lunes, 23 de marzo de 2026

La fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es

 

Se esperaba un encierro de un tipo y salió... solo esperamos que esto siga siendo la excepción

Pues ya empezó la temporada. Anda que no tenía ilusión el personal, empezar el curso encontrándose con el toro, ni más ni menos que con una de Cuadri; pero al acabarse le festejo quizá más de uno aún se preguntaba que dónde estaban los Cuadri, porque lo que habían visto no se parecía en casi nada a lo que ellos tenían en el recuerdo. Que la memoria puede ser frágil y ya llegados a una edad, lo mismo hasta deforma los recuerdos, pero eso le pasa a los mayores, no a los mayores, a los jóvenes, a los de mediana edad, a los jóvenes pero con entradas, ni a los jóvenes con achaques. Y qué cosas, esta y la que vino hace dos años, resulta que si las recordaban con más parecido entre ellas de lo que se esperaba de este hierro. Que no se puede decir que los de luces hayan ayudado para lucir lo que salió por chiqueros, porque no han ayudado. Con esa desconfianza, esa nula lidia, por mucho que por momentos se empeñaran en poner a alguno de lejos al caballo, pero es que la lidia es mucho más, echar los capotes abajo, mandar en las embestidas, enseñarles a embestir, cuidar al toro en el caballo, no para que se les dé un picotacito, sino para medir el castigo, estar atentos para sacarlos del peto y no deambular por allí como Marco buscando a su mamá. Y para acabar, con ese encimismo que ahoga las posibles arrancadas de cualquier toro, ese meterse entre los cuernos como en plaza de carros, ese arrimón para sacar la muleta desde atrás mostrando el pico y echándolo para fuera. Que sí que les han puesto de lejos, pero si un toro tardea más que el chachachá del tren, si va al paso mientras se distrae con el mundo, a excepción del sexto, que sí, que fue, de la misma al más decidido, sin alharacas, para que el señor de aúpa soltara sobre él todas las tensiones de la comida de Navidad con el cuñado y los suegros. Se quedaría a gusto. Pero con todas las pegas que podamos poner a la corrida, lo que es un hecho es que los de luces tampoco han podido con ella.

Pepe Moral ya debió desnortarse al querer ir a portagayola y verse en un brete rodando por la arena. Citando desde fuera con la muleta, estirando el brazo, venga pico y aperreadito, porque no sabía por dónde mandar al toro y menos con ese trapaceo por arriba. Mal con la espada, al menos habrá tenido el detalle de mandar una caja de bombones al usía por no sacarle el blanco una tercera vez; aunque mejor que los bombones, con un reloj bastaría, uno de los chinos mismo, que para contar diez, tres y dos minutos no hay que llamar a los suizos. Su segundo daba la sensación de que tenía unos andares raros. Hasta tres veces fue al caballo, para pelear solo con un pitón y en la tercera vara irse suelto. En el último tercio empezó Pepe Moral a bailar y bailar, cazando trapazos por aquí y por allá, casi perreando detrás del toro, pero sin saber por dónde tirar, para ponerse encimista y vulgar. Que se decía de este torero que era muy irregular, pero ya se puede afirmar sin temor a equivocarse que eso es historia, ahora es tremendamente regular, la regularidad de la nada, al menos cuando aparece por Madrid.

Damián castaño, un torero resultón, con ese bullir que hace parecer que hace, pero... casi mejor que no hiciera tanto, o al menos que aplicara a su quehacer un poquito de sosiego de firmeza de... vamos, que toreara, así de simple. Pero, ¡oiga! Mientras se lo jaleen, él dirá que mí plim. Si hasta le aplaudían el darse la vuelta para perder terreno. El Cuadri solo tiraba derrotes en el peto o peleaba con un solo pitón. Después de tanto mantazo, cómo no iba a echar la cara arriba, a lo que también contribuía ese pasar al toro sin bajarle la mano jamás. Mucha carrera, tanta, que antes de acabar el muletazo, ya estaba moviéndose; alborotado, con el pico, encimista y sin parar quieto un momento, pero quizá los cinco descabellos nos libraron de un medio triunfo de bochorno, porque los había que bieneaban sin pudor. Quizá los amantes de Travolta y el muchacho de rizos de Bony M. Pero salió el quinto y allí los hubo entusiasmados con los lances de capote, quizá por esa gracia al echar el pasito atrás en cada mantazo, que también es de mérito. Puso al toro de lejos, para que el animal fuera andandito, como sin ganas, hasta tres veces. Que lo de poner un toro tres veces y de largo está muy bien, pero muy requetebién, pero al menos con criterio, con un poquito de sentido común, no ponerlo por ponerlo. Acabó con un homenaje al clasicismo, sin desmonterarse con la muleta, pero... lo del encimismo, el respingo, el pico, estirar el brazo y no pararse o salirse de la suerte descaradamente con la espada, clásico, lo que se dice clásico... y de buen gusto ya ni hablamos.

Cerraba la terna Gómez del Pilar, que un día se aprendió una lección y te la suelta allá por dónde va, que le da lo mismo si le preguntan de historia, geografía, matemáticas o el catecismo del padre Astete, él a piñón fijo, venga o no a cuento su tema. Que hasta una voz le soltó que así no se viene a Madrid, pero yo me pregunto, ¿cómo ha venido siempre? Que igual esa voz esperaba otra cosa. Que el confundido no es solo el torero, es quien así, por las buenas, le pide peras al olmo. Que su repertorio dice que hay que poner a los toros de estos hierros de lejos y allí que va y tres veces; que ninguna de las dos cosas es mala, pero estamos en lo de siempre. Con la muleta venga y venga a buscar el sitio y a pensarse por dónde, para acabar encimista, tirando de pico. Cambio de pitón para hogar aún más al de Cuadri, con muchas dudas y venga arrimón, vulgaridad y más vulgaridad, que si el péndulo, para no llegar nada, quizá porque el camino no era ese. Y en el sexto, el castaño, lo de siempre, tres veces al caballo, quizá en este caso porque el presidente consideró que una entrada no debía contarse por haberse roto el palo, aunque el jinete no tuvo miramientos y si hubiera tenido que picar con una escoba, sin dudarlo que tiraba de escoba. El animal escarbaba, olisqueaba, que no estaba para caballos, pero... Y en el último tercio, pues sin saber encontrar ni terrenos, ni distancia, cambiándose la tela de mano, miraba por aquí, ahora por allí y se fue a por la espada, que si encima el personal no iba a saber apreciar su arte, “pa qué más”. Y con un bajonazo culminó esa tarde tan esperada u deseada, que quedó en lo que quedó, en que tres de luces pasaron por allí sin responder a lo que algunos creían que podían responder y un ganado del que unos aún siguen esperando, pero que cada vez parecen estar más lejos de lo que fue, que una mala tarde, dos, hasta tres, las puede tener cualquiera, pero al meno siendo fieles a lo que fueron y que parece que están dejando de serlo. Ni la lámina, ni el comportamiento y aquello de la casta... Que nos llamarán pesimistas o nada positivos, pero la fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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