miércoles, 29 de junio de 2011

Gracias a todos, gracias a Manuel, a Alejandro, Miguel Ángel, José Antonio, David, José María, Enrique, Julián, Cayetano y a todo el mundo del toro











Esto nunca se puede llamra arte







¡Ahíii vaaaa!






El julipie y la cumbre del mando y del dominio










No creo que se vaya a manchar el traje, será por si hay foto de indulto







Malamente saldremos así del bache ¿no?



Uno va, se plantea más en serio que nunca el parar, lo anuncia para que se entere todo el mundo, recibe el calor de muy buenos aficionados, se queda todos los buenos deseos que le han hecho llegar a través de Toros Grada Seis y a las primeras de cambio, imitando de mala forma a grandes maestros del toreo, sin su grandeza, sin su forma de hacer y lo que es más importante, sin haber aportado nada al toreo, al contrario que los Rafael el Gallo, Domingo Ortega, Manolo Vázquez, Antoñete, Camino y tantos otros que se cortaron la coleta, pero que se dejaron el pasador preparado para por si acaso.

Pues este es mi por si acaso, aunque seguiré con mis intenciones de calma y sosiego. Esta panda que está poniendo todo su empeño en hundir el toreo no ve límites a sus desmanes. El indulto de León no ha sido nada más que la espoleta que me ha hecho explotar. ¿Cuándo se estarán quietecitos de una santa vez estas figuras del toreo que llevan años mendigando el reconocimiento de la afición, de esa gente que vive por el toro sin sacar provecho de él, de esos que nada esperan y nada pueden recibir a costa de un perverso halago? Tenéis a los cautivos en vuestra mano, pero no tenéis a los que más deseáis. Os consideráis dioses, héroes de la antigüedad, pero nunca las figuras de la tauromaquia fueron tan cuestionadas como lo sois vosotros. Nunca supuso tan poco un triunfo en Madrid, esa plaza que no os entiende, que os tiene manía y que no sabe de vuestras glorias toreras, esa de la que no salís a hombros, os sacan a cuestas como pesados fardos. No voláis sobre los hombros de una afición entregada. La misma que no hace mucho veneraba a César Rincón por su verdad, que se entregó dos tardes a José Tomás mientras todavía tenía el corazón encogido, la que respeta y se esfuerza en hacer eterno a Frascuelo, la que cuando hay un toro en el ruedo rebaja sus exigencias y cae rendida a quien se le enfrenta y le vence. Pero por decreto no señores, aquí no se obliga a nadie a que le impongan gustos de baratillo, aquí hay que ganárselo. Y puede que llegue el momento en que todo esto pegue un vuelco tal que no lo conozca ni la madre que lo parió, y que volvamos al toro, que es el único importante; sin él ninguno de vosotros vale un duro. Y si ahora solo tenéis torería para el medio toro, pues igual como mucho valéis diez reales, que no es ni un céntimo de euro. ¡Menuda cotización!

En León un pegapases que desconoce cualquier asomo de la lidia, indulta un toro; en Granada se condena a los espectadores a una pasarela Cibeles de borregos desmochados; en Alicante se os cuela un paria del toreo y os pega un repaso de arriba abajo, mientras las figuritas se miran los alamares; en Málaga se echa a patadas de su casa a un joven torero que quiere ser algo; y mientras hay toreros que se van dejando los muslos en los pitones de los toros, aunque sin ese glamour y esas excentricidades de estas figuras de opereta.

Todo es maravilloso, grandioso, histórico y no se cuantos adjetivos más vaciados de significado, pero ya no interesáis, no llenáis las plazas ni juntándoos a todos en una misma tarde. En los carteles estáis vosotros, los borreguitos de turno y Portland, Holcim o Cemex. ¿En que se traduce el tirón que debería tener vuestra maestría y majestuosidad? En plazas con el cemento al aire, como vuestras vergüenzas.

Es difícil hacer tanto daño a algo tan bello y tan extraordinario como es la fiesta de los toros, el rito de la tauromaquia, las corridas de toros, el toreo o simplemente los toros, que cada uno tome el término con el que más se identifica. Estamos provocando la extinción del toro de lidia, sustituyéndolo por un animal que según las manifestaciones de estos sabios del toreo, no lleva dentro el instinto de embestir, ni la acometividad sobre la que nace el toreo. Hay que hacerles que embistan, no dirigir las embestidas. Por selección hay que inocularles la toreabilidad. Valiente sandez. Se están eliminando todos los indicios de toreo verdadero que pudiera servir de espejo a los toreros de mañana. Los chavales ya no quieren imitar la forma de torear de este o aquel, no admiran el poderío, el arte, el mando, el ser buen lidiador o el conocedor de gran número de suertes del toreo, ahora solo quieren tener su dinero y su capacidad para mangonear, quitar y poner y decidir que nombres le acompañaran en los carteles. Esto es lo que hay.

Mientras seguiremos aguantando esta sarta de vulgaridades, fraudes y pantomimas, y seremos testigos de cómo las fotocopiadoras echan humo repitiendo carteles y repitiendo crónicas, titulares y triunfos. Seguiremos pensando que ese torero solo tiene un bache, que dura siglos y mientras el camino escogido es el del lado oscuro del toreo; a otro se le consiente porque ya ha vuelto como clon de JT y se le jalea lo que a otros no se les tiene en cuenta; también está el que vive de lo que pudo ser y nunca llegó a alcanzar y que despacha a los públicos no afines con una mirada de perdona vidas; luego el que paraba los relojes, pero que desde hace tiempo ni adelantan ni atrasan, mientras podemos contemplar cómo el matador está completamente fuera de tipo; el correcaminos, que pone mucha voluntad, pero para ser velocista; el maestro indultador que sale por la Puerta de Madrid casi a hurtadillas mientras no sale de su asombro; el magnánimo maestro que definitivamente se ha instalado en su burbuja y que mientras contempla los resultados de su obra se esfuerza en seguir estirando su carrera por carreteras comarcales; el incomprendido dios del toreo, rey de los trucos y alivios ante el medio toro; el figurín que ahora indulta un toro y que no es capaz de seguir la lidia ni con apuntador; todos esos que se agruparon para presionar al Sumsum Corda hasta conseguir su último capricho, las mesas hechas astillas que solo pretendían obtener más privilegios y los corifeos de los medios que parece que solo quieren alcanzar la edad de jubilación sin importarles un pepino lo que quede detrás.

