miércoles, 16 de marzo de 2022

Caramba con este San Isidro

Ya estamos en faena. Que Dios nos pille confesados y que los despojos no nos cieguen los sentidos, aunque igual son otras sustancias las que cieguen los de muchos.


Quizá es momento de ponerse concienzudo, sentarse en una habitación solo, ponerse a cavilar y a ver si nos sale un análisis detallado de la próxima feria de Madrid. Aunque… pero bueno, que es una vez al año y tampoco cuesta tanto; que lo que cuesta de verdad es sacar el abono, claro que cuesta, y el acudir tarde tras tarde a la plaza como el peregrino que tiene que limpiar una culpa muy culposa. Que habrá quien me dirá que para qué voy y no les falta razón, pero uno también tiene sus razones para no abandonar. La primera, porque me da la… porque me apetece. La segunda, porque a uno le gusta saber de primera mano cómo está el asunto, sin que nadie me lo cuente. La tercera, porque desde mi casa no les puedo manifestar a los señores taurinos lo que no me gusta. Y por último, porque si caigo en la debilidad de ver los toros por la tele, lo de ir corriendo a la plaza dejando de lado mis obligaciones cotidianas, lo de aguantar apretujones en el metro, lo de las casi tres horas en la piedra, el calor, el frío, los palmeros, el sopor de la vulgaridad y la casi ausencia de toro, me parecen solo pequeños inconvenientes si los comparo con tener que aguantar las cosas que dicen los caballeros que perpetran el festejo micrófono en mano.

La feria de Madrid siempre era esperada porque aparecía el toro, el toro con toda su amplia variedad de encastes y comportamientos. ¡Variedad de encastes! Una cantinela que ahora se repite y se repite, aunque les prometo que en la mayoría de los casos no le veo el sentido. Realmente, ¿alguien se cree lo de la variedad de encastes? Sí, que hay hierros con sangre Albaserrada, Santa Coloma, Núñez y Domecq, mucho Domecq, tanto como para pillarse una melopea de padre y muy señor mío. Pero yo haría otra división atendiendo a la selección y al modo en que la mano de los ganaderos funciona en la cría de sus toros. Y aquí sí que empiezan a verse cosas, como el que salvo dos o tres excepciones, a lo sumo, están los que no molestan apenas a los de luces y los que quizá puedan molestar, si es que salen con algo de complicación. Una feria ideal para que se expresen, se expresen y se vuelvan a expresar, pero, eso sí, sintiéndose a gusto. Que el aficionado igual echa de menos a tal o cual ganadería, pero es que resulta que esas se las han levantado a Madrid los de tal o cual plaza de segunda. Pobre Madrid, cómo va a poder competir con una plaza de provincias si eligen para sus fiestas lo de Rehuelga, Cuadri, Dolores o Valdellán. Pero bueno, que con estos igual no iban a poder aquellos ni expresarse, ni estar a gusto.

