martes, 31 de agosto de 2021

Tauromaquia que no tauromaquias

La Tauromaquia, la pelea, la lidia del toro es solo una, aunque con múltiples variedades y muchas más formas de interpretarlo, pero no queramos disfrazar de tauromaquias alternativas el fraude y la mentira.

 

Es muy habitual que taurinos y palmeros de taurinos utilicen la coartada de que hay muchas tauromaquias, para así justificar cualquier aberración que muchos de luces perpetran en los ruedos y así convertir su incapacidad en algo excelso. Que dirán ustedes que eso no hay quien lo pase, ¿no? Pues están ustedes muy equivocados, pues baste con repetir esta cantinela una y otra vez para que los palmeros hagan suya esta teoría de las múltiples tauromaquias. Y si no, intenten convencer a un palmero de lo contrario; eso sí, dispónganse a recibir multitud de improperios, pero no esperen ningún argumento, quizá no los tienen. Que es posible que no los necesiten, les vale con que les repitan lo grandioso que es lo que ejecutan sus ídolos, para hacer suyo todo el entusiasmo por la vulgaridad, la incapacidad y la trampa.

Pero seamos serios y sobre todo, coherentes. Tauromaquia hay una y punto, de la misma forma que hay una literatura, una pintura, una música, una escultura, ya que las artes no son fraccionables según nos convengan y, si hay una forma de diferenciación, esta sería la pintura mala y buena, la música mala y la buena y en este caso la tauromaquia buena o la mala. Y partiendo de lo que es la tauromaquia, la lucha con el toro, o según la Real Academia, el arte de lidiar toros, lo que sí encontramos son diferentes formas de tauromaquia, toros en las calles, recortes, encierros, corrida landesa, corrida a la portuguesa, el toreo a caballo y por supuesto, la forma más refinada y también la más complicada, la corrida de toros, el toreo a pie. Quizá esta modalidad de tauromaquia sea la cumbre de la tauromaquia, la que encierra más matices, la que ofrece una mayor variedad de posibilidades para el espectador, el estudioso, el curioso y evidentemente, para el aficionado, uno de los actores principales de lo que se ha llamado fiesta brava, fiesta de toros o cómo ustedes prefieran, esa persona que nunca se cansa de querer saber más y más u que cuanto más sabe, dice que más se da cuenta de lo poquito que sabe; reflexiones de los sabios.

Pero lo que es innegable es que en esta parcela de la tauromaquia, como en todas las demás, caben tantas formas de interpretación como intérpretes en el ruedo, criadores de toros o aficionados. Y solo hay un elemento invariable que debe presidir la celebración de todo festejo taurómaco: la integridad del toro y la verdad en la ejecución de las suertes. Porque la dignidad de la tauromaquia, el argumento de mayor defensa de esta es la lucha por evitar y erradicar, si es que se da, el fraude, la trampa. Allá cada uno con sus formas, pero siempre habrá que ofrecer al toro su oportunidad y será el hombre el que con sus conocimientos, sus facultades o la ayuda divina, quien libre los envites del animal. Porque cualquier intento de minimizar el riesgo mediante el fraude, no puede suponer nunca ni una forma admisible de interpretar, ni muchísimo menos pretender imponerle el sello de “tauromaquia propia”. Un toro mermado, con las astas manipuladas, seleccionado para aguar la casta o sin la edad en que se garantice su plenitud, lo mismo que un toreo ventajista, con trampas que ayuden a escapar de los pitones, no es otra cosa que retorcer los fundamentos, la esencia de la tauromaquia, lo que la legitima ante cualquiera que pretenda atacarla o deslegitimarla. Todo aquel que se ponga delante de un toro debe asumir el compromiso de darle la oportunidad al toro de hacer por él, pero, y aquí es dónde entraría el arte, evitar una y otra vez el ser alcanzado y en el caso de la corrida de toros, a través de la lidia, conseguir enseñar al animal a embestir, poderle, mostrarlo y culminar el rito con una estocada en todo lo alto, de frente, sin huidas traicioneras, esquivando a la muerte y honrando siempre al toro. Cargar la suerte, pasárselos por la faja, sí; esconder la pierna, atravesar el engaño y pasárselo a metro y medio, no. Pero no creo que a los aficionados a los toros les haya descubierto nada, espero que disculpen mi descaro. En cambio a otros, pues habrá que dejarles en sus penosas diatribas, dándole vueltas y más vueltas al molino para seguir intentando encontrar la coartada perfecta para justificar el fraude, la trampa, la incapacidad, la vulgaridad y lo que es peor, la falta de integridad del toro. Pero bueno, yo, con todo y con eso, me sigo quedando con una idea tan sencilla como esta de hay una solo Tauromaquia que no tauromaquias.

 

Enlace programa Tendido de Sol del 29 de agosto de 2021:

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domingo, 22 de agosto de 2021

Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos


Pues a ver cómo les llamamos sin ofender a los ofendidos de carrera... Mejor no les hacemos caso y que se llamen como la vaca que les pario, ¿no?

 

Tal y como están las cosas, a ver quién es el valiente que se pone flamenco y pronuncia tan siquiera un “hola” o un “¿cómo está usted?” si no es entre su círculo de allegados más estrecho, uno mismo y su circunstancia, o en presencia de su abogado, lo que tampoco es seguro de nada bueno. Que ahora vas a llamar un camarero para pedirle la cuenta haciendo ese gesto de escribir en el aire y lo mismo te acusan de que le estás pidiendo el teléfono para hacerle propuestas indecorosas o para acosarle a las tantas de la mañana con llamaditas en las que solo se escuchara una profunda y apresurada, o no, respiración. Pero claro, que también puede entender el dueño del local que estás sugiriendo a su trabajador que se apunte a la revolución del nuevo proletariado, influenciado por las soflamas extremistas de un partido que además pretende acabar con las tradiciones y cultura del país: el botellón en la calle hasta casi el amanecer, el ir cada uno a lo suyo sin importarle un pito lo que le pasa al vecino, el echar en cara a un hombre de color que nos quitan el trabajo mientras recoge cartones por la calle, el celebrar todo lo celebrable que sale en las series americanas, como Jalogüín, Acción de gracias, el Blackfriday, el Blue Monday, la Superbowl y lo más enraizado en nuestra carácter ibérico, dejarnos embobar con una pluma que vuela, mientras nos chupan la sangre, nos desvalijan el alma y nos vetan poder acceder a cualquiera de los derechos que tenemos como ciudadanos.