Como si fuera el imperio romano o el español, galopamos hacia la decadencia con paso firme y seguro. Ojalá que alguien abra los ojos y le dé tiempo a pegar un volantazo y cambiar el rumbo. Yo me vuelvo a mi retiro y prometo que el día en que decida seguir regularmente lo haré con bastante menos amargura, entregándome a todo aquello que un día me hizo caer hechizado en los brazos de algo muy grande. Pido disculpas por esta vuelta repentina, pero creo que una cosa es decir que uno se lo va a tomar con más calma y otra quedarse callado, haciendo el Tancredo, y abandonar esto que para algunos de nosotros es muy importante. Tan importante como que en muchos casos es la herencia más valiosa que nos dejaron nuestros mayores, a los que no les fue posible legarnos tierras, empresas o una finca en Salamanca.




PD: No están todos los referidos en las fotos, aunque creo que éstas ya son suficientemente elocuentes. Fotos que debo agradecer a un buen aficionado que ha tenido la gentileza de prestármelas. J. Carlos, va por ti.

viernes, 24 de junio de 2011

Los toros, el fútbol y hasta pronto




Recuerdo cuando los más añejos aficionados a los toros se posicionaban lo más lejos que podían de los futboleros, la antítesis por definición de la tauromaquia y de toda su historia y tradición. Incluso a veces se escuchaba en la plaza como cuando alguno sacaba mínimamente los pies del tiesto se le gritaba: “¡Vete al fútbol!” Pocas cosas podían ser tan ofensivas como esta. Pero hoy las cosas han cambiado y los que profesamos esta fe, la taurina, también podemos confesar nuestros colores en materia futbolística.

A veces estos dos mundos se acercan más de lo que podemos imaginar. Solo tenemos que echar mano a El Retoñal, bético y recreativista, Hasta el Rabo todo es Toro, madridista, El Toro de la Jota, del Real Zaragoza, y el sentimiento rojiblanco atlético declarado de Toros de Tinta; y no creo que ninguno esté dispuesto a apostatar de su fe taurina. Pero estos ejemplos no son los únicos, yo mismo me encuentro entre esos futboleros que atienden al balón y al toro en invierno y casi solo al toro en verano. A nadie le sorprenderá que yo ahora me declare colchonero y aunque muchos no lo crean, ambas pasiones tienen mucho en común.

El momento de la fiesta y la situación que atraviesa el club de mis amores desde hace años, no es el mejor de la historia para ambos. Tanto unos como otros llevamos años en los que el principal sustento de nuestra afición es la ilusión y la esperanza en que el futuro sea mucho mejor que el presente y que las glorias por venir harán olvidar de un plumazo las penas pasadas. Unos sacamos el abono cada año esperando la reaparición de Domingo Ortega, cosa poco probable, y los mismos renovamos nuestro abono pensando que ese es el inicio de un camino de rosas hacia la conquista de nuestra primera Champions League.

Tenemos la virtud de leer e interpretar los signos del destino en los que nadie antes ha caído, pero que para nosotros no pasan desapercibidos. Una tarde en que sale un toro encastado que hace volar los petos, es la muestra evidente de que esto no está muerto. Una remontada ante el mejor equipo del momento y nos creemos los dueños del mundo, un mundo que pronto lucirá los colores rojiblancos. Una salida a hombros a ley es como una visita a Neptuno con la familia, pues si alguno se pierde la ocasión pueden pasar años sin volver a disfrutarla.

A los atléticos nos han hecho creer durante años que nuestro sino era el del perdedor, el condenado a no ver jamás triunfar a su equipo del alma, igual que también quieren meternos en la cabeza que las corridas de toros tienen como uno de sus ingredientes principales al aburrimiento y que solo podremos disfrutar de este arte el día en que esta pesada compañía decide no acudir a la plaza. De la misma manera que unos cuantos interesados y mediocres decidieron que el nuestro debía ser un club pobre y sin aspiraciones, lo que han conseguido con creces, que un día fue grande y que a pesar de todo sigue siendo el tercer equipo del país; mentira. Igual que también es mentira que el toreo viva un momento de excelencia y que somos unos privilegiados por poderlo vivir.

Unos gozamos de tener vestidos a rayas a unos de los mejores jugadores del mundo y otros de contar con una amplísima baraja de toreros únicos que nos hacen tocar el cielo, que paran los relojes y que sientan cátedra taurina allá donde desparraman su sabiduría. Si se gana al último de la tabla, somos únicos, y si se indulta un borrego, estamos ante un acontecimiento histórico. No sé, a veces se me entremezclan sin demasiad claridad estás dos formas de entender el mundo y la conclusión es que aunque sean dos aspectos muy importantes de mi vida, la verdad es que suponen una gran fuente de satisfacciones, más bien todo lo contrario, aunque de momento no me veo apartado ni de los capotes, ni de las rayas. Uno acude cada domingo y día entre semana que hay fútbol en el Manzanares, con frío abrigado hasta las cejas y con calor aguantando el sol cayendo de plano, igual que allá por mayo coge su almohadilla y su entrada y se va a Las Ventas con la ilusión de volver a ver algo que le hizo emocionarse, y mucho, y que al volver por la noche a casa casi siempre intentas olvidar el fraude del que has sido testigo.

