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viernes, 19 de junio de 2026

Esa diversión solo provoca pena

Aquella tarde en la que la conmoción se llevó por delante cualquier tipo de vacía diversión.


En esto de los toros hace tiempo que se creó una deriva al menos un tanto cuestionable y que nos está llevando adónde quizá no podíamos imaginar y que, desde luego, no deseábamos. Que empezamos con aquello del arte, todo es arte, un trapazo, un banderazo, hacer el paseíllo medio compungido, el vender almendras por los tendidos, arte, arte y más arte. Que arte de verdad es formular tal afirmación y aguantarse la risa y no ponerse colorado. Que ya me dirán si se les puede llamar artistas a los que hasta en los andares parecen ir sorteando caballones en un sembrado. Que veneno ese de querer ensalzar lo censurable. Pero es que ahora ha llegado la moda de la diversión, que hasta mente preclaras se atreven a decir que tal plaza es la más aburrida del mundo ¡Anda valiente! ¡Anda y anda y no pares! Pero eso que podría encerrar buenas intenciones, que no, lo que nos quiere decir con esa autoridad que ellos mismos se atribuyen, cómo es eso de divertirse en una plaza de toros, por ejemplo la de Madrid. Que para divertirse no hay que tener ni al toro, ni al quehacer del torero, que si nos entretenemos en eso, igual no nos divertimos; siempre de acuerdo a esos parámetros de las mentes preclaras, aunque igual sería más exacto llamarles mentes interesadas o estómagos agradecidos. Y cuidadín, que si usted, usted o usted no se divierte viendo cortar despojos, viendo a un señor ejecutando un desgarbado baile meneando telas, es que usted es un malage, un “amargao”, un “frustrao” o un antitaurino, que esta ya es la máxima categoría. Bueno, no, lo máximo es que te digan que eres un mal español. Que, ¿qué tiene que ver esto? Pues no lo sé y si ustedes lo averiguan, por favor, ilústrenme.

Que eso de divertirse es algo muy sano y que hay que practicar todo lo que el cuerpo aguante. Que uno se ha divertido como nadie en las fiestas del pueblo, en los Moros y Cristianos, en las reuniones con los amigos, en el gusano loco en el parque de atracciones, en las fiestas de Nochevieja, en las comidas y celebraciones con la familia, intercambiando anécdotas con los amigos, como aquella vez que paseando por la plaza de Santa Ana se paró un coche a nuestro lado, bajaron la ventanilla y de un coche lleno de toreros uno de ellos nos pidió un cigarro. Incluso a la salida de los toros cuando un grupito de amiguetes nos íbamos a empezar la noche. Que hasta de los toros ha brotado la diversión, pero en la plaza, en los toros... Ustedes me perdonarán.

Que igual en los toros no he encontrado momentos de diversión, pero, momentos inolvidables, todos y aún más. Y precisamente momentos en los que no se dejaba de lado la exigencia, el respeto al rito, el respeto a quién a nuestro lado nos enseñó a sentir esto como algo mucho más enriquecedor que la simple diversión. Eso es, la simple diversión, que poca ambición, con qué poquito se conforman los pobres, que con un barreño de alcoholazo y un despojo ya van listos para casita. Y mientras unos se divierten, otros solo podemos sentir pena, la pena de ver como un lugar, la plaza y el sentimiento de esta afición, se reduce a la nada más primaria. Y no intenten explicárselo, porque nunca lo entenderán, quizá porque lo primero que no entienden es la propia fiesta de los toros. Que no digo entender de toros, que eso lleva tiempo y quizá nunca se llega, pero sí entender de qué va esto. Porque resulta un imposible explicarle a algunos el que en una plaza de toros haya momentos en los que se te hace un nudo en el corazón y por mucho tiempo que pase, ese nudo nunca se libera. Momentos que años después la memoria hace que volvamos a aquella tarde, a aquel instante de inspiración en el que el arte o el poder domeñaban la casta y la fiereza, en ese momento compartido con quién hace años que ya no está a tu lado abriéndote los ojos para entender el misterio del toro, pero que cada vez que se entra por la puerta, cada vez que llegas a tu sitio, el de siempre, sigue a tu lado, en la plaza y en cada conversación en que salta el toro al ruedo de una tertulia ¿Divertido? Pues... Allá cada uno. Y ahora, con tanta diversión, tanta alegría, tanta celebración, uno ve como toda esta algarabía solo parece querer borrar esos momentos de conmoción y siente pena, una pena muy honda, tan profunda que parece querer enterrar esos nudos que atenazaron el corazón.

Explícales a estos divertidos, a estos que no faltan como poco dos veces al año a los toros, a estos que te hablan de los cuatro tercios de la lidia, a los que cuentan su arte por arrobas de despojos, que eso no es divertido. Ni lo intenten, porque además se atreverán a volverse y echarles en cara que su ídolo ha despojado a un borrego, un borrego al que usted prestó toda su atención desde que asomó en la arena y ellos solo desde que asomó el trapo rojo para pasárselo por el culo. Que a ver si eso va a ser lo divertido, pero... que no, si es que esto es como al que no le gusta el gazpacho, que por mucho que se lo metan con un embudo, que no, que no hay manera. Y como para contarles, y pretender que lo entiendan, que esa diversión solo provoca pena.


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martes, 5 de agosto de 2025

Si se siente excluido de una plaza, igual no es por su persona o por su origen

Cada vez Madrid es menos Madrid, pero de momento, intentemos que no se pierda completamente en el recuerdo


Llevamos años, décadas, hablando de los autobuseros, sobre todo en la plaza de Madrid. Algo que incomoda a los que reciben y a los que deben ser recibidos. Estos lo sienten casi como una actitud xenófoba, que en la capital no quieren a los de los pueblos, los de la capital son unos clasistas, unos excluyentes, que además se creen los más listos del mundo. Bueno, vaya por delante que quién piensa eso de un lugar como Madrid, evidentemente no se ha enterado de lo que es esta bendita ciudad que en su día acogió, y sigue acogiendo, a todo el que decide venir al frío y al calor de este poblachón manchego, el pueblo más grande del mundo, decían. Un Madrid que acogió a tantos y tantos que buscaban un futuro mejor y como dice el chotis, si vienes a Madrid, te casarás aquí y tus hijos, los que nacimos de esos matrimonios, seremos de Madrid. Y Ya les digo yo que una representación muy fiable de esto que digo es la plaza de Madrid. La afición e Madrid se ha alimentado de gentes de todas partes. Nacidos dónde el azar decidió, en las provincias de alrededor, en Castilla y León, La Mancha, Extremadura, Andalucía... y no sigo, porque tendría que nombrar a toda España. Pero claro, como sucede en las Ventas, aquí no sobra nadie. En la plaza de Madrid no sobra nadie, ni los que vienen de fuera por curiosidad, ni los que vienen por el paisano, ni los que simplemente son partidarios, ni los que llevan un pancartón, un pañuelico al cuello con el nombre de la peña que les traslada, ni tan siquiera los japoneses que se acercan a conocer algo tan de aquí como los toros en las Ventas. Pero claro, repito que igual esto no es del todo entendido, quizá porque el que viene de fuera pretende que los de aquí adoptemos y nos sumemos a su juerga. Que ellos no sobran, nada más lejos, lo que sobra de todo punto en muchos casos son ciertas actitudes, no las personas. Que si lo llevamos al absurdo, siempre tan recurrente para ver con más claridad la realidad, imaginemos que nos invitan a una boda. Desde el momento en que nos invitan es porque quieren que acompañemos a los protagonistas en un momento tan especial. Entonces, no sobramos, estamos invitados. Pero claro, si en nuestro pueblo, en nuestro barrio o en nuestra calle es costumbre el quitarle la ropa interior a los novios, ponerse esta a modo de cofia y pasársela entre los invitados, el ponerse a cantar que baile la coja porque la madrina renquea de una pierna o una copita más para el padrino cuando ya no se sujeta en pie de tanto celebrar, pues igual hay a quién no le parezca bien. Pero claro, es que es lo que hacemos en las bodas en... Pues no, lo que sobre no son los impertinentes, que lo son y a los que se quería tener presentes ese día, lo que sobran son sus actitudes; actitudes aplaudidas allí, pero no aquí.

Pretender que la plaza de Madrid saque los pañuelos como un solo espíritu después de que el paisano no haya parado de bailar y haya arreado un bajonazo, por mucho que sea de Villamorreras del Conde, que sea muy querido entre los suyos, pues es mucho pretender, quizá demasiado. Que luego llegarán las fiestas del patrón y no le cabrán los despojos en el esportón, pero eso allí, no en otros lugares. Que sí, que igual es que en Madrid somos muy secos, tremendamente raros porque no aguantamos el pico, las carreras y los bajonazos, que nada nos vale si no hay toro, el toro que a nosotros nos gusta, pues sí, somos una panda de aburridos, pero aquí, en la plaza junto al metro de Ventas ¡Qué se le va a hacer! Que por no tener, no tenemos, ni queremos tener, músicas durante la lidia. Que dicen que eso alegra mucho, pero entre el alegrar y el dolor de cabeza, preferimos evitar esto último. Pero no vayan a pensar que esto va en una única dirección, porque tampoco me parece pertinentes esas actitudes de supuestos aficionados de Madrid, que parecen que quieren ir abriendo franquicias de las Ventas por todas partes del mundo mundial. Que ven una plaza cuadrada y la quieren redonda. Que ven un ruedo chico y ya están presentando proyectos de ampliación, que sí, que los habemos que los ruedos chicos nos cuestan, pero es tan sencillo como o no ir o aguantarse, mientras el de las Ventas no lo hagan más chiquito. Que parece todo muy complicado, pero es más sencillo de lo que parece y no hay tomarse las cosas por lo personal, aunque esto sea lo más habitual. Que en Madrid no sobra nadie, ni el 7, que tanto importuna a muchos de los que nos visitan. Que quizá en su plaza no haya un 7, pues perfecto, que sigan así, pero en Madrid está y no queremos que desaparezca, unas veces para coincidir con ellos, otras para echar pestes y hasta otras para estar en acuerdo y desacuerdo a la vez, porque ni el 7 es un monolito de pensamiento único. Que los hay que hasta se molestan porque unos van en pantalones cortos y no con levita, como en su lugar de procedencia. Así que no hay que darle tantas vueltas a las cosas, no hay que personalizar tanto, no hay que pretender que todos idolatren al paisano y si no es así y esto les incomoda, ya saben, si se siente excluido de una plaza, igual no es por su persona o por su origen.


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lunes, 6 de mayo de 2024

Tanto esperar, tanto esperar y… acabó lloviendo

Unas veces nos quieren hacer confundir los kilos con el trapío y otras la poca caja de lo de Buendía con el toro sin trapío y sin presencia, como si nunca hubiéramos visto un toro de esta sangre pequeñito, eso sí, pero no una seriedad que asustaba al miedo. Que no todo vale.