Y dirán ustedes: ¿y a qué viene toda esta parrafada? Pues muy sencillo. Hace unos días, una señora, antes corregidora y hoy alcaldesa de la bella Gijón, se enteró, vaya usted a saber cómo, del nombre de dos reses que se lidiaron en el Bibio. Que no creo que ella fuera esa tarde a los toros, ni que por no haber podido ir hubiera pedido que le guardaran el programa de mano, porque los colecciona todos desde que su abuelo iba a los toros. Que hay que ser bocas, pelagatos y chupalámparas para irle corriendo con el cuento a la señora alcaldesa. Que me lo estoy viendo corriendo por los pasillos perdiendo el culo y gritando a voz en cuello: “¡la que se va a liar!”, “¡Qué vergüenzaaaa!”, “¡El ocaso de la civilización occidental, moderna, y amante de la cultura, los animalitos y las botellonas en Cimadevilla o en San Lorenzo!” Y claro, ante semejante panorama, la señora alcaldesa solo podía tomar una determinación: “a tomar por c… los toros”. Señora alcaldesa, que no se puede, porque son legales y además hay que adjudicar la plaza en nada de tiempo. Que a tomar por c… he dicho. Y así estamos, que nos subimos por las paredes, que los taurinos se han puesto a mandarle cartas a la señora alcaldesa, que se va a pensar que es los Reyes Magos, los tres en su única persona. Venga cartas y hala cartas y más cartas. Y mientras estamos dándole trabajo a correos, algunos de esos que de repente se han entregado al género epistolar, nos la están liando parda. Que si se dan cuenta, hace unos días, semanas, nos anunciaron en Madrid los carteles de la Feria de Otoño, aquella que nos anunciaba el señor Casas como algo grandioso, monumental, sensacional, sideral y resulta que es lo de siempre, los mismos de luces y los mismos de los cuernos. Que si al menos me hubieran cambiado las ganaderías, pues igual hasta me llevaba un alegrón. Pero nada, cuatro murmullos, cuatro quítate pa’llá en las redes y a otra cosa. Que como si queremos no es obligatorio sacar nada para conservar el abono, pues nada, no pasa nada, “toe r mundo e güeno”. Que el señor Casas, visto lo visto, se debió crecer y soltó que para el año próximo eso de la temporada de Madrid que no, que iba a haber temporada, pero cómo él dijera, ósea, san isidro, otoño y dos festejos sueltos, uno de ellos en la Paloma. Que no es por nada, pero temporada, lo que se dice temporada, no es; si acaso, astracanada, pero no temporada. ¿Y creen que alguien dice algo? Los cuatro “reventadores” de siempre, los cuatro “amargados” de siempre, la misma asociación de siempre y el resto… el resto hasta ve cositas interesantes. ¡Válgame! Pero claro, Madrid se había convertido desde hace años en la única posibilidad para toreros que apenas pillan toro, para ganaderías que no venden ni cacahuetes a la puerta de la plaza y en una fuente de ingresos para los subalternos que no van con los que copan casi todos los carteles en casi todas las ferias del mundo, para los que como personal de plaza se medio defienden con lo que sacan las tardes de toros de marzo a octubre, los puestos alrededor de la plaza, los bares y restaurantes y tantos y tantos. Pero no, el único tema de conversación, la única causa por la que preocuparse son los nombrecitos de dos toros, según le contaron a la señora alcaldesa, que por otra parte ni tiene, ni quiere tener, idea de cómo se bautiza un toro o una vaca, que no es como buscarle nombre al nuevo panda del Zoo Acuario, organizando una votación. Que ni tan siquiera es por un personaje de dibujos animados, como podría ser Bob Esponja, de 548 kg, nacido en diciembre del… de la afamada ganadería de… famosa por meterse los becerros en la cama con su propietario, hasta que estos cumplen los cinco años. Así que parece que no nos queda otra que cuidar el lenguaje, tener la precaución de no utilizar nombres, expresiones o gestos que puedan molestar a cualquiera, porque ya se molestan aquí hasta los muñecos de los semáforos y si ustedes por casualidad son parte de los invitados a una boda entre un señor originario de un país africano y su amiga de siempre, reivindicativa y solidaria, tengan cuidado y mucho tacto para contar la unión. Y si les vale mi recomendación, yo no me apartaría ni un dedo de esto: Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos.

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domingo, 1 de agosto de 2021

Hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda

 

Seguirá esperando en los corrales y el toro de verdad, el que gusta en Madrid, todavía más, mientras muchos aplaudirán el que les dejen asomarse por una rendija, haciéndoles creer que son unos elegidos

Es momento de reconocer las cosas, de rendirse a las evidencias que esta realidad del momento nos pone frente a nuestros estupefactos ojos. Hinquemos la rodilla y reconozcamos sus méritos a Plaza 1, empresa gestora de la plaza de Madrid, a la CAM, propietaria de la misma, a la televisión que retransmite los festejos y que con tanta eficacia consigue que se filtren los mensajes de los taurinos que manejan todo esto y al Sursun Corda, que no se sabe por qué, está en todos los perejiles. Entre todos nos han pegado dos largas cambiadas, un trincherazo y el salto del batracio y nos han dejado sin toros, mientras el aficionado se ha quedado con cara de lila, como la vaca que ve pasar el tren. Y que nadie se me ofenda, que en este grupo de perplejos y lilas, servidor reservó plaza hace…

