domingo, 30 de mayo de 2010

Nos están robando la afición

No sé que pretenden estos taurinos que están empujando la fiesta a un precipicio. No sé que idea tienen ellos de montar una buena feria de San Isidro, no sé que idea tienen ellos de hacer disfrutar al aficionado, pero lo que sí sé es que nos están robando la afición. Los que pagamos nuestra entrada religiosamente somos unos convidados de piedra que no podemos ni rechistar y a los que además nos quieren obligar a dar nuestra bendición.

Otro día estaría consultando mis notas y me dispondría a intentar dar mi visión de la corrida, pero hoy no necesito apuntes, ni acordarme de esto o de aquello. Hoy todo se resume en “ha sido una basura” y la feria de San Isidro del año 2010, también ha sido una basura. Nos prometían que iban a hacer un esfuerzo mayor por conseguir subir el nivel de la feria de Madrid, lo cual ya es un contrasentido. ¿Es qué hasta entonces no se habían hecho todos los esfuerzos posibles? Se supone que es la feria más importante del mundo, se supone que los matadores punteros y las ganaderías más importantes se matarían por estar en Madrid. Pues no. Nos han hecho tragarnos unos carteles que entre los tres toreros juntaban cuatro tardes el año anterior, matadores que en lugar de venir a satisfacer al aficionado, venían a intentar salvar su temporada, en el mejor de los casos, o su carrera, como ha quedado patente en muchos casos. Las ganaderías eran verdaderos saldos más propios del matadero que de una plaza de toros y las tres o cuatro que han merecido saltar al ruedo para que sus toros fueran lidiados como un toro bravo, se han encontrado con ineptos pegapases, que no distinguen entre lo que es torear y lo que es protagonizar una pantomima del toreo. Ineptos semidioses que desconocen los más mínimos fundamentos de la lidia. Ineptos semidioses que tras fracasar estrepitosamente lo único que se les ocurre decir es que el ambiente estaba muy en contra, o que ellos no vienen a matar ese tipo de ganado o que están muy orgullosos porque han dado todo lo que llevan dentro. Pues o tienen un interior muy vacío o muy pequeño.

Pero aparte de la afición, nos roban cualquier posible esperanza de que eso pueda cambiar y que empiece a mejorar. A los que pensamos y hablamos en los términos en que yo lo hago en este momento nos tildan en el mejor caso de idiotas, cuando no de reventadores con premeditación y alevosía, además de ignorantes y desconsiderados. Nos quieren bajar a los infiernos porque no hemos toreado nunca un toro, porque no sabemos el miedo que se pasa y lo difícil que es esto del toreo. Pues muy bien, seguid así y entonces las plazas de toros estarán sólo abiertas para vosotros, para esos que os habéis puesto delante de un toro. Estupendo, pero pensad que no se cobra lo mismo cuando en una plaza entran 24.000 personas, que cuando sólo caben 200 a todo meter. Y si esto es para expertos, quizás a las televisiones no les interesará pagar para retransmitir un festejo a 10.000 personas, incluyendo en esta cifra a los vendedores de refrescos. Quieren un espectáculo de masas mudas, ciegas, sordas y tontas, pero que paguen.

Nunca me habría pensado que se me pasara por la cabeza no volver a renovar mi abono. Esto que para mí es parte de mi vida. Esto que es parte de mí, mis libros, mis dibujos, mis cuadros, mis paseos viendo toros por el campo, la ilusión de ir el domingo a los toros porque te interesa tal o cual ganadería, o tal o cual torero. Esta afición en que todavía te ilusiona llevar a la plaza a tus hijos pequeños de la mano, con la esperanza de que se lleguen a aficionar y que disfruten y sientan la misma emoción que alguna tarde has podido vivir en los toros. Esa ilusión de ver todos los meses de abril el taco de entradas para toda la feria. Todo eso nos lo están robando