A veces la espera alimenta la ilusión más allá de los límites recomendables y lógicos, acabando todo en un chasco de dos palmos de narices. Algunos esperábamos la novillada de los Maños con ganas de ver a esos encastaditos de Buendía poniendo las peras al cuarto a los de coletas postizas y torería impostada. Pues no, no fue el día; que seguro que los unos y los otros han ido recogiendo triunfos a espuerta, y los que les quedan, pero en la previa a la feria no se dio el caso. No hubo ni asomo, ni una falsa ilusión que nos pudiera llevar a creer que allí iba a poder suceder algo de enjundia. Dos veces echaron para atrás los toros de este hierro y nos quedamos con las ganas. Pues bien, a ver si de novillos… Pero nada. Que uno recordaba manifestaciones procedentes de todas partes reivindicando esta ganadería. El criador nos quería hacer tragar con ruedas de molino eso de sus toros eran así y así los quería. Escuchamos indignados arremeter contra Madrid, como si hubiera un veto orquestado contra esta vacada, tildándonos de tiranos taurinos, de ignorantes, de prepotentes y yo que sé de cuántas cosas más. Pues nada, nos vino la de los Maños y esta no pasó ninguno de los exámenes que se supone que debe superar una corrida, en este caso de novillos. Que uno ya está cansado de escuchar eso de que lo de Buendía no tiene caja, como si creyeran que nos descubren algo que no se supiera. Claro que no, porque esto es así, y no confundir e incluir a todo lo de Santa Coloma, porque entonces podríamos estarnos metiendo en un buen jardín. Pero claro, tampoco podemos caer en el error de confundir lo chico con la seriedad, lo mismo que los kilos no significan trapío, nada más lejos. A lo de los Maños les faltó seriedad, toda, y más para salir a la plaza de Madrid. Que los de Bucaré, Chopera o los originales de Buendía no eran elefantes, no nos quieran confundir. Primer examen suspenso, pero vayamos a la segunda parte. Que uno recuerda lo mismo de esta sangre y se le vienen a la memoria aquellos toritos que salían y si no se les hacían las cosas bien, ¡ojito! Que los buenos, si los de luces no estaban en lo que tenían que estar, se convertían en imposibles, porque todo se lo guardaban en sus adentros. Pero no, lo de los Maños fue una mansada descastada que huían del caballo al notar el aliento del palo, que buscaban terrenos cómodos dónde esperaban que no hubiera señores con un trapo rosa, que no se les picó apenas y que descargaban toda su ira derrotando desesperadamente contra el peto. Y para el último tercio, pues si acaso iban y venían, en la mayoría de los casos sin humillar, como mulos en la noria, aunque aquí también hay que apuntar esto en el debe de los actuantes. Y dirán que por qué tanta dureza con este hierro. Pues yo se lo explico en dos palabras, porque hay veces que cuando las cosas no salen, cuando una corrida tuya o de tu hierro emblemático no pasa, no se puede echar tanta basura sobre una plaza y una afición. Que solo ha habido que esperar y al esperar, en una sola tarde ha devenido la desesperación y más cuando se acudía a la plaza a ver algo diferente, algo ansiosamente diferente.

De los novilleros, pues muy poquito, nada, que decir. Los dos primeros Jorge Molina y Álvaro Burdiel, con ya unos pocos paseíllos en Madrid, pero no se puede venir a soltar el mismo discurso de siempre de derechazos y naturales, naturales y derechazos, allá dónde me pille, yendo detrás de los novillos, allá adónde estos quisieran transitar, mayormente a favor de su querencia. Que no se te pueden dar dos avisos en cada toro y que decidas tomar la espada después del primer toque de clarín. Que me decía un amigo que si no hay nadie en el callejón midiendo el tiempo, pero, ¿es que el espada no veía lo que tenía delante? Y todo para abusar del pico, no parar de corretear y dejarse enganchar la tela con demasiada frecuencia. Y quitando lo de los avisos, que a Burdiel solo, ¡solo! Le sonó uno por toro, poca diferencia hay entre los dos primeros. Bueno, entre los tres, porque Víctor Cerrato sigue con absurda fidelidad los mismos dictados de la modernidad, si acaso con un poco más de entusiasmo malñ entendido. Que a nada que a loas tres les achuchaban un poquito, ya estábamos perdiditos, ya se nos nublaba el entendimiento. Y a este, para colmo, algo que empieza a ser demasiado habitual, convertir la suerte suprema en un supremo show, envainado la espada en el último y queriéndose encunar, a ver si así se entusiasmaba el personal, ese que sacaba los pañuelos sin que ellos mismos supieran la razón. Bueno, sí, que al amigo, paisano, primo o lo que fuera, había que conseguir que le dieran un despojillo y luego recordárselo al cruzárselo por la calle del pueblo, barrio o “urba”. Que a Cerrato le tocó el más entretenido del festejo, un manso de libro que requería mucho mando, mucho poder, a ver si así se le clamaban esos ímpetus de huida de manso, pero no, lo único que ofreció el joven torero fue… vaya usted a saber el qué. Y así, de tanto esperar, tanto esperar y… acabó lloviendo.

 

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martes, 23 de enero de 2024

¡Vaya tropa!

Esto está a punto de empezar y ya estamos echando cosas de menos, las mismas cosas desde hace años y es que nada cambia, solo evoluciona... a peor,


Pues anda que pinta bien el panorama taurino. Que si le echamos media pensada, todo transcurre entre peleas de patio de vecinos, que si tú no tienes lo que hay que tener para… que si yo tengo eso y más… Que si el señor García Garrido está condolido porque la afición no se le ronde de hinojos, con lo que él se esfuerza. Pero claro, luego salen los rumores de lo que puede ser el próximo San Isidro y para qué más. Y aún espera que le hagamos fiestas. Que buena feria para un pueblo. Los de siempre, con el ganado de siempre, aunque parece que en casi un mes de toros en Madrid, habrá dos o tres hierros del interés de quién gusta ver el toro. Y para que nadie se llame a equívoco, a pesar de su presencia en la última feria, aquí no incluyo lo de Victorino. Que pueden salir interesantes, pero hace mucho, pero mucho, que esto dejó de simbolizar al toro que gusta de ver a lo que queda de afición venteña. Pero, ¡Vaya! Ya he caído en su trampa. Ellos quieren que nos detengamos en el detalle, en lo superficial, en lo primero que salta a la vista, si viene tal o cuál o si traen a este o al otro hierro. Pero seguimos dejando a un lado la más que lamentable e imparable degradación de la plaza. Una plaza que el señor García Garrido, que no se me ofenda, ve única y exclusivamente como un negocio, en el que solo cuentan las perras. Lo demás… Lo demás no importa. Que lleva años atropello tras atropello y seguimos enredados en si este viene cuatro tardes o el otro tres, en si al final vendrán Cuadri, Saltillo, Cebada o si se confirma lo de Miura o Baltasar Ibán. Mira que nos hemos puesto facilones. Que como buenos hijos de esta tierra, protestamos en la barra del bar, pero luego llega uno con las medias rosas, pega cuatro brincos, seis carreras y tres trapazos y ya le convertimos en nuestro campeón de la “tauromaquia”. Que ya les digo yo que el problema no es que vengan esas tres o cuatro tardes, ni mucho menos. A Madrid hay que venir siempre, pero el problema es venir siempre con lo mismo, a ver si con seis u ocho toros se cortan despojos. Pero, ¿se imaginan que vinieran con variedad en el toro, comprometidos, alternando con alguien que les pusiera las cosas complicadas? Y me dirán que así se les quitan oportunidades a los modestos. Es que para esos modestos debería haber una temporada sólida, no para salir del paso y cubrir el expediente, dónde muchos tuvieran su oportunidad real. Que Madrid no es solo la feria. Pero no, a estos modestos se les anuncia para estrellarlos y si no están como Mazzantini, ya no valen. El problema es cómo han acabado montando esto, que antes y después de las ferias, no solo la de Madrid, no hay vida.

Nada ha cambiado, bueno, algo sí, que ya tragamos con toda naturalidad el que con lo comercial vayan los comerciales, en que si algo se sale de eso llaman a los que no tienen otro camino si quieren pillar toro y pa’lante. Pero tranquilos, que siempre encontrarán al que analice la feria con pelos y señales, que si análisis de los de luces, que si análisis de las ganaderías, que si unos u otros estuvieron grandiosos en Villanueva de los Parches, que si aquel toro fue de vacas en el pueblo de al lado, que si… y así nos va. Les propongo un juego, un juego que yo jugué hace unos años. ¿Por qué no cuentan los puyazos que de dan a cada toro y luego cuentan los que se han dado en toda la feria y en especial a esos toros que luego van a premiar con placas, azulejos o bolígrafos grabados? Igual se sorprenden. Pero puyazos, no el que les vacunen contra el Covid o la glosopeda. Que ahora llamamos puyazo a cualquier raspalijón que se le de a un toro. Y puestos a jugar, apunten el peso de los toros y al lado una crucecita que diga si a pesar de los kilos los animales tienen trapío, seriedad. Y no les pido que cuenten capotazos o muletazos a ley, porque la espera se les puede hacer muy larga y lo de contar trapazos me parece inhumano y sería muy fácil perder la cuenta.

Que con todo este panorama habrá quién me diga que me calle, están en su derecho, y que esos de los tanto despotricamos llenan los tendidos. “Touché” Eso es innegable, pero claro, si yo intento hablar de toros, no me cambien la suerte poniéndose a hablar de finanzas. Que si es así, ahí yo nada tengo que decir, la economía nunca fue mi fuerte, aunque tampoco lo pretendí jamás. Que es una forma de medir los éxitos de una empresa, desde luego, pero, entonces, ¿por qué nos quieren hacer creer que les interesan los toros? Aunque tranquilos, siempre les puede quedar la salida de comentar lo que digan en la tele, cátedra suprema de la tauromaquia, ideal para luego ir a la plaza y soltar cuatro palabros de los que sueltan los amos de los micrófonos. Pero ya les digo que con estos tampoco merece la pena intentar hablar de toros, ellos manejan otro idioma, ese que hay aficionados de toda la vida de Dios que no entienden. Que igual más o menos se pueden hacer una idea, pero vamos, que es como si uno habla en castellano y el otro en portugués. Que el primero se entera de poco y el segundo pilla algo más, pero sin alardes. Y en este guirigay andamos, que unos van a lo suyo, otros se dejan engatusar y entran con decisión al trapo, mientras otros miran al cielo sin entender nada y exclamando eso tan de aquí que se puede aplicar a cualquiera: ¡vaya tropa!

 

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lunes, 10 de julio de 2023

Vociferar el destoreo

Torear es mucho más que pegar alaridos delante del toro y si para esto ha habido que esperar catorce años, podíamos haber seguido esperando.


