martes, 20 de diciembre de 2011

El origen de todo


Hoy voy a dejar de lado a los taurinos, pegapases y criadores de bobonas desmochadas. Será por las fechas en que nos encontramos, que me he puesto más tierno que el día de la madre y he decidido dar rienda suelta a toda la ñoñería que me cabe dentro. Aparte de dedicar esta entrada a algo muy personal.

Cualquiera que se haya pasado por este blog habrá visto de qué pie cojeo en lo taurino, incluso habrá pensado que mis gustos y preferencias están a lo mejor un pelín trasnochados. Pues seguramente que eso es cierto. Hasta ha habido algún visitante de Toros Grada Seis que muy generosamente ha alabado mi saber de toros. No voy a decir que a uno le siente mal la alabanza. A todos nos gustan las rosquillas con anís ¿no? Pero tengo que reconocer que nada de todo lo que escribo es propio, todo me lo han soplado. Yo he podido leer libros, ver vídeos, ir a los toros siempre que puedo y hasta charlar con buenos aficionados, pero el principal culpable de todo esto fue un señor que me enseñó a entender el toro y luego el toreo, lo que no significa que entienda ni de lo uno, ni de lo otro. De él aprendí el por qué de todo esto, el fin del toreo, el motivo y la esencia de esta afición y de este espectáculo que es más que echar un toro en la plaza y que un señor se líe a abanicarle con unas telas.

Resulta que los toros eran mucho más, los toros inundaban toda la vida, a través de los toros me educó en el respeto, en el querer aprender y descubrir hasta el último secreto de las cosas y que a los actores de la Fiesta hay que respetarlos dentro y fuera de la plaza. Dentro del ruedo al animal que lo es todo, a un ser magnífico, que se crece al castigo, que no rehúye la pelea, pero que aúna en su espíritu la fiereza, la bravura y la nobleza. El torero, que se juega la vida a cada pase, pero al que hay que tratar con justicia, aplaudiendo en lo bueno y censurando en lo malo. Fuera de la plaza, al toro en el campo se le admira, pero no se le molesta y al torero se le puede admirar o no, pero se le deja vivir sin importunarle, ni mucho menos extender a la calle los trances ocurridos en la arena.

Durante años y años yo veía los toros con apuntador. Sentado allí a su lado podía ver como toda la plaza se volvía loca con un toro o un torero y él en voz baja y para que lo escuchara yo solo, me descubría la verdad. Luego, cuando las cosas salían como me había adelantado, se limitaba a mirarme y a guiñarme un ojo. Eso sí, cuando surgía el milagro la pregunta siempre era la misma “¿Te ha gustado?” Bien sabía él lo que me gustaba y lo que no, pues él había moldeado mi gusto y mi afición. A través de él vi torear a Domingo Ortega, a Pepe Luis, Manolo González, Pepín Martín Vázquez o hasta el mismísimo Manolete. Y también vi la tarde del homenaje a Rafael “El Gallo” y a los capotes de los peones llenos de puros para el maestro. Vi el enfado del Papa Negro con sus hijos al no dejarle salir al ruedo, como Curro se negó a matar un toro y luego salió a hombros al día siguiente o como Luis Miguel un día se proclamaba el número uno y otro le tiraban despojos envueltos en papel. Con él viví la marea humana que lo sacó de la plaza en volandas el día de rodaje de Tarde de Toros, contemplé en silencio como tentaba Arruza y disfruté de esto que llamamos Fiesta de los Toros. Jamás me empujó a esta afición, pero siempre me llevó de la mano y dejó que ésta me fuera invadiendo poco a poco.