Nos quedaba el clavo ardiendo de José Tomás, el único que en la actualidad podría rescatar la fiesta del muladar al que la han arrojado. O Morante de la Puebla, aunque éste parece que ya sólo hace arte ante cabritas aborregadas. Pues un toro en Aguascalientes nos ha cortado toda posibilidad de ver torear este año a alguien en Madrid. ¿Y los sustitutos? Pues uno Miguel Ángel Perera y el otro el Juli. Uno, el extremeño, la vulgaridad con medias rosas que no ve más allá de sus narices o de los alrededores de la burbuja en la que vive y que no le permite comprender a nadie que no le aclame como un dios. El otro, el de Velilla, un joven con amor propio, pero incapaz de hacer arte delante de una bobona y mucho menos de un toro. Ninguno de los dos ha visto un toro de verdad de cerca desde hace años y si hablamos de toro encastado, ni saben lo que es, bueno sí, una especie a la que habría que mandar al matadero. Pero al final, los que vamos a ir al matadero somos nosotros, los aficionados que van a los toros a ver torear, no a ver pegar pases y mucho menos a merendar, pero esta panda del lumpen del toreo nos están robando la afición.

sábado, 29 de mayo de 2010

La gloria de dos banderilleros

Empezamos con que si sólo había cuatro Palhas, que si los toreros no llegaban entre los tres a diez festejos el año pasado, que si la presencia de los toros portugueses, que si galgos, que si podencos y en éstas que un banderillero sale trompicado de un fallido primer encuentro que le cuesta salir por los aires. El banderillero era Carlos Casanova, un subalterno que, como decía Juan Espinosa (gracias a Xavier González Fisher por sus enseñanzas y por compartir sus vastos conocimientos conmigo) no es sub de nada, pide los palos de nuevo se va hacia el toro y dejando que el toro le llene la cara de baba, clava un estupendo par en todo lo alto. A continuación el tercero de la cuadrilla, Jesús Arruga, se encara con el de Palha, se va hacia él por el otro pitón y clava un par tremendo, del que sale muy justito, tanto que el toro le raja la taleguilla con si fuera papel. Pero aún quedaba cerrar el tercio. Casanova vuelva de nuevo armado con los palitroques, inicia la carrera y asomándose al balcón clava otro impresionante par, dejando que el toro le toque, pero a él sólo le preocupaba meter los brazos, dejar las banderillas y salir de allí lo mejor que se pudiera.

Así se resume el mejor momento de esta eterna feria de San Isidro en la que parecíamos cirujanos, separando lo poco bueno de lo mucho malo, como si trabajáramos con un bisturí. Como ocurre con la torería, la afición, el valor y el orgullo de sentirse torero, estos dos banderilleros nos han despertado con el huracán que es lo que se hace de verdad en el toreo.

En cuanto a los Palha no han reeditado lo vivido el año anterior. Más que justos de presentación, más que justos de pitones y más que justos de comportamiento. No se puede hablar de animales intoreables, de bobonas que van y vienen, pero tampoco d aquellos seis toros encastados que nos maravillaron hace un año. Entre aquellos los había más o menos bravos u mansos, pero muy encastados. Estos todo lo han hecho con discreción. Iban al caballo sin más, o con cierta alegría, pero luego empujaban de lado y con la cara alta o simplemente cumplían y se dejaban picar. Sí es verdad que han presentado complicaciones, pero no insalvables, nada que una buena lidia no pudiera solucionar; lo contrario de lo que se ha visto en el ruedo durante toda la tarde. Capotazos y más capotazos sin orden ni concierto y lo mismo dejaban que fuera suelto al caballo, que lo ponían dentro de la raya del tercio, que lo dejaban a su aire.

La misma receta de caos, desorden y falta de dominio le han prescrito a los dos del Torreón, muy corralones, sobre todo el quinto y que han cumplido mejor en el caballo que sus parientes lejanos de Portugal.

Los matadores encabezados por Jesús Millán han sufrido las consecuencias de su inoperancia en la lidia. Jesús Millán, empeñado en levantarle la cabeza a sus oponentes con banderazos y más banderazos, estirando el brazo, sacando el culo y con un pie más para allá que para acá, más retorcido que un contorsionista y permitiendo hacer al toro todo lo que se le antojaba.

Fernando Robleño, el triunfador de la tarde, ha adolecido del mismo defecto que sus dos compañeros de terna, el mal educar a sus toros. Más banderazos que un guardiamarina, trapazos sin mando y abuso de pico. En su segundo, el del triunfo, ha aplicado la misma medicina. El toro tenía su complicación, pero el madrileño se ha empeñado en que tenía corto el viaje, que era verdad si se acortaba la distancia de la forma que él lo ha hecho. Para que el animal acudiera a la muleta había que darle más distancia y tragar las dos primeras embestidas llevándolo muy toreado. Él ha optado por el encimismo y por el unipase, con el inconveniente de que el toro se le ha ido haciendo dueño de la situación al notar que allí no había quien mandara. Acabó revolviéndose a mitad del lance, defendiéndose y poniendo al matador en un compromiso.

