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| Capotes al aire |
Los toros es diversión, alegría, jolgorio y si alguien no lo
cree, ahí está el profesor Casas, don Simón, de la Université de la Felicité,
Jolgorié y Desmadré, que ha tratado del tema en sus múltiples ensayos
filosóficos. Les recomiendo el tratado “Ques que çe lo que tiene que fer un
petit infant pour corter una oreille en Madrid” Una delicia, se lo aseguro.
Entonces, ¿me quieren explicar ustedes por qué un sector, influidos por el
maligno, se encabezonan en protestar el que los toros se caigan, que no se les
pueda ni enseñar el palo, ni que les den una verónica medianamente aseada, ni
que se pueda ver un muletazo dado con la panza de la muleta? Es que ya está
bien, nos ponemos tikismikis y no sabemos poner límite.
Anuncian los toros de JuanPedro Domecq, que se ve que los ha
elegido a conciencia para las figuras, no podía ser de otra manera, ¿no?
Además, de los buenos, de los artistas, que para eso se celebraba el Santo
Patrón. Si ni se les ha podido picar, si es que lo tenían todo. Luego salió uno
del Conde de Mayalde, pero ese lo dejamos aparte, porque a ese, hasta se le ha
podido masacrar en el caballo. ¿Se acuerdan ustedes de aquellas orejas
regaladas del año pasado? ¿Sí? Pues hoy ha confirmado la alternativa uno de
aquellos agraciados con la Bonoloto de las Ventas. Posada de Maravillas, que
una tarde descamisado le premiaron con un despojo, se ha encontrado con un
primero parado y aquerenciado a los adentros, que cabeceó y mucho el peto, se
le picó entre nada y menos. Mientras el maestro mostraba su amaneramiento
insulso en quites o cómo se llame eso. Para la muleta se le quedó echando la
cara arriba y apretando por el pitón derecho. Muletazos destemplados por abajo
y ya de pie, por ambos pitones, con el toro punteando molestamente la tela. El
animal iba siempre hacia los adentros, pensándoselo mucho cuando se trataba se
sobrepasar las rayas del tercio. Muchas carreritas entre pases y bastante soso.
Alejandro Talavante veroniqueó a pies juntos para recibir al
segundo, quién llegó a levantar el caballo peleando solo con el pitón
izquierdo, pero aún así, no recibió apenas castigo. En banderillas cortaba
bastante por el lado derecho. Talavante comenzó el trasteo con la muleta
plegada, en los medios y cambiando por detrás desplegándola tela bastante antes
de que el Juan Pedro llegara a jurisdicción. Naturales a tirones, sin temple,
luego cambia a la derecha, pero sin torear en ningún momento, más bien,
merodeaba al toro y le pegaba pases, para acabar sobre la zocata, largando tela,
sin llegar a rematarlos.
Roca Rey venía dispuesto a reconciliarnos con el toro, con
la Fiesta y con los cuñaos, si hacía falta, que para eso es un monstruo. Vale
que el Juan Pedro era un novillote gordo, ¿y qué? ¿Tiene la culpa el matador o
sus compañeros? No contesten, no viene a cuento, que ya veía yo más de un
lanzado. Capotazos de los normales, no por la calidad, sino porque el capote no
se convertía en un ala delta. Vale que no tiene mucha pericia en poner el toro
en suerte, pero, ¿qué más da? Si al animal no le van ni a arañar la piel.
Luego, con los palos, como ahí ya sí le clavaron, se dolió y todo. Y ahora me
van a permitir que no entre en detalles sobre la faena de muleta. Simplemente
les diré que con una y otra mano abusó mucho del pico, siempre se colocaba
fuera para citar, que aprovechaba el despacioso viaje del toro que bastante
tenía con no desmorrarse contra arena y que escondía sin pudor la pierna de
salida. Eso sí, tardó un mundo en intentar pasarse al toro por detrás, ¡Qué
alivio! Resultaba patético ver como abusaba de un moribundo y alargaba
innecesariamente su labor. Eso sí, lo del bajonazo le quedó de perlas.
Talavante recibió al gordito que hacía cuarto con capotazos
desgarbados, pero muchos y con tantos, no fue capaz de poner el toro en suerte.
El animal cabeceó en el peto, pero sin que nadie amagara con picarle ni con una
aguja de hacer punto. Faena con ayudados por alto, luego ya queriendo bajar la
mano, para desembocar en una tanda de naturales. Muletazos destemplados y muy
desangelados, en parte por el toro y en parte por el torero. En su haber queda
para Talavante que viendo a Posada de Maravillas incapaz de poner el toro al
caballo, ejerciendo de director de lidia, tomo el capote y le solventó la
papeleta al chaval. Imagino que este lo agradecería, pero sabiendo cuanto
desagradecido puebla las plazas de toros, igual hasta le pareció mal.
De nuevo Roca Rey con un inválido de Juan Pedro que no se
sostenía en pie y que fue devuelto a raíz de un quite en el que tropezó el
matador y cayó al suelo y el toro, muy solidario, también se despanzurró. Salió
un sobrero de Marca entre el regocijo y jolgorio del respetable, que por no
encontrar entretenimiento en el ruedo, decidió buscárselo sin contar con nadie
y se pusieron a corear “los nardos” y al que le moleste, que no mire. ¡Ea! ¿Ve
don Simón como en Madrid hay veces que lloramos de emoción y de lo bien que lo
pasamos? Al novillito que hizo sobrero no es que le echara mucha cuenta, le
dejó a su aire, ¿para qué molestarle? Se le puso el palo muy trasero, pero no
se le picó y se marchó suelto. Una segunda vez que ni le tocaron y se fue al
suelo. Sobre la faena de muleta, ¿ustedes han visto como eran las demás desde
que empezó por estas tierras a vestirse de luces? Pues lo mismo. Pico, fuera de
cacho, banderazos...
Y acabábamos con Posada de Maravillas, antes de que él
acabara con nosotros. Por invalidez del titular salió el sobrero del Conde de
Mayalde. Verónicas apañadas. En el caballo, el toro empujó con el pìtón
izquierdo mientras le hacían la carioca; como no era un juampe le zurraron a
base de bien. Volvió una segunda vez y descabalgó al pica y llegó a entrar una
tercera, con el auxilio de Talavante mientras el matador andaba por allí, o eso
decían. Intento de inicio con la muleta plegada, pero al final fue lo de
siempre, mucho trapazo, demasiado zapatillazo y lo que sacó fue a
regañadientes, para acabar entrando a matar de un bajonazo soltando la muleta,
como en los cinco intentos en su primero. ¿Casualidad? Pues igual sí, no
pensemos mal, que luego don Simón nos regaña, pero para que viera lo fetenes
que somos y lo entregados a la verbena que estábamos, yo no me pude aguantar
las ganas y así, de repente, segundos antes de que me soltara una guantá
monumental, le espeté a una señorita: morenaza, ¿te echas un baile?






