miércoles, 3 de junio de 2026

Emociones, sí, pero...

A veces hay que echar mano de lo irreal para poder llegar a emocionarse.


Anda que no se repite una y otra vez eso de que a los toros hay que ir a emocionarse, pero quedarse en eso quizá se nos quede corto, ¿no? Que emocionarse se emociona una abuelita cuando su nieta le entrega un papel lleno de rayajos y le dice que son los abuelitos; o cuando al final el niño se gradúa de la ESO el mismo día que cumple los 25 ¡Qué emoción! Y qué alivio. Quizá una emoción parecida a que unos señores vestidos de luces salgan indemnes una tarde después de no haber sido capaces de mandar mínimamente a lo que les salía por la puerta de toriles. Que andar a merced y sin recursos también provoca emoción, aunque quizá, solo quizá, algunos agradecerían que propusieran algo más que el estar y punto. Que sí, que se pasa muy mal, el de luces y los parientes y amigos del de luces que estén en la plaza. Y claro, la mejor forma de soltar tensiones es aplaudir, aplaudir mucho y jalear todo mucho más. Qué alguien pone peros ¡Baja tú! Que alguien no está conforme ¡Date la vuelta al ruedo! Porque yo lo valgo y te doy permiso, no te amuela...

Y si hablamos de los de José Escolar, ¡qué impresión! Vaya láminas, como para no emocionarse. Lo malo es que si se les trata como a maleantes, si no se les da la lidia oportuna, si parece como se pretendiera hacerlos pasar por malos no siéndolo tanto, pues igual ya hay quién se baje del tranvía de la emoción. Que sí, que delante de estos mozos siempre se ponen los mismos, que tiene mucho mérito el apuntarse o dejar que te apunten a este encierro, pero, ¡eso da patente de corso para que se les haga cualquier cosa? Pues poniéndonos benévolos... Si es que uno no puede ponerse benévolo en este caso, ni en esta plaza. Los actuantes, Pepe Moral, Damián Castaño y Gómez del Pilar.

Pepe Moral no es que esté en su mejor momento, es más, está muy lejos de ello y más lejos aún de un momento admisible para hacer el paseíllo en Madrid. Siempre con muchas precauciones, muy desconfiado, sin saberse realmente qué pretende delante de los toros. A su primero le recibió bailando permanentemente; se rebrincaba y se empezaba a quedar por el pitón izquierdo. En el caballo en la primera vara parecía que quería emplearse, para a continuación solo aguantar toro y jinete y aquel medio dormirse en la segunda vara. En la muleta Moral solo respondía apartándose a cada arrancada, enganchones y sin acabar de decidirse, limitándose a merodear al Escolar. Incapaz y dejándose llevar poco a poco hacia toriles, sin saber por dónde echar mano al cárdeno claro. A su segundo ya le cortaba el viaje de salida y en seguida se dio la vuelta para ceder terreno. Fue el toro al caballo sin que nadie le parara frente al caballo. Cara alta y peleando por pitón izquierdo, encelándose con el peto. Después solo un picotazo y una lidia bastante deficiente. Empezó el trasteo en el cinco, ese tendido talismán, ¿verdad? Seguía muy desconfiado, dando trapazos en muchos casos tropezados. Citando desde fuera, pegando tirones, con el pico, ¡faltaría más! Sin confiarse en ningún momento, no permitiendo que se pudiera ver al toro con tanta incompetencia. Quizá alguien , a causa de esta, se emocionó, pero sería por eso, que no por que asomara un mínimo de toreo.

Damián Castaño era el segundo de la terna. Inició a su segundo con capotazos sin parar quieto, girándose a las primeras de cambio de espaldas a los medios, lo que produce grandes emociones entre la asistencia, vaya usted a saber por qué. Tres veces fue al caballo el Escolar. La primera sin poner, trasera, tapándole, mientras el animal solo cabeceaba. Una segunda muy trasera que casi no llegó ni a picotazo. Y la tercera, por el estilo, desde la raya. Inicio del trasteo por abajo, dudas, para continuar con la diestra, fuera y con el pico, lo que le hizo quedarse descubierto y que el animal hiciera por él. Ya evidenciaba que no se hacía con la situación, dejándose puntear el engaño, pico, muleta retrasada, más enganchones y siempre fuera, sin parar un momento, con un toro que hasta medio seguía el engaño, pero si se le dejaba como un telón, pues llegaba el enganchón. En su segundo ya empezó acortándole el viaje, de nuevo perdiendo terreno hacia los medios, entre el alborozo del personal. En el caballo le taparon la salida, mientras derrotaba con la cara alta. Una segunda vara de la que se fue suelto y un picotazo trasero. Y castaño, pues deambulaba por allí. En banderillas apretaba para los adentros, con la mala fortuna de que resultara cogido Rubén Sánchez. Y tomó la muleta Damián Castaño, sin desmonterarse, con muletazos por abajo, para acabar echándoselo él mismo encima. Tomó la diestra y se limitó a cazar muletazos, sin parar un momento, sin tan siquiera amagar con mandar las embestidas, trallazos y más trallazos, escapando antes de que pudiera pensar en rematar el muletazo. Eso sí, si medio le enseñaba la tela, el Escolar la seguía allá adónde la llevara. Quizá el defecto era adónde la llevaba. Estirando mucho el brazo, cambiando de mano, pero sin dejar de correr de un lado para otro. Que más parecía que pretendiera hacer ver que el animal era un marrajo, antes que poderle. Eso sí, esta falta de capacidad, este estar a merced, pues emocionaba, algo que dista mucho de la emoción nacida del toreo con poder y mando. Se dio la vuelta al ruedo no porque la aclamación popular lo pidiera, sino porque miró a un lugar del tendido y desde allí le dieron permiso. Pues allá cada uno con lo que se crea, buen provecho. Tampoco vamos a llevar la contraria a la esencia de la sabiduría. Ya saben, lo dijo Blas, punto redondo.

Gómez del Pilar era el tercero del cartel. Siguiendo la norma de la tarde, no se paró con el capote y se giro para perder terreno hacia los medios. Picotazo en la primera y sin parecer haber tenido en cuanta lo sucedido en esta vara, fue el espada a dejarlo de lejos en la segunda. Tardeó, no parecía con intención de acudir al peto, para al fin arrancarse con cierto brío para casi ni echarle un mínimo rapapolvo con el palo. Con la muleta venga a acortarle el viaje al Escolar, yéndose antes de tiempo, trapazo y a bailar escapando, así una y otra vez, dejando que el toro se hiciera el amo. Quizá habría estado mejor haber empezado por abajo, aunque tampoco reparó en que el animal seguía el engaño si se le mandaba, pero él parecía solo estar interesado en que hubiera emoción, fuera esta del tipo que fuera. En el sexto, tras un manteo desairado, pero dando mucho aire. Lo dejó ir sin más. Dos varas y dos picotazos, sin pensar en que quizá una vara en regla le habría venido bien. De nuevo trapazos y más trapazos, quitándosela antes de tiempo, sin reparar en que el animal iba detrás del trapo. Venga carreras, poses, tirando la de mentira al suelo y cazándolos siempre desde fuera. Solo un detalle de la tarde, durante las faenas de muletas, uno o los dos compañeros estaban en el callejón pendientes de lo que pudiera suceder. Pero quizá lo que realmente importaba era la emoción, porque ya saben, esto va de emocionarse, como sea, y por supuesto, emociones, sí, pero...


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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