A partir de aquí vamos a tomarnos esto con más calma, no voy a abandonar ni los toros, ni el Aleti, pero sí que me voy a relajar un poco, no me pondré como obligación el aparecer cada cuatro o cinco días en Toros Grada Seis, seguiré pensando en el toro y cuando crea que tengo algo que decir apareceré por aquí para compartirlo con tanta gente que tantas veces me ha dado tanto bueno, que me han llevado en volandas durante la feria de San Isidro, que muchas veces se han mostrada de acuerdo y otras no, pero en que en todos los casos me han hecho sentir un tremendo respeto y satisfacción. Pero bueno, creo que tampoco hay que darle más coba a esto, así que como de momento no creo que tenga mucho que decir, pues habrá que tomarse las cosas con más calma, aunque seguro que siempre habrá alguno que me cite de lejos, que haga sonar el estribo, que mueva el caballo y que me haga volver a arrancarme para meter los riñones y, si hay fuerzas, hasta romanear.

martes, 21 de junio de 2011

A propósito de Madrid y III. El público de la primera, es de tercera.

El imprescindible programa de mano de Madrid, ideal para abanicarse, taparse ddel sol o para compartir y entablar amistad con el compañero de localidad


Antes de empezar las ferias de Madrid, flotaba una incógnita en el ambiente taurino después de lo pasado en Sevilla, ¿cómo reaccionaría el público de Madrid ante el medio toro y las figuritas que se anuncian con él? Pues tatachín, tatachín, creo que ya tenemos la respuesta. Madrid se suma a la fiesta o al despropósito, dependiendo del color del cristal con que se mira. Pero si miramos algunos de los signos que ha dejado ver la nueva afición de Madrid, el cambio no está exento de sus buenas dosis de mala conciencia.

Quizás el triunfo más rotundo, más aclamado y también el más discutido ha sido la Puerta Grande de José María Manzanares. Los que fueron el primer día no querían quedarse atrás de lo ocurrido en Sevilla y a la primera ocasión que tuvieron, ¡zas! orejazo. Ya hemos hablado de lo ocurrido aquel día, así que no seguiremos por ahí. Pero ese runrún que le quedó a los orejófilos fue el que provocó que en su segunda actuación se le mirara con más detenimiento y rigor, inferior aún al de la última actuación del alicantino. Para que el pobre Niño Manzanares se volviera loco. Primero me adoran y luego parecen de la Benemérita, o como diría Chiquito, de la Menetérica.

El caso es que el público ha sido muy cambiante durante la feria, dependiendo de quien se anunciara cada tarde. Los días de figuras, todo parecía estar a favor de los coletudos, con ninguna exigencia en cuanto al ganado, ninguna en cuanto a la lidia, incluido el tercio de varas, y nula en cuanto a lo que supone el toreo de verdad y sin trampas. En cambio, en las corridas que se marcaron como toristas, ya podía el toro pegar la espantada en el caballo, que a poquito que hiciera en la muleta, se dejaban las manos dando palmas en el arrastre. Y entre un extremo y otro, siempre nos quedaba la opción de los paisanos que acudían en autobuses fletados por la peña de turno, a jalear todo lo que hiciera el chico de su pueblo, porque en su pueblo también tienen derecho a tener un torero, mérito equiparable a tener una iglesia del siglo XV o a tener unas fiestas patronales declaradas de interés turístico.

Recuerdo que un día, en esta vorágine de entradas en la que me metí yo solito, escribí que hacían suspender a Madrid, cayendo en ese error que tanto detesto de pensar que los malos son los del pueblo de al lado y no los del propio. La plaza de Madrid era sabia, pero unos ajenos eran los que manchaban el buen nombre de una afición inmaculada. Pero, afortunadamente, cuento con muy buenos lectores y con gente que aunque en la lejanía, me ha debido tomar cierta simpatía. Y desde México Xavier González Fisher me dijo que no, que lo que era, era. Y que verdad tan grande. Ese es uno de los signos que identifican a los habitantes de Las Ventas, una plaza con una afición permanente cada vez más exigua, que se alimenta durante las ferias de los isidros de los pueblos de alrededor y de aquellos capitalinos que solo acuden a los toros una o dos veces al año, siempre en mayo. Pero esto no les quitaba ni un ápice de esa autoridad taurina que infunden las piedras de la plaza a todo aquel que la habita durante unas horas.

Puede que sea verdad que los transeúntes ocasionales, consciente o inconscientemente, se esmeran en trasplantar a Madrid los usos y costumbres de otras plazas y en poner en práctica las enseñanzas que reciben en las retransmisiones de televisión, pero eso, y visto lo visto, se ha convertido en una característica más de esta afición. El público venteño no se parece al que fue hace años, desgraciadamente, pero no podemos negar que ya no es moreno, de ojos verdes, ni supera el metro ochenta, ni luce ese porte señorial, elegante y distinguido. Ahora somos bajitos, rechonchos, con panza cervecera, con amplitud de frente y escasez de pelo y paseamos nuestra camiseta de tirantes que se clarea debajo de la camiseta del bar “Los Dos Hermanos”, y cuando nos agachamos se nos ve la hucha por detrás. Y si a alguien no le gusta el nuevo aspecto, cultivado desde hace años con esfuerzo, no tiene más que pasarse por el sastre, apuntarse a un gimnasio y, lo que es más importante, esmerarse en recuperar el criterio que tuvo una afición y no desgañitarse profiriendo todo tipo de insultos a los pocos que aún lo conservan, y que poco a poco van haciendo mutis por el foro, porque sienten que esa ya no es la plaza que ellos conocieron aunque, nos pongamos como nos pongamos, no deja de ser la plaza de Madrid.

sábado, 18 de junio de 2011

A propósito de Madrid II. El toreo: triunfalismo, orejas y vulgaridad.