Si hablamos de los de luces, pues más de lo mismo, figuras, figuras y más figuras, que si acaso sus méritos sean que una tarde no estuvieron tal penosos, ni vulgares como acostumbran o que hace no se sabe cuántos años, hicieron un quite. Que si escuchamos a los taurinos, incluida la empresa, sus méritos fueron el haberse llenado de despojos el último año; sí, ese, ese mismo, el que le daban orejas hasta al que pintaba las rayas. Que daba igual que no manejaran el capote ni para taparse de la lluvia o que los muletazos, fueran un cuarto de trapazo o que despabilaran a los bureles de espadazo infame. Había que fabricar los triunfos y los fabricaron, ya lo creo que los fabricaron. Y aparte de estos “meritorios”, hay una larga lista de toreros de relleno que están ahí, pues no sé muy bien decir por qué están, pero están. Total, si vienen todos los años, pues este también, que ni cobran demasiado, ni tampoco molestan, tragan con lo que se les diga. Eso sí, la empresa Plaza 1 no ha hecho oídos sordos a las demandas del aficionado. O igual sí, quizá han querido aparentar que escuchaban, pero más bien da la sensación de que han querido callar la boca a los protestones y nos han colocado una única tarde al último triunfador de San Isidro, David de Miranda, y al ganador de la copa Chenel, Fernando Adrián. Cuanta racanería para los modestos y cuanto despilfarro para los poderosos o los que están bajo el manto de los poderosos. Después aparecen otros toreros que al menos se han caracterizado por querer dar siempre la cara en Madrid, Robleño, Octavio Chacón, López Chaves, Gómez del Pilar o Sergio Serrano, y el caso de Paco Ureña, al que no le dejan otra que encerrarse con seis, de los que no sabemos las ganaderías. Seis toros para él solo, que no se sabe si es para estrellarle, para ver si consigue sumar dos orejas en toda la tarde o vaya usted a saber. Lo que sí está claro es que surge la duda de si el murciano está para seis toros en solitario o si… Que tenga mucha suerte, toda la suerte del mundo, la que se ha ganado sudando sangre. Y para cerrar el capítulo de la torería, ese chaparrón de confirmaciones y alternativas de quienes no dijeron nada de novilleros, de los que en su mayoría solo cabe destacar la bondad del paisanaje y lo bien que funcionan los autobuses para llegar a Madrid. Que buenas carreteras ¿Verdad? En cuanto a las ausencias, pues tampoco creo que se vayan a echar de menos a más de uno que no está anunciado; será para que si el respetable le regala uno o dos despojos no tengan que aguantar broncas y hacer esperar innecesariamente al alguacilillo, o para que el que sea se evite el tener que dar explicaciones con un megáfono.

Como diría el otro, menuda feria. Que todo pinta que va a ser una feria con triunfos hasta reventar las estadísticas; estadísticas que luego les permitirán afirmar todo ufanos que ha sido un ciclo histórico, de época, una maravilla maravillosa. Solo habrá que mirar los números. Ya se deben estar frotando las manos los porteadores de puerta grande y ese mal necesario para cortar despojos que son los caballeros de las mulillas, torpes cuando hay pañuelos blancos y ágiles como liebres cuando las cosas no pintan. En fin, que luego nos dirán que esto es un arte, que si ellos son artistas, pero como los malos estudiantes en los exámenes, llenarán páginas y páginas de paja, sin decir nada, con la vulgaridad tan apelotonada que no les cabrá más, midiendo la ciencia y el arte por kilos. Que contrasentido, ¿no? En fin que si esto va por peso, por metros o por litros, a uno no le salen las palabras y a todo lo más que llego es a eso de ¡Caramba con este San Isidro!

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jueves, 24 de febrero de 2022

Los 100.000 hijos de san Victorino

Hay quién opta por socios que paguen una cuota, antes que por que el toro sea toro en toda su integridad

A nadie creo que se le ocurriría no reconocer que esto de los toros está en un momento complicado. Si hasta los antitaurinos están convencidos de ello mientras se frotan las manos pensando que ya queda poco de eso que tanto denuestan y aún más ignoran, porque sin lo segundo, quizá no sucedería lo primero. Y los taurinos, que a veces cuesta distinguir de los antis, no iban a ser menos. Quizá la única diferencia sea eso de atacar a las claras los toros. Pero eso sí, los taurinos, refiriéndonos a taurinos como los que manejan y viven del toro, llevan toda la vida aportando soluciones para sacar a flote su negocio. Y otra cosa no, pero creatividad, creatividad tienen toda. Que lo mismo deciden que la purga Benito son las corridas de cuatro toros; que las banderillas, puyas y estoques desaparezcan y así encumbrar la industria del velcro; o hacer una limpia de matadores toros y de novillos, así como de hierros que no permitan la danza del trapazo y dejar solo a los que se expresan; que si los festejos casi a puerta cerrada solo para la televisión; que si los festejos casi a puerta cerrada para una élite entendida y bien relacionada; que si una fundación que se dedique a defender al toro de lidia; que si esa fundación dedicada a defender al toro de lidia se convierta en empresa y organice hasta bodas, bautizos y comuniones en connivencia con el poder de algunas comunidades autónomas. Pero no sé si será que al final se han caído del burro y se han dado cuenta de que todo eso no ha resultado, ahora nos vienen con la solución definitiva, el bálsamo de Fierabrás que va a resolver todos los problemas del mundo y con ellos los del toro. Ahora sí que sí. ¿Y cuál es esa magna solución? Muy fácil, que si por casualidad hay aluna fundación que supuestamente se dedique a la defensa del toro de lidia, pues que corra todo el mundo y se asocie a ella, como poco, hasta que los pagadores lleguen a 100.000. Que qué cuesta hacerse socio de dicha fundación, ¡nadaaa! Bueno, nada, lo que se dice nada, no. Dependiendo de la modalidad, la cosa puede ir de 50, 150 o 500 euros anuales. Que habrá a quién se le caigan los billetes de la cartera como las hojas de los árboles en otoño, pero otros no estamos para ir perdiendo el plumaje.

