lunes, 16 de mayo de 2016

Morenaza, ¿te echas un baile?

Capotes al aire


Los toros es diversión, alegría, jolgorio y si alguien no lo cree, ahí está el profesor Casas, don Simón, de la Université de la Felicité, Jolgorié y Desmadré, que ha tratado del tema en sus múltiples ensayos filosóficos. Les recomiendo el tratado “Ques que çe lo que tiene que fer un petit infant pour corter una oreille en Madrid” Una delicia, se lo aseguro. Entonces, ¿me quieren explicar ustedes por qué un sector, influidos por el maligno, se encabezonan en protestar el que los toros se caigan, que no se les pueda ni enseñar el palo, ni que les den una verónica medianamente aseada, ni que se pueda ver un muletazo dado con la panza de la muleta? Es que ya está bien, nos ponemos tikismikis y no sabemos poner límite.

Anuncian los toros de JuanPedro Domecq, que se ve que los ha elegido a conciencia para las figuras, no podía ser de otra manera, ¿no? Además, de los buenos, de los artistas, que para eso se celebraba el Santo Patrón. Si ni se les ha podido picar, si es que lo tenían todo. Luego salió uno del Conde de Mayalde, pero ese lo dejamos aparte, porque a ese, hasta se le ha podido masacrar en el caballo. ¿Se acuerdan ustedes de aquellas orejas regaladas del año pasado? ¿Sí? Pues hoy ha confirmado la alternativa uno de aquellos agraciados con la Bonoloto de las Ventas. Posada de Maravillas, que una tarde descamisado le premiaron con un despojo, se ha encontrado con un primero parado y aquerenciado a los adentros, que cabeceó y mucho el peto, se le picó entre nada y menos. Mientras el maestro mostraba su amaneramiento insulso en quites o cómo se llame eso. Para la muleta se le quedó echando la cara arriba y apretando por el pitón derecho. Muletazos destemplados por abajo y ya de pie, por ambos pitones, con el toro punteando molestamente la tela. El animal iba siempre hacia los adentros, pensándoselo mucho cuando se trataba se sobrepasar las rayas del tercio. Muchas carreritas entre pases y bastante soso.

Alejandro Talavante veroniqueó a pies juntos para recibir al segundo, quién llegó a levantar el caballo peleando solo con el pitón izquierdo, pero aún así, no recibió apenas castigo. En banderillas cortaba bastante por el lado derecho. Talavante comenzó el trasteo con la muleta plegada, en los medios y cambiando por detrás desplegándola tela bastante antes de que el Juan Pedro llegara a jurisdicción. Naturales a tirones, sin temple, luego cambia a la derecha, pero sin torear en ningún momento, más bien, merodeaba al toro y le pegaba pases, para acabar sobre la zocata, largando tela, sin llegar a rematarlos.

Roca Rey venía dispuesto a reconciliarnos con el toro, con la Fiesta y con los cuñaos, si hacía falta, que para eso es un monstruo. Vale que el Juan Pedro era un novillote gordo, ¿y qué? ¿Tiene la culpa el matador o sus compañeros? No contesten, no viene a cuento, que ya veía yo más de un lanzado. Capotazos de los normales, no por la calidad, sino porque el capote no se convertía en un ala delta. Vale que no tiene mucha pericia en poner el toro en suerte, pero, ¿qué más da? Si al animal no le van ni a arañar la piel. Luego, con los palos, como ahí ya sí le clavaron, se dolió y todo. Y ahora me van a permitir que no entre en detalles sobre la faena de muleta. Simplemente les diré que con una y otra mano abusó mucho del pico, siempre se colocaba fuera para citar, que aprovechaba el despacioso viaje del toro que bastante tenía con no desmorrarse contra arena y que escondía sin pudor la pierna de salida. Eso sí, tardó un mundo en intentar pasarse al toro por detrás, ¡Qué alivio! Resultaba patético ver como abusaba de un moribundo y alargaba innecesariamente su labor. Eso sí, lo del bajonazo le quedó de perlas.

Talavante recibió al gordito que hacía cuarto con capotazos desgarbados, pero muchos y con tantos, no fue capaz de poner el toro en suerte. El animal cabeceó en el peto, pero sin que nadie amagara con picarle ni con una aguja de hacer punto. Faena con ayudados por alto, luego ya queriendo bajar la mano, para desembocar en una tanda de naturales. Muletazos destemplados y muy desangelados, en parte por el toro y en parte por el torero. En su haber queda para Talavante que viendo a Posada de Maravillas incapaz de poner el toro al caballo, ejerciendo de director de lidia, tomo el capote y le solventó la papeleta al chaval. Imagino que este lo agradecería, pero sabiendo cuanto desagradecido puebla las plazas de toros, igual hasta le pareció mal.

De nuevo Roca Rey con un inválido de Juan Pedro que no se sostenía en pie y que fue devuelto a raíz de un quite en el que tropezó el matador y cayó al suelo y el toro, muy solidario, también se despanzurró. Salió un sobrero de Marca entre el regocijo y jolgorio del respetable, que por no encontrar entretenimiento en el ruedo, decidió buscárselo sin contar con nadie y se pusieron a corear “los nardos” y al que le moleste, que no mire. ¡Ea! ¿Ve don Simón como en Madrid hay veces que lloramos de emoción y de lo bien que lo pasamos? Al novillito que hizo sobrero no es que le echara mucha cuenta, le dejó a su aire, ¿para qué molestarle? Se le puso el palo muy trasero, pero no se le picó y se marchó suelto. Una segunda vez que ni le tocaron y se fue al suelo. Sobre la faena de muleta, ¿ustedes han visto como eran las demás desde que empezó por estas tierras a vestirse de luces? Pues lo mismo. Pico, fuera de cacho, banderazos...


