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martes, 25 de febrero de 2025

Monsieur Casas, ¿cinismo o tiene un gemelo que va a su aire?

Después de leer o escuchar al señor, monsieur, Casas, don Simón, siempre miro a ver si me han colgado un muñequito por la espalda. Parece una broma, pero no, habla muy en serio, ¿no?


Si ustedes quieren divertirse o simplemente encontrar respuestas al sentido de la vida, a eso de dónde vamos y de dónde venimos, eviten por todos los medios el escuchar o leer una entrevista del señor, monsieur, Casas, don Simón. Que solo me falta oírle decir que esto de la “taugomaquia” es un agte inhumano y que debería desaparecer de la faz de la tierra. Que me dirán que por qué tan atrevido postulado. Pues muy fácil, yo les doy mis razones. Que resulta que desde el minuto uno en el que este señor pareció por la plaza de Madrid allá en los tiempos de los Choperitas, ha tenido que convivir y llenar sus bolsillos con la televisión; pero va no hace mucho y se explaya con que él no quiere televisión, que así se vulgariza este show que tiene montado, que ver tantas veces a los mismos toreros aburre y que por eso, él eliminaría la tele. Que ¡ojito” con lo dicho. Primero, que lo que se retransmite es vulgar y que los figurones que nos hace tragar año tras año son unos... ¡En fin! Pero que la cosa no queda ahí, que se podría haber dado el capricho de prescindir de la tele justo cuando Movistar se apartó de esto de la “taugomaquia”, pero no, no contento co0n no darse un gusto al cuerpo, enredó y enredó hasta conseguir que One Toro se metiera en este embrollo. One Toro, que más tarde pasó a estar bajo el manto de un grupo de personalidades influyentes de Sevilla, muy influyentes. Igual en ese momento esto de la tele dejó de ser tan atractivo como suponíamos que lo era para el señor, monsieur, Casas, don Simón. Vamos, que ahora te suelta que hay que ir a la plaza sea como sea, aunque vivas en el Perú. Que venir, pueden venir, pero que no cuenten con poder dormir en casa, ni llegar a la cena los días de toros. Que les sale mejor, aunque más caro, pagarse un billete de avión, ida y vuelta, un hotel en la capital y hacer tres comidas al día a mesa puesta. Que aunque no lo diga, deja muy claro el perfil de clientes que quiere para las Ventas en la feria. Gente de posibles, gente con el bolsillo más blindado que el búnker del Banco de España. Ya saben, que esto de los toros es un artículo de lujo y como tal lo vende. Que será que como le gusta eso de las tradiciones, pretenderá que el personal haga como aquellos que se decía que empeñaban el colchón para pagarse el boleto.

Pero el señor, monsieur Casas, don Simón, ahora nos suelta que los empresarios no deberían ser también apoderados de toreros ¡Aleluyaaa! ¡Viva la sensatez! Pero... ¿y esto lo dice el que tiene una cuadra de espadas que luego nos los meten con calzador en Madrid y en todas las plazas que gestiona? A ver, ¿dónde me he perdido? Porque estoy muy perdido. Que la propuesta me parece estupenda, pero viniendo de quién viene... Que igual es que así se ahorraría lo que tuviera que pagar a los espadas, a los acompañantes y al lucero del alba, que le valdría con poner el cazo por otro lado y se quitaba de líos. Pero la gran pregunta es: ¿Nos está tomando el pelo? ¿Tiene intereses ocultos que no llegamos a ver? ¿Es un ejercicio de cinismo elevado al nivel dios, que no se puede ser más cínico? ¿Tiene un hermano gemelo que va a su aire y suelta lo primero que se le pasa por la azotea? O quizá otras cosas. Que esto es algo que se viene comentando desde hace... de toda la vida de Dios, para que así los Matilla, Casas, Chopera, Choperitas y demás acaparadores de funciones se centraran en una sola función y que así se crearan contrapesos entre los diferentes actores que intervienen en la fiesta. Que vamos, que solo me falta que en próximas apariciones suelte que la prensa tiene que ser independiente y no bailarle el agua a los taurinos; que los ganaderos no deben plegarse a las exigencias de toreros, empresario y uno que pasaba por allí; que los empresarios y ganaderos no deben dar oídos a los caprichos de los figuras; o que los presidentes no deben estar “tutelados” o presionados por nadie que no sea el que paga y exige el cumplimiento del reglamento que los ampara.

Como diría el otro, vivir para ver. Eso sí, que obras son amores y no buenas razones. Que empece aplicándose el cuento a si mismo y que deje de llevar toreros, que deje de llevarlos a Madrid una y mil veces con el único mérito de estar bajo el ala de este señor, monsieur Casas, don Simón. Que igual así nos librábamos de tragar ruedas de molino de señores de luces y ganaderos que ya no se pueden aguantar ni un minuto más. Que unos se mantienen porque los paisanos medio les mantienen ahí, sin otros mérito que... Eso sí, cortan orejas y como luego la estadística parece que es lo que vale, pues venga otra vez los poderdantes del señor, monsieur, Casas, son Simón. Que igual a ustedes les da por pensar en razones para que este caballero vaya soltando lo que suelta por ahí, pero al final la cuestión concluye con que Monsieur Casas, ¿cinismo o tiene un gemelo que va a su aire?


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ayudemos a la “Taugomaquia”


Para ayudar realmente y de verdad a la Tauromaquia, uno de estos; lo demás, pura palabrería.


Tengo el corazón “partío”, porque aunque no lo parezca, uno tiene alma y siente y padece. Que ha sido conocer las declaraciones del señor Casas, don Simón y n he podido más que estremecerme. Que afirma que hay festejos en los que pierden 300.000 euros. Pero, ¡cómo puede se esto! ¡Cómo se puede consentir! ¡Y nadie mueve un dedo para remediar este disloque! Aunque… quizá lo primero que tendríamos que hacer es plantearnos si este señor y su socio son merecedores de estar al timón de la plaza de Madrid. Que el que un empresario tenga pérdidas de más del 30% del negocio una tarde, no dice mucho en su favor. Que el premio Nobel no se lo van a dar y beatificarles, pues igual tampoco, si acaso serán firmes candidatos al premio Blas de este año, en el que se valora la falta de sesera y la ingenuidad de los candidatos.

Que dicen que pagando tanto y cuanto a ciertos toreros y ganaderos, el presupuesto se le dispara. ¡Amigo! No les contrate y si lo hace, dígales que nanay de acceder a esas pretensiones, que no y si no aceptan, pues adiós muy buenas. Que según parece, esto es lo que deben cobrar por esas plazas de Dios en que a veces entran casi diez veces menos almas que en las Ventas, pero ellos verán. Que si todo sube, que si todo cuesta, que si todo el mundo tiene que achucharse el bolsillo, ¿por qué estos señores no? Igual porque hay quien les paga lo que piden. Que también puede ser que el señor Casas, don Simón, esté queriéndonos preparar el cuerpo para una subida aún más salvaje que la última subida salvaje. Aunque tampoco tendrá que explicarse demasiado, porque ya vimos como algunos celebraban la tan discutida subida. Pues nada, que estos ricachones vayan poniendo a enfriar el champán, porque parece que se nos avecina otra “juerga” que nos desangre el bolsillo. Lo mismo eso de anunciar los carteles en febrero es para que nos dé tiempo a dejar el tabaco, la bebida, las salidas, el echar gasolina, la calefacción y que nos alumbremos con velas, para ahorrar nuestros buenos dineros para sacar el abono. Pero el que no beba, no fume, no… lo mismo de lo que se tiene que quitar es de ir a los toros.

Aunque, ¿ustedes creen que el señor Casas, don Simón, puede estar dispuesto a perder dinero? Que a lo mejor uno de sus objetivos, no el único, es darle otra vuelta de tuerca a la CAM y así pedir, pedir y pedir más favores al señor Abellán. ¿Por qué no? Que a lo mejor las cuentas de Plaza 1 no le cuadran, que ya me cuesta creerlo, aunque nunca lo sabremos, porque no las harán públicas, pero el señor Casas no pierde. Ya le vendrá el dinero porque pone a sus toreros, a los de otros y los otros ponen a los suyos. Y una más, toreros que todo el mundo sabe que ni cobran millonadas, ni exigen, ni molestan, so riesgo de que les dejen cesantes, y que entran en esos carteles que se sacan su buen pellizco, porque su coste es casi todo beneficio. Que no veo yo a los “emergentes”, a esos que los cogen las grandes casas un año o dos y luego los dejan tirados, cobrando dinerales.

Que igual al señor Casas, don Simón, no se le ha ocurrido equilibrar el coste de un festejo combinando figurones con toreros más modestos y con otro tipo de ganaderías. Que igual los aficionados hasta lo agradecerían y les gustaría ver nuevas combinaciones, a ver qué pasa. Que lo mismo unos dicen que quieren lo de siempre, con los de siempre; pues muy sencillo, se les explica que eso no es viable, porque si no el señor Casas, don Simón, palma 300.000 euros. Pero… ¿será la cosa tal y cómo cuenta este hombre? Que cuanto más lo piensas, la cosa pinta peor y pasamos del gris oscuro al negro más negro y te dan ganas de poner la calefacción, fumarse dos paquetes del tabaco más caro, darle al morapio del caro, echarle gasolina al coche hasta llenar el depósito y hasta comprarse un jamón de Guijuelo y así evitar tentaciones de ahorrar para el abono del año próximo. Y ahora díganme ustedes, ¿en manos de quién estamos? De un señor que es un inepto o que miente más que habla; ustedes mismos, pienses lo que consideren. Mientras, este caballero seguirá con su atosigante cantinela traca que traca con el falso “ayudemos a la Taugomaquia”.

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viernes, 16 de septiembre de 2022

El lujo de ir a los Toros

Joselito quería hacer accesibles a todos los Toros y ahora hay quién, con la mente mucho más estrecha, quiere echar a aquellos que el Rey de los Toreros quería recibir y que le vieran torear.


