martes, 11 de mayo de 2010

Las orejas y el sufragio universal


Algo tan trascendental como las orejas, las de los toros, se otorgan de la mejor forma posible, se le da el poder al pueblo soberano y decide. Que bonito, sale un chico, se lía a pegar pases y más pases y sus paisanos tienen la facultad de convertirle en un triunfador, en un héroe, en el ídolo local para las próximas veinticinco fiestas patronales. Pero me van a permitir que proponga una pequeña modificación a un sistema tan perfeccionado a lo largo de los años y que con el paso del tiempo se ha visto reforzado y suficientemente contrastado. Aquel simple flamear de pañuelos ha encontrado su complemento en el griterío. Pañuelos y voces, ¿quién podría sustraerse a semejante embrujo? El presidente de la primera novillada de feria no, desde luego, que claudicó al entregar la primera oreja a Juan del Álamo, aunque también hay que decir en su favor que bastante aguantó con la petición en el segundo del salmantino. Pero yo me andaba por presentar mi aportación personal a este modelo secular. De la misma forma que los que piden la oreja agitan pañuelos blancos, digo yo que por qué no nos dan la oportunidad a los que creemos lo contrario, y que por ejemplo sólo tuviéramos que mostrar un pañuelo verde, morado o a cuadros. Que el asesor del usía cuente y una vez hechos públicos los resultados, decidir.

Pero como los tiempos han cambiado, el modelo democrático debería extenderse a más aspectos de la lidia y así tendríamos un espectáculo a gusto del consumidor y llevaríamos a su máximo esplendor esa ley que dice: el que paga manda. No me parece bien que el cambio de tercio se lo ventilen entre dos personas, el presidente y el matador, ¿y los demás? ¿no decidimos ni pintamos nada? ¿Y por qué el espada de turno puede elegir entre la derecha o la izquierda? ¿Por qué no podemos votar si queremos que el espada ponga banderillas? De esta forma seguro que todos saldríamos mucho más satisfechos de la plaza. Pero aún caben más opciones; la opinión del paisanaje del matador debería contar el doble o si no tanto, establecer un valor promediado del voto, dependiendo de la distancia kilométrica de su ciudad de procedencia, del número de asistentes y del número de autobuses fletados en origen.

Puede que así estuviéramos ante una fiesta perfecta, en la que el que paga es el dueño absoluto de este manicomio. Puede que alguien haya reparado en que no he incluido en las decisiones a tomar por sufragio universal la sustitución de los toros, sea en los corrales o ya en el ruedo. Para eso existen profesionales perfectamente capacitados que saben más que nosotros del tipo de toro que gusta en cada plaza. Como muestra los becerros de la novillada, que a algunos nos parecieron eso, becerros, descastados, no aptos para Madrid, pero que seguro que salieron porque a los aficionados se nos escapan matices a los que no podremos llegar en la vida.

Pues bien, Juan del Álamo casi triunfa por sufragio universal, a pesar de su pegapasismo insoportable, de sus estiramientos, retorcimientos y evidentes lejanías al pasar el toro, así como por su inhibición durante la lidia, hasta el momento de la muleta. El arlesiano Tomasito venía a demostrar que los triunfos pasados no fueron casualidad, al igual que Miguel de Pablo, quien quería hacer saber a todo el mundo que quiere ser torero. Pero los dos se encontraron con un ganado infumable y con el inconveniente del viento, al que tuvieron que dar más machetazos que a los novillotes de Carmen Segovia. Y ¿por qué no nos dan opción para decidir por sufragio universal que se cubra la plaza de Madrid? ¿Alguien cree que nos dejarían decidir si queremos toros sin viento, sin lluvia y sin el frío que se pasó en las Ventas en las primera novillada de la feria?

4 comentarios:

Luis Domínguez Barco dijo...

Ayer, el viento en vez de impedir y deslucir la actuación de los novilleros, quizás les tapó sus carencias con la muleta, pero lo que no pudo taparles fue su colocación, todos fuera cacho y al hilo del pitón.

Enrique Martín dijo...

Luís:
Exacto, y eso se puede aplicar al futuro figurón, al pundonoroso francés y al que dicen que está muy verde, pero que fue el único que en algún momento intentó ponerse en su sitio. Pero si lees lo que ponen por ahí, asistiminos a la gestación de un fenómeno alque el presidente no le dejó salir a cuestas del paisanaje.

I. J. del Pino dijo...

Enrique, como democraticemos así la fiesta de los toros, acaban todos en la enfermería (cornúpetas y coletillas), pero ya puestos, propongo democratizar también el sistema de cobro, es decir, si el torero se lo curra, se le paga lo contratado, pero si mete pico, la cuarta parte para comprar mejor ganado, si no se pone, otra cuarta parte para el montepío de areneros monosabios y si es un tomate, multa (además de no cobrar). Para todo ello propongo el sistema de voto del congreso pero sin política de partido.
He dicho.

Enrique Martín dijo...

I.J. del Pino:
Veo que esto de la democratización puede no tener fin. Y lo que has dicho, aunque siguiendo mi absurdo, puede que no sea ninguna tontería. Con el simple hecho de que los toreros se tuvieran que ganr los contratos en el ruedo día a día, ya sería bastante, y no que en enero tengam la temporada hecha y otros, Urdiales, sin ir más lejos, tengan que empezar desde cero. Si por meter el pico les pusieran multa, las figuritas tendrían que poner dinero, pero mucho dinero. Un saludo