miércoles, 7 de noviembre de 2012

“El Rosco” en una plaza sin dueño

Ni los areneros de Las Ventas son los amos, ellos se limitan a sentir el orgullo de pisar ese ruedo



La que lió don Iván Fandiño en la última feria de Otoño. Una faena acelerada y otra dando distancia al toro, pero con la misma aceleración, fue suficiente para que el vasco enfrentara a El Rosco, aficionado de sobra conocido en Las Ventas y alrededores taurinos, con parte de la afición madrileña. ¿Y cuál fue el motivo? Pues que ante la duda de los que aplaudían y los que no, el matador miró al sitio de este aficionado; este le indicó, mientras se rompía las manos a aplaudir, que diera la vuelta al ruedo sin miedo. Fandiño entonces no lo dudó y para allá se fue, para desagrado de muchos; “es que me ha dejado El Rosco”. Pero Iván, ese señor es un aficionado más, aficionado cualificado, si se quiere, pero un aficionado más, uno de los muchos y buenos que se sientan en la plaza en marzo y se marcha a la fuerza en octubre. Pero, aunque sí uno de los que más se hacen notar, él no es el dueño de la plaza. Madrid no tiene dueño y si lo tuviera, quizás sería un ganadero o un torero, pero siempre dependiendo de las circunstancias, no se le hará devolver el título de propiedad.

Y no digo yo que este aficionado no pueda decir lo que le de la gana, hasta ahí podíamos llegar, solo faltaría que le obligáramos a callarse, como hacen los isidros del sol durante la feria de San Isidro, haciéndolo con más ahínco a medida que se van alejando del 7. Tampoco voy a entrar a juzgar como aficionado a El Rosco, sería estúpido  por mi parte, de necios y de ignorantes, pues a lo largo de años ya ha dejado claro el concepto de toreo y el tipo de toro por el que se inclina. Hasta puedo decir que muy a menudo puedo estar de acuerdo con él, pero no siempre, por supuesto. Será por esto por lo que ni yo, ni otros cuántos estemos dispuestos a delegar nuestra representación en su persona, tampoco merecería don Faustino semejante castigo, ni tampoco tenemos por qué renunciar a nuestro derecho a opinar y ser oídos. Bien es verdad que el ser humano tiende a simplificar las cosas, especialmente los que no conocen la plaza de Madrid, los que se dejan llevar por la primera impresión, las apariencias y los comentarios de los falsos expertos en Venteñología.

Bien es verdad que en los últimos tiempos la plaza ha sufrido una degradación importante; muchos buenos aficionados se han acabado marchando hartos de tanta basura y tanta pantomima; los que han ocupado su puesto ni son tan buenos aficionados, ni tienen tantos conocimientos como creen y presumen, utilizando la plaza de Madrid como una pasarela para lucir modelo, mozo o moza los días de expectación; luego puede ocurrir que se pierdan lo verdaderamente interesante y no sepan quién es Urdiales, Fandiño o Sergio Aguilar, hasta que no se lo cuente la prensa. Pero a pesar de todo, la afición de Madrid no se reduce a un señor con voz potente. Tomémoslo como es, él opina y punto. Ni tiene in certificado que le acredite como la voz única, ni el encargo de nadie para que le represente. Aunque los transeúntes consideren a este aficionado y al tendido 7 el mal de la plaza, de la Fiesta y la imagen viva de la maldad en el mundo, eso no es así. Esa obcecación llega a que ya pueden estarle berreando a la oreja de uno de Villatontoles quince señores del 5, que no se entera, pero es estornudar el Rosco y ya la tenemos liada.

Esa obsesión llega al punto de mirar de quién es amigo, con quien va a los toros, si aplaude a unos o a otros, si a unos les protesta más y a otros nada por un crimen mucho más grave, que si lo sacan en la tele a ver cómo se manifiesta. Le censuran que vaya a los toros acompañado de un ganadero amigo, al que luego no protesta ni un toro, que mantenga una relación amistosa con un torero u otro y que luego se mantenga callado cuando pega un petardo o que a la mínima de cambio y entre una gran pitada de muchos, anime al matador colega a dar esa inmerecida vuelta al ruedo. Realmente es libre de hacer lo que quiera y yo abogo porque así sea. Y que nadie le tome en serio todo lo que haga o diga, porque sin poner en duda sus conocimientos, que los tiene de sobra, ya sabemos que es humano, afortunadamente, que no es un robot y que valora más la amistad que la lealtad incondicional a la Fiesta de los Toros. Lo cuál es muy digno y loable. No es ni criticable, ni digno de elogio, es y vale.