Y acabábamos con Posada de Maravillas, antes de que él acabara con nosotros. Por invalidez del titular salió el sobrero del Conde de Mayalde. Verónicas apañadas. En el caballo, el toro empujó con el pìtón izquierdo mientras le hacían la carioca; como no era un juampe le zurraron a base de bien. Volvió una segunda vez y descabalgó al pica y llegó a entrar una tercera, con el auxilio de Talavante mientras el matador andaba por allí, o eso decían. Intento de inicio con la muleta plegada, pero al final fue lo de siempre, mucho trapazo, demasiado zapatillazo y lo que sacó fue a regañadientes, para acabar entrando a matar de un bajonazo soltando la muleta, como en los cinco intentos en su primero. ¿Casualidad? Pues igual sí, no pensemos mal, que luego don Simón nos regaña, pero para que viera lo fetenes que somos y lo entregados a la verbena que estábamos, yo no me pude aguantar las ganas y así, de repente, segundos antes de que me soltara una guantá monumental, le espeté a una señorita: morenaza, ¿te echas un baile?

domingo, 15 de mayo de 2016

Cuéntame cómo pasó, me quedé transpuesto un ratito

Hicieron saludar a unos banderilleros que tiraron los palos de cualquier forma, sin cuadrar en la cara y sin asomarse al balcón, pero parecía que los nombres que figuraban en el programa obligaban a ello. Pues vale


Si hacemos caso a los modernos, a los amantes y fieles de la Tauromaquia 2.0, en esto de los toros hay que ser paciente al extremo y aguantar muchos días de aburrimiento y será por eso que no vean extraño que uno se ponga a ver la corrida remendada de Flor de Jara y acabe quedándose transpuesto un ratito, aunque esto no se debe reconocer jamás. El solecito, el sopor de la tarde, el tedio de lo que ocurría en el ruedo, no es que la parroquia eche una cabezadita, es que se cierran los ojos para que los párpados también se bronceen. Cuatro mal presentados de Flor de Jara y dos remiendos de San Martín, el quinto y el sexto. Me dirán que es que lo de Santa Coloma no da mucha caja. De acuerdo, por supuesto, pero aunque no se puede decir que no tuvieran trapío suficiente, sí eran feotes, es más, no parecían de esta sangre. Que por lo visto en el ruedo, igual no lo eran o lo que es peor, que el criador se ha alejado demasiado de la raíz.

El primero, que correspondía a Fernando Robleño, empujó en el caballo con la cara a media altura, le taparon la salida, en el segundo puyazo cabeceó en el peto. Muy soso, fue sin codicia, casi arrastrándose a la muleta que el madrileño le ofrecía muy torcida, con muchos pases, pero todo en un tono anodino y sin chispa. Concluyó la faena con un metisaca que hizo rodar al primer cárdeno. En el cuarto, el espada anduvo por allí, como a ver qué pasaba. No hubo suerte de varas, ni tan siquiera para decir que se cumplió con el trámite, sangraba más por la divisa que por la puya el de Flor de Jara. En la muleta el espada inició con trapazos por ambos pitones y luego muletazos con el pico de la muleta y sin pararse quieto. Aperreado por el derecho y por el izquierdo, mucha carrera, dejándole la tela y haciendo derrotar al toro, que en más de una ocasión se venció al ver el hueco entre el torero y la muleta. Ya habrá días mejores.

Miguel Ángel Delgado empezó con susto, cuando de salida el toro se le acostaba por el pitón izquierdo. Primera vara trasera y escasa y la segunda, ¿la segunda? ¿Cuenta como puyazo que el toro llegue al peto, que el picador le de un toquecito y que no haga más? Entonces sí que fue una vara. Naturales atropellados, aunque hay que valorar el que se plantara en los medios, citara y aguantara la primera embestida sin ningún intento de acoplarse previamente. En los primeros compases el toro parecía superar al matador, llegando a atosigarle un poquito. Delgado sufrió un palotazo de una banderilla, mucho pico, el Flor de Jara amagando las coladas, otro susto, pases y más pases, pero sin que aquello fuera para arriba. Cabía el peligro de que el animal se le fuera al heco entre el cuerpo y la tela; pase por detrás y bernadinas, dando suelta a la vulgaridad sin complejos. Ya digo que el ganado defraudó, pero por momentos, como en el recibo del quinto, parecía que recordaran algo los orígenes, aunque fuera lejanamente. Apretó de salido y al matador no le quedó otra que soltarle el capote en la cara y tomar las de Villadiego. En el caballo el toro se dejó sin más, sin plantar ni asomo de pelea. Estatuarios para empezar el trasteo de muleta y cuando le pasó por abajo él mismo le cortaba la embestida. Así en la primera tanda parecía que el Flor de Jara se comía al matador. Un tanto incierto, parado, tirando algún arreón que otro, mostrando la poca solidez de Miguel Ángel Delgado.


Diego Silveti volvía a Madrid como el único superviviente de aquella euforia excesiva a favor de los toreros mexicanos y el posterior ostracismo, no del todo justificado, de estos toreros de allá el océano. No era ni para lo uno, ni para lo otro. Pero allá recibió don Diego a su primero con unas verónicas rectificando a cada lance. Le dieron bien en el caballo, mientras el toro empujaba con la cara a media altura y para afuera, mientras le tapaban la salida. Me habría gustado que se le hubiera picado dándole las afueras, a ver si ahí también mostraba ese ímpetu. Siguiendo la última moda taurina, Silveti empezó por detrás, por delante y así hasta el hartazgo, aunque no me pregunten por qué, a mí se me vino a la memoria Alejandro Silveti. Que igual eso del por detrás no es nuevo, ni exclusivo del Perú. Muy despegado, por un lado el espada no sometía la embestida y por otro el santacolomeño tampoco metía la cara. Abusando del pico, parecía ir cazando pases por el ruedo, pasándoselo siempre muy lejos. Más trapazos de supuesto adorno y bernadinas después de haber tirado la espada a la arena. ¡Qué feo! En el último, ya uno de San Martín, no cambió mucho la cosa. El toro se frenó al notar el palo en la primera vara, se dejó pegar sin pretender la pelea y le contaron como puyazo una vuelta al peto a pegarle un gañafón. Nada hubo en la muleta, unos derechazos haciendo el arco, trallazos sin temple, merodeando alredor del toro, tirones y naturales con la muleta al bies. Una tarde soporífera, justo después del descabalé del día anterior, la plaza parecía aletargada; pobre entrada para ser San Isidro, como todos los días, sin entusiasmo, sin emoción y así pasó, que más de uno echó el cierre y se puso a soñar faenas con toros boyantes encastados y con toreros con afición y más encastados aún y cuando abrían los ojos le pedían al vecino: cuéntame cómo pasó, me quedé transpuesto un ratito.