Que es una historia que se repite una y mil veces y más en esto de los toros, que no hay más horizonte que el de los billetes y cuanto mayores, mejor. Que piden aquí y allá y siempre, pero siempre, a los más… al público, al aficionado. Y ahora esto, ante las hordas maléficas que quieren impedir que unos sigan mangoneando, haciendo de su capa un sayo, poniendo y quitando lo mismo toreros que ganaderías, salen los señores de la fundación pidiendo ayuda a los cien mil hijos de San Luis… o san Victorino. Que dicho como ellos lo cuentan, pocas empresas pueden resultar más justas, pero claro. Que ahora el lobo pide ayuda para salvar la oveja lacha del Pirineo, que los buitres montan una cadena de muladares veganos. Que las palabras suenan muy bien, a veces a música celestial. Que ya veo a la cabeza de las huestes de la FdTL a esos próceres que defienden su fiesta, lanzando a sus cien mil hijos de san Luis, enfervorizados, contra los que piden el toro íntegro, contra los que abominan de las fundas, contra los que quieren verdad en el toreo, contra esas ganaderías que tienen su aquel y que los figurones de luces no quieren ni ver, eso sí, pasando previamente por caja, por su caja. Y todo para defender su fiesta, o digámoslo claramente, para defender su negocio, que es lo único que les preocupa. ¿Qué creen que a la hora de hacer de empresarios y montar esas ferias, esas copas o esos shows, piensan en el gusto, en las preferencias del aficionado? No señorito, no. Ellos a lo suyo. Siempre contando con la ayuda del órgano supremo de propaganda, la prensa y en especial la televisión, que se esmera por adoctrinar y por ocultar lo que esto fue y lo que debería seguir siendo. Que si seguimos así, con tanta mentira escondiendo la verdad, lo mismo llegamos a un punto, del que no estamos ya tan lejos, en que nadie se acuerde de lo que es el toreo. Esa pantomima dejará de interesar incluso a los más fieles de esta modernidad atosigante, que igual engancha un ratito, pero solo un ratito y entonces puede ocurrir que no estén para colaboraciones ni los 100.000 hijos de san Victorino.

 

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viernes, 18 de febrero de 2022

A ver dónde nos colocan

Quizá al aficionado solo le queda abrazarse al único que ni defrauda, al toro.


Que preocupación tan grande cuando vamos a una boda y no sabemos en qué mesa nos pondrán, si con la tía Mercedes, que regaña, provoca o molesta tanto o más de lo que habla, que es mucho; o cuando en el trabajo reorganizan las mesas o los despachos y temes para que Angelines o Rodolfo te queden lejos, muy lejos y que no puedan desde su mesa mirar tu trabajo y decir eso de: eso está mal, ¿lo has revisado? ¿Seguro que es así? No sé yo… Si hasta en el colegio escapábamos de que nos sentaran con Perea, el empollón y repelente niño que sabía de todo menos de hacer amigos. Y como esto es la vida misma, en los toros nos empieza a pasar un tantito de lo mismo y no porque algunos hayamos cambiado nuestra postura, sino porque la han cambiado ellos y si no es así, porque les molesta e incomoda enormemente la nuestra.