Pues sí señores, nada es mío, todo son palabras de este señor que un día me sentó delante de él y me abrió los ojos para que viera lo difícil que era ser torero. Hace ya casi siete años que ya no va a los toros conmigo, aunque él sigue sentado allí en la grada junto a mi, igual que me dicta las entradas que publico en este blog y me dice al oído todo lo que toca al toro. En lo único que le hago menos caso es en la pintura, aunque cada vez que acababa un cuadro o un apunte, siempre aparecía el punto de vista del aficionado, que si la pata atrás, que si el toro tal o cual. Ahora ya todo el mundo conoce mi secreto, el que me reveló por años el señor Martín, mi padre y que me hace sentirme un privilegiado por haber tenido tal maestro. Pero también un tremendo cargo de conciencia por no ser capaz de transmitir todo ese saber. Perdón por haberme dedicado a mí esta entrada, pero ya digo, a veces uno es más tierno que el día de la madre y últimamente y en estas fechas, pues mucho más.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Adjudicados los primeros premios taurinos Toros Grada Seis


Muchas felicidades para todos

Como ya se nos acaba el año, además de las felicitaciones y buenos deseos para todos para el 2012, creo que también es el momento de sentarse a recapacitar y hacer balance de lo que nos hemos dejado atrás. Pero en este caso me he atrevido a crear la primera edición de los premios Toros Grada Seis. Premios que espero y deseo que el año próximo sean ansiados por todo el mundo del toro y que el día antes del veredicto se estén comiendo las uñas deseando ser uno de los galardonados.
Pues bien, vamos al lío. Reunido el jurado de los premios Toros Grada Seis 2011, compuesto por mí y por mi persona y tras largas horas de deliberaciones y discusiones, la decisión es la siguiente:
- Premio “El Caballo de Atila” Destroza y arrasa la Fiesta 2011, para Taurodelta, quien tras cinco años al frente de la Plaza de Madrid, ha conseguido desprestigiar la primera plaza del mundo y convertirla en una de talanqueras, así como vaciar de contenido la feria de San Isidro y sobrepasar los límites del absurdo con la del Aniversario. Quede también constancia de su indiscutible labor en pro de la desaparición de la plaza de Las Ventas como plaza de temporada.
- Premio “Me aíslo en mi burbuja yo solo con mis cosas” para Enrique Ponce, que ni entiende ni quiere entender nada que no sea su indiscutible maestría y poder con los toros, sin importarle un pito lo que opine el aficionado.
- Premio “Toma el dinero y corre”, para los acartelados en la feria de Quito y los que participan del espectáculo inventado por Don Bull.
- Premio “Me ves, pero ya no me ves”, para los miembros del G10, que ahora han descubierto que podrían sacar más tajada de la tele.
- Premio “Porque yo lo valgo” para Julián López “El Juli”, que a pesar de sus triunfos y su empeño, no acaba de entrar en el corazón del aficionado, para quien pesan más sus triquiñuelas que lo que pudiera hacer bien.
- Premio "Mira que soy artista" para Sebastián Castella, que tan orgullosos se siente de aburrir con su toreo y además no terminar la obra con la espada, porque no le gusta ver sufrir a un animal.