sábado, 14 de mayo de 2016

Pajaritos por aquí, pajaritos por allá, pajaritos a volarrr

¡Viva todo! Menos la vulgaridad. Por favor


Que levante la mano el que no ha disfrutado en gordo con lo de Talavante y Roca Rey y si alguien se atreve, que me diga que lo de este último no ha sido un monmento al arte. ¿Argumentos? No hacen falta, había mucha gente enloquecida y eso ya es suficiente. Igual que en su día las masas se rindieron al arte de María Jesús y su acordeón, elevando a los altares de la música los Pajaritos, o cuando Georgie Dan enalteció con su poesía el arte de Erato con “La Barbacoa, la barbaquiu”. Son tantos los logros artísticos aclamados por las masas: El Platanito en el toreo, Los Serrano en la tragedia, Belén Estaban en la oratoria, Bisbal en la danza. En fin, son numeroso los caso de genios que el público aclamó. Pues ahora es el momento de Roca Rey, la genialidad que aúna el desparpajo del Platanito, los malabares de Santiago, el de los Serrano con el cuchillo jamonero, los giros y giros de Bisbal y lo incomprensible de su toreo, como lo son las letras de Georgie Dan dichas por su autor. ¡Venga, venga! Y díganme que no.  Les he dejado sin palabras, ¿no? L-o  s-a-b-í-a.

Si serán buenos los animales de Núñez del Cuvillo, que con cuatro que pasen el reconocimiento, ya lo peta. Así feuchos y todos, justitos de presentación, imposibles de picar a riesgo de que se desmoronen sobre la arena, sin que nadie les dedique unos segundos para su lidia, luego siguen la muletita con un garbo y un salero, que dan ganas de adoptarlos como mascotas. ¿No creen que tendrían futuro? También salieron dos del Conde de Mayalde, que no desentonaron en este ambiente festivo y exaltación patria de la Tauromaquia 2.0.

Encabezaba el cartel Sebastián Castella, el magno triunfador de la feria del año anterior, gracias a aquella retahíla de trapazos al manso de Alcurrucén que fue premiado como mejor toro del serial. Recibió a pies juntos a un Cuvillito bien mono y recogidito, feo y sin trapío, como la mad... Un engendro entre chiva y toro, con más tipo de la familia de mamá, que de la de papá. El matador deambulaba por allí, como si dejara pasar el tiempo hasta el último tercio. Una faena larga, tediosa, que se puede resumir en trapazos fuera de cacho, mucho pico y echando el toro para afuera. No fue muy diferente lo de su segundo, uno más grandón y gordito del Conde de Mayalde al que le largaba tela y más tela, como para ponerle cortinas a la valla del retiro. Se dolió mucho el animal en banderillas, para después tomar bien la muleta que el francés manejaba a base de trallazos, intercalando carreras y más carreras para recolocarse, lo mismo por uno que por otro pitón, dando la sensación de ser la misma faena ya vista mil veces y siempre repetida o quizá es que es una única faena que empezó hace años y que todavía no ha pensado en darle fin. Habrá que investigar.

Muchos son los que piensan que Talavante sabe torear y muchos más los que pensamos que en su día, hasta lo supo hacer, en este momento les confieso que no sé por dónde tirar con este torero. Inoperante con el capote en su primero, inválido para más señas, al que no se le pudo ni picar, casi como a toda la corrida. Aburrido trasteo en el que el toro iba y venía y de vez en cuando se estrellaba contra el suelo. Su segundo, el que hizo quinto, desarrolló mayor peligro, complicado y peligroso en los dos primeros tercios, arroyando incluso al peonaje y doliéndose una barbaridad en banderillas. Un arreón nada más comenzar y un desarme. Le pasó por abajo y el toro ya acusaba un molesto calamocheo. La faena transcurría por unos cauces anodinos, con el espada tirando de pico y recolocándose a cada muletazo, sin ser capaz de imponer su mando. Más desarmes, se dejaba tropezar la muleta y en una tanda de trallazos y banderazo final, el público se entusiasmo. Un a ver qué pasa, mucho enganchón y en medio de la locura, de esa emoción que provoca el peligro, que se acrecienta cuando el torero de turno no sabe por dónde se anda, y tras una estocada, se le pusieron a pedir la oreja. No me pidan que lo explique, porque no seré capaz. En lugar de censurar esa falta de recursos para lidiar a este ejemplar y poder con él toreramente, el público se entrega y se premia el “que sea lo que Dios quiera”. De verdad que yo no entiendo esta compasión y quizá solidaridad que provocan las carencias ajenas.