Ahora ya lo tenemos claro, ya sabemos a qué atenernos, lo de ir a los toros es un lujo, porque los toros, o la “tauromaquia” es un espectáculo de lujo. ¿Se acuerdan de aquello de que es cultura y que es del pueblo? Pues a tomar… ahora es de lujo y el que quiera ir a los toros, que lo pague y bien pagado. Que al final nos dicen que todos somos iguales y vamos y nos lo creemos. Pues no, a partir de ahora, el acceso a la plaza estará limitado a los que puedan pagárselo con creces. ¡Joer! Pues les prometo que yo me llegué a creer eso de la igualdad, de que esto era un espectáculo nacido del pueblo y para el pueblo, pero no, como si fuera un monarca absolutista, en cuatro frases el señor Casas ya nos ha aclarado las cosas, todos a la calle, menos los que tienen el riñón bien cubierto y van tirando los billetes de cincuenta como el que tira las pelotillas de los bolsillos del abrigo cuando vuelve el frío. Que uno se creía que imitaría a José I, que devolvió los toros al pueblo allá por… O que continuaría con la idea de Joselito, de hacer los toros accesibles a todo el mundo y que no dejaran de ir a verle por no tener dinero para una entrada. Pero no, usted viaja por libre por esas nubes de su “Tauromaquia”, que nadie sabe adónde quiere llevar, quizá usted tampoco sepa cuál es el lugar de destino, simplemente se dedicar a pegar bandazos y si en cada uno de ellos echa a unos cuantos que no le son agradables, mejor. Eso sí, le tengo que reconocer un gran mérito, un mérito para el que no todo el mundo está cualificado. Usted siempre encuentra una justificación a todos sus atropellos y las suelta así, con desparpajo, sin despeinarse, que ya viene despeinado de casa y además muy estiloso, que ahora resulta que se ha propuesto darle categoría a la “Tauromaquia”, subiendo los precios desproporcionada, injustificable e injustamente, porque injusta es toda medida que excluya a alguien y mucho más si los excluidos son los que más dificultades tienen para acceder a un derecho tan básico y tan democrático como es la cultura. Porque creo que coincidimos en que los Toros son cultura, ¿no? O quizá su “Tauromaquia” no lo es y solo estamos hablando de un negocio de unos pocos para esquilmar el bolsillo de la mayoría.

Que menos mal que ha llegado usted a las ventas para dar categoría a esta plaza, ¡Alabado sea el Señor! Después de 90 años de las ventas y varios siglos de la plaza de Madrid, hemos tenido que esperar su advenimiento para que esta alcanzara la categoría que usted supone que no tenía. Que bueno, puestos a categorizar, ya tenemos los ejemplos de otras plazas en las que el modelo es el mismo. Una gestión nefasta, insultante a los ojos de los aficionados, arrasar y esquilmar la afición de esos lugares y después de sembrar sus campos de sal, empezar a tirar bocados a diestro y siniestro, no sé si preparando la huida mientras busca su próxima víctima. ¿Nunca ha pensado que la categoría viene de los carteles, unos carteles construidos a partir de la integridad del toro?  Pero usted nunca ha pensado en algo tan básico para los Toros y la afición, usted solo piensa en imponer su “Tauromaquia” allá dónde va y en este caso la plaza de Madrid. Para usted, la forma de engrandecer las Ventas es montando unas ferias infumables en las que solo concibe la presencia de las figuras con los toros de las figuras y atrayendo a un público que de momento solo sabe de las figuras, quizá porque son los que más salen en la tele de las figuras, en esta fiesta actual en las que esas figuras y los que les gestionan sus cosas no permiten que nada se aparte ni un milímetro de su idea de espectáculo tramposo, fraudulento y que cada vez atrae a menos público a las plazas.

Y todavía se atreve a decir que en esto no hay subvenciones. Pero, ¿subvenciones para qué y para quién? ¿Para contratar a Juli, Roca rey o Manzanares? ¿Para comprarle toda la camada de Fuente Ymbro y a otros ganaderos que no crían toros, sino productos en sus macrofactorías? Que podíamos pensar que igual usted no ha entendido Madrid, ni ha tenido quién se lo explicara, pero es que a usted eso le ha importado siempre bien poco y no creo que por un lado el señor Garrido, el señor Abellán o la señora Ayuso y en su día los Choperitas, supieran contar lo que ha sido esta plaza. Uno, que decía que tenía abono desde los diez años en el tendido 2, pero que se ve que no le aprovechó, estaría jugando a vender cruceros por el Manzanares, Jarama y el Alberche. Otro que de torero no entró nunca en esta plaza, que sí que hizo el paseíllo muchas veces, pero ya sabe eso de que él entró en Madrid, pero Madrid nunca entró en él y que además parece tener ahí una cuenta pendiente con esta plaza, quizá por eso, por no haber logrado jamás ser uno de los suyos. Y la otra, la señora Ayuso, que no creo que entrara en la plaza ni para ver a Loquillo, ni mucho menos a Serrat, porque no me suena que Norma Duval actuara en las Ventas, ¿no? Pero usted sigue a lo suyo, que no es otra cosa que eso, imponer su “Tauromaquia” aplastando una historia gloriosa, una tradición, un sentimiento, una forma de entender los Toros quizá especialmente particular, que hay que reconocer que nunca entendieron ni los mediocres, ni los miserables, pero que siempre aclamaron los más grandes. Que logrará expulsar y apartar a quienes no puedan sacarse un abono, a quienes ya no puedan pagar esas cantidades durante toda una temporada, pero tenga en cuenta que igual se quede con los que alcen la voz en busca de su minuto de gloria aunque luego traguen quizá abducidos por un incomprensible síndrome de Estocolmo. Pero habrá perdido el corazón, el alma de una plaza, de una fiesta y aunque a usted no le guste que estén siempre hablando de los precios, que no entienden que esto es un espectáculo de lujo, sin estos, su plaza, porque se habrá apropiado de ella, se quedará en nada, en un edificio tan ruinoso como ya lo son las piedras que ahora dicen que son las Ventas. Tendrá solo piedras, piedras apelotonadas que se vendrán abajo en cuanto sople el viento, porque la argamasa, lo que une esas piedras y da estabilidad y garantiza el futuro, la afición, ya no estará ni para protestarle más subidas de precios. Pero usted no se canse y siga contándonos que es el lujo de ir a los Toros.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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viernes, 28 de febrero de 2020

Revolucionario con chanclas y calcetines


A veces los verdaderos revolucionarios no caen en la cuenta de que lo son y los que no lo son, alardean de ello. Así es la naturaleza humana.

Nos llevan queriendo convencer desde hace muchos años, que el señor Casas, don Simón, es un revolucionario. Que incluso los hay que se lo han creído y hasta tal punto, que lo tienen como un modelo, como un líder de las barricadas, un adalid de la injusticia taurina, un campeón de los sometidos, un… Pero quizá lo único que tiene de revolucionario es el pelo alborotado y la voz altisonante incluso entre susurros, y la pomposidad de su palabrería vacía y repetitiva como las letanías muleteros de cualquiera de sus idolatrados “jartistas”.

Pero aparte del vocerío, uno no acaba de encontrar su revolucionario carácter por ninguna parte. Que se agarra a lo más ancestral del ser humano, alimentando todo lo que podría ser propio del viejo régimen, que no del suyo que cree tan revolucionario. Que sus mayores aportaciones se reducen a poca o casi ninguna novedad y se expanden en profundizar en lo de siempre. Que ya en su primera incursión en la plaza de Madrid, su gran invento fue el de poner un macrotascuzo junto a la plaza, para que ya antes de entrar los asistentes se pudieran ir entonando. Pero esto lo ha ido perfeccionando, que igual es ahí dónde él mismo cree que reside su espíritu revolucionario. Que ya como máximo responsable de las ventas, o eso nos ha hecho creer, se sacó de la manga lo de “Cénate las ventas”. Nos llenó las galeríias de más tascuzos y permitía que los hambrientos y sedientes entrasen y saliesen a su antojo, hubiera lidia o dejara de haberla en ese momento. Que como de todos es sabido, si uno se está trasegando un buen bocata o un barreño de alcohol o ambas cosas al tiempo, en el ruedo no pasará nada, ni bueno, ni malo. Que vamos, que si nos ponemos todos a darle a la flauta de jamón o chorizo de Salamanca, los toreros pueden estar tranquilos, que el toro no hará por ellos. ¿Se acuerdan de cuando niños un se veía casi atrapado y bastaba que se parase y dijera “casa”, para que ya no le pudieran hacer nada? Pues lo mismo, pero con toros y novillos toros. Y en ese afán revolucionario, convierte la plaza de Madrid en una discoteca , en una macro terraza y vaya usted a saber en qué más, cuando acaba el festejo. Que no han hecho más arrastrar al último de la tarde y empieza el tacatun tun peten que sacatún, que cualquier día un señor mayor bajando las escaleras le va a venir la inspiración bailonga y no te digo na’ como se le salga la cadera, el disgusto que nos vamos a llevar.

Pero no queda ahí la cosa. Recuerden que el revolucionario este un día dijop que le iba a dar al bombo. ¡Madre! La locura. Si es que es el Robespierre de los toros, el Che Guevara del barrio Ventas, el Lenin de la M-30. No diga revolución, diga Casas. Que tal revolución era elegir unos hierros que se rifarían todos los coletudos del planeta, que cualquiera que les tocara iba a ser una perita en dulce. Que decían que si los come hígados de don Adolfo, pero ya vieron cómo salió la cosa. Que al final la supuesta revolución no quedó ni en asonada de medio pelo. Que ha habido motines de parvulario mucho más tensos que aquel sorteo cuasi benéfico. Que este es un rasgo que también define a este caballero, tan revolucionario él, que se cuida muy mucho de ofender o molestar a los macroganaderos, a las grandes casas del toreo y por supuesto, a las figuritas. Que con estos pone caras, pero a todo que sí y que bueno. Los malos modos, el enseñar los dientes y el imponer, se lo guarda para los desheredados del toro, para los que tienen que jugarse mucho más que los muslos o el prestigio en una tarde de toros. Mano dura con el débil y sumisión con el poderoso. Ese es nuestro revolucionario.