Quizás por todo esto tanto toreros, como ganaderos, como público, como prensa especializada, deberían olvidarse de este hombre, dejarle en paz y no pretender interpretar cada uno de sus gestos, u obedecer ciegamente a sus sugerencias. No es ni mucho menos portavoz de la afición de Madrid, especialmente porque esta no creo que lo acepte como tal, yo al menos no lo acepto, pero ni a él, ni a nadie; cada uno ya somos mayorcitos para saber expresar nuestra opinión y si nos apetece y nos atrevemos, ser capaces de manifestarla en público. No simplifiquemos señores. Si los pitos suenan a multitud, tapémonos un poquito y no nos enganchemos al trole que nos lleva alrededor del ruedo, aunque nos lo ofrezca el Papa de Roma. Si un encierro es ampliamente protestado, que no se hinchen de orgullo los señores ganaderos. Y que conste que estoy más cerca, mucho más cerca de El Rosco, que de los isidros y autobuseros que vienen a ver al paisano; a veces hasta me puede parecer un blando el bueno de don Faustino, pero por eso tampoco se me puede hacer caso a mi solo, la afición de Madrid es mucho más, aunque cada día es menos, gracias a tantos transeúntes que parece que pretenden transplantar esas plazas de Dios a la que por el momento da toros en la calle de Alcalá. Que la de Madrid, por el momento, es una plaza sin dueño.

sábado, 3 de noviembre de 2012

A ustedes es que no les gustan los toros

No sé cómo no les gustan los toros.



Anda que no llevamos tiempo de disputas, intercambio de opiniones contrapuestas, tertulias, entradas en los blogs, comentarios, comentarios a los comentarios, disertaciones, conferencias, charlas de bar y aparte de que unos hablan de una cosa y otros de otra, lo que cada día me está quedando más claro es que a los nuevos aficionados, los que aclaman esas cosas tan raras que a otros nos horrorizan y los propios protagonistas que las perpetran no les gustan los toros. Así de simple. Y no solo no les gustan, sino que no paran de cargar continuamente contra todo lo que ha supuesto la base y los pilares de la fiesta. Lo cual me parece más grave, porque yo entiendo que les guste el show ese de la “tauromaquia”, que ya no son “los toros”, ahora es “la tauromaquia”; que el término es correcto, pero no se usaba a la primera de cambio. Solo falta que te digan “¿Hay hoy tauromaquia en Las Ventas?” o “¿Televisan hoy la tauromaquia desde Benidorm?” Aunque todo llegará, no se angustien por ello.

Pues sigan ustedes con su tauromaquia, y déjennos a los palurdos e ignorantes con “los toros”. Quédense ustedes con eso de torear para el toro, el toro para el torero y el que paga a callar, las faenas eternas, el arte y la cultura de garrafón que repiten una y otra vez como queriendo convencerse de que les gusta lo que les aburre y tantas y tantas cosas a las que muchos no llegamos. Leía yo hace poco cómo un señor muy comprensivo con la Tauromaquia 2.0, se atrevía a plantear una nueva medida para incorporar a la plaza de Madrid, sobre todo teniendo en cuenta los gustos del público del momento, la evolución del espectáculo, que ya no rito, y lo que demandan los hartistas (Xavier González Fisher dixit); esto no era otra cosa que reducir el diámetro de las Ventas en 10 metros, lo que a su vez posibilitaría la ampliación del aforo, añadiendo unas cuantas filas más. Lo que está muy bien, sobre todo ahora que ya no se llena la plaza ni en la feria, y que como mucho se cuelga el no hay billetes dos o tres días, incluyendo en estas fechas la de Paquirri, Fandi y El Cordobés, ahí es na’.

Ya tenemos una modificación de importancia, los ruedos deben ser más reducidos, para que el toro no deambule a su aire por el ruedo, cosa que se resolvería fácilmente en el momento en que hubiera alguien que supiera fijar al toro, algo poco habitual. Así tampoco cantaría tanto la incompetencia de los coletudos, ni la falta de casta y mansedumbre de los mochuelos con plátanos que salen ahora por la puerta de chiqueros. Pero no satisfechos con este hurto a la contemplación del comportamiento natural del toro y a la expresión del instinto e ideas que lleva dentro, como si esto no nos interesara lo más mínimo, queremos dulcificar, disimular o camuflar la suerte de varas. ¡Peligro! no vaya a ser que al final el público descubra la mala condición del toro y que con ello cambie la opinión de una ganadería, una de esas que cuenta sus cabezas casi por millares, que le fabrican los crotales XXXL, para que le entre el número completo; sin importar que lleguen de la oreja al suelo. Pero da lo mismo, si es que no les gustan los toros, perdón la tauromaquia.

