martes, 6 de diciembre de 2011

El taurino: hombre orquesta o Juan Palomo


Cuántas veces no habremos oído eso del cambio de cromos, cuando vemos publicados los carteles de las ferias de esos mundos. Y la frasecita siempre tiene una considerable carga de negatividad. Si el Prado y el Louvre realizaran una operación de este tipo, de cambio de cromos, de yo te dejo las Majas de Goya y tú me prestas la Gioconda, pues el trueque resulta interesante para todo el mundo, incluso puede convertirse en un hecho único e histórico. Pero ¡ay nuestro mundo del toro! Lo que enfrente es bueno, en esta acera suena a tocomocho.
Ahora que se tiende a la especialización en todas las facetas de la vida, en el mundo del toro tendemos al hombre renacentista y nos encontramos casos tan notables como el ganadero apoderado empresario, o el apoderado empresario ganadero o el empresario ganadero apoderado. Parecerá lo mismo, pero no, porque siempre hay una faceta que tira más que las otras. Quizás lo más habitual sea el que primero es empresario y luego todo lo demás. Y habrá quien piense que es digno de admiración tal trabajo de adaptación y de asumir roles tan diferentes, y a veces contrapuestos dentro de la mecánica diaria de la Fiesta. Pero no se equivoquen, no hombre, eso sería si partiéramos del supuesto de que todos estos trabajos se realizan con lealtad y honestidad, tomándose en serio lo que supone cada una de estas funciones. La realidad nos dice que lo primero es su bolsillo, sus intereses estrictamente personales y luego, solo luego, y si les queda tiempo y ganas, miran por el bien de la Fiesta.
Además su campo de actuación no se circunscribe a lo que son sus plazas, sus ganaderías o sus toreros, sino que, gracias a su gran poder dentro de este circo, se permiten “aconsejar” sobre toros y toreros allá donde pongan el ojo. Y es que no hace falta ni que les llamen, porque ellos solitos se presentan sin que nadie les haya invitado. Así, si algún ganadero con orgullo de ser criador de toros bravos quiere imponer sus condiciones, o bien se vuelve con el camión lleno para la finca o en un exceso de bondad, permiten que maten ese hierro los desheredados del toro, los que más se la juegan y menos provecho sacan. La otra vía de salida que se les ofrece es la que les brindan los empresarios humildes, que van por libre y que organizan con muchos esfuerzos los festejos que les da la gana, los que les dejan o simplemente aquellos que puede cubrir su exiguo presupuesto.
Imagínense lo que sería un sector ganadero fuerte y con personalidad, que echara los toros que el criador decidiera y que el que quiera que apeche con ellos y el que no, pues para casa, y que si los de las medias rosas no están a la altura de las circunstancias poder cantarle las cuarenta y descubrir las deficiencias de los toreros, sin tener que tragar con eso de que los toros no valieron o los toros eran imposibles y además no estaban por colaborar. Lo que cambiaría la película ¿verdad?
Pero si nos ponemos a soñar, ¿por qué no podemos soñar con un empresario que tenga que montar buenas corridas pensando en el interés del público y en hacer carteles atractivos para que se le llenen las plazas? Y pocos podrían tener más poder que los empresarios de la plaza de Madrid, como si ésta se decidiera a asumir ese papel de primera plaza del mundo. Que bien estaría que primero se contrataran las mejores ganaderías del momento y que además fueran las que espera ver el aficionado. Que llegaran a los apoderados de las figuras y les ofrecieran torear cuatro tardes en la feria de Madrid, dejándoles elegir uno de los hierros ya contratados e imponiéndoles otros dos, que lo mismo podían ser Cuadri, que Escolar, Moreno Silva o cualquiera de sangre Santa Coloma, suponiendo que antes no los hubieran elegido a iniciativa propia, lo que tampoco parece muy probable.
Es casi una utopía que el ganadero elija a los que van a saltar a la arena en su nombre, y que éste asuma la responsabilidad de lo hay que lidiar. Pero que nadie se equivoque, que en esta asunción de responsabilidades no entra ese truco de “se lidia bajo responsabilidad del ganadero” y luego, si había alguna irregularidad comprobada post morten, a reclamar al maestro armero. Sería estupendo que los ganaderos actuaran como tales, que los empresarios solo se limitaran a organizar festejos y que los apoderados buscaran contratos para sus pupilos, los cuales se tendrían que ir ganando sus actuaciones tarde a tarde y no tener firmadas ya en diciembre el centenar de corridas.
Lo que sí queda claro es que no se puede ser juez y parte y además servir lo mismo para un roto que para un descosido. Que lo del hombre renacentista está muy bien para el arte, los artilugios de guerra, de defensa, para abastecer de agua las ciudades, para esculpir una estatua ecuestre o para pintar la Última Cena por encargo; pero en los toros eso es hacer de hombre orquesta, con alto riesgo de desafinar, o hacer de Juan Palomo, que yo me lo guiso y yo me lo como.

