lunes, 8 de octubre de 2012

Gran par, un gran torero y los gladiadores

David Adalid nos rompió la voz en un grandioso par de banderillas



A la salida de la plaza había opiniones para todos los gustos, los más seguían cuadrándose en la cara de aquel barrabás y sacando los brazos casi prendidos de los alamares, una y otra vez, otros solo eran capaces de decir “¿Has visto?”, incluso los que jaleaban el valor de lo hecho por los tres espadas. Y no digo yo que no lo tuvieran, pues es de mérito el plantarse delante de semejantes mastuerzos con malas ideas, disponiendo de tan escasos recursos lidiadores. Pero con tanto coraje como el que se planta en medio de una vía esperando al AVE o el que mirando al mar cree que va a lograr frenar el temporal… o no.

Por supuesto que respeto y valoro que Robleño, Castaño y Alberto Aguilar se apuntaran a la corrida de Palha y que aguantaran allí hasta el final con una dignidad bárbara, la misma que le falta a muchos cuando se ponen a exigir una admiración no ganada, con unos animalejos chicos, insulsos y bobones. Pero uno realmente no va a los toros a ver a tres valientes, además se espera que aporten algo más que valentía. No quiero ni locos, ni suicidas, ni desesperados, ni gladiadores, yo quiero ver toreros que sepan como dominar a un toro con el capote y la muleta.

Orgulloso estará el señor Folque de lo que echó al ruedo de Madrid. Toros que parecían un catálogo de los horrores taurinos, solo a primera vista. Luego al verlos evolucionar la cosa empeoraba ostensiblemente, ostentóreamente, como diría el expresidente de uno de los líderes actuales de la liga de las estrellas. El primero justito de presencia, empujó de lado y luego le valió con un picotazo y las banderillas que le hicieron revolverse de dolor; con un pitón izquierdo para no perdérselo de vista, pues más parecía la llave a la enfermería, que se pasaban de unos a otros los toros portugueses. El segundo de una lámina preciosa para ser una cabra, no tanto para toro de lidia, entraba a los capotes como lo hacen los mulos a la alfalfa, empujó sin codicia alguna en el caballo e incluso se arrancó con cierta alegría en la segunda vara, desde media distancia. La misma desde la que acudió a la muleta al inicio de la faena, pero ya con mucha menos galanura; era el prólogo de un último acto, en el que al animal le tocó el papel de zombi, o sea, de muerto viviente, para que se me entienda, pero con las fuerzas suficientes y malas entrañas de enganchar a su matador y buscarle cuando este estaba en la arena a su merced. El tercero, un novillo casi toro, pero novillo, despreciaba los capotes que le ofrecían, se volvía al revés, fue al caballo sin pararse, para derribar en esa primera cita. Para la vez siguiente, como ya se lo sabía, le intentaban poner en suerte, pero entre que ya no estaba para caballos y entre que los de a pie no eran capaces de quitárselo de encima con un remate, tardó un mundo en volver al peto, que fue el que pagó la cuenta de su mansedumbre. Mientras le tapaban la salida corneó y corneó la guata, o sucedáneo. Un toro complicado, haciendo hilo y con mucho que torear, cruzándose mucho en las embestidas, parándose, una joya. Al cuarto no se le vio en el caballo, pues las dos veces le metieron debajo del peto, empujaba fijo de lado, con el pitón izquierdo, que parecía el que tenía más entrenado para soltar tarascadas, convirtiendo el segundo tercio en un continuo ay. Esperaba a los de los palos, se dolía de los arpones. Podía estar dispuesto para muchas cosas, pero no para que se parara nadie a pegarle pases. Un derrote escalofriante que el matador esquivó como pudo. Otra prenda del afamado ganadero portugués. El quinto era otra cabra, pero vaya cuernos, que no es que me queje yo del tamaño, pero si la cosa va en armonía, cuerpo, cabeza, edad, peso, casi es mejor, porque entonces podremos hablar de trapío, que no es ni muchos cuernos, ni mucho peso, ni muy grandón, el trapío es algo más serio que eso. Pues como decía, el quinto ya salió escarbando, fue al caballo al relance y se quedó parado en el peto, sin hacer intención de nada. En la segunda vara se le metió debajo del caballo, sin tan siquiera señalar el puyazo. No paraba de perder las manos, pero a pesar de todo le quedaban fuerzas para defenderse con mucho peligro y amparándose en las tablas. En la muleta se comía al matador por el pitón derecho, sin meter la cara abajo y revolviéndose muy rápido buscando que se quedaba por allí que pudiera interesarle para ensartarle con esas dos lanzas que le nacían de las sienes. El último siguió la línea marcada por sus primos, porque con lo distintos que eran los seis, no podían ser hermanos, si acaso primos y muy lejanos. En lo único que se les podía sacar parecido es en el aspecto anovillado de la mayoría de los Palha. Recibió dos picotazos de los dos caballos cuando asomaban al ruedo, coincidiendo con la gira que el toro había emprendido por el ruedo. Bien sujeto en la primera vara, aguantando el incesante cabeceo del animal para quitarse aquello que le molestaba en el morrillo. El segundo encuentro fue más liviano y se limitó a un picotazo, antes de salirse suelto de la suerte. En el último acto acusó el defecto de acostarse mucho por el pitón derecho, lo que dificultó la labor de su matador. Fue el último de la vacada portuguesa que se reafirmó en el mal estado que viene demostrando desde hace años, manteniéndose muy lejos de aquella corrida que nos emocionó a todos y que sirvió para que el señor Folque sacara pecho, demasiado diría yo, cuando quería enseñar a todo el mundo a criar toros. Pues ahora bien le vendría ponerse al día e intentar levantar este hierro.