Como les van a gustar los toros si enloquecen con la borriquilla de un belén cuando sigue a una lavandera porque está encogida, estira los brazos y lleva un trozo de tela colgando. Pero los pobres se creen muy aficionados al toro y al toreo, aunque cuando sale el picador ya buscan al de los refrescos, con la esperanza de que cuando tengan la cerveza en sus manos, el del jamelgo con faldas ya se haya pirado a molestar a otra parte. Adónde habremos llegado, que ahora se plantean la posibilidad de eliminar uno de los caballos de picar. En serio, que esta idea no es fruto de una alucinación después de ingerir una cantidad importante de psicotrópicos. O sí, pero lo que quiero decir es que la ocurrencia estúpida esta no es cosa mía, sino de los taurinos, esos a los que yo creo que no les gustan los toros. Será por eso por lo que quieren achicar el ruedo de Las Ventas. Será porque quieran poner alrededor una pista de atletismo. Será porque quieran poner un carril bus, o un carril solo bici. Pero que no se les ocurra ampliar las localidades para invitados de postín, porque si no, en el centro no dejarán sitio ni para una piscina de bolas. Eso sí, si al ruedo, grande, pequeño o mediano sale un toro encastado, un galán de esos que exigen un torero que sepa, enseguida le cuelgan el cartel de imposible, a él y a toda la ganadería.

Pero no les pueden gustar los toros, que no, que no se lo cree nadie, si justo en el segundo tercio, cuando el toro se debería definir para el tercio de muerte ellos no tienen idea mejor que ponerse de wasa, no de broma, sino de wasar o wasap o guasup, o como demonios se diga y se escriba y sueltan en voz alta: “Mira, mira, mi cuñao y yo en la despedida de soltero de mis padres”. Que no digo yo que no sea interesante la estampa, pero, ¿no se podrá uno esperar a que doble el toro? ¡Noooo! Esa es la hora de las orejas, eso es importante, lo más importante. A ver si uno aguanta doscientos doce pases, IVA incluido, jaleando “bieeeeeejjjjnes”, para luego no soltarse el pelo agitando sus vergüenzas nasales. Alguien me dirá entonces que esa es una prueba suficiente de que sí les gusta la Fiesta; que es verdad, les gusta la Fiesta, la de Moros y Cristianos, la Tomatina, la Batalla del Vino, los Zancudos de Anguiano o el Octoberfest de Munich, pero no la de los toros. Porque su exaltación no se debe al derroche de arte, poder y dominio de un hombre ante un animal fiero, encastado y de una presencia imponente y que da miedo al más pintado. Se van calentando a partir del trigésimo cuadragésimo quinto trapazo. Tanto se ciegan, que desprecian el momento final, la culminación de la lidia. Aquello que justificaba todo esto, la cría del toro y su lidia, la suerte de matar, la suerte suprema, que ya es secundaria. No importa la ejecución, ni la colocación del acero, basta con que todo sea rápido. Ya puede haberle pinchado en un callo, atravesado de lado a lado o incluso haberle pegado un navajazo traicionero, es lo mismo, como si sale un matarife o una tribu del Kalahari, la cosa es que el toro caiga rápido, no se recrean en el momento en que el torero se cuadra, echa la muleta hacia delante, se tira detrás de la espada y tras clavar en lo alto del morrillo sale con limpieza del encuentro. Y, ¿por qué? Muy sencillo, porque no les gustan los toros, les gusta otra cosa, que llaman tauromaquia, pero que solo se parece a la Fiesta de siempre en que unos señores se ponen medias rosas sin que se avergüencen de que les vean miles de personas, que encima, no reparan en este pequeño detalle. ¡Señores! Que… a ustedes… es que no les gustan los toros.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Toreros de siempre y de entonces III

Granero, Vicente Pastor y Manolete

Hoy el cartel de época está formado por el torero violinista, el que decían que estaba llamado a ser el sucesor de Joselito, Manuel Granero, aquel al que Pocapena de Veragua, le arrancó la vida debajo del estribo de la antigua plaza de Madrid. Le acompaña Manuel Rodríguez Sánchez, "Manolete", el Monstruo de Córdoba, el fenómeno que transformó el toreo, con sus luces y sus sombras, pero que a nadie dejaba indiferente. Si tuviera que referir el testimonio de algunos que llegaron a verle torear, en muchos casos solo recogería exclamaciones, lo único que eran capaces de expresar al nombrarles a este torero. En Linares Islero, de Miura, le lanzó a la inmortalidad, pero privó a todo el mundo de conocer los límites a los que habría podido llegar. Y el tercero es "Er sordao romano", como le apodó El Gallo. Vicente Pastor, "El Chico de la Blusa", la honradez, el valor , la honestidad y el orgullo de ser matador de toros del que figura como el primero que cortó una oreja en Madrid. Pasó de destacar en las capeas que se celebraban después de la corrida, con su blusón azul, a convertirse en uno de los pocos toreros que aguantaron el tirón de Joselito, Belmonte o El Gallo.