Cuando los toreros se cruzaban.


Cuántos toreros y novilleros habremos podido ver durante mayo y parte de junio en Madrid, y que poquitas cosas se nos han quedado en el ojo. Cuántas veces ha habido que sacar el bisturí para encontrar un natural, un derechazo, una verónica o una media y decir que no ha estado mal. Pero en cambio, no ha habido ninguna faena que nos haya levantado de los asientos, por lo menos al que esto escribe. Luego venía el juicio de Salomón, que si dos orejas no, que si una es suficiente, que si la estocada, que si patatín, que si patatán, pero en definitiva, nada de nada.

Las ferias nos han dejado una cosa clara, a mí por lo menos y es que el toreo se construye desde abajo y que son los pies los que marcan la verdad del toreo y el mando y el dominio sobre el toro. Si nos olvidamos de esto, tendremos lo que tenemos ahora, vulgaridad, pegapasismo y aburrimiento y como mucho, hacer de cirujano sacando pases sueltos para seguir alimentando esta afición.

Si hay que valorar el conjunto de una actuación por encima de las demás, yo me quedo con Iván Fandiño, quien ha dejado muy claras sus intenciones de ser alguien. Para mi es el único que ha salido mejor de lo que entró. Bien es verdad que ante uno de los toros de la feria, Podador de Cuadri, no estuvo a la altura de las exigencias del toro, pero ha sido una de las excepciones en que se ha colocado para torear como dios manda; resultaba curioso verle citar al toro con la pierna contraria escondida y como al momento se le notaba incómodo y rectificaba, echando la pata para adelante. Y estuviera bien, mal o regular, siempre cerraba tirándose detrás de la espada como si le arrastrara un pura sangre. Eso que decían que era lo mínimo que se le podía exigir a un matador de toros, matar. Luego ha habido pequeñas decepciones achacables al infumable ganado que les han puesto delante. Ahí me encuentro con Diego Urdiales y a última hora se sumó Sergio Aguilar. Quizás uno de los males que afectan a estos dos toreros sea que quieren ser como los demás y eso, afortunadamente, no es así. Al contrario que las figuras, ellos necesitan toros, no borregas descastadas y bonachonas.

Luego está ese grupo de toreros de pitiminí, que ya no se preocupan del toro de Madrid, ni del de Sevilla, ni del de Marte, ellos vienen con el “kit triunfalismos 2011” y se traen los banderilleros, picadores, novillotes con cara de niños, prensa especializada en odas al figurón y un público adoctrinado que garantice la apoteosis histérica, pase lo que pase en el ruedo. Manzanares ha triunfado como si fuera un héroe clásico. La cosa venía rodada y se produjo el acontecimiento taurino más grande desde la presentación de Lagartijo en Madrid. El Juli nos mostró ese toreo de banderazos y su “personalísima” forma de apiolar a los toros, lo que le vale verse recompensado con los despojos auditivos de los borregos que mata. Castella, el clonador de faenas, se diluyó en la vulgaridad de su pegapasismo, sin enterarse del Alcurrucén que tenía delante. César Jiménez por su parte despreció a uno de los toros de la feria, Rodalito de Peñajara, que merecía un chalet en la sierra o un collar de diamantes, pero que se tuvo que conformar con una montonada de pases en la lejanía que no permitieron el lucimiento del toro. Todos ellos pasearon las orejas por el ruedo de Madrid, pero aunque estos ídolos se crean lo contrario, así no se entra en el corazón de la afición de las Ventas. Ésta no pide orejas, pide toreo y ¿qué le dan? pues orejas y le niegan el toreo. Luego los sesudos profesionales de la pluma hablarán de esfuerzos, profesionalidad, empaque incluso, arte sublime, pero la realidad es que contentaron a sus partidarios porque hubo premio, y no demostraron nada nuevo a los que llevamos años esperando para verle una mínima intención de hacer el toreo de verdad.

Aparte podemos dejar a Talavante, aunque tampoco muy alejado del grupo de los postmeodernistas. Quizás la tarde de El Ventorrillo no fue tan mentiroso como sus compañeros del G10 y alrededores, pero tampoco nos contó toda la verdad. Su toreo eren medias verdades, pero ya se sabe, una verdad que no lo es plenamente, no deja de ser una mentira.

De la novillería nos quedamos con ganas de volver a ver a Jiménez Fortes, que se fue a la cama tras deshacerse del Flor de Jara que le levantó los pies del suelo. De los demás, Víctor Barrio mantuvo algunas de las esperanzas que muchos han puesto en él, aunque siempre está ahí ese afán de parecerse a sus mayores, que también es mala suerte tener al G10 como modelo de nada.

Y como el año anterior, uno de los triunfadores fue Jesús Arruga, que repitió triunfo con los palos y el otro un tercero, Domingo Navarro, que en una misma tarde dio un recital de colocación, oportunismo y torería. Que poquita cosa para tantas tardes de toros, sobretodo si nos creemos eso de que vivimos en un momento dulce de toros y toreros, en el que no hay una única figura, son muchas las que van a levantar esto, pero de momento ninguno ha hecho intención de comprometerse en el empeño. Y así seguimos, con un exceso de triunfalismo que no va a ningún sitio, con las orejas como único fin de todo esto y la vulgaridad haciéndose dueña y señora de la fiesta.

miércoles, 15 de junio de 2011

A propósito de Madrid (I). ¿Dónde está el toro?

