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viernes, 18 de noviembre de 2011

Oportunidad: todas las tallas, todos los tamaños

El picador, una especie en extinción


Anda que no llevamos tiempo buscando soluciones a esto de los toros y mira lo ignorantes que somos, que no nos habíamos dado cuenta de que teníamos el remedio delante de nuestras narices. Señores, “customicemos” la fiesta. Si es que nos resistimos a sumergirnos en la modernidad y es ésta la que nos inunda de repente. ¿No dicen que a cada toro hay que darle su lidia? Pues extendamos eso a todo, y que mejor que aplicarlo también a la suerte de varas. ¡Qué hallazgo! Estoy maravillado. Al fin hemos llegado a que el propio matador decida que puya se necesita en cada caso. Como las grandes eminencias médicas, el maestro solo tendrá que volverse a uno de sus colaboradores para decir: “una del tres”. Y zasca, una puya del tres, no vaya a ser que con la del cuatro machaquemos al torete.

Muchos sospechábamos esta vocación de cirujanos en la torería actual y ahora nos felicitamos de que al final puedan cumplir sus ilusiones y pedirán la puya como si pidieran el bisturí o las pinzas. Además de mozo de espadas, también tendrán que contratar a un mozo de puyas, al que como si fuera su “cadie” se le acercarán para consultarle. “¿Tú que crees? ¿Una L o una XL? Maestro, ¿dónde va? Si con la L ya lo destrozamos, casi mejor una M. Y luego por la tele podrán opinar los expertos y dirán que en esta ganadería siempre se pica con la S, que son muy dulcecitos. Al indultar un torillo podrán decir con orgullo que le picaron dos veces con una M.

Seguro que hasta ya tienen pensado el protocolo de actuación. Los habrá que hasta consultarán con el público y a la hora de picar sacarán el catálogo de pyas, puyitas, medio puyas y casi puyas y dejarán la decisión en manos del personal. Levantarán una y según los aplausos, se pica con esa o se toma otra. Que maravilla, será una fiesta de la democracia cada veinte minutos. “Y ahora, el más difícil todavía, votaremos si se pica o no se pica” Y si el respetable vota que no, los picadores saldrán del ruedo envueltos en abucheos ¡Fuera, fuera! ¡Picatoros, bruto! No me negarán que seguro que hasta los antitaurinos se apuntaban a esta verbena.

Pero a mí me quedan algunas dudas todavía. Cuando al acabar las ferias se hagan públicos los premios al toro más bravo o al mejor puyazo, ¿habrá categorías como en el boxeo? El ganador en la categoría de puya S es “Picassito”, de la ganadería de Juan Pedro Domecq. En la M “Babosito” de Núñez del Cuvillo. En la L, XL y XXL, el premio ha quedado desierto. Además habrá que redactar un nuevo reglamento en el que se recoja que los toros recibirán dos varas, como mínimo, si la suerte se realiza con una puya L, tres con la M, tres y un cachete con la S y con la XL y XXL, será suficiente que el piquero le enseñe de forma amenazadora y con el ceño fruncido.

Yo admiro y agradezco este afán por mejorar la Fiesta y por humanizar la corrida, pero tampoco creo que sea necesaria tanta preocupación. Eliminemos la suerte de varas. Si acaso, hagamos que durante el primer tercio salgan los caballos al ruedo, que se den una vuelta pegaditos a las tablas y que se marchen con las mismas que vinieron. Además se podría aprovechar para que tal paseo lo hicieran la reina de las fiestas del lugar, el hermano mayor de la cofradía, los ganadores del concurso de paellas y de tortillas, los finalistas y campeones del torneo de calva y petanca y todo sería mucho más popular, más amable, mucho menos desagradable y nos evitaríamos ese deplorable espectáculo de ver a un toro sangrando.

Mira que campos vueltas y vueltas para no llegar a ninguna a parte, primero reducir a dos puyazos o menos, para dejarlo en uno o dos raspalijones, luego las puyas a gusto del consumidor y al final llegaremos a que se queden ellos solos con su fiesta y que no necesiten grandes plazas para sus cosas. Igual hasta podrán dar corridas de toros en el salón de su casa. Los demás lo pasaremos mal el primero o segundo mes de mayo sin San Isidro, recordaremos cuando el Centro Comercial Plaza de Las Ventas era un coso taurino, y para quitarnos el gusanillo acudiremos una vez al año al circo Prince, que al fin y al cabo los payasos saben que lo son, los equilibristas y contorsionistas están habituados a los volatines y se sabe de antemano que los leones casi están domesticados. Pero que se cuiden de los taurinos, porque si no, al final los leones serán de peluche y los equilibrios los harán subidos en una caja de galletas.