En la imagen en color aparece Joaquín Bernadó, quizá el mejor torero que haya dado nunca Cataluña. Elegante, con buen capote, pero con una carrera no tan sonora como puede que mereciera este matador catalán.

domingo, 28 de octubre de 2012

La suerte suprema: arte, entrega, verdad

Belmonte tirándose detrás de la espada



Se podría afirmar que la evolución más sobresaliente que ha sufrido lo que antes se llamaba con motivo la suerte suprema, es el haber pasado de ser “el por qué” de la Fiesta, a que el público actual casi exclame “¿por qué?”. De ser el motivo final, el eje en torno al cuál giraba toda la lidia, a ser un trámite, un mal menor, pero al que algunos nostálgicos aún le otorgan la importancia, que creen que nunca debió perder.

El momento de la muerte se podría comparar a una escultura que había ido tomando forma a lo largo de los tres tercios; era cuando se notaban los golpes de cincel, los acertados y los fallidos, y si estos eran más que los otros, la obra final no valía, se venía abajo, se desmoronaba la obra creada, por muy excelsa que fuera. Algo que a los más jóvenes, los más modernos y los más entregados a las figuras actuales les parecerá una barbaridad, un crimen, la peor forma de robar un triunfo a un torero, como si la espada fuera una moneda que se lanza al aire, de la que solo es dueña la suerte. ¿La suerte? ¿Realmente lo que separa una estocada de una infamia es la suerte? Pues sí que es simplificar las cosas y quitarle valor a lo importante.

Pero esta excusa es muy utilizada por todo el mundo, profesionales, revisteros, aficionados de pro, que parecen no reconocer los méritos exigibles para ejecutar la suerte con entrega, verdad y con arte. Lo que cuenta para ellos es que el toro caiga rápido, primero que entre la espada, por donde sea, y después que el animal doble; casi no importa ni que el bajonazo provoque vómitos de sangre. La cuestión es que se despanzurre, para agitar uno, o dos, pañuelos de forma histérica, pidiendo las orejas para el ídolo de las medias rosas. Teniendo en cuenta estos valores, presididos por unop absoluto como es el fin y no el proceso, ¿qué diferencia al matarife de un matadero, de un matador de toros? Quizás solo sea el que uno luce las medias rosas y el otro, si las lleva, procurará que no se le vean.

Quizá así leído esto, puede parecer un absurdo eso de pensar en que lo único que vale es que la muerte sea rápida, pero si quedan dudas, solo es necesario acudir una tarde a una plaza de toros y sentarse a observar. No me voy a meter ahora en lo que es la lidia, ya se ha hablado y se hablará de ello, baste con quedarse en lo que sucede en el último tercio. Una sucesión desordenada y desestructurada de pases y pases, con el único objetivo de enardecer a las masas. No es necesario ya poder al toro y prepararlo para ese momento supremo, porque casi viene preparado de fábrica. Cantidad por calidad y eficacia por eficiencia. Y allá por el pase cien o ciento y pico, se empezaba a pensar en la espada. Primero esa pausa antinatura de tener que darse un paseito para cambiar la espada de mentira, que me niego a llamar ayuda, por la de verdad. El público mientras aprovecha para hacer sus vaticinios sobre la estocada. Es buen matador el que hunde la espada allá donde le venga bien. Se habla en ocasiones de que fulanito tiene un cañón. Hombre, con un cañón es fácil matar lo que sea, hasta la torería sucumbe ante un obús directo al corazón. Y si algún ingenuo es capaz de afirmar que el artillero mata mal, puede ver peligrar su integridad, no vaya a ser que apunten a su tupé. Recuerdo una vez en Madrid en que El Juli hizo una faena de esas de torero exprimelimones, el que le saca todo lo que tiene; Ya se frotaban las manos las masas enfervorecidas y preparaban los pañuelos, cuando se me ocurre comentarle a una compañera de localidad que el madrileño mataba mal. ¡Señor! el joven de delante casi me come, aunque todo se quedó en un “mata mal por los coj…piiiiiiiiii”. Yo le expliqué como pude lo del saltito apartándose, lo de meter la espada de lado allá donde pillara y lo de taparle la cara al toro, y que eso no era matar bien. Lo que tuve que aguantar. Toda una fila de jóvenes taurinos comentando con sorna mi primer comentario. Y ¡zas!, El Juli pinchó en hueso, lo que tampoco es muy habitual, y a partir de ahí las ironías se convirtieron en ensaladas de exabruptos dirigidos a… El Juli. Hay que ver como le censuraban su forma de entrar a matar. Parece que vieron la luz al caerse del caballo. Pero esto tampoco es lo normal, y seguro que en tardes posteriores seguirían pensando que el de Velilla es un gran matador.