¿Dónde está el toro?



Que larga puede hacerse una feria tras otra, que largas se hacen las continuas tardes de borregos descastados, flojos y escuchimizados, pero que rápido pasa el tiempo cuando hay un toro de por medio. Lo malo es que solo ha habido cuatro o cinco días en que se ha visto el toro o algo que se podía parecer a él. Quizás esta sea la causa principal del fracaso que todo este serial ha sido para el aficionado. Y fracaso es en el sentido en que de 28 corridas y novilladas de a pie, los picadores solo han trabajado cuatro y media, el resto han sido las estrellas invitadas a la pantomima que protagonizaban sus matadores, que patrocinaban empresarios, ganaderos y medios de comunicación y que aplaudían los cada vez más numerosos, ignorantes y agresivos isidros.

Han sido pocas las corridas para el aficionado, pero en todas ellas venía la sorpresa, no aprovechada, para que el coletudo de turno subiera a los altares con la beatificación taurina bajo el brazo. Rafaelillo se vino abajo con Tartanero de José Escolar; César Jiménez despreció la calidad de Rodalito de Peñajara, más pendiente de abrir puertas que de hacer el toreo de verdad; Iván Fandiño no llegó al nivel de Podador de Cuadri y ya en otro orden, Talavante fue el que más se acercó a lo que le Cervato, de El Ventorrillo, le ofreció, algo muy diferente a Monsieur Castelá, que a lo suyo, no se enteró que por allí andaba Escribano de Alcurrucén, para redactar el acta de un triunfo incontestable.

Luego sí que ha salido algún toro de esos que buscan los veedores en compañía de un zahorí, vagando por el campo agarrados a un palo y cuando este se pone a temblar delante del bovino, ¡hala al camión! y que tenga la suerte de encontrarse a un inminente pegapases, pero éstos que todo el día están con el “que se mueva, que no moleste, que entre al trapo” y todas esas cosas que parecen la canción del verano, resulta que les sale uno de estos y están “desganaos”. “¡Pero niño! ¿Cómo los quieres? Es que no sé. ¿qué no sabes?” Y el animalito se va sin torear y con los despojos colgando, porque el niño no lo veía claro.

También ha habido decepciones que se llevaron por delante muchas ilusiones, como los Palha, que repiten fracaso en Madrid y que parecen empeñados en hacer pensar que aquella gran tarde de hace ya mucho, fue un espejismo. Parece que ya se ha agotado la casta que entusiasmo a Madrid y aquella impresionante presencia de algunos pupilos del señor Folque. Tampoco respondieron a lo deseado los del Partido de Resina, que no reeditaron en las Ventas los éxitos de otras plazas. Habrá que seguir esperando.

El resto del ganado ha adolecido de falta de fuerzas, muchos no han recibido ni un puyazo, aunque lo simularan muy bien los montados, han evidenciado unas alarmantes muestras de mansedumbre y en demasiados casos presentaban bastante menos trapío que las novilladas, lo que ya resulta sangrante e injusto. Igual que ganaderías de postín, como Núñez del Cuvillo, la más importante del momento, la mejor de la historia, la de más calidad del planeta, la de los toros bonitos, la de todas esas cosas que vuelven locos a los veedores, público de clavel y taurinos de pro, esa que se ganó el derecho a traer dos corridas a la feria, esa que ha tenido que ampliar la planta de rehabilitados en la finca, donde se le apelotonan los toros indultados a la puerta de la sala de curas, esa, esa misma, no consiguió juntar una corrida completa para Madrid. ¿Qué digo una corrida? Si no echó ni un solo toro que tal cosa pareciera. Toros y más toros para pasar el reconocimiento veterinario, los representantes de las figuras “opinando” por los corrales y al final la vergüenza que saltó al ruedo, en la que quedaron retratados la empresa que los contrató, el veedor que no los vio, el apoderado que dio el placet, los toreros que se partían la cara con quien fuera por anunciarse con ellos, los isidros que repiten lo que oyen, la prensa que dice lo que le mandan y todos los que sustentan con mentiras esta pantomima.

Las ferias apelotonadas de Madrid han dejado suficientemente claro que hay que cambiar el sentido de la marcha ya, que mañana es tarde, que o cambia el toro o esto se nos va, que la fiesta que ya no es embrión, que ya empieza a ser la única, está acabando con cualquier signo de grandeza. Y si sale alguna corrida como las indicadas más arriba, no pierden un segundo en atacarla y empezar con eso de que son imposibles, intoreables, que no se les puede hacer el toreo, que no caben en la muleta y todas esas milongas que tienen tan bien aprendidas.

Y es urgente este cambio porque no es posible que sea inmediato. No sé si será verdad lo que muchos aficionados dicen, que seguro que en el campo hay toros mejores que estos; pongámonos en lo peor y pensemos que no, lo que nos lleva a tener que esperar que los ganaderos seleccionen con más exigencia este año, que a las vacas elegidas se les eche el toro, que liguen y que el producto se acerque a lo deseado, que en el mejor de los casos será solo una ligera aproximación. Así que el producto de este cambio, igual es para generaciones pasadas y no para el aficionado de hoy. La pregunta es ¿aguantará esto todo ese tiempo? Así que de momento hay que buscar en el campo, habrá que coger el GPS de los veedores y borrarles la memoria y donde pone Núñez del c… que ponga, no sé, no se me ocurre nada, pero por decir algo diré ¿Valdellán? ¿Flor de Jara? Y que conste que no tiene nada que ver el indulto de Sahún, la concurso de Vic, ni que acabe de ver el vídeo que me ha mandado Javier Salanmanca, en el que se ve un Buendía que no es el toro chiquito que nos querían vender, que en la primera y segunda vara echaban la cara un pelín arriba y que en las dos siguientes, sí, sí, las dos siguientes, el toro va desde más lejos y encima mete la cabeza y empuja con fijeza. Pero ya digo que esto no tiene nada que ver. Le sale este toro a cualquier figura en la feria de Madrid, y cuando el animal está debajo del peto, piden el cambio a la segunda vara.