Que para no liarnos más, su revolución se basa en dejar todo como está, en no menear nada, no vaya a ser que mueva el manzano un poquito y se le caigan dos reinetas en la coronilla. Un revolucionario que hasta para tejer sus discursos echa mano de algo tan antiguo como es la charlatanería, aquella que practicaron muchos maestros de la venta, que no de las Ventas, que te vendían mantas en el caribe, paraguas en el desierto o pareos en los Polos, pero sin engañar a nadie. Que quizá esa sea la innovación del señor Casas, don Simón, que su revolución, su parloteo no aguanta la verdad. Que al final no nos va a quedar otra que pensar que este caballero no es otra cosa que un revolucionario con chanclas y calcetines.

Enlace programa Tendido de Sol del 23 de febrero de 2020:
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martes, 19 de marzo de 2019

Don Simón no quiere que nos abonemos


La fuerza que tomarían ciertas peticiones de indulto si antes hubiera emoción en el primer tercio

La primera gorda, Valencia. Y aparte de premios verbeneros, que no precisan más comentario, si nos detenemos en lo del ganado, incluidos los que quisieron devolver al campo, la conclusión es que mejor no detenerse y pasar de largo. Olvidar qué se deja atrás, pisar el acelerador y corriendo para adelante y alejarnos de todo lo que pueda recordar esa vergüenza de lo que el señor Casas, don Simón, ha echado en la plaza de Valencia. Pero claro, si uno se para a pensar, así, como sin querer, se da cuenta de que el señor Casas, don Simón, es el mismo caballero que ejecuta la feria de Madrid y si el tiempo no lo impide, disparará con la misma munición, los mismos borregos desfondados que se felicitan por mantenerse en pie dos ratitos seguidos.

Que no sé ustedes, pero a servidor le asaltan todas las dudas del mundo. En primer lugar, ¿quiere el señor Casas, don Simón, que el aficionado de Madrid se saque su abono para la feria o se ha zambullido en una campaña para alejar definitivamente a estos aficionados de la plaza de Madrid? Que vaya usted a saber, que lo mismo le compensa que su gestión dé pérdidas y así poder montar en la plaza una sala de conciertos monumental. Pero claro, en esto de San Isidro no están solo los abonados de la plaza, que también están los de la tele. Que igual el señor Casas, don Simón, quiere hundir al canal de los toros y montar él otro de cine para adultos; que no les diría yo que no, que uno ya no sabe qué pensar. Que queriendo o sin querer, hasta ha provocado que los “ecuánimes” comentaristas del canal de los toros afirmen que esto no se sostiene y que hay que protestar en la plaza. Bueno, todos, todos, no, que doña Cristina anda a lo suyo y le parece bien y divertido hasta que le den un tartazo en plena jeta, si eso está bien pagado. Pero a sus compañeros igual les han llegado mensajes de la superioridad quejándose de las audiencias o de no llegar al objetivo de abonados deseado. Y estos, los de la superioridad televisiva, ya sabemos cómo se las gastan, que hoy estás y mañana dejas de estar. Palmadita, gracias por los servicios prestados y todos al paro. Y eso sí que no, que se puede intentar ser amigos de todos los taurinos de este mundo y de otros mundos, pero las lentejas son sagradas.

Y la otra opción que nos queda es pensar que el señor Casas, don Simón, está haciendo méritos para que le nombren socio de honor del PACMA, porque le han propuesto montar una clínica homeopática en la plaza de Madrid, con salas de hidromasajes, de masaje tailandés, de sado- maso, de audiciones de la Voz , sesiones de Sálvame, mítines de todos los partidos, pero a la vez, entremezclados y con un concurso en el que el público tuviera que adivinar el partido de cada uno. Será que no tiene posibilidades la plaza de las Ventas. Eso sí, si el señor Casas, don Simón, lo que pretende es que suban los abonos de Madrid, que se incrementen las audiencias del canal de los toros y que la fiesta tome fuerza y auge para combatir al antitaurineo… Mal vamos, ¿eh? Mal vamos.

Que lo mismo la cosa está en que el señor Casas, don Simón, lo que quiere es echar al aficionado y recibir con los brazos abiertos a ese público verbenero dicharachero, irradiador de tonta felicidad, que ni se queja, ni protesta y que está dispuesto a pagar un pastizal por una entrada, una vez al año, que ya se sabe, un día es un día. Pero, ¡aaah! Que el problema es ese, que es un día o tres, pero no muchos más al año, que el resto del tiempo, de marzo a octubre, ni saben que se dan toros en Madrid; es más, que si en la puerta les ponen un chiringuito con las copas dos euros más baratas, ahí se quedan. Que aunque no lo crea y le pese al señor Casas, don Simón, quien mantiene esto es el aficionado. ¡Sí! Hágame caso. Que estos son los que sacan el abono año tras año y tras año y tras año y otro año más y que lo dejan en herencia a los hijos a los que hicieron aficionados. Que el aficionado es el que va a los toros durante todo el año, si hay carteles, porque si no, si lo que dan es lo que vienen dando ya desde años atrás, solo se llena ese cuarto de plaza de siempre a base de autobuses y de los cuatro locos que no tenemos ni vida, ni amigos, ni familia, ni perrito que nos ladre. De verdad, no entiendo nada, que casi es mejor no pensar, no sentir, dejar el cuerpo muerto, porque a poquito que uno se para a ver cómo está esto, me parece más que evidente que el señor Casas,  don Simón no quiere que nos abonemos.

viernes, 3 de agosto de 2018

Se precisa una mano inocente


Cuestión de suerte, a tú sí, tú no, tú... tú también

Para que luego digan que el señor Casas, don Simón, no escucha al aficionado; lo que pasa es que al hacerlo desde detrás de una puerta, no se coge la sustancia de lo dicho. Que son muchos los que llevan tiempo diciendo eso del sorteo de toreros y ganaderías y que salga la feria como Dios le dé a entender, a ciegas. Pero esta vez, con sorteo, no como parece hacerse en otros casos, a ciegas, pero sin bolas, ni bombo. Pero quizá el invento quedaría redondo si en la rifa intervinieran los cabezas del escalafón, los figuras, los emergentes y los que quieren ser. Eso por un lado y por el otro, pues un listado de ganaderías votadas por el público. ¿A qué pinta bien? ¿A que el sorteo ya empezaría a tener otro color? Y esto, allá por mayo y montar así el mes de toros de Madrid. Menuda forma de honrar al santo. ¿Se imaginan? Que van las bolitas y te ponen a Diego Urdiales, El Juli y Gómez del Pilar con la de Cuadri. O a Morante Octavio Chacón y Roca Rey con lo de Saltillo. Que Chacón tendría que hacer guardia en la Puerta de Madrid no para acompañar la salida del picador, sino para frenar la escapada a toda carrera de alguno de sus compañeros. Que se nos ponga el Juli a eso de agachar el lomo y tuviera que mirar al Cuadri para arriba.

Pero no se hagan ustedes ilusiones, que no, que no creo yo que los mandones de esto se presten a estos inventos, ni que tan siquiera el señor Casas, don Simón, fuera a ser capaz de proponerlo. Que si se lleva este numerito a término, será porque los elegidos para la feria de Otoño bastante tienen con que les contraten, como si se tienen que enfrentar al mismísimo Belcebú, de la ganadería de Pedro Botero. Se dice que será sorteo puro, pero no nos engañemos, ya de principio será dirigido, pues la propia elección de los candidatos será la primera manipulación. Que puede que muchos aficionados preferirán ver a los que realmente van a entrar en el bombo y a los que no entrarán en este sorteo, simplemente querrían que lo hicieran, pero más bien por eso del morbo. Personalmente me inclino más por los carteles montados siguiendo criterios taurinos; sí, esos que los empresarios y en especial el señor Casas, don Simón, no siguen. Ya me gustaría ver al figura de turno con el que viene empujando y con un hierro que empuje aún más, pero eso, eso no lo verán nuestros ojitos.

Se han lanzado muchas campanas al aire con esto del sorteo ¡Aleluya! Que sea la suerte quién decida y que a quién Dios se la dé, San pedro se la bendiga. Pero pensemos un momento. Pongámonos en una situación cotidiana, pasemos esto al plano doméstico. En el tascuzo don Simón nos han puesto un anuncio que dice: menú a 12 euros. Y allá que vamos. Nos llega un camarero con gafas, de pelo desaliñado y acento, con tono altanero, pero que denota no ser ni de abajo los Pirineos, ni de arriba de Tarifa. Maneras más que castizas chulescas y casi regañando por haber elegido su tascurrio con menú a doce bolos. Miramos la carta y elegimos:

-        Yo quiero de primero las angulas y de segundo, cocochas en salsa verde. 
-        No, eso no entga. 
-        Pero, ¡si viene en el menú!
-        Ya, pego no entga.
-        Bien, entonces, unas gambitas de Huelva y un chuletón de Ávila.
-        No, eso tampoco entra.
-        Pero, oiga, que está aquí, en el menú.
-        Ya, pego usted puede elegig lo que quiega, pego eso no entra.
-        Pues dígame usted qué es lo que entra.
-        De pgimego sopa de asilo, sin picatostes, ni tropezones, y de segundo, mortadela a la gomana.
-        Pero esto es un timo
-        ¿Un timo? Entéguese, esto es el agggte de la gastronomía, la sublimación de la nuvel cusín.
-        Pero me dice que puedo elegir lo que yo quiera y al final tengo que comer lo que a usted le dé la gana y por doce euros. Menuda ganga.
-        Noooo, yo le dejo elegiggg lo que guste, pego es que tiene que acegtag con lo que le tiene que gustag.

