sábado, 25 de septiembre de 2021

Lalo la lona


A puntito han estado de tener que torear en las marismas, porque parece que nadie avisó al operario con un Lalo la lona.

Si calculamos la circunferencia de la Tierra, después el radio de esta en el vértice de un triángulo rectángulo cuya área es el cuadrado del número áureo multiplicado por la fecha de cumpleaños del que ordenó que se quitara la chepa del ruedo de Madrid, porque si no él no toreaba, el resultado nos da la fecha del inicio de la feria de Otoño postpandemia, pero leído al revés. ¿El resultado final? Pues que si lo consultamos para extender una lona sobre la arena de las Ventas, como caigan cuatro gotas se nos llenará de agua y barro hasta los tobillos y nos podremos hacer la ilusión que estamos en una playa de Cádiz con la marea baja. Eso sí, no pretendan después que nadie les cuente lo sucedido en esta primera de feria, porque ya saben, con marea baja no se puede torear.

Son temporadas de ciclones, de huracanes y de galernas en el Cantábrico… pero no en Madrid. Que bueno, que sí, que llovió de noche con fuerza, pero tanto, tanto y tanto tiempo como para que se inundara el ruedo venteño, no sé. Que en otras ocasiones ha caído mucho más, durante más tiempo y sin dar un segundo de descanso, pero la cosa no desembocaba en catástrofe como ha ocurrido en esta que inauguraba la feria de Otoño. Igual es que… A ver, pensemos un ratito. Que lo mismo era que antes… va a ser eso. A ver si la cuestión es que el ruedo se desalojaba de agua más rápido gracias a la chepa que desde los medios bajaba hasta debajo de los estribos de las tablas. No me digan que aquella chepa servía para algo; para algo tan útil como que no se formaran charcos por toda la plaza sin que estos fueran absorbidos por el drenaje del que tan bien se hablaba por todos los rincones. del orbe taurino, pero se le antojo al señor de la Puebla que la quitaran, para él no volver después por aquí. Así es el señor genio.

Faltaban unos minutos para las cinco de la tarde y allí andaban unos señores operarios empujando el agua para acá y para allá por encima de la lona. No había que preocuparse por el agua, pues la lona habría hecho su función a la perfección. Pasadas las cinco el que parecía que mandaba más que nadie decidió que había que atacar la lona. Tú de aquella esquina, vosotros al medio, tú y tú al otro lado y ahora… ¡Vamosss, todos a la vez! Empezaron a plegar la lona Todo estaba controlado, no pasaba nada porque unas gotitas de nada resbalaran hacia la arena. Lalo, que igual unas gotas, lo que se dicen unas gotas… lo mismo… Seguían plegando y venga a verterse agua o quizá es que ya estaba vertido. La lona iba desapareciendo y a medida que el plástico blanco desaparecía los charcos nos miraban a los que ya estábamos en los tendidos como diciendo: ¡Qué bien cubro! Traedme el mundo que lo tapo todo. Se iba acercando la hora del festejo; si hasta el sol picaba y todo. Se avecinaba una gran tarde de toros. La lona ya era solo un mal recuerdo. Entonces comenzó la sesión de volquetes y excavadoras entrando y saliendo con su carga de arena para tapar aquella marisma de Bricomanía, hecha en casa. El tiempo avanzaba y allí seguían aquellos señores jugando en la arena. Que porque amenazaba lluvia, que si no, la cosa estaba para montarse un campeonato interbarrios de castillitos de arena. Huy, casi las seis y los vehículos venga a traer arena y más arena, que otros caballeros extendían sobre los charcos, pero el barro seguía allí. ¡Atención! Van a hablar. Ah, sí, que las practicas van de tal a cual hora. A cada vez que hacía su entrada una de estas máquinas, el público reaccionaba con júbilo. Uno y otro y otro, pero nada, que no. Las seis y ni las rayas se podían pintar, que la cosa era más de poner boyas, que de pintar rayas en el suelo.

