jueves, 26 de febrero de 2026

Me gusta, no me gusta

Mientras divagamos con lo que no nos gustan, siempre habrá toros encastados que vaguen entre las estrellas


Hay una pregunta, quizá demasiado frecuente, que me hacen esos que no entienden que uno pierda la cabeza con las cosas que lo hacen ellos con absoluta entrega, ¿qué te gusta a ti? Gran pregunta, poco original, poco meditada, de fácil y difícil respuesta; pero sobre lo que a uno le gusta... de eso no parece que vaya el cuento, porque mira tú si mientras ellos deliran con yo que sé qué, vas y les dices que a ti te parece aquello lo que no querrían saber. Pero si uno se pone a pensar en cosas que a vuelapluma no le gustan, saldría una lista más que larga; y si nos ponemos a echar una pensadita con más detenimiento, la pregunta que tendría que hacer yo es la: ¿tienes tiempo? ¿Tienes algo que hacer mañana por todo el día? Pero ya digo, dejémoslo en ideas que saltan sin tener que pensarlo mucho y lo que no me gusta es:

  • Que llamen ganaderías o toros que embisten a lo que se limita a ir y venir sin más, como el perrico que va detrás de la pelotita y te la trae feliz por mostrar su infinita obediencia.

  • Tampoco es que me sea fácil asimilar eso de la casta buena y la casta mala. La casta, casta es, que luego puede ser la de un toro boyante y bravo o de otro... Es como si me dijeran que hay inteligencia mala y buena. Esta es lo que es y otra cosa es para qué y cómo se emplee.

  • Me disgusta eso de que no se pique, porque si no, nos quedamos sin toro. Claro, así dejamos la puerta abierta de par en para para que se críen toros que no aguantan un puyazo ¡Caramba!

  • Me molesta y mucho esos espadas que se inhiben de la lidia, que incluso se atreven a decir a los picadores que levanten el palo, dejando recaer toda la responsabilidad sobre ellos y renunciando a la suya propia.

  • No me gustan los toros que admiten que se les reciba por chicuelinas, quizá sea por la falta de casta. Y a ver quién me explica si eso es casta buena o... en fin.

  • Me sorprende, de forma negativa, el que aficionados reduzcan a que el toro se arranque de lejos al caballo y que lo demás quede ahí en un querer interpretar la bondad del toro, haga lo que haga, porque fue de lejos. Lo de debajo del peto, si le tapan la salida o no o si se va a escape, eso ya... Que se arrancó de lejos y punto.

  • Me resulta fuera de lugar ese tercio de banderillas candidato a convertirse en deporte olímpico, en el que se premiaría la altura del salto, si con los arpones se llega a la luna, si incluso en el aire el torero es capaz de ejecutar un tirabuzón planchado con doble salto mortal, clavando a cabeza pasada.

  • Y qué decir del último tercio en el que hay un compendio de cosas que no, que por mucho que lo intente, es que no hay manera. Que empiezo por esos repertorios, tan iguales unos con otros, casi idénticos, en el que las mayores aportaciones personales es si uno empieza las faenas pasándose el animalico por el... por la espalda, si se pone de rodillas o poco más, sin atender a las condiciones de su colaborador. Y luego, pues pico, pico, pico, incluso exagerándolo mientras se esconde la pierna de salida, todo en línea, largando trapazos, todo circunvalaciones y enganchones muy bien jaleados por el respetable. Y venga a cazarlos, uno aquí, otro más allá y el siguiente... Que yo imagino a un peluquero cortándole el pelo a un crío, corriendo detrás de él con el blusón, las tijeras, el peine en ristre y a la mamá y la abuela diciendo lo guapo que está quedando el muchachito. Es sí, que luego se valore uno que digan que ha sido bueno, como si eso fuera torear.

  • Me deja frío el que se considere torear despacio a un moribundo que para dar un paso tiene que sudar todo el pienso del invierno. Que pensar que eso es torear despacio, incluso se atreven a decir que es templar... Y todo, porque el toro ha tenido “ritmo”. Si es que da cosa el solo pensarlo.