Que bien lo hicieron, cuando empezaban a arreciar las protestas nos pusieron un mitin de cierre de campaña solo aptos para hábiles con el teclado y las redes, que con todo su empeño convirtieron las Ventas en capital de la vulgaridad propia de la tan extendida escuela talanqueril. Pero bueno, ahí la cosa era no que las Ventas sufrieran tal afrenta, si no el que cada uno pudiera ir, guiados por ese espíritu tan poco edificante del “san para mí, que los santos no comen”. Mientras yo tenga mi entradita, allá penas, que hubieran tenido un wifi más potente o un bolsillo aún más todavía, para enriquecer a la reventa; siempre denostada, menos cuando soy yo uno de sus parroquianos. Pasó el mitin festivalero y cuando parecía que la cosa se iba a poner dura, nos ponen dos festejos que nos callaron la boca pensando que iba a ser el reinicio de la temporada. Si hasta se afirmaba que si una de Parladé, otra de… todo sabido de buena tinta. Pero nada, el tintero se vertió y seguimos nadando en el borrón. Unos acabaron decepcionados tras los dos festejos, quizá no tanto por el juego del ganado, sino por comprobar cómo el público, incluida parte de la cátedra, se rendía a la vulgaridad, a la superficialidad y al toro muletero, el que no existe durante los dos primeros tercios, como sus espadas, y asoma con todas sus limitaciones con la tela roja que un caballero medio agita sin dar un muletazo completo. Si la cátedra se desinfla y se pone de hinojos ante esta pantomima, ¿qué nos queda? Y mientras unos andábamos debatiendo por estos andurriales, Plaza 1, la CAM y demás satélites del poder, tan felices en sus casas. Ya saben, divide y vencerás.

Y ahora que parece que las cosas se vuelven a poner duras para los que mandan, ahora que se han alzado voces pidiendo explicaciones, que incluso han agradecido la celebración de esos dos festejos, que lo uno no quita lo otro, pero que siguen sin entender el por qué de que la plaza de Madrid siga clausurada, que ni entienden ni comparten el que el Director de Asuntos Taurinos no solo esté de brazos cruzados, sino que muestra un descarado alineamiento con los suyos, los que sistemáticamente se ponen frente al aficionado. Y ante esta inactividad, esta incapacidad, esta desidia se pide la destitución de este señor que lo más que ha hecho es decir que no sabe nada. Bueno, sincero sí que parece, pero… Y para una vez que se le ocurre algo, es deshacerse de quién no parece comulgar con sus estratagemas de malote del bloque. Pues vaya. Que como pacificador no tiene precio, igual que como gestor. ¡Ah, sí! Que si tiene precio, un pastizal que podría parecer poco si hiciera algo, pero tal y cómo funciona, un euro se hace demasiado.

Entonces había que calmar al personal, había que darle otro caramelito para callarles la boca. Pues ya está, soltamos posibles carteles de la feria de Otoño, para allá por el mes de octubre. A ver, echando cuentas nos ponemos en dos meses sin toros. Pero que aún hay más, que tales carteles son de los que gustan a los taurinos, a los de la tele, a doña Cristina Sánchez, la voz del taurineo, que cree a pies juntillas que esto es para ellos, para los que cobran y no para los que pagan. Las ganaderías de siempre, esas que a algunos tanto gustan porque van a la muleta y se hacen lenguas de la tontuna de esos borregos tan dóciles como aburridos. Y los espadas, pues eso, los de siempre, hasta dos veces. Lo que el señor Simón, los de la tele y los talanquerófilos consideran figuras. Pues que no pare la música; adelante con los faroles. Que si se trae al señor Ferrera, reciente accionista del Ringling Circus, a ver si ya de una vez enhebra el salto del batracio con el caminito de pasitos cortos para cobrar un bajonazo. ¿Y qué responden los grandes aficionaos? Pues que se vislumbran grandes cosas plenas de interés. Que el gran mérito de todo esto ya no es que se confeccionen carteles interesantes y del gusto de Madrid, no. Vale con que se abran las puertas de la plaza, como si esto fuera un pueblo que llevara años sin el festejo de fiestas en el que trasegar el primer mosto del año. Y los demás, los que sufren el cierre, los que exigen de verdad, no de boquillas, los que no quieren títulos de ningún tipo, pues viendo como todo esto pinta cada vez peor. Peor por los taurinos, peor por el ganado, el de siempre, peor por los coletudos, los de siempre y peor porque son testigos de cómo los que creían de los suyos, los que pensaban que pedirían el toro y demandarían el toreo, han cruzado a la acera de enfrente y se sienten más que satisfechos de poderse codear con fulano y mengano, que serán lo que serán, pero son buena gente. Lo que cambian las cosas con una pandemia, tres festejos en casi dos años y… Dejémoslo aquí, que tampoco es cuestión de hacer amigos. Eso sí, que nadie me tome el número cambiado y me crea de sus amigos mientras hunden algo que tanto he querido, tanto me ha dado la vida, tanta ilusión y felicidad me ha regalado y tanto ha llenado mi vida, aunque afirme, con todo el dolor de mi corazón, que es la hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda.

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lunes, 19 de julio de 2021

Reta de Casta Navarra, una revelación

 

Y la mansada de libro nos puso a hablar y discutir de toros, sin que nadie se atreviera a poner al otro de mentecato para arriba. 