Esto que ahora los más chic llaman tauromaquia, esto que parece definitivamente apartar a un lado eso que los clásicos llamaban los Toros, tiene unos registros indescifrables para los que no se manejan con esto de la modernidad. Que habíamos visto muchas maneras de intentar cortar despojos en una plaza y que ahora no nos vamos a poner a enumerarlos, porque, ¿para qué tanto padecer? Pero en la tarde veraniega de las Ventas ha aparecido algo que algunos no habíamos vivido a los niveles a los que lo ha llevado Calita, diestro mexicano que en esta tórrida tarde se ha presentado a confirmar la alternativa casi catorce años después de que se doctorara en su país. Eso, que las prisas no son buenas para nada, aunque tampoco hay que dormirse. Y esos niveles elevados a las nubes no se crean que ha sido de valor, conocimiento de las suertes, la lidia o tan siquiera variedad en quite, lo que ha reventado han sido los decibelios. ¡Qué voces! Cuánto gritar y lo que es peor, “pa na”; bueno, sí, para enardecer a los partidarios, que los debía haber y a su vez, vociferando aquí y allá, para tapar el profundo y vulgar destoreo que ha practicado desde el primer instante. Pero ya les digo que con todo lo que ha berreado, que ha sido mucho, se ha quedado corto para tapar tanta mediocridad y tanto teatro. Que habrá quién se moleste porque se hable así de un torero supuestamente modesto, que exigirá respeto hacia el hombre que se viste de luces, pero, ¿y ese respeto que él debe lo primero al vestido de torear, al toreo, al que paga y al toro? Porque todo eso lo ha arrastrado por la arena de Madrid.

Una corrida de Román Sorando impecablemente presentada, con comportamiento dispar, pero que ha mantenido la atención del público, incluso con las voces que podían despistar, pero no. De salida todos parecían querer enterarse lo que pasaba allí, querían enterarse de qué iba aquello en el que un señor berreaba y los otros dos hacían lo que podían. El primero metía la cara ya en los primeros encuentros con el capote, manejado por un Calita que no paraba quieto. Peleó con fijeza en el peto, aunque curiosamente se dolió en banderillas. En el último tercio continuó queriendo coger los engaños y a veces hasta los cogía, por impericia de Calita, que estaba a otras cosas, quizá a pedir una oportunidad en un coro de variettes. Muletazos levantando la mano, trapazos sin asomo de temple y mucho menos de mando, empezando a dar la sensación de que el toro se le iba. Con la zurda, a lo más que llegaba era a echárselo para fuera con los consabidos enganchones. Y enseguida, pues a darlos de uno en uno y a meterse entre los cuernos, eso que gusta tanto en las plazas de carros y que alguno que otro, quizá amigo, aplaudía con entusiasmo. Cobró una entera contraria y los fieles decidieron sacar los pañuelos y berrear, que será el sello de la casa Calita, haga lo que haga, grite. Que el maestro no esperó ni a que alguien le agradeciera la labor con palmas, ni mucho menos, salió a cuerpo gentil y se dio un garbeo por el ruedo. Que no había corrido lo suficiente recolocándose permanentemente en su toro, que aún quería estirar un ratito las piernas. En su segundo, otro torazo que de salida se emplazó esperando a que alguien le diera las buenas tardes, mientras ya se entretenía en escarbar, quizá buscando unos tapones para los oídos, por lo que se le pudiera avecinar. Mal y poco picado, cabeceó en el peto y siguió escarbando, pero no cuando se trataba de ir al caballo. Luego se dolió en banderillas y ya en el último tercio, los tapones, ¿dónde estarían los dichosos tapones. Inició Calita el vociferío por el pitón derecho, siempre con el pico y con demasiadas prisas, levantando la mano entre grito y grito, un desarme muy gritado, trallazos y más trallazos y de nuevo berridos, perdón, trapazos de uno en uno, al más puro estilo talanquero, carreras, pico, sin rematar jamás de los jamases, para acabar metido entre los cuernos, que imagínense lo que habrá sido para el pobre animal de Román Sorando, que además de trapacearte con eximia vulgaridad, te peguen de voces en las orejas. Un solemne bajonazo y allá que se fue el gran Calita, a pegarse otra vuelta por su cuenta, con pamema incluida de coger un puñado de tierra de Madrid para besarla, mientras los habituales de las Ventas se tiraban de los pelos ante semejante descaro y… Bueno, que luego hay quién se me molesta porque no alabamos a los supuestos toreros modestos, pero si no volviera por aquí, seguro que entre unos cuantos le mandamos un trailer con arena de las Ventas y cuando haya acabado de besuquearla toda todita, allá para el veinticinco aniversario de su confirmación, pues que vuelva a por otro cargamento. Y de regalo, yemas de Santa Teresa, anchoas, miel y limón, porque esa voz hay que cuidarla. Lo de torear… a san Judas, patrón de los imposibles.

Volvía a Madrid un torero que en otro tiempo hasta actuaba en la feria de mayo, Joaquín Galdós. A su primero le recibió con lentitud, pero si torear. Mal picado, muy mal picado, no quería caballo, que o bien cabeceaba o hacía intentos de querer marcharse, repuchándose sin rubor. Parecía que el trasteo podía empezar con bien, por abajo, un trincherazo con cierto gusto, pero hasta ahí duró la ilusión. Toreo deslavazado, intentando acoplarse para no acoplarse, pico, tirando líneas, para proseguir más merodeando que intentando torear, a ver si cazaba un muletazo, recolocándose constantemente, trapazos de uno en uno, anodino y si además no gritaba, ¿cómo nadie se iba a entusiasmar? Que así no hay manera, o gritas o nada. Su segundo salió suelto y buscando su querencia hacia toriles, plantándose en terrenos del cuatro. No se le picó, si acaso… es que ni regañarle. Defendiéndose en banderillas y claramente tirando para tablas, pero aún así, con toreo hasta parecía ofrecer posibilidades para el espada. Pero un capote inoportuno le estrelló contra un burladero y ahí el toro ya fue otro, de lo que podía haber sido, nada, parándosele demasiado pronto, mientras Galdós intentaba acoplarse y acoplarse, ver si así, si por aquí, pero el peruano no ve nada, muy fuera de todo. Demasiado apático, anodino y sin recurso alguno y esto ya no era cuestión de gritar, para lo que también hay que tener ánimo y Galdós, mucho no parece tener.

De nuevo David de Miranda, un torero tratado injustamente en los últimos tiempos y que tenía a la plaza muy a favor, quizá deseando empujarle para volver a ver a aquel que antes de la pandemia triunfó en esta plaza. Tarde irregular la del onubense, sin acabar de llegar. Recibió a sus dos toros manejando el capote con mucha eficacia, sujetándolos y fijándolos, evitando esas carreras y capotazos que hacen más mal que bien. Desafortunado después en la lidia, no cuidando el poner el toro en suerte en el caballo. Poco castigo en su primero, que esperaba un tanto en banderillas. Se le quedó corto muy pronto en el último tercio y de Miranda tiró de repertorio entre los pitones, con muletazos de uno en uno que decían más bien nada. El mulo ya no daba un paso y el espada insistía en el arrimón ante un marmolillo que no tenía ya nada. En su segundo, el sexto que cerraba la tarde, de nuevo eficaz en el recibo, pero no muy vistoso. En el caballo hubo que ponerlo muy de cerca, empujaba mientras le tapaban la salida y con fijeza, pero al final se marchó suelto. En el segundo tercio esperaba y hacía hilo con los banderilleros. Lo citó desde los medios pasándoselo por la espalda, por delante, muy quieto, pero como alguien le gritó, porque aquí ya grita todo el mundo, que ahora a torear. Y hubo tandas y más tandas, pero sin rematar ningún muletazo atrás, con la izquierda tirando con la uve de la pañosa, para acabar de nuevo entre los cuernos. El toro seguía el engaño, pero ese no rematar y en consecuencia ligar hacían que diera la sensación de que el toro se estaba yendo sin torear. Será el toreo moderno, medios pases, sin profundidad, alargando demasiado el trasteo, para cerrar con unas manoletinas sin moverse y solo para adelante, que ya parecían fuera de guion. Decidió darse una vuelta al ruedo, excesiva y sin venir a cuento, sobre todo si echamos cuentas del toro. Pero más de uno salió de la plaza, aparte de la presencia y variado comportamiento de lo de Román Sorando, que ahora viene una nueva moda de allende los mares o incluso desde mucho más cerca y es que para llegar al respetable, aparte de otras muchas barbaridades modernistas hay que vociferar el destoreo.

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miércoles, 5 de julio de 2023

Un mercedes blanco en la feria del “ganao”… de Madrid

Dicen que no hay toros para Madrid, pero... y si lo que no hay son toreros que puedan de verdad con el toro, con el que sí que sale en otras plazas.


Solo los que ya tengan una edad considerable, y más que considerable, recordarán una cosa que se celebraba en la casa de campo de Madrid y que congregaba por unos días a todo el mundo mundial, La Feria del Campo. Allí lo mismo te daban café de Colombia, que caña del trópico, que embutido de Salamanca, lo que quisieras y además, no podía faltar, un gorrito rojo de cartón del Flan Chino Mandarín. Y por supuesto, como feria del campo, había ganado, gallinas e Guinea, pencos de tiro, pura sangres de paseo, vacas limusinas, charolesas, suizas, holandesas, de un tamaño espectacular, de esas que no cabían en un camión, que había que llevarlas en dos camiones. ¡Espectaculares! Que algunos añoramos aquellos días de caminar y caminar, de comer tortilla y filetes empanados y sobre todo, que éramos niños y nos llevaban nuestros padres, lo que daría por que mis padres me volvieran a llevar aunque fuera a la luna. Pero parece que otros también echan de menos esa feria y se han propuesto reverdecer aquellos laureles rurales de años pasados. Y si no se lo creen, dense un garbeito por las Ventas; no hace falta mirar mucho, vayan el día que vayan, allí nos tiene el señor García Garrido montada su particular Feria del Campo. Que muchos no saben valorar sus esfuerzos, lo que apena profundamente a este señor, que se siente un incomprendido. Con el empeño que le pone y aún…

Que ya les digo yo que aún habrá a quién no le parezca bien esta evocación al pasado muy pasado, pero ya lo decía el otro, que hay gente “pa to”. Que tampoco es algo improvisado, que aparte de ensayos en temporadas, esta ha impuesto esa permanente exposición de ganado variado, desde el mismo inicio de la temporada. Perdón, hablo de variación de ganado y ahí tengo que pedir disculpas y rectificar. Variación de hierros, porque el ganado, salvo rarísimas excepciones, es todo de lo mismo. Que en los programas de mano ya te tienen que poner a quién le hicieron una de las últimas compras, porque si ponen la procedencia real, igual le gastaban el nombre a don Juan Pedro Domecq y habría que empezar a llamarle don Pedro el del arte y los artistas. Que ya digo que esto no es casualidad, que ya empiezan a dar pistas cuando en los carteles te anuncian tres de un señor y tres de otro, cuando no son tres y tres, o los que consideren, del mismo señor. Que luego te cambian uno solo y ya tienes tres hierros; y que no devuelvan uno a los corrales, que entonces… Y si devuelven dos… la fiesta del corcho, que el del tablón que sale a mitad del ruedo se tiene que volver tarumba. Si es que tiene que tener más hierros en cartera que los altos hornos de Vizcaya.