Sobre los tres matadores, Robleño, Castaño y Alberto Aguilar, a ver como digo yo como fue su actuación ni herir sensibilidades, especialmente la de los amantes de los gladiadores de luces. Realmente demostraron no saber lidiar, no saber colocarse o si lo sabían, no lo practicaban y sea el tipo de toro que sea, pretenden hacer siempre su faena a base de derechazos y naturales, sin importarles si están toreando, si solo dan trapazos al aire y si están pudiendo al toro. De acuerdo que habrá quien me diga que los hay que mandan en el escalafón y que todavía tienes más limitaciones que estos, lo cual es una realidad más que evidente, como también otros opinarán que qué pintan aquí ahora las figuritas y su corte celestial; pues también es verdad, pues ahora estamos hablando de toreros de verdad y aquellos…

Fernando Robleño, que abría el cartel, venía precedido de importantes triunfos conseguidos esta temporada ante compromisos muy serios. Pero el madrileño no tuvo su día; mal en la lidia, descuidando ponerlos correctamente en suerte en el caballo y quedándose deambulando por las proximidades como un bulto sospechoso. En el primero se empeñó en pegar pases, a pesar del toro, que estaba por la fiesta. Abusó del pico, se destapó en alguno de pecho y al final el toro acabó atropellándole la muleta. En el que hacía cuarto sí que le recogió bien para recibir a un toro que se revolvía muy rápido, pero luego no tuvo reparos en tirar al toro contra el caballo, ni en meterlo debajo del peto, quedándose de nuevo a estorbar. Con la muleta volvió a lo de pegar pases y tuvo que ver como la perlita de Palha le tiró un viaje malintencionado para que se decidiera a machetearle tímidamente, invirtiendo el orden lógico que exigía el toro. Primero darle por bajo hasta que se le endulzara el carácter y después, si le quedaba resuello al toro, ver si admitía algún derechazo o algún natural.

Javier Castaño se ha investido en los últimos tiempos como el paradigma del lidiador, aunque en Madrid no hemos todavía podido verle plenamente en esa faceta. Al segundo de la corrida le empezó a torear con pases por alto con los pies juntos y uno del desprecio, que siempre suele ser muy jaleado por los más sensibles, vaya o no vaya toreado el animal. Se puso pesado, metiendo el pico y queriendo que el marmolillo se moviera, pero ya no era posible. Se tiro a matar y resultó enganchado, protagonizando unos momentos dramáticos, en los que el toro volvía una y otra vez sobre el torero, con la certeza de tener la presa segura. Y si este no tenía nada, el quinto aún menos, un manso instalado del tercio hacia adentro, que se defendía. Por el lado derecho se comía al torero, que con muchas dudas se limitó a pasarle sacando el culo y con muchas precauciones. Pero lo más destacado, quizás de la temporada, y que fue claro reflejo de lo que era el Palha, lo evidenció David Adalid, un torero de una pieza. No había forma de sacar el toro entablerado en terrenos del 6 y 7, capotazos y más capotazos, hasta que apareció el banderillero y apartó de allí a todo el mundo. Al hilo de las tablas de le le encaró con majeza y galanura de modo desafiante. Uno esperando y el otro a conquistar la plaza. Le citó, el toro se arrancó, Adalid tuvo que aplicarse a modo para poder ganarle la cara y, por el pitón derecho cuadrando y clavando reunido en la cara, aguantó que el toro le tocara el “bordao”,  y sin inmutarse, con el hocico en la cara, se apoyó en los palos y salió de la suerte limpiamente. Puede que sea “el par” desde hace muchos años para acá. La plaza retumbó en un estallido de emoción, dejando escapar la tensión acumulada en un rotundo olé. Aquí no había lugar para “bienes”, ni otras mangachuchas del toreo moderno. A un par con el corazón, le respondió el corazón. Un segundo par en las mismas condiciones, la gente expectante, lo anterior era ciertamente insuperable, pero señores, esto es el toreo. Se cuadró igual, atacó el par igual, pero el toro ya se sabía el truco y se le defendió aún más. No clavó tan reunido, pero volvió a echar la moneda de la vida al aire; y ganó. La plaza era una locura, pero de las de antes, no la de los claveleros felices por contarle las orejas al vecino. Pero ¿qué queda de la plaza de Madrid? Su degradación no se ve solo en la concesión de orejas, en la benevolencia de los públicos modernos, también se ve en la racanerí a de no empujar al banderillero a dar la vuelta al ruedo, por ese tercio de banderillas era para haberse pasado a recoger las felicitaciones de toda la concurrencia.

Alberto Aguilar probó a torear a sus toros por uno y por otro lado, en el primero aguantando que cortaba por el derecho, que se le paraba por el izquierdo, en el sexto, tras unos naturales muy peleados, pasó a meter el pico y a pegarse mil carreras para recolocarse, muy valiente, pero muy vulgar, tirando de arrimón en el tercero y de querer sacar pases de uno en uno en el sexto; pero parece ser que nunca se le pasó por la cabeza lo de torearle por bajo, con poder y quebrando al toro para poder entrar a matar. Un valor absurdo y poco fructífero, que demuestra que está dispuesto a dejarse coger, pero esto no es así, esto sí que es verdad que tiene muchos riesgos que el torero debe asumir, pero hay que minimizarlos todo lo posible a fuerza de conocimientos del toro, de su lidia, de los terrenos y si se puede, con arte. Esto no es la lotería, que si el toro quiere te coge, y si no, no. El toreo es David Adalid, que vio el peligro, lo asumió, pensó en torero y con valor y saber, como decía Corrochano que debían ser los buenos banderilleros, encontró toro en todos los terrenos, hasta en los de la fortaleza de un Barrabás que quería cobrarse la pieza de un torero, que no de un gladiador.

domingo, 7 de octubre de 2012

Tarde de confirmaciones

Y si quieren toros para torear, ¿por qué no los aprovechan?


Que nadie se confunda, ni hubo ningún toricantano que se pasara por Madrid para confirmar su condición de matador de toros, ni el señor obispo de Madrid- Alcalá se puso a dar bofetones a diestro y siniestro para que los asistentes se acordaran de él. La cosa viene porque todos los protagonistas de la tercera de la feria de Otoño tenían algo qué decir para dejar clara su posición en esto de la Fiesta.