  • El toro con “ritmo” y bien hecho, considerando como tal el que no tiene trapío, que no digo chico, aunque si es chico, es muy probable que carezca de esto. Pero si pides el toro serio, el novillo serio, es que eres un monstruo de seis cabezas, que no quieres que los toreros se sientan “cómodos”. Que la comodidad del toreo tiene que llegar cuando vuelven a la habitación del hotel, pero todo lo que sea antes, queda fuera de lugar.

  • Pero claro, que si hay algo con lo que uno no puede, es con la suerte suprema, que llamaban los clásicos, que no puedo, que no, con esa exaltación del bajonazo, con eso de taparle la cara y pegarle el sablazo, con esas estocadas que son como a cámara rápida, sin hacer la suerte y que lo único que importa es que el animal caiga para que en los tendidos se pongan a pedir despojos con entusiasmo. Pero claro, con semejantes sartenazos, a veces tarda en doblar, pero no pasa nada, que el maestro en cuestión no tomará el verduguillo, ¡faltaría más! Que si hay que contemplar la agonía innecesaria del animal, pues se contempla. Que esto es ahora la locura orejística y nada hay por encima de esto.

  • Me molesta, y de qué manera, que la vulgaridad la hayan convertido en un nuevo clasicismo, en el que hay que entender que esa misma vulgaridad sea la manera de entender fulano o mengano su “tauromaquia”. Que ya a cualquier cosa se llama tauromaquia, solo por justificar lo difícilmente justificable. Pero no se atreva usted a criticarlo, que entonces se ponen en funcionamiento todos los automatismos de la ciencia de la positivología, en la que los aventajados discípulos te empiezan a soltar la doctrina aprendida de boca de otros. Que los argumentos son mil y un millar, pero siempre los mismos.

Que esto es solo una muestra de cosas que no me gustan, que podría seguir relatando y relatando, pero es que les confieso que en estos momentos se me han atascado las cañerías del cerero con tanto desecho, que cuesta que pase y como no hay un torrente de pureza y verdad que lo arrastre todo al vertedero, pues tendré que esperar para seguir pensando en lo que no me gusta. Que habrá quién aplauda y jalee todo esto que no me gusta, cada uno es muy libre, pero esos tampoco es que me agraden, porque, ¿cómo iba a ser partidario de los que abogan, aplauden y jalean lo que está llevando por el desagüe algo que tanto quiero? Pero bueno, al final esto es solo una opinión en la que simplemente intento exponer que gusta, no me gusta.


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martes, 10 de febrero de 2026

Esos retos toreros en público

Pues si se aceptan los retos en público, aquí les espera más de uno de estos.


Lo que igual nadie esperaba en esa magna, magnánima y magnificente presentación de la ya histórica feria de San Isidro, y lo que nos queda, de este 2026, es que un torero se atreviera a retar delante de toda la secta taurinista al capo, al jefe, al gran ídolo del negocio, a ese clavo ardiendo al que se agarran muchos para poder seguir acumulando billetes. Que va Borja Jiménez y le suelta a la audiencia, al señor presentador y al mismísimo ciclón limeño, que él y el otro, juntos en Madrid ante una de Victorino. Que no me dirán que no es una gesta, un gesto, un hecho digno de héroes del Olimpo; pero, ¡hombre! Puestos a pedir, ¿por qué no dejara a los Domecq de Victorino a un lado y nos pedimos una de... ¿Saltillo? ¿Dolores? ¿Cebada? ¿Cuadri? Y seguro que si nos ponemos a preguntar, dependiendo a quién, saldrían más nombres. Que si vamos a los fieles al sistema, pues lo mismo apuntan a Victoriano, Garcigrande, Jandilla y ese largo y tedioso etcétera de hierros de esos de los que se dice que no va a haber toros para Madrid. Pero esos ya tienen sus propios canales para hacer las correspondientes peticiones, incluso por si les pide el cuerpo levantar la voz airadamente; que solo hay que ver cómo se han encampanado cuando Borja Jiménez ha lanzado su guante. Que cómo se atreve a semejante ofensa a su ahora principal fuente de ingresos. Que lo que parece que ha cambiado el cuento del año pasado a este. Que igual algo tiene que ver el cambio de apoderamiento del señor llegado de allende los mares.