Pero lo que el señor García Garrido no tiene muy ejercitado es eso de que rectificar es de sabios. Que la cosa, esta feria del campo venteña, va de mal en peor y él, erre que erre. Que dice que son sus asesores, pero… ¡Hombreee! Pues igual habría que cambiar de asesores y no seguir ahondando en la herida. Que unos se ofenden y se rasgan las vestiduras porque consideran que la plaza de Madrid no podía caer más bajo, pero tranquilos, que solo hay que esperar al domingo siguiente para darse cuenta de que sí, de que todo puede empeorar y de qué forma. Que esta situación a unos les indigna, a otros les deprime, a otros les hace sentirse cada vez más apartado de esto, que a otros les dan ganas de cortarse… el flequillo. Pero también los hay que se ofenden de que haya algunos que protesten y manifiesten esa indignidad. Claro, faltaría más. Esto es como la alarma de un banco, ¿a quién molesta más y hacen todo lo posible para silenciarla? Efectivamente, a los del butrón, la media en la cabeza y los que tienen el coche esperando con el motor en marcha. Pero no tengan cuidado, que podrán cenarse las Ventas, podrán beberse el mar, darle aire a los moqueros y dar vivas y más vivas, que eso sí que se puede, a precios de vergüenza, ‘pero es que el jolgorio hay que pagarlo. Que todavía habrá alguien que espere que de esta feria del ganado salga un día un toro que…, un toro así o asao, pero eso es como esperar que te toque la primitiva con un boleto caducado. Que nos vendrán con esa cantinela que ofende de que no hay toros para Madrid, aunque más bien se podría decir que no hay los toros que ellos quieren, al precio que ellos quieren o regalados, como ellos querrían, porque en Pamplona, sin ir más lejos…

Pero la realidad es que con esta gente, ni a la vuelta de la esquina. Se les llenaba la boca a unos con que si eran abonados desde… quizá desde que se celebraba la feria del Campo de Madrid, otros con que venían a revolucionar la fiesta, la “taugomaquia”, otros que si venían a defender no se sabe el qué y que nos hace pensar que ya pocas defensas va a poder soportar la plaza de Madrid. Porque hablamos de la empresa de Plaza 1, pero, a todo esto, qué tiene que decir la Comunidad de Madrid y su Centro de Asuntos Taurinos? ¿Se han mirado aunque fuera por casualidad, uno solo de los carteles programados por esta empresa? De nuevo mis disculpas, ¡qué ingenuo es servidor! Claro que los miran, los miran, los remiran y los hacen suyos. Y entre todos han conseguido ese gran logro: hundir la plaza de Madrid hasta los sótanos enfangados de la fiesta, llevándolos a límites que ni el más optimista de los antitaurinos podrían imaginar. Y mientras, como si fuera el tío Eustaquio, con su faltriquera al cinto llena de billetes y haciendo realidad el cántico de Kiko Veneno, ahí está el señor García Garrido en un mercedes blanco en la feria del “ganao”… de Madrid.

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lunes, 10 de abril de 2023

Con lo bien que se ve por la tele, ¿No?


Alguien hablaba de que no sé quién engañaba al público como a chinos. Pues al final, los chinos van a ser mayoría y vamos a acabar jugando al ping pong.

Que me cuentan que como en la tele, no se ven los toros en ninguna parte; tu sillón abatible con reposapiés, la luz tenue, el aire acondicionado a una temperatura justa para que si das alguna cabezadita luego no te duela la garganta, un refresco o una cervecita en tu jarra especial, una merienda cena para pasar el trago de la mejor manera y la conexión a Mundotoro TV. Perfecto, ¿perfecto? ¿Qué pasa aquí? “Mari, el vecino nos está robando el güifi”, pero, “si está de en el pueblo”. “Esto no va”. Pues del cable no es, batería tengo, y conexión hay, porque puede ver… “Paco, me dijiste que ibas a ver los toros y esas señoritas…” “Nos han hackeado la señal”. Si me hubiera ido a la plaza en Madrid, no me pasarían estas cosas. Pagas la tele de los toros y… Seguro que en Madrid están rebosando de arte y toros formales que para qué.

Pues rebosar, lo que se dice rebosar, depende a quién le pregunten. Si le preguntan a un adorador del vacío pitiminí de lo que ahora se ha dado en llamar arte o expresarse, pues igual aún no se les ha pasado la borrachera que vivieron con el toreo tan vacío y ventajista como preciosista de Curro Díaz. Con lo que a algunos ilusionó en su día y ahora, hace tiempo ya, es una mera postura citando a veces hasta ofreciendo las nalgas, con la muleta atravesada hasta la exageración, sin perder la ocasión de abusar del pico, pero muy elegante, eso que no falte. Por no faltar, ni la poca vergüenza torera de amagar con darse un garbeo por el ruedo después de dos sablazos haciendo guardia. Será cosa del arte. Que igual me tildan de excesiva dureza con el torero, pero igual algo tiene que ver el ver cómo el personal pierde la cabeza y pretende que también la pierdas tú con su torero, porque si no hay partidismo de por medio, difícil resulta comprender ciertas cosas. Que no voy a decir que Garrido estuviera parejo a Curro Díaz, ni mucho menos, pero torear, lo que es torear, torearon lo mismo, nada. El mayor inconveniente de este es que un día alguien le dijo que era artista y de ahí vienen todos sus males. Pero lo que no le debieron decir es que era muy pesado para no acabar diciendo nada. Como nada dijo el confirmante Borja Jiménez, prototipo, como tantos de la modernidad, que algunos llamarán ampulosamente técnica. Pues adelante con la técnica, quizá la que les faltó a las cuadrillas, negadas en las lidias y más aún en el segundo tercio, incapaces de clavar dos palitroques a la vez, sin emular a los rejoneadores.

Pero la cosa ya partía cruzada de inicio. ¡Vaya ganado! Un ganado perdido. Que ya a todo llamamos toro. Feos, flojos, descastados, manseando, aunque no se crean que con la emoción que imprime la mansedumbre cruzada con la casta, más que nada, porque… ¿Casta? Sí, la casta y la Susana, una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid. Si hasta apareció don Hilarión para llevarse dos inválidos, con su partida de cabestros. Que vaya desafío ganadero. Si ni tan siquiera se faltaron con la mirada en los corrales, que ni tan siquiera un “nos vemos en el ruedo”. Eso sí, al menos el solecito ya apretaba y todo. Y mientras nos llegaban noticias de Sevilla, bueno, no, mejor dicho, no llegaban noticias de Sevilla. Algunos que lo intentaban con su móvil estratosférico 5G, con bluetooth que lo pillas al vuelo, pantalla panorámica que te cabe en la palma de la mano, pero… a ver si va a ser la cobertura, que con tanta gente en la plaza, 8.000 según la organización, que si vamos a datos de Interior, igual había que quitar parte de los abonos regalados que todavía estaban de Semana Santa. Pero ni la cobertura, ni el 5 G, ni nada de nada, que la primera de Sevilla y el invento que no funciona. Bueno, habrá que esperar, ¿no? Eso sí, ahora si quieren les devuelven el dinero, les dan un mes gratis o lo mismo les manda la merienda a casa para que no se tengan que mover y gozar del sillón abatible con reposapiés, la luz tenue, el aire acondicionado a una temperatura justa para que si das alguna cabezadita luego no te duela la garganta, un refresco o una cervecita en tu jarra especial, porque ya saben, para qué ir a la plaza, con lo bien que se ve por la tele, ¿No?

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martes, 14 de marzo de 2023

Carta a los Reyes Magos en… marzo

Habrá que echar mano de todos los recursos posibles. imposibles e imaginarios para poder ir a los toros a Madrid este año


Queridos Reyes Magos, yo sé que no es momento, que lo suyo es que en octubre, como muy pronto, o en noviembre o diciembre les escriba mi carta con lo que quiero que me traigan el 6 de enero por la mañanita temprano. Pero qué quieren que les diga, me ha pillado el toro. Así, sin poderlo prever, me he encontrado que o echaba mano de sus Majestades de oriente o este año me quedaba sin ir a los toros a Madrid. Que no se crean que ha sido culpa mía, ¡qué va! Si yo tenía hechas mis cuentas como todos los años, pedía primero para los niños, luego para el resto de la familia y luego ya hacía mi apartado para ir a los toros a Madrid, que siempre he sido yo muy de ir a los toros por San Isidro. Que me gustaría ir para toda la feria, pero claro, para eso le tengo que decir a mi jefe que en mayo teletrabajo, pero claro, tampoco sé cómo se lo tomaría él, que él es muy suyo y siempre dice que las cañas hay que ponerlas en el bar y que las comidas, pues idem de lienzo, que no acaba de ver eso de que yo como camarero trabaje desde casa. No sé, a mí no me parece tan mal, total, bastaría con una cámara de esas modernas en la barra y yo gritaría así: ¡una gambas plancha! ¡Marchando! ¡Dos con leche, un manchao y un colacado caliente en vaso! Pero nada, que el señor Juan dice que no, que si no lo ve, que si quién barre el bar cuando se cierra; toma, pues que ponga la rumba. Pero nada, cuando no hay voluntad, no hay voluntad, es como pelear contra un muro.

Que a ver, que la verdad es que los carteles no son nada del otro mundo, más bien son una basura, con perdón, Sus Majestades. Pero hombre, siempre gusta darse un garbeo por la capital y ya, de paso, echar un ratito con la Reme, que entre pandemias y lo de mi cuñada, nada. Que ella sí que va a los toros, porque tiene abono. Que andaba a ver si le regalaban uno, pero no ha habido suerte, el abono que regalan en su empresa este año se lo ha llevado el señor Tomás, por no sé qué favor le hizo al jefe, y ya se sabe. Que ya tenía visto el hotel, un NH, que no era barato, pero miren, estaba cerquita de la plaza y además es muy cómodo y con categoría, que allí van muchos toreros y gente importante de la tauromaquia. Si una vez hasta vi al señor de Fuente Ymbro. Que dicen que a él le hacen precio, porque va mucho por allí. Si hasta dicen que se ha llevado la colcha de su casa, una mesita camilla, su sillón con mando a distancia y el aparato para ver pelis, el fútbol y los toros. Si hasta le han puesto una pared llena de platito de porcelana, que los colecciona de todos los toros que lidia en Madrid. Aunque el año pasado tuvieron que ampliarle la pared, porque ya no le quedaba hueco de todos los toros que trajo.