Y luego, igual, si salimos mosqueados del tascuzo y con la sensación de haber sido timados, el señor camarero nos estará esperando a la puerta para echarnos el gran broncón por no atender más que a nuestra elección, a la suya. Que no creo yo que vaya a haber gran diferencia entre lo que proponga el azar y lo que fuera a montar el señor Casas, don Simón. Que hasta es posible que la única diferencia sea que este año montará la feria de Otoño con bolitas y otros era tirando una moneda al aire. Que las opciones no pueden ser muchas, que los toros son los que son, con interés o sin él, pero los que ya estaban comprados para octubre. Y los toreros, pues más de lo mismo. Es más, quizá falten nombres del gusto del aficionado de Madrid, pero ya saben, esto es lo que hay, a suertes, pero es lo que hay. Un sorteo puro, pero muy bien dirigido. Y quizá que venga bien para sacar las bolitas, pero se antoja más urgente para gestionar el devenir de la fiesta de los toros, Se precisa una mano inocente.

martes, 19 de diciembre de 2017

La hora de los teloneros taurinos



A todos os deseo muchas felicidades y os quiero agradecer vuestro seguimiento, que es el que hace que años después, sigamos por aquí.

Hubo sorpresa entre los aficionados cuándo en la corrida Guadalupana, en la México, se varió el orden de lidia y, excepcionalmente, la antigüedad no determino el orden en que actuarían los matadores. Alegan que era para ir alternando un matador local con un foráneo y así mantener la tensión, intentando establecer un mínimo de competitividad, un toma y daca; aunque las malas leguas aseguraban que lo que se pretendía evitar era una desbandada general a mitad de festejo, justo cuándo según la lógica deberán salir a la arena lo matadores mexicanos. No voy a decir que haya aplaudido tal medida, nada más lejos y menos si este sucedido es por tan lejanas latitudes para mí, que cómo dice el refrán, más sabe el tonto en su casa, que el listo en la ajena, pero eso no quiere decir que no haya producido bastante extrañeza.

Pero esto que a unos hace fruncir el ceño, a otros les da ideas y les hace atisbar una inmediata aplicación a la fiesta. Anda que no ha tardado poco el señor Casas, o Nautalia, en descolgarse que eso de que se mantenga el orden de antigüedad es una gaita, que les complica mucho la confección de carteles y en consecuencia, que para qué seguir el camino de siempre. Pues claro que sí, total, ¿qué más dará? Sigamos adaptando el mundo a la medida de los caprichos de los niños, niños a los que se les hace cuesta arriba coger la cuchara solos; pues se les da de comer en la boquita; niños a los que se les hace un mundo masticar, pues se le pasa todo por el pasapuré; niños que no se “ajuntan” con otros niños con los que no quieren compartir ni la pizarra en el colegio, pues se les traen los maestros a casa. Que puede que eso del cambio en el orden de lidia no sea tan trascendente, pero es que es una u otra y otra y otra más, no para allanar el camino, que ya lo está bastante, sino para evitarles la más mínima mota de polvo que los más incapaces pueden ver como una montaña. Comodidad, comodidad y comodidad, a cambio de vulgaridad, vulgaridad y más vulgaridad. Eso sí, que luego se dicen artistas. Y lo que es peor, que tal y cómo está el ambiente de matadores, como fulanito, menganito y zutanito digan que les pongan a un chaval por delante, no se crean que nadie se les va a plantar y a decirles que nanay, que el orden de lidia, según la antigüedad, es el que es y punto. Que esto es como aquello del Guerra y que no había quinto malo, hasta que los demás se revelaron y decidieron que a sortear. ¡Anda! ¿antes no se sorteaba y por una marejada del sector para acabar con los abusos del mandón, empezó eso de los papelillos? Porque ahora parece que volvemos para atrás, que a nada nos imponen por decreto la desaparición del sorteo. ¿Una barbaridad? Desde luego, pero estos no tienen límite. 

Esto se ha convertido en una carrera por acomodar, acomodar y acomodar y a los únicos que beneficio este camino hacia la nada es precisamente a esos, a los que no aportan nada. Les empezó molestando lo de la espada, luego que si los tres puyazos, luego lo de Cultura, después las chepas, luego los regados, que si los pitos, que las protestas, que si esto, que si lo otro. Y cada vez van buscando más y más para facilitarse la ruta, llegando, inevitablemente, al ridículo más espantoso. Si es que no ven el fin, ni por lo que parece, el futuro. Que no es cuestión de adivinaciones, es simplemente pararse a mirar y ver qué dirección lleva esto. Que ya puestos, si el festejo empieza a las siete de la tarde, que pongan por delante a dos desarrapados del toreo, o ni del toreo tan siquiera, que desarrapados siempre habrá, y hora y media después se anuncia la actuación estelar del figura de turno. Pero que no vayan ustedes a pensar, que ni paseíllo, ni gaitas. Primero un pase de moda taurina, con modelos estilizados/as, luciendo las nuevas tendencias de Justin Al Gabax; a continuación se representaría la entremés titulado “Te traigo las llaves”, con reconocidos actores que representarían el rito de entregar las llaves de los toriles al buñolero de turno, que bien podría ser un personaje popular y en el momento de la entrega, que la megafonía dijera eso de: Hoy viene a pasarlo chupi a la plaza… Bertín Osborne, por poner un ejemplo. Y luego los teloneros, que andarían por allí, pero sin que hiciera falta que nadie les hiciera demasiado caso. El personal podría estar bailando la polea por los tendidos, comiendo Hot dog con salchichas de tofu y pan de semillas de nogal, vendedores de palomitas, pipas, chicles, caramelos y cada dos tendidos una barra con un celebrado barman, preparando yintonis, que dada la hora, con uno, ya te vas cenado a casa. Y cuándo ya el cocimiento y estado de desenfreno alcanzara unos niveles suficientemente infames, haría su presentación el figura de turno, envuelto en plumas y pieles de leopardo, para si le viene bien crear arte y si no, no, que para eso es un artista. Que me dirán que esto poco tiene que ver con los toros, pero a lo mejor sí que anda cerca de “la tauromaquia”, según Nautalia/ Casas. Lo que no sé es si el aficionado, si a estas horas aún quedaba alguno, esperaría con más ilusión al figurón o la hora de los teloneros taurinos.

Enlace programa Tendido de Sol del 17 de diciembre de 2017:

domingo, 20 de agosto de 2017

En la churrería del señor Casas no se va en pantalones cortos


Quizá antes de acabar con los pantalones cortos en los tendidos, se debería devolver el traje de luces al buñolero de la Plaza de Madrid.


Las cosas, y sobre todo las cosas bien hechas, no se logran en un chasquido de dedos, hace falta paciencia, despacito y buena letra que nos decían las monjas en parvulitos. No sé qué se pensará la gente a la hora de juzgar al señor Casas, don Simón, el pobre, que solo recibe críticas en su mayoría, sin que nadie le ofrezca el hombro para consolarse y anda que no hemos tenido tiempo para ofrecernos al señor Casas, don Simón, para escuchar sus lamentos; ya desde antes de que se iniciara la temporada, cuándo escuchábamos aquellos proyectos, aquellos planes de grandeza y felicidad extrema, a medida que se le fueron viniendo uno por uno abajo, ya podíamos haber hecho cola como consoladores, con perdón. Parece que hace un siglo del fracaso de la feria de San Isidro, en la que esperaba el señor Casas, don Simón, cien mil espectadores más que el año anterior y levemente supero los asistentes del otro San Isidro pero con más festejos que en el 16. ¿Y dónde estaban ustedes para consolarle después de semejante trompazo? 

Lo que le afectaría semejante revolcón, no se sabe si a él o a sus socios, porque aún nadie ha dado razón de lo ocurrido, pero que de la noche a la mañana se descolgaron con que no había más toros en Madrid, hasta mayo del siguiente año, ni temporada, ni temporado, aquí se corta por lo sano y punto. Pero ni eso le salió cómo esperaba a la Plaza Uno, que menos mal, porque cómo hubiera dos iguales, ¡todos a cubierto! Que le pensaban echar las culpas a la señora Carmena, hecho que algunos ediles madrileños se apuntaron como propio, hasta que doña Carmena dijo que el Ayuntamiento no pintaba nada en esa trifulca y la Comunidad, sin tardar ni un suspiro, confirmó que iba a haber toros cuándo tenía que haberlos. Otro berrinche para el Casas, don Simón, y hala a continuar con la temporada, aunque eso sí, sin demasiado entusiasmo; es como si el Casas, don Simón, se hubiera hecho con el negocio de una churrerría y ¡venga! A montar festejos, o mejor deberíamos decir, festejillos. Novilladas a tutiplén, a horas más bien de irse de copas que de sentarse en un tendido a contemplar las ocurrencias de el Casas, don Simón. En su haber puede contar la Plaza Uno, el haber montado un verano, además de la feria, más pobre que se pueda recordar, que hasta a los guiris les parecían penosos los carteles. Que ratos más malos ha tenido que pasar el Casas, don Simón, cuándo le contaran por teléfono, videoconferencia o vaya usted a saber, el solar en que estaban convirtiendo a las Ventas. Eso sí, el señor productor no se ha pasado por Madrid, ni para ir al aeropuerto, debe haberse dado unos rodeos por la M-45, la M-50 y hasta la M- 70, que está sin proyectar, para no tener que pisar Madrid. Con las ganas que tenía de que le dieran las Ventas y lo poco que la está disfrutando. Eso sí, no hubo, ni parecer ser que hay, hombro en el que él desahogara sus pesares.