Mensaje por megafonía, que traducido era: Esto es un infierno y no se ve el fin. Y venga a pelearse con el barro. ¡Atención! Alguien decide modificar la estrategia, más máquinas acarreando arena, más palas esparciéndola, uno con dos palas, más arena, venga arena, ¡traed arena, es la guerra! Nadie sabe cuánto se demorará el comienzo, han dicho unos minutos, pero no cuántos. Lo mismo parecían pararse aquellos señores provistos de palas, que aceleraban el ritmo. Y cuando el personal ya se estaba desesperando de tanto esperar, al fin, como caídos del cielo, aparecen los tres espadas por la puerta del patio de caballos. Ahora, ahora sí que sí, esto se arregla en nada y menos. ¡Oh, oh! Empiezan a caminar por el ruedo, se les hunden los pies en aquel lodazal, gestos con la mano, gestos con la cabeza, atraviesan el ruedo; ¡huy! Que esto no pinta bien. Paran las palas, las máquinas. Se ponen a quitar barro desesperadamente, pero nada, la suerte estaba echada. Que se aplaza el festejo. ¿Se aplaza? ¿No es suspensión definitiva? No, solo se aplaza. Que más bien parecía que tanto despropósito buscaba la suspensión, pero no. ¡Oh sorpresa! Y la pregunta es: ¿No podían haber aparecido los actuantes a la hora del festejo y evitarnos la espera? Era evidente que allí no se podía torear, pero lo que también parecía evidente es que no se había tomado ni una medida efectiva para que allí se pudiera torear. Más bien daba la sensación de todo lo contrario. Pues nada, habrá que esperar una tarde más y quién quiere ver el remiendo de Jandilla y Victoriano del Río, con Urdiales, Manzanares y Ureña, que espere al ocho de octubre, que seguro que hará mejor tiempo, ¿no?. Aunque ya nos podríamos dar con un canto en los dientes si de aquí para entonces han aprendido a poner bien y a quitar mejor la lona y que no haya que andar con eso de Lalo la lona.




martes, 21 de septiembre de 2021

La responsabilidad del aficionado

Aunque no lo parezca, el aficionado no es del todo una masa a la que se pueda llevar de aquí para y zarandearla a gusto del poder. 


Es algo sabido y resabido que cuando las cosas se tuercen, unos intentan buscar soluciones y otros se conforman con buscar culpables, que por supuesto siempre son ajenos a ellos mismos. Que se les incendia la casa y la culpa no es que una velita aromática prendiera en las cortinas, sino de los cortineros que no utilizan tejidos ignífugos, como la piedra, el agua, la nada estampada; se les inunda el baño y la cuestión no es haberse dejado el grifo abierto, sino que este no tenía un dispositivo inteligente que o bien cortara el agua o que gritara “¡Te has dejado el grifo abierto, melón! Que no sé si será condición del ser humano, del carácter hispano o cosas del tan extendido infantilismo, del “señorita, yo no he sido”, pero resulta que esto ocurre también, faltaría más, en esto de los toros. Es más, es acepado incluso por los que en principio pueden resultar más que afectados de las tropelías y desmanes de los que mueven los hilos de este gran teatro de títeres.

Que ahora resulta que los señores taurinos se quejan de que no se llenan las plazas. Tantas ganas de toros y resulta que el aficionado no se ha tirado en desesperada estampida a las taquillas del mundo. ¡Será posible! A ver dónde están esos que clamaban por los toros, porque se abrieran las puertas de las plazas del mundo. Que tenían que sacar los boletos de seis en seis, para que los empresarios y taurinos en general se quedaran a gusto. Eso es lo que deberían hacer. Pero un momento, paremos un momentito, no vayamos tan deprisa. Que lo que el aficionado pedía a voces eran toros, que no es lo mismo que reclamar el ir a los toros. Y me explico. Para ver toros es imprescindible ir a los toros. Eso lo entendería hasta… cualquiera. Que eso de ir a la plaza está muy bien, incluso para algunos, muy bien. Que si comidas, copas antes, copas después, macrodiscoteca en las Ventas al finalizar los festejos, pero que no se nos olvide que esto es una gamba en la paella. Que esto no puede ser el motivo, sino que el origen debe ser, debería ser, el toro. Y si se anuncian unos carteles, como los de la feria de Otoño de Madrid, ya puedes dar canapés a la entrada, a la salida y en el medio, que es muy difícil que la gente vaya sin más.

Pero volviendo al principio, no podemos pensar que el aficionado no va porque no tiene palabra o porque no cumple con su sagrada obligación de sacar el abono a costa de lo que sea, a costa de que le anuncien unos carteles más para el gran público y para la gran plaza de la televisión, que para la plaza de Madrid. ¿Qué pretendemos, que cada abonado saca entradas para todo el portal, calle o barrio? Que los que se quejan tanto del no cumplimiento del aficionado con ese sagrado compromiso, podían pararse a pensar y lo mismo es que han puesto una velita encendida junto a las cortinas de la afición o que se han dejado el grifo abierto y ha permitido que la fiesta, nuestra fiesta, se vaya por el desagüe, mientras se buscan culpables a los que cargar el mochuelo de este desmadre taurino.