Que parece más que evidente que el guante se quedará en el charco en que cayó y calló, porque nadie lo recogerá, ni le preguntará que hace en sitio tan inhóspito. Pero ya que ese cara a cara no parece que se vaya a producir, Borja Jiménez podría retar desde el ruedo, con o sin el retado presente. Porque que no se preocupe, que ya será el aficionado el que haga comparaciones y saque los colores al ahora ofendido y a sus palmeros; o igual no, pero bueno, por intentarlo no pasa nada. Eso sí, que tenga en cuenta Borja Jiménez que este desafío acarrea demasiadas responsabilidades, tantas que a lo mejor no se ha detenido el tiempo suficiente a valorarlas. Que sí, que cara a cara valen los efectismos, los gestos a veces exagerados, los brindis al sol, consiguiendo que los parroquianos se decanten por uno o por otro, teniendo poco en cuenta el toreo real y agarrándose más y casi exclusivamente al show que cada uno sea capaz de montar. Porque si el espada de Espartinas empezara a torear con verdad, sin abusos ni trampas, cargando la suerte, sin carreras, con dominio real y no efectista, con toreo, en definitiva. Si empezara por hacer la suerte suprema sin apaños que acaban al tiempo con el toro y con la verdad de la espada, sin telonazos tapando la cara, sin bajonazos, sin sartenazos traseros. Si hiciera de la lidia ordenada su filosofía del toreo, si no fuera su objetivo únicamente la acaparación de despojos, lo mismo el aficionado le podría dar vencedor en ese duelo a distancia. Pero... ¿qué quieren que les diga? Lo mismo el reto, que el declinarlo, están dentro de esa esfera que es la “tauromaquia” actual, en la que todo vale, menos el toreo, que es lo único que debería valer. Y esto también nos puede dar una idea de lo que nos espera, que uno transitará por esos caminos sembrados de pétalos de rosas entre alabanzas, glorias y felicitaciones, que hasta esa juventud recién avenida lo entronizarán en el púlpito vacío de las figuras a idolatrar, porque sin ídolo nada tiene sentido para ellos; y el otro, pues no digo yo que no vaya de triunfo verbenero en triunfo verbenero, pero al final solo saldrá beneficiado el negocio de unos cuantos, mientras la ilusión de unos pocos acabará en ese charco junto al guante que nadie va a recoger y es que no hay más cera que la que arde, Este es el destino, el principio y el final de esos esos retos toreros en público.


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viernes, 6 de febrero de 2026

Extra omnes, el taurineo manda

Cada uno lo verá como quiera. pero al menos déjenme padecer en la intimidad


Son muchas las oportunidades en las que los simples mortales interesados por los Toros podemos darnos cuenta, aunque no queramos, que esto es un coto cerrado al que niegan el acceso a todo aquel que no es de los suyos... o nada tiene que ofrecer, porque si vas con parné por delante, te abren las puertas de par en par, al menos mientras les engrases los bolsillos. Pero lo bueno, o lo malo, es que no solo no intentan ocultar ese rasgo de sentirse exclusivos, sino además se esfuerzan en demostrarlo. Se esfuerzan en dejar claro que a ellos el mundo que nos rodea les importa nada o menos que nada. Son ellos, después ellos, luego ellos y al final... ellos. Y para muestra un botón o una caja de botones o ya puestos todos los botones de Pontejos; véase la magna presentación de la feria de San Isidro de este 2026. Gran gala dentro del maltrecho edificio de las Ventas, los invitados sin casco, pero con esa pose de impostada seriedad y altivez, más propia de chuleta de discoteca y no salvo a nadie. Con ese falso gesto de camaradería, de to er mundo e güeno, del “me alegro verte”, del “maestro” por aquí, “maestro” por allá. Pero bueno, si esto les gusta, pues para ellos. Vendiendo cada festejo como la épica cumbre del toreo ¡Válgame! Que por mucho que se pongan a ello, ya saben, que aunque la mona se vista de seda, la feria seguirá siendo una mona vulgar, vacía del contenido más importante, el toro. Una feria montada para la estadística, que no para el recuerdo, porque cuando llegue el día siguiente sin toros, a ver cuántos se acuerdan de lo que han visto tarde tras tarde, lunes aparte.