Al fin, hacía un siglo que estos colorados no pisaban un ruedo y ya lo han pisado. Creo que deberíamos felicitarnos por ello, aunque no regodearnos en el logro que hay que reconocer al ganadero y su familia, por supuesto. Que no creo que ellos caigan tampoco en ese regodeo. Lo más probable es que se den cuenta, si es que no lo habían hecho antes, que seguro que sí, que están al principio de un largo y tortuoso camino lleno de piedras, baches y palos que muchos querrán ponerles en las ruedas, siempre con buena intención, por supuesto. He leído y escuchado mil y un comentarios sobre lo que sucedió en la placita de Ceret. Y todo se podría resumir en dos vertientes, la de los amantes del arte y emociones dulces y placenteras que abogan por alimentar el matadero con estas reses y casi hasta con toda la fauna y flora de la zona en que se cría este ganado. Bueno, siempre es bueno que haya diversidad de pareceres, ¿no? Pero enfrente están los otros, los que también buscan emociones, pero de las otras, emociones que te hagan saltar el corazón más allá de la coronilla y que no te deje aguantar en la mano ni las pipas, ni el yintonic, ni casi un abanico para combatir el sofoco y la calorina. Pero no se equivoquen, de estos últimos no he oído a nadie que elogiara lo de Reta como una gran corrida de toros. Los más benévolos hablan de ella como una mansada mala a reventar, que honestamente creo que fue como resultó. Pero todos coinciden en que no se aburrieron, casi afirman que se les hizo tan corta como larga a los de luces. Complicada, avisa, peligrosa, perdón, peligrosísima, pero que espantó ese aburrimiento que algunos quieren convertir en una de las señas de identidad de la fiesta y que solo lo es de esta Tauromaquia 2.0. Y curiosamente, lo que son las cosas, nadie habla de picos, de trampas, de echarse el toro para afuera, que claro que hubo carencias en los lidiadores, seguro, pero bastante tenían con estar ahí, como para encima ponerse bonitos. Que la majeza y la torería era el poder con eso que les echaron por delante. Si bien es verdad que los coletudos de hoy no tienen hábito para pechar con esto. Carreras de caballos por el ruedo, capotes al viento, los de los palos teniendo que encontrar toro allá dónde los colorados quisieran y si algo se les puede achacar a los matadores quizá sea que estos no están para derechazos y naturales. Pero, ¿se lo van ustedes a echar en cara? Yo, desde luego que no. No me atrevo, no me sale.

Y dicho todo esto, ¿nos apuntamos al primer grupo, el de los amantes del arte dulzón, empalagoso y vacío y pedimos que esto acabe en el matadero? Pues definitivamente, no. Además creo que esto no se puede comparar ahora mismo con nada. Esto es una circunstancia única que debemos contemplar con máxima atención. Hay que ver, esperar y seguir viendo y seguir esperando para ver cómo evoluciona todo esto. Que se escucha muy a menudo eso de la pureza, de si este tiene puro de tal o de cuál, incluso de ganaderos que llevan trabajando en la pureza desde que yo jugaba al gua y ya no puedo porque si me agacho, me troncho, pero que a lo más que han llegado es a echar un novillo bueno en Torremocha del Rey Matías. A ver si ahora resulta que hay que salvaguardar tal o cual encaste, por supuesto, pero tenemos que dejar morir a una de las castas fundamentales definitivamente. Que sí, que eso no es puro, que ha defraudado a muchos aficionados, que tiene difícil entrada en los circuitos habituales, pero, ¿quién se sorprende por ello? El mismo ganadero, Miguel Reta, lo tenía muy claro, que no ha engañado a nadie, ni ha pretendido crear falsas esperanzas. Quizá es el que más claro tiene todo esto. Y me dirán que qué porvenir se puede esperar después de la mansada de Ceret; pues muy sencillo, que al menos se está en el camino. Haciendo un símil con el Camino de Santiago, lo de Reta está saliendo de Estocolmo, pero se ve camino, se sabe que hay ir primero al sur y luego al poniente, que ahora mismo ya es bastante. Que no quiere decir que de aquí en adelante se le perdone todo, claro que no. Que sinceramente no creo que nos vayamos a encontrar al ganadero entreteniéndose en fiestas por Copenhague, ni desviándose a Moscú, Sebástopol o haciéndose la ruta del caviar. Que él sabrá cuándo y cómo lidiar, si novillos, si cuatreños, si las calles, pero habrá que ir viendo que cruza la mar para adentrarse en Alemania, que sigue guiado hacia el sur y Dios sabe cuándo llegará a Compostela. Que como él mismo reconoció, igual serán sus nietos los que lleguen al Monte O Gozo.

Si nos muestra ese deseo de seguir avanzando en esa dura pelea de recuperar una sangre, de cambiar la fiereza asilvestrada por casta y de buscar la bravura, ahí estaremos. Que habrá decepciones, seguro y muchas y más de las esperadas, pero creo que este esfuerzo hay que apoyarlo. De la misma forma que a medida que se avance ya no se podrá entender lo de las fundas, por poner un ejemplo. Igual que tampoco se explicaría que eso emigrara a Salamanca, Extremadura o Madrid. A ver si a mitad del viaje cambiamos el barco por el avión. Este experimento tiene que respetar, según mi opinión, todos los condicionantes que debe cumplir la Casta Navarra, que no es solo un tipo de ganado, un color de capa o unos pitones asó o asao. El medio también tiene su parte. Y ya les digo que ahora mismo no tengo ninguna prisa en volver a ver a Reta de Casta Navarra en los carteles; prisa, la que ellos necesiten. Eso sí, si los ponen, intentaré ir y si no voy, pues me moriré de ganas, aunque seguro que habrá quién me lo cuente muy bien contado. Que cosas tiene el toro cuándo aparece, que te llega alguien que ha visto toros hasta en los bailes de pueblo y te dice días después que aún está asimilando lo que vio. Quizá porque había mucho que asimilar de algo tan diferente para todos nosotros y porque el aficionado en cuestión busca, busca y rebusca y no se cansa de buscar respuestas a tantas preguntas que el toro nos plantea. Y es que nos pongamos como nos pongamos, esto es Reta de Casta Navarra, una revelación.

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martes, 13 de julio de 2021

Caligrafía taurina

 

Solo hay uno que engrandezca los bellos trazos caligráficos del toreo: el toro encastado, fiero e imponente. Y si es bravo o manso, pues eso ya es otra cosa.