Que no confundamos los términos, que no es lo mismo querer ver toros, que querer ir a los toros. Que cuando aquellos faltan, lo demás sobra. Que no nos pongamos en modo empresario y pensemos que con los esfuerzos que han hecho para dar esta feria, ahora la afición no responde. ¡Noooo! Quizá mejor pidamos a los que mandan que se pongan por un momento en nuestro lugar. Que igual es momento para que pensaran en que hab confeccionado unos carteles que no son para Madrid, lo que evidencia su absoluto desconocimiento de lo que es esta plaza, con un ganado que no es que no agraden, es que indignan, con toreros a los que últimamente se les ha querido preparar un triunfo absolutamente artificial, para justificar su contratación. Que sería bueno qué pensaran en la forma en que han puesto a la venta los abonos, con colas interminables en el primer momento, quizá no tanto por querer ir a los toros, sino por garantizarse cada uno el poder ir a su sitio de siempre o lo más próximos a él. Sí es verdad que se podían sacar los abonos por internet, pero… A ver, un minuto de reflexión. Si vemos el perfil de gran número de aficionados, mayores, prototipo de eso que llaman la brecha informática, ¿aún esperamos que hagan un curso acelerado para sacar su abono? Personas que a lo mejor tienen sus abonos de temporada, más accesibles, de andanada y que ahora pretendemos que se pongan a enredar por las redes, que paguen la entrada más cara de lo habitual y con el sobrecoste de la gestión. Mucho, ¿no? Y que la no obligatoriedad de sacar el abono les ha hecho ver el cielo abierto, todo sea dicho de paso. Pero claro, si quieren, ellos o quién sea, ir una, dos o cuatro tardes en fines de semana diferentes, se ven obligados a sacar el paquete completo del fin de semana. Todo facilidades. ¿Y todavía la gente se asombra y se indigna porque el aficionado no ha volado a sacar sus entradas? Pero, ¿estamos tontos? ¿Tan estúpidos nos creen? ¿Hasta dónde creen que llegan nuestras tragaderas? Un poquito de mesura, de sentido común y reflexionemos profundamente sobre cuál es realmente la responsabilidad del aficionado.

 

Enlace Programa Tendido de Sol del 19 de septiembre de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-19-audios-mp3_rf_75649417_1.html

 

martes, 14 de septiembre de 2021

La fórmula maldita

 

El ingrediente principal de esta fórmula maldita al que pocos quieren delante

En esto del toreo se pasan la vida queriendo inventar las sopas de ajo y aún no han llegado ni a enterarse de que hay que prepararlas con ajo. Quizá porque no les gusta el ajo, que es algo que puede pasar. Están que si innovar, que si no sé qué de modernizarse, que si adaptarse a la sociedad, pero no llegan a ninguna parte, porque los taurinos ni quieren innovar, ni modernizar, ni preparar sopas de ajo. Lo que ellos buscan incesantemente es cómo hacer esto más cómodo a los de luces de su escudería, cómo co0nseguir que los que crían animalejos descastados puedan producir más para sus toreros y ya de paso, meter debajo de la alfombra sus miserias, hacer desaparecer todo lo que pueda incomodarles y poner en peligro su negocio y gracias a la tele, con los telepredicadores televisivos, extender por el mundo su doctrina del medio toro, del toro mentiroso y la fiesta verbenera, triunfalista y más mentirosa aún.

Que lo mismo ustedes piensan que cómo es posible que desprecie la innovación y la modernidad así, con esta soltura y sin pararme a pensar un minuto. Pero claro, juzguen ustedes mismos. Que ahora la modernización es más estética y formal, que ética y de fondo. Lo primero, nos olvidamos del toro; y luego nos centramos en lo aparente. Nos ponemos a inventar que si una corrida picassiana, en la que lo único que se varía son los trajes, que no se crean que salen toros y toreros cuadrados, con los dos ojos en un lado y con manos desproporcionadas con los dedos gordos como morcones. Que si la magallánica, que si la pinzonizana, que si… y allí ni un nudo marinero te enseñan. De nuevo, toda la innovación es disfrazarse. Que no es que uno esté en contra de este tipo de conmemoraciones, ni mucho menos, pero que no me lo vistan como la gran innovación de la fiesta. Que cualquier día van a inventarse la corrida disneyniana y me veo a los toreros vestidos Micky, Pluto o el Pato Donald. ¿Se imaginan? A mí me cuesta. O la corrida marxista y ya estoy viendo a Ferrera, Perera y el Juli de Groucho, Harpo y Chico; y repartan ustedes los papeles. Pero tranquilos, que nadie dice “na de na”, todo vale, porque es moderno.

Eso sí, no se le ocurra a usted pensar en montar una feria, de novilladas, por poner un ejemplo; que primero anuncia el ganado, con hierros de esos que quitan la ilusión a los chavales, uno de un encaste, otro de otro y así hasta cubrir los días que se programen y después, una vez anunciados los toros, se ponen a buscar los que irán en cada terna. Lo cual está muy bien, porque así los de luces no se tienen que preocupar de llevar los toros debajo del brazo. Se les libera de esta tarea, ¿no? Que no es justo que los actuantes se tengan que preocupar por lo que van a torear, que bastante tienen los pobres. Que a lo mejor no hay que ponerse a innovar tanto, ni a buscar la modernidad por todas partes. Que, ¿dónde estará la modernidad? No lo sé, pregúntale a tu padre que lo guarda todo en el trastero sin preguntar.