Los de Valdefresno confirmaron que pueden criar un toro para el triunfo de verdad, pero también deben mejorar en cuanto a las fuerzas del ganado, un pelín más de casta para que no sean tan excesivamente nobles, en ocasiones casi rayanos en la bobonería, y con unas gotitas extras de bravura. Para que nos vamos a engañar, el 150% de los que fueron a Las Ventas esperaba una debacle ganadera al uso de la Tauromaquia 2.0, con algún punto que los diferenciara de los bodegueros, pero nunca lo que salió por los toriles. El primero distraído y buscando las tablas constantemente, hasta que al final encontró los terrenos de chiqueros, parecía que empujaba en el caballo, aunque sin fuerzas y mientras el de arriba hacía que hacía, sin hacer. En la segunda vara casi ni estrenaron el palo mientras le tapaban la salida. Luego aguantaba dos pases y se iba, tres sin entregarse y hasta que no llegó a toriles no paró. El segundo fue tratado con todo el cariño del mundo, ni le picaron, ni le lidiaron y en compensación se hartó a embestir en la faena de muleta, sin pegar ni un derrote para asustar. El tercero, con una arboladura digna de un bergantín, tras desmontar limpiamente al pica en el primer encuentro, en la segunda la tomó con el peto y lo frió a cornadas. Otro que casi no dejó que le quitaran el capuchón a la puya, pero que iba como un bendito detrás de los trapos. El cuarto, escurridito él, echó la cara arriba en la primera vara, en la que echó por tierra a caballero y caballo. Segundo puyazo trasero y el jinete queriendo vengar la afrenta del porrazo. Costó sacarle del peto, se le coleó, se le metieron capotes por delante y por detrás, pero no había manera, eso sí que es un flechazo. Pronto a los cites desde lejos, se paró a medida que se le ahogaba la embestida. El quinto un inválido al que casi ni se picó, corneaba el peto y tenía que estar más pendiente de mantenerse en pie que de plantar cara a sus oponentes y curiosamente al darle distancia se le quitaron todos los males. El toro media mejor y aguantaba en pie buscando la muleta e incluso se le olvidó un ligero calamocheo que molestaba cuando se le citaba desde cerquita. Y el último fue mal lidiado, mal picado, dejando que correteara por el ruedo y ahogando las embestidas en el último tercio.

Sergio Aguilar confirmó que es un torero que quiere ser puro, pero también que no mide demasiado bien las faenas y el sentido de la oportunidad. En su primero intentó hacerle las cosas bien, a pesar de que el de Valdefresno se quería marchar constantemente. Con la muleta intentó torearle hacia fuera, luego lo cerró, quiso ver si empezando en el tercio paralelo a las tablas, el toro se desorientaba y admitía más de un pase; llegó a tragarse tres seguidos. Pero al final tuvo que marcharse a toriles, donde toreó con naturales muy peleados. Quizás las tandas deberían haber sido más cortas y acto seguido entrar a matar a favor de querencia. Pero se empeño en seguir dando pases, lo que espantó al toro y propició es imagen nada torera de ir detrás del animal. Estocada valiosa, aunque perpendicular, en la que el toro ni se movió. En su segundo se perdió un tanto en la lidia y con la muleta, aunque el toro se venía bien de lejos y seguía las telas, se empeñó en acortar distancias; el toro más incómodo que de lejos no le ayudaba  y él se limitó a abusar del pico y a pegarse una carrerita después de cada pase, para recuperar la posición.

Iván Fandiño, uno de los toreros que más expectación ha despertado en esta temporada que se va, confirmó que tiene valor y entrega, con mucha ambición, pero poquito más. Más acelerado que un camarero a las dos de la tarde, parecía que tenía que llegar a los mil pases en una corrida. Mantazos con el capote en su primero, un inicio de faena por delante y por detrás con la inspiración confundida, por no decir que sin criterio, para seguir con naturales sin mando y en ocasiones hasta metiendo el pico. Eléctrico y ventajista, por momentos chabacano, pico con la diestra y una serie de derechazos empalmados, que no ligados, que entusiasmaron a parte del público, haciendo brotar los ¡bieeeeejn! desordenados, como los cánticos de las ranas. No le mandó jamás, pero a pesar de todo el animal seguía embistiendo con toda la nobleza imaginable. En el quinto continuó con esa serie de descargas que se traducían en un toreo acelerado y espasmódico, que no le permitía ni poner el toro en suerte con un mínimo de cuidado. Comenzó la faena de muleta con trallazos varios, pero afortunadamente y con mucha vista por su parte, vio que el inválido se venía de lejos y aunque prosiguió co esa tormenta eléctrica, hay que agradecerle y reconocerle ese mérito de citar de una punta a otra de la plaza. Ya digo que a este torero le sobra corazón, por momentos cabeza, pero en lo del temple y el arte de torear, ahí es lo que es y punto. Sin en su primero le dieron una orejita, siguiendo ese baremo, en este le deberían haber dado otra, pero tanto la primera, como la no concedida, era un exceso que Madrid no se podía permitir.

Y la última confirmación fue la de David Mora. Qué gran torero vieron muchos en él y que mal pegapases vieron unos pocos. Siempre parecía estar haciendo equilibrios sobre esa raya que separa lo clásico y la verdad de lo vulgar y moderno, pero ya ha dejado claro que él es carne de G-10, que esa es su aspiración y que de ahí no le mueve nadie. Si por él hubiera sido, habría dimitido de los dos primeros tercios, inútiles, molestos y pesados, porque lo “güeno” de verdad es la muleta. Pero si con la muleta nos limitamos a meter el pico, estirar el brazo y a retorcernos, pues… Tandas de trallazos destemplados sin mando, ni dominio, cerradas con airosos banderazos. Y en ocasiones, como en el sexto, olvidándose de las demandas del toro y ahogándole las embestidas, mientras se empeñaba en querer pegarse un arrimón innecesario, inadecuado y fuera de lugar. Con el capote lo mismo pegaba unas chicuelitas apartándose, que galleaba a la carrera, que no al paso, que se amaneraba con un contorsionismo grotesco para intentar llevar el toro al caballo.

Y el aficionado también pudo confirmar que basta que ponga los ojos en una ilusión, sea negra y con cuernos o de luces y con medias rosas, que ya vendrán los fantasmas de la modernidad para engullirlas y vomitarlas cubiertas de sosería y vulgaridad.

sábado, 6 de octubre de 2012

Tanta paz como tranquilidad deja

El Boni asomándose al balcón, para desgracia de las macetas que alegraban  el panorama



Al final se ha podido despedir El Fundi de Madrid con algo más de decoro que si aquella tarde del aguacero hubiera sido la última en Madrid. Que no es que yo sea un fiel de este torero, y no me quiero repetir, que resulta que hace no mucho me enteré que era un maestro, pero un servidor, humildemente y seguro que equivocado, nunca lo vi como tal ni antes, ni ahora. Nadie le puede discutir su entrega, su honradez y las ganas de satisfacer al público, pero de ahí a convertirle en maestro, creo que hay un trecho muy grande. Los hay que alababan sus dotes lidiadoras, pero eso tampoco lo llegué a ver. Sí es verdad que se ha tenido que enfrentar con un toro que las Figueras no saben ni que existe, que nunca ha vuelto la cara a compromisos duros, pero su lidia casi se ceñía a aguantar allí delante, a unas facultades tremendas y a ese pundonor que le hacía ir para adelante. Pero como muchos otros ha abusado del pico, de parear a toro pasado, de no pararse quieto y en ocasiones hasta ha pecado de ratonerillo, pero eso sí y lo repito, siempre con el toro delante. Si nos pusiéramos a elaborar un listado de ganaderías que ha matado solo en Madrid, horrorizaría a más de uno, de dos, de diez y de muchos más, esos que dicen que no quieren tragedias.