Monta un certamen novilleril, con unos resultados más que pobres, gana un chaval, un novillero con la ilusión del que empieza y con ciertas maneras ilusionantes y ni se acuerdan de él para la Feria de Otoño. O sea, que por lo que se ve, lo del certamen les importaba entra nada y menos, que solo era un producto más de la churrería que se acababa de agenciar el Casas, don Simón, para tapar los huecos del verano y que en cumplimiento a lo ofertado para que se le adjudicara la plaza, debía cubrir el señor empresario. Pero cuidadito, que en fecha tan señalada cómo la presentación de los últimos carteles del año, donde se incluyen los de Otoño, el Casas, don Simón, no puede evitar ese afán de querer arreglar esto del toro y ni corto, ni perezoso inicia su enésimo proyecto para la plaza de Madrid, aunque este pareced empeñado y comprometido a llevarlo a buen fin. Queda prohibido terminantemente a esa chavalería de la Grada Joven, acudir al coso de la calle de Alcalá, en pantalones cortos. Ya era hora de que alguien se tomara en serio los verdaderos problemas de la fiesta de los toros y para ello, ¿qué mejor sitio que la plaza de Madrid? Pues ninguno. Y no me vengan con que los carteles cojean por todas partes, que unos parecen descolgados de la última y gloriosa feria de San Isidro, la de las mil puertas grandes, y otros montados por el doctor Franckenstein, que si interesan los hierros anunciados, es echar una mirada a los alternantes y dan ganas de poner una vela a Santa Rita por la vuelta de Taurodelta. Que me lo dicen hace diez meses y ni me lo creo. Que alguien lograra hacer buenos a los Choperita y adyacentes, ¿cabe mayor disparate? Pues sí, el disparate de el Casas, don Simón. Pero no se me desvíen del tema, no se me relajen y centrémonos en lo importante, que lo de los toros fofos con figuras aún más fofas, lo de los torazos para toreros poco y mal toreados, lo de los novilleros puestos por el Ayuntamiento y demás lindezas, nada comparado con lo de los pantalones cortos. Que uno también lo entiende, porque claro, si a todo el mundo le da por ir enseñando cacha y fresquitos, por aquello de aguantar los más de 30ª C en esas tardes de estío, ¿adónde iría a parar la industria del abanico y el agua, agua fresca a la vera de la plaza? Y lo que es peor, que vamos casi desnudos con las canillas descubiertas y nos dan ganas de protestar, sobre todo esa panda de jovenzuelos que se creen que a los toros se va a protestar cuándo les están guindando la cartera. Pues no, no y no. A ver si ya nos enteramos de una vez y dejamos las cosas claras, calladitos a aplaudir con agrado y que se sepa, ¡venga hombre ya! En la churrería del señor Casas no se va en pantalones cortos.

jueves, 22 de junio de 2017

Nos pedían paciencia pero, y ahora, ¿qué nos piden? ¿Cabestrear?


¿Quién dice qué?

Qué gran acontecimiento fue aquel día en que la Comunidad de Madrid le concedió la gestión de la Plaza de Madrid a don Simón Casas y compañía. Unos se lanzaron a rasgarse las vestiduras sin demora, mejor antes que después, otros, entre los que me incluyo, pensamos que había que dejarle actuar y otros que no se podía desconfiar cuando aún no se había ni sentado en su mesa de las Ventas. Es que no se puede ser tan negativo, ni ver todo mal, que es verdad, pero, ¡hombre! Que cada uno tiene sus antecedentes y el señor Casas, don Simón, tiene los suyos, que ni son pocos, ni tranquilizadores. Pero no había empezado la temporada y ya llevaba una larga lista de promesas incumplidas, que otra cosa no, pero defraudar, este señor no defrauda, se esperaba un disparate y respondió con una montonada de ellos, a cuál más descabellado. Pero no les voy a aburrir contando los planteamientos de la feria, ni de la temporada que estaba iniciándose. Vayamos al final de la feria, que según él, los medios oficiales y sus seguidores más fervientes, los que se quedan siempre con lo bueno, loaron el ciclo como el mejor de no sé cuántos años. Daban cifras de más de 600.000 espectadores, más que el año anterior, pero sin contar que con un mayor número de festejos; pero eso no lo decían. Nos hablaban de las puertas grandes, algo que no es mérito del señor Casas, don Simón, pero no de la forma en que se produjeron. También nos tiraban a la cara los muchos toros que embistieron a la muleta, de lo que tampoco se puede aprovechar el señor Casas, don Simón, más si nos paramos a ver cuántos de esos toros soportaron medio puyazo, por dar un dato, ni del bajón en la presentación del ganado no solo durante la feria, sino desde que comenzó la temporada. Todo era idílico, ¿a ver qué espectáculo reúne a tantos miles de personas durante tantos días? Decían los pancistas de la tele, como si nunca hubiera ocurrido lo que no hace tanto era norma, la sucesión de llenos que empezaban con la primera y se cerraban con la última, eso sí, con un ligerísimo descenso en la asistencia en los días de novilladas. Pero todo era felicidad, gloria, jolgorio y alegría, aunque yo me hacía una pregunta: ¿estará realmente satisfecho el señor Casas, don Simón? Pues parece que no demasiado.

La verdad es que el señor Casas, don Simón, comenzó con un ritmo difícil de mantener, porque no se puede soportar por mucho tiempo eso de maquillar la asistencia a base de regalar entradas. Circunstancia que igual también rondaba la cabeza de los señores de Plaza 1 y que quizá provocó cierta inquietud entre el señor Casas, don Simón, y su socio, Nautalia, lo que se vio reflejado en la desaparición del callejón del caballero francés a las primeras de cambio durante la feria. Bastaron cuatro protestas y dos toros devueltos, para que alguno decidiera esconder la testa. ¡Ay que ver! Ni un corte de mangas que nos ha dedicado a la afición de Madrid. Todo lo bueno se lo guarda para sus paisanos. Y cuando ya todo parecía discurrir por las calmadas aguas de la temporada madrileña, los festejos con menos de un cuarto de plaza con torerillos baratos y ganado más barato aún, ¡zas, cataplum, chimpún! Que se corta la temporada de Madrid, que hay que hacer obras en la plaza para garantizar la seguridad de los asistentes y que ya si acaso, pero que aún no se sabe, igual para el próximo San Isidro se volvía a abrir el portón de los sustos en Las Ventas. ¡Caramba! Eso sí que es arte y del bueno, del que te estremece y hace que no te llegue la camisa al cuerpo, que a más de uno se le encogió la pajarilla y aún no se le han destensado las cervicales. Pero, ¿qué broma es esta? ¿Qué broma de mal gusto, de pésimo gusto es esta? ¿A qué estamos jugando? Resulta que antes de la temporada nadie se había enterado de que había que hacer obras, que se liaron a poner cámaras y a tirar cableado y no hubo cristiano que pensara en que había que echar mano de Manolo y Benito para meterse en reformas y si llegaba el caso, darle una manita de gotelé a la “primera plaza del mundo”. Pero según parece, solo según parece, ha bastado que el ayuntamiento de la capital negara la correspondiente licencia para lo de las motos, para que al señor Casas, don Simón, se le encendiera la luz de emergencia. ¿Allí no se podían dar espectáculos no taurinos? Pues de los otros, los supuestamente taurinos, tampoco. Y punto, se corta la temporada y el domingo 25 con la corrida de Martín Lorca se echa el cerrojo y a otra cosa. Un hecho que solo tuvo lugar durante la Guerra Civil, sin precedentes en tiempos de paz, pero que al señor Casas, don Simón, le debe importar un bledo. Lo que me gustaría saber es si tal anuncio contó con la anuencia de la propietaria de la plaza, la Comunidad de Madrid, o si se ha lanzado a la piscina por su cuenta, en cuyo caso, la señora Cifuentes y su equipo, aparentemente siempre tan preocupada por los toros, deberían actuar de inmediato y aclarar todo este embrollo. Si bien es verdad que el consejero portavoz del gobierno regional, don Ángel Garrido, ha salido a desmentir tal suspensión, se deberían dar detalladamente los motivos y sucesión de los acontecimientos que propiciaron tal anuncio. 

Lo que está claro es que si alguno aún dudaba de la condición del señor Casas, don Simón, igual con esto se le han abierto los ojos, a no ser que esa ceguera parcial sea propiciada por el grosor de sus buenos fajos de billetes. Me gustaría oír a la señora Cifuentes que en caso de incumplimiento del pliego de contratación se aplicarán las medidas administrativas pertinentes, me gustaría también saber si se mantendrá el rigor necesario a la hora de aprobarse los carteles, para lo que resta de temporada, para la siguiente y para las ferias de Otoño y de San Isidro. Son muchos aspectos que ahora parecen cogidos con alfileres. Así como recordarle al señor Casas, don Simón, y a su socio de Nautalia, que firmaron un contrato con una administración pública y que su incumplimiento no sale gratis. Ahora solo queda esperar que la Comunidad de Madrid sea capaz de llevar a cabo las obras necesarias y dar satisfacción a las demandas del Ayuntamiento de la capital, al que hay que agradecer ese innegable desvelo por la seguridad de los ciudadanos que acudimos a la plaza de las Ventas, siempre y cuando vayamos a las motos, a un concierto, al circo o a la Copa Davis, porque si vamos a los toros, ya se nos puede caer encima el palo de la bandera. Aunque tampoco hay por qué alarmarse, pues no me cabe la menor duda de que ya sea en el caso de que pudiera peligrar nuestra seguridad, ya sea porque de repente nos hurtan la temporada de toros a la afición madrileña, seguro que aparecerá la Fundación del Toro para defendernos de cualquier entuerto o injusticia con el yelmo de Mambrino calado hasta las orejas, la adarga antigua y el galgo corredor.  Los seguidores del señor Casas, don Simón, ya fuera desde los micrófonos de la tele, desde los medios de comunicación oficiales, desde la propia administración o desde la barra de la tasca del Pedernales nos pedían paciencia, pero, y ahora, ¿qué nos piden? ¿Cabestrear?

P.D.: Y servidor que pensaba tomarse un descanso...

lunes, 8 de mayo de 2017

Y quince puertas grandes, una de ellas de oca


Solo por no tener que cargar al maestro, casi mejor que no lo saquen a cuestas


Lo del señor Casas, don Simón, es un no parar en esas prisas que le han entrado por demostrar la genialidad y el máximo acierto de su gestión al frente de la plaza de Madrid. ¿Para qué correr tanto? Sui esto es muy largo, independientemente de lo largo que se les pueda hacer a algunos. Y en este empeño, el señor Casas, don Simón va como la Trotaconventos jaleándose de lo genial que es, sin parar un momento en que sus soflamas se le puedan volver en contra. Aunque ya lo dejó caer anteriormente, ahora ha vuelto a insistir en que en la incipiente feria de San Isidro habrá quince puertas grandes, si no hay fallos inoportunos a espadas. ¿Y eso que quiere decir? ¿Qué no se puede responsabilizar de que los espadas pinchen? No hombre, ya puestos, asuma también ese compromiso y si el matador de turno pincha, no tendremos más que volvernos al burladero de “Empresa” y pedirle explicaciones al señor pgoductogg. Aquí lo de escurrir el bulto ni por asomo.

