sábado, 30 de mayo de 2026

Crónica de una muerte, quizá estafa, anunciada

Paso a esos jolgorios de talanqueras, que corran ríos de alcohol y que afloren las más vulgares de las miserias humanas


Habrá quién haya llegado al convencimiento de que la plaza de Madrid ya no puede caer más bajo, que ya ha tocado fondo. Pues ojalá sea así, porque viendo cómo se suceden los acontecimientos, quizá nos queden por ver aún cosas peores. Que es muy simple, esto está manejado por mediocres, los actores son además vulgares personajes que no dan más de sí, que no llegan más allá de los límites de su propia vulgaridad. Y con estas trazas, si el fin es adaptar todo esto a la comodidad de esos elementos, ¿siguen pensando que ya hemos tocado fondo o que esto puede ir todavía a peor? Que podemos empezar por una empresa que ha montado una feria delirante en el que su único objetivo era alimentar unas estadísticas tan mentirosas como manipuladas. Que llevamos no se sabe cuántas salidas a cuestas, de matadores y novilleros y ninguna, pero ninguna, ha dejado de ser un montaje, con la inestimable colaboración de los que “okupan” el palco, presidentes y asesores. Que han concedido despojos hasta sin mayorías, con bajonazos, con pinchazos previos y lo que es peor, sin nada que pueda ser merecedor de ningún premio. Una feria en la que el toro está desaparecido, pero aún así, estos caballero no han dudado en conceder vueltas al ruedo a animales que fracasaron estrepitosamente en el caballo. Que luego nos cuentan, ya saben, eso de la importancia del primer tercio. A otro perro con ese hueso. Con un público, todos los días cambiante, que no sabe ni como estar en una plaza de toros, que para ellos esto no es una fiesta, es una juerga, pública verbenero, con el barreño de alcohol siempre en la mano y al que solo les importan dos cosas, que se callen los que protestan, que cada vez son menos, y que haya despojos por todas partes. Un esperpento alimentado por la empresa y auspiciado por la Comunidad de Madrid, que aplaude todo este engendro. Y así estamos, caminando por esta senda de triunfos, que si rascamos un poquito es fácil comprobar que todo es cartón piedra.

En otras ocasiones hemos tirado por el sarcasmo, agarrándonos a la ironía, como el que se agarra a cianuro mezclándolo con el azúcar para... Quizá lo que tocaría, como todas las noches anteriores, es el empezar a contar cómo fueron los toros, que hicieron los de luces, que sucedió durante las lidias. Pero es que no hay nada que contar, es que valdría decir que ha sido una estafa, nos echan unos animales infames queriendo que nos los traguemos como si fueran toros de lidia; pretenden que tomemos en serio a unos señores que se visten de luces y a los que les importa entre poco o nada que alguien pague verdaderos dinerales para verlos con toros y no con adefesios como los de Garcigrande. Bueyes grandones, algunos gigantescos, que igual se atreven a decir esa mentira sempiterna de que en Madrid gustan los mastodontes. Y lo peor es que hay quien se lo cree, quizá porque lo escuchan en la televisión o se lo oyen a maestros de esta infamia. Toros para carros, inválidos, mansos, descastados, que solo se limitan a ir y venir en el mejor de los casos. Y me niego a empezar que si uno empujó, que si le taparon la salida o que si iba y venía en la muleta. Eso sí, tres sobreros que parecían puestos para que los maestros decidieran hacerlos salir o no, si es que el titular no era de su agrado. Que yo sé que a los taurinos y a sus aplaudidores les gustan mucho los datos ¿Quieren datos? Ahí van, el de más peso que ha saltado a la arena pesaba 715 kilos y el que menos, 523. Casi 200 kilos de diferencia, Corrida escogida y reseñada para Madrid con mimo, ¿verdad?

Bueno despachados los mulos, vayamos con los artistas. Artistas de la triquiñuela, del destoreo, del ventajismo superlativo. Morenito de Aranda, que cumple a la perfección su función de abrir cartel y a cambio nos obsequia con un toreo desconfiado, pegando trallazos y siempre con las precauciones al uso, que si meto el pico, que si me quedo fuera. Que da lo mismo que se le escape un toro sin haberse enterado de lo que tenía o que se recorra más de medio ruedo detrás de una borrica. Pero quizá hasta esté contento más de uno por haberle visto cumplir como liebre en las carreras de atletismo, sale primero y luego desaparece para que entren en escena las figuras de verdad.

Volvía Talavante, amparado por el jefe del cotarro, que para eso es quién le apodera. Que decide que en uno no tiene el cuerpo para milongas y se limita a andar por allí dejando pasar el tiempo. Y al final decide ponerse manos a la obra para ver si le cae un despojito, que viendo quiénes “okupan” el palco, mucho se tiene que torcer la cosa. En esta ocasión el señor Rodríguez San Román, con amplia experiencia en protagonizar esperpentos vergonzosos y humillantes para la plaza de Madrid, y los señores Bellido González y García Gómez. Y así fue Talavante decidió tirar del repertorio más vulgar, más propio de plaza de talanqueras, más del gusto de otras latitudes y entre trapazos de rodillas, tirar la espada de mentira y trapazos bien aliviado metido entre los cuernos, lo ha bordado. Que le ha quedado como para que se lo borden con letras de esparto en un serón para llevar estiércol. Y cómo ha respondido la audiencia, que entre mandar callar a los que protestaban y sacar el pañuelo y jalear a su ídolo, no daban abasto. Pero cuidadito, que aún quedaba otro figurón que sufrir, el naturalista, uno de los grandes maestros de la más natural mentira, Pablo Aguado, que si no llevara `picadores se ahorraría dos soldadas y el efecto sería el mismo. Que si un animal se le derrumba, él a lo suyo, a ser natural, y si ello implica que los enganchones se apelotonen unos con otros, pues para adelante, mientras sea con naturalidad. Eso sí, esta vez no ha habido callos que se le pudieran por delante, no fuera a ser que le echaran otro toro, perdón, mulo, a los corrales y tampoco le abuchearan, que así están los que nos visitan tarde tras tarde en Madrid, que oyen tres avisos y solo parece que les sirve para salir corriendo al bar a rellenar la bañera de alcoholazo. Y aún habrá quién piense que Madrid ha tocado fondo, pero con todos estos elementos, tranquilos, que aún veremos nuevos prodigios. Aunque al final, todo se resume en que esto es la crónica de una muerte, quizá estafa, anunciada.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enrique, te preguntas si la plaza puede caer más bajo. Claro que puede caer y que caerá. El nivel del toreo ha caído, el del toro también y el del público más de lo mismo. Al paso que vamos la plaza se pondrá al nivel de Arganda o Alcorcón.
Un abrazo, J. Carlos

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, es una degradación constante.