Si queremos disfrutar del buen toreo de Diego Urdiales, habrá que verle en las tientas.
Citando a un famoso muñeco, al que le metían la mano por detrás y le prestaba la voz un señor especializado en ventriloquia, vistos los carteles de la feria de Otoño, no me sale otra cosa: pues me lo expliquen. No hay por donde cogerla. Si los carteles los hubieran parido como el sorteo de la Champions, quizás el resultado sería más coherente.
Se han debido juntar un día la familia Choperita en plena canícula veraniega, uno con el barreño de sangría con morapio de tetra brik, otro con panceta para que no falte, que son de buen comer -a la vista está-, los vecinos con la discografía de Karina y Parchís que echaba chispas, el cuñado inmortalizando el momento con la cámara de vídeo en ristre, los niños con los manguitos de Phineas y Ferb y el patriarca, en chancletas, con el Meyba azul clarito y libreta y bolígrafo en ristre, levantó la voz: “A ver, un momentito que me vais a ayudar a un mandao que tengo que hacer, que así nos lo quitamos de encima en un pis pas” “ A ver niño, dime un número del 1 al un millón” Y salga lo que salga, adjudicado, Castella y Perera, y de regalo El Cid”. “Y para este amable público que tanto me quiere, nada por aquí, nada por allá, los toros del Puerto de San Lorenzo”
Una vez más uno ve los carteles y piensa que o los Choperitas llevan años de exilio en la Argentina y han perdido el contacto con la afición de Madrid, o que el canal de telepago oficial tiene algún fleco que arreglar por ahí, o que por un lado contratan a los que no ponen pegas a la hora de los dineros o a los que en las mismas condiciones, aparte de no dar un ruido, les permiten hacer creer al público que para este miniserial contratan a las figuras.
Los toros de Gabriel Rojas, El Puerto, Gavira y Adolfo, los primeros lo de siempre, los siguientes quizás deberían descansar por un tiempo de Madrid, los terceros los menos oportunos para un mano a mano y por último los que el aficionado siempre aceptará de buen grado a priori. Los matadores con el eterno Víctor Barrio, que aún de novillero, acabará toreando en Madrid más tardes que Joselito Calderón, acompañado de dos chavales, pero que ninguno se llama Conchi Ríos. Y mira que se les llenó la boca diciendo que el triunfador de las novilladas se anunciaría en Otoño. Pues será anunciando Perlan para la ropa delicada, o el nuevo MacMenú con extra de colesterol y el doble de grasa hiposaturadas. Eso es tener palabra. O igual es que la torero murciana pretendía que le pagaran por torear, y eso sí que no, por ahí Taurodelta no pasa, el que quiera torear que lo haga por amor al arte.
Del cartel de figuras, pues bueno, pues eso la presencia testimonial de esta representación del G10, para que se note que no nos dejan de la mano de dios y más ahora que estamos en cultura. Aunque lo que sí que podrían avisar es si para ese día hay que tener preparada alguna lectura de Donna Leon, Kadare, Mishima, las memorias de la duquesa de Alba o las no memorias de Belén Esteban. Que luego empieza el foro literario en la grada y uno no sabe por donde tirar; y entonces no le queda otra que fijarse en El Cid, aquel torero que se decía que iba a resucitar, pero que ha preferido dejarlo para otro día; vuelve Castelá, con sus pases por detrás y esos parones que quitan el sentido y hasta las ganas de merendar; Y Perera, al que por el bien de la parroquia deseamos que le salga todo a pedir de boca, no vaya a ser que se contraríe y empiece a mirarnos de soslayo a los que le pagamos el jornal. Aquí volverán con su desquiciante monotonía.
Lo más esperado era el mano a mano Fandiño- Mora, pero claro, si a dos toreros que vienen empujando les meten con la tonta del bote, pues apaga y vámonos. Y habrá quien me diga que si los Gavira tal o cual, que hasta pueden salir buenos, pero visto así, también te puede tocar el Euromillón, incluso esto último parece más factible. Pero seamos comprensivos, si a los señores Martínez Erice les han tocado seis Gaviras en un rasca y gana en la tómbola de Brihuega, ¿qué hacemos? ¿Los tiramos a la basura? Y ¿a qué basura los echamos, a la orgánica, como despojo animal? ¿Al cubo amarillo como recipiente de la casta brava?
Y como cierre, los Adolfos. ¡Cuánto tiempo! ¿Habrán echado cuerpo para contento de los señores veterinarios de Madrid? ¿Se habrá serenado don Adolfo después de aquel quítate pa’lla? Pues habrá que verlo, pero antes habrá que seguir soportando a Rafaelillo, al que alguien le puede decir que esté tranquilo, que no queremos que le coja ningún toro, y que se acuerde de las tardes en las que a pesar de su toreo basto y exento de arte, el público de Madrid se le entregó premiando su honradez y valor ante el toro que la mayoría no quieren ver ni en pintura. Antonio Barrera y Serafín seguro que habrán hecho méritos para volver por Madrid, pero puestos a elegir y revisar los méritos de cada uno y el gusto de la plaza de Madrid, yo me quedo antes con Curro Díaz, Morenito de Aranda, con alguno de los mexicanos que demostraron querer ser el San Isidro pasado y ya puestos, hasta me inclinaría por algún torero que hubiera estado bien recientemente por alguna plaza importante. No sé, alguno que se hubiera portado como un tío con un toro complicado. Tampoco pido que sea uno de esos que torean 40 o 50 al año, no hace falta, a lo mejor me vale con que hasta agosto no llevara más de diez, pero eso sí, que al menos hubiera triunfado ya en Madrid. ¿Capea? No, porque no ha triunfado con el toro. ¿Juan Bautista? Tampoco, seguro que lleva muchas más corridas ¿Los del G 10? Esos se estarán reservando para el año próximo. Pues a mí solo me sale Urdiales. Lo que son las cosas, sin haberlo pretendido, es el único que cumple las condiciones exigidas. Pero no, no y no. Bien sea por machacar al torero o por martirizar a la afición de Madrid, seguiremos sin verle de nuevo y tendremos que tragar como siempre con lo que a casi nadie le interesa ya. Pues me lo expliquen.