Estará por nacer, estará escondido por las dehesas del mundo, lo tendrán oculto los taurinos, nos dirán que no vale para el toreo moderno, pero no podrán impedir que preguntemos ¿Dónde está el toro?

domingo, 12 de junio de 2011

¿A que no me ganas?

Y al final, ¿dónde está el toro?


Admiro el espíritu de superación del ser humano y esa ansia de querer siempre el primero en todo. El que de niño quería sacar las mejores notas de la clase, ser el más popular en el colegio o en el barrio, meter más goles que nadie, ganar a las chapas a todos los niños, ganar más canicas que ninguno o ser el que más corriera de todos. Y como dicen los mayores, algunos de estos rasgos marcan a una persona para toda la vida. Y si no, vayan a Granada y pregunten a los compañeros de aula de David Fandila, quién era el que más corría en el patio. A mi no me cabe la menor duda, si ahora corre lo que corre con ese incómodo atuendo que es un traje de luces, con chándal y zapatillas tenía que ser un trueno. Pero la cosa no es correr en línea recta, eso para otros; él es capaz de correr para adelante o para atrás, o para adelante y para atrás al mismo tiempo. Que es fácil decirlo, pero hay que hacerlo. El único problema es que cuando decidió ponerse las medias rosas, nadie le dijo que el correr era de cobardes y que para atrás un torero no debe ir jamás si tiene muleta y estoque en la mano. Una frase llena de segundas lecturas que pronunció en su momento Pedro Romero, pero que quizás debería haberla desarrollado más, e incluso pensar en unas actividades a modo de ejercicios, como en el cole, para los aspirantes a toreros.

Madre del amor hermoso, lo que nos ha costado llegar hasta aquí, como si no hubiéramos tenido bastante, de postre La Palmosilla y El Fandi, caramba con los de Taurodelta, si es que tiran a dar. Nos creíamos que ya se habían acabado los parches, pero nos quedaba uno, el de los dos de Carmen Camacho y el sobrero de El Torero. Entre todos les mandan levantar una piedra, no muy grande, que cupiera en una mano, y seguro que no pueden. Cuanta flojedad, cuanta invalidez, cuanta croqueta por el ruedo de las Ventas. Pero luego, si el toro va tres veces a la muleta, nos olvidamos del esperpento del caballo y empezamos a decir que fue un buen toro y a maravillarnos de cómo iba en el último tercio. Yo entiendo las ganas de los buenos aficionados de ver algo que se les clave en el ojo, pero así creo que no ayudamos demasiado a que esto se regenere. Si aceptamos que a una corrida entera no se le pueda bajar la mano porque si no se cae y admitimos el toreo sanitario, entonces tragamos con la mentira y la asumimos.

Carmen Camacho remendó el encierro y abrió la corrida con el peligroso primero que esperó a todo el que se le acercaba por el pitón derecho y que cuando se notó herido soltó el traicionero derrote que llevó a Miguel Abellán a la enfermería. El otro, el quinto, empujó en el caballo lo que sus escasas fuerzas le permitieron. Debió ser devuelto inmediatamente, pero quizás la cosa no se veía tan clara desde el palco presidencial. Resultaba extraño que D. Trinidad López- Pastor Expósito otras tardes tuviera la mano presta a sacar el pañuelo verde y que de repente se le hubiera encasquillado el brazo ante semejantes muestras de invalidez. El sobrero de El Torero, con un aspecto más caprino que bovino, manseó descaradamente en el peto, queriéndose quitar el palo constantemente, saliéndose suelto en cuanto no le taparan la salida. Luego, después de las carreras que tuvo que echarle a El Fandi, no se le podía bajar la mano ni para echarle de comer, no se aguantaba en pie. Los tres de La Palmosilla que quedaron no recibieron un puyazo entre los tres juntos; Quizás habría sido mejor que no salieran los picadores y que hubieran llamado a Super Nanny, por lo menos así alguien les hubiera puesto las peras al cuarto. Se dolían de la puya, corneaban el peto, les molestaban las banderillas y los trapazos de sus respectivos matadores se reducían a cariñosos banderazos.

Miguel Abellán salió bajo de revoluciones, dando sensación de apatía. Tanto por el pitón derecho como por el izquierdo, su toreo se reducía a abusar del pico y a las carreritas para colocarse a cada pase. Y aunque el toro era un inválido sin cura posible, quizás le tendría que haber castigado con la muleta y si se caía, que se cayese, pero por lo menos a lo mejor le habrían quedado menos ganas de soltar derrotes a traición. A mí me gustaría saber que ocurriría si los matadores empezaran a torear por bajo a los toros que, aunque tullidos, por su mala condición la cordura exige que se les baje la mano. Lo mismo muchos se darían cuenta del estado del toro de lidia. Igual los públicos de esas plazas de Dios empezaban a poner el punto de mira en el toro y puede que los empresarios empezaran a comprar ganado de hierros que aguantaran el primer tercio y que en la muleta no rodaran por el suelo. ¡Qué iluso! A veces hablo de la gente del toro como si todo esto les importara algo y no lo vieran como un negocio familiar heredado de sus mayores, los que sí tuvieron afición, que lo mismo les podrían haber dejado una ganadería, la gestión de plazas de toros o una farmacia. Pero a lo que iba; Miguel Abellán acabó en la enfermería por el golpazo que se llevó en la cara. Primero parecía que era un palotazo, pero solo pudo llegar a las tablas, donde se desmoronó, para ser sacado del ruedo instantes después.