Si entramos en lo de la ejecución y la colocación del estoque, esa es la historia de nunca acabar, y quizás en estos dos aspectos sea en los que más se justifique eso de la suerte. Porque en la mayoría de los casos, los matadores actuales toman todas las precauciones imaginables para desterrar la buena suerte y atraer a la mala. Primero se ponen a citar totalmente fuera de la suerte, con lo que como mucho cobrarán un espadazo atravesado. Acto seguido, si no estaban suficientemente fuera, echan a correr para apartarse todo lo más posible del viaje del toro, sin preocuparse demasiado de meterle la mano izquierda, la que mata, en las pezuñas. Así puede ser que pinche en hueso, que el toro le eche la cara arriba, que se le venga al cuerpo, que la estocada quede trasera, caída o en cualquier lugar indecoroso para el torero; y eso cuando no le sueltan el trapo en la jeta del animal. Reconocerán conmigo que son muchas las alertas para atraer a la mala suerte, aparte de otros muchos defectos en los que no me voy a detener. Para tener suerte, pero de la buena, basta con cuadrarse entre los pitones, quizás más hacia el izquierdo que hacia el derecho; adelantar la muleta echándola abajo para que el toro descubra la muerte; hacer la cruz con los brazos; empujar la espada sacando la mano desde el corazón, no esa manera tan horrorosa de mantenerlo como colgado del cielo, olvidarse de los pitones viendo solo espada y morrillo, tirándose muy derecho hacia adelante y dándole la salida a la embestida, como si se diera un pase de pecho. En este caso, ¿qué se puede achacar a la mala suerte? Pues muchas cosas, que toro o torero resbalen, que el toro no obedezca el engaño, que el acero pegue en un arpón, que el animal se despiste en el último momento y haga un extraño, pero no el que el matador se tire de mala manera a los blandos, o que no haga la suerte, la suprema, con verdad y pureza.

Lo del volapié, la estocada al encuentro, recibiendo, en la suerte natural o contraria, eso requiere otra reflexión en otro momento, porque lo que no podemos pretender tampoco es que vamos a arreglar la suerte suprema con cuatro letras mal juntadas. Pero yo solo digo una cosa, hace años si alguien estaba viendo una corrida y le reclamaban su atención en este momento, era común escuchar “espera que va a matar”, porque nada de lo anterior tenía sentido sin la estocada. Ahora hay quien aprovecha para adelantarse a los vecinos para llamar al vendedor de refrescos, que luego se acumulan muchos a lo de la cerveza. Entonces, ¿cómo le vamos a hacer entender a estos señores que la suerte suprema es cuestión de arte, entrega y verdad? Y ahora me retiro, que tengo reunión plenaria con el jurado de los segundos premios Toros Grada Seis, ¡Qué Dios reparta suerte! Porque como reparta justicia…

viernes, 26 de octubre de 2012

Toreros de siempre y de entonces II

Cúchares y Costillares
Segunda entrega de cromos, que a causa del tamaño del original sale cortado parcialmente. Cúchares, el que muchas veces prestó su nombre para calificar el toreo, junto con el inventor del volapié, "vuela pies", acompañados por nombres más que reconocibles en el toreo en los años 60 y 70. Aunque de ellos me quedo con Mario Coelho, uno de los grandes banderilleros que ha dado Portugal.

martes, 23 de octubre de 2012

Las Ventas y la tapadera

Cuadro del Pintor Paco Sanz, perteneciente a la Exposición de su obra que se puede visitar en la Casa de la Cultura de Torrejón de Ardoz, c/ Londres, 5; del 18 de octubre al 16 de noviembre. Creo que sus pinturas servirán para reconciliarnos con la fiesta. No lo podemos dejar pasar.



Un olé rotundo por la CAM, por el Centro de Asuntos Taurinos y por los médicos que los atienden y que cuidan de su salud. Es de admirar la nueva decisión que se ha tomado acerca de la plaza de Madrid de cara al invierno; como primer paso le van a poner una tapadera, lo siguiente puede que sea que también le pongan un lazo y que la manden certificada a Pernambuco, a ver si así deja de dar dolores de cabeza esto de la Fiesta de los toros. En mi opinión este es uno de los pasos más audaces y más decididos que han tomado los responsables del coso. Anda que no les había costado encontrar un argumento más o menos incontestable para poder acabar con la temporada madrileña, que por otro lado es la única plaza en la que todavía se puede hablar de ello. Una temporada en la que tanto la empresa Taurodelta como la Comunidad, esta por omisión y dejación de responsabilidades, han puesto todos sus esfuerzos para dinamitarla definitivamente.