Que ya lo afirmó el señor portavoz, mandamás, jefe o cómo quieran calificarlo, que son carteles para el público; y no se equivocó ni un tantito así. Para el público jaranero, el público de verbena, alcoholazo y pantalones pesqueros para ellos, y... ellas solo acompañan, porque así lo consideran, la señora, la chuti, la parienta, solo acompaña ¡Váaaalgame! ¿Adónde vamos a ir a parar? Pero igual que a los unos los quieren sin que hablen, solo que paguen, a las otras, tres cuartos de lo mismo ¡Qué mundo! ¡Qué panda! Y en cada detalle que nos detengamos se nos hará más evidente que los que idean, preparan y montan todo este número, no tienen ni idea, ni intención de tenerla, de lo que ha sido, es y debe ser la plaza de Madrid, que se reduce a algo tan sencillo como que no puede dejar de ser Madrid. Madrid no puede convertirse en un espejo de Nimes o de Corralejas de la Nava. Y lo de Nimes ya entenderán por dónde va, ¿no?

Pero por si faltara algo, la guinda la pone el cartel anunciador de la feria. Que decía yo que esta gente no sabe lo que es Madrid. Que no van y eligen a un señor que no solo es que no tenga nada con Madrid, es que es el prototipo de caballero que Madrid no aguanta. Que me dirán lo que quieran, que igual va y corta seis orejas y tres rabos en un toro, pero, ¿puede este señor representar , ser el icono de Madrid, de su feria, de la feria en la que se honra a su patrón? Que habrá quién me diga que no es para tanto, que al fin y al cabo es el número uno, que lo será, pero no en Madrid. Y es más, con esas maneras, con esa forma de hacer y desenvolverse, nunca será torero de Madrid. Y van y me lo ponen en el cartel. Que también les digo, igual es la mejor representación de lo que es esta recién nacida feria de San Isidro. Que unos opinarán de una forma y otros de otra, que el dichoso cartelito les parecerá esto o lo otro, que habrá a quién le despierte los más bajos y los más altos instintos, que lo enmarcarán o lo usarán para tapar una humedad, allá cada cuál. Que puede ser, que lo es, chabacano, hortera, fuera de lugar, incomprensible, casi ofensivo, pero lo peor es que para el aficionado de Madrid, plaza en la que se celebra esta feria, feria en teoría para el aficionado de Madrid, como siempre fue, el cartelito y la feria les resulta totalmente ajeno. La feria, el cartel, la plaza, a ese aficionado le resulta algo completamente ajeno. Y como si de un cónclave papal se tratara, el camarlengo de esta banda berreó a los cuatro vientos y lo berrea permanentemente, extra omnes, el taurineo manda.


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miércoles, 28 de enero de 2026

Pero, ¿quién está al mando?

La plaza de Madrid.. Quién te ha visto y quién te ve, sombra de lo que eras... gracias a...