- Premio “Qué será, será” a José Tomás, que no acaba de dejar muy claras sus intenciones dentro de la tauromaquia y que en su reaparición despertó más dudas de las necesarias.
- Premio “Dónde vas con eso” a los ganaderos de Moreno Silva y José Escolar, que es la respuesta que reciben de los veedores, empresarios y demás satélites de la Tauromaquia 2.0, en la que no tiene cabida el toro encastado.
- Premio “Muy buenos, pero lejos de mi” para la ganadería de Cuadri, la que mejores resultados ha presentado en las dos últimas temporadas, pero que pese a todo las figuras no quieren ni verlos y prefieren tenerlos cuanto más lejos mejor.
- Premio “RENFE y carretón de oro 2011” a la ganadería de Núñez del Cuvillo y todo el monoencaste en su conjunto, con ese toro de ida y vuelta que no se desvía ni para saludar a un pariente.
- Premio “Niño, deja ya de joder con la pelota” para Diego Urdiales e Iván Fandiño, con una mención para David Mora, por no hacer otra cosa que molestar y amenazar la cómoda situación de las figuras.
- Premio “A mi padre vais a ir” para José Marí Manzanares hijo, porque hay gente en Madrid que le protesta su toreo distante y ventajista.
- Premio “Con lo que tú has sido y para lo que has quedado” para El Cid, en la categoría de toreros de a pie y para Victorino Martín en la de ganaderos.
- Premio “Trepa de oro” para Simón Casas, que con tal de entrar en la plaza de Madrid estaba dispuesto a pactar con el Diablo.
- Premio “Cerrojazo de oro” para el señor Matilla, después de cerrar la Monumental de Barcelona tras una última temporada verbenera y clavelera, dando una imagen muy alejada de lo que debe ser la fiesta de los toros.
- Premio “Ahí te quedas” a la afición catalana, que fue abandonada por los taurinos en una gasolinera, dejándoles a su suerte.
- Premio “Papá, que no hay manera” para El Capea, que lo intenta y lo intenta, pero fracasa y fracasa, pisoteando cada tarde el nombre que con tanto esfuerzo de hizo su padre.
- Premio “Yo a lo mío y la voz de su amo” a la prensa taurina, que se resiste a ver, o a contar, el estado real de la fiesta de los toros y que se empeña en mantener un ficticio estado de bonanza taurina que solo favorece a los poderosos, aunque para ello tenga que ponerse enfrente de la afición.
- Premio Especial “Y el año que viene a ver si esto mejora” para todos los blogueros y lectores de blogs taurinos y en especial para aquellos que se pasean por Toros Grada Seis y dejan sus comentarios llenos de saber y respeto.
Seguro que muchos echarán en falta algún premio, pero claro, hay que tener en cuenta que es la primera edición. Intentaremos mejorarlos para el año próximo. Para ello os pido sugerencias para mejorar y completar esta lista y para que todo el mundo pueda ver recompensado a su personaje favorito en este mundo de los toros. La entrega de premios se hará en privado, con la máxima discreción, pues la cosa no está para gastos. Además, no creo que fueran a acudir todos los premiados. Para ellos y para todos FELIZ NAVIDAD y PRÓSPERO AÑO NUEVO.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Tripartitos o triunviratos?