Llevan años aireando las pobres entradas fuera de feria, que es verdad, pero no dicen ni mu de cómo el aficionado acude a la plaza cuando hay carteles medianamente interesantes. A ellos les de perlas ese justito cuarto de plaza, para lanzarlo a la cara de políticos, prensa y aficionados, quejándose de lo ruinosa que es la plaza los domingos y fiestas de guardar y quieren hacer ver que solo interesan las ferias. Pero esto tampoco es exacto señores Taurodeltos, porque vale que lancen por delante a Don Simón, que tiene un arte para quejarse sin razón, ni argumentos, que no se puede aguantar; prueben a pone un festejo un martes a las tres de la mañana y anuncien que será una corrida en la que no se encenderá la iluminación. Seguro que casi venden todo el papel, vamos, segurísimo, ¿saben cómo? Pues haciendo lo mismo que hacen en San Isidro y en la Feria de Otoño, obligando a sacar la entrada a los abonados, porque si no pierden el derecho a poder renovar el abono en años sucesivos. Es más y el cartel puede estar compuesto con vacas de leche, Don Simón, el tío Matilla y el padre Molés; colas kilométricas delante de la taquilla de la calle de Alcalá. Porque no me dirán que para este festejo abrirían al menos dos taquillas, una y zumbando, atendiendo al público una señorita de Hamburgo que no sepa decir en castellano ni hola. Pero esto no es nada nuevo, porque algo parecido es lo que vienen haciendo durante años. Si yo contara las cosas que me han pasado en esos ventanales; hasta falsificador me llegaron a llamar hace un par de años, todo por querer devolver una entrada. Mira que les sentó mal. Pero tanto me convencieron de que era un chorizo falsificador, que hasta yo mismo pedía, rogaba y gritaba con todas mis fuerzas para que llamaran a la Policía, pero no, al final me llevé un chasco monumental, era cuestión de las impresoras de la plaza, de la señorita que cobró bien, pero vendió mal y el falsificador no era tal.

Pero ya sabemos de la generosidad, desvelos y espíritu proselitista taurino de la empresa de Madrid, si no será esto conocido, que Don Simón y el tío Matilla fueron corriendo a sumarse a la faena, esas cualidades que les están empujando a organizar festejos sin caballos en Las Ventas, en los meses de invierno. Ya puestos a perder, pues hala, hasta la camisa, todo sea por levantar la industria del autobús, perdón, quería decir la Fiesta de los Toros. Gracias al esfuerzo que las instituciones van a llevar a cabo, se va a cubrir el ruedo venteño, lo que nos permitirá reencontrarnos con los compañeros de afición en la grada. ¡Qué patinazo! No, no, disculpen, las gradas y andanadas quedarán inutilizadas, tal y como dice el proyecto para cerrar la plaza. Pero no pasa nasa, se pondrá un precio único de diez euros y apunto. Igualito que en las nocturnas del verano, pero claro, ahí al menos queda la posibilidad de sacarte una grada o andanada por menos de la mitad de esa entrada general. ¿Pero, qué son diez euros? Nada, baratijas. ¿Qué igual los habituales se lo piensan un poco más? Pues fenomenal, así dejarán de dar la matraca con lo del trapío, la invalidez, las monas descastadas y todas esas cosas que lo único que hacen es enturbiar una alegre tarde de toros. Total, si es posible que en uno o dos años no se den estos festejos de invierno.

Entonces, ¿para que la tapadera? Pues realmente, uno no lo sabe, tengo mi opinión, pero no la confirmación. Uno solo se puede guiar por la intuición, tomando como modelo lo perpetrado por esta empresa desde hace años, que la CAM les ha aplaudido a rabiar; lo primero es la pela, después la pela y luego nada y a eso de la Fiesta, que le den dos duros, eso no es rentable. Nos organizarán un ciclo insufrible, justificarán así el gasto de esa tapadera de quita y pon, y en años posteriores ya sabrán cómo sacarle provecho a la situación. El señor Chopera ya habla de dejar el engendro hasta primeros de mayo, con lo que si igual aunque empiece la temporada en marzo, es posible que empiece a haber festivos en blanco. ¿Quién nos asegura que no se contratará el Circo de Manolita Chen de febrero a mayo, imposibilitando la celebración de corridas? O que se aproveche la gira europea veraniega de Pepito de los Palotes, comiéndose algunas fechas de julio o agosto.

