Pues anda, que como todos actuáramos de la misma forma, quizá no seríamos tan comprensivos a la hora de asimilar el motivo de haber pedido un Scalextric durante veintisiete años seguidos y na’ de na’. Anda que no habrán tenido oportunidad de satisfacer un pequeño capricho. Que además pedía el pequeñito, no el de los puentes y pistas cruzadas, no, el más básico de los básicos. Ya está uno cansado de... de... ¿Saben qué les digo, Sus Majestades? Que este año no quiero nada, que me quedo con los calcetines de mi suegra, sí señor, que al menos tendré la cabeza fría y los pies calientes, y no al revés. Así que guárdense su manual de “afisionao” feliz y divertido, que no me da la gana, que voy a seguir esperando a que salga el toro toro, el encastado, el de siempre, con toreros capaces, y que no me divertiré, pero al menos sentiré lo que es la emoción y admiraré a los que hagan el toreo de verdad y no a los vulgares pegapases. Tráiganme lo que quieran y si no me quieren traer nada, pues vale, para el año que viene ya cambiaré de proveedor, ya hablaré con el gordito de rojo y si tampoco responde, pues ya me compraré yo lo que me apetezca, y sin tener que dar cuentas a nadie. Lo que no sé es si volveré a pedir nada de nada “A los Reyes Magos... que pasan de mí”.


viernes, 3 de enero de 2014

Señores de Magos y Familia

¿Habrá que cambiar el destino de próximas cartas? (Ilustración de Kolkod)


Llevo ya varios años pidiendo que me traigan cosas, regalos o deseos, pero ya veo que no me tienen en demasiada consideración, es más, yo diría que pasan de mí ampliamente, vamos, que se la bufa, que ya puedo pedirles el bien universal para toda la Humanidad, que ni por esas. Pero no piensen que se lo voy a echar en cara, ni mucho menos, no me atrevería, que todavía veo que me llenan la casa de carbón. Lo mismo es que todo lo que les pido ocupa mucho y no les queda sitio en las jorobas de los camellos, que ya les vale, con los trailers tan colosales que hay ahora en el mercado; si acaso, pídanselo el año que viene a Papá Noel o que este les preste unos cuantos trineos. Les hacen unos arreglitos y a deslizarse por la arenal.

Pero este año no quiero que me traigan nada; este año no les voy a pedir, les a rogar que se lleven los trastos incómodos, los personajes nefastos, esos interesados sin escrúpulos y sin afición que viven del toro, y los que pretenden hacerlo. Llévense esas ideas de dinamitero que tanto descerebrado quiere poner en marcha. Pues bien, para empezar y hacer sitio, por favor hagan desaparecer las macrofactorías taurinas, esas ganaderías que parecen granjas de carne con establos amplios y no lo que son, fincas con el ganado apelotonado, esperando la visita de los taurovoyeurs, los veedores. No pretendo que los señores propietarios de este negocio desaparezcan de este valle de lágrimas, no ¡por Dios! Bastaría con que se dedicaran a otra actividad más rentable para ellos, no sé, quizá si se hicieran constructores, ¿no?  Lo mismo descubrían su verdadera vocación, el ladrillo.

Ya me gustaría que también se llevaran a algunos señores que mangon…, que dirigen los destinos del toro, como los señores que se nos instalaron en la plaza de Madrid hace unos años, los Choperitas, y que como los elefantes balanceándose sobre una tela de araña, llamaron a Casas y Matilla, para acabar de arreglar lo de la plaza de Las Ventas y no convertir esta en un ente extraño en el que todo lo que huela a tradición y toro se quiere eliminar, como en la Fiesta en general, pretendiendo convertir ese inmueble para algunos sagrado, en el templo del Bull Business, una feria de 72 tardes para dar gusto a las aficiones de Castilla La Mancha, Castilla- León, Levante, Andalucía, Extremadura, franceses viajeros, catalanes exiliados taurinamente hablando, gente del norte, pero no a la de Madrid de toda la vida de Dios, que tiene que aguantar que le vengan a imponer gustos de otras plazas; que por cierto, que nadie pretenda cambiar en esas ciudades, pero que nos dejen en paz un ratito a los raritos de por aquí. Y el resto del año, pues a dar motos, conciertos de Bisbal y la Voz, mítines en época de elecciones, ferias de la cerveza, circos mundiales y hasta baloncesto en los Juegos Olímpicos.