Aunque no sé si algunos prefieren eso de las innovaciones y modernidades, porque eso de anunciar primero las ganaderías y luego que cada uno apechugue, parece una fórmula maldita que solo satisface a los que no gozan y se deleitan hasta el éxtasis con el arte artístico. Y lo que son las cosas, esta fórmula, maldita por supuesto, tiene cabida solo cuando no asoman por los carteles los figurones y rara vez, solo excepciones, en plazas de postín. Esto es ya costumbre en pueblos que, llenos de orgullo, organizan sus ferias de novilladas. Pueblos que meterían en media plaza a todos los habitantes del pueblo, pero que curiosamente llenan prácticamente todas las tardes. ¿Y cómo es eso? Pues muy sencillo, que será cosa de esa fórmula maldita que atrae a esa gente extraña que se regocija con el toro, que son capaces de dejar la familia, cónyuge, niños, suegros y cuñados con la paella en su punto, cogerse el coche y hacerse una montonada de kilómetros para encontrarse con su amante: el toro. Que, aún siendo novillos, ofrecen seriedad y no desmerecen el llamarse toros de lidia.

Pero claro, lo que los taurinos oficiales no pueden permitir es que esta fórmula maldita cunda ejemplo, no vaya a ser que aparezcan por ahí alcaldes y ayuntamientos que decidan hacerla suya y que obliguen a los de luces a ganarse el pan con el sudor de sus taleguillas. Sudor que por otra parte hace sentirse orgullosos a los que después de una tarde de toros salen a pie y sabiéndose vencedores ante el toro, pero el toro de verdad. ¿En contra? En contra hay muchos y a veces se ponen tan fuera de si, que pierden los papeles, las formas, la dignidad y la torería, aludiendo a cosas que dan grandeza a la fiesta, pero que ellos no las practican. Eso sí, quizá solo hay una vía posible para conseguir que esto no se nos vaya por el desagüe y esa no es otra que la fórmula maldita.

 

Enlace Programa Tendido de sol Hablemos de Toros del 12 de septiembre de 2021:

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jueves, 9 de septiembre de 2021

La nueva tauromaquia

 

Cualquier cosa del pasado acabará pareciendo un sueño

Renovarse o morir, decían los sabios. Pues nada, nada, a renovarse. Que si todo el mundo dice que esto de los toros está desfasado, parece que el acuerdo inicial está asegurado y que todo el mundo estará abierto a nuevas opciones de divertimento. Porque claro, esto parece más que necesario, pues esos mismos que piden renovación no paran de cavilar fórmulas que aligeren una tarde de toros. Que si hace falta se pasa de seis a cuatro toros, que ya que nos ponemos, que eliminamos lo de los caballos con faldas y, ¿por qué no? Se puede instalar una parrilla con panceta, sardinas, y alitas de pollo para que el respetable entre y salga a buscar la pitanza.

Pero yo les rogaría que no frivolicen con esto de la renovación de la fiesta. Hay algo más, no nos pongamos límites. Porque no podemos abstraernos de usos que en la actualidad se van abriendo paso decididamente y que, aunque ahora no nos demos cuenta, pueden venir para quedarse. Todo sea por dinamizar esta fiesta tan nuestra. Lo primero de todo, hacer un pequeño cambio en la denominación. Que uno recuerda a sus mayores cuándo hablaban de ir a los toros, de su gusto por los toros, de los periódicos de toros, incluso de programas de televisión que se llamaban “Revista de Toros” o de radio, como “Los Toros”. Pues ya es hora de cambiar, ¿no? Más que nada, por no confundir a la gente, no vaya a ser que se presente en una plaza de ¿toros? Y no vea al toro por ningún lado. Que no es que proponga yo el nombre, que ya está más que institucionalizado; a partir de ahora se hablará siempre de “la tauromaquia” y si algún carca se resiste, se le dan dos amables collejas.

Pero lo que no se puede negar es que el espectáculo ya comienza antes de entrar en la plaza, plaza de tauromaquia, por supuesto. Porque esto es algo que hace brotar las sensaciones, los sentimientos y hasta las… bueno, todo, hasta lo que es mejor no nombrar. Por eso, a partir de ya mismo habría que regular antes del festejo que diferentes colectivos se manifestaran contándonos sus cosas. Por un lado profesionales broncas citando al personal con los clásicos de siempre: “Eso no me lo dices aquí”, “¿Tú y cuántos más cómo tú?”, “ Me vas a c…” (Esto solo puede leerse si es a partir de las diez de la noche. Completen ustedes la frase). Por otro lado, vendría bien un grupo de antitaurinos, lo más numeroso que se pueda, procurando que al menos lleguen a la docena, porque en caso contrario sería una pantomima en la que parecería que los convencidos antis están ahí porque les pagan y eso nadie lo quiere. Ante todo, el convencimiento. ¿No? Y entre ambos grupos, evidentemente, una unidad de agentes del orden, provistos de sus cascos, porras y gafas de sol, repitiendo a todo el que pasara por allí “por favor, más atrás”, “por favor, no pase la línea”, “por favor échense pa’tras”. Pero el cuadro no estaría completo si no hubiera rondando a los antis elementos aislados de personas mayores gritándoles improperios hasta quedarse sin resuello. Quizá estos sean los más auténticos. Bien es verdad que no cumplirían las normas del show, pues ellos hablarían de los toros, quizá no llevarían una almohadilla con asa y con los colores patrios, pero esgrimirían con increíble habilidad esa bolsa de plástico en la que transitan la almohadilla inflable, el periódico que dan a la entrada, todos los panfletos publicitarios que les pongan a la mano, la botellita de agua y alguna foto firmada de un torero, conocido o sin conocer. Son esas personas que una vez calmado el acaloramiento contra los antis te cuentan aquella tarde de Manolo Vázquez, el día que vieron a José María Martorell, la alternativa del Viti o cuando la plaza se llenó un día de plumas blancas que manaban como un volcán de las almohadillas que reventaron una tarde de cabreo.