El viaje ya lo tenía apalabrado en avión y todo, que aunque Cuenca esté cerca, pues siempre se tardará menos que en coche. Pero claro, uno va a sacar las entradas para los días que pensaba acercarme y… ¡jodo petaca! Que de primeras pensaba que se me había cruzado la DGT pidiéndome lo que debo de multas de toda la vida, desde que tenía el 850 rectificado. Que no era posible. Pero si otros años iba a sombra y era mucho más barato que ir este año a sol. Pero, ¿es que han acolchado los asientos y te entra una consumición gratis de güisqui gran reserva? Que lo volví a mirar, porque igual la cosa era que me había confundido y en lugar de mirar para sacar una entrada, me había metido para comprarme una parcelita en la plaza para pasar allí el verano con toda la familia. Pero no señor, no, era para estar a la solanera toda la tarde. Pero yo no me resignaba, miré a ver si es que eran ganaderías de postín, de esas que ves salir el toro y allí tiembla todo el mundo al ver esa estampa, al ver a esos animales que cazan moscas con los pitones. Pero, ¡qué va! Si eran los de siempre, con los de siempre. Que yo pensé: pues voy a ver la semana torista, pero nada, que no había forma de encontrarla, vendrá en un anexo o algo parecido, pero que sigo buscando y no hay ni anexos, ni anexas. ¡Ah! Esta va a ser, la In Memorian, ¡Jooooodd…! Pero si esta es todavía más cara. Que me llegué a plantear incluso que este año no tuviéramos vacaciones por sacarme tres días de toros en Madrid, pero cualquiera aguanta luego en casa. En casa y en un banco del parque, porque mi santa me pone el petate en la puerta, con lo que me complicaría eso, sobre todo por eso de teletrabajar desde casa, porque seguro que en los bancos del parque no hay “güifi” y a ver cómo le explico yo al jefe que…

Nada, que lo de ir a San Isidro este año era misión imposible y entonces me dije, pues nada, aprovecho y voy fuera de feria, pero claro, que esto no es tan fácil, porque resulta que si quiero ir un día, tengo que sacar entradas para otros dos más, a los que de momento no tenía intención de ir. Pero ¡ojo! Que esos días son más baratos, pero tampoco mucho más. Pero la cosa era, ¿y qué sé yo dónde estaré dentro de tres meses para sacar ahora las entradas para los toros? Que hombre, bien mirado, lo mismo me toca una primitiva y mando al jefe, a la familia y a todo quisque un mes a Marina D’ Or y yo me voy a los toros a todo lo que dé, que para eso se tiene el dinero. Pero de momento la cosa pinta en bastos y o ustedes me hacen un anticipo o no hay tu tía. Que ya sé yo que no es el momento, que ustedes tendrán sus planes ya hechos, que tendrán al personal fijo discontinuo de vacaciones, si yo lo entiendo, pero entiéndanme ustedes a mí. Y claro al gordito de barba blanca no se lo pido, porque ese igual entiende de jalogüin, de calabazas, de la época de apareamiento de los renos, de la ITV del trineo, pero de los toros en Madrid y de que cuesten el dineral que ya cuestan… Y por eso me he dicho: a grandes precios, grandes préstamos. A echar la pata pa’lante y a escribir la Carta a los Reyes Magos en… marzo.

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miércoles, 1 de marzo de 2023

Para Madrid, preparen la chequera

Hubo una vez una mente privilegiada del toreo que ideó una plaza monumental en Madrid, para que pudiera tener cabida para todo el mundo y que nadie se quedara fuera, que todo el mundo pudiera ir a los toros. No progresó la Monumental de Sevilla, pero sí la de Las Ventas y ahora...


Bueno, ya sabemos casi todo lo que teníamos que saber para ir a los toros a Madrid esta temporada, carteles, corridas con nombres rimbombantes, desafíos, presentaciones – muchas-, pero ya les digo que o tienen un abono, o tienen una cuenta envidiable. Lo de tener un abono, de momento cuela y aunque también los han subido, comparando, hasta tenemos que dar gracias a los capataces de Las Ventas y decir eso que le dijo un tuerto a un amigo: “tú por lo menos tienes dos ojos por los que llorar”. Y es que los que no tengan abono y mucho menos los que vengan de fuera de Madrid, como quieran ir a una, dos o… ¿les da para ir más de dos tardes? Pues eso, que estos, igual tienen que empeñar un ojo para poder ejercer un año más de isidro. Que al viaje, algunos al hotel, a los desayunos, comidas, meriendas y cenas, hay que sumar el precio de las entradas. Que si nos fijamos en la corrida “In memorian”, a uno se le quitan las ganas de todo, sobre todo de desayunar, comer, merendar, cenar, porque todo se lo llevan los de Plaza 1. Que uno no se ha atrevido a mirar precios de la grada para abajo, porque el médico me ha recomendado que evite las sensaciones fuertes, pero una grada de sol que pase los 30 euros y una andanada los 20, eso ya no es que sea caro, eso es otra cosa y hasta puede que sea algo que figure en el código penal.

Que ya aviso el señor Casas, don Simón, que esto de los toros es un artículo de lujo, pero tanto, no lo imaginábamos, o quizá sí, no todos, pero muchos sí. Que había a quién los Reyes magos le echaban una excursioncita a Madrid por mayo para ir a los toros, pero es que ahora van a tener que ponerse de acuerdo los Magos, Papá Noel, el Deustch Bank y los de Nescafé con el sueldo ese para toda la vida. ¿Se imaginan? Que ahora Nescafé te regalara una entrada en San Isidro para toda la vida. Que al paso que vamos, igual les renta más lo del sueldo, porque cómo se está poniendo la cosa, ya me dirán. Que habrá quién me diga que si te pones a sumar los gastos del viaje viniendo de Murcia, Albacete, Sevilla o Tafalla, pues que no es tanto. ¿Qué no es tanto? Caramba con los capitalistas. Que va a haber que pensar en enamorar a uno de estos y pedirle que te ponga un piso, que siempre les será más barato que venir a los toros de fuera o un sueldo para toda la vida, como lo de Nescafé.

Que vaya con la liberalización. Que si alguien no lo había entendido, la cosa está muy clara, es abrir una puerta en el zoo y dejar que salgan los leones a pasear. Que lo mismo algún ingenuo pensaría que solo se comerían a los que se llamaran Ramón o mercedes o Segismundo, pero no, los leones, cuando salen de caza, devoran todo lo que se les pone por delante y estos señores de Plaza 1 no son leones, son hienas que rapiñan o quieren rapiñar hasta el último céntimo de los incautos que no piden otra cosa que poder ir a los toros. Que quizá quién estaba de acuerdo con esto de la liberalización, con que se aplicara eso tan justo y democrático de que le peguen el palo al de fuera y no a mí, quizá es que no se han enterado y nadie les ha contado lo que siempre ha sido la plaza de Madrid. Que te contaban la mentira de que era la más barata del mundo, pero no, solo tenían que comparar entrada por entrada con otras plazas de cualquier sitio del orbe taurino. Lo que ocurría, algo muy propio de Madrid, es que era una plaza popular y si no tenías para pagar 3000 euros por una entrada, tenías otras de menos de diez o de alrededor los 5 y pico. Pero caras las había como en todas partes o más. Pero Madrid debe ser tan complicada de entender, que ni algunos de los habituales, ni los que ahora la gobiernan, ni los puestos en el cargo por la propietaria, ni la misma propietaria la entienden. Y que algunos pensábamos que era muy sencillito saber cómo respira esta plaza. Pues igual no o igual es que no la quieren entender. Que lo mismo con estos precios consiguen unas recaudaciones estratosféricas, que seguro que vayan tres o tres mil, los de Plaza 1 lo van a calificar de un éxito rotundo, pero no, esto no puede ser un éxito si en Madrid ya no puede ir a los toros el que quiera ir a los toros, venga de dónde venga. Que no entiendo, ni lo quiero entender, el que se penalice a los de fuera porque son de fuera. Que igual es algo muy lógico para algunos, pero yo prefiero vivir en mi demencia de que se trate a todos por igual. Y lo que no sé es cómo estaremos los abonados en los toros, porque vamos a destacar por debajo de los demás, porque claro, a ver si ahora va pasar como decía Lennon, que el chocar de las joyas de las señoras, el humo de los cohíbas, los vapores del güisqui gran reserva o los destellos de los anillacos de oro, los relojes de oro y los dientes de oro nos van a señalar como los pobretones que hasta nos llevamos la almohadilla de casa y el agua de casa y el bocata de casa para no gastar y sobre todo, la vergüenza de casa, la vergüenza de ver como las gentes que con tanta ilusión han venido a los toros de todas partes ahora les dicen que para Madrid, preparen la chequera.

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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Contra la amargura, toreo

Un natural y sobran las palabras

Los hay a los que se les pone el cartel de amargados, de que no les gusta nada, hay quién los llama despectivamente “los entendidos” y hasta procuran sentarse lo más lejos posibles de sus gritos y sus protestas, porque consideran que lo de los gritos y las protestas en los toros no es bonito. Que para ellos nada es bonito si se aparta del ¡bieeeeejjjnnn! Y de sacar los pañuelos para pedir despojos, a veces hasta a dos manos, porque, no sé quién les habrá contado que la felicidad en los toros solo viene si hay despojos. Que quizá esto sea así para los carniceros y casqueros, pero para un aficionado, se me hace raro. Que eso de la estadística está bien para el fútbol, el baloncesto y a veces, ni para eso tampoco cuadran. Aunque claro, si oímos a empresarios como el señor Garrido, de Madrid, o el señor Amador, de Albacete, el éxito son  las puertas grandes y punto. Que no les pidan que cuenten cómo se producen la mayoría de las veces esas salidas a cuestas. Pero ya digo, en esto de los toros, quizá la estadística es lo que más alejado debería estar de la felicidad del aficionado.

Si yo les digo que la afición de Madrid salió que no cabía en si de gozo, con la cara iluminada como si hubieran visto un prodigio, pero que no vieron cortar ni un despojo, ¿qué dirían? ¿Qué están locos? Pues sí, tienen razón estaban locos, pero no por lo de los despojos, ni mucho menos, sino porque vieron torear, el toreo se les hizo presente, el toreo al natural, el más puro, el que en si mismo recoge la pura esencia del toreo. Un torero menudito, poca cosa, que a veces hasta parecen los toros levantar un palmo más del suelo que él, se puso a hacer el toreo. Como me decían a mí de niño, que bonito es ver torear bien, torear de verdad. Que sí, que había mucho partidario que estaba deseando el triunfo del torero, eso creo que solo lo negarán los partidarios, que, por supuesto, no lo admitirán nunca. Se vio ese partidismo en un primer toro, uno de Hoyo de la Gitana, que no es poca cosa, en el que se empeñó en pegar pases acortando mucho las distancias, con la muleta retrasada y sacando el pico, pero un mal manejo de la espada evitó sonrojos en el personal. Pero fue en su segundo, otro de José Escolar, donde los partidarios se vieron superados, y que fortuna por ello. Que si bien pretendían jalear los capotazos a un animal que iba de largo, no querían reparar en que le puntera las telas. Desafortunado en el primer tercio, sin lograr poner al toro en suerte debidamente, pero fue en el último tercio donde se acabaron todas las penas. Una primera tanda con la derecha sin demasiado sosiego y por momentos escondiendo la pierna de salida, pero fue al natural dónde todo pegó un vuelco. Una tanda irregular, pero fue en el tercer muletazo en el que el toreo hondo, con mando, rematando atrás, nos devolvió la fe en esta locura que es el toreo. También se jaleó alguno enganchado, pero cualquier olé después de aquel natural era hacer de menos a aquel natural. No soy de los que me gusta eso del toreo de bisturí, ni mucho menos y quizá ahora lo salvo porque aparte de lograrlo o no, el toreo quería torear, que eso también se valora en Madrid; quizá sea de las plazas donde más se valora eso de intentarlo. Pero el bisturí quedó a un lado en la siguiente tanda de naturales, uno y otro y otro, rematados y ligados, que sí, que tenía que dar dos pasitos de más, pero es que el toro se quedaba, un toro que tampoco humillaba en exceso, pero que se tragó tres naturales para hacerte creer que lo imposible se logra. Lástima que el torero se empeñara en dar uno más, en alargar la tanda, lo que tampoco era necesario, y no ligar el natural y el de pecho, que habría hecho saltar los cimientos de Madrid por los aires. Después vinieron unos adornos, lo mismo que antes hubo un inicio de faena por abajo, con la derecha por ambos pitones, pero permítanme que deje eso un poco de lado y me quede con los naturales. Que goce el no poder decir que no veo un natural rematado atrás y de verdad desde hace… porque lo vi el domingo, cuando el sol ya caía, un rato antes del fútbol, el baloncesto y hasta la petanca. Ahora tendré que decir que no veo un natural de verdad desde aquella tarde, aquella en que un torero hizo el toreo. Y el torero se llama Fernando Robleño. ¡Y que viva la madre que lo parió! Y fuera amarguras, las que por otro lado parecía que querían provocar Miguel tendero y Luis Gerpe, que a pesar de lo que digan sus partidarios, bien podrían dedicarse a otra cosa. Tendero, no sé, no le conozco, pero Gerpe, por lo que dejó ver, quizá estaría bien de andarín, por aquello de darse vueltas al redondel porque le viene en gana. Y creo que tampoco merece mucho la pena hablar del ganado, aparte de ese buen toro de Escolar, ni de las nuevas hazañas del presidente impertinente, que mejor estará buscando cacos haciendo cumplir la ley, que saltándose a la torera el reglamento cada vez que se le cruza lo que se le tenga que cruzar. Y yo me sigo quedando, si ustedes me lo permiten, con el toreo al natural. Unos dicen que fue histórico, que fue… ¿Qué necesidad de calificar? Porque toda calificación es discutible y lo mismo hasta hay quién se enfada y se amarga y ya saben que contra la amargura, toreo.