El Fandi tuvo la oportunidad de demostrar lo que da de si en un toro más, lo malo es que da muy poco de si. Su actuación se basa en las facultades físicas, en la resistencia de piernas y pulmones, lo que a alguno nos rechina bastante. Intenta cosas como llevar al toro al caballo con un galleo por chicuelinas o tirando de él metiéndolo en los vuelos del capote, pero todo resulta tan violento, tan rápido, tan destemplado, sin tener en cuanta al toro y tan sin sentido, que resulta grotesco. Con las banderillas el espectáculo que otros proclaman es la carrera y el abuso de un animal inválido. Todo son ventajas. De frente siempre deja pasar al toro antes de clavar, con brincos y exagerando el culo fuera. Cuando va hacia atrás le da tiempo a medir la salida, no se encuentra nunca entre los pitones en el compromiso de tener que salir del embroque apoyándose en los palos, porque cuando clava ya está fuera. O esos recortes en los que deja parado al toro para clavar desde la pala del pitón. Y lo del violín, pues eso, muy musical, pero desentonando. En postura de contorsionista clava los palos cuando el toro está camino de Ávila. Aunque al menos no se le cayeron los palos y no se le vio el truco de los rehiletes cosidos por la punta. Con la muleta demostró que no sabe torear, que le han contado que el derechazo es con la derecha y con la espada de mentira, porque tantas facultades y no puede torear con el acero en la muleta; el natural como el derechazo, pero con la izquierda y sin el palo agrandando la tela. Lo de citar, cruzarse, rematar atrás y esas cosas, eso son tonterías de cuatro chalados. Pico, retorcimientos, muchas carreras, como no, y trapazos en línea recta que parecen más cómicos que toreros. Todo este esperpento se acerca más al abuso de un animal que a la tauromaquia de siempre. Con la espada le preocupa más hundir el acero en lo negro, que ver donde la deja, y si en estas hay que soltar la muleta en el hocico del toro, pues se tira. Pero todavía habrá quien alabe su “espectacularidad”.

Daniel Luque salió con la idea de torear, o eso debería ser, pero casi se vio obligado a quitarse los alamares y cambiarlos por una bata blanca y unos guantes de látex, un palito y pedirle al toro “Diga treinta y tres”. A su primero le recibió con unas verónicas rectificando, que no es que me importe esto demasiado, pero que lo hagan todos los días en todos los toros y que no acaben de tomar la medida de los terrenos, ya cansa ¿no? Empezó a muletear al palmosillo con trapazos cariñosos para evitar que rodara por el suelo. Naturales alternados con carreritas delatoras de la falta de mando y dominio, pico, trapazos, derechazos de igual condición, pero sin bajar la mano, eso no por favor, que luego el animalito se cae y la gente se ofusca. Que si no le bajo la mano y no se cae, estos ni se enteran. Pues sí nos enteramos y él se dio cuenta de su error en el otro de su lote, el de Carmen Camacho, al que en medio del escándalo solo pudo matarlo de infame bajonazo, que no le produjo ningún sonrojo.

Y así llegamos al final de estas ferias, que creo que no han defraudado, ni sorprendido a nadie. Los triunfalistas están encantados con sus orejas y sus puertas grandes, con ver a las figuras con los despojos en la mano y felices de haberse conocido, aunque tal y como han sucedido las cosas, creo que andan con la mosca detrás de la oreja, pensando que aquello no fue tan bueno como creía. Y los que auguraban un desastre ganadero y artístico, pues han acertado de pleno. Y no creo que sea por que sean más listos que los demás, simplemente llevan años viendo lo que pasa y que esto va a peor. Pero todo esto lo dejamos para alguna entrad más en la que cuente mis conclusiones de esta eternidad en la piedra de Las Ventas. Luego igual decidimos dejarles descansar. Muchas gracias a todos por dedicarme todos los días un rato a leer mis cosas, por sus opiniones, unas a favor y otras en contra, pero con un respeto que me ha conmovido, que no sorprendido, porque sé que los que se pasan por aquí, además de saber ver toros, tienen educación para hablar de ellos sin aspavientos de mal torero, y que día a día me han obligado a darle vueltas a lo visto en la plaza de Madrid. A todos, MUCHAS GRACIAS.

sábado, 11 de junio de 2011

A merced del calendario

El toro, ¿volverá algún día a ser el rey?


La verdad es que empiezo a no entender demasiadas cosas. Seguro que algo tiene que ver la larga duración de las ferias encadenadas de Madrid, el que esté atorado y con la cabeza embotada, pero he tenido la sensación de que a actuaciones parecidas el público ofrece respuestas muy dispares y que en ello pueden influir decisivamente los nombres; los nombres de la ganadería y los nombres de los matadores. Ha sido una corrida como poco rara. Aunque siempre desde mi punto de vista, que ya digo que puede estar algo viciado por la acumulación de toros. He visto como los de Javier Pérez Tabernero han aprobado en todas las fases de la corrida. ¿Se les ha picado? Pues ni mucho, ni bien, se han limitado a estar, lo que no quiere decir que haya habido demasiados puyazos casi ni señalados. ¿Han ido bien a la muleta? Pues también, pero con muy poquita emoción, no era el ir y venir del toro bobo, pero más o menos. Si esta corrida me la ponen el 8 de mayo, igual mis comentarios serían bien distintos, pero claro, si me pongo a comparar, esta no ha sido tan mala. Y ahí puede que esté el verdadero problema, que la mediocridad la comparamos con la vulgaridad y se nota la diferencia, pero ¿y si todo lo comparamos con lo óptimo? Entonces ahí se nos viene el castillito abajo.