Igual puede resultar absurdo llegar a estos extremos, pero el señor Casas, don Simón, es quién ha iniciado el juego. Yo no le reclamaré un fallo a espadas, en eso puedo estar seguro, de la misma forma que no le podré responsabilizar de que haya mil o ninguna salida a hombros y menos cuándo ha montado una feria prácticamente calcada de las tantas anteriores que montaron sus predecesores de taurodelta, con los que ya compartió él mismo poder como miembro de aquel triunvirato maldito. Si el señor Casas, don Simón, hubiera presentado una feria revolucionaria de verdad, con variedad de nombres nuevos, de toros y toreros y estos nos hubieran regalado grandes tardes de toreo, casta, bravura y emoción desbordante, lo que siempre hemos creído que eran los toros, pues no solo habría que reconocerle los méritos de conocedor del estado de la fiesta, sino que estaríamos tardando en ponerle una calle. Si hubiera apostado por dar sitio a toreros permanentemente postergados y a ganaderías malditas y la conjunción de ambos nos devolviera aquello que muchos consideramos perdido, pues cualquier reconocimiento sería poco. Pero hombre, si la cuestión es más Juli, Roca, Manzanares, Perera, Castella y demás arañadores de orejitas autobuseras para justificar su contratación; y de la misma manera que seguimos con lo de José luis Pereda, Garcigrande, Victoriano del Río versión para figuras, Jandilla, Lagunajanda o la inevitable Núñez del Cuvillo, pues, pues. Que las apuestas más arriesgadas son Alberto Lamelas y la vuelta de Dávila Miura por un día. Que igual entre los dos ya suman una docena de puertas grandes y las restantes hasta quince se las dejamos a los caballos.

Que esto es más sencillo que las salidas a cuestas o no, que no tengo la menor duda que las orejas van a volar que es un gusto, solo hay que mirar lo sucedido recientemente en Sevilla y la tendencia confirmada de lo que viene ocurriendo en la plaza de Madrid en los últimos tiempos. Pero, ¿cuánto toreo veremos? ¿Cuántos toros nos pondrán los pelos de punta? Que no me valen esos que no aguantan ni la sola presencia del picador y que luego “la toman muy bien por abajo”, que no me vale eso de “fue bravo en la muleta”, mientras no aguantaba ni el peso de la puya sobre el morrillo. ¿Que ellos verán grandiosidad en animales a los que hay que esperar para dar el primer muletazo porque aún se está retorciendo del picazón del palos? Da igual, porque esto es “agte”. Lo otro es lo decadente, lo caduco y lo que hay que olvidar, lo que el señor Casas, don Simón, no se atreve a prometer, porque es bastante más difícil que garantizar quince puertas grandes, si no se fallan con los aceros.

Que si se quiere poner la medalla de los abonos, pues bueno, que no sé si él en su fuero interno estará demasiado satisfecho, pero bastante es que haya frenado esa tendencia de caída en la adquisición de abonos, que los anteriores empresarios llevaron a mínimos preocupantes. Pero tampoco nos preocupemos de que el señor casas, don Simón, decaiga en su afán de prometer y enaltecer su gestión, incluso antes de que se produzcan esos logros. Nos regalará, o no, “agte”, “cultura”, jolgoguio, jagana y quince puertas grandes, una de ellas de oca.



Enlace programa Tendido de Sol del 7 de mayo de 2017:

lunes, 27 de marzo de 2017

¿Los guardias sacan abono o van de gañote a los toros?


Vuelve la pasión, ¿volverá también el toro? ¿Volverá el toreo?




Dirán que esto de los toros no interesa, pero que equivocados estamos, y si no, fíjense que hasta los señores guardias van en masa a las plazas y hasta intervienen en las discusiones y protestas en los tendidos; algo a lo que antes rara vez se atrevían, pero ahora también se meten en harina y es que esto tira mucho. Y habrá quién quiera apuntarse el tanto, pero hay que reconocer el mérito que en esto tiene el señor Casas, Simón I el Innovador, que seguro que no quiere reconocer sus méritos, pero ya es mucha casualidad eso de que cuándo hay una protesta en una de sus plazas, no tardan ni un suspiro en asomarse las fuerzas del orden en querer sumarse a la controversia. Si eso no es afición y ganas de aprender de los aficionados, que venga Dios y lo vea. Que estoy seguro que habrá agentes a los que esto no les interesaba, pero claro, ya digo que esto tira mucho, y es casi imposible el abstraerse de un debate taurino.



Eso sí, que me perdone el señor Casas, don Simón I el Innovador, pues en la primera de la temporada madrileña no pudimos disfrutar de esos debates que se originan en los coloquios taurinos entre el aficionado que protesta y los señores agentes de la policía. Bueno, calma, que estamos empezando, bastantes innovaciones aportó el señor Casas, don Simón I el Innovador, con eso de ponerles un anorak azul eléctrico al personal de la plaza. Que está muy bien, no vean lo útil que resulta cuando el acomodador de tu grada aún sigue colocando a los espectadores más tardones incluso con el caballo en el ruedo y tú solo tiene que buscar el azul rompe ojos para decirle eso tan socorrido de: “que el toro está en la plaza”. Pero es que en la primera del año ya se percibía ese afán por la fiesta, no sé si por la Fiesta de los toros, pero sí por la fiesta en general, así como concepto universal. Que no voy a entrar en el detalle de lo que fue la novillada, pero sí que quiero detenerme un poco, lo justo, en las reacciones de los aficionados, los nuevos y los otros. Que dicho sea de paso, cuentan entre sus filas a los más aguerridos y rudos ejemplares de chicarrones del norte, aunque sean nacidos en Méntrida. El fresquioto que hacía y los había luciendo sus camisas de cuadros abotonadas hasta medio pecho, para que corriera el aire. Que igual era una forma sutil de demandar un anorak azul revienta retinas. Y lo bonito e ilusionante que resulta ver a la chavalería, ninguno de más allá de cuarto de la ESO, con sus americanas ajustaditas, su corbata colgandera y un veguero, Farias, Montecristi o Cohiba, que no digo yo que no, echando humo como para nublar una y hasta dos plazas. Sería tal bruma y los efectos de estar ahí tira que tira, lo que a algunos les hizo pensar que la novillada de Fuente Ymbro era la del toro Diano y Jaquetón al unísono, que salió buena, claro que sí, pero para hacer que saliera el señor mayoral y pedir la vuelta al ruedo al sexto, ¡no hombre, no! ¿Qué vamos a dejar para cuándo venga los Zalduendo y los Núñez del Cuvillo? Eso sí, por ahí he leído no sé de qué, que el presidente se quiso erigir en protagonista al no conceder la vuelta al ruedo y en no sé que más jaleos. Vamos, saca el pañuelito azul y entonces sí que sería protagonista, pero de “La Matanza de Texas”. Sería por lo del humo de los puros, que ya bastante perjudicó al personal que se decidió a otorgar un despojo al albaceteño Carretero, por trapacear a su buen sexto novillo. Aunque lo que cambian los tiempos, antes no eran una panda de chavales los que se jartaban a echar humo de sus puros, eran muchos aficionados y en casos como el que nos entretiene, más le habrían abroncado al bueno de Carretero por dejarse ir semejante carretón, que pedirle un despojo.



Mi extrañeza es que los señores agentes de la autoridad, en estos casos no quieren entablar diálogo con los felices aficionados plenos de entusiasmo y solo buscan la charla con los más airados, que ya digo que en esta primera no fue el caso, pero se echó de menos. Quizá si lo sucedido en el último hubiera sido en el segundo, por poner un ejemplo, que casi era mejor y más completo que el sexto, que también se le fue sin torear a Leo Valadez, pero como no cortó despojos, no hubo lugar a la protesta. Ni tan siquiera se pidió la vuelta al ruedo, sería que estábamos leyendo un tutorial en Internet de como ahumar todas las plazas del mundo con una batería de puros incontrolados o que aún estábamos perplejos con el resplandor de los anoraks azul te vas a quedar pa’ vender cupones. Que uno escucha lo de la educación taurina, así muy serio y se pregunta si en eso se incluye lo de los puros, los yintonis y las pipas; está claro que ya no dice nada de eso de no ocupar o abandonar la localidad durante la lidia de cada toro, ni de levantarse a mitad de la lidia y soltar eso tan clásico de: “dos cervezas, una Fanta y un Aquarius, que tengo al niño malo de eso”. Que la lidia dura mientas el toro está en pie, que aunque se esté tambaleando hay que estarse en su sitio, que no puedes decidir que te pones de pie para hablar por teléfono, ni de lado a lado para hablar con tu colega de la otra punta, ni para sacar el tabaco, ni para fuego, ni para saludar al cuñado de tu cuñado, ni para preguntar el horario de los autobuses de vuelta, ni tantas cosas más. Eso sí, solo pido que los próximos puros no sean tan humeantes, que luego salen las mulillas que no tienen fuerzas ni para ir al toro y van a paso cangrejo, mientras el paisanaje, una vez que ya sabía que el autobús esperaba, se desgañitaba pidiendo el despojo para Carretero. Y siendo el último ua no había tiempo ni ganas para nada, ni para protestar, ni para establecer animada charla con los señores agentes de la autoridad a los que el señor casas, don Simón I el Innovador, anima a que visiten y se interesen por los aficionados disparatados ante sus atropellos. Aunque a mi me ronda desde hace tiempo una duda y es ¿los guardias sacan abono o van de gañote a los toros?