Confirmaba la alternativa Andrés Roca Rey, al que se esperaba como el nuevo niño prodigio de la tauromaquia mundial, el salvador, el revitalizador del toreo y o era así la cosa o se hacía que lo fuera. A su flojo primero ya le empezó a abanicar con los engaños, sin tan siquiera fijarle, lo mismo te daba un parraflús, que un charraflás. ¿Con qué criterio? Porque yo lo valgo. ¿Que con un toro con gota y media de casta igual cambia la canción? Es posible, pero creo que eso igual no lo veremos nunca. A este le han subido en el carro de la comodidad y como va a ser rentable para muchos, de ahí no lo baja ya nadie. Eso sí, no me pidan que les cuente como lidió a este primero, ni al sexto, simplemente no lo hizo. Se coloca allá dónde le parece y a esperar. De la misma forma que no sé si es un torero que torea por delante o por detrás. Eso tampoco me quedó demasiado claro. Y ahora piensen en todos los vicios del toreo moderno. ¿Ya los tienen? Pues ese es Roca Rey. Mucho dar aire al toro, mucho telas al viento y nada de toreo de verdad. ¿Por qué? Muy sencillo, con este no se entusiasma ni él mismo y con el otro la gente suele perder el sentido. Faena eterna, eterna, eterna, así, tres eternidades juntas. Bajonazo y andando.


En el sexto la gente venía ya cuesta abajo de la orejita de Talavante y a poco que dejara el peruano volar dos ves los engaños, la cosa estaba hecha. Lo de picar al toro es una forma de hablar y lo de lidiar una utopía. Estatuarios teloneros de inicio, por detrás, por delante, le tropieza la multa, derechazos con el pico, enganchones, citando desde fuera, aperreado con la mano izquierda, achuchones del toro, pero la plaza ya llevaba un rato jaleando la vulgaridad como si fuera pura ambrosía. Que si al muchacho le da por ligar tres naturales de verdad, allí mismo le ponen una calle al chaval. Que igual le dio uno o dos muletazos despaciosos, más porque el del conde ya no podía más, que porque pusiera en práctica eso del parar, templar y...  En los tendidos se desató la histeria echando vivas a todo, y este dando más banderazos que en el Palio. La de guardiamarinas que se habrán jubilado sin pegar ni la mitad de banderazos que Roca Rey. Entera topando con el testuz, dos orejas y el desparrame. Y uno no sabía si estaba en un manicomio, en una cámara oculta, en la feria de Zafra o en el Real deleitándose con el concierto número uno en si bemol de María Jesús y su acordeón, Pajaritos por aquí, pajaritos por allá, pajaritos a volarrr.

viernes, 13 de mayo de 2016

Cuestión de dignidad

El traje de luces ya es en si una dignidad al alcance de los privilegiados, pero algunos la engrandecen y otros la pisotean.


Esto de San Isidro es como embarcarse en una montaña rusa el primer día y salir por el Dragón Khan el último, allá a principios de junio. Pasamos del sopor cuesta abajo que no nos deja respirar ni un hálito de afición, como que no nos da el resuello para soportar la travesía del desierto de la vulgaridad  la jungla del descaro. Pues bien, hoy nos ha tocado la jungla y el desierto a la vez, aparte de un leve descansito en el oasis del toreo. El artífice de ese aparente imposible que es conjugar la árida vulgaridad y la exuberante desvergüenza no es otro que Pedrito, El Capea. Ya ven, algo tenía que haber que se le diera de perlas dentro de una plaza de toros. Eso sí algo que nada tiene que ver, ni de lejos, con el toreo, ni bueno, ni malo, ni regular, con ninguno, porque a este señor no le tocaron las musas taurinas con su gracia para pasear gallardía y donosura por las plazas del mundo.

Corrida del Ventorrillo, que sin poder afirmar que fuera una buena corrida de toros, al menos ha tenido sus cosas y había que estar ahí; y cada uno ha estado como ha podido, que el que da lo que tiene no está obligado a más, pero el que nada tiene y te lo quieren colar como que sí, eso ya es más grave. El Capea se suponía que ostentaba el título de director de lidia, por aquello de ser el de alternativa más añeja, pero... Salió su primero, al que recibió bailando con el capote. Ni intención de ponerlo al caballo. El animal empujó con fijeza, pero sin meter la cara abajo, le simularon la suerte y le taparon la salida. En el segundo encuentro fue desde dónde al toro le viniera mejor, que el maestro no iba a ponerse a contrariarle. El pica puso en práctica eso tan denostado como es barrenar a lo bestia. Ya se acabó eso de la simulación de la suerte, y lo de medir el castigo, ni se lo plantearon. Trapazos, más trapazos, sin parar quieto y sin tan siquiera poder llegar a confeccionar una faena de aliño, lo justo para entrar a matar. Bronca número uno, grado cuatro. A su segundo ni las moscas le quitó; el toro, a su aire, se administró solo la lidia. Cabeceó en el peto, sin emplearse a fondo en la pelea. Incapaz de quedarse un segundo quieto con la muleta, lo más meritorio fue apelotonar una tanda de trapazos. Pinchazo y entera, un desastre con el descabello, pero curiosamente no porque fallara repetidas veces, sino porque estuvo largo rato sin intentarlo, haciendo como que buscaba el sitio, que igual era así, pero es que debía estar escondidísimo o también pudiera ser que no supiera hacer para que el toro se lo descubriera. Bronca dos, nivel seis con cinco. Y cosas del destino, por cogida de Gonzalo Caballero, tuvo que matar el sexto. Le dejó corretear por el ruedo a su aire. Mantazos enganchados y vueltas alrededor del de El Ventorrillo. Al pobre animal, que echaba la cara arriba en el primer puyazo, le dieron tres puyazos de cárcel y mientras Agustín Navarro le perseguía por el ruedo sin tener en cuenta ni las rayas, ni el sentido de la lidia, el maestro se inhibía absolutamente de aquella masacre. Es como si le hubiera dicho al de aúpa que descargara sobre el morrillo toda la ira y la desvergüenza que él mismo guardaba. Estaría bien que el aficionado conociera las sanciones a los lidiadores y la cuantía de estas, ¿no? Con la muleta ni tan siquiera pensó en mantener las apariencias y justificarse. Que no habría estado mal intentar mantener la dignidad y al menos pretender ofrecer algún argumento que justificara sus méritos para verse anunciado, otra vez, en la feria de Madrid. La bronca ya estaba desatada y el nivel era justamente ese que descubre la falta de dignidad, torería y afición de un caballero que se disfraza de torero, porque de torero o te vistes o te disfrazas. Y ustedes mismos pueden establecer las diferencias entre ambos términos.