Los de Javier Pérez Tabernero por momentos parecía que no estaban en el ruedo; el primero empujaba con la cara alta, pero en la segunda vara ha tenido que ir a buscarlo el picador más allá de la raya, como si le llevara al caballo de las orejas. Luego en la muleta no de le podía bajar la mano para que no se cayera, pero seguía los engaños con una bondad manifiesta. El segundo se ha limitado a estar en el caballo y en la muleta ni ha rechistado, entraba, salía y calladito para no molestar. El tercero, que salió echando las manos por delante, incluso derribó al picador, por esa manía de no apretar de primeras. Le hicieron la carioca y empujaba de lado; luego en la muleta entró, salió y no osó fastidiar el mitin de Pinar, no fuera a ser que se lo echaran en cara al ganadero. El cuarto más cariocas, visitas al caballo al relance para cornear el peto, se dolió en banderillas y acabó en toriles. Al quinto se le picó muy mal, en la paletilla, mientras corneaba el peto como un descosido, en la muleta la misma historia de siempre, embestía, pero no entusiasmaba. El sexto iba por el mismo camino y el señor presidente permitió que nos mostrara su invalidez hasta el segundo tercio, en el que inesperadamente lo mandó a los corrales. Salió uno de Valdefresno, tan inválido o más que el devuelto, al que no llegaron ni a echarle una regañina en el caballo. En el último tercio pudo seguir la muleta gracias a las nulas exigencias del matador, que no dudaba en llevarle casi con los dos pitones fuera de la muleta, que ya sé que es un imposible, pero Pinar casi lo consigue.

En la rareza de la tarde Antonio Ferrera fue el más previsible, que no destacable. Fiel a su repertorio, manteó y bailo simultáneamente al torear de capote, bailó y corrió al poner banderillas a toro pasado entre saltos, cabriolas, exageraciones con el culo fuera y quiebros destemplados. Con la muleta practica un toreo realmente peligroso; tanto banderazo un día va a despistar al piloto de un 747, que va a intentar aterrizar en el ruedo, que como todo el mundo sabe, no es sitio para que haya aviones. Trapazos muy lejanos, sin ajuste alguno, destemplados, inconexos y vulgares, pero que muy vulgares. Este torero hace tiempo que decidió adoptar la velocidad como parte esencial de su tauromaquia y todo lo convierte en un agotador frenesí.

Sergio Aguilar ha exhibido una pulcra colocación, casi desconocida durante el extenso serial; adelantaba la pierna de salida y presentaba la muleta honestamente plana, lo que repitió en los pases siguientes, sin esconderla a las primeras de cambio. No se le puede reprochar casi nada al madrileño, pero todo estaba envuelto por una frialdad que evitaba que aquello cogiese vuelo. Aquí se me presentan dos opciones. Si el toro es bueno, entonces es el torero el que falla o si el torero se pone de verdad y la cosa no llega, entonces el mal está en el negrillo. Incluso puede ser que ni una cosa ni otra. Yo soy más partidario de que a Sergio Aguilar no le van los toros excesivamente noblotes que van y vienen, es un problema de los toreros; y si no, solo tenemos que recordar el caso de Diego Urdiales. Con esa colocación y esa honradez de cara al aficionado, si eso lo hace delante de un toro, probablemente la canción tendría otra letra y otra música. Dio algunos naturales y derechazos muy pulcros y con verdad, pero los de Javier Pérez Tabernero respondieron fielmente a los deseos del ganadero, quien quiere que el torero piense que no hay toro y que este no le moleste. Pues a Sergio Aguilar esto no le vale. Afortunadamente para el aficionado.

Rubén Pinar es otro tipo de torero, muy diferente de lo que es Sergio Aguilar. Éste sí que se sabe mover con estos toros anodinos. Si el toro no tiene emoción ya se ocupa él de ponerla; si hace falta hasta puede corear cada pase con un prolongado ¡eeeeeeeeeeh! y con semejante provocación ¿quién se resiste a jalear también el pase mientras el toro camina en las lejanías del matador, mientras este pone todo su alma en llevarlo enganchado en el pico? Ese destoreo, acompañado de las carreras necesarias para colocarse a cada pase, ya que con la muleta no logra dejar colocado al toro, ese retorcimiento que también practica y que crea la ilusión de que se remata el pase, cuando lo único que se hace es acompañar la rectitud de la embestida del toro y la estocada, bien ejecutada, aunque trasera, hizo que el público le pidiera la oreja. Oreja reglamentaria por el número de pañuelos, pero sin el valor artístico que se le puede exigir a una oreja cortada en Madrid. En su segundo estaba decidido a cortar una más y a salir a cuestas de los porteadores oficiales; repitió la misma receta, con el toro más alejado si cabe y bastantes más carreras aún y unas manoletinas trapaceras como ellas solas, pero la espada nos libró de soportar de nuevo ese lamentable espectáculo de ver a un torero vulgar camino de la calle de Alcalá. Empeñado en no matar con la mano izquierda, pinchó y desinfló los ánimos del personal. Salió trompicado por esa manía de llevar muy alta la muleta, pero afortunadamente todo quedó en un susto.

Y así fue como yo lo vi, aunque entiendo que alguien percibiera todo de otra forma. Incluso estoy seguro qde que el señor Moncholi habrá salido más que satisfecho de todo lo que ocurrió en el ruedo de las Ventas. Afortunadamente es la penúltima de la feria, aunque como esto de la tauromaquia es un mal casi incurable, ya estamos muchos comentando los carteles de las próximas corridas y penando en si la familia va a permitir que nos sigamos escapando a toda prisa después de comer, con la almohadilla y la entrada bajo el brazo, con la esperanza de volver a ver aquello que una vez nos emocionó.