Francisco Javier Corpas ha evidenciado su falta de corridas; el año pasado una y este de momento ya ha igualado esta cifra. Será este el motivo por el que no ha puesto nunca al toro al caballo, o por las mismas se ha visto superado por su Palha y su retal del Torreón. Hubo un momento en el que parecía que podía dar la sorpresa, al inicio de su primera faena de muleta, recogiendo al toro por bajo rodilla en tierra, con derechazos y trincherazos de valor, pero inmediatamente se venía todo abajo en cuanto desplegaba su toreo con el pico, citando fuera de cacho,… lo de todos los días y lo de todos los toreros fieles a esta tauromaquia postmoderna.

Pero al menos ha sido una tarde en la que nos hemos entretenido, aunque como ya he dicho otras veces, en otros tiempos la corrida de Palha habría sido calificada como mala y sin trapío, pero ahora, en estos días de mayo, en cuanto olemos algo de casta y emoción nos damos con un cantito en los dientes. Y que conste que en esto de emoción no incluyo los tres pares de banderillas. Eso ha sido mucho más que simple emoción, eso ha sido “la gloria de dos banderilleros”.

viernes, 28 de mayo de 2010

Mientras vaya colando…


A pesar de los tres sobreros seguidos, hubo quien salió satisfecho. Incluso ha habido quien ha señalado al tercer toro de Javier Pérez Tabernero, como un gran toro. Así están las cosas, un gran toro el que se fue como loco en busca de la salida al picador que hacía la puerta, o el mismo que empujaba al caballo de medio lado y que doblaba las manos con el simple choque con el peto, o que se quedaba esperando a los banderilleros. Otros señalaron al cuarto, aquel se quedó en el peto con la única idea de cumplir y que no le regañaran en el cielo de los toros. Pero así fue la corrida de este ganadero que cría toros para no molestar al torero, según sus propias palabras. No se puede decir que fue una mansada descarada, ni que no tuvieran ni un ápice de casta, ni que buscaran a los toreros. Simplemente estuvieron por allí. Y si de la presentación casi anovillada hablamos, seguro que se echaría mano de esa excusa de que eran muy bonitos, bajitos, muy bien hechos y muy finos. Lo que significa que eran chicos, chicos y más chicos, lo justito para que fueran colando.

Los tres matadores eran del gusto del aficionado que desesperadamente busca alguna cualidad en un torero, a los que lo único que no se puede discutir es su honradez y generosidad por poner todo lo que tienen, pero ya.

El Fundi fue el que abrió plaza, ausente de esta plaza el año anterior por los motivos que todo el mundo conoce. El volverlo a ver de luces era un motivo de satisfacción, se le veía mucho más maduro, pero de ahí a tildarle de maestro como he venido oyendo desde hace tiempo, me parece una exageración. En su primero se le pasó el tiempo viendo si conseguía cogerle el aire al toro y en el segundo no quedándose quieto y resbalando la pierna para atrás, dando la sensación de que cargaba la suerte, excepto en una serie más templada por el pitón derecho, pero nada más. Tampoco se le pueden exigir gollerías. El Fundi ha sido un trabajador de esto, muy honrado, un ejemplo de superación, pero nunca fue artista.

Sergio Aguilar es de esos toreros en los que siempre se busca algo que nos haga ilusionarnos, incluso por momentos demuestra valor, como en unas gaoneras en las que se quedó clavado al suelo, o en la forma de tirarse detrás de la espada en el quinto, pero esto son excepciones de su generalidad, en la que predomina el toreo con el pico y estirando el brazo para que el animal pase lo más lejos posible. Pero que no duda en meterse entre los cuernos para demostrar su valor, cuando el toro se le para, pero torear es otra cosa. Al torero además de valor, hay que pedirle algo más, si no estaríamos hablando de un gladiador, y esos no se vestían de luces, ni se planteaban hacer arte.

Y cerraba el cartel el colombiano Luis Bolívar, ese torero que parecía que iba a convertirse en el paradigma de la valentía, que a veces da la sensación de que sigue apuntando en ese sentido, pero al que no le duelen prendas en citar con el pico de la muleta, en atrincherarse en la pala del pitón y en llevar la embestida del toro dejando entre ambos espacio para que pase un tren. Será por la precipitación, será por las ganas, le cuesta tranquilizarse y templar, algo esencial en el toreo para no parecer una veleta.