A Gonzalo Caballero le dio tiempo a poco, a los mantazos iniciales que truncó un enganchón, a poner el toro al caballo dignamente, aunque luego el animal se marchara antes de arrancarse, feo gesto previo a cabecear en el peto y repucharse, y eso sin que se le castigara prácticamente nada. La verdad es que estaba complicado, se vencía por ambos pitones, apretando incluso más, por el izquierdo. La faena de muleta comenzó entre enganchones y sin que el espada le bajara la mano. El hombre se limitaba a andar por allí de la mejor manera posible, no ofreciendo más que valor y voluntad. Dejando que se la tropezara demasiado, pases por detrás y por delante y no hizo más que echarse la pañosa a la zocata e intentar el cite y de un derrote seco le echó mano. El torero se empeñó en estar ahí, sin que nadie tuviera el juicio que a él le faltaba, cosa comprensible por otra parte, para llevarle en volandas a la enfermería a cualquier precio. No sé si esto le agradará a alguien, pero personalmente, en estos casos creo que debe imperar el sentido común. Quizá el director de lidia debería haber impuesto su condición como tal, pero, ¿se les ocurre quién era el tal director de lidia? Pues eso.


Morenito de Aranda dejó claras sus intenciones al irse a chiqueros a recibir al primero suyo a portagayola. Tras frenársele en su jeta y medio hacerle un regate, el espada le instrumentó unas verónicas peleadas, más poderosas que a lo mejor estéticas, incluso enmendándose en alguna de ellas, pero metiendo la embestida en el capote y tirando con las manos muy bajas, para cerrar con una media ya gustándose y todo. Fue notar el palo y el de El Ventorrillo se lió a tirar derrotes y a salir de najas sin disimulo. Más derrotes en el que hacía la puerta y de nuevo en el de tanda, en una tercera entrada, solo se le señaló el puyazo. Tras los primeros latigazos por abajo, la faena transcurrió en un quehacer por el pitón derecho, varios intentos para probar por el izquierdo y entre medias, la cara arriba, enganchones, achuchones, carreras y un ir cazando muletazos. El quinto salió muy suelto y no había quién le echara un capote a la cara, tuvo que ser de nuevo el matador el que se hiciera con él muy eficazmente. Habitualmente este matador nos obsequia con un toreo preciosista con el capote, pero en esta ocasión también supo bregar para intentar hacerse el dueño de la situación. En el caballo en el primer caso le taparon la salida al toro y en el segundo le hicieron la carioca, mientras el toro simplemente se dejaba. Una primera tanda con mando, colando un poquito el pico, pero tirando en algunos muletazos. Mejor la siguiente tanda, con un toreado pase del desprecio ligado al de pecho. ¿Se acuerdan cuando esto pasaba con el natural y el remate? Yo tampoco. A partir de ahí empezó a apelotonar los pases, a pegar tirones y con enganchones, con algún natural de bello trazo entre medias. Faena de altibajos, una tanda más que aceptable, otra embarullada, el estoque de mentira tirado en la arena y para cerrar unos ayudados por bajo que tras media estocada le llevaron a cortar una oreja. Podríamos empezar las disquisiciones de si sí o si no, si mejor o peor que el día anterior Ureña, pero, ¿para qué? La próxima vez nos ponen a los dos juntos y punto, ¿no? Podrán estar bien o mal, pero de lo que sí estoy seguro es de que los dos iban a poner todo lo que tienen como toreros, porque ambos ya han demostrado con creces su voluntad, quizá porque se toman esto muy en serio y porque el toreo es para ellos una cuestión de dignidad.

jueves, 12 de mayo de 2016

Pues será cosa de la emoción, pero...

Lo de citar de frente yo lo recordaba de otra forma


Pregunten a los aficionados a los toros que le piden a esto y me juego mis tierras en el pueblo, las de mi familia, las de mi familia política y las de los que tienen de verdad una gran hacienda, que aparecería casi como una constante la palabra emoción. Nada, que el personal quiere sentir cosas y está dispuesto a dejarse llevar por las emociones hasta los confines del mundo, hasta el infinito y tres pueblos después. ¡Qué bonita es la emoción! Pero claro, los hay que tienen el sentimiento más a flor de piel y otros que igual es que somos unos insensibles, pero, ¿qué le vamos a hacer? Estamos hablando de  algo subjetivo y contra eso no hay respuesta posible. Si a lo mejor nos centráramos más en lo objetivo, quizá cambiarían los términos y nos encontraríamos ante un panorama completamente diferente. Pero seguro que sería más aburrido. La plaza de Madrid se ha emocionado con un dispuestísimo Paco Ureña que venía a darlo todo, sin reservas y sin reparar en si el piso estaba más para un partido de waterpolo o para hacer el toreo puro, el sincero, el eterno, el de siempre. El murciano ha puesto todo sobre el tapete, voluntad, colocación y ha querido hacer ese toreo, pero...