Pero claro, si empezamos por el ganado, los chicos de El Puerto de San Lorenzo no han estado por la labor de permitir que nadie triunfara; bueno sí, el segundo de la tarde, pero El Cid no se ha enterado. El primero a la primera huída del caballo como alma que lleva el diablo, ya dejó claro que bravo no era, más bien un manso de cuidado. Ese segundo que valió para la muleta, salió frenándose en los capotes y yéndose suelto del caballo, donde tampoco se le castigó demasiado, como a toda la corrida. A alguno que otro les regañaron los de a caballo, que esa es otra, que poquita afición, que mal torean a caballo, que mal pican y que mal miden el castigo. El tercero un inválido que no se tenía en pie, aunque el señor presidente no lo vio; por favor no permitan que se lleven la consola al palco, que si estamos más pendientes de hacer record que de lo que pasa en la arena, igual se nos pasa algún inválido que otro. El animalito quería seguir los engaños, pero era tan flojito, que casi no los podía seguir ni con la mirada. El cuarto, mal lidiado, poco picado, pero nada más, el hombre deambulaba por allí pidiendo un poco de orden en aquel disloque de plaza. Si hacemos caso a los ademanes de El Fundi, podríamos pensar que era un Barrabás, pero ni mucho menos, quizás tenía bastante más de bobón que de otra cosa. El quinto hasta tuvo el detalle de ir bien a la segunda vara, pero más parecía que en lugar de empujar se apoyaba en el peto para no caerse de morros. El sexto casi derriba al piquero, lo que habría podido hacer creer a alguien que era bravo, obviando eso de empujar de lado y con la cara alta, pero los respingos al notar por primera vez el palo delataron su condición.

De los señores matadores, pues poco se puede decir y bueno, menos aún. El Fundi estuve bastante desdibujado, inseguro, con demasiada precaución, sin llevar la lidia correctamente y haciendo muy pocos esfuerzos por acoplarse en la muleta. Sería el peso de la tarde, sería la falta de sitio por circunstancias ajenas a lo que pasaba en el ruedo, el caso es que se limitó a pasar el trámite, arropado por una plaza que desde el primer momento estuvo entregada al de Fuenla, el pueblo donde dicen “Pesi”.

El Cid fue el que más aparentó de toda la tarde. Incluso en su primero, el mansito aquel al que se le podía torear con la muleta, pegó naturales, derechazos, de pecho, trincherillas, pero todo a un distancia poco recomendable, una distancia entre toro y torero por la que podían pasar las vías del AVE cómodamente. Mucho pico, exagerado con la izquierda, aquella mano buena de hace años, retrasando la pierna de salida y sin mando ninguno, solo acompañando la embestida del animal. Es lo que tiene la Tauromaquia 2.0, que cuando te abduce ya no puedes librarte del fatal encantamiento. Algunos miraban al sevillano y dudaban si era el mismo que hace años les volvió locos cónsul toreo al natural. Y sí, es la misma persona, pero no es el mismo torero; este es otro Cid que vive muy lejos de lo que es el toreo puro de verdad.

Daniel Luque a veces parece que pone todo de su parte para que la gente no entienda el por qué de su inclusión en ciertos carteles y que como toda explicación lógica se piense que se le contrata gracias a su apoderado, don Simón. Un esbozo de verónicas, un quite muy oportuno en el quinto de la tarde y pare usted de contar. Mucha modernidad, mucha vulgaridad, repertorio de plaza de tercera y no solo se atrevía a dialogar con los tendidos pidiendo calma a los que se impacientan por alargar demasiado la faena, sino que encima se demoró hasta ofender, dando pases y más pases sin sentido. Y poco más ha dado de si la tarde, la ovación de despedida para El Fundi y una tarde en la que hemos comido pipas, resuelto sudokus, nos hemos echado unas risas con los habituales, hemos planeado como sacar al país de la crisis, se ha hablado de fútbol, y a veces se miraba al ruedo para comprobar que allí seguían unos señores pegando trapazos al aire y unos animales que a veces bastante tenían con mantenerse en pie. Y al final, lo que todos sabíamos desde mayo, que El Fundi se va. Pues que lleve tanta paz como tranquilidad deja.

viernes, 5 de octubre de 2012

Estalló el Otoño



El primer tercio vive entre las sombras
 ¡Señoras y señores! ¡Damas y caballeros! Ha estallado la Feria de Otoño y hasta el momento solo contamos que ha reivindicado este hecho un grupo antitaurino autodenominado Taurodelta. Parece ser que dicho grupo pretendió infiltrarse en el mundo de los toros tomando la apariencia de una empresa organizadora de festejos, contratando los toros y toreros con categoría suficiente como para verse anunciados en la plaza de Madrid. Todo nos indica que ejecutan sus acciones antitaurinas dándoles la apariencia de acontecimientos celebrados años atrás en esta plaza. En Otoño se contrataban toros del gusto de Madrid y toreros que interesaban a la afición venteña; pero ahora parece que estos se han evaporado y se han convertido en una molesta presencia fantasmagórica a la que no se debe tener en cuenta.


Y estalló la Feria con los petardos que mandaron los hermanos Lozano, que parece que tuvieron que buscar y rebuscar por los cajones para montarse ellos solitos otra novillada concurso. Cada novillo era de su padre y de su madre, uno pobre de cabeza, otro pobrísimo, otro gordo, otro una raspa, otro un galgo, un mulo, pero todos mansos y descastados, pareciendo algunos más bien animales de tiro, no se usar y tirar, sino de los que se ponen delante de los carros. Ni la merienda y la bota podían convertir en ilusión aquella nefasta realidad. Y anda que no estaba bien preparada la traca. Ganado prototipo de la Tauromaquia 2.0, que incluso por momentos se permite el lujo de parecer algo más serio que los toros bodegueros, poniendo delante a tres novilleros en teoría triunfadores del escalafón en la plaza de Madrid, pero si en los dos primeros, Gómez del Pilar y Gerpe, ya hubo dudas sobre la valía de los trofeos, en esta última actuación en el foro no han dejado dudas, son unos pegapases. Lo de Caballero es otra cosa, aunque puede seguir el mismo camino que sus compañeros.