Ese parece ser el porvenir de la plaza de Madrid y lo que es peor, muy pocos alzarán la voz para protestar, entre otras cosas, porque en las cabezas de los aficionados más jóvenes está instalada la idea de que nada tiene importancia fuera de las ferias. Lo que nos habríamos perdido si eso hubiera sido siempre así. Quizás César Rincón no se habría ganado un sitio en la feria de aquel año en que se apropió de la llave de las Ventas, ni Curro Vázquez, Roberto Domínguez, Ortega Cano, Julio Robles y tantos otros que toreaban durante la temporada; Curro Romero habría desaparecido de los carteles de Madrid años antes de su retirada; Antoñete quizá no habría podido resucitar; los hermanos Campuzano, Frascuelo, Pauloba, El Inclusero, Andrés Vázquez, José Fuentes, muchísimos buenos toreros que pasearon su valor y torería en los veranos de Madrid. Pero también hay que tener en cuenta a las grandes figuras de la historia, los que torean mejor que nunca se ha toreado, los que matan el ganado más bravo y encastado que jamás haya visto ojo humano, esos señoritos que vienen a Madrid de puntillas, pasan el trago de aguantar cuatro voces que les incomodan y siguen ruta, pero es que ellos no quieren que haya nadie que les pueda hacer sombra, igual que los empresarios no están por la labor de tener que montar festejos de marzo a octubre, contratar toreros a precio de saldo, ganado infame y haciendo regalos envenenados a la que quizás sea ahora mismo la única afición medianamente estructurada del ámbito taurino. Esa organización espontánea que propicia el encontrarse una vez a la semana, dos si hay un festivo.

Pues ahí tienen la coartada perfecta para acabar de echarnos de la plaza. Primero nos obligan a exiliarnos a otras localidades, abandonando las nuestras de siempre, aunque si quieren, podemos contribuir a la tapadera agarrando las esquinas de la cubierta desde gradas y andanadas. O que nos abran unos ventanucos para asomarnos por turnos para ver que pasa en el ruedo, y el que tenga el vozarrón más potente, que pase la novedad al resto. Y todo esto está al alcance de la mano de un pliego, basta con que los responsables, sean quienes sean, decidan cambiarlo porque se les pone en el cogote, para que se nos derrumben los últimos restos de esta ruina. Eso sí, luego dirán que cumplen lo que manda la CAM, el pliego, la ley o los Diez Mandamientos, pero, ¿recuerdan como acababa eso de “Quién hace la ley, hace la tra…”. Ya lo estoy viendo en las noticias, Las Ventas es una tapadera, perdón, Las Ventas estrenan tapadera.

jueves, 18 de octubre de 2012

Urdiales y la estupefacción

Urdiales está toreando


Llevo semanas rumiando esta entrada y no me he decidido a sacarla antes por esperar a que todo esto se acabara y poder tener en mi mano todos los ases, las cuarenta, y cantar las veinte de los otros tres palos y algún que otro tres, no fuera a ser que al final perdiera la mano. Uno ya está un poco cansado de repetir siempre lo mismo, que si el G-10, que si ahora son 8 o 7, que los borreguillos de los juanpes, los taurinos, los asaltaplazas y todas esas pesadillas que carcomen nuestra afición. Ya tenía yo ganas de explayarme a gusto hablando de un torero, aunque también asome un punto de cierta amargura, la que provoca la injusticia de ver como no se le premia con contratos lo que se gana en el ruedo.

Discutía, por llamarlo de alguna forma, hace tiempo con I.J. del Pino, si Urdiales era único o el más grande, que era como si uno dijera que mi abuelo es más mi abuelo que el padre de mi padre o viceversa. Pues amigo, perdona que te diga, pero no tenías razón y yo… menos. Urdiales es el más grande y el único torero en la actualidad, si nos atenemos rigurosamente a lo que quiere referirse este término: torero. Además es de los pocos a los que se les puede llamar Matador de Toros”, como rezaba en las tarjetas de visita de Luis Fuentes Bejarano hasta el final de sus días; qué orgullo el de haber lucido coleta y terno de luces.

Ahora parece el momento en el que hacer balance de la temporada, en diciembre lo haremos del año y el resultado deberá ser el mismo, y habrá que ponerse a pensar en la mejor faena, el mejor toro, el que tenía el fondo perfectamente conjuntado con la toreabilidad o el torero que mejor componga sus sinfonías de empaque e histrionismo. Pues hala, que balanceen otros, yo me voy a limitar a recordar y a disfrutar y emocionarme de nuevo con el toreo; el de Diego Urdiales, al que se le podría calificar como el torero de los triunfos inútiles, los triunfos callados, el toreo ignorado o, si se le pregunta al aficionado, el torero deseado.

