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De los novilleros siempre se esperaba al menos, actitud, que la aptitud se puede ganar con el tiempo, pero parece que eso era... hace tanto. |
Está tan extendido eso del buenismo en los toros, que cuando los chavales llegan a una plaza en la que se les protesta, pierden el norte, no entienden nada de nada. Que en Villaporras del Chocolate Espeso se ponen a posturear, a mover el palmito, a sacudir las telas como si hubiera una plaga de polillas y el personal delira de la locura, pero oiga, es llegar a Madrid y los hay que empiezan a echar sapos y culebras con que si el pico, con el hay que picar, que dejes de correr a cada trapazo, si cada trapazo es un trallazo inmisericorde, si el ponte aquí, colócate allí y aunque la espada entre entera en lo negro, aún protestan porque dicen que menudo bajonazo, que si estás fuera... Pero, ¿es que esta gente no tiene descanso? Con lo bien que lo pasamos todos por esas plazas de Dios, aquí llegan esta grey y es que no les gusta nada, no vienen con ganas de divertirse. Pero si ya es grave el que los de luces y los suyos no lleguen a entender qué se les protesta, cuándo ellos consideran que lo están bordando, no se pierdan a los de los tendidos. Ellos que se habían puesto sus mejores galas, del brazo del chuti o la chuti, o la pandilla de colegas del insti, esos que van a demostrar su... no sé que van a demostrar, pero que cuando se creen que todo va sobre ruedas, ¡hala! Que resulta que hay unos señores que dicen que nanay, que no es que no sea perfecto, es que resulta que es un desastre. Que entra la espada hasta la mano y se echan las manos a la cabeza porque la punta asoma por la panza del novillo o porque la estocada se ha caído, y se convierte en eso que llaman bajonazo infame. Esto es de locos. Que no se explica nadie cómo dejan entrar a esa gente. Que a nada que vayas, te das cuenta de que están allí perpetuos, como las cadenas, que van y van y van y siguen yendo una tarde y otra y otra y un año y otro. Y que no se cansan oiga. Pero nadie parece explicarles a los de los tendidos y mucho menos a los de luces, qué es lo que protestan, que protestan porque no admiten las trampas, el engaño, los atajos.
Pues eso ha sido la tarde de los novillos de Fuente Ymbro, un encierro de esos que junto con los de luces, se convierte en una de esas novilladas que hacen afición... afición al ajedrez. Un ganado insulso, aparte de habérsele lidiado penosamente, permitiendo que corrieran y corrieran por el ruedo, sin que nadie con las medias rosas fuera capaz de fijarlos. En el caballo han tenido que sufrir al nula puntería de los acorazados en esas tanquetas con peto. En algunos casos, pretendían pasar el trámite con un amago de picotazo y que el tercio se cambiara. Hasta en el segundo el señor presidente ha tenido que obligar a que el de Fuente Ymbro fuera una tercera vez al caballo. Blandeando y alguno manseando indecorosamente, pero todos con una preocupante falta de casta. Que si les preguntan a algunos, la corrida fue complicada y de ahí el que los novilleros resultaran prendidos, pero más bien puede ser por carencias suyas, que por acierto de los astados. Solo el sexto pareció querer pelear algo, que tampoco fue gran cosa. Y a la retirada de la montada, pues gritos por aquí y por allá, gritos que no extrañaban a nadie, porque a los picadores sí que se les puede vociferar. Será que no deben tener parientes, ni paisanos, ni nada parecido, son solo señores a caballo, nada que ver con los de las medias rosas. La magia de las medias rosas.
Medias rosas como las que calzaban Diego Bastos, Mariscal Ruiz y Emiliano Osornio. Aspirantes a figuras, aunque alguno ya crea serlo, pero... que están más cerca de que ya después del verano no recordemos si los hemos visto por Madrid o si ese día teníamos una boda y no fuimos a los toros. Lo del manejo del capote es ya una plaga tan extendida, que a muchos ya ni les sorprende, lo que no quiere decir que no moleste el ver como pegan tirones, mantazos sacudiendo las telas y después de mil capotazos, la conclusión es que nada han hecho, si acaso, solo cumplir con el expediente de coger el mantón y zarandearlo al aire. Diego Bastos con la pañosa nos hizo creer a algunos que podíamos ver toreo. Citaba en las primeras tandas con la muleta plana , pero inmediatamente al segundo encuentro ya la atravesaba, ¡Dita sea! Y venta trallazos, tirones, pico y dejando que se la tocara en exceso. Y en una de esas, mal colocado, llegó el arreón con una cornada en la pantorrilla.. En su segundo, mil capotazos para nada, después de irse a portagayola y un farol de rodillas. El animal, ya aquerenciado en tablas desde el segundo tercio, no admitía más que dos trapazos y a la salida del segundo se marchaba buscando el refugio de las tablas. Poco había que hacer allí, pero quizá lo menos recomendable era empeñarse en dar derechazos y naturales. Empezó con cierto criterio sacándoselo a los medios, quizá para ver si ahí se olvidaba un poco de su tendencia de manso, pero desde el primer muletazo dejó claro el de Fuente Ymbro su condición y ¿hala! A los derechazos y naturales en un aquí te pillo, aquí te lo largo. Y el toro era un regalo, pero tampoco era cuestión de largarle el bajonazo con que le despenó Bastos.
Mariscal Ruiz quizá necesitaba que antes le hubieran contado un poco cómo funcionan las cosas por estas latitudes; que me dirán otro, pero a este no creo que le falten consejeros que le puedan guiar. Nulo con el capote, como todos, en el último tercio se hartó de dar trapazos, mucha carrera y muy acelerado. Venga manivolazos, venga carreras, venga precipitación. Y por si faltara algo, hasta manoletinas. Si le preguntan por su actuación en su segundo, igual creen descubrir al nuevo Gallito, pero mejor que pregunten a otra persona, que igual les cuenta que dio un solemne concierto de vulgaridad, trallazo por aquí, trallazo con el pico por allí, carreras y más carreras, para culminar tirando los trastos, ¡dejadme solo! ¡Fuera cachivaches! Que ya les digo que esto puede ser el gesto más honesto de la tarde, que si no sabes para qué te valen, para qué sujetarlos en la mano.
Emiliano Osornio no desentonó del grado de vulgaridad de sus compañeros, centrado en el último tercio, aunque estuviera bastante descentrado. Muletazos en los que parecía pegar un ventanazo, le llegaba el novillo y ¡pum! Manivolazo al aire. Insulso, sin gracia ninguna, que imagínense, lo más notorio fueron unos naturales con la derecha, no por su calidad, ni mucho menos, sino por no tirar lejos de si el palo y sujetarlo con la zurda. Ya ven a qué se reduce lo más destacable. Y así llegamos al final de la tarde, cuya mayor novedad fue el que ya en la calle aún lucía el sol. Y unos echando para casa pensando que una tarde más avanzando hacia la nada de la nada y otros, sin dar crédito por el comportamiento del respetable que no se les echó de hinojos esperando alzarles en triunfo entregados a su vulgaridad y comentándole en el coche al que llevaban al lado eso que sonaba a rogar aunque fuera un halago... pero, si lo he hecho muy bien, ¿a que sí?
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html
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