Los de Alcurrucén y el Cortijillo, aunque muy mal lidiados y peor picados, sin ponerlos en su sitio, con puñaladas traseras o detrás de las orejas y tapándoles siempre la salida, no dudaron en liarse a cabezazos con el peto, ni a pegar unos brincos de horror al notar el palo, ni a buscar la calidez de los terrenos más próximos a toriles. De eso de humillar y meter la cara abajo o de seguir medianamente bien los engaños, ni hablamos. Hasta coces soltó alguno de ellos, para ver si los señores miembros de posibles jurados que tengan que dar posibles premios al toro más bravo de la feria tomen nota y no vuelvan a hacer el ridículo que hicieron después de San Isidro.

Los jóvenes toreros venían con cierto halo de santidad taurina, avalada por haber obtenido las sagradas reliquias auriculares de alguno de sus novillos, en actuaciones pasadas. Si en mayo Gómez del Pilar parecía un pegapases o aspirante a pegapases, ahora en octubre y con un bochorno más propio del mes de julio, ya ha dejado de ser un aspirante, ya es un pegapases consumado, soso, aburrido, con un desconocimiento absoluto de la lidia, de la colocación y del saber estar. Su declaración de intenciones parecía que era la de un torero decidido y con ganas de salir triunfador, pero claro, esto se reduce a dos portagayolas, pues la cosa queda más en inconsciencia que en valentía, porque el no intentar poner el toro en suerte en el primer tercio y el abuso del pico y de esconder la pierna de salida, no dice demasiado en su favor. De la suerte suprema hagamos como que no existió, pensemos que estuvimos en Quito o Lisboa, así al menos no tendremos que decir que buscaba el morrillo dándose un garbeo por los bares de la zona.
Luis Gerpe, a quien el paisanaje elevó a las alturas de la torería mundial al concederle una orejita este verano, devolvió con creces aquel injusto premio y todos los que pueda obtener de aquí hasta el día en que le dé por querer torear de verdad y dejarse en el metro el manual de toreo vulgar y provinciano, junto con el de la Tauromquia 2.0. Y ¿cómo no? otro que desprecia entrar a matar por derecho en todo lo alto. Pero bueno, se esperaba que este mal sabor de boca nos lo quitara Gonzalo Caballero, un novillero que asombró en sus dos primeras novilladas picadas en Sevilla y Madrid, con un valor seco y al menos poniéndose, incluso aunque se le viera a la legua el verdor de su bisoñez. Pero es aprender un poquito y ¡catapum! Prende la mecha y estalla el petardo. Fue el más destacado de los tres, pero ni mucho menos se puede considerar su actuación ni como aceptable. Unos estatuarios a su segundo y esa facilidad que ha desarrollado en el pase de pecho, queriéndoselo sacar por la hombrera, pero realmente, uno prefería al torero ignorante y mediatizado pero lleno de naturalidad e instinto torero que tanta modernidad junta. Pero si alguien está ansioso por contemplar a los maestros del toreo moderno, que no se pierda ni los del puerto, ni los de Valdefresno, porque nos vamos a hinchar. Y a ver si somos capaces de ir apagando las llamas de tanto petardo de este verano.

lunes, 1 de octubre de 2012

And the winner is… El desierto

Quizás mi amigo torero debería haber estado en el ruedo y no a mi lado. Yo lo prefiero así, aunque seguro que al menos habría sabido defenderse con dignidad de las embestidas de los novillos. Va por mi amigo, el torero, a quién tanto aprecio.


Para que luego digan que el mundo del toro no se preocupa del medio ambiente; organizan una novillada concurso y el premio se lo dan a ese espacio tan bello como inhóspito. Eso es sensibilidad, aunque si lo que conmovió al jurado era precisamente eso, lo inhóspito, quizá hicieron méritos suficientes los que se presentaron en la plaza cargados de ilusión esperando ver renacer el toro y su lidia. Pero la cosa estaba complicada y me voy a poner hasta benévolo. En conjunto los seis novillos que peleaban contra el Sáhara, el desierto, cumplían sin más en cuanto a presentación para una novillada de esas nocturnas a las seis de la tarde con que de cuando en cuando nos obsequia la empresa de Madrid. El de Partido de Resina defraudaba algo por su cómoda cabecita y el de Coquilla de Sánchez Arjona por un volumen y presencia que algunos no esperábamos, incluido su matador, al que le contó un amigo que los Coquillas no venían a Madrid por chicos; qué simpático el amigo.

El antes Pablo Romero, ahora Partido de Resina, flojeó y aunque se arrancó con cierta alegría, pero sin entusiasmo, había que tratarlo con mimo. Se le pegó en la primera vara, sin saña; la segunda, desde más lejos, desde el ojo de la cerradura pintada en la arena, fue un picotazo del que escapó al primer capotazo que le ofrecieron; en la tercera le colocaron en la boca de riego, pero el animalito se fue él solito a buscar su sitio, justo el punto desde el que se arrancó en el anterior encuentro. En banderillas se quedó parado y echando la cara arriba, defecto que su matador no hizo por corregirle, bastante tenía Miguelín con no parar quieto, como para pedirle gollerías. Mantazos, carreras para corregir con las piernas lo que no lograba con la muleta. Destemplado y aburrido, siempre con la diestra sin tan siquiera probar a ver si el defecto de esperar por el izquierdo se le había pasado; mató de una estocada tendida a toro levantado. Le tocaron la música los timbaleros, pero para anunciarle un generoso aviso desde el palco y concluyó con un descabello retardado, de esos que le tocan al toro, pero no con el acierto que se espera para que el animal doble inmediatamente.