Qué cosa más bonita que una letra bien hecha, clarita, las redondas bien redondas, las alargadas bien alargadas y estilizadas, como si casi tocaran el cielo. La caligrafía que han cultivado grandes artistas en todas las culturas y que convierten el escrito en sí en una obra de arte, a veces incluso sin un excesivo detenimiento en el contenido, pero bueno, todo sea por ese placer de ir recorriendo los trazos con la mirada. Calígrafos de Oriente, del Medio Oriente, anglosajones, medievales, modernos, contemporáneos. Ellos repetían una y otra vez textos religiosos, textos que alababan la prudencia, la humildad, que declaraban el amor a una dama. Y si será a tener en cuenta esto de las artes caligráficas, que sus anhelos de belleza se han trasplantado a otras bellas artes. Que no es cuestión de entrar en ellas ahora mismo, baste con centrarnos en el toreo.

El toreo, la tauromaquia como dice ya todo el mundo que no se acuerda de aquello de los toros, actualmente es un perfecto ejercicio caligráfico. Quizá con la diferencia de que se presta aún menos atención a los contenidos e importa muchísimo menos la repetición de estos una y otra vez, una y otra vez y… así hasta casi el hartazgo. Eso sí, sin que a nadie se le permita manifestar tal hartazgo, que ya saben, que si la educación, que si el respeto, que si el baja tú a ver si lo haces mejor, que si a mi torero ni me lo mientes. Pero sí, todo bonito, pero vacío y repetitivo.  El mismo libro, el mismo relato, el mismo cuento, una tarde tras otra. Evidentemente, se han cambiado los términos, se le ha dado la vuelta a la tortilla y aunque esté cruda, es la tortilla que tenemos. El fundamento sobre el que durante siglos se fue construyendo este edificio del toreo era, y debería ser, el poder, el dominar al toro, un toro fiero, encastado, bravo o manso y de imponente presencia. Y después, si el cielo y la providencia lo permitían, el arte se hacía presente. De forma caprichosa, repentina y por supuesto, inesperada. Pero, y aquí viene el pero, no sé quién, o sí sé quiénes, un día decidieron que el leit motiv de todo esto era el arte, el arte y nada más que el arte. Y entonces es cuando ese arte se llevó todo por delante. Si arrasaría con todo, que hasta lo hizo con el propio arte, el de verdad y no el amanerado, el que surge en los momentos de exigencia de los de luces y no este programado todos los días y que se pone en marcha a toque de clarines y timbales. Que ya digo, si al menos fuera arte de verdad y no esas pantomimas, si al menos sus artífices fueran artistas y no señores poniendo poses rayando en lo absurdo, por no hablar de ridículo, que igual eso podría sonar demasiado fuerte y destemplado.

En el toreo se ha olvidado el contenido de esta historia tan llena de verdad, que ciega con su resplandor, esta historia en la que solo los privilegiados pueden convertirse en actores y solo los héroes en sumos pontífices del arte. Ahora parece ser que nos vale con trazos a medios esbozar, con palabras inacabadas y con letras unas veces redondillas y otras picudas, achaparradas y desgarbadas. Nos vale con una caligrafía llena de adornos, ribeteada, con ápices retorcidos y desmedidos, aunque el contenido sea un pueril bla, bla, bla, bla. ¿Ustedes admitirían el “Teo va a la escuela o Teo va al parque o Teo va al zoo, con una esmerada caligrafía como candidatos al Nobel de Literatura? Quizá no le cabría en la cabeza ni al autor de toda la serie de Teo; Lo más probable es que se sintiera avergonzado, casi tanto como  lo orgulloso que pueda sentirse de empujar para que los críos se aficionen a la lectura. Pero no, en el toreo, en la tauromaquia al uso, los del parloteo vacío, los del “El maestro va la finca”, “El maestro da un trapazo” o “El maestro no ve un toro”, se ponen ufanos e hinchan el pecho como si lo ofrecieran en holocausto para cargarlo de condecoraciones de hojalata con crespones de plastilina. Eso sí, que cada uno se entusiasme con lo que mejor crean, con la caligrafía vacua o incluso con un remedo de caligrafía llena de borrones, pero dejen a los que no pasan por ahí y quieren algo más, quieren que ese libro que es el toreo les cuente cosas, cosas que les levanten del sitio, que les graben el tiempo en la memoria, que les hagan entender el por qué de su pasión, obras con letras de oro bañadas en la tinta bravía del toro, el único que puede engrandecer esa caligrafía del toreo y alejen de nosotros eso que tanto les gusta, salpicado de vulgaridad, de esta penosa y actual caligrafía taurina.

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lunes, 5 de julio de 2021

Apoteosis apoteósica postponcista

Puestos a elegir apoteosis con lo de Victoriano del Río, uno tiene sus preferencias


Si queremos entender lo ocurrido en la segunda de la temporada madrileña, la que dicen algunos que es el cierre de las Ventas hasta Otoño y… Aunque el señor alcalde en mitad de su halo de multitudes, se ha atrevido a asegurar que para la Paloma habrá un cartelón. No sé, le creeremos, aunque aquí ya promete enormes festejos hasta el que vende horchatas en el Prado. Pero hablábamos de entender lo sucedido en este festejo. Y a ver si me sé explicar; que seguro que no guste mi explicación y mucho menos a los entusiastas que han jaleado a Emilio de Justo, por momentos a Antonio Ferrera y en más de un caso a los pupilos de don Victoriano del Río. Pero miren, si resulta que Enrique Ponce se ha mantenido como máxima figura, como maestro de maestros, sin haber dado un natural en su vida, sin saberla tomar con la zocata, pues lo mismo puede pasar que a un señor se lo lleven en volandas después de cortar tres despojos sin haber completado un solo muletazo o quizá uno, que tampoco hay que ponerse tiquismiquis.