Luego, todo lo que pase dentro de la plaza daría lo mismo, solo importaría en un caso, si esa marabunta entusiasta de la tauromaquia consigue que haya un indulto y como consecuencia, el toreador en cuestión sale a cuestas de los profesionales de la estiba de señores de luces. En este caso las normas dicen que la masa tiene que intentar a base de tirones, hacer jirones el vestido de torear y dejar al aclamado poco menos que con las vergüenzas al aire. Pero no se crean que aquí acaba todo. Es entonces cuando los profesionales que se manifestaban al principio empiezan a querer gana la posición próxima al maestro a base de codazos, bocados y empellones, para ser los primeros en decir eso tan de la tauromaquia actual del “bien, torero, bien”, “maestrooo”. Mientras, los antis se seguirán manifestando, pero no contra los toros, ni tan siquiera contra la tauromaquia, sino contra esos profesionales y la masa jarta de alcohol y panceta, por intrusismo, por no respetar el sitio de cada uno, porque esos, resulta que van a ser los que realmente acaben con los toros y no ellos que llevan tanto tiempo trabajándoselo, porque si los propios taurinos acaban con esto, ¿de qué van a comer ellos? Y ahora, díganme si les convence o no la nueva tauromaquia.

Enlace programa Tendido de Sol del 5 de septiembre de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-5-audios-mp3_rf_75018321_1.html

martes, 31 de agosto de 2021

Tauromaquia que no tauromaquias

La Tauromaquia, la pelea, la lidia del toro es solo una, aunque con múltiples variedades y muchas más formas de interpretarlo, pero no queramos disfrazar de tauromaquias alternativas el fraude y la mentira.

 

Es muy habitual que taurinos y palmeros de taurinos utilicen la coartada de que hay muchas tauromaquias, para así justificar cualquier aberración que muchos de luces perpetran en los ruedos y así convertir su incapacidad en algo excelso. Que dirán ustedes que eso no hay quien lo pase, ¿no? Pues están ustedes muy equivocados, pues baste con repetir esta cantinela una y otra vez para que los palmeros hagan suya esta teoría de las múltiples tauromaquias. Y si no, intenten convencer a un palmero de lo contrario; eso sí, dispónganse a recibir multitud de improperios, pero no esperen ningún argumento, quizá no los tienen. Que es posible que no los necesiten, les vale con que les repitan lo grandioso que es lo que ejecutan sus ídolos, para hacer suyo todo el entusiasmo por la vulgaridad, la incapacidad y la trampa.

Pero seamos serios y sobre todo, coherentes. Tauromaquia hay una y punto, de la misma forma que hay una literatura, una pintura, una música, una escultura, ya que las artes no son fraccionables según nos convengan y, si hay una forma de diferenciación, esta sería la pintura mala y buena, la música mala y la buena y en este caso la tauromaquia buena o la mala. Y partiendo de lo que es la tauromaquia, la lucha con el toro, o según la Real Academia, el arte de lidiar toros, lo que sí encontramos son diferentes formas de tauromaquia, toros en las calles, recortes, encierros, corrida landesa, corrida a la portuguesa, el toreo a caballo y por supuesto, la forma más refinada y también la más complicada, la corrida de toros, el toreo a pie. Quizá esta modalidad de tauromaquia sea la cumbre de la tauromaquia, la que encierra más matices, la que ofrece una mayor variedad de posibilidades para el espectador, el estudioso, el curioso y evidentemente, para el aficionado, uno de los actores principales de lo que se ha llamado fiesta brava, fiesta de toros o cómo ustedes prefieran, esa persona que nunca se cansa de querer saber más y más u que cuanto más sabe, dice que más se da cuenta de lo poquito que sabe; reflexiones de los sabios.