El segundo para premio fue de El Jaral de la Mira, un nombre que a uno le evocaba una época con mucho sobrero con este hierro. El matador Raúl Rivera, que a pesar del apellido, ilustre en México y en todo el mundo que recuerde a la dinastía así apellidada, recordaba en sus formas al más populachero y vulgar pegapases que animan las ferias del mundo, para alboroto de las masas que van de merienda. Soberbios mantazos de recibo, orgullo de toda madre que pide al hijo que le airee el ajuar después del invierno. Más infamia capotera para dejar el toro en suerte, sin lograr el matador quitárselo de encima, eso se llama tener recursos ¿no? Al notar el palo, trasero, el del Jaral cabeceó el peto como una devanadera, empujando de medio lado. En el segundo encuentro pilló al jinete mirando a la luna y solo le dio tiempo a ofrecer el lado del peto al novillote, quien además de continuar su tarea cabeceadora, buscaba el otro lado del caballo. El espada, que no debía estar en lo que se celebraba, pidió el cambio de tercio, al que el señor presidente hizo oídos sordos. Tardeó y escarbó en el tercer encuentro, para después saber que es taparte la salida. Banderilleó el toledano manteniendo una distancia más que prudencial entre él y los pitones del novillo. Más que asomarse al balcón, le echaba un vistazo a la acera de enfrente. Vulgarote y ventajista con la muleta, con pico, lejanías y recursos de maestro en el arte de la vulgaridad in extremis. Pinchazo perdiendo la muleta, otro más tirando para Manuel Becerra y media que acabó con el del Jaral.

El tercero, de Alonso Moreno, fue descalificado tras bochornoso derrumbe, no pudiendo casi ni girarse, cosa que solo le era posible a base de dar saltitos con los cuartos traseros, pero el recurso le falló a las primeras de cambio y tras  rebozarse de arena venteña, el señor presidente decidió expulsarle de la competición. Fuera de concurso Salió uno de la afamada y reconocidísima ganadería de Cassasola. Alberto Escobar le recibió como merecía tan ilustre hierro, con una soberbia colección de mantazos, mientras el novillo le comía el terreno a bocados. Mil capotazos fueron necesarios para no conseguir poner el toro al caballo, pero tampoco importaba demasiado, como este ya no contaba para el premio, pues hala, se podía aplicar la Tauromaquia 2.0 sin desdoro y con descaro. Le picaron trasero y tapándole la salida en la primera vara, mientras el animal solo se dejaba. Vuelta a ponerlo y ahí ya dijo que se piraba, que le picaran a los del concurso. Se dolió en banderillas, a las que acudía como un mulo con mal estilo. La faena de muleta se limitó a un toreo lejano, inseguro y bisoño de Alberto Escobar, que no mejoró su imagen ni con la espada, pues los pinchazos a la remanguillé no es que estén siempre bien vistos, si al menos fueran dados por una figura, igual hasta se ovacionarían.

En el cuarto volvíamos a vivir la pasión de la competición y a sentir como se nos ponía la carne de gallina; ya empezaba a refrescar, así que había que tirar de una rebequita para sobrellevar mejor aquella tortura. Uno de Cubero- Buendía al que Miguelín recogió con lo mejor de su repertorio, la suerte del mantazo. En la primera vara se mostró muy distraído y como en la segunda, corneó el peto, le taparon la salida y empujaba de lado. Al tercer encuentro ya buscaba la cara oculta del caballo, a ver si allí daban algo más dulce que esos pinchazos en la espalda. Se repitieron las carreras de la faena del matador al primer novillo, el pico y el mal gusto torero. Otra vez será, si llega.

Raúl Rivera se encontró con el de Aurelio Hernando, un jabonero que parecía seguir los engaños, pero al que fueron descomponiendo poco a poco la multitud de nefastos capotazos que recibía en un ruedo que era el prototipo de caos taurino, nadie bien colocado, sin criterio, sin imponer un mínimo de cordura. Una primera vara cabeceando, con la mala fortuna de que se dañara una mano al salir del peto, por lo que tuvo que ser sustituido por otro con el mismo hierro, pero con peores maneras. Salió buscando los terrenos de toriles, en medio de una lluvia de capotazos fue al caballo al relance en las dos varas que recibió. El toledano volvió a coger los palos, en que hora, y demostró con meridiana claridad, que no sirve para parear. Se dolió el de Veragua, a quien se le instrumentó una faena vulgar y desconfiada, muy propia de otros cosos, pero sin sustancia, ni enjundia que alegrara el espíritu de un aficionado al borde de un ataque de nervios. Pero el joven torero, al que el paisanaje y los mandarines pidieron la oreja, solo fue consciente de su fracaso al intentar dar la vuelta al ruedo y notar como muchos no eran partidarios de alargar la tarde para que el joven estirara las piernas por el ruedo.

Acabábamos con uno de Coquilla Sánchez Arjona, quizá el de más presencia de todos, que salió con codicia y con intención de comerse a todo el que anduviera por allí. Mal colocado en el caballo, acabó metiendo la cara en el primer puyazo. En el segundo puyazo fue desde más lejos, pero en el tercero ya dijo que no, que allí hacían pupa. Y no es que el picador estuviera agarrotado, como en los otros dos encuentros, es que después de escarbar, se arrancaba para frenar al metro y medio. Iba pero no iba. Le acercaron más, pero él solito echó la marcha atrás, no fuera a ser que llegara hasta allí el del palo. Al final le lograron picar y al notar de nuevo el palo, no dudó en repucharse. Más vale una vez colorado, que ciento picado, debió pensar el novillo. Se dolió mucho en banderillas y con la muleta, Alberto Escobar debía esperar poder hacerle el toreo al uso, aunque él insistía en la lejanía, en no pararse quieto y en no saber donde colocarse. El animal estaba peligroso y lo que pedía era ser liado por abajo, el notarse vencido, el percibir el poder del de la tela roja, pero nada de eso se le otorgó. Al final del festejo, una vez reunido el jurado de expertos, los “supertacañones” del toreo, la megafonía de la plaza anunció ceremoniosamente que: “And the winner is: El desierto.

