domingo, 17 de mayo de 2026

Ni desde el 5 han podido remediarlo

Joselito, el Rey de los Toreros


Esto de los toros, según algunos, tiene que ser alegría, a costa de lo que sea. Y si en la plaza de Madrid hay un sector que se toma esto en serio, pero de verdad, no de boquilla, es el tendido cinco y alrededores, pero el mérito del cinco no se lo puede negar nadie. Que ansias, que energías, que ímpetu, que... dejémoslo ahí. T anda que no es variopinto el cinco, hoy son de aquí, mañana de allí, al otro de... gentes de todos los rincones, gentes del lugar del torero que ese día toca. Pero el cinco reacciona siempre igual, aplauden recibos de capote echando la pierna atrás, aplauden con fervor al ver la montera caer bocabajo, los pares de banderillas atléticos aún en mitad del lomo, un quite atropellado, un enganchón, levantar aun caballo, los trapazos empalmados, los trapazos con el pico, que la espada entre sea dónde sea, pero es un pase del desprecio y ahí ya pierden el sentido, que si les miramos las pulsaciones a todos subirían hasta las estrellas. Que habrá quien piense que con todo este aplaudir a veces puede verse en entredicho su imagen de aficionado y parecerse más a alguien que no distingue un toro de un oso polar y un natural del baile del pañuelo, pero a ellos qué más les da. Que dirán que para una vez que van. Y los aficionados que hay en el cinco, que los hay, como los del resto de la plaza, no pueden hacerse otra pregunta que el “¿Adónde vamos a llegar” Y al tiempo o a continuación afirman con pena que esto está perdido.

Volvía la Quinta a Madrid por deméritos propios. Que no era suficiente una tarde de bochorno, que había que ponerlos otra vez. Quizá fuera que como en un principio la empresa tenía prevista una de caballos para este día en el que Madrid, un año más, homenajeaba a Joselito y como ese Madrid que queda que aún siente Madrid se puso de manos, pues nada, montamos una de a pie y punto. Y como ahora muchos consideran a la Quinta como una vacada a tener en cuenta, pues seguro que a nadie le importará que vuelva por segunda vez en la misma feria. Pues visto lo visto, han hecho méritos para que sí importe, para que importe incluso a los felices moradores transeúntes del cinco. Vaya encierrito que han echado. Flojos, descastados, inoperantes en el caballo, excepto el sexto, que al menos ha peleado debajo del peto. Y el sobrero de José Manuel Sánchez, tampoco es que haya desentonado con los del hierro titular.

Les juro que ha estado el Cid, aunque más bien no ha estado. Que ya son demasiados años echando mano del recuerdo de aquello de... Que lleva una eternidad pasando por los ruedos como un fantasma y a cada tarde que asoma aún se va desvaneciendo más y más. No le da ni para llevar la lidia, ni tan siquiera para llevar un toro al caballo y ponerlo en suerte. Y con la pañosa, pues como con ese sobrero, sin saber por dónde echarle mano, quejándose del toro, porque el toro no se podía quejar de él. Muy ventajista, con demasiadas precauciones. Incapaz tan siquiera de sujetar a un animal, como el cuarto, al que siguió queriendo pegar trapazos hasta toriles, luego ya por el cuatro, el cinco, el seis, el siete y casi sobrepasa el sol y sombra de las Ventas. Que ya le hemos despedido en Madrid en dos ocasiones, pero parece que ya urge la despedida definitiva y así parar de dar la imagen que está dando el torero al que un día esta plaza elevó a sus altares de toreros predilectos.

Álvaro Lorenzo no llegó a eso de ser predilecto para Madrid y visto lo visto... muy optimista habría que ser para que en la calle de Alcalá le hicieran ojitos. Que él viene a lo que viene, que en su primero se le rompe la puya al picador y no crean que echó a correr para defender a su picador, ni mucho menos, ahí se apañara. De la misma forma que su segundo se fue al relance al caballo, viniendo corriendo desde el extremo opuesto del ruedo. Inicio de trasteo dando distancia en su primero y cantidad sin nada de calidad, aburrido, vulgar solo trapazos y sin acabar de saberse muy bien a qué estaba. En el quinto más de lo mismo, tirando líneas rectas, muy fuera y venga trapazos. Que Lorenzo, como todos, al ponerse al hilo del pitón no la ponen plana, sino que abusan metiendo más el pico. Cambio de la diestra a la zurda y viceversa, para al final no sacar nada en claro. Y con estos mimbres, ni el cinco podían levantar lo hecho por el toledano, no había de dónde rascar algo de ánimo.

Y confirmaba el salmantino Manuel Diosleguarde, dispuesto, pero nada más. Muy justito, pero mucho, de recursos. A su favor el querer poner los toros en suerte, aunque esto no es que llegara mucho, esos son solo trámites sin importancia, deberían pensar, que lo bueno viene con la muleta. Y con esta, pues muy a merced del toro, con coladas por atravesar en exceso la muleta, dejar mucho espacio. Sin llevarlo en ningún momento, permitiendo que el de la Quinta empezara a saberse el amo. A merced del animal, sin intentar bajar la mano, venga enganchones y desde el cinco jaleándole la incompetencia como si esto fuera una virtud. Ellos deberían percibir emoción, pero no la de la lidia en si, sino la de la incapacidad de manejarla con recursos. Sin rematar jamás, el toro se le echaba encima. El fallo a espadas evitó que la vergüenza llegara nada más empezar. Hubo que esperar al sexto para pensar que algo nada conveniente podía suceder. En el que mostró más brío, el único que no pasó por el peto como un alma en pena, resultó que tenía que torear, que era un toro de triunfo y de triunfo de verdad, pero solo si se hacía lo que había que hacer y no dedicarse a dar trapazos y más trapazos. Y el camino que Diosleguarde tomó, quizá fue el único que sabía tomar, el de liarse a la nada, el de no poder con el animal en ningún momento, incluso con peligro para él, a merced continuamente y los del cinco venga a jalear como si estuvieran viendo toreo y no merodeo, que es lo que sucediendo, un hombre merodeando un toro. Para acabar metido entre los cuernos, quizá porque ya no le daba su cabeza para más. Menos de media y evitando volver a entrar con la espada, quizá porque sus partidarios le habían llevado al error de hacerle pensar que tenía algo ganado. Ya se decidió por el verduguillo, clavando más veces en el hocico, que en el cerviguillo. Y al final al tercer golpe consiguió cerrar su labor, una labor muy vacía, en la que no se puede considerar mérito el estar ahí a ver si se libraba y acababa en pie. Eso dista un mundo de lo que es el toreo. Y alguno al acabar y ver que no había posibilidad de premio, igual pensaba para si que ni desde el 5 han podido remediarlo.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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