Que el que a los taurinos les ponga de los nervios la presencia del aficionado que exigen los tendidos, eso es algo que ya se comenta hasta en la plaza de Tiananmen cuando el sol es devorado por las fauces del dragón de la noche en el solsticio de primavera del año del cerdo. Que si pudieran, hasta nos pondrían una bomba debajo de la almohadilla, como ya expresó un matador de estirpe ahora metido a entrevistador matinal. Que nos han querido sacar de nuestra secular ignorancia a base de voces por un megáfono, nos han dedicado punzantes miradas desde los puestos de comentaristas entre irrespetuosas frases de desprecio. Se nos han vuelto en el tendido para expresarnos cuáles son los deseos que les brotan de sus partes íntimas, que no nobles, nos han recordado a la madre por las ondas de radio, nos han desafiado desde el ruedo invitándonos a echarnos a la arena en su lugar, nos han dedicado excelsos cortes de manga, aunque luego, ya más calmados, dicen que la exigencia es absolutamente necesaria. Que ya me dirán ustedes si esto es bipolaridad o simple cinismo. Decidan ustedes mismos. Pero bueno, todo eso podría decirse que va en el precio de la entrada, la que por otra parte pagamos religiosamente o agnósticamente o con un profundo sentimiento ateo, pero sea como fuere, hay que pagarla y aligerar el bolsillo. Pero lo peor de todo es que montan un espectáculo según les viene el viento, siempre amparando sus intereses y con la firme pretensión de mandar en nuestros gustos y pareceres. Que a usted le va a gustar lo que yo le diga y si no es así, resulta que es que quiere imponer a todo el mundo sus preferencias. ¡Aaaayyy! Que igual es verdad, que llevamos décadas queriendo imponer algo tan sencillo como es el toro, y en consecuencia a aquellos que sepan enfrentarse a él; pero nada, que no hay manera, nosotros venga a querer imponer y a cada año que pasa imponen ellos, y cada vez con más fuerza, ese maldito imperio de la vulgaridad, esa preponderancia de lo hortera, chabacano y vacío de toda cualidad que debería estar presente en una corrida de toros. Que está claro que estos no nos quieren. Pues nada, apartémonos de los taurinos.

Pero claro, ahora resulta que por el otro lado tampoco es que nos guarden sitio a su lado en los tendidos y gradas. Que ahora resulta que tenemos que ponernos comprensivos con el de luces, el que cría toros, el que monta ferias y el que monta estos “chous”, ¿o se dice shows? Que a nada que digas te dicen que es que no sabes lo que cuesta estar ahí y además, si fulanito o menganito son amigos, pues a callar. Que nos están haciendo la jugada cuatro cuatro tres y se nos ponen comprensivos, como ya ocurrió en un pasado muy reciente. Que nos traen a las figuras y todavía protestamos. Que nos ponen delante estos manjares de toreros pegapases, amigos o no, con toros que tragan pase, perdón, trapazos como el tragabolas y encima tenemos que palmearlo con frenesí. Que hay que ser exigente te dicen y resulta que jalean a un caballero pegando cuartos de muletazos y ovacionan en el arrastre a animales a los que se les pegó medio raspalijón y de mala manera en el caballo. Que a todo lo más que llegan es a reconocerte que es que esto es lo que hay y hay que juzgar sobre lo que hay. Que si este mundo es una basura, a todo lo más que nos permiten es a juzgar si la basura es buena o menos mala, aunque no deje de ser basura. Si huele mal o peor, pero sigue oliendo mal, muy mal. Que nos niegan el juzgar sobre lo que debería ser y no sobre lo que es. Que solo nos conceden el derecho a vivir en un mundo infame, sin permitirnos aspirar a uno mejor. Y entonces, ¿aquí tampoco nos podemos sentar a su mesa por ese carácter de amargados? Que igual es porque ellos, que se codean con la gente guay se consideran élite en esto y al proletario taurino prefieren tenernos a gran distancia, casi allá por dónde cae la plaza de Tiananmen, cuando el sol es devorado por las fauces del dragón de la noche en el solsticio de primavera del año del cerdo. Y mientras, aquí andamos a la puerta de la nueva temporada, a ver dónde nos colocan.