jueves, 27 de septiembre de 2012

De las corridas concurso


El caballo, fundamental en las concurso

El domingo se cierra en Madrid el ciclo que Taurodelta denominó de “Encastes Minoritarios”, como si el aficionado, además de ir a disfrutar de la tarde de toros de cada domingo, visitara un “Parque Jurásico Taurino”. La única diferencia sería que en lugar de crear el tiranosaurio  a partir de un bichito apresado en una gota de ámbar, en un tiempo habrá que envolver a un veragua en un barreño de ámbar, a ver si en un futuro se consigue devolver a la vida a este encaste, aunque seguro que antes arreglan lo de Walt Disney para sacarle del congelador. Pero bueno, esto ya son cosas habladas en otros momentos, ahora quería centrarme en la novillada concurso. Como idea, me parece estupenda, a ver quién es el valiente que critica que se organice un festejo en el que el protagonista es el toro, en el que se va a poder contemplar el comportamiento de reses de diferente procedencia y donde demostrarán su valía fundamentalmente en el primer tercio. Es como cuando te llaman por teléfono unos señores y te dicen que si quieres pagar menos en la factura de teléfono, con Internet, llamadas interprovinciales, a móviles y además tendrás beneficios en el consumo eléctrico, en el gas y en la cuota mensual en el gimnasio. Esto es la bomba, qué chollazo. Pero claro, después te pones a pensar y te das cuenta que tienes que llamar en horario de madrugada, que hay límite de 15 megas en Internet, que tienes placas solares en el tejado que te costaron una pasta y que te abastecen todas tus necesidades y que el gimnasio de marras está en la provincia de Soria, pues entonces empiezas a pensar que si te han visto cara de bobo.

Vayamos por partes (sic Jack el Destripador), uno de los fundamentos de las concursos es la lidia, el conocimiento del toro y los terrenos y lucirlo especialmente en el caballo. Esto si uno no se pegado un golpe en la cabeza que le haga ver cosas que no son. Y además, se hace necesario tener una mínima base sobre el comportamiento de cada ganadería y cada encaste, aunque esto es algo nuevo. Antes quizás no se le daba tanto valor al encaste y que no se me entienda mal. Es que cuando había más variedad de hierros de uno y otro encaste, cada ganadería tenía su propia personalidad, aunque sí que se la podía encuadrar dentro de una misma familia, pero la variedad llegaba a tal punto, que dos de Albaserrada podían ser diferentes, simplemente por el criador que los llevaba a la plaza. Uno que ya tiene unos años, recuerda los Victorinos de verdad, aquellos de los que salía uno bueno y seis alimañas, pero que si buscaba lo mismo en los del señor Marqués de Albaserrada, aparte de la lámina, tenía pocas cosas en común con los del de Galapagar. Es más, si compramos los Victorinos de Cáceres con los criados en la sierra madrileña, la diferencia es más que notable, incluso hasta de presentación.

Igual con tanto embrollo lo que he conseguido es confundir a todo el mundo; pues bien, ahora traslademos este batiburrillo a la cabeza de los novilleros anunciados en la concurso. Con el agravante de que estos vienen a cortar orejas a base de pegar pases y más pases, y si cae raspando una orejita y otra más, salir por la Puerta Grande, aunque sea a cuestas y aupado por el paisanaje antes de que salga el autobús de vuelta al pueblo. Durante todo el verano hemos podido comprobar como chavales del mismo tipo que los que lidiarán la concurso, no han sabido fijar a ningún novillo, hiciera calor o lloviera a cántaros. No han tenido el tino de poner correctamente el toro al caballo ni una vez. Eso sí, como el penco tiene patas, dejaban el negrillo donde fuera, que ya se ponía el otro donde le dijeran. Es como si el señor pianista arrimara el piano a la silla, en lugar de la silla al piano. Vale que este tiene ruedas, pero hombre, no lo veo yo muy lógico.

Y explíquenle ustedes a los jóvenes valores que al segundo picotazo no se puede pedir el cambio, díganles que hay que medir el castigo, pidan a los de arriba que no tapen la salida y que si el toro se derrumba, habrá que picar igual, que no vale eso de hacer que se hace. Demasiadas cosas a tener en cuenta para un solo día. Quizás para conseguir que esto cale en el personal habría que darle un toque de competición deportiva. Bastaría con que el toro hubiera que colocarlo en un pasillo no demasiado ancho, que fuera de la puerta de toriles al otro extremo del ruedo. Entonces se trataría de dejar al toro entre esas dos paralelas, lo más lejos posible y para certificarlo saldría un señor con una cinta métrica que midiera desde la pezuña más adelantada, hasta el estribo derecho del picador. Ya, ya me he dado cuenta de que el novillo igual no se deja tocar la pezuña ¿no? Bueno, pues se hace a ojo, como toda la vida, o mejor, se contrata al del Plus, al que te dice en el fútbol que la barrera, la de los defensas tapándose su virilidad, a 9 m. 12 cm y 3 mm.; esto aparecería en un marcador electrónico, para regocijo del respetable. No me dirán que no aporto soluciones o que al menos no pongo de mi parte.

Para la muleta hay varias posibilidades; una es que el público fuera coreando los pases, uuuuuuno, dooooos, tres, cuaaaaatro… Y si el pase ha sido de mentira, no le cuenta se corearía el número anterior. Puede ser una opción, pero me da que íbamos a pasarnos la tarde cantando ¡Uuuuuuuno, uuuuuuno, uuuuuno, uuuuuno! y acabar en ¡Ninguuuuuuno! Con lo fácil que parecía lo de la muleta y puede que sea lo más frustrante de la tarde. Pero claro, hay otra cosa peor y es cuando se anuncie el novillo ganador. ¿Cómo se le da el premio? Lo bonito sería que subieran a un podio, como en los Juegos Olímpicos, con un cajón de alfalfa de diferentes tamaños, dependiendo de la clasificación; pero esto no se puede hacer, cuando los señores miembros y “miembras” del jurado deliberen, los novillos ya estarán preparados para ser acompañados por unas patatitas y salsa de roquefort. Eso habría que arreglarlo de alguna forma. ¡Ya está! Se invita a la familia y se le hace entrega del cheque alfalfa a la madre y al padre, aunque si el hijo no se dejaba tocar la pezuña para medir las distancias, no creo que estos se dejen tocar la moral para recibir el premio. Con lo bonita que quedaría una foto todos sonrientes, la vaca, el padre, el mayoral, el ganadero, los vaqueros y los terneros menores de la misma familia, todos alrededor del cheque. Eso sí que sería una foto para el recuerdo, ya lo creo. Y durante un mes, o más, se colocaría la foto del novillero triunfador a la entrada de la plaza, a modo de “El Empleado del Mes”.