Tarde de “no hay billetes”, que tanta expectación había despertado el festejo, que la empresa, siempre con la anuencia de la CAM, puso en marcha no un 2x1, sino un dos para uno. Tú quieres una entrada, pero tienes que sacar dos. Que vivales estos de Plaza 1 y claro, ya que has planificado el fin de semana con festejo “tauromáquico” incluido, pues hala, se saca uno dos entradas para él solito y andando. Que si miramos el tiempo que ha durado la corrida, tampoco les ha salido caro el minuto. Y si miramos por los ratos de entusiasta verbena orejera, les ha salido a precio de saldo. Eso sí, si lo miramos por las gotas de toreo…Pero que no seré yo el que niegue el entusiasmo al personal. Si es que parecía que era para celebrar la nueva línea ferroviaria entre Madrid y Zafra.

Don Victoriano del Río ha echado seis torazos, que a nada que hubieran puesto el festejo a las nueve de la noche y no a las siete, ya se pasaban de edad. A puntito, a puntito de los seis años cumplidos. Que si tarda un poquito más el de la cal en pintar las rayas, ya digo, se pasaban. Que esa es buena, rompe el paseíllo y las rayas sin pintar. Que tampoco es tan grave la cosa, aunque los haya habido que se han indignado más por lo de los círculos, que por el destoreo y desordenes durante la lidia. Que yo les entiendo, porque una raya siempre es una raya y no es para tomárselo a chufla. Pero allí estaba el director de lidia, dispuesto a detener una ovación que aún no había comenzado, para ordenar que saliera el del carrito.

Antonio Ferrera venía con ganas de sorprender, aunque para ello fuera necesario… ¿sacar el caballo a los medios? Que ¡ojo! No era algo premeditado, primero no se pintan las rayas y luego, pasándoselas por ahí, saca al penco al platillo. Curioso. El entusiasmo fue general. ¡Qué cosas! Y así son los genios. El de Cortés empujaba más cuándo veía al fondo los toriles, que al revés, que entonces prefería tirar derrotes al peto. Que el motivo él lo sabrá, igual que sabrá por qué volvió a cerrar al caballo. Que daba lo mismo el sitio para que el de Cortés se fuera del peto. Bien lidiado por Chacón, con pocos y delicados capotazos. Ya con la pañosa, Ferrera empezó pegando tirones por abajo, para continuar con la izquierda. Acelerado y teniendo que recolocarse a cada muletazo, pico y retorcimientos, pero sin parar quieto ni para respirar. Hasta parecía que el toro se le iba a venir arriba; permitiendo que le tocara demasiado la tela, pero el personal no estaba por dejarse influir por estas naderías y si no llega a ser por un sablazo que hizo guardia, nada habría podido con aquel buen ánimo del respetable. Y es que citar de lejos a recibir y no aguantar el tirón, tiene estas cosas. En su segundo todo el mundo esperaba que cambiara su signo. El cornalón del señor del Río empujaba con un solo pitón mientras le tapaban la salida. Fue una segunda vez, suelto y al hilo de las tablas. Paletillazo. Le dejan a su aire con un segundo tercio para ponerlo cuando los ánimos estén demasiado exacerbados cuando la vulgaridad asoma. Les aseguro que un tercio de banderillas así hunde al más pintado. Desastre mayúsculo y el ruedo sembrado de palos con papelillos de colores. Le costó a Ferrera encontrar el sitio, para acabar frente a toriles, fuera de la segunda raya, que no sabría dónde iniciaría el trasteo, si no hubieran mandado pintar las rayas. ¿Se dan cuenta? ¡Ojito con las rayas! El animalito acudía a paso de burra, con un aire mortecino que recordaba a los mulos de los carros en la siega. Pero allí se puso el espada a componer la figura entre desmayado y cansina. Vulgar, amanerado que no estético, muy en Ferrera 2.0. Trapazos que no llegaban ni a medio pase, suspiros más bien. Pero de nuevo ese ponerse a una larga distancia exagerada e injustificada que a poquito que te equivoques pegas un bajonazo pescuecero más propio de carnicero que de matador de toros. Que está muy bien innovar, por supuesto, pero cuidado con caer en el ridículo. Por favor. al que hacía quinto incluso fue capaz de recibirle sacando los brazos, pero a poco llegaron los mantazos en terrenos del cinco. Sin cuidar el primer tercio, primero fue al relance y a continuación se fue suelto al caballo. Empezó el de don Victoriano mostrando fijeza y queriendo empujar. Emocionante tercio de banderillas, con un Chacón dejándose llegar mucho al toro. Buena tarde del torero. Ya en el tercio de muerte, Ferrera se vio desarmado en los primeros compases, reduciendo su trasteo a merodear alrededor del animal. El paisanaje no pudo divertirse, que es lo menos que se puede pedir en esto de la “tauromaquia” ¡Ah! Y emocionarse, claro, eso que no falte.