Como decía, hubo quien incluso salió satisfecho, hasta llegaron a pedir una oreja, pero será por lo largo de la tarde, será por lo largo de la feria, será porque ya es demasiado el hastío, también los hubo que salieron hartos. Por su parte los empresarios, ganadero y toreros se irían tranquilos a sus casas pensando que la cosa no va mal, mientras esto vaya colando.

jueves, 27 de mayo de 2010

“Ma’n birlao” una oreja


Que escándalo más escandaloso, a Juanjo Padilla le han negado una oreja. ¿A dónde vamos a ir a parar? ¿Qué va a ser de la fiesta si se niegan las orejas? ¿Podrá dormir tranquilo el señor presidente el resto de su vida? Estoy compungido, pero voy a hacer de tripas corazón y reponiéndome a las adversidades, voy a continuar. Juanjo, estamos contigo.

Después de esto, ya nada tiene valor. Contar que los mulos del señor Flores se comportaron como tales, manseando, aunque lo de los dos últimos fuera más evidente, sobre todo por el peligro que tenían. Sólo el cuarto ofreció algunas embestidas aprovechables, esas con las que Juanjo Padilla se ganó su oreja que el presidente no le dió, pero después me explayaré con tamaña injusticia. Los toros de Samuel Flores volvieron a poner en evidencia al que elige las ganaderías para la feria de San Isidro y como viene siendo habitual, el ganado adoleció de falta de fuerzas, mansedumbre, falta de clase y un estilo más parecido al del mulo de un Belén, que a un toro bravo.

Se anunciaban tres toreros que estaban más que dispuestos para que el público se divirtiera, sólo les faltaba invitar a canapés y calimocho. El primero de ellos, Juan José Padilla, Juanjo para los más fieles, se aisló del mundo y empezó a desplegar todo su repertorio y no fue obstáculo para él el que su primero no tuviera fuerzas ni para respirar; él a lo suyo, cogió banderillas como para invitar a sus compañeros de terna y allá que se fueron los tres a dar volatines delante del inválido. Intentó contorsiones casi imposibles para caldear el ambiente, pero su toro era el cuarto. El Samuel iba y venía permitiéndole a Juanjo sacar lo que lleva dentro. El jerezano es el que mejor sabe convertir la incompetencia y vulgaridad en locura colectiva y convertirlo en algo favorable para sus intereses. Pone banderillas a toro pasado a la velocidad del trueno, no coge toro y pone una sola, pero no pasa nada, se pone un par más y ya está, y para más INRI, al violín. Con un chapucero segundo tercio ya consiguió encauzar la plaza, que ya vio que iba a ocurrir algo histórico con el recibo con las tres largas de rodillas. Brindis “mu sentío” al público de Madrid, aquel con el que Juanjo tuvo sus cosas, pero al que le iba a dar todo. Con ese murmullo del crujir de las pipas, Juanjo se lió a dar mantazos con el pico, intercalando espasmódicas carreras entre trapazo y trapazo. Siempre citando fuera de cacho, con la muleta muy oblicua y metiendo la punta en el testuz, para no acabar el lance, cortándolo de golpe, seguido de una carrera para recolocarse y prepararse para perpetrar el siguiente natural. Yo en este momento eché de menos el poder escuchar a la banda de música desgranando las notas de Paquito el Chocolatero, mientras los tendidos coreaban un rítmico ¡je! ¡je!. La oreja ya estaba ganada, ahora a matar, pues por eso no va a ser. Juanjo se retorció delante del torillo, sería para buscarle la muerte, y de repente se tiró como una exhalación para cobrar un infame bajonazo atravesado que causó la muerte fulminante del Samuel. Era la locura, empezaron a verse pañuelos y a oírse voces y más voces, que es como se piden las orejas más sentidas. Pero nadie contaba con que el señor presidente no iba a sacar el pañuelo blanco, ¿qué le costaba? Menuda plaza, seguro que en cualquier pueblo de por ahí, le habrían dado esa oreja y el rabo si hacía falta. La locura se tornó decepción y ni tan siquiera le pidieron a Juanjo que diera la vuelta al ruedo. U oreja o nada, menudos somos nosotros para esto de la verbena.