Pero creo que nada de esto será posible, a no ser que el señor empresario/ productor/ creador/ artista/ emprendedor taurino don Simón tome cartas en el asunto. Si así fuera, lo mismo hacía resucitar a los novillos premiados para recibir el premio. Será una novillada llena de ilusión y esperanzas, en la que el aficionado añejo esperará ver lo que vio un día en esta misma plaza, el más joven deseará contemplar lo que le han contado y es muy fácil que todos nos volvamos a casa con la cabeza fría y los pies calientes y pensando que esto no tiene solución posible, al menos a la vista. Ojalá me equivoque, pero mucho. Aunque una cosa nada más, ¿se imaginan que los señores picadores hicieran la suerte como se debe? Esos mismos que habitualmente pican en medio del lomo o más atrás, que dejan cojos a los animales de un marronazo en la paletilla y que hacen la carioca como si bailaran un chotis muy “apretao”. Solo nos queda esperar, porque para desesperar… siempre habrá tiempo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Terminología taurina 2.0, nivel usuario

Las vueltas que le damos a las cosas para ponerles nombre



Tengo que confesar que uno cuando se pone a leer ciertas cosas o cuando las escucha por la radio o en cualquiera de los múltiples programas de información taurina que se emiten por todas las televisiones, en la mayoría de los casos estoy más perdido que Chencho en la Plaza Mayor de Madrid. Pero para que esto no le pase a los muchos mortales e ignorantes que pueblan el mundo de los toros, me he enfrascado en una profunda labor de investigación a la que he dedicado mucho tiempo y desvelos, todos los que caben en los diez minutos que he tardado en escribir esta tesis semántica con trazos semiológicos, semióticos y estrambóticos sobre la Tauromaquia 2.0. Que es que uno tiene que estar en todo, así que aquí van algunos de los términos y expresiones estudiadas, pero no aprendidas; habrá que estudiar más.

-          “Le ha sacado todo lo que tenía dentro”: Dícese del torero exprime-limones, que se preocupa más de sacarle el jugo a un mortecino animalillo  que de torearle de verdad.
-          “Fondo”: El toro que va y viene muchas veces, aunque en el fondo nada tenga de toro.
-          “Empaque”: Algo que tiene que ver tanto con “empacar” (hacer las maletas en las pelis con doblaje hispano americano), como con la apostura, clase y torería que se supone que muestra un señor mientras se retuerce dentro de un traje brillante con mucho colorín.
-          “Estar por encima del toro”: Debe ser ir con zancos, sobrevolarle con ala delta o merodearle con cara de disgusto mientras el animalito permanece despanzurrado en la arena.
-          “Gesto”: Ademán o signo exterior que los señores toreros ponen cuando quieren hacer creer que están haciendo algo grandioso, digno de ser olvidado al salir de la plaza.
-          “Gesta”: Ademana o signa exteriora que las señoras toreras ponen cuanda quieren hacer creer que están hacienda alga grandiosa, digna de ser olvidada al salir de la plazo.
-          “Estar preparado, muy ilusionado, responsabilizado y seguro de que voy a triunfar”: Lo que dicen los que no tienen nada que decir.
-          “Bonito, bajito, con una cabeza muy seria, muy fino y rematao”: ¿Danny de Vito?
-          “Una tía de corrida”: Eso no puede ser, tiene que ser otra cosa diferente a lo que esta usted pensando.
-          “Un toro imposible”: Mejor medio toro y si es un cuarto, mejor, pero, ¿uno entero?
-          “Se metía pa’dentro”: Porque aún no se ha inventado meterse pa’ fuera, pero tiempo al tiempo.
-          “Toros artistas”: Famosa troupe músico- vocal, famosa por éxitos como “Quisiera ser…”, “Ese toro enamorado de la luna”, “No tengo edad” o “Mi novio es un zombi”.
-          “Torista”: Talibán, mal bicho, reventador, ¡cómo te pille!
-          “Torerista”: Buen afisionao, cariñoso, calladito e ignorante.
-          “Toreabilidad”: Pues eso, bobonería, aburrimiento, ir y venir, na’ de na’.
-          “Integridad de la Fiesta”: Para Julián López, “dejadme tranquilo que siga con lo mío”. Hay otras acepciones, pero no con tanto sentido del humor. Es que me parto con este chico.
-          “Eficacia y contundencia”: La del matarife, que no la del torero tipo Julián, Fandi, Ponce, Manzanares y demás eficaces consumados.
-          “Picador”: Véase tercio de varas.
-          “Tercio de Varas”: Véase picador, y a ver si dejamos de enredar ya con el temita.
-          “Vale, vale”: Atraviésalo hasta jundirle en la arena.
-          “Artista”: hartista o jartista (sic Xavier González Fisher), que harta una jartá.
-          “Productor Taurino”: ¡Qué jeta le echa usted, don Simón!
-          “Se metía pa’dentro”: Que ya te hemos oído chico, venga, que ya pasó, despierta, que ha sido una pesadilla, ¡ea!, ya venga torero, bieeeen, hala, ya, duérmete otra vez.
-          “Quería cogerme”: Si te parece va querer echarte una a la pocha.
-          “Televisión”: Mala, no paga lo que merecemos y solo dice mentiras de nosotros… ¡bueno, no siempre!
-          “Plazas de responsabilidad”: Brihuega, Ciempozuelos, Requena, Valdilecha, Andújar, Estremera, Esquivias, Almazán, Olivenza y todas aquellas en las que las figuras imparten su magisterio.
-          “Emoción”: e mail, e book, e tú, e niño! e learning, e eeeeeeh, e zzzzzzz…
-          “Me he gustao”: Yo me he aburrido.
-          “He torao pa’ mí”: Yo me he aburrido.
-          “Faena pa’l afisionao”: Me toman por tonto.
-          “Ha estao en profesional”: Ahora sí que me quedo frito, me duermo, me sobo, me ausento.
-          “Derechos de imagen”: Lo que reclaman los que torean más “doblaos” que un segador en verano, para no quedarse tiesos.

Bueno, espero que estos términos nos ayuden a entender mejor este mundo. Yo cada vez estoy más despistado, entiendo todo esto cada vez peor, o mejor dicho, no entiendo nada de nada; pero habrá que aplicarse, porque solo con ver como disfrutan unos y otros y a la velocidad en que unos neófitos se convierten en avezados aficionados, el asunto tiene que merecer la pena. Pero no niego que estoy hecho un verdadero lío. ¡Señor! con los desvelos que yo dedico a la Tauromaquia 2.0, y cada vez la veo más alejada de mis posibilidades. Algo lógico por otro lado, porque muchos son los llamados y domingueros los elgidos.