También podrían llevarse a empresarios de otras plazas, como la de Sevilla, con ese tinglado que se han montado los cuñados, con la inestimable colaboración de cinco jóvenes con una visión muy particular de la realidad. A ese señor llamado Serolo, e hijo, que tanto bien están haciendo por la Fiesta allá por donde van, que lo mismo te amenazan en el tendido si protestas más de lo que ellos consideran oportuno, que devuelven una corrida de toros en pleno si se les cruza una oferta de 2x1 entre el transporte y el desencajonamiento de los toros, que confeccionan unos carteles ideales para quitar las ganas de ir a la plaza hasta a los mismos toreros o que con todo el mimo posible no cesan en su labor de hundir una plaza como la de Zaragoza.

Tengo dudas sobre si debo pedirles que se lleven a los cronistas y toreros que deciden aclarar sus diferencias a base de mamporros, que no digo yo que esta sea la mejor manera de poner orden, pero hombre hay que agradecerles el que nos ayuden a ver lo que se debe mover por ahí detrás, para acabar partiéndose la cara; algo que no es una forma de hablar, sino una descripción literal de lo ocurrido; sólo hay que ver las fotos de Fernando Galindo y Zabala de la Serna, uno con la cara cruzada por una cicatriz más propia de un Albaserrada de hace años y el otro que casi ni puede abrir un ojo. Pero, ¿cuánta basura y podredumbre hay detrás de ese telón de arte y cultura que nos quieren vender? Un conflicto, el del convenio, que vale que moleste y enfrente a empresarios, toreros, subalternos y demás personal dedicado al toro, pero el que ande en este lío también el de la prensa especializada. Prensa que por otra parte cada día es más un coto restringido en el que pajarean unos cuantos capitostes, ayudados por ese fenómeno galopante de la desaparición de la sección de Toros en multitud de medios de comunicación; ni periódicos, ni teles, ni radios, ni hojas parroquiales de escasa tirada.


No sé si les estoy pidiendo demasiado, especialmente viendo el caso que me llevan haciendo de un tiempo para acá, pero tampoco me voy a poner estupendo, ni me voy a amargar la existencia, que no será por falta de motivos, pero bueno, aquí borrón y cuenta nueva, pero con una condición y es que cumplan una petición irrenunciable; casi hasta sería capaz de renunciar a todo lo anterior, lo de este año y lo de los últimos quinquenios. Por favor, Sus Majestades, busquen una mejor colocación para esas mentes retorcidas que se creen iluminados por todas las divinidades del Olimpo Taurino. Hagan que les toque el Euromillón a don Roberto Domínguez, don Curro Vázquez, la conexión mexicana, Matilla y demás hierbas, y que se marchen de esto, que olviden esos proyectos que se rumorean por ahí y que ha contado alguna voz más que autorizada. De verdad, que no me importa si cada uno se lleva una saca de millones, con tal de que abandonen todo esto ahora que todavía puede que haya remedio. Que ya vale de entronizar a vulgares pegapases, de querer institucionalizar el fraude, de querer desnaturalizar el Toreo en nombre de una supuesta modernidad que puede con todo, que no queremos señores que destrozan un torero para convertirlo en artista, ni asalta fincas que no quieren ver al toro ni en pintura. Y dense cuenta señores de Magos, que no les he pedido que los figurones del momento, los adalides del arte y la modernidad se corten la coleta, no, ni mucho menos. Que tampoco es que yo me haya convertido en un espíritu bondadoso, todo lo contrario. Pero es que ese placer de verlos ante el toro íntegro y de verdad, uno no se lo quiere perder por nada del mundo. Es más, estoy convencido que si algunos de estos figurones aguanta el tirón delante del toro, saldremos todos ganado, aunque por la pinta que tienen no parecen muy dispuestos a pasar el trago. Ellos seguirán a lo suyo, a pedir mojicones con cuernos y a seguir simulando eso del toreo. Y ya no les entretengo más, a ver si este año de una santa vez me hacen caso en alguna de mis peticiones, que ya es hora hombre, que luego se quejan de que les disminuye la clientela y que las deserciones al gordo de rojo cada vez son más, pero, ¿qué quieren? Si a todos nos hacen el mismo caso, es que es para pensárselo. Hala, a mandar y que tengan buen viaje de ida y de vuelta. Eso sí, ojito con los radares, que la Menetérica se está poniendo las botas y no respeta ni a reyes, ni a príncipes, ni a concejales que revientan los radares, ni a cuñados de políticos influyentes. Así que andando y buen viaje a SS. MM de Magos y familia.