¿Tripartito, triunvirato o los Reyes de la ilusión?
Habrá quien piense que es lo mismo lo uno que lo otro, pero la realidad es que lo otro es distinto de lo uno. No es lo mismo la unión de partidos que se formó en Cataluña para hacerse con el poder, que lo que se inventaron los antiguos romanos. Estos en lugar de permitir que se repartieran el poder a tortas entre dos poderosos, introducían a un artista invitado que servía de contrapeso, aunque no contaba ni para decidir la hora de las comidas. El resultado final, a pesar de los buenos intentos, no era otro que el que los dos poderosos dirimían sus diferencias espada en mano.
Y que a qué viene todo esto, pues a la que se está montando en el senado taurino, para ver quien se hace con el poder de la República de la Fiesta de los toros. O lo que es lo mismo, para ver quien se hace con los destinos, siempre fatigosos y penosos, de la plaza de Madrid. No querría yo estar en el pellejo de ninguno de los candidatos, a juzgar por sus palabras. Son esas contradicciones tan presentes en este mundo. Resulta que se matan por padecer noches y más noches de desvelos, todo a cambio de nada, porque el rendimiento económico no es el esperado por estos cónsules del toreo. Lo que no quiere decir que sea poco, quizás habrá que descubrir a cuanto ascienden las expectativas de los señores empresarios.
En una esquina, Taurodelta, que a sus ya conocidos valores ha añadido la laboriosidad del señor Matilla y el sentido “ético” de mosieur Casas, Esplá incluido. Y en la otra la terna compuesta por el siempre bien relacionado y subiendo, señor Entero, el experimentado y polifacético, señor Beca Belmonte y Rui Bento, quien ha demostrado que la innovación no tiene que ser descabella, lo que se puede comprobar haciendo una visita a la Plaza de Campo Pequeño de Lisboa.
Pues presentados los contendientes, aunque parece que toda la suerte ya está echada, al menos nos permite ver el panorama con más variedad de caras y los que ya casi estaban reformando los despachos de las Ventas para sacar sitio donde meter dos mesas más, ahora tienen que esperar y se tendrán que conformar con apalabrar los muebles hasta final de año. Entonces ya podrán ir a recogerlos y montarlos siguiendo al pie de la letra las instrucciones de uso y con una llave Allen. La verdad es que no sé si alguien tiene duda del resultado del concurso, pero ¿quién sabe? todo puede pasar en este revuelto mundo del toro. Al menos, el que se haga con la corona tendrá la certeza de que siempre va a tener a otros esperando el más mínimo resbalón, que luego la propaganda ya se ocupará de exagerar.
A mí ahora me asaltan una serie de dudas. ¿Se alineará la tele con alguna de las dos candidaturas o esperará el resultado final? ¿O quizás no se habrá puesto ya al servicio de los dos grupos para asegurarse las ferias de Madrid y más de un mes de programación, aparte de las repeticiones? ¿Y los derechos de imagen reclamados por la torería? Además, según se sabe, ya se han hecho gestiones con algunos ganaderos ¿Qué pasará si no se gana? ¿Se cederán sus derechos de las corridas ya apalabradas al vencedor?
Pero claro, si echamos una miradita a “Érase una vez el hombre”, los triunviratos acabaron como acabaron. Lo que quiere decir que nadie nos asegura que a mitad de mandato la familia Erice y el clan Casas no se estén tirando los trastos a la cabeza por un quítame allá esa figura que coloco yo la mía. O si el señor Entero y Beca Belmonte inician una competición para saber quien tiene amigos más influyentes.
Y lo mismo que ocurría en la antigua Roma, el pueblo solo podía oír, ver y callar. En aquella época les ponían un casco con unos colores y ya pertenecían a una facción del poder, y ahora, nos hacen pasar por taquilla, pagamos nuestro abono y nuestras entradas durante la temporada y punto. Ya puede estar quien esté, que al que paga no le hacen caso ni en su casa; bueno en su casa menos que en ningún sitio. Y todavía tendrán que aguantar que les llamen ignorantes, amargados, frustrados o malajes. Por no hablar de esas románticas tardes de lluvia de mayo, de ventarrones primaverales o de tardes fundiéndose en plena solana. Y para colmo lo del ruedo tampoco promete mucho más que vulgaridad, aburrimiento, sopor y corridas claveleras, en las que tendrán que soportar que lo de ignorantes, amargados, frustrados o malajes se lo diga el del tendido de al lado o el de tres filas más abajo, con el agravante de que el insultador lleva bocadillo y cubata. Pues habrá que esperar a ver a quien da Júpiter su bendición y que Marte no despierte de su siesta y no desencadene ninguna guerra civil entre los miembros del triunvirato; solo nos faltaba eso. Pues eso, ¡Ave César, los que van a pagar te saludan!

martes, 13 de diciembre de 2011

Pasión por los toros


Mañana miércoles salta a la arena de la radio, en Radio Morata, nuestro compañero de blog Diego Cervera. A las 20:30 pisará el ruedo con su "Pasión por los Toros", el nuevo programa de taurino que dedicará una atención especial a los festejos populares, contando con la participación de los recortadores de más prestigio en este campo de la Fiesta, y además nos mantendrá informados de la actualidad taurina del toreo a pie y a caballo.

Seguro que va a tener el éxito que se merece, sobre todo si se guía por esa desbordante afición que tiene por el toro, apoyada en los conocimientos del buen aficionado que es. Pues nada Diego, para lo que necesites, aquí nos tienes y a partir de mañana nos reservaremos un ratito los miércoles por la noche para vivir contigo en Radio Morata tu "Pasión por los Toros"

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡Ay! Castella, Castella, que por la boca muere el pez


La estocada, eso que tan poco le gusta a monsieur Castelá

Libertad de expresión para todos, que cada uno exprese lo que lleva y dando rienda suelta al pico, al final sabremos lo que se les revuelve en su cabeza. Que nadie se llame a engaño, monsieur Castelá no va a matar a los toros, él va a torearlos. Pero aquí igual hay que censurarle por la inexactitud de los términos empleados. Quizás estaría más acorde con la realidad si dijera que va dar pases; con lo cual, quizás también sería más exacto llamarle a él, y a quien piensa como él, pegapases, que no torero, pues torero es el que con capote y muleta pasa al toro, con el fin de prepararlo para el momento de la muerte.
Asegura monsieur Castelá que antiguamente se le pegaban al toro dos pases y se le entraba a matar. O sea, que la cosa es cuestión del número de pases. Y volvemos al toreo estadístico de nuevo. Lo que no aclara es a partir de que número de pases se considera que la faena empieza a tener mérito. Yo siempre había pensado que la faena, independientemente del número de derechazos, naturales o de pecho, era la forma en que el torero iba preparando al toro para la suerte suprema. Y que su momento llegaba cuando el toro pedía la muerte, no a partir del pase 101.
Según se desprende de sus palabras, el toreo no era un arte, y éste solo ha alcanzado esta categoría gracias a los pegapases, que no paran de reivindicar su actividad como arte. Pues para ellos la perra gorda. Si así duermen más felices, pues hala, eso es arte y ellos son artistas. Pobres los ignorantes Joselito “El Gallo”, Belmonte, Pepe Luis, Domingo Ortega, Pepín Martín Vázquez, Marcial Lalanda, Gitanillo de Triana, Rafael “El Gallo” y tantos otros que se marcharon de este mundo creyendo que el toreo, su toreo, era un arte. Que afortunados somos los que hemos compartido tiempo con estos fenómenos que ahora se visten de luces y que al fin nos han descubierto en que consiste el arte de la tauromaquia. La tauromaquia 2.0, que ha dado un paso más y con contundencia hacia la vulgaridad del toreo.
A ver quién le explica a monsieur Castelá, que una faena que supera con creces los cien pases, estos números son precisamente los que delatan la ausencia de toreo y en consecuencia de arte. Y si ha habido pases, no ha habido toreo y se llega a esas cifras, además tampoco ha habido toro, porque no hay toro que aguante cincuenta pases como Dios manda, ni toro encastado que se los deje dar. Lo que son las cosas, lo complicado que es el arte del toreo y lo fácil que resulta enunciar los fundamentos de todo esto. Que yo sé que alguien me dirá que si aquel toro de aquella ganadería o ese de esa otra, pero es que ni el toro Diano. Quince naturales, diez derechazos, tres de pecho y dos trincherazos y el toro ya debería estar despanzurrado sobre la arena y con la lengua fuera.
Me gustaría saber de qué fuentes del saber taurino ha bebido monsieur Castelá, que entiende por arte ese caminar entre místico y amanerado por el ruedo, endiñando al respetable siempre la misma faena y ya puede tener delante a una borrica con albardas o al Alcurrucén que se dejó ir en mayo en Madrid. Quién le habrá contado que esto se trata de dar pases y luego matar, pero porque no queda otra. Vamos que según sus palabras y sus hechos, alguno podría llegar a pensar que el toreo es un baile interpretado por un señor con medias rosas y ceñidas vestiduras, que al final hace de vulgar matarife. Pues vaya con el arte y la cultura.
Visto así, creo que no me importaría ver el fin de esto que llaman tauromaquia y que acabó con el toreo de siempre, del que solo quedan algunos retazos aislados. Mientras tanto, seguiremos atentos a las sentencias de estos maestros de la tauromaquia 2.0. Y por favor, que nadie les haga callar, que hablen y que no callen, porque así tendremos más certezas y menos sospechas de lo que en realidad son.

martes, 6 de diciembre de 2011

El taurino: hombre orquesta o Juan Palomo


Cuántas veces no habremos oído eso del cambio de cromos, cuando vemos publicados los carteles de las ferias de esos mundos. Y la frasecita siempre tiene una considerable carga de negatividad. Si el Prado y el Louvre realizaran una operación de este tipo, de cambio de cromos, de yo te dejo las Majas de Goya y tú me prestas la Gioconda, pues el trueque resulta interesante para todo el mundo, incluso puede convertirse en un hecho único e histórico. Pero ¡ay nuestro mundo del toro! Lo que enfrente es bueno, en esta acera suena a tocomocho.
Ahora que se tiende a la especialización en todas las facetas de la vida, en el mundo del toro tendemos al hombre renacentista y nos encontramos casos tan notables como el ganadero apoderado empresario, o el apoderado empresario ganadero o el empresario ganadero apoderado. Parecerá lo mismo, pero no, porque siempre hay una faceta que tira más que las otras. Quizás lo más habitual sea el que primero es empresario y luego todo lo demás. Y habrá quien piense que es digno de admiración tal trabajo de adaptación y de asumir roles tan diferentes, y a veces contrapuestos dentro de la mecánica diaria de la Fiesta. Pero no se equivoquen, no hombre, eso sería si partiéramos del supuesto de que todos estos trabajos se realizan con lealtad y honestidad, tomándose en serio lo que supone cada una de estas funciones. La realidad nos dice que lo primero es su bolsillo, sus intereses estrictamente personales y luego, solo luego, y si les queda tiempo y ganas, miran por el bien de la Fiesta.
Además su campo de actuación no se circunscribe a lo que son sus plazas, sus ganaderías o sus toreros, sino que, gracias a su gran poder dentro de este circo, se permiten “aconsejar” sobre toros y toreros allá donde pongan el ojo. Y es que no hace falta ni que les llamen, porque ellos solitos se presentan sin que nadie les haya invitado. Así, si algún ganadero con orgullo de ser criador de toros bravos quiere imponer sus condiciones, o bien se vuelve con el camión lleno para la finca o en un exceso de bondad, permiten que maten ese hierro los desheredados del toro, los que más se la juegan y menos provecho sacan. La otra vía de salida que se les ofrece es la que les brindan los empresarios humildes, que van por libre y que organizan con muchos esfuerzos los festejos que les da la gana, los que les dejan o simplemente aquellos que puede cubrir su exiguo presupuesto.
Imagínense lo que sería un sector ganadero fuerte y con personalidad, que echara los toros que el criador decidiera y que el que quiera que apeche con ellos y el que no, pues para casa, y que si los de las medias rosas no están a la altura de las circunstancias poder cantarle las cuarenta y descubrir las deficiencias de los toreros, sin tener que tragar con eso de que los toros no valieron o los toros eran imposibles y además no estaban por colaborar. Lo que cambiaría la película ¿verdad?
Pero si nos ponemos a soñar, ¿por qué no podemos soñar con un empresario que tenga que montar buenas corridas pensando en el interés del público y en hacer carteles atractivos para que se le llenen las plazas? Y pocos podrían tener más poder que los empresarios de la plaza de Madrid, como si ésta se decidiera a asumir ese papel de primera plaza del mundo. Que bien estaría que primero se contrataran las mejores ganaderías del momento y que además fueran las que espera ver el aficionado. Que llegaran a los apoderados de las figuras y les ofrecieran torear cuatro tardes en la feria de Madrid, dejándoles elegir uno de los hierros ya contratados e imponiéndoles otros dos, que lo mismo podían ser Cuadri, que Escolar, Moreno Silva o cualquiera de sangre Santa Coloma, suponiendo que antes no los hubieran elegido a iniciativa propia, lo que tampoco parece muy probable.
Es casi una utopía que el ganadero elija a los que van a saltar a la arena en su nombre, y que éste asuma la responsabilidad de lo hay que lidiar. Pero que nadie se equivoque, que en esta asunción de responsabilidades no entra ese truco de “se lidia bajo responsabilidad del ganadero” y luego, si había alguna irregularidad comprobada post morten, a reclamar al maestro armero. Sería estupendo que los ganaderos actuaran como tales, que los empresarios solo se limitaran a organizar festejos y que los apoderados buscaran contratos para sus pupilos, los cuales se tendrían que ir ganando sus actuaciones tarde a tarde y no tener firmadas ya en diciembre el centenar de corridas.
Lo que sí queda claro es que no se puede ser juez y parte y además servir lo mismo para un roto que para un descosido. Que lo del hombre renacentista está muy bien para el arte, los artilugios de guerra, de defensa, para abastecer de agua las ciudades, para esculpir una estatua ecuestre o para pintar la Última Cena por encargo; pero en los toros eso es hacer de hombre orquesta, con alto riesgo de desafinar, o hacer de Juan Palomo, que yo me lo guiso y yo me lo como.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Diego Puerta, el valor de un gran torero