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lunes, 2 de mayo de 2022

Pues si esto es lo que nos espera, apriétense los machos

Solo uno que maneje el capote y la muleta y que conozca la lidia y que no acompañe y... Son tantas cosas

Años ha, resulta que la empresa gestora de la plaza de Madrid, fuera la que fuera, llegado mayo, además de organizar la feria de San Isidro, también montaba una pequeña feria de novilladas y la goyesca del 2 de mayo. Pero eso era antes. Y antes, hasta el aficionado sacaba su abono para asistir a ese aperitivo y así ver cómo estaban los nuevos valores del toreo. Pero ya digo, eran otros tiempos. En los actuales estos señores de Plaza 1 dan una novillada y la goyesca, ¡faltaría más! Y a esa novillada no se puede decir que el aficionado haya acudido desbocado con unas ansias desmedidas de ver toros, de ver a la cantera del toreo de mañana. Si acaso solo se han desbocado los paisanos de uno de los actuantes y han seguido desocados hasta el final. Que a estas horas igual nadie ha sido capaz de calmar esos ímpetus que provoca el paisanaje, que ya se sabe, la patria chica tira mucho, tanto, que es capaz de llevarse por delante cualquier atisbo de razón, sentido común y afición.

Novillos de María Cascón, decepcionantes en todos los sentidos. Siendo benévolos, justitos de presentación, pero, ¿a estas alturas vamos a ser benévolos? No, mejor intentar ser justos y en este caso hay que decir que si bien algunos lucían unas cabezas respetables, en conjunto han dejado bastante que desear, demasiado escurridos, con demasiada falta de remate, aún siendo novillos. En cuanto a comportamiento, muy pobre y además con el gran defecto de una alarmante flojera, una falta de fuerza que no admite excusas. Que siendo justos, además de los dos que se han devuelto por invalidez manifiesta, se deberían haber devuelto todos los demás. Bastante tenían con aguantarse en pie y algo tan básico, tan evidente, no lo consiguió ninguno de los pupilos de doña María Cascón. Podemos entrar en el detalle de que no fueron picados, fueron muy mal lidiados, dejándolos a su aire, que si iban sueltos por el ruedo, que fueran, que si no se les ponía en suerte, pues tampoco parecía eso tan grave. Que aquí hemos venido a lo que hemos venido, a sacar al paisano por la puerta chica, que la Grande parece que está en revisión en los talleres de los carpinteros y cerrajeros reales. Y de momento esta de ahora la abre el primer ratero que se presente no con una gubia, vale una tarjetita de crédito y presionando el resbalón con algo de maña, se abre de par en par. Del sobrero del Parralejo, al menos se mantuvo en pie y el de Casa de los Toreros, vaya nombrecito para una ganadería, quizá fue el más apto para eso que ahora llaman toreo, en lo que el animalito solo tiene que ir y venir.

Y además están los aspirantes a figuras del toreo, porque me cuesta creer que aspiren a empresas mayores como la de ser matadores de toros, por ejemplo. Que lo de figuras está tan devaluado precisamente por esas figuras y por estos aspirantes a serlo. Es lo que tiene el querer hacerlo tomando atajos, el atajo del destoreo, el atajo del ventajismo, el de no implicarse ni en la lidia, ni en conocer los secretos de esta, o el atajo de apoyarse en los paisanos para empujados por el entusiasmo que provoca la cercanía, la familiaridad o la vecindad, salir a cuestas por esa puerta que han puesto en lugar de la Puerta de Madrid. Esta, ya digo, debe proceder de uno de esos grandes almacenes del bricolage. No creo que merezca la pena entrar en el detalle de las respectivas lidias de David garzón, Miguelito o Diego García. Los dos primeros incapaces de presenta ante sus oponentes un mínimo de torería, de querer llevar la lidia con eficacia y corrección y mucho menos de toreo con algo de verdad. Mal con el capote, lanzando trallazos y esperando pasar el trámite capoteril, sin cuidar la colocación en el primer tercio, la propia y la del novillo ante el caballo, para seguir con la muleta siempre fuera, abusando del pico, sin mandar jamás, sin conducir las embestidas y si acaso acompañando, permitiendo que el toro les tocara constantemente los engaños y sin ser capaces de pararse quietos mínimamente. Que pensarán que ahora toca glosar el quehacer del tercero, Diego García, que ha salido a cuestas de la masa, que por otro lado tampoco es que fuera muy numerosa. Masa que en el primer novillo de su torero ya se delataron al pedir el primer despojo por haberse pasado todo el tiempo aperreado con el de Cascón, persiguiéndole por todo el ruedo, contándosele dos vueltas completas. Que aquí le largo un trapazo, allí otro, otro más allá y el de pecho un trecho más para allá. Y en su segundo, el que cerraba plaza, pues más de lo mismo; bueno, hubo una tanda de naturales aseadita, pero con eso ya nos vale para perder en norte, el sur, el este, el oeste y toda la rosa de los vientos. Medios muletazos saliéndose de la suerte a mitad de muletazo, pico y más pico con la zurda, un cuarto de pase dando muñecazos en lugar de correr la mano y rematar atrás y más trapazos hasta que se fue a por la espada. Quizá la mayor virtud fue no hacerse pesado. Y eso tan feo de antes de tomar el acero dedicarse a alisarse el pelo, secarse el sudor, el buchito de agua, el chorrito por el cogote y al fin, ya era hora, a tomar la espada y el toro, allí, esperando. Que a ver quién le cuenta a estos que hay que aprovechar cuando el toro pide la muerte para volcarse sobre el morrillo. No, antes hay que acicalarse e ir bien compuesto a terminar con una entera en mitad el lomo. ¡Viva Cartagena! Y sin pensarlo, el paisanaje sacaba los pañuelos a dos manos entre un griterío propio de… Un griterío y punto, que prosiguió mientras las mulillas y los mulilleros se convertían en estatuas de sal, volviendo a la vida solo cuando el señor del palco regaló el segundo despojo. Que el ocupante de tan honorable lugar, el señor de Villa Parro, una tarde más ha seguido engrosando su currículum de barbaridades, ofensas y falta de afición en la plaza de Madrid. El barullo por los despojos cambió por el ya demasiado habitual “Fuera del palco”; las peticiones de destitución de este usía se extendieron a toda velocidad por las redes, pero, ¿ustedes creen que esto ha sido simplemente un error? Que los hay que piensan que esto obedece a una consigna prefijada a la que tienen que responder todos los presidentes. Y como aquel que dice, estamos empezando. Pues si esto es lo que nos espera, apriétense los machos.

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lunes, 25 de abril de 2022

Tarde de toros en Madrid

Saltillos y Santa Colomas de los hierros de Saltillo y los Maños, para una tarde de toros en Madrid


Lo que son las cosas, estamos en tal estado de cosas en esto de los toros, que lo que debería ser habitual se ha convertido en una extrañeza. Porque si nos preguntamos que vamos a ver a una plaza de toros, aparte de cuando había conciertos, y acudiendo a una corrida de toros, ¿qué sería lo lógico que nos encontráramos? Pues toros, no van a ser ni sardinas, ni perros pachones que se dejan acariciar, ni adorables koalas, ni peluches simpáticos, ¿no? Pues igual la cosa no es tan simple. Que sí, que parece cosa de locos, pero lo habitual en estos días que nos tocan es lo segundo, pero con cuernos. ¡Qué lástima! Pero resulta que una tarde, como sin quererlo, van y te dan una corrida de toros, con toros. Grande prodigio sucedió en Madrid. Seis toros seis, cómo decían antiguamente. Que no piensen tampoco que eran los pupilos de Jaquetón, Diano o el toro Capitán; ni mucho menos. Que la gente no ha salido toreando, como se decía que ocurría en aquellos días gloriosos del toreo de antes, la frase más repetida era la de: “pues yo no me he aburrido”, “pues que la tarde se me ha hecho corta”. Que no pidan que les diga cuánto ha durado la corrida, que ni lo sé, ni me lo he planteado, porque no he mirado el reloj ni para ver la hora de la pastilla.

Lo llaman desafío ganadero y no sé si al final lo suyo sería decidir si han ganado los de la divisa azul y blanca o los de la divisa verde y amarilla, aunque para definir lo ocurrido esta tarde, yo diría que en era un desafío de los de las medias rosas contra los de capas negras y cárdenas. ¿El resultado? Pues yo diría que 4 para estos últimos, cero para los primeros y dos sin calificar por incomparecencia de uno de los contendientes, los de luces. Sánchez Vara, Luis Bolívar y Thomas Dufau, que perdieron los papeles casi en cuanto se rompió el paseíllo. Que avispados algunos que se arrancaron a ovacionar a los comparecientes, quizá porque atisbaban que iba a ser la última oportunidad que iban a tener en toda la tarde. La mayoría no estuvo tan espabilada y así pasó, ni un palmas, palmitas, higos y castañitas. Bueno, a los toros sí, pero nada más. Que vale, que así no te aprovecha el yintonis, ni las pipas, ni el bocata de chicharrones, pero no todo va a ser diversión y jolgorio, ¿no?