El que sí que provocó el entusiasmo y trajo diversión a raudales fue Emilio de Justo. Capotazos de recibo por abajo, pero sin lograr fijar al toro, para proseguir con chicuelinas, que ya me dirán ustedes. Y así se fue suelto al caballo que guardaba la puerta, para recibir una vara en mitad del lomo, sin que nadie hiciera por sacarlo de allí. Eso sí, siempre hay quien grita eso de “levanta el palo”, pero pocos los que gritan “sácalo”. Hubo un conato de desafío en quites entre los dos actuantes, pero… El animal esperaba un poco en banderillas y se dolía de los palos, pero ya digo, tampoco hay que ponerse tiquismiquis, ¿no? Trallazos por abajo al iniciar la faena, para proseguir con la diestra tirando de pico y permitiendo demasiados toques del engaño. Igual con la zocata, siempre pico, echando el animal para afuera y sin rematar jamás un muletazo. Quitaba el engaño y a rectificar terrenos una y otra vez. De Justo no era capaz de enjaretar ni medios pases, lo cual ya habría sido un logro, pero el personal estaba por soltarse el pelo y lo del toreo le importaba más bien poco o nada. Entera bastante caída y el primer despojo de la tarde. Esto iba sobre ruedas. Al cuarto le recetó unos mantazos de recibo, perdió las manos y allí lo dejó, que pasara el siguiente. En el peto el animal se limitó a dejarse, sin más, y si acaso a tirar algún derrote. Nuevo mitin en banderillas, cambiando el usía el tercio con tres palos, pero aquello ya no había cristiano que lo parara. Trallazos con la derecha por abajo, por ambos pitones, siendo el de pecho lo más destacado. Sinfonía de trapazos atravesando el engaño, pico, pico y más pico, muletazos apelotonados, al izquierdo y echándoselo para afuera, enganchones y venga para afuera, sin completar en ningún momento un muletazo, sin mandar nunca en la embestida del toro que no se cansaba de acudir a la cita con lo rojo. Que igual es cosa mía, pero quizá el de Victoriano se merecía mucho más toreo que esos cuartos de pases que de Justo no se cansaba de pegarle. Y el éxtasis llegó cuando tiró el palo al suelo. Quizá fuera lo más consecuente, pues tampoco es que le diera demasiado buen uso a la espada de mentira, eso que los finos y elegantes llaman ayuda. Entera desprendida y la locura. Dos orejas, vuelta al ruedo y romería a Guadalupe para ponerle la guinda a semejante y gloriosa verbena. Y que después de esto algunos enarbolen la bandera de la pureza… Al grandullón que hizo sexto le recibió, más que toreando, merodeándole. Por dos veces se fue suelto, la primera de punta a punta, al caballo reserva, del que escapó en el primer encuentro. Capotazos y más capotazos para llevarlo al de tanda, que se ganara el jornal, ¿no? Puyazo trasero y dándole sin medida. Para concluir, muletazos de uno en uno, enganchones, una tanda de medios pases con algo de ligazón, siempre por alto, despegado y sin limpieza. Un derechazo lento, a la velocidad que marcada el toro y más largo, que levantó las glorias y vítores en la masa. Pero siguió con los medios pases, en los que a mitad de muletazo el burel iba por aquí y la tela por allá, pero no importaba, porque lo que importa es la composición, a ver si nos damos ya cuenta. Entera que le obligó a coger el verduguillo, mientras que los fans ya estaban tomando posiciones para la apoteosis. Y que alguien me niegue el mérito de un triunfo tan colosal sin haber completado un muletazo, si acaso uno. Pero claro, para alcanzar los méritos de Ponce, al que ya hemos despedido indefinidamente, sin haber dado un natural, aún le queda rato. Pero que nadie nos quite el gozarla bien gozada con esta apoteosis apoteósica postponcista.

domingo, 27 de junio de 2021

Volver, volver, volver, que dos años no es nada

Que vuelvan los toros y el toreo a la plaza de Madrid


Después de vueltas y vueltas por el barrio de Ventas, subida por Bocángel, Pedro Heredia, Marqués de zafra, daba lo mismo la calle, hoy era un día como cualquiera, con una pequeña diferencia, hoy era un día especial, todos volvíamos a casa después de un exilio forzado. Esas calles que han vivido largos meses de pesado sopor, casi pesadillas de abandono, han vuelto a vivir, a respirar a pleno pulmón; las mascarillas no eran obstáculo para que nos llenáramos los pulmones de ganas por volver a vivir una pasión, nuestra gran pasión. Madrid despertaba de nuevo. Tras mítines absurdos y excluyentes, ferias ajenas disfrazadas de isidrada y funciones de toros aquí y allá, Madrid, nuestra madonna, ha abierto sus brazos para recibirnos como las abuelas reciben a los nietos, como las madres recibían a los hijos al volver de la mili, como se abrazan a los niños al salir del colegio enloquecidos contando lo que han hecho en clase. Sí, hoy nos has vuelto a acoger. Has procurado que no se notaran ni restricciones, ni geles, ni mascarillas, porque los tuyos volvían a casa. Dos años y esta plaza nuestra, las Ventas, ha querido que pareciera como si hubiéramos estado la tarde anterior. Como una madre amantísima, quería que nada nos fuera extraño, que todo estuviera tal y cómo lo dejamos en su día. Claro que había extrañas sensaciones, pero ella, nuestra plaza, como siempre, ha querido que nos sintiéramos como en casa, porque ella es nuestra casa, pasen dos, diez o veinte años, que ya se sabe, si veinte años no es nada, ¿Qué son solamente dos? ¡Caramba! Medio suspiro.

Y me van a perdonar, porque tengo que confesar que en algunos momentos, algunos hemos pecado de irresponsabilidad y no hemos podido aguantar el pegarle un abrazo a esos con los que hemos hablado por las redes en estos dos años. Pido perdón y si me lo permiten, una pizca de comprensión. Y los abrazos que han quedado pendientes. Nos mirábamos y cómo tontos solo sabíamos que sonreír y contarnos la satisfacción que suponía el reencuentro. Y es que a veces, aunque riamos como tontos, lo más inteligente es no decir nada, porque esa sonrisa lo dice todo. ¡Estábamos en los toros! Uno en su tendido, otro en su delantera, otro en la grada, otro… daba igual, estábamos en los toros. Que daba igual que con uno o con otro habláramos casi a diario, pero no en día de toros. Y no me pidan que les dé más explicaciones. Llegar a mi sitio, mirar a esa piedra en la que tantas veces se maceraron nuestras grupas. Aquella piedra compartida con tantos que ya no están, aquella piedra a la que me llevó mi maestro, mi guía, el que me enseñó a todo en la vida y por supuesto, no a entender de toros, que eso…, pero me enseñó a entender los toros, como me enseñó a entender la vida.