PD.: Espero y deseo la pronta y plena recuperación del novillero Pablo Aguado, que fue cogido de tan mala manera y que tanto intranquilizó a los asistentes a la novillada. Para él y los suyos, un cordial saludo




Enlace programa Tendido de Sol del 26 de marzo de 2017:

miércoles, 8 de marzo de 2017

Un elefante en una cacharrería, ¿quién es?


Que ya han salido los carteles de la feria de Madrid. ¿Pueden aguantarse el entusiasmo?




Seguro que ustedes se acuerdan de aquellos días en los que monsieur Casas, don Simón, nos prometía un futuro rosa, luminoso, una nueva era de la fiesta de los toros en la que todas las ilusiones de los aficionados se harían presentes en la plaza de Madrid. Que parece que eso fue hace unos mil o dos mil años y que el tiempo se lo ha llevado todo por delante, con paso lento, pero inexorable, pero no, todo esto ocurrió apenas hace un par de meses y no ha habido lugar a tsunamis, ni terremotos, ni catástrofes que se llevaran aquella utopía taurina por delante, ha bastado monsieur Casas y sus maneras para ir dinamitando todo lo que parecía que podía ser, pero que parece que va dejando de ser.



La temporada no ha empezado y ya tenemos más cargada la saca de las decepciones, que el saquito de las ilusiones. De lo primero que se fue al garete fue aquello tan simple y poco comprometido de que Luis Francisco Esplá fuera el artista que decorara el ruedo venteño para la corrida del 2 de mayo. Que seguro que el maestro Esplá estaría encantado de realizar tal obra, pero claro, si una charla de medio suspiro y medio la toma una de las partes como compromiso firme, sin contar con la otra parte, que además es la responsable de llevarla a cabo, y sin precisar las condiciones y detalles, pues lo más fácil es que pase lo que ha pasado, que Esplá se ha quitado del medio, y con razón, porque viendo el percal, si se quedaba en el sitio, igual se le llevaba por delante un mercancías sin frenos, sin rumbo, sin nadie a los mandos y descarrilado.



Esto con algo que puede considerarse anecdótico, pero si entramos en lo realmente importante, la programación de festejos, la cosa resulta aún más desalentadora. Nos hablaban de corridas de toros en el verano, de la reaparición en Madrid de José Tomás, de ganaderías señeras con dos corridas, de una feria de San Isidro de postín, el fortalecimiento de la temporada de Madrid y, ¿qué tenemos? Pues que el que quiera ver una corrida de toros fuera del abono y de la extraordinaria de Beneficencia y ese nuevo invento de la “Corrida de la Cultura”, que tampoco supone una gran aportación a la plaza de Madrid, el que quiera ver toros, que no novillos, puede que solo disponga de cuatro oportunidades para hacerlo, que no sé si es aún menos de lo que montaba Taurodelta. ¿Quién nos lo iba a decir? No ha salido el toro y ya nos acordamos de los Choperitas; que tiene delito la cosa de que estos señores pudieran llegar a ser superados en lo negativo de su gestión, algo parecido a lo que ocurrió con los Lozano, que detrás vino quién les hizo buenos. Eso sí, se le ha secado la boca a monsieur Casas con lo de la corrida de la Cultura y la presencia del señor ministro, que lo mismo un día se le encontró en la cafetería del Corte Inglés, le soltó lo de presidir tan magno festejo, el otro entendió que qué corbata tan bonita, le respondió que sí, que bueno y don Simón ya se lo tomó cómo un sí. Y si no, vean lo que ha pasado con Juan Mora, que parecía que estaba ya contratado, firmado y rubricado y resulta que no había nada de nada. Quizá pensaba que esto le funcionaría, que bastaba con acorralar al torero con el anuncio de un cartel en el que él estaba incluido y que a partir de ahí, ¿cómo se iba a atrever a desdecirle? Pues muy fácil, poniendo los hechos sobre la mesa y declinando cualquier responsabilidad que se le quería imponer, pero que hasta el momento nunca admitió. ¡Ay, monsieur Casas! ¿Ve lo que tiene el tratar con gente cabal y que no se achanta? Pues que tonterías, las justas y tejemanejes, ninguno. Y ha tenido que aguantar que Juan Mora, con toda la razón del mundo y extrema educación, le llamara charlatán.



Quizá ustedes habían pensado en sacarse el abono madrileño para así poder ver a José Tomás volviendo a las Ventas, pues espérense o busquen otra excusa para ello, porque de momento… Que ya es triste que se ponga en manos de un torero prácticamente retirado, el éxito en la venta de abonos de este año, porque lo demás interesa más bien poco o nada, quitando los cuatro días de las figuras y que al público le gusta ir para que le vean y porque allí el bocata y los yintonis saben mejor. Anda que no fardan en la oficina, en el club de paddel o en la Peña Espuma de Mar y oro, enseñando la entrada de los toros. Y si encima se hacen un selfie con Carmen Lomana, entonces ya parten con todo. Los pobres, se creen que van partiendo el bacalao y lo van desmigollando.



¿Y qué me dicen de las dos corridas de fulano, las dos de mengano, de zutano y perengano? Pues al final, dos del celebérrimo, extraordinario, magnifico, encastadíiiisimo y güeno de verdad de la buena de Núñez del Cuvillo, que un año más afronta el reto, ¿qué digo reto? La gesta de anunciarse en dos tardes, siguiendo el modelo Taurodelta, para ver si consigue entre los doce que salgan por chiqueros juntar seis que no resulten una vergüenza, ni un insulto para el aficionado, con más de veinte toros desechados en los corrales en los reconocimientos previos. Y ya, rizando el rizo, a ver si uno solo recibe dos puyazos, ¿qué digo? A ver si entre los doce reciben un puyazo para todos. Para que luego digan que los toros no interesan y que todo es siempre lo mismo. ¿No querían emociones? Pues… pues… pues váyanse al Dragón Can, ¿no te joe? Eso sí, si ustedes tienen un hijo, un primo, un vecino, un conocido o el novio de la chica que es o aspira a novillero, cómo no le vean anunciado este año en Madrid, pónganle una mercería, porque ya no le podrán ver jamás. Monsieur Casas va a montar novilladas a tutiplén, los viernes estivales, los sábados, en el ruedo, en los pasillos, en el metro, en el andén de la línea 5, en el de la línea 2, en la estación de Sol, en Príncipe Pío, en Torre Arias; ni una parada sin novilladas. Y no me digan más, porque cómo las bautice como ciclo 8 Naciones, ciclo de encastes minoritarios o Camino a las Ventas, entonces le pido que le pongan una calle a Choperita padre, Choperita hijo y al señor Matilla y acto seguido enfilo al Viaducto, a ver si desde las alturas rompo la calle Segovia con la cabeza. Y esto sin haber empezado la temporada. Que va a resultar que lo del “agte”, la “cultura”, lo “agtístico” y esas cosas que tanto repite, van a ser ideas más vacías que el pantano de Entrepeñas después del trasvase. Eso sí, de lo de volver a abrir el Batán, ni una palabra, así que esa no será una promesa incumplida, simplemente quedará cómo una costumbre, una tradición definitivamente desaparecida. Que yo pedía calma y que esperáramos a ver cómo evolucionaba don Simón, y ya está evolucionando, dando unos dolores de cabeza tremendos al aficionado y esperando que la resaca sea lo más llevadera posible. Que viendo como discurre todo esto, quizá sería bueno que le diera por quitar el burladero que hay entre el 4 y el 5, a ver si se repite lo ocurrido hace ya… Hace tanto. Pero de momento, mientras la Comunidad de Madrid, responsable y propietaria de la Plaza de Madrid, no diga nada, oiremos el estropicio y diremos eso de que anda como un elefante en una cacharrería, ¿quién es?


lunes, 21 de noviembre de 2016

Monsieur Casas, ¿lobo con piel de cordero?

El toro, el toro, el toro... a ver si don Simón se olvida de lo de los Encastes Minoritarios y recuperamos la variedad de estos y los que mal llamaron minoritarios vuelven a ser la base de nuestra Fiesta


Que nos lo queríamos perder. Invitan al señor Casas a una tertulia de esas de abolengo, en la que se supone que le van a poner las peras al cuarto, que algunos incluso hasta le avisaron de sus intenciones con una pancarta en las Ventas, iba a terreno hostil, al menos a priori, y llega el señor productor y poco menos que se los mete en el bolsillo. Si hasta le reían las gracias. Pero bueno, cada uno puede reírse de lo que le dé la gana y nadie, y yo mucho menos, somos nadie para decir si ahora te ríes o si ahora lloras. Mucho mejor reír, desde luego. La cuestión es saber si la idea del orante y los oyentes coinciden, sin tener que estar de acuerdo, por supuesto, pero que al menos haya un punto de partida, unos conceptos básicos en los que haya una mínima coincidencia. Ahí quizá pueda originarse el conflicto, si es que este se llega a dar.

Se le oye decir al señor Casas que para él el toro es principal protagonista, se le escucha defender al toro por encima de todo y se adivina esa intención de que este se haga presente en la temporada madrileña. Pero, ¿qué entiende don Simón por lo que debe ser el toro? Que no olvidemos de dónde venimos todos, él y la afición de Madrid, que estamos hartos y asqueados de esas peroratas alabando al toro más encastado que nunca, al más bravo de la historia y al que más embiste desde que el mundo es mundo. Qué maravilla, ¿no? Pues no, si a lo que nos referimos es a lo de Daniel Ruiz, Garcigrande, Victoriano del Río los días de figuras, Núñez del Cuvillo y ese largo etcétera de hierros que todos tenemos en la cabeza y que como una condena, van casi siempre unidos a los nombres de esas figuras que con tanto primor están enterrando esto que llamamos Fiesta de los Toros.