Sánchez Vara quizá esperaba que le saliera uno de aquellos Saltillo que hacían jirones los capotes y ponían en franca huida a los lidiadores, pero no, resulta que los ha habido que hasta metían la cabeza y seguían los engaños, cuanto más por abajo, mejor. Eso sí, como les dejaras tocarte las telas y se percataran de que allí nadie les mandaba, tomaban ellos el mando. Su primero, de Saltillo metía la cabeza con cierta entrega, pero… Ya estamos con los peros. Mantazos y más mantazos, mal picado, tapándole la salida, el animal queriendo pelear, aunque solo fuera con el pitón izquierdo. Le puso Sánchez Vara de lejos en el segundo encuentro, al que acudió no sin tardear demasiad, que al final fue, pero dejando claro que no estaba por la labor. Acto seguido, el matador se ofreció a parear y… que la voluntad solo no basta. Se lo sacó en el comienzo del trasteo a los medios. El Saltillo acudía a la muleta, pero se le permitió justamente lo que no se le debía permitir, trapazos por alto tocando la tela, para acabar venciéndose por el derecho. Cambio a la zurda, vuelta a la diestra, pero ya estaba hecho todo el mal, el toro se le quedaba, cuando no se le echaba encima. Bueno, a ver si con el de los Maños había más fortuna. Recibo con larga de rodillas, dejando al animal suelto por el ruedo, queriendo este llegar al picador que hacía la puerta por dos veces. Mal picado, con puñaladas muy traseras, a lo que el de los Maños respondía tirando derrotes al peto. Tras una lidia nefasta, ya en el último tercio Sánchez Vara tuvo la virtud de darle distancia, paralelo a las tablas más allá del tercio. Inicio aseado por ambos pitones, para continuar con la derecha empalmando, que no ligando, muletazos con el pico, sin rematar y sin quitarle la tela del hocico, echándoselo para afuera. El animal no paraba de embestir y no encontraba otra respuesta que un intento de toreo muy distante, sin quietud alguna, sin parar de bailar, para culminar de bajonazo soltando la tela. Será otro día en el que Sánchez Vara tenga más suerte y le salga un marrajo ilidiable que no le descubra sus carencias y al que pueda responder con el único recurso de estar ahí, pero cuanto un toro le exige toreo, ahí se le tuerce todo y no sabe cómo salir del embrollo.

Para juzgar al segundo de la terna, Luis Bolívar, quizá bastaría decir que no está, que es un cúmulo de desconfianza y excesivas precauciones, quizá debido a esa falta de recursos que se hizo evidente hasta para poder cuadrar a un toro para atacar el hoyo de las agujas. Su primero, de Saltillo, también mostró cualidades de salida metiendo la cara en el capote y yendo lejos, parándosele solo en el momento en que le marcó la salida antes de tiempo. Distraído antes de probar el caballo, después recibió tres puyazos, a cada encuentro un poquito más lejos. En la primera vara fue con la cara alta y derribo al de aúpa. En la segunda se acercó unos pasitos, para después arrancarse, aunque justo antes de llegar al peto parecía frenarse por un instante, lo mismo en este que en el siguiente encuentro. Peleó con fijeza y sin que le cerraran la salida en el peto, recibiendo una puñalada infame en la segunda entrada. Comenzó Bolívar su trasteo pleno de desconfianza y con demasiadas precauciones, ignorando las embestidas que le ofrecía el Saltillo, a las que respondía con trallazos destemplados y no con el temple que precisaba y que le hacía seguir la muleta. Sin encontrar la distancia, a pesar de que el animal se lo cantaba, para acabar gazapeando, aunque si se le encontraba el sitio, seguía queriéndola coger. Se cerró este segundo con una bronca, a consecuencia de un mitin con la espada. El quinto, de los Maños, apenas fue mal picado, yendo el caballo al toro y no al revés, el pica perdiendo el palo. Más incisiones con la muleta, que si ahora voy con la derecha, que no, que vuelvo. Echando al animal para afuera y sin saber por dónde meterle mano, soso hasta cansar, pico, venga carreras, siempre descolocado, dejando claro que el colombiano no está, ni tampoco tiene recursos ni para volver, ni para quedarse.

El tercero era el galo Thomas Dufau, que de salida se vio desarmado ante las largas embestidas del primero de los Maños, al que apenas se pico y que se picó de mala forma. El animal acudía a todo, en los medios en los comienzos de la faena, en la que Dufau hacía lo que podía, abusando del pico, teniendo que recolocarse a cada trapazo. Siempre fuera, mientras el toro no se cansaba de entrar al engaño. Envites que se debían dominar con toreo y a los que el espada solo respondió con ventajas y ya acortando las distancias, lo que hizo que el toro se empezara a parar, para acabar marchándose sin que nadie le toreara lo más mínimo. El que salió sexto, de Saltillo, hubo de ser devuelto por manifiesta invalidad, que todo el mundo pudo ver de inmediato, sobre todo después de cinco, seis, siete, yo qué sé cuántas caídas, pero que el señor del palco solo atisbó en banderillas, en mitad de una magnífica capea, con un desorden total, aunque sin paella ni calimocho, que es lo mínimo que se puede pedir en una capea. Salió un sobrero del mismo hierro, un torazo que como otros cuantos a lo largo de la tarde entraba de largo en las telas. Otra lidia nefasta, un tercio de varas para mandar a Soto del Real al montado, quizá para calmar su rencor después de haber medido el suelo con el lomo, si bien es verdad que el Saltillo se salía suelto del encuentro. En el segundo tercio ya sí que parecía que iba a asomar alguien ofreciendo paella y calimocho a los asistentes, pero afortunadamente esto es más serio que eso, a pesar de los actuantes. Pasadas para dejar un palo, capotes por el suelo, banderillas por el suelo y el toro tan campante, entero y esperando a ver que se les ocurría a aquellos señores que le andaban alrededor. Y salió Thomas Dufau, pero como si no hubiera salido. Trapazo por aquí, te merodeo por allá, hago como que hago y a por la espada, sin tan siquiera sonrojarse. Que no irá con él eso del sonrojo. Si no irá con él, que igual hasta se atreve a pedirle a alguien una oportunidad para no sé qué sitio y en qué fechas. Aunque si tuviera vergüenza torera, lo mismo subía los trastos a Wallapop, a ver si alguien les da mejor uso. El traje no, que como recuerdo siempre es bonito mostrarlo a las visitas. Pero lo que nadie nos puede quitar es que después de… ni se sabe, hemos podido disfrutar de una tarde de toros en Madrid.

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lunes, 4 de abril de 2022

Música, música, músicaaaaa

 

Solo nos pudimos conformar con el destello de José Chacón en banderillas

Tarde de toros en Madrid y el grito más notorio ha sido el de un señor pidiendo música, clamando al cielo porque los señores profesores estaban de instrumentos caídos. Que esto que no pasa de ser una simple anécdota, da una idea del público que se pasa por Madrid últimamente. Un público que igual se limitan a sestear cuando no toca el paisano, pero que cuando sale el chico del Matías, ahí se reactivan como si les recargaran las baterías. Que el chaval, o no tan chaval, puede estar abanicando las golondrinas, que se jalean sin reservas y finado el burel, sea después de una, dos, tres o mil intentos y alguno más con el verduguillo, se agita sin rubor la mascarilla. Sí, sí, la mascarilla, que así, de lejos, igual desde el palco parece un pañuelo y así no se tienen que quitar el pañuelico de la peña que lucen al cuello. ¡Mascarillas al viento! Eso sí, si desde el palco no se atienden las demandas orejiles, después, ni se les pasa por la cabeza sacar a saludar al paisano o incluso empujarle para dar la vuelta al ruedo. Pero no, no hay despojos, no hay juerga; se corta el jolgorio de golpe.

Pero con la señora novilla de los hermanos Sánchez Herrero, la verdad es que jolgorio, lo que se dice jolgorio, poco o más bien nada. Desde el campo charro nos llegó lo que en muchas plazas, incluso en carteles de figuras o especialmente en carteles de figuras, habría pasado como una corrida de toros. Una presentación impoluta, que solo bajó quizá en el cuarto, que parecía lo que era, un novillo. Corrida con complicaciones, acrecentadas en primer lugar por las rachas de viento y en segundo, por las nefastas lidias que espadas y cuadrillas les han propinado. Que no niego el reconocimiento que se merecen los chavales después de haber estado delante y haber salido andando, pero si me lo permiten, cuando se hace el paseíllo en Madrid hay que tener más ambición que la de cortar las orejas. Has que querer mostrar toreo y capacidad lidiadora, recursos para intentar limar los defectos del toro y si esto no es posible, porque no siempre lo es, evitar que estos se vayan acumulando a cada momento. Justo lo que sucedió en la novillada, con el riesgo no de no triunfar, no de no llevarse a casa unos despojos que ya no sirven para otra cosa que para echar al puchero. El mayor riesgo es para los propios novilleros, que como sucedió en el segundo de la tarde, pudieron haber sembrado el ruedo de tragedia. Que sí, que todos nos conmovimos al ver a José Rojo a merced de los gañafones que le tiraba del de los Hnos. Sánchez Herrero, qué mal rato; pero el que se jugó el pellejo con todo al negro, fue el que vestía de luces.

En toda la tarde no solo no se puso a ningún toro al caballo en condiciones, tampoco se les picó, ni se intentó medirles el castigo y a fuerza de lo visto, a alguno le habría venido muy esos dos puyazos bien dados, evitando que fueran al encuentro a su aire, el que se les tapara la salida, el que se les pegara un picotazo y luego se les dejara en el peto arremetiendo sin picarles, sin medir. Eso sí a más de un pica se le ovacionó por lo bien que no picaron. Ya saben, esa humanidad que se genera en los autobuses de peñistas camino de Madrid. Se les dejó a los novillos que anduvieran a su aire y en demasiadas ocasiones estos se marchaban decididos a la puerta de toriles. Y luego, pues eso, a ver quién es el galán que se presenta allí con un trapito a darle capotazos, muletazos, o en el mejor de los casos, a intentar sacarle de aquella querencia tan marcada. Un desbarajuste en las lidias que quedó especialmente patente en ese segundo que sin que nadie se ocupara de él, especialmente José Rojo, marchó en busca del caballo que hacía la puerta y se llevó de mala manera a Julián Gómez Carpio, cuando este evitaba que se estampara de mala forma con el peto. Tres viajes que afortunadamente quedaron en el susto, igual que el de Alex Benavides, para acabar con el ya señalado del propio matador.

Como suele ser habitual en los últimos tiempos, hablar de las carencias de un novillero es hablar de las de los demás. Parece como si hubiera un molde de toreros modernos. Aunque, pensándolo bien, igual ese molde es una realidad, el que se impone en las escuelas actualmente, más preocupadas en “cuidar” a los chavales, intentando seleccionar en extremo el ganado, a veces exigiendo que se toquen las defensas, el que aprendan a venderse, a dar mantazos a diestro y siniestro con el único fin de alterar al personal para que luego agiten los pañuelos… o las mascarillas, pero no a torear, ni a algo tan básico y tan primario como a defenderse. La única variación entre los matadores depende del paisanaje que consigan arrastrar. Carlos Olsina no debió lograr que se moviera demasiada gente y su toreo ventajista, con el pico, citando casi metido en las orejas y echando al animal para afuera, dejando que le tocaran demasiado los engaños, aparte de su nefasto manejo de la espada y sobretodo del descabello, no consiguieron levantar entusiasmo alguno. Eso sí a una espectadora en la barrera del cinco sí que le hizo sobresaltarse sobremanera cuando el verduguillo se le vino encima, saliendo despedido desde el ruedo. Eso sí, en el último de la tarde Olsina aprovechó para acercarse a la aficionada e interesarse por su integridad; todo un detalle a valorar.