Tarde con más agua que cuando enterraron a Zafra y es que no vemos el cielo despejado ni a la de tres. Toros de El Torero y uno de Torrealta, que han ofrecido embestidas que unos han aprovechado y otros no tanto. El indultador del año, Manuel Escribano, quizá ha dado la medida de lo que es, un torero con valor, echado para adelante, pero con muchas limitaciones. En su primero ya le costó hacerse con él, echaba las manos por delante en los primeros lances, al caballo fue andandito, a su aire, para cabecear desesperadamente contra el peto, mientras no recibía castigo alguno. Banderilleó el matador, más bien vulgarote y sin emoción, qué cosas. Trapazos por detrás y por delante, pero nada, que la emoción seguía de viaje y lo que es peor, que no se la esperaba. Será que la emoción no responde a los trapazos ventajistas citando por afuera, con el pico de la muleta y sin rematar, por muchos que se den, ni mucho menos con los bajonazos. Ni tampoco asomó en el cuarto, que salió buscando por donde se salía de aquel sitio en el que no quería estar, no le emocionaba. Entró al caballo para pelear solo con el pitón derecho, echando la cara arriba y haciendo sonar el estribo como si tocaran arrebato. Más banderillas del maestro, solo con facultades y a veces ayudado desde la barrera a destiempo por un peón, interfiriendo en la correcta ejecución de la suerte. Telonazos por abajo a una mano, para proseguir con muletazos con pico, carreras para arreglar no hecho con el mando que exige el toreo y recuperar el sitio, lo mismo con una que con otra mano. Y así hasta que otro bajonazo nos quitó la esperanza de que Manuel Escribano nos emocionara, pero nada, ni un vello de punta.

Pretender que Iván Fandiño emocione es como una utopía que de momento no parece en vías de hacerse realidad. Incapaz, sin sitio, ausente, parece que aún sigue instalado en aquella tarde de los seis toros, seis. Con el capote en ambos toros no fue capaz de aguantarles y de meterles en las telas, teniendo darse la vuelta y empezar cediendo terreno hasta los medios. Que digo yo, que si eso no lo podría hacer un peón, pero bueno, eso son cosas mías, que insensato de mí, aún tengo la esperanza de que los banderilleros vuelvan a parar los toros de salida. El primero del vasco fue pronto al caballo, se le tapó la salida y empujó bien, pero para afuera. Al segundo puyazo fue desde algo más lejos y el animal cumplió. Se dolió bastante en banderillas y ya en la muleta, Fandiño se empeñó en ahogar la embestida, demasiado de cerca, muchos trapazos, enganchones, echándose el toro para afuera, abuso de pico y una sensación más que preocupante de no estar para nadie. Más de uno tuvo la sensación de que se le había ido este tercero de la tarde. Poco cambiaron las cosas en el quinto, otro que al menos medio cumplió en el caballo. Más muletazos sin orden ni concierto, enganchones, pico, carreras para retomar el sitio, pero la sensación que daba es que este lo tiene muy perdido. Hasta parecía haber perdido esa ambición, esa garra que en otros días tanto emocionó y que hasta llegó a ilusionar. Un torero al que se le valoró por lo que se adivinaba que podía ser, pero que la realidad, tozuda, dejó todo en un espejismo.


El tercero en discordia era Paco Ureña, el murciano que a base de ganas y disposición se ha ganado a la plaza de Madrid. Verónicas enmendándose para parar a su primero, pero cortándole el viaje de golpe. El animal, sin haberlo puesto bien en suerte en ningún momento, hasta empujó en el caballo mientras le tapaban la salida, como a casi todos, encelado con el peto y en su segundo encuentro haciendo sonar demasiado el estribo: Y yo me pregunto, ¿a ustedes también les parece horroroso eso de que el toro esté despitorrándose contra el peto mientras el picador tiene levantado el peto como si allí no pasara nada? Una primera tanda de muletazos con cierta suavidad, pero con el pico de la muleta, despacito, pero más por la condición del toro, que por el mando y sentido del temple del matador, que no acababa de rematar los pases. Tardó en echarse la muleta a la zurda y en que hora; el de El Torero le avisó con varias coladas por ese pitón. Volvió a la derecha y quizá lo más emocionante fueran unos derechazos empezando a citar de frente, aunque creo que más que torear, pegaba tirones sin templar. Pero la emoción de verdad llegó con el sexto, tanto la llaman, que al final no se puede resistir y allá que va. Pegajosito de salida, obligó a Ureña a darse la vuelta y cuando se cansó de darle capotazos, lo abandonó sin miramientos allá dónde quedara. Se empleó el toro en el caballo, pero siempre peleando con el pitón izquierdo y apoyado de lado en el peto. La faena de muleta comenzó con muletazos por abajo y dos derechazos muy templados, tirando del toro hasta rematar el pase atrás, lo que aparte de emocionar, era un gusto para los sentidos. A partir de ahí hasta dio la sensación de acelerarse un poquito. El público ya estaba... a favor y se le jaleaban más derechazos, aunque no tuvieran ni temple, ni mando, ni tiraran del toro, pero ya saben, la emoción es la emoción. Eso sí siempre bien colocado, muy de verdad. Dos más de muy buen corte intercalados con la cantidad lo que hacía que  a algunos, no acababa de llenarles esta intermitencia entre que el toro fuera a su aire y que realmente fuera toreado. Enganchones al rematar los naturales, otro de los de verdad por allí perdido y en la mayoría de los casos, tras citar, daba la impresión de pegar un tirón, lo que me hacía recordar lo que me contaba uno de mis maestros, que hay que la mano suele tender a escapar. Unos ayudados bajo y uno magnífico de pecho. Pinchazo hondo y entera soltando la tela, lo que igual no es una casualidad, pues matar dos toros y que en los dos se te caiga el trapo, da que pensar. Una oreja que a él y a muchos les ha sabido a gloria, claro que sí, que esto es así, aunque a otros nos dejó un poco con ganas de algo más, por lo menos el haber aprovechado de mejor manera las nobles embestidas del animal, pero no le busquemos tres pies al gato, pues será cosa de la emoción, pero...

martes, 10 de mayo de 2016

Don Simón Casas I, el divertido


 
Don Simón, dígale al señor Matilla que nos traiga muchos de estos y verá sin nos divertimos; quizá serían otros los que llorarían entonces, lagrimones como puños, a lo mejor por tenerse que quedar en casa y colgar el traje de luces. 
Servidor que pensaba tomarse el día libre con eso de la suspensión de la corrida de feria a causa de los tremendos chaparrones que están descargando sobre el foro y en una de esas charletas me entero de las airadas manifestaciones del señor productor de espectáculos taurinos, no taurinos, pseudotaurinos, taurinos en apariencia y pretendidamente taurinos, don Simón Casas. Resulta que el buen señor, tras comprobar que el señor presidente de la primera novillada del ciclo novillada no le había regalado una oreja, en primer lugar por falta de méritos y en segundo por falta de pañuelos, a Álvaro Lorenzo, se descuelga con:

No debemos confundir EXIGENCIA con INTRANSIGENCIA ". "Si somos demasiado dogmáticos, la fiesta de los toros se nos por ente las manos". "A los toros hay que venir a disfrutar. Si en vez de disfrutar, venimos a llorar, la fiesta de los toros se nos va de las manos" y “al público hay que darle lo que quiere". Y para finalizar: "yo me pregunto qué hay que hacer para cortar una oreja en Madrid..."