Pero si de una tarde de toros estamos hablando, habla que hablar de toros, ¿no? Pues esto ya se me hace un poquito más cuesta arriba. Que sí, ya sé que es materia obligada, pero igual si me pongo a intentar hacer una crónica al uso, puede que nos internáramos en unos territorios menos gratos. Era una de Victorino ¿Recuerdan cuándo estos eran garantía de casta, de que el toro se haría presente en cualquiera de sus múltiples matices? Pues sigan haciendo memoria. Los de don Victorino Martín de la actualidad y los de esta tarde en particular, podrían pasar por muchas cosas, pero desde luego que no como ganado encastado y con poder. Si el presidente hubiera estado en lo que se celebraba, igual habría echado tres o cuatro del encierro de vuelta para los corrales. Fea imagen la de un toro de lidia peleando por mantenerse en pie y si encima van herrados con la “A”, para qué más. Cinqueños con estampa, pero con casi nada dentro. Solo dos se podrían salvar de la quema, el cuarto que salió para Manuel Escribano y el quinto, segundo de Sergio Serrano. El primero con poder, un poder que sobrepasó a su matador, un animal que pedía mando, que tenía que torear y que no admitía trapazos, exigía un torero que hiciera el toreo. Iba allá dónde le ponían el trapo y si este se lo dejaban colgando, cabeceaba. Si el trapo corría, él corría, pero claro, el llevarle de aquí para allá no es torear. Eso sí, ese ver a Escribano desbordado, el tener que rectificar los terrenos a cada trapazo daba sensación de peligro en el público, que creyó estar viendo a Cocinero y al Guerra cara a cara. Nada más lejos. Habrá quién viera casta en ese Victorino, pero yo me hago una pregunta: ¿esa supuesta casta habría permitido tantas y tantas perrerías a las que le sometió el sevillano? Pues igual con dos gotitas de casta, aquello habría acabado de una forma mucho más lamentable. Una lidia sin orden alguno, dejando al toro a su aire, si bien es verdad que se arrancó al caballo con alegría en el segundo encuentro, pero, ¡caray! Cómo escapó del penco yéndose suelto. Luego vino una sinfonía de trapazos, banderazos, dándole distancia de inicio, pero si el animal pasa por delante y por detrás, ¡ay cómo pase por detrás! Ahí viene el disloque padre. Lo de las carreras, la tela atravesada, la incapacidad para dominar aquella codicia, el no saber mandar, darle lo que pedía, eso daba lo mismo. Entre trote y trote el espada intentaba cazar un muletazo, uno aquí, otro allí, otro más acá, ahora se me echa encima y me tengo que abrazar al lomo, enganchón va, enganchón viene y entera allí dónde la providencia le diera a entender. Eso sí, el pueblo en libertad pedía la oreja. Que digo yo que igual que hay libertad para pedirla, habría libertad para intentar poner un poquito más de interés en esto del toreo, ¿o no?

El otro potable, si se puede decir así, le correspondió a Sergio Serrano, al que, como a sus compañeros, no se le podía negar la voluntad, aunque no solo de voluntad vive el toreo. Se esmeró en llevarlo al caballo y ponerlo en el sitio, pero claro, a los otros dos matadores nadie les debió decir que en el primer tercio, aunque se esté apartado del caballo no hay que estar venga que me coloco y recoloco el capote. ¡Tate quieto, niño! Lo puso una segunda vez Serrano, dándole distancia. Bueno, ya digo, voluntad no faltaba. Que eso de ponerlo de lejos, y más a un Victorino, anima que no veas. Da un subidón, subidón, que no importa que el animalito no vaya, mire para acá, para allá, los del capote bailando el twist, el toro dando pasitos, pasito a pasito y a dos metros decide arrancarse. El delirio. Eso sí, de castigo no hablamos. Que aunque el de aúpa, Tito Sandoval, mueva el penco, intente torear y ponga todo de su parte para lucir al toro, no quiere decir que este sea ni bravo, ni bueno, ni nada de nada. Luego Sergio Serrano empezó con trallazos por abajo, el toro los tomaba, muletazos por el derecho con el pico a todo lo que daba y en todo momento, pero sin conducir él la embestida. Acompañaba, pero no toreaba, medios pases en línea, acoplándose al paso cansino del animal, pero sin mandar jamás. Por el izquierdo se le quedaba, pero daba igual, pico, pico y de postre más pico. Y el animal saliendo de los trapazos con la cara alta, como si fuera un burro en la noria. Todo un repertorio de destoreo propio de la modernidad y de esas plazas de Dios en las que la diversión se reparte en redomas forradas de enea. Una entera y el de don Victorino buscando la puerta de toriles para doblar. Pero daba lo mismo, el personal entusiasmado aplaudía a rabiar, como si allí se estuviera despidiendo un barrio. Si hasta hubo entusiastas que pedían la vuelta al ruedo a aquel animalito. Luego la oreja, que solo servía para que tardáramos más en irnos a casa a refrescar la campanilla antes de que le dieran el título de lija del tres.

Y Jiménez Fortes, pues en fin, poco que decir. Él aporta más bien poco y si encima le tocan dos flojos animalejos para los que el mantenerse el pie ya era una verdadera hazaña, pues ya me dirán. Eso sí, ni los inválidos, ni los mochuelos descastados impiden al malagueño ponerse pesado y demostrar su incapacidad hasta para cuadrar un toro y despenarlo a él y a los demás evitarnos alargar el tedio. Pero les digo una cosa, al salir, cosas de la vida, algunos salían satisfechos porque había habido despojos y otros, a pesar de todo, porque habíamos vuelto, porque nos había recibido nuestra plaza de nuevo, porque nos había abierto los brazos de par en par y por ese abrazo apretao, apretao. Incluso por permitirnos un poquito de irresponsabilidad para poder encontrarnos con esos con los que tantas veces hemos comentado tardes de tedio y compartido tardes de gloria. Porque hoy pasara lo que pasar, era el día para celebrar el volver, volver, volver, que dos años no es nada