Que buenas y que malas son las redes sociales. Que la feria depende de quién la cuente, eso es algo que se ha dicho de siempre. Quizá ustedes han tenido la suerte y la paciencia, de ver al responsable del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid en una tertulia reciente. Y claro, los que no pudieron asistir a tal suceso, pues dirán que bendito internet, porque gracias a él, pudieron seguir con detalle lo que allí afirmaba... perdón, lo que no afirmaba don Miguel Martín. Este, por contra, será de los que digan que “mardito invento del hombre blanco” ¿Por qué? Si la tecnología siempre viene tan rematadamente bien, que lo mismo puedes hablar con un primo en Australia, que freír unas patatas con aire, que... que ver la mas absoluta nada de este señor. Que personalmente seguro que es encantador, pero anda que no hay encantadores con más preparación para liderar la fiesta de los toros en la Comunidad de Madrid y, por supuesto, en la plaza de la capital. Que ustedes me dirán que era un secreto a voces que el señor Martín... Que solo hubo que verle en la Asamblea de Madrid, que le preguntaban por esto y lo otro y el no contestaba, se liaba a leer un papelito, que si le dan el prospecto del Evacuol o las instrucciones para un lanzallamas, se lo casca igual y sin reparos; sin reparos, porque lo mismo tampoco sabe muy bien que es lo que quiere decir lo que lee.

Eso sí, hay que reconocerle la suma prudencia con que semaneja con sus superiores, Plaza1. Que no quiere ni por lo más remoto, interferir en las fechorías de esta empresa que non tanto acierto lleva a cabo con el propósito de hundir la plaza de Madrid. Ese mérito es indiscutible. Que claro, si al señor Martín le presentan unos carteles de san Isidro y él no se ve capaz de decir que no son convenientes para Madrid, pues no lo dice. Que debería ser e máximo representante del aficionado de Madrid, que debería velar por sus intereses, por el prestigio de esta plaza, por evitar la debacle en la que ha derivado la gestión de la actual empresa en Madrid. Pero no, él cree que no es nadie para inmiscuirse en eso ¡Ah! Entonces, ¿quién sería alguien para eso?

Al buen señor todo le parece bien, que si una báscula para los pencos, pues una báscula para los pencos, que si mantener la temporada, pues estupendo, a mantener la temporada en Madrid, pero no le pregunten ni el có, ni el cuándo, ni nada de nada. Eso sí, ya se preocupará muy mucho de no molestar a la superioridad, ¿a la presidenta de la Comunidad? No, a ella tampoco. Pero sus inmediatos y más poderosos superiores son aquellos de los que tendría que proteger este caballero al toro en este Madrid que cada día parece más perdido. Unos lo llevan entre callejuelas embarradas que desembocan en un vertedero. Que sí, que seguro que les resulta muy rentable. Y la muestra es que las empresas que están detrás de Nautalia no cejan en el empeño de seguir en las Ventas y quien nos dice que además disfrutan con este hundimiento. Pero tranquilos, el señor Martín no moverá un dedo por reconducir el rumbo. Que a lo más que llega es a pensar en una carpa así, grande, bonita, en el Batán. Que forma de interesarse por la tauromaquia, como dice él. Pero la sensación de todos los que ocupamos esa nave que es la plaza de Madrid, es que esto no se sabe hacia dónde se dirige y lo que se ve en el horizonte no pinta bien, demasiada oscuridad, demasiados nubarrones, demasiadas ventiscas. Que ahora la ONU se pone exquisita y pide explicaciones a España sobre los niños en los toros ¡Acabemos! Que no me dirán que quien supuestamente regenta los toros en Madrid, el máximo responsable de la fiesta en esta comunidad, el máximo responsable de la que se dice, o se decía, la primera plaza del mundo, por encima de cualquier empresa explotadora, sería un defensor de garantías, con conocimientos, con argumentos, con eso que se llama don de palabra y sobre todo, con afición; pero, ¿adónde vamos a mandar al señor Martín? Que le mandas a por dos barras de pan y si no hay barras es incapaz de decidir si lleva dos baguetes o un pan redondo. Que si acaso vale para ponerle en la foto sin hablar, por supuesto, y hasta colocándole el gesto y la pose. Y mientras se sigue avanzando y mientras buscamos algo de cordura a nuestro alrededor, no paramos de preguntarnos, pero, ¿quién está al mando?


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miércoles, 21 de enero de 2026

Yo también me retiré el 12 de octubre, hasta...

 

Se iba y a mitad de camino decidió darse la vuelta y quedarse. Pues...