Casi na’ lo del ojo y lo llevaba en la mano. Pues le doy la razón en todito todo, sin quitar ni poner ni un punto, ni una coma, pero...

-          La exigencia es necesaria, claro que sí y los exigentes estarían encantados con no padecer la intransigencia de los verbeneros, de los taurinos y, entre otros, del señor Casas, que parece pretender erradicar este sentimiento del aficionado, negándole su derecho a discrepar, su derecho a pedir sencillamente lo que quiere y lo que le gustaría ver más a menudo en una plaza de toros. Estos simplemente piden el toro y luego, si procede, que se ponga delante el que quiera y pueda. Pero no, la intransigencia está precisamente en eso, en negar el toro, porque estos señores han decidido que no vale para lo que ellos quieren y lo que ellos quieren es algo alejadísimo del toro y en el polo opuesto de lo que debería ser el toreo.
-          Precisamente ese dogmatismo modernista, ese negar el toro, la casta y la verdad, es lo que está provocando que esto se nos esté yendo entre las manos y puede que él mismo tenga datos fehacientes de los niveles de asistencia a plazas como la de Madrid, que en otros tiempos habría registrado un lleno por tarde y la de la novillada, casi lleno; pero la realidad es que a lo más que se ha llegado tras varios días de feria, es a dos tercios del aforo, aparte del descenso continuado en el número de abonos.
-          A los toros hay que ir a disfrutar, claro que sí, con el toro y el toreo, pero si lo que nos dan es medio toro y toreros tramposos, incapaces y ventajistas, si esto se convierte en una pantomima, claro que se nos va de las manos, por supuesto y mal favor hacemos a la Fiesta si confundimos la diversión, la pasión, con el verbeneo insustancial y chabacano, que usted quiere creer que esto le resulta muy rentable económicamente, pero no se engañe, siempre será más beneficioso llenar una plaza y además añadir lo de la tele, que no llenarla y el que la tele cada vez se le ponga más rácana, entre otras cosas porque el número de abonados a los toros en la pequeña pantalla no le resulta rentable al canal.
-          ¿Al público hay que darle lo que quiere? Pues venga, empecemos; llevamos años esperándolo, al menos tantos como usted y sus socios de Taurodelta llevan en la empresa tratando a la Plaza de Madrid con desprecio, arrebatándole poco a poco el prestigio que se labró durante muchas décadas. Usted se ha querido hacer una realidad a su acomodo y en no sé qué momento se creyó iluminado por un rayo divino, pensando que sus ocurrencias eran lo mejor del mundo y que precisamente era lo que el público quería ver. Pues anda que no está usted desorientado, ¿no?
-          Y para cortar una oreja en Madrid hay que hacer muy poco, porque no olvide que Madrid puede ser la plaza más facilona del mundo, que esta afición se ha conformado con que los toreros lo intentaran, siempre con el toro, claro está, pero con las buenas intenciones ya les valía. Eso sí, había que ir con la verdad y no pretender engañarles, porque entonces se convierte en un torbellino que te come. Así de fácil, toro y toreo de verdad. No me dirá que no es poco pedir. Incluso, mire si será facilona la plaza de Madrid, que puede aclamar a un torero aunque no haya dado ni una vuelta al ruedo. ¿Cabe mayores facilidades? ¿Cabe mayor entrega?


Eso sí, me resulta paradíjico que usted que reclama diversión, jolgorio y alegría por partes de los aficionados esté todo el día encabro... contrariado con todo el mundo, perdón, con todo aquel que no le baila el agua, que no le canta lo grandioso que es usted y sus ocurrencias y que no le erige un monumento como líder único de los taurinos. Así, por este camino, de verdad que vamos a vernos obligados a retirarle el título nobiliario de don Simón Casas I, el divertido.

Los príncipes también saben defraudar

Un par de banderillas para justificar toda una tarde


Siempre estamos con las mismas, que si los novilleros son el futuro de la Fiesta, que si ellos son los depositarios de la ilusión del aficionado y hasta parece como si existiera la creencia de que son espíritus puros e inocentes a los que hay que proteger de tanta maldad como hay por el mundo. Pero claro, si nos da por pasarnos por la Plaza de Madrid para ser testigos de la presentación en esta plaza de tres de los más destacados matadores de novillos de la actualidad y vemos sus maneras, igual deja todo y se va corriendo al Viaducto, pensando que esto de los toros no tiene remedio. Ignoro la causa, quizá porque no tienen espejos de garantías en los que mirarse o que estos están demasiados sucios y ofrecen una imagen distorsionada, pero son los mismos males, las mismas trampas y hasta la misma altanería de sus mayores. Así poco vamos a avanzar. Así no vamos a llegar a ese cambio que hasta el señor Molés parecía proclamar el día del Cobradiezmos. Aunque también ocurre una cosa y es que como esperemos que el cambio venga por parte de los de luces, esperaremos en vano. Como no parta del toro, estos y los que vengan detrás de estos y los que vengan detrás y los siguientes y los otros, no van a mover un dedo por algo que no sea su comodidad y su bolsa ¿Les suena esto de algo?