Pero lo que es innegable es que en esta parcela de la tauromaquia, como en todas las demás, caben tantas formas de interpretación como intérpretes en el ruedo, criadores de toros o aficionados. Y solo hay un elemento invariable que debe presidir la celebración de todo festejo taurómaco: la integridad del toro y la verdad en la ejecución de las suertes. Porque la dignidad de la tauromaquia, el argumento de mayor defensa de esta es la lucha por evitar y erradicar, si es que se da, el fraude, la trampa. Allá cada uno con sus formas, pero siempre habrá que ofrecer al toro su oportunidad y será el hombre el que con sus conocimientos, sus facultades o la ayuda divina, quien libre los envites del animal. Porque cualquier intento de minimizar el riesgo mediante el fraude, no puede suponer nunca ni una forma admisible de interpretar, ni muchísimo menos pretender imponerle el sello de “tauromaquia propia”. Un toro mermado, con las astas manipuladas, seleccionado para aguar la casta o sin la edad en que se garantice su plenitud, lo mismo que un toreo ventajista, con trampas que ayuden a escapar de los pitones, no es otra cosa que retorcer los fundamentos, la esencia de la tauromaquia, lo que la legitima ante cualquiera que pretenda atacarla o deslegitimarla. Todo aquel que se ponga delante de un toro debe asumir el compromiso de darle la oportunidad al toro de hacer por él, pero, y aquí es dónde entraría el arte, evitar una y otra vez el ser alcanzado y en el caso de la corrida de toros, a través de la lidia, conseguir enseñar al animal a embestir, poderle, mostrarlo y culminar el rito con una estocada en todo lo alto, de frente, sin huidas traicioneras, esquivando a la muerte y honrando siempre al toro. Cargar la suerte, pasárselos por la faja, sí; esconder la pierna, atravesar el engaño y pasárselo a metro y medio, no. Pero no creo que a los aficionados a los toros les haya descubierto nada, espero que disculpen mi descaro. En cambio a otros, pues habrá que dejarles en sus penosas diatribas, dándole vueltas y más vueltas al molino para seguir intentando encontrar la coartada perfecta para justificar el fraude, la trampa, la incapacidad, la vulgaridad y lo que es peor, la falta de integridad del toro. Pero bueno, yo, con todo y con eso, me sigo quedando con una idea tan sencilla como esta de hay una solo Tauromaquia que no tauromaquias.

 

Enlace programa Tendido de Sol del 29 de agosto de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-29-audios-mp3_rf_74705777_1.html

 

domingo, 22 de agosto de 2021

Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos


Pues a ver cómo les llamamos sin ofender a los ofendidos de carrera... Mejor no les hacemos caso y que se llamen como la vaca que les pario, ¿no?

 

Tal y como están las cosas, a ver quién es el valiente que se pone flamenco y pronuncia tan siquiera un “hola” o un “¿cómo está usted?” si no es entre su círculo de allegados más estrecho, uno mismo y su circunstancia, o en presencia de su abogado, lo que tampoco es seguro de nada bueno. Que ahora vas a llamar un camarero para pedirle la cuenta haciendo ese gesto de escribir en el aire y lo mismo te acusan de que le estás pidiendo el teléfono para hacerle propuestas indecorosas o para acosarle a las tantas de la mañana con llamaditas en las que solo se escuchara una profunda y apresurada, o no, respiración. Pero claro, que también puede entender el dueño del local que estás sugiriendo a su trabajador que se apunte a la revolución del nuevo proletariado, influenciado por las soflamas extremistas de un partido que además pretende acabar con las tradiciones y cultura del país: el botellón en la calle hasta casi el amanecer, el ir cada uno a lo suyo sin importarle un pito lo que le pasa al vecino, el echar en cara a un hombre de color que nos quitan el trabajo mientras recoge cartones por la calle, el celebrar todo lo celebrable que sale en las series americanas, como Jalogüín, Acción de gracias, el Blackfriday, el Blue Monday, la Superbowl y lo más enraizado en nuestra carácter ibérico, dejarnos embobar con una pluma que vuela, mientras nos chupan la sangre, nos desvalijan el alma y nos vetan poder acceder a cualquiera de los derechos que tenemos como ciudadanos.