viernes, 4 de enero de 2013

Estimados señores “De Magos”:

Como algunos no se espabilen, la ilustración de un niño de cuando tenía doce años, puede hacerse realidad



Como lo vengo haciendo desde hace años, me pongo en contacto con ustedes por estas fechas, una vez que ya ha nacido el Niño Jesús y después de las Campanadas de Nochevieja, así que espero que ya estén más desocupados ¿no? Lo suyo sería que me dispusiera a pedirles una serie de regalos, que a fuerza de ser bueno y portarme bien, se supone que me he merecido. Pero todos los años es la misma cantinela, nos tienen con el corazón en un puño, pensando que si no ayudamos a una viejecita a cruzar la calle y acaba debajo de un trailer, la culpa es nuestra y nos quedamos, en el mejor de los casos, con un saco de carbón. Como si fuera cosa nuestra el que la vieja no hiciera caso de las voces de “¡Cuidado, cuidado, un trailer!” ¿Qué pensaba la señora, que el que corría peligro era el camión por si se chocaba con su cadera de politietulueno reforzado de cuatro capas? Y el sopapo que se llevó la cuidadora al soltarse de su brazo de un tirón, resulta que también afecta a lo de “MIS” regalos. Señores “De Magos”, esto ya no cuela, esto no tiene un pase. Así que perdonen que les hable de otra forma.

Señores “De Magos”, exijo, repito, exijo que se sirvan hacer efectivos los regalos que se detallan en este comunicado, sin saltarse ni un punto, ni una coma, a no ser que quieran ver sustancialmente modificadas sus condiciones laborales, bien reduciendo el parque de camellos del que ahora disponen, o disminuyendo  ampliamente el número de pajes asesores asignados a dedo por ustedes mismos y de los cuales no se conoce ni la cantidad, ni su filiación, ni domicilio al que enviarles las multas por acceder irregularmente a las viviendas, que eso de que todo es mágico ya no cuela. Y no se pongan gallitos, que lo siguiente es aplicar un ERE entre ustedes y dejarles de tres en dos o en uno, y hasta puede ser que se emplee para el mismo trabajo a un gordito de rojo, que es acabar diciembre y ya está pensando en irse al polo a gandulear.

Pues bien, un año más y van… les pido que me traigan toros encastados, oyen bien, toros encastados, no tordos desgastados, como el último año, que el pajarito ni llegó al día de San Antón, Patrón de los animales. Que yo entiendo que ahora es difícil encontrar esto, pero ¿Qué quieren qué les diga? Es lo que quiero. ¿Por qué a mí no me pueden traer lo que pido y a los taurinillos siempre les traen borreguitos bobones, pequeñitos y acochinados? Que todo es ponerse y echarle un poco más de ganas y afición. No sé, si les sirve de pista, vayan a las fincas que no tienen nada que ver con lo de Domecq. Las identificarán enseguida, son aquellas en las que los animales dan miedo nada más verlos y no parece que están de brandy hasta los crotales.

También les pido toreros con dignidad, que no quieran ser figuras y que aspiren a más, a matadores de toros. Es que las figuras estas, al menos las que me trajeron el año pasado, esas que iban en packs de 10, al final salen muy malos, ya se sabe, lo barato… Empecé a jugar con ellos y uno no encajaba en ninguna parte, no pude jugar con él en la plaza de Madrid y este año tampoco lo podré hacer en Sevilla. Aparte que las articulaciones deben estar mal, porque se dobla mucho y no se sujeta derecho ni con el palo de un helado. Otro no sé si es un torero, o el arco del triunfo, porque entre él y la muleta hay un espacio muy grande, que por otra parte me viene muy bien cuando quiero hacer un desfile de modelos y lo pongo a la salida, para que pasen por allí todas las Barbie y Ken con dos señoritas del brazo. El que menos me gusta es uno con cara de enfadado permanentemente y otro con cara místico, que solo mueve un brazo para adelante y para atrás. Hay otro muy gracioso, al que le han pintado unas patillas muy gordas y le ponen mojando un puro en un café con leche; qué raro, ya le podían haber puesto unas magdalenas ¿no? Eso sí, resulta muy gracioso, porque pone unas posturas muy raras, así como las que ponen los bailarines de las películas americanas antiguas.