Pero hubo dos toreros más, Luis Miguel Encabo, que por momentos no parecía creerse que estuviera en Madrid, como muchos otros, y que cuando quiso meterse en ambiente ya estaba ante el mansurrón y cornalón quinto de la tarde. Su primero no pensaba en otra cosa que irse a toriles y el segundo, marcharse por la puerta de toriles. Tendrá que esperar a otra ocasión y a otra ganadería y si le vuelven a ofrecer los de don Samuel Flores, que se invente una excusa o que diga que prefiere los Cuadri o los Palha, que aunque salgan mansos, tienen casta y todo se valora mucho más.

El tercero fue Iván García, el torero madrileño que atesora suficientes méritos para verse anunciado en la feria de San Isidro. El aficionado los desconoce, pero seguro que los atesora. Puede que fuera porque él como ninguno es capaz de moverse en este ambiente verbenero y triunfalista, encendiendo la caldera con multitud de mantazos con el pico, llevando al toro muy lejos, y sin parar de bailar mientras trapacea al bovino. Con la plaza a favor, pues Juanjo se la había dejado a cien, se enfrentó al último manso, con el que tardó en confiarse y en ver que le podía “sacar” pases. Mucha carrera entre pase y pase, muy mal colocado y mucha vulgaridad, jaleada por la parentela y los que aún se relamían con la faena de Juanjo. El bueno de Juanjo que aún estará rumiando esa idea que desde las ocho y media le ronda en la cabeza: “Ma’n birlao” una oreja.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Nos toman por tontos


Vaya por delante que yo no acudí a la “tradicional corrida de la Prensa” y creo que pasarán muchos años hasta que vuelva a asistir a la que en su tiempo fue la segunda corrida más importante del año, por lo menos en la plaza de Madrid. Como era de prever, les ha estallado el globo en la cara. Se montaron un circo que no tenía ni pies ni cabeza, se inventaron mil y una maniobras para hacer pasar como legal el invento de la elección de los y como todo el mundo suponía, menos ellos mismos, la cosa salió mal.

Nos han querido convencer de la legalidad de no sortear los toros, que si tal artículo se lee así o del revés, que si esto se lleva haciendo de toda la vida, lo que quieras, pero aparte del resultado, que eso no hay quien lo mueva, si se considera algo legal porque lo cogemos por los pelos, lo que puede que no sea es honesto; y el que algo lleve haciéndose desde hace mucho tiempo, lo único que quiere decir es que se lleva engañando al público desde hace mucho tiempo.

Pero como todo estaba tan bien preparado, también se habían pensado las excusas ante el fiasco anunciado. Una de estas es que el ambiente estaba muy en contra. ¿Qué esperaban? Es el colmo de la desfachatez, montan el timo del tocomocho y encima pretenden que se les invite a café y pastas. A esto tenemos que añadir que las sospechas se fueron confirmando a medida que iban saliendo inválidos por la puerta de toriles. A ver si la culpa va a ser del chulo toriles por dejarlos salir, o porque no espero año y medio para ver si se les pasaba la borreguez.

Como si se tratara de un castillo de naipes, las excusas se montaban unas sobre otras, aunque eso sí, tenían que tener en cuenta que como se cayera una, todo se venía abajo. La siguiente es que en Madrid es muy difícil triunfar. Toma no. Pero esto tiene dos vertientes. Una es que si lo que se monta es un despropósito, es muy difícil que acabe saliendo bien. Si eliges un mal ganado para andar más comodito y con mayor seguridad, ¿qué esperas? Y si se lleva dando vueltas a lo mismo, y desde el primer momento se palpa el descontento de la afición, ¿qué esperas? El otro matiz que se les escapa a los taurinos es que, lo que vale y se aclama por esas plazas de Dios, en Madrid no cuela. Esas faenas tediosas, aburridas, que no son más que una sucesión de pases ante un mulo o una lagartija, no sólo no gustan, sino que exasperan.

Madrid ya pasó para El Juli y Perera y ya pueden proseguir su tour de becerradas por toda la geografía taurina. Total, el año que viene ya se verá, lo mismo montamos otro circo, ya con sus leones y todo y si no gusta, pues seguirá sin pasar nada. Cualquiera puede entender que en Madrid somos muy raros y que no gusta nada. En lugar de hacer un poco de introspección seguirán a lo suyo, haciendo cabalas que no hay por donde cogerlas y viendo como seguir llenando sus bolsillos a costa del espectador, sea el aficionado inconformista o no, y seguirán tomándonos por tontos, un año más. Yo, si todo sigue igual, seguiré sin ir a la Prensa un año más. Eso sí, si quieren les espero en julio o agosto, sentado en mi grada del seis.

martes, 25 de mayo de 2010

¿Qué enseñan en las escuelas?