Lo de las retiradas parece ser que es algo muy subjetivo, que cada uno lo entiende a su manera. Que el extremo sería considerar que uno se retira, se jubila todos los días al salir del trabajo, pero al día siguiente, por esas cosas de la vida, cuando suena el despertador vuelve a la actividad, vuelve al trabajo, quizá para retirarse de nuevo al acabar la jornada. Pero hablando de esto de los toros, no son los coletas los únicos que deciden retirarse en un momento dado. El que esto escribe más de una vez decidió retirarse muchos domingos después de una tarde penosa en la plaza de Madrid. Salía afirmando que no volvería más y los acomodadores y porteros, que ya me conocían, me despedían, no sin risas y sorna, hasta el domingo siguiente. Pero la fecha que más resonó en este mundo de los toros fue el 12 de octubre, día señalado para Fernando Robleño, que ya había anunciado que ese día se despedía de los toros. Que hasta es posible que vuelva, pero de momento no da la sensación de que vaya a ser así. Todo el mundo fue a despedirse de un torero, pero cosas que pasan, resultó que después del cuarto toro, el espada que abría plaza, Morante de la Puebla, con todo el ceremonial y majestuosa puesta en escena que pudo, salió al centro del ruedo, al platillo de Madrid y se destocó del añadido, que ofreció a los presentes. La conmoción se apoderó de la plaza. Pero, ¿no era el día de...? Pues no. De ello se se ocupó don José Antonio. La fiesta es mía, la tarde, esta y todas las demás, es mía y yo decido quién debe concentrar todas las miradas, todas las palabras, todo el asombro y todas las emociones del día. La gente no daba crédito, muchos entendieron de que aquello tenía una causa muy poderosa, la salud; algo que nadie puede cuestionar, porque ante eso...

Visto todo con la perspectiva que da el tiempo y con lo que se ha anunciado recientemente, que Morante reaparece en Sevilla en Resurrección, todo aquello no parece otra cosa que una mala teatralización para adornar un triunfo tan preparado, tan vacío y tan poco merecido como el que luego propició aquella manifestación de jovenzuelos vociferando con el torero a cuestas. Bastaba aquel gesto para que el montaje verbenero pasara a un segundo plano. Que sí, que son muchos los que se han ido, han vuelto, se han vuelto a ir y se han vuelto a marchar, que seguro que veremos en los próximos tiempos a más de uno que se desretire, pero al menos habrá que agradecerles que no tomen por estúpido al personal. Que no digo yo que nadie tenga que pedir permiso a nadie para nada, faltaría más, pero a veces las formas también cuentan; que después de aquel número, de perjudicar a un compañero, que ahora nos vengan con estas. Que eso de respetar a los compañeros también es torería, no solo el ponerse una montera decimonónica, no solo el llevar botijo y echarse un veguero en el callejón. Que si se es un mandón, nada engrandece más que la consideración a los que uno considera por debajo y eso, ni antes, ni ahora, lo ha practicado Morante. Y ahora, ¿qué? Supuestamente ya montado San Isidro, ¿quitarán a quién sea para colarse él? En Sevilla dicen que irá no sé cuántas veces, lo que igual es porque esto de la desretirada se estaba planeando desde hace tiempo. No digo yo que al día siguiente de aquel trampantojo de corte de coleta, pero...

Con lo necesitados que andamos de ídolos verdad, como para que se nos plante delante este caballero. Que no me molesta solo él, también esa gente que tiene a su alrededor y que les da lo mismo que su torero campe a sus anchas por los sembrados taurinos desmontando caballones y echando a perder las simientes que se comerán los cuervos, todo por... Si es que uno ya no sabe el porqué de todo esto, si por dinero, por vanidad, por no bajarse del machito, porque se aburren en su casa ¡Vaya usted a saber! Pero claro, siguiendo estos esquemas, aunque sé que a nadie le importa lo que yo pueda decidir, si me voy o si vuelvo con la primera de la temporada de Madrid, yo también me retiré el 12 de octubre, hasta...


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