Y dirán ustedes: ¿y a qué viene toda esta parrafada? Pues muy sencillo. Hace unos días, una señora, antes corregidora y hoy alcaldesa de la bella Gijón, se enteró, vaya usted a saber cómo, del nombre de dos reses que se lidiaron en el Bibio. Que no creo que ella fuera esa tarde a los toros, ni que por no haber podido ir hubiera pedido que le guardaran el programa de mano, porque los colecciona todos desde que su abuelo iba a los toros. Que hay que ser bocas, pelagatos y chupalámparas para irle corriendo con el cuento a la señora alcaldesa. Que me lo estoy viendo corriendo por los pasillos perdiendo el culo y gritando a voz en cuello: “¡la que se va a liar!”, “¡Qué vergüenzaaaa!”, “¡El ocaso de la civilización occidental, moderna, y amante de la cultura, los animalitos y las botellonas en Cimadevilla o en San Lorenzo!” Y claro, ante semejante panorama, la señora alcaldesa solo podía tomar una determinación: “a tomar por c… los toros”. Señora alcaldesa, que no se puede, porque son legales y además hay que adjudicar la plaza en nada de tiempo. Que a tomar por c… he dicho. Y así estamos, que nos subimos por las paredes, que los taurinos se han puesto a mandarle cartas a la señora alcaldesa, que se va a pensar que es los Reyes Magos, los tres en su única persona. Venga cartas y hala cartas y más cartas. Y mientras estamos dándole trabajo a correos, algunos de esos que de repente se han entregado al género epistolar, nos la están liando parda. Que si se dan cuenta, hace unos días, semanas, nos anunciaron en Madrid los carteles de la Feria de Otoño, aquella que nos anunciaba el señor Casas como algo grandioso, monumental, sensacional, sideral y resulta que es lo de siempre, los mismos de luces y los mismos de los cuernos. Que si al menos me hubieran cambiado las ganaderías, pues igual hasta me llevaba un alegrón. Pero nada, cuatro murmullos, cuatro quítate pa’llá en las redes y a otra cosa. Que como si queremos no es obligatorio sacar nada para conservar el abono, pues nada, no pasa nada, “toe r mundo e güeno”. Que el señor Casas, visto lo visto, se debió crecer y soltó que para el año próximo eso de la temporada de Madrid que no, que iba a haber temporada, pero cómo él dijera, ósea, san isidro, otoño y dos festejos sueltos, uno de ellos en la Paloma. Que no es por nada, pero temporada, lo que se dice temporada, no es; si acaso, astracanada, pero no temporada. ¿Y creen que alguien dice algo? Los cuatro “reventadores” de siempre, los cuatro “amargados” de siempre, la misma asociación de siempre y el resto… el resto hasta ve cositas interesantes. ¡Válgame! Pero claro, Madrid se había convertido desde hace años en la única posibilidad para toreros que apenas pillan toro, para ganaderías que no venden ni cacahuetes a la puerta de la plaza y en una fuente de ingresos para los subalternos que no van con los que copan casi todos los carteles en casi todas las ferias del mundo, para los que como personal de plaza se medio defienden con lo que sacan las tardes de toros de marzo a octubre, los puestos alrededor de la plaza, los bares y restaurantes y tantos y tantos. Pero no, el único tema de conversación, la única causa por la que preocuparse son los nombrecitos de dos toros, según le contaron a la señora alcaldesa, que por otra parte ni tiene, ni quiere tener, idea de cómo se bautiza un toro o una vaca, que no es como buscarle nombre al nuevo panda del Zoo Acuario, organizando una votación. Que ni tan siquiera es por un personaje de dibujos animados, como podría ser Bob Esponja, de 548 kg, nacido en diciembre del… de la afamada ganadería de… famosa por meterse los becerros en la cama con su propietario, hasta que estos cumplen los cinco años. Así que parece que no nos queda otra que cuidar el lenguaje, tener la precaución de no utilizar nombres, expresiones o gestos que puedan molestar a cualquiera, porque ya se molestan aquí hasta los muñecos de los semáforos y si ustedes por casualidad son parte de los invitados a una boda entre un señor originario de un país africano y su amiga de siempre, reivindicativa y solidaria, tengan cuidado y mucho tacto para contar la unión. Y si les vale mi recomendación, yo no me apartaría ni un dedo de esto: Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos.

 Enlace programas Tendido de Sol:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol_sq_f1254883_1.html

domingo, 1 de agosto de 2021

Hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda

 

Seguirá esperando en los corrales y el toro de verdad, el que gusta en Madrid, todavía más, mientras muchos aplaudirán el que les dejen asomarse por una rendija, haciéndoles creer que son unos elegidos

Es momento de reconocer las cosas, de rendirse a las evidencias que esta realidad del momento nos pone frente a nuestros estupefactos ojos. Hinquemos la rodilla y reconozcamos sus méritos a Plaza 1, empresa gestora de la plaza de Madrid, a la CAM, propietaria de la misma, a la televisión que retransmite los festejos y que con tanta eficacia consigue que se filtren los mensajes de los taurinos que manejan todo esto y al Sursun Corda, que no se sabe por qué, está en todos los perejiles. Entre todos nos han pegado dos largas cambiadas, un trincherazo y el salto del batracio y nos han dejado sin toros, mientras el aficionado se ha quedado con cara de lila, como la vaca que ve pasar el tren. Y que nadie se me ofenda, que en este grupo de perplejos y lilas, servidor reservó plaza hace…