Resulta difícil encontrar un matador de toros o novillos que no haya pasado por una escuela de tauromaquia y en la misma proporción se hace muy complicado encontrar un torero con personalidad y que realmente conozca los secretos de esta profesión. La consecuencia es lo visto en la tercera novillada de la feria de San Isidro y en las dos anteriores; unos muchachos que en el mejor de los casos se limitan a pegar trapazos al novillo, pero que como todos sus compañeros no saben como resolver el más mínimo problema.

No se puede decir que los novillos de Guadaira fueran complicados, las complicaciones justas que se pueden encontrar en una tienta. Nobles, que iban y venían a las telas, e incluso alguno al que hacerle las cosas bien para ganarse la confianza de la afición. Una afición que sin quererlo va haciendo señales que nadie tiene en cuenta. Hace años dejó de lado las corridas de rejones y ahora ya los hay que empiezan a tomarse este día como un descanso entre este maratón de la vulgaridad y el aburrimiento. La ilusión que despertaba la novillería está pasando a mejor vida.

Se anunciaron ante la ganadería de Guadaira, Arturo Saldívar, Luís Miguel Casares y Cristian Escribano. Empezando por el principio, el ganado que saltó al ruedo nada tenía que ver con esa leyenda de los novillos en Madrid. Ese novillo que podría pasar por toro en muchas plazas, se ausentó y no dejó ni un teléfono, ni una dirección donde poderle localizar. Es más, casi hasta podrían haber hecho pensar a algunos que tampoco iban a salir los de a caballo.

Arturo Saldívar venía empeñado en mostrar el repertorio capotero del que en México se sienten tan orgullosos, pero además de saber la teórica y la práctica de salón, hay que poder ponerlo en práctica con majeza y torería delante del toro y no perderse en enganchones y dejarse embarullar. Quizás mejor le iría con saber torear bien a la verónica y aprender a poner el toro en suerte en el caballo y quedar él a su vez bien colocado. Colocación que, como a casi todo el gremio, también le falta en su toreo de muleta; perfilero, tirando de pico, sin temple y con demasiados trallazos. No se puede traer el pase hecho desde casa, que es lo que parece que hace el mexicano.

Pero los defectos de uno se fueron repitiendo en sus compañeros. Luis Miguel Casares estuvo por allí, lo que no se sabe con mucha certeza es para qué, porque gastarse el dinero en traje de luces, o vestido de torear como prefieren algunos, y dedicarse a pegar banderazos, pues casi mejor que se comprara el guardiamarina y que le cambiaran la muleta por banderas de colore. Eso sí, siguiendo la doctrina imperante de las figuras, si la cosa no marcha, pues arrimón. Pues ni con esas, porque si no se ha toreado, este recurso lo único que hace es añadir aún más vulgaridad sobre lo ya hecho.

El tercero Cristian Escribano, haría bien en relajarse y abandonar ese toreo eléctrizante que sofoca al más tranquilo. Ausencia total de temple, de mando y toreando dando el culo en lugar del medio pecho, pechear como dice mi amigo Pepe Luis Bautista, y como todo rasgo de personalidad el inicio de faena con no sé cuantos pases por detrás, que el día que a los Perera o “Castela” les dé por patentar el pase, se van a forrar.

Y lo que son las escuelas taurinas, que aparte de enseñar a destorear y pegar trapazos, tampoco se detienen un segundo en enseñarles el único rasgo que les distingue de todos los demás que pisan el ruedo, la suerte suprema. Porque se puede haber estado mal, pero lo mínimo exigible es tirarse a matar y dejar la espada en lo alto. Pues no. Como decía mi hija de siete años, al ver el desastre estoqueador, ¿por qué no se entrenan con eso que es como un carro con una rueda y que tiene unos cuernos? Pues no sé, sus motivos tendrán, o será porque en el plan de estudios de las escuelas, la estocada está en el último tema y con tanto tiempo que dedican a la suerte de trapacear, pues nunca llegan al final del libro.

lunes, 24 de mayo de 2010

El mérito que evidencia carencias


¡Qué corrida hemos visto! Hacía mucho tiempo que las llegadas de Cuadri a Madrid se traducían en una bueyada con un toro superior y ya, pero este año el cambio, o el acierto en la elección de la corrida, ha sido sustancial. La presencia ha sido la habitual en esta ganadería, sin tacha, toros grandes, hondos y por delante para asustas al miedo. Incluso hemos podido disfrutar de una de las rarezas de la ganadería, el castaño que salió en quinto lugar.