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viernes, 11 de febrero de 2022

Quizá lluvia de orejas, un rabo o hasta un indulto, para culminar la infamia

 

Desde Chiquito de Altamira, no se va a ver nada igual

Estamos siendo testigos de la génesis de la temporada que parece que será la de la normalidad; aforos completos, el calendario de ferias al completo y las figuras y ganaderías del sistema copándolo todo, sin dejar un resquicio ni en las capeas de la peña taurina de Pedernales del Camino Empinado. Eso sí, todo sea en pro de la calidad, idea que repiten hasta la hartura desde Plaza 1 y Asuntos Taurinos en Madrid. Que claro, luego cada uno entiende esa “calidad” como mejor le venga, sin tener para nada en cuenta los gustos, usos, costumbres y hasta los logros conseguidos en otros momentos en la plaza de Madrid. Pero todo sea por la “calidad” y a ver quién es el guapo que dice que le borren de esa idea.

Que lo más evidente parece lo ya comentado más de una vez, el copar todos los puestos, el adueñarse del negocio y arañar hasta el último céntimo y si para ello tienen que estar en dos plazas a cientos de kilómetros al mismo tiempo, tranquilos, ya se las apañarán. Pero hay alguna mente retorcida que igual ve un poquito más allá. Ya saben, siempre hay quien desconfía de esta gente que tanto hacen por defender los toros, ¿no? Perdón, la “tauromaquia”. Y caramba, he aquí un desconfiado y retorcido. Que ya hemos visto para lo que utilizan esas orejas cortadas de aquella manera, engordan las estadísticas y en base a esas mismas estadísticas adulteradas conforman carteles. Pero es que, además, llevan años queriendo convencer a todo el mundo de que lo mejor para la salud de los toros es el triunfalismo, porque así todo el mundo está feliz y contento. Que nos dicen que esto es alegría para los dueños de la fiesta: el pueblo. Y el pueblo va y se lo cree, cuando es más que evidente que los dueños, los amos absolutos son esta panda que nos mangonea y nos quiere manejar. Que no paran, oiga. Que ya se han adueñado de todas las plazas del orbe taurino y con un populismo inaguantable que leve una tarde sí y mil también a los altares a la vulgaridad y al fraude. Les quedaba Madrid, con la que llevan peleando desde hace… de toda la vida de Dios. Que empeño en convertirla en una más, en quitarle todas las singularidades que la hacían especial y a la vez inaccesible para esta banda de incapaces sin pudor. Pero ellos no se cansan, ellos va a piñón fijo y no ceden ni un dedo, siempre avanzando en el fraude, en la chabacanería y en adueñarse de todo, hasta de los gustos de los que pagan. Y, ¿quién nos dice que los siguientes pasos que culminen su gran fecharía están a la vuelta de la esquina? Y me refiero a algo que el aficionado teme desde hace años. ¿Será este? ¿Será este otro? Pues parece que podemos estar a punto de caramelo. Está más que claro que en Madrid vamos a tener un añito en el que los triunfos bien maquinados van a llover a raudales. Va a haber orejas como para un puchero para toda la plaza y si no, echen una miradita al año pasado. Pues este San Isidro van a hacer saltar la banca, pero, ¿por qué no ir más allá? ¿Por qué pararse? Sigamos, culminemos, que caiga ya de una vez por todas el rabo en Madrid. Ya va siendo hora, ¿no? Eso sí que haría felices a tantos y tantos amantes del jolgorio. Que vuelen los yintonises, que nos bañen en alcoholazo. Pero cuando las “emociones” se ponen en marcha no hay cristiano que las frene. ¡Leña al mono! Pidamos un indulto, a ver por qué en todas las plazas del mundo se pueden llevar un indulto a la boca y Madrid no. Dejemos a un lado eso del caballo, lo de la lidia y cuatro pamemas más que no llevan a ningún lado. ¡Indultooooo! Si este año no sale, no sé yo cuándo va a llegar. Que calienten un poco los ánimos los de la tele, que la prensa marque la fecha con un circulito y a por ello de cabeza.