Novillada de El Parralejo, muy al modo de la Tauromaquia 2.0, esa de la que algunos ahora se quieren apropiar y quieren convertirla en algo virtuoso y beneficioso para la Fiesta, ¿se puede ser más necio? Pues eso, la novillada muy del gusto de las masas piperas y amantes del yintonis. Chica, alguno se pretendía tapar por la cara, pero costaba pensar que no era una becerrada. Flojos como la madre que los... muy flojos, imposible de poder administrarles más de un jeringazo para los seis, olvidando aquello tan añorado de los puyazos en el morrillo. Luego alguno hasta iba y venía, pero nada de nada. Y si a eso unimos el que estos mozos aprendieron para ser toreros como se visten los toreros, a qué fiestas van los toreros, a rodearse de bellezas y admiradores como toreros, a tener a su vera l tipo palmero de los toreros, pero no a torear como los toreros, ni a llevar la lidia, ni a mandar en una embestida, ni tan siquiera a tirarse detrás de la espada como se espera que lo hagan los toreros. Quizá les parezca que soy excesivamente duro con los chavales, no les digo yo que no, pero, ¿saben que ocurre? que ahora son novilleros, pero en nada se nos van a convertir en un Jiménez Fortes, un López Simóm, un Daniel Luque, un Juan del Álamo o vayan ustedes a saber y entonces hay que aguantar sus “cosas” también de matadores de toros.

Álvaro Lorenzo, como toda figura que se precie, tras el desarme inicial con el capote, no quiso casi verle hasta tomar la muleta y fue un espectador de excepción de la no lidia y del no picar al animalito, para luego ofrecer un toreo moderno, con trapazo tras trapazo, sin saber resolver el que el toro se le acostara levemente por un pitón y pretendiendo que entrara la espada sin una mínima participación suya. El manteo prosiguió en su segundo, que acudió al caballo entre arreones, para acabar escapando del peto. Con la muleta empezó por abajo, quitándole el engaño de repente, muy acelerado, siempre con el pico por delante, retorcido, alargando y vaciando el muletazo allá lejos. Tosco y vulgar, cuando ya no tenía más recursos que entusiasmaran al personal, se decidió por el arrimón y en consecuencia vino el revolcón, luego eso de la muleta invertida que tantos éxitos le han regalado a Luque y tras petición, decidió darse la vuelta en medio de las protestas de gran parte del público. Lo que molestan las protestas al paisanaje, pero ya ven, a unos les gustan estas cosas y a otros les pone de los nervios y lo manifiestan públicamente, pero ojo, que los que protestan no son quejicas profesionales que están ahí para que abucheen a petición del personal; aquí que cada uno proteste lo que le venga en gana y que deje al vecino a su aire.

Ginés Marín, otro “nuevo en esta plaza”, quiso desplegar su arte con verónicas a pies juntos a la cabrita montaraz a la que ni rozaron con el palo, o igual sí, pero de verdad que costaba saber si la sangre del morrillo era provocada por la puya o por la divisa. Intento de estatuarios al comenzar la faena, que más bien quedaron en telonazos. Más pico, fiel a las teorías modernas, fuera de cacho por sistema y aunque el animalito iba muy, muy despacito, no faltaba el enganchón. Conato de toreo de frente, pero claro, esto no es garantía de buen toreo, especialmente si se maneja la tela como una bayeta. Encimista, con trapazos de uno en uno y muy pesado, demasiado pesado. Al quinto le pegó trallazos enganchados, así como para que el novillito se enterara de que o aceleraba el paso o no iba a ver, ni de lejos, esas telitas que le ofrecían estas futuras figuras. Mal en el caballo, lo mismo el de arriba, que el de abajo, que a la mínima se iba suelto. Su labor muleteril acabó desesperando al respetable, con trallazos y abuso del pico con ambas manos, sin saber dominar los tornillazos que tiraba el del Parralajo, enganchones y más enganchones y terminando los pases quitando de golpe la muleta.


Y llegamos al último maestro de la tarde, Varea, que tuvo que matar un sobrero de José Vázquez que sustituyó a la inválida chivita que le tocó en suerte. Verónicas ganando terreno, rematadas con una media al aire y otra de buena condición, llevando toreado al burel. No se le picó y aunque le taparan la salida, se buscaba las vueltas y salía suelto. Un inválido que no podía con su alma, le pesaba hasta el resuello, de cada dos trapazos destemplados, dos acababan con el novillo rodando por el barro. Una frustración que el matador debió pensar que iba a superar con el sexto de la tarde y para eso no hay nada mejor que irse aportagayola. Allí se plantó, quizá demasiado lejos y allí se quedó, porque como dirían los modernos, el toro le hizo una cobra en toda regla. ¿Tú estás ahí? Pues yo me voy por aquí y adiós efecto protagayolense. Se frenaba en el capote, reservón, no quería tratos con nadie que anduviera por el ruedo, ni de a pie, ni mucho menos a caballo. Y en medio del sopor y de este vendaval de vulgaridad, apareció Iván García con un buen primer par de banderillas que nos despertó del letargo, pero es que el segundo ya fue para levantarse del asiento, con el toro ya avisado y apretando más que en el primer par por ese pitón izquierdo, le dejó los palos en todo lo alto, a base de consentir mucho. Luego su matador se pasó el rato acoplándose, para luego ir largando tela y más tela, perdiendo el tiempo, encimista, ahogando al novillo y ahogando la ilusión del aficionado que esperaba ver al menos ganas por querer ser torero, ilusión y quizá hasta cierta bisoñez, pero no, simplemente eran proyectos de figurones y no chavales que quisieran ser toreros. Clones de sus maestros, con los mismos vicios, el mismo desdén por aquello que no les resulta favorable y esperando que el toro colabore, sin pararse a pensar que a lo mejor ellos también tienen algo que hacer y dejándonos claro que los príncipes también saben defraudar.

Enlace programa Tendido de Sol del 9 de mayo de 2016: