Dependiendo de a quién preguntemos, la corrida de José Escolar ha sido una señora corrida de toros o todo lo contrario, imposible y a la que no se le podía pegar ni un pase. Pues de todo un poco, así que vayamos por partes. Si nos atenemos a la calidad de los toros y a su bravura, la corrida no fue buena, eso no creo que haya nadie que lo niegue, pero si echamos cuentas de la emoción, de la exigencia de los cuatro cárdenos y dos negros y de la incertidumbre, pues la tarde fue de lo más interesante. Solo el primero ofreció posibilidades de darle naturales y derechazos, pero cuidado, que esto tampoco era nada fácil, ni mucho menos. Recibió dos varas y una de gañote, pero en ninguna se empleó. Fue a partir de las banderillas cuando empezó a arrancarse en busca de los engaños, queriéndose comer la muleta, pero no permitía ninguna confianza, sobre todo por el pitón derecho, por el que apretaba ya de salida. El segundo empujó de aquella manera en el primer encuentro, pero no dudó en salirse suelto del peto, y en el segundo puyazo solo estuvo, sin más. Se defendió mucho, echando la cara arriba y con un pitón derecho que era el “bueno”, pero que era imposible; así que imagínense como era el malo. El tercero anduvo constantemente a su aire, sin que nadie le fijara lo más mínimo. Empujó en el caballo, pero el peligroso pitón izquierdo dificultaba en extremo cualquier lucimiento. El cornalón que hacía cuarto recibió lo suyo en el caballo echando la cara muy arriba y corneando el peto sin ningún reparo. Ya en banderillas se paró y esperaba a que llegaran los de plata con los palos en la mano. A partir de ahí todo fue a peor. El quinto incluso llegó a meter los riñones en la primera vara, para después liarse a cabezazos con las faldas del penco. En la muleta aguantó los cinco primeros pases, para después quedarse mucho por el pitón derecho. Como varios de sus hermanos, el último parecía mejor en el primer puyazo, empujando con fijeza, pero enseguida sacó su condición, queriéndose quitar el palo. Así he visto yo los seis toros. A ninguno se le ha lidiado correctamente, nunca se les ha puesto en suerte en el caballo en su sitio, se les ha permitido hacerse los dueños del ruedo y a todos se les ha querido torear con derechazos y naturales, algo que no era muy conveniente dadas las circunstancias. Las seis faenas exigían que se iniciaran con pases por bajo, castigando y quebrantando al toro y luego, si aún le quedaba resuello, pues a intentar dar algún pase bonito y si no, pues a matar. A los seis se les intentaron aplicar los usos del toreo moderno de forma mecánica; dos entradas al caballo y ya estábamos pidiendo el cambio, con lo peligroso que esto podía resultar.Los matadores estuvieron como pudieron. Rafaelillo no tuvo su tarde, pero dio lo que tenía, fue Rafaelillo. Es un torero valiente y honrado, que se enfrenta a este tipo de ganado sin dudarlo, pero tampoco se le puede exigir según que. Su toreo es el de plantarse delante del toro, llegando a estar en muchos momentos a su merced, pero que no maneja los recursos de lidiador que este ganado exige. Repito que no estuvo bien, pero tampoco creo que sea para pegarle la bronca que se llevó. A mí personalmente me cuesta ponerme tiquismiquis con ningún torero cuando están ante un toro.
Fernando Robleño fue el que mejor salió del envite. A su primero le recibió con unas buenas verónicas, firme, ganando terreno y tragando quina por toneladas. En el quinto sacó algún pase por bajo de calidad y ahí se acabó todo. Los de Escolar no estaban para más fiestas, repito que en principio la cosa era para machetear por abajo y luego ya se vería. Bastaba con esquivar los gañafones que tiraba el segundo de la tarde y aguantar como se quedaba el quinto.
Alberto Aguilar no respondió a las expectativas creadas en el inicio de la temporada. Quizás se notó demasiado su poca experiencia, viéndose constantemente superado por sus dos toros, oponiendo solo quererse poner, lo que no era posible, y voluntad, pero hacía falta más. Nadie le podría echar en cara que se presentara a las puertas de la escuela de Madrid a pedir cuentas y preguntar por qué no le enseñaron a lidiar, en lugar de solo dar pases. Quizás habrá que esperarle en otro momento, aunque esperemos que no se convierta en costumbre el quedarse en blanco en la que debería ser su plaza.
Ahora empezaremos con las controversias de si estos toros deben enviarse al matadero o no, o si todas las corridas de toros deberían transcurrir por estos cauces. Yo creo que no hay que elegir, como siempre, en el término medio está la virtud, pero a mi la corrida se me pasó en un santiamén, y en un permanente ¡huy! El ganado no ha tenido “toreabilidad”, pero no me negarán que le sobraba “lidiabilidad”. Pero visto lo visto, es más fácil que se mande al hierro de don José Escolar al exilio taurino y que no volvamos a verle anunciado por un tiempo y si no, que se lo pregunten a Moreno silva.
PD: Perdón por el retraso originado por un problema en blogger.