No me traigan picadores como los del año pasado, menudo tiempo, ni picaban, ni nada y me los dejaron como si fueran buenos. A ver si nos rascamos un poquito más el bolsillo y cogemos unos de los que pican. Y es que así no hay quién tenga ganas de jugar a los toros. Que hasta puedo llegar a entender su buena intención al traerme un juguete reversible, que si lo miras de un lado parece un juego de toros y si te mueves un poquito a un lado, parece un circo. Pero al final acaba siendo un despropósito que cabrea más que entretiene. Así que señores “De Magos”, dejémonos de inventos y experimentos y traigan toros de verdad, toreros que no sean de juguete, aunque parezca una contradicción, y si vienen sin público, casi mejor, porque luego lo ponen todo hecho una porquería de cáscaras de pipas.

Y puestos a exigir las cosas como deben ser, cuando pedí una localidad tapada el año para el año siguiente, no me refería a que me pusieran una tapadera de una olla encima. Una olla tamaño pequeño y que no tapa nada, fíjense que casi media plaza se queda fuera sin ver los toros. Procuren tomarse esto de los regalos un poco más en serio, porque esto no se puede andar haciendo así a tontas y a locas, que ya tragué cuando pedía un Scalextric y me topaba con un coche de plástico, o sin pedirlo, todos los años caían unas pinturas Alpino, que ganas daban de mandarlas al quinto co…, pero como uno estaba buscando debajo de las camas lo que se pedía en la carta, al final se quedaba con los lápices. Todos los años igual, traían lo que les salía del gorro, sin pensar en quién iba a recibir aquello. Pues ojito ¡señores de Magos”, que si seguimos por este camino, ahí está esperando el gordo simpático de rojo, que con un trineo y un reno con la nariz roja de darle al morapio, se apaña medio mundo en una noche y además no hay que dejarle ni roscón, ni agua para los camellos, ni una copita de licor. Y además, se lee lo que se le pide en las cartas, no como otros.

martes, 3 de enero de 2012

Queridos Reyes Magos:


Este año he tenido que pedir ayuda a mi hijo, a los Reyes y al gordito de rojo, para ver si me traen lo que pido