Que bien lo hicieron, cuando empezaban a arreciar las protestas nos pusieron un mitin de cierre de campaña solo aptos para hábiles con el teclado y las redes, que con todo su empeño convirtieron las Ventas en capital de la vulgaridad propia de la tan extendida escuela talanqueril. Pero bueno, ahí la cosa era no que las Ventas sufrieran tal afrenta, si no el que cada uno pudiera ir, guiados por ese espíritu tan poco edificante del “san para mí, que los santos no comen”. Mientras yo tenga mi entradita, allá penas, que hubieran tenido un wifi más potente o un bolsillo aún más todavía, para enriquecer a la reventa; siempre denostada, menos cuando soy yo uno de sus parroquianos. Pasó el mitin festivalero y cuando parecía que la cosa se iba a poner dura, nos ponen dos festejos que nos callaron la boca pensando que iba a ser el reinicio de la temporada. Si hasta se afirmaba que si una de Parladé, otra de… todo sabido de buena tinta. Pero nada, el tintero se vertió y seguimos nadando en el borrón. Unos acabaron decepcionados tras los dos festejos, quizá no tanto por el juego del ganado, sino por comprobar cómo el público, incluida parte de la cátedra, se rendía a la vulgaridad, a la superficialidad y al toro muletero, el que no existe durante los dos primeros tercios, como sus espadas, y asoma con todas sus limitaciones con la tela roja que un caballero medio agita sin dar un muletazo completo. Si la cátedra se desinfla y se pone de hinojos ante esta pantomima, ¿qué nos queda? Y mientras unos andábamos debatiendo por estos andurriales, Plaza 1, la CAM y demás satélites del poder, tan felices en sus casas. Ya saben, divide y vencerás.

Y ahora que parece que las cosas se vuelven a poner duras para los que mandan, ahora que se han alzado voces pidiendo explicaciones, que incluso han agradecido la celebración de esos dos festejos, que lo uno no quita lo otro, pero que siguen sin entender el por qué de que la plaza de Madrid siga clausurada, que ni entienden ni comparten el que el Director de Asuntos Taurinos no solo esté de brazos cruzados, sino que muestra un descarado alineamiento con los suyos, los que sistemáticamente se ponen frente al aficionado. Y ante esta inactividad, esta incapacidad, esta desidia se pide la destitución de este señor que lo más que ha hecho es decir que no sabe nada. Bueno, sincero sí que parece, pero… Y para una vez que se le ocurre algo, es deshacerse de quién no parece comulgar con sus estratagemas de malote del bloque. Pues vaya. Que como pacificador no tiene precio, igual que como gestor. ¡Ah, sí! Que si tiene precio, un pastizal que podría parecer poco si hiciera algo, pero tal y cómo funciona, un euro se hace demasiado.

Entonces había que calmar al personal, había que darle otro caramelito para callarles la boca. Pues ya está, soltamos posibles carteles de la feria de Otoño, para allá por el mes de octubre. A ver, echando cuentas nos ponemos en dos meses sin toros. Pero que aún hay más, que tales carteles son de los que gustan a los taurinos, a los de la tele, a doña Cristina Sánchez, la voz del taurineo, que cree a pies juntillas que esto es para ellos, para los que cobran y no para los que pagan. Las ganaderías de siempre, esas que a algunos tanto gustan porque van a la muleta y se hacen lenguas de la tontuna de esos borregos tan dóciles como aburridos. Y los espadas, pues eso, los de siempre, hasta dos veces. Lo que el señor Simón, los de la tele y los talanquerófilos consideran figuras. Pues que no pare la música; adelante con los faroles. Que si se trae al señor Ferrera, reciente accionista del Ringling Circus, a ver si ya de una vez enhebra el salto del batracio con el caminito de pasitos cortos para cobrar un bajonazo. ¿Y qué responden los grandes aficionaos? Pues que se vislumbran grandes cosas plenas de interés. Que el gran mérito de todo esto ya no es que se confeccionen carteles interesantes y del gusto de Madrid, no. Vale con que se abran las puertas de la plaza, como si esto fuera un pueblo que llevara años sin el festejo de fiestas en el que trasegar el primer mosto del año. Y los demás, los que sufren el cierre, los que exigen de verdad, no de boquillas, los que no quieren títulos de ningún tipo, pues viendo como todo esto pinta cada vez peor. Peor por los taurinos, peor por el ganado, el de siempre, peor por los coletudos, los de siempre y peor porque son testigos de cómo los que creían de los suyos, los que pensaban que pedirían el toro y demandarían el toreo, han cruzado a la acera de enfrente y se sienten más que satisfechos de poderse codear con fulano y mengano, que serán lo que serán, pero son buena gente. Lo que cambian las cosas con una pandemia, tres festejos en casi dos años y… Dejémoslo aquí, que tampoco es cuestión de hacer amigos. Eso sí, que nadie me tome el número cambiado y me crea de sus amigos mientras hunden algo que tanto he querido, tanto me ha dado la vida, tanta ilusión y felicidad me ha regalado y tanto ha llenado mi vida, aunque afirme, con todo el dolor de mi corazón, que es la hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda.

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