10 comentarios:

Xavier González Fisher dijo...

Pues sí Enrique, la única "ciencia" en la que todos los que la ejercen parecen "saber de todo"... y los únicos que no parecemos saber nada, somos los que pagamos la pitanza de los "científicos" del asunto... En fin que esa "todología" dominada por los "dueños del espectáculo"... Y nosotros, tenemos que "tragar" con lo que nos den...

Por cierto "Juan Palomo" fue un novillero de aquí de mi pueblo... más malo que una gripe en verano...

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Ya sabes, solo nos dejan pagar, tragar y callar. Así nos va. Pues en este caso, quedaos con vuestro Juan Palomo y que no salga del país.
Un saludo

MARIN dijo...

Lo de contratar a ganaderias diferentes, dejar elegir un hierro e imponer los otros dos seria lo ideal Enrique, ahora mi pregunta es ¿Cuantos vendrian tres tardes?. Toreros capaces hay, y ganaderias para ello tambien ¿Porque no se hace?. Pero al igual que Mourihno no encuentra respuesta a su porque, yo tampoco.
Seria bonito y a la vez justo Enrique, pero eso es como vivir con Alicia en el pais de las maravillas.

Un saludo.

Enrique Martín dijo...

Marín:
Seguro que si los dos damos una respuesta a ese ¿por qué? seguro que coincidíamos en la respuesta. Todo esto sería bonito y como bien dices, sería como Alicia en el País de las Maravillas, aunque si lo piensas, tampoco es pedir la luna, lo que da idea de lo poco que están dispuestos a ceder los acomodados, que no piensan en tomar ni el más mínimo riesgo.
Un saludo

Isa Molina dijo...

Muy buena idea lo de que los toreros elijan un hierro y se le impongan dos, pero lo veo imposible con lo acomodadas que van a las ferias las figuras.
En cuanto a los taurinos cuyo estilo empresarial es Juan Palomo, me hago el siguiente planteamiento: Matilla (patronal) apodera a Manzanares (sindicato), que a su vez es el representante de los toreros, ejemplos como este serían imposibles en clave empresarial, pero en el mundo del toro ocurren.
La figura del empresario que a su vez es apoderado, ganadero, incluso recriador de toros, nos lleva a la situación actual que tenemos, media docena de Juan Palomos que solo se miran el ombligo, que están excluyendo al aficionado de sus plazas, que no permiten que se vea algo distinto en las ferias, además de no permitir que entren en escena gente con ideas frescas.

Un saludo.

Enrique Martín dijo...

Isa:
Lo has descrito a la perfección. Esto se ha convertido en un coto cerrado, en el que además se dan situaciones incongruentes y sin permitir que nadie meta el hocico.
Un saludo

Diego Cervera Garcia dijo...

Enrique:
Esto como digo yo, es más de lo mismo, la idea es más que buena, pero como tu bien dices, esto es un cambio de cromos. Yo la solución la veo en el empresario, que al fin y al cabo es el que contrata, y el torero que no se quiera anunciar con cierto hierro, pues dios muy buenas, tal y como hace en Pamplona la Casa de la Misericordia, y Pamplona para estos asuntos es un referente.
Un saludo.

Enrique Martín dijo...

Diego:
No es que yo haya inventado nada, porque las sopas de ajo se inventaron hace mucho, pero date cuenta que esto de los hierros impuestos y demás, a todo el mundo gusta, menos a los que podrían tener la solución a los males del toro.
Un saludo

Iván dijo...

Cuantas cosas bonitas se podrían hacer si contasen con el aficionado.
Pero así es muy difícil.
Saludos!

Enrique Martín dijo...

Iván:
Es que este es uno de los pocos o escasísimos espectáculos en los que no se cuenta casi nada con el espectador.
Un saludo