En Valencia no se puede decir que triunfara, tal y como se entiende el triunfo, pero al contrario que otros compañeros, en la de Fuente Ymbro toreó, le dio a sus toros lo que le pedían, pero resultaron tan poquita cosa, que el riojano no pudo demostrar su poder, aunque sí su decisión. Su paso por Madrid no fue nada destacado, aunque a mi juicio, el principal problema fue la elección de ganaderías; no sé si hubo lugar a elegir o fueron lentejas, si las quieres las tomas y… Pero Urdiales necesita toro, que paradoja, un torero que requiere de un toro, que debería ser lo lógico y natural, pero claro, si tenemos en cuenta que a la mayoría del escalafón, especialmente a las figuras, les sale un toro y ponen el grito en el cielo. Parece, que no digo yo que sea así, que su capacidad como toreros solo les llega para pegar mantazos a bobonas y si no ya se están quejando que “se venía para adentro”, “reponía muy pronto” y algunos despavoridos hasta dicen que “me quería coger”. Hombre, que se supone que es un toro de lidia, si fuera un perrillo de lanas, daría lametones.

Como viene siendo habitual, el número de corridas matadas por Urdiales en esta temporada no era demasiado elevado, más bien era ridículo y ofensivo, si se comparan condiciones, tipo de toro y resultados con otros que torean hasta en los baños de las cafeterías. Pero llegó Bilbao y allí se mostró a pecho descubierto como el torero que es. No sé si sorprendería a alguien su clase magistral de toreo, no debería, pero emocionó a todo el que lo vio en directo, a los que lo vieron en vídeo y a todos los que recuerdan aquella tarde de los Victorinos. Las cosas no estaban precisamente para florituras, él se vio levantado del suelo de mala manera, Castaño pasó a la enfermería haciendo pensar a la gente que podía tener una lesión importante, pero don Diego, el señor Urdiales se puso a torear, a poder a aquellos animales, que de bobonas tenían poco o nada, y dejar claro lo que es torear y lidiar, que nada tiene que ver ni de lejos con pegar pases. Creo que cortó una oreja en los tres toros que mató, pero qué quieren que les diga, no me importa la cantidad, me quedo con el toreo.

Días después tuve la suerte de poder charlar con él en directo en el programa “Vivir los Toros” de Radio Morata y en ningún momento mostró ni asomo de rencor, ni de hacer ninguna reivindicación altisonante. Pero fue muy claro cuando a una afirmación de quien esto escribe sobre la escasez de contratos y si merecía torear muchas más tardes, se limitó a decir “yo creo que sí”. Ni una queja salió de sus labios. Un torero que ve como otros compañeros ganan contratos a base de dejarse llevar por la corriente del destormo, la vulgaridad y la mentira, pero que no se deja tentar por ese oropel vacío. Afirma una y otra vez que él es fiel a su estilo, un estilo muy ortodoxo, muy de verdad y en el que el eje es el toro y el toreo de verdad. Una filosofía de vida que le permite mantener las ideas muy claras, o la verdad o la vuelta a su oficio. Que decirlo es muy fácil, facilísimo, pero es que Diego Urdiales lo dice, lo hace y se lo deja claro como el agua a todo aquel que pueda pensar que le puede tentar solo con dinero. ¿Se imaginan que tuviéramos varios toreros con esta decisión, este compromiso con la Fiesta y esta afición por encima de todo?

Después de la lección de Bilbao mantuvo esta misma línea de compromiso en su tierra, en San Mateo, pero de eso ya se ha hablado en su momento. Yo ahora tampoco me voy a poner a pedir que le contraten en todas las ferias, no soy quien, ni mucho menos; me conformo única y exclusivamente con que se le trate con justicia, pero a él y a todos. Que no tengamos que esperar a llegar a final de temporada para ver que fulanito toreó más de la cuenta o que menganito no tuvo las oportunidades que merecía. ¿Por qué no vamos haciendo el año poco a poco? Igual otro gallo nos cantará. ¿Se imaginan lo que sería que al llegar Castellón y Valencia los matadores no tuvieran nada para después? En Sevilla igual, lo mismo en Madrid y así sucesivamente. Lo que podrían variar los carteles estelares de principio de temporada a los del final. Pero esto de los toros está muy mal gestionado, aunque perfectamente montado. Mal gestionado porque no se da lo mejor en su mejor momento y bien montado, porque pase lo que pase, en febrero ya se tiene garantizada la ganancia de ese año. Esperemos que el año próximo Urdiales entre en carteles de toros de verdad, como es su costumbre, y en muchos más, enfrentándose a esos mandones del toreo, que en lo único en que le ganan es en el poder del mentor, con capacidad para manejar aquí o allí a su antojo.