Este año he sido tan bueno como todos los demás, quizás puede que más, porque con todo lo que está cayendo, ni me tirado al monte con un mosquetón, ni he tomado los suntuosos palacios de esa pobre gente que no llega a fin de mes, ni tan siquiera me he puesto a insultarles a voz en grito, al verles entrar a sus lugares de trabajo. Tampoco se me ha ocurrido desertar de las plazas de toros, bueno de la plaza de Madrid, que es para la única que me daba el dinero y además, con ir a Las Ventas, uno ya llega a los mismos niveles de cabreo de otras plazas.
Ya sé que en estos días estáis muy ocupados, por lo que si os parece bien, me podéis ir dejando mis regalos a lo largo de todo el año. Pero espero que este año me hagáis caso y que no utilicéis mi carta para hacer las cuentas de las ganancias de Taurodelta como otros años, que no se lo lleven todo ellos y que nos dejéis algo para los demás. Por ejemplo me gustaría que me echarais ganaderías de diferentes encastes y que no fueran siempre del mismo, que uno ya lo tiene muy visto. Además haríais bien en hacer acopio de los Saltillo, Santacoloma, Albaserrada, Conde de la Corte, Veragua, Coquillas, Murube y todos los demás, pues me temo que más de un aficionado os va a pedir lo mismo.
También os pido que me traigáis un buen saco de sentido común y afición para repartir entre los que ganen el pliego de Madrid, que aún no se sabe quién será y además no tenemos ni la más remota idea de quién ganará la plaza de Las Ventas, así que eso me lo podéis dejar cuando ya se resuelva el concurso. La cosa está complicada, pues parece ser que se han presentado infinidad de empresas, tantas como una, Taurodelta.
Me gustaría que guardarais también un buen volquete de afición y vergüenza torera para darles una cucharadita antes de acostarse a los señores que se ponen las medias rosas y que se hacen llamar torteros. Los que se autodenominan matadores de toros suelen ir mejor servidos de esto, pero los que son o aspiran a figuras, parece que no conocen ninguna de las dos cosas. Tampoco estaría mal que les trajeran un poco de nociones de la lidia y ganas y ánimo para ponerse delante de los toros de los encastes que ya os he pedido. Y si no saben aprovechar estos regalos, dejadles directamente un trailer lleno de carbón negro, negro.
También querría una buena televisión que nos eduque sobre lo verdaderamente importante de la Fiesta y que no nos entretengan con los números de pases, los kilómetros caminados por toro, torero y por las señoritas que reparten los canapés en los palcos, que permitan los comentaristas vocingleros, hooligans, pideorejas y acosadores de presidentes. Que también podamos ver toros en la televisión pública y que sus comentaristas sean capaces de decir una vez lo que ven y no ponerse a contar en antena la conquista de la Nueva España por obra y gracia de cualquiera de las figuras actuales, especialmente las del G 10.
Para estos del G 10 estaría bien que dejarais toneladas de honradez y de solidaridad con la Fiesta, para ver si se olvidan de una vez de cuidar solamente sus intereses propios y se preocupan algo más por el bien general. Además me gustaría unos políticos que fueran o no aficionados a los toros, pensaran en defender los derechos de una minoría que sí lo es, que se decidieran a elaborar un reglamento común para toda España en lo que afecte a la lidia y que lo hagan aplicar con rigor, y si hace falta, que impongan las sanciones oportunas a los que se lo pasen por el forro. Quizás sería mucho pedir que se hicieran públicas tales sanciones y que todo el mundo se entere cuando una tropelía es castigada y cuando no. Y ya abusando mucho, lo que pediría es mayor transparencia en esto de los toros.
Me gustaría además poder ver información taurina en la prensa generalista, en los informativos de radio y televisión, siendo ésta imparcial veraz e independiente. Que los toros no llevaran preservativos en los cuernos, que a los que la pifien continuadamente los manden a descansar una temporada, que no se aparte a los toreros de verdad por el simple hecho de no pertenecer al clan del circo de Manolita Chen o porque puedan resultar molestos para los más acomodados y que se tenga en cuenta a los aficionados. Y no digo que se les tenga más en cuenta, porque ahora no pintan nada, así que con que se avance un poquito en esto, ya me daba con el carbón en los dientes.
Y, aunque tengo muchas más cosas, para no abusar, os pido por último que el que quiera ir a los toros en su pueblo lo pueda hacer libremente sin encontrarse con prohibiciones que se lo impidan, ni con “amantes de los animales” que no dudan en tratarles como a criminales de guerra. Igual es meterme donde no me llaman, pero para estos “amantes de los animales” yo pediría que se pudieran ilustrar más de lo que son las corridas de toros, de la cría del toro, de la historia del toreo y del por qué de todo esto; a ver si así se enteran de una vez de qué va esto.
Muchas gracias por atenderme y prometo que este año me voy a seguir portando muy bien, que cuando alguien lleve merienda a la plaza y la ofrezca no la despreciaré, que trataré con respeto a los que pretenden ponerse todo cómodos en la grada y que pretenden apoyar su espalda en mi entrepierna, que si alguien me dice que baje yo le diré que “no traje traje”, que seguiré pagando mi abono religiosamente, que continuaré sin comprar ninguna publicación taurina tendenciosa y parcial, que intentaré que siga creciendo la afición a los toros dentro de mis hijos y que todo lo que escriba y diga de toros será lo que piense, aunque me equivoque, pero al fin y al cabo, me equivocaré yo. ¡Ah! y si no me hacéis caso a mí, hacédselo a mis amiguitos de la blogosfera, aunque ya os aviso que en líneas generales, todos pediremos lo mismo, el toro íntegro y de verdad.

sábado, 1 de enero de 2011

Queridos Reyes Magos


Este año he sido muy bueno, no he faltado ningún día de pagar mi entrada a los toros, he aguantado todas las ferias de la plaza de Madrid que se han inventado la Comunidad y Taurodelta a pachas, aunque ninguno sea responsable de ello, unos porque solo dan el visto bueno y otros porque, bueno, no lo han visto.

