viernes, 7 de agosto de 2026

Bienvenido Mr. Marshall

Si la cosa empieza con el entusiasmo con los alguacilillos, poco más se puede esperar


Esto de los toros traspasa fronteras, eso es una evidencia; otra cosa es cómo las traspasa. Que puede ser con la grandeza que todos suponemos y deseamos, lo que ha hecho desde tiempos inmemoriales que se acerquen gentes de todas partes, gentes que se veían deslumbradas por lo que allí pasaba. Incluso se hacían películas, películas que rodadas por los americanos mostraban una visión un tanto particular de esto de los toros, lo que no dejaba de confundir a estos foráneos que se interesaban por esto tan hispano. Allí se veía un ambiente festivo, con mucho “¡Olei toreiro!”, mucha bota viajera, mucho torero galano y conquistador y ese entusiasmo obligatorio en cuanto que el de luces sacudía los engaños aunque fuera solo para quitarles el polvo. Pues así ha empezado el festejo veraniego en este inicio de agosto en la plaza de Madrid. Que ha sido ver salir a los alguacilillos y el delirio ha aparecido en los tendidos. Pero bueno, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza, que esto ya pasa demasiado a menudo en esta plaza. Que los montados no se han visto en otra. Pero claro, sale el toro y ¡Huyyyy! Pero, si es un toro de verdad. Y por si esto fuera poco, que va un señor con calzas rosas y empieza a agitar un telón delante de su cara. Los “¡Olei!” han brotado de golpe, con la fuerza de un tapón de gaseosa. Que como sería la cosa de extravagante, que los cuatro nativos que andaban en la noche por la plaza les han reconvenido que dejaran de celebrar como si estuvieran en un rodeo, en un partido en el Yankee Satadium o en una barbacoa en casa de los Johnson para dar la bienvenida al vecindario a los Wilson. Y por ese exceso de celo intentando preservar la seriedad del rito, la animación se ha evaporado. Que podía haber sido una noche festiva, alegre y llena de “¡Oleis!”, pero se ha quedado en... Se ha quedado en que entre el ganado, toros de José Enrique de Valdefresno, y los actuantes, Luis David Adame, Alejandro Mora y Alejandro Peñaranda, no han dado opción de divertimento ni al más entregado paisanaje. Tan pobre ha resultado todo lo sucedido, que quizá a los partidarios les ha dado hasta vergüenza de que alguien les pudiera relacionar con cualquiera de la terna. Y luego nos cuentan que esto es para divertirse, que hay que venir plenos de optimismo y con la mente virgen. Pero, ¿qué virgen? Si a la mínima te sueltan un sartenazo en plena cara, que a uno se le quitan las ganas de vivir.

El ganado ha sido una mansada, sin estridencias, pero una mansada. Y digo sin estridencias, porque no es que merecieran las viudas, pero entre la falta de casta, que ni genio tan siquiera, que han salido como vienen saliendo ahora los mansitos, que sí, que tiran para toriles, que buscan las tablas, que hasta te sueltan una coz, que en el caballo pasan de perfil, que se dejan sin más y que se encelan con el peto cuando no sienten el palo, pero que no dicen na de na. La mansa sosería o la sosa mansedumbre, cómo prefieran. Por lo demás, la de siempre, puyazos traseros, tapándoles la salida y para darle emoción, un palo se rompe, algo que se está poniendo de moda.

Luis David Adame igual es un figurón en México, pero para creer tal afirmación, como no venga un notario con las escrituras del figuranato, no me lo creo. Vulgar e incapaz, pero alargando su trapaceo tramposo hasta la desesperación de los presentes. Y lo peor es que cuantas más cosas quiere hacer y durante más tiempo las quiere hacer, más queda en evidencia. Que el mayor deseo, para él y los demás, ya no es que mejore sus actuaciones precedentes, que empezamos a conformarnos con que no las empeore, que al menos no vaya para atrás, pero hasta esto es mucho pedir. Eso sí, no duden en que próximamente tendremos nuevas oportunidades para ver su irrefrenable escalada a la cima de la más inoperante vulgaridad.

Alejandro Mora volvía a Madrid y... ¿De verdad es necesario que vuelva por aquí? Aunque son tantos los que se nos hacen candidatos para no volver a Madrid. Y no me refiero solo a estos espadas de tercera cuarta o quinta fila, que habría que empezar por los figuras que lideran el escalafón, por esos que conforman el figuranato en la actualidad: y aquí pueden añadir nombres sin recato. Alejandro Mora muestra una incapacidad asfixiante, no puede con los animales, a nada se ve aperreado, aunque eso sí, pone la pose galana y de una fineza escultural, pero es bufar el toro y a tomar vientos las exquisiteces. Enganchones, acelerado, más las tópicas y típicas trampas de la modernidad. Aunque seguro que aún habrá voces que digan con toda la autoridad que se atribuyen, que a este hay que verlo más. Pues para ellos, que le inviten a un chocolate en su casa.

El tercero era Alejandro Peñaranda ¿De verdad que aún no ha dejado más que claro que no da de sí para nada y que todo lo que da es de de no? Que entre enganchones, banderazos, pico y un aperreamiento permanente, no da para más. Que como sus compañeros de terna, ya no aspiramos a que mejore, que margen tiene para mejorar, es que con que no vaya a peor ya es un triunfo. Que se le vio por aquí hace nada, mes y medio, y estamos en las mismas. Que tanto a él, como a sus compañeros de terna no les han ovacionado ni los paisanos, aunque tampoco es que hubiera demasiados y los que se hayan acercado a las Ventas en medio de la canícula madrileña, al verse rodeado de tanto guiri entusiasta, igual pensaban ser amables y hospitalarios y dedicarles a los foráneos un cinematográfico Bienvenido Mr. Marshall.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html