Algo parecido ocurre con los matadores y lo que el señor Casas entienda por grandes carteles, a los que por otro lado pretende poner otros precios, más caros, claro que sí. Figuras que en muchísimos casos, por no decir en casi su inmensa mayoría, han subido a los altares de la mano de la prensa y de esos triunfos de bazar chino en las tardes de entusiasmo desmedido, a veces solo explicable por esos ríos de calimocho que fluyen en los autobuses de paisanos y partidarios de los toreros. Imagínense que deciden que me cobran cuatro pesetas más por un cartel con El Juli, Perera y Roca Rey. Para habernos “matao”. Si lo que a muchos les gustaría, si les dieran a elegir, es que ninguno de los tres vuelva a asomar por la plaza de Madrid mientras no se anuncien con toros; y para más inri, ¿me lo cobran más caro? Esto es de locos.

La rumorología viene contando desde hace tiempo que ya se tienen compradas no sé cuántas de Miura, Victorino de todos los hierros duros, pero duros de verdad, para dar gusto a la “majísima” afición capitalina. Por ahí vamos bien, pero que no me cuente que las van a matar primeras figuras, que al final será Ureña, Urdiales y cuatro más, que son los que las han matado siempre y a veces con suma dignidad, ofreciendo toreo del bueno y hasta cosechando valiosos triunfos. Que yo, personalmente casi prefiero que esto siga así, pero por figuras nos vienen los Ponce, Juli, Manzanares, Morante, Castella, Perera y los “emergentes” que tanto ilusionan a muchos. Eso sí, no se preocupen ustedes, que si piden explicaciones, se las van a dar, ya sea en nombre del arte de la tauromaquia, del arte sublime, de la personalidad de los artistas o de la artistología exuberante y si no, pues lo mismo se llevan gratis un corte de mangas, con arte, por supuesto.

Hemos pasado de enseñar los dientes a una sombra a ofrecer el cuello a quien ni tiene sombra, ni se refleja en ningún espejo, porque realmente es único, afortunadamente. Y es que esto es lo que tienen el ya empresario de la plaza de Madrid, que te habla, te habla, te habla y al final se le acaban entregando los auditorios y solo los muy bichos no pueden olvidar aquello de que a los aficionados hay que echarles de la Fiesta, aunque ahora se derrita en halagos a la afición de la capital mundial de la tauromaquia; de aquellas palabras tan ofensivas como cobardes en las que tiraba contra Joaquín Vidal, ejemplo para esa afición de Madrid, y al que, una vez que ya no estaba entre nosotros, se atrevió a tirarle dardos envenenados con el rencor que nace de la envidia y la mediocridad. Son cosas difíciles de olvidar, aunque ahora parece ser que quiere convencernos de otra cosa y que reflexionemos: Monsieur Casas, ¿lobo con piel de cordero?


Enlace programa Tendido de Sol del 20 de noviembre de 2016:


lunes, 17 de octubre de 2016

Ya no nos quieren, Manolito

A alguno le ha saltado todo por los aires y no precisamente por asomarse al balcón


¿Se imaginan a Napoleón Bonaparte recogiendo sus carpetas, sus uniformes, sus condecoraciones, sus pantuflas y su bata de paño para dirigirse a Santa Elena? ¿O a esos reyes que de la noche a la mañana casi solo pudieron coger el cepillo de dientes camino del exilio, mientras los revolucionarios de turno proclamaban repúblicas y abatían monarquías?  ¿Y a ese entrenador que con el equipo último de la tabla, se ve obligado a marchar y no le dejan llevarse ni el chándal, ni las chanclas para la ducha, porque llevan el escudo del equipo? Dramas incomparables con lo vivido por un padre, un hijo y un señor con gafas, que de golpe entendieron el significado de la “toma de la Bastilla”.Han sido instantes dramáticos, trágicos, diría yo, los que han protagonizado Choperita papá y Choperita hijo, escoltando al jefe Matilla. Si estaba todo hecho, todo atado y bien atado y ¡zas! Hocicazo contra el terrazo made in Porcelanosa de las Ventas.  Se quiso ser discreto, pero siempre existe una rendija por la que alguien ve lo que se supone que nadie debería ver. Yo conocí al que sabía de la existencia de una y que me contó con pelos y señales lo que vio a su través. ¡Estremecedor!

El jefe:             Niño, date prisa, que todavía nos pilla el francés a mitad de mudanza.

El Niño:           Papa, ¿va a venir el tío Simón? ¿No le esperamos?

Il consigliere:   Este niño es...

El jefe:            Antonio, déjalo ahí, que él no tiene la culpa

Il consigliere:  No, si culpa no tiene, pero es que...

El jefe:            He dicho que lo dejes

El Niño:          ¿Y por qué él lo puede dejar y yo no? Papa

El jefe:            A ti te he dicho que deprisa y no rechistes.

El Niño:          ¡Jo! No entiendo nada, Yo a correr y el tío Antonio a dejarlo y encima no esperamos al tío Simón, que seguro que me trae alguna sorpresa

Il consigliere:   De eso no me cabe la menor duda, una sorpresa y grande es la que nos ha dado el muy h...

El Niño:          ¿Síii? Yo quiero ver la sorpresa, ¿Qué es? ¿Qué es?

El jefe:            ¡Niño!

EL Niño:         Vale, vale, ya me doy prisa, solo quería saber cuál era la sorpresa. ¿Es de comer? ¿Es de ponerse? ¿Es de...

El jefe:            ¡Es de leches...

Il consigliere:   ¡Calma! ¡Calma! Se supone que el niño no tiene culpa.

El jefe:            Sigamos y punto, cada uno a lo suyo


Se hizo el silencio en la estancia, pero no duró mucho tiempo, más bien no duró ni dos suspiros y un cuarto.

El Niño:          Papa

El jefe:            ¿Qué quieres ahora?

El Niño:          ¿Qué hago con la invitación a mi cumple del tío Simón?

Il consigliere:  ¡Hombre! Si hasta iba a ir al cumple del...

El jefe:            La tiras, la rompes, te la comes, haz lo que te salga de los...

El Niño:          Vale, vale, ya me callo.

De nuevo el silencio más que efímero

El Niño:          ¿Entonces...

El jefe:            Entonces, ¿qué?

El Niño:          Que si no le invito a mi cumple, igual se enfada y yo no quiero que se enfade conmigo el tío Simón.

El jefe:            El tío Simón ya no es tu tío, ¿te enteras?

El Niño:          ¿Se ha divorciado? ¿Nos hemos divorciado nosotros?

Il consigliere:  De alguna manera sí, el tío Simón se ha portado mal y ya no somos amigos, porque el tío Simón nos ha dado bien por...

El jefe:            Aquí no se ha divorciado nadie, ya no es tío de nadie y se acabó

El Niño:          ¿Y se puede dejar de ser tío? Tío Antonio, tú no vas a dejar de ser tío, ¿verdad?

Il consigliere:  No, claro que no, ¿cómo iba a dejar yo de ser tío?

El jefe:            ¿Podemos dejar los parentescos y acabar de recoger todo? Veo que todavía nos pilla con todo manga por hombro.

EL Niño:         Entonces, si ya no es tío, ¿ya no va a volver a venir a sentarse con nosotros?

Il consigliere:  Somos nosotros los que ya no nos vamos a venir a sentar más, nos vamos, nos han echado, el tío Simón nos la ha jugado y nos ha echado.

El Niño:          ¿Adónde nos ha echado?

Il consigliere:  A la rúe

El Jefe:            A la p...

Il consigliere:   A la calle, niño, a la calle, ya no quiere ser nuestro amigo, ahora es amigo de un señor que tiene barcos y aviones.

El Niño:           Bueno, pues si no quiere ser nuestro amigo, da igual, porque nosotros somos amigos del señor del sombrero, ese que habla raro y que tiene de todo, de todo, más que el amigo del tío Simón, el de los barcos y aviones... y seguro que también autobuses...y coches... y trenes... y...

El jefe:            ¿Quieres darte prisa?

Il consigliere:  Te juro que no sé si voy a poder aguantar mucho más, o le callas tú o me tiro a los cabestros

El Niño:          No puedes, jajajaja, no puedes, se los ha llevado Florito a su casita de invierno, para que estén calen...

EL jefe:           ¡Basta!

El Niño:          Vale, vale, ya me callo.

Il consigliere:  Gracias

El Niño:          Entonces, ¿ya no vendremos en San Isidro?

El jefe:            ¡No!

El Niño:          ¿Y si el tío Simón, perdón, el que era el tío Simón nos regala unos abonos?

Il consigliere:   No los toques, que pueden estar envenenados con cicuta

El Niño:          ¿Envenenados? ¡Qué malo! Pero sí que podremos ver la feria por la tele, porque seguro que el tío Manolo nos deja que enchufemos la tele al camión de la tele que ponen ahí fuera

El jefe:            El tío Manolo tampoco es tío, el tío Manolo es amigo del tío Simón

A lo lejos se oía un rumor, una voz entre alegre, indescifrable y escupiendo palabrejas indescifrables, que provocaron una fúnebre palidez en los presentes, excepto en el Niño, que no pudo evitar la sorpresa.

Simón:             Bonjour, hola, hola, hola, vengo a ofgesegos bgindag conmigo con shampán, pog el futugo y pog nuesstga etegna amistad, pogque pog ensima de todo está la amistaz y la familia; ven aquí, Manolito, con el tío Simón

El Niño:          ¿Pero no era que el tío Simón ya no es tío?

Il consigliere:   Anda que no tiene tíos el pájaro.

El jefe:            Sí, muchos tíos, pero solo un padre y ese soy yo... para mi suerte y tú desaparece

El Niño:           Pero... ahora tengo menos tíos que hace un rato y encima tengo que recoger para irnos de aquí y encima no me van a dejar entrar en San Isidro y encima...

El jefe:             Sí, Manolito, sí, encima, encima, encima y otro encima, porque, ¿sabes una cosa? Que nos han dado la patada el tío Simón, el del sombrero, el tío Antonio a no mucho tardar y hasta los azulejos de las Ventas, porque aquí ya no nos quieren, Manolito.


Enlace programa Tendido de Sol del 16 de octubre de 2016:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-16-octubre-de-audios-mp3_rf_13342950_1.html