José Rojo, aparte de los vicios habituales, mostró una amplia variedad de trallazos electrizantes y a toda velocidad, sin mando, por supuesto, como sus compañeros, pero con el agravante de ir allá adónde le llevara el novillo, aunque fuera a la misma puerta de toriles. Y parece, por el bullicio que preparaban, que el más acompañado era Daniel Barbero, pero ni así dio mucho de sí. Quizá era el menos ducho, el que presentaba más carencias, y ni las continuas peticiones de música fueron capaces de animarle y tapar tanta pobreza torera. Igual que sus compañeros, dejándose tocar en exceso los engaños. Una más y los novilleros llevándose las ilusiones de los que cada domingo van a la plaza a ver si atisban una nueva figura que alimente sus ilusiones taurinas para un futuro que pinta más bien oscuro. Que donde pone un nombre ustedes mismos pueden poner otro, de los de esta tarde, de las pasadas y me atrevo a decir que de las venideras. Eso sí, mientras unos esperaban toreo, otros se desgañitaban pidiendo, clamando, exigiendo algo que en Madrid no se da, afortunadamente, música, música, músicaaaaa.

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lunes, 28 de marzo de 2022

El okupa del palco twitteando vergüenzas

Si la novillería viene así, se la trata así y se la exige nada, tal que así, luego no nos quejemos




Que orgullosos están los taurinos cuando uno de los suyos está al día, maneja las redes sociales, la tecnología y se desenvuelve como pez en el agua entre los modernos y la modernidad. Que está muy bien, pero … Pues eso, el pero es que esto está muy bien, pero para sentarse en un palco de una plaza de toros y más si es el de la Plaza de Madrid, hace falta mucho más que ser un moderno, que lucir pulseras de colores o ser un twittero que cruza mensajes con todo quisque. Para ser presidente en una plaza de toros y más en la Plaza de Madrid, es imprescindible afición, mucha afición, saber, pues de sus decisiones depende el buen discurrir de una tarde de toros en la que el público ha pagado su entrada y adquiere el derecho a ser defendido por la autoridad. Que lo de ser defendido no quiere decir que el que visita el palco atienda los caprichos de la gente, por muy mayoría que sea. Y aquí entra eso del saber, conocer el reglamente en profundidad para saberlo interpretar en cuestión de segundos, con absoluta observancia de los preceptos y fundamentos que rigen la tauromaquia. Y en tercer lugar, quién se siente en ese palco a la izquierda del Palco Real, tiene que ser un absoluto conocedor de lo que es esta plaza, de lo que es Madrid, sus gustos, sus manías, su historia, sus tradiciones y ser honesto, extremadamente honesto con esta afición que aunque fuera de las últimas en ser declarada de primera, ostenta el rango de primera plaza, por categoría, exigencia y conocimientos del toro y la lidia, desde antes que don Paco el de los toros esbozara su tauromaquia desde los palcos o tendidos del coso de la Puerta de Alcalá. Y dirán ustedes que cuantas letras para empezar a contar lo que ha sucedido en la primera de la temporada venteña, pero es que aunque los transeúntes, ya sean de los tendidos, gradas y andanadas o del mismísimo palco, no lo sepan o no se quieran enterar, en cada tarde de toros en Madrid hay todo eso y más detrás. Y no se puede permitir que a costa de todo esto llegue un señor a engordar su currículum de barbaridades y necedades taurinas. Que el caballero ya apuntaba maneras aquel nefasto día en que devolvió un toro por manso. Él, muy yuppi, emborronó miserablemente la historia de esta plaza. Estuvo apartado por un tiempo, sería para ver si se nos había olvidado aquel ataque a la dignidad de esta plaza; que podríamos haberlo hecho, pero es que su ineptitud se empeña en recordarnos las fechorías de este personaje. Que unos antitaurinos podrían violentar las Ventas tirando botes de pintura contra la fachada y dedicar pintadas insultantes contra el noble arte del toreo, pero desde los taurinos puede haber ofensas peores, como atentar contra la seriedad de esta plaza, poniéndole en bandeja los argumentos ofensivos para la fiesta a los antis, que ya ni botes de pintura, ni sprays necesitan para sonrojarnos. Basta con que utilicen los argumentos que estos sujetos les sirven en bandeja de plata. Que uno no sabe si todo este atropello obedece a consignas triunfalistas, lo que estaría mal, porque se supone que esta supuesta autoridad está para defender la fiesta y al que paga, con independencia de cualquier otro poder taurino. O quizá es algo más simple, sencillamente que es un inepto que “okupa” el palco sin que vengan ni los de Securitas Direct, ni la policía a desalojarle. Vaya con el señor comisario.

Y a todo esto, primera novillada de los Chospes. Bien presentada, sin demasiado dentro, pero suficiente para que algún torerillo con alma pudiera mostrar unas mínimas intenciones de ser torero y no conformarse con algo tan vacío e insustancial como ser figura y acumular despojos y salidas a cuestas de las plazas en mitad de un delirio verbenero y triunfalista. Malos tiempos para la fiesta. Malos tiempos para eso que se dio en llamar la suerte de varas. Puñaladas en mitad del lomo, en la paletilla o supuestos puyazos señalados como el que propino Israel de Pedro al quinto, después de que este le mandara al suelo. Malos tiempos para el segundo tercio, en que los hubo que hicieron saludar a un banderillero por tirar los palos y por verse apurado en el segundo encuentro, aunque no cuadrara en la cara del toro, pero eso ya es lo de menos, que la cosa dicen que va de emocionarse. Pues emociónense, no se corten. Malos tiempos  para la lidia, aunque un señor de luces parezca que se sube a una moto y echa a correr a toda mecha, pero como lleva el capote a una mano, eso hay que aplaudirlo, que también emociona. Malos tiempos para el temple. Toda una tarde en la que no se puso un toro de buena forma al caballo, que no es lo mismo ni dejarlo allí dónde caiga, ni dejarlo suelto por el ruedo, ni mandarlo contra el peto al relance y que lo que nos preocupe sea si el caballo se pone frente a la puerta de Madrid o un palmo más a su izquierda, como si aquí ya no estuviera a contraquerencia.

Los novilleros, pues si se trataba de emocionar, igual si estaba por allí su tía abuela o Cándida la del segundo, igual sí que se emocionaron, lo que parece indicar que emoción y parentesco o vecindad son dos conceptos estrechamente unidos. Carlos Aranda reñido con el capote, que no pasa de utilizarlo como un mal menor para pasar un trámite. Con la pañosa, pues algo parecido, aunque parece que le dedica más esmero. Muletazos desde fuera, para afuera, siempre echándose al novillo lejos, sin la menor intención de rematar un único muletazo. Pico de la muleta, desde la pala del pitón y sin ningún criterio más que el de acumular trapazos, lo mismo con la diestra que con la zocata, para culminar sus dos trasteos con excelsos bajonazos mientras se salía descaradamente de la suerte. Que llevo todo el tiempo dándole vueltas y pensando que tan magistral forma de ejecutar la suerte suprema me recuerda a alguien; pero alguien muy afamado, alguien de los puestos de arriba. Bueno, ya me acordaré.

Víctor Hernández, que igual un día hasta llega a figura, intentó entrar en quites y mostrar variedad con el capote, lo cual está más que bien, pero para la próxima vez, a ver si además de variedad nos regala algo de calidad y no simplemente formar remolinos con tanto mantazo al aire de Madrid. Con la muleta, pues si les cuento lo de su primer novillo y lo del segundo, igual no encuentran las siete diferencias como en los pasatiempos. Quizá la mayor diferencia, que no es poca, es que con el segundo de la tarde no podía y el quinto se dejaba y se dejaba, se toreaba solo, metía el hocico que era un gusto. Gusta del toreo a distancia en el cite y luego a la hora de pasárselos, siempre distancia. Medio o cuartos de muletazo, sin rematar jamás, si acaso delante de la cadera pega un muñecazo y hasta da la ilusión de rematar, pero no, solo es eso, una ilusión. Brazo estirado a veces en exceso, mucho pico, despegado, a veces hasta apelotonado, como en su segundo, al que recibió en los medios por delante, por detrás, por arriba, por abajo y como si fuera un mago de los que no hacen magia, con el “ahora te crees que lo ves, ahora no lo ves” y eso, que lo del torear, no lo ves. Ni lo ves, ni lo verás. El quinto entraba a todo lo que le pusieran delante sin hacer ni un extraño. Mantazos por abajo para cerrar la faena, pero sin torear jamás. Culminó con una entera tendidilla, rinconera, soltando el trapo y echando a correr a cuerpo limpio, porque ya saben, lo rojo lo había tirado, igual que si al final de tocar a Vivaldi un violinista tira el instrumento y se lo estampa en la jeta del caballero del bigote de la tercera fila. Pero oiga, que esto parece que emocionó y el más emocionado debió ser el señor presidente. Le llegarían unos cuantos twitts y no se pudo resistir. Que no le ha dado tiempo ni a remolonear a los mulilleros. Primero un pañuelo y luego el otro y porque igual ya no le quedaban más, que si no allí lo tenemos venga a sacar pañuelos. Y se consumó la bronca, bronca con el regalo del segundo despojo, bronca cuando el matador lo recogió, bronca cuando lo mostró, bronca cuando lo paseó, bronca cuando lo volvió a mostrar, bronca cuando se tapó, bronca cuando iban a pasear al espada a hombros, bronca cuando abrieron la puerta de Madrid y bronca hasta cuando estábamos subiendo al metro camino de casa. Pocas tardes de triunfalismo recordaba con tanta bronca. Pero oiga, si el personal se emocionó. Que ya les digo yo que si el chaval en lugar de aprovechar el tirón declina esa salida a cuestas, dice que se va por el patio de caballos, igual hasta un servidor se habría emocionado y pensado que este quiere ser torero. Cerraba la terna Uceda Vargas, anodino, que a las mismas cualidades de sus compañeros ha de sumar la de los enganchones, el no dar ni un lance, ni un muletazo limpio. Vulgar como sus compañeros, además se encontró con el que más tenía que torear, pero al que no entendió ni de lejos, limitándose a dejar se cerrara en tablas y a atosigarle ahogándole la embestida. Que no debía haber nadie que le dijera lo contrario, pero no quiero que sufran ustedes, se lo aclaro desde ya, que hubo más emocionados que hasta pidieron un despojo para el sevillano, pero el señor del palco debió pensar que solo le faltaba liar otra parecida a la de hacía veinte minutos. Que de esta no le echaban del palco, no del cuerpo superior, de esta le mandaban a presidir a la Monumental de Saigón, que igual ellos sí que tendrán una temporada completa garantizada, no como nosotros en Madrid. Pero no, de momento solo estará como el okupa del palco twitteando vergüenzas.

 

Dedicado a mi amigo Rafa Díaz, que estando bien, mal o peor, él siempre querría poder estar en su tendido.

 

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