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| Si queremos preservar la fiesta, solo hay un camino, el que marca el toro, siempre el toro, el toro íntegro, fiero y encastado. Esa es la única bandera posible en el toreo. |
Sería de locos, de ciegos que ven pero que no quieren ver,
el negar que al igual que todo el mundo, todo occidente y toda España, también el
sector taurino está sufriendo un arreón que ha llegado más allá de lo esperado
y de lo soportable. No hay un colectivo dentro del mundo de los toros que no se
haya visto afectado. Este manso pregonao del virus nos ha levantado del suelo y
sin parar de tirar cornadas, un viaje tras otro, nos ha sacado a los medios,
nos ha vuelto a las tablas y debajo del estribo aún no se ha hartado de
buscarnos la femoral. Pero insisto, como a toda la sociedad. Que forma tan
cruel de mostrar lo frágiles que somos, que
un virus nos pone en jaque; de mostrar lo egoístas que somos, que nos damos
cuenta de lo que es el sufrimiento solo cuándo nos toca directamente, cuando
nos creíamos inmunes a los males que asolan otras latitudes; de mostrar lo
estúpidos que somos, que no logramos llegar a entender que los remedios no son
un castigo para sacarnos de nuestra supuestamente merecida comodidad, nos
atrevemos a pontificar soluciones mágicas, pero no por su efectividad probada,
sino por creer que lo que vale en estos casos es la danza del viento,
sacrificar 40 vírgenes al amanecer o colgar el ajuar de los balcones y ventanas.
Nos cuesta entender lo que nunca seremos capaces de llegar a
entender y será por ser conscientes de nuestra ignorancia, de nuestras
limitaciones, que nos encabritamos como niños caprichosos, malcriados, que se
creen que todo se les debe, simplemente por ser, porque el chamán de la tribu
nos ungió al nacer con los óleos del “a mí no me toques”. Eso sí, no tardamos
ni medio suspiro en encontrar a quién culpar de nuestros males y acto seguido
corremos en procesión, eso sí, salvando las distancias preceptivas, pidiendo el
desmembramiento de todo quisque que no nos siga la corriente. Y en estas, igual
podíamos pensar que la gente del toro iba a actuar de otra manera, aunque solo
fuera por seguir esos tópicos, quizá ya trasnochados a la vista de los hechos,
de la serenidad y saber estar, en contraposición a esos energúmenos futboleros;
que de nuevo iba a brotar con más fuerza que nunca la solidaridad de la gente
del toro, sí, ¿recuerdan? Esa que desapareció hace… Ni sabemos cuánto hace.
Pero que no nos falten los besos y abrazos. Esa solidaridad que nunca se pone
en marcha cuando se trata de facilitarle algo las cosas a los que apenas lidian
y a los que casi ya no torean.
Una circunstancia excepcional, esta del virus, en la que la
única medida eficaz demostrada es eso de mantener las distancias, el evitar las
aglomeraciones, pero que muchos han tomado, vaya usted a saber de acuerdo a qué
mecanismos mentales, como un ataque frontal. Como si fueran críos chicos a los
que su madre no les deja salir a la calle en mitad de una tremenda granizada,
porque “mamá es mala y ya no la ajunto”. Pero ellos, tan ofendidos, tan
molestos porque ni les ajuntan, ni les dejan juntarse, reunidos en cónclave
deciden tomar una serie de medidas que van a arreglar su mundo, porque el resto
del mundo les importa un bledo, en un abrir y cerrar de ojos. Que si nos
paramos a reflexionar dos segundos, más parece que quieren asustar, acogotar,
como si fuera un enorme “usted no sabe con quién está hablando”, antes que
encontrar soluciones que posibiliten que todo esto, el mundo del toro, pueda
encontrar una salida viable que no va a resolver el problema, porque de momento
es imposible, pero sí que minimice en la mayor medida que se permita, el gran
descalabro ocasionado por el virus.
Las grandes medidas son el ponerse una mascarilla con un
lema que allá cada cuál y subirlo a todas las redes sociales. ¡Vayaaa! Estos
apuestan fuerte, ¿eh? ¿Cuál era el fin? ¿Qué les oigan? ¿Quiénes? ¿Dónde? Otra
medida, la más inmediata ahora mismo, es irse a paseo, eso sí, todos a la misma
hora y en el mismo lugar. ¿Para que se les vea? Pues sí, se les verá. Pero,
¿qué más? Que si necesitan que las ayudas lleguen a los trabajadores del toro y
hay en alguna delegación del SEPE que sin justificación alguna desestiman sus
peticiones, si lo que se pretende es solucionar el problema, actúen con la ley
en la mano, pongan reclamaciones, documenten esas actuaciones y pónganselo delante
a los ministros de trabajo, cultura o al sumsum corda. Datos y eficacia. Que si
se ven realmente discriminados, que se muevan para ver al ministro que sea y
que no esperen a que este les llame. Que luego le podrán echar en cara lo que
quieran, pero vayan a su puerta. Que al final, para que alguien del toro
hablara con el ministro, ha habido que llevarle a empujones, y no creo que haga
falta dar nombres. Eso sí, seguro que este dejó alguna carta de protesta a
medias, pero al final habló. Que ahora resulta que no les parecen bien las
medidas de ocupación de las plazas de toros. Pues muy fácil, que exijan lo
mismo que en el fútbol o el baloncesto. Sin nadie, aunque igual eso tampoco les
importaría mucho, bastaría que cambiaran de fuente de ingresos, que en lugar de
pagarles los que ocuparían los tendidos, que lo hagan los de la tele, a ver si
el número de abonados y lo que estaría dispuesta a pagar la tele de los toros
les vale para cubrir sus “gastos”. Que no sería otro el inconveniente, por
mucho que digan con la boca pequeña que si el ambiente del público, que si el
respetable y demás. Y si de estas se quitan del medio a los que les exigen,
mucho mejor. Que no les vale nada, que llegan en Andalucía a proponerles unas
medidas provisionales, con las que se puede estar de acuerdo o no, pero que
ellos niegan de plano, no hay tiempo para hablar. Pero cuidado, que la cosa no
acaba aquí, que ahora van las gentes del toro extremeñas y que quieren que las
plazas se puedan ocupar al cien por cien de su aforo, que ellos son más que
nadie y allí no ha afecta el virus y al que le afecte, igual es que no es un
extremeño como Dios manda. Puro estilo medieval con aquello de la prueba de
Dios y esas cosas tan “lógicas.
Y pensando, pensando, ahora mismo tampoco se me ocurren más
planteamientos desde este ilustrado, comprensivo y generoso mundo del toro para
intentar solventar en alguna medida este destrozo sanitario y económico. Vaya
panorama, como para esperar algo de esta gente, que si te empiezas a creer lo
de la unidad, esa tan cacareada y te decides a apuntarte a uno de esos paseos,
lo primero que tienes que hacer es decidirte a cual te apuntas, que en sitios
como Madrid, hay dónde elegir. En fin, valoren ustedes mismos y saquen sus
propias conclusiones acerca de las propuestas del sector.
Enlace programa Tendido de Sol del 7 de junio de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-7-junio-de-audios-mp3_rf_51827788_1.html