Sí es verdad que he protestado un poco, pero tampoco demasiado. He sido capaz de aguantarme las ganas de protestar haciendo un striptease en los tendidos de las Ventas, pero me lo pensé mejor y pensé que semejante espectáculo solo serviría para que la gente se compadeciera de mí, de mi familia y de ese estado de demencia transitoria.

Pero a pesar de todo me atrevo a pediros mis regalos para el año que viene. Primero quiero que me traigáis unos toros encastados, con presencia y que ellos solitos puedan dar un vuelco a todo eso que llamamos fiesta de los toros, de esos que les pones la muleta torcida y se cabrean como una mona. Y además que sean de los que van al caballo de lejos, que meten los riñones y que van tres veces como mínimo y con los que no se puede simular que se les pique, que hay que picar de verdad.

También quiero que me traigáis unos toreros que sepan torear, pero que no sean de los que venden en los mercadillos que dan muchos pases, pero que no torean, esos no, porque juegas con ellos un ratito y en seguida te aburres porque solo dan vueltas y vueltas y más vueltas. Y si además me podéis traer unos picadores que no tapen la salida y que piquen delantero pero sin masacrar al toro, mucho mejor y unos banderilleros que lidien y pareen asomándose al balcón, pero que no sean tampoco de esos de los capotes con varillas, que parecen más alas delta que los trastos de torear.

Diréis que abuso de vuestra bondad, pero es que me gustaría tener el juego completo y no a cachitos como ahora, pero también os pido el juego de “Tu ganadería de toro de lidia”, con su finca, sus cercados, su placita de tientas y un librito donde se aprende a no hacer caso de los caprichos de las figuras y de las empresas, y además entre los accesorios viene un garrote para echar de la finca al malvado veedor, porque si se te cuela en la ganadería pierdes el juego y a partir de ese momento tienes que hacer lo que te manden los otros jugadores, las empresas, los apoderados, los toreros, la prensa y hasta el Sumsum Corda.

También me gustaría que me dejarais una prensa que dijera la verdad y que no se limitara a repetir fórmulas vacías pero muy rimbombantes, que no dicen nada y que dejan con los pies fríos y la cabeza caliente. Un machaconeo continuo y pertinaz que te taladra los sesos y te mina la moral, cuando no te lava el cerebro. Yo quiero unos periodistas honestos y que se atrevan a contar las cosas como son y no como las quieren ver. Cuando ves pasar cerca de ti a un grupito de aquellos se oye: maestro, formidable, profesional, maestro, formidable, profesional, maestro, formidable, profesional.

No sé si serán demasiado altas mis aspiraciones, pero es lo que más deseo, aunque no lo único. De pequeño mis padres siempre me decían que también tenía que pedir algo para los demás y este año no iba a ser menos y por eso me gustaría que a los señores antitaurinos les trajerais Los Toros o El Cossío, como todo el mundo lo conoce, unas entradas para ver la reaparición de José Tomás en Madrid, si es que ésta se produce y un fin de semana para dos personas en tierras de Salamanca, para que así puedan disfrutar del campo charro antes de que se convierta en urbanizaciones de lujo, si es que alcanzan su objetivo de acabar con la fiesta de los toros; aunque a este viaje se podrían apuntar también muchos políticos, responsables de medios de comunicación que vetan, suprimen o arrinconan la información taurina y también para mí, que nunca es mal momento de hacer una excursión como esta.

¡Ah! y si es posible, que los regalos sean de una tienda de postín y no comprados en los chinos como los últimos años, que luego vas a abrirlos y donde pone maestro sale El Fandi, donde pone toro hay un Cuvillo y donde pone empresario colocan a los Choperitas y a Simón Casas. Solo queda que en lugar de una plaza de toros me traigáis el Palacio Vistalegre.