En líneas generales, la corrida se puede calificar como brava, aunque el toro es cambiante y hemos podido ver como un toro daba evidentes signos de mansedumbre de salida, incluida una galopada escapando del caballo nada más sentir el palo, pero que a partir de ahí se desengañó y empezó a ir en busca de los engaños con auténtica ansiedad, lo que tampoco nos debe confundir, porque por ejemplo en el caballo no disimulaba su condición y se quedaba parado debajo del peto. El caso contrario lo protagonizó el castaño, que en la primera vara se puso por montera a caballo y picador y se los llevó puestos hasta que se toparon con las tablas, pero en la segunda vara ya remitió su arrogancia y en banderillas se dolió de los palitos que le molestaban.

Pero también hay que reconocer que los Cuadri que han salido en Madrid no son toros para los matadores de estos tiempos. Un toro que busca la muleta, que repite, que cada vez se va venciendo más y al que si no se le manda se acaba convirtiendo en un problema, no se ajusta a las condiciones y expectativas del torero actual. Yo les reconozco a los tres matadores el mérito de haberse mantenido en pie delante de estos animales, pero quizás ya hemos bajado definitivamente el listón de exigencias y esto colma todas nuestras expectativas.

Insisto en que reconozco el valor de los matadores, pero los toros que salieron por los toriles eran perfectamente toreables; la diferencia es que no admitían las faenas al uso que nos endilgan tarde tras tarde. Si lo que esperábamos es que el toro fuera al “toque”, que pasara y que hasta el siguiente “toque” dejara colocarse y recolocarse al espada, pues ahí creo que nos estamos equivocando. Para poder con este tipo de toro hay que torearles y no darles pases. El torearles significa que hay que mandar en la embestida, tirar de él y llevarlo al lugar en que mejor convenga para poder ligar el siguiente lance. Y además hay que medir el número de pases, porque a cada uno que se le da, el toro se va venciendo más y más y la única salida posible es el obligado de pecho. ¿A alguien le suena esto? Va a resultar que con el paso de los años vamos a tener que darle la razón a don Juan Belmonte García . Y aquí llego a donde empecé, los toros de Cuadri evidenciaron las carencias no sólo de López Chaves, que se defendió, de Salvador Cortés, que se perdió o de David Mora, que si no es por un infame bajonazo, probablemente habría cortado una oreja, aprovechando que en tardes como esta el público se pone del lado del matador, al que valora su esfuerzo, pero ¿no habría que valorar también la capacidad y el conocimiento de sus dotes lidiadoras?

Pero de la misma forma, estos toros exigen que se les mande desde que salen por la puerta de toriles. Ahí empieza un pulso en el que no se puede ceder ni un milímetro y para ello hay que contar con las cuadrillas; cuadrillas que no desentonaron y que encontraron más dificultades de las previstas en el tercio de banderillas del segundo de la tarde, que se arrancaba con prontitud y que les comía terreno que era un gusto.

Como ya se ha dicho otras veces, el toro es el que manda y el que hace que las cosas sean de una o de otra forma. El tercero hizo emplearse a fondo Raúl Cervantes, que le lidio estupendamente, o que propició el lucimiento de Rafael González al tener que aguantar su embestida y conseguir clavar los palos en la cara exponiendo mucho. O como los picadores, espectadores de lujo la mayoría de las tardes, que desgraciadamente picaron trasero, pero en el caso de Agustín Romero soportó la entrada al caballo del castaño y aguantó la tarascada agarrado al palo, hasta que chocó con la barrera, le descabalgó y tuvo que seguir defendiéndose sentado en la barrera.

Los Cuadri nos han dado una estupenda tarde de toros, han conseguido que todo lo que se les hiciera fuera más meritorio, pero también han evidenciado que en el toreo actual al lidia casi ha desparecido y todo se limita a que el matador se ponga delante a merced del toro, dejando que éste lleve el control de la situación. Como todo, también tiene su mérito, pero también evidencia las carencias de cada uno.