Parece como si los grandes del toreo hubieran decidido marcharse a hacer campaña en otras plazas, allá arriba, y así de paso evitarse en lo que se está convirtiendo aquello que ellos convirtieron en algo verdaderamente grande. Diego Puerta ha liado el hatillo, se ha puesto su gorrilla de medio lado y se ha echado a los caminos junto a Antoñete, Manolo Vázquez, Pepín Martín Vázquez y tantos otros a los que San Pedro ya les aprieta los machos.

Mis recuerdos de Diego Puerta no son de ninguna tarde de triunfo, de ningún éxito rotundo, ni tan siquiera de una cornada grave. Él es parte de mi niñez, cuando uno jugaba al toro con el baby del colegio, cuando cogía dos palos desiguales en las carpinterías para montar la muleta, cuando no quería jugar a torear con otros niños por no respetar el orden de la lidia, cuando había que estar muy callado cuando se televisaba una corrida de toros o cuando yo mismo montaba el cartel y emulaba a los tres toreros de esa tarde. Un cartel que curiosamente siempre lo componían El Viti, Diego Puerta y Paco Camino, no tenía sitio para nadie más. Pero lo que son las cosas, a cada lance, a cada pase, el público rugía con los olés, olés que yo mismo hacía mientras que hacía pasar al toro. Y al entrar a matar la plaza estallaba en aplausos pidiendo las orejas. Parte de todo eso es lo que se ha ido con Diego Puerta.

Luego con los años uno se fue formando una idea más ajustada del torero, pero no más bella. Un torero del que siempre se destacaba su valor, aunque yo diferenciaría y diría que cuanto valor atesoraba Diego Puerta y además, ¡qué valentía la suya! El valor de las piedras preciosas, del oro y los diamantes y la gallardía de los héroes de la antigüedad. Muchas veces se cae en el error de excluir el arte cuando predomina la valentía, pero el torero de San Bernardo además de encararse con lo que le pusieran, sorteaba las embestidas con aquella gracia sevillana que unas veces quitaba dramatismo al momento y otras lo acrecentaba, precisamente por esa sensación que el torero quería transmitir de que allí no pasaba nada, allí solo había un niño grande jugando al toro. Pero fueron muchas las tardes que tuvo que ser llevado en volandas mientras le metían un puño en el boquete para que no se le escapara la vida. O si no, en el mejor de los casos tenía que pedir prestado un pantalón de monosabio para no escandalizar los castos ojos del público concurrente.

Se retiró pronto, a una edad en la que hoy muchos quieren empezar a despuntar, después de haber matado todo tipo de ganado y haber triunfado con todos los hierros del campo bravo. Que orgullo más grande el de no haber vuelto la cara ante ningún toro, teniendo capote, muleta o espada en la mano. Lamentablemente tenemos que despedir a otro capítulo de la historia del toreo. Los habrá que expliquen mucho mejor su toreo, que cuenten sus triunfos y anécdotas que retratarán su grandeza, pero permítanme que yo me quede con el torero que lleno un tercio de mi infancia, cuando yo quería ser torero, torero como El Viti, como Paco Camino o como Diego Puerta. Torero, D. E. P.