Que habrá quién lo proteste, los retorcidos y desconfiados, pero “naaaa”, a esos se les calla enseguida. Se les dice que se callen, que quieren imponer su fiesta y que niegan todo lo que no sea el toro, la verdad y la integridad. ¡Habrase visto! Que les queremos imponer dicen y resulta que llevan años imponiendo la vulgaridad como única escuela, el medio toro como colaborador de una danza y si protestas porque se nos hurta la lidia, te dicen que se van a comprar un megáfono para explicarte sus listezas. Resulta que a esos que dicen que quieren imponer se les invita a irse, se les trata de malos bichos reprimidos, de amantes de la tragedia y vaya usted a saber cuántas barbaridades más. Y todo por pedir el toro. No creo que haya que ser muy avispado, ni tener una bola mágica para pensar en lo que se nos viene encima, quizá lluvia de orejas, un rabo o hasta un indulto, para culminar la infamia.

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miércoles, 2 de febrero de 2022

Estrechando el círculo

Al final los toros van a quedarse solo en un sueño, para unos un mal sueño y para los que tan intensamente lo vivieron, un sueño ya imposible. Que seguirá el show, pero nuestra fiesta se habrá acabado para siempre


Se suponía, solo se suponía, que la normalidad se iba a ir haciendo presente poco a poco, la normalidad que hasta antes del terremoto pandémico conocíamos, pero… Que ingenuos somos algunos. La normalidad que se va imponiendo por la fuerza de los poderos, es la del primero yo, después yo y después yo también y los que no sean de los míos, que vayan en paz. Pero claro, esta normalidad impuesta flaquea por todas partes, siempre a los ojos de los aficionados y visto lo visto, a lo mejor también ante la perplejidad de toreros y ganaderos modestos, que igual un día se creyeron aquello de que las figuras iban a dar la cara por ellos, por los que menos toreaban, por los que menos lidiaban y a los que más les costaba el seguir en esto de los toros alimentando la ilusión de poder mantenerse a flote.

Pero es que los taurinos, esas élites acomodadas no lo ponen nada fácil. Ellos solo pretenden acomodar la realidad a sus caprichos y siempre manteniendo su negocio reportándoles los mismos beneficios que antes de todo este jaleo sanitario que ha levantado del suelo a más de uno que ni sabía que se estaba poniendo delante del virus, sin poderse defender ni con capote, muleta o espada. ¡Traicionero mal! Los taurinos quieren enfundarse la fiesta como un guante, pero… ¡Ay los peros! Que resulta que no se les ajusta cómo esperaban y claro, si hemos ido mutilando los dedos de esa mano del toreo, uno por uno, ¿qué esperamos? ¿Qué podemos esperar? Cercenaron el meñique que eran muchas plazas de segunda y tercera, porque no les salía a cuenta. También mutilaron con agrado el anular, el de los compañeros que podían molestar, el de los que si un día se ponían, lo mismo les descubrían la trampa, la falta de verdad en su tedioso trapaceo. Y si estábamos en quitarnos dedos del medio, pues venga con el corazón, el de la variedad de ganaderías de encastes que les daban el triunfo, pero también dolores de cabeza para los que no estaban preparados, ¡fuera! ¿Y pararon aquí? Ni pararon, ni pararán y sin pensarlo dos veces segaron el índice del aficionado, el que les señala como culpables de tal degradación, que puede ser el golpe definitivo a este rito secular. ¿Y qué les queda? Pues el pulgar que solo no les vale de nada; el pulgar que son ellos mismos que sin los demás nada puede coger, ni las migajas que queden de esta fiesta para poder llenarse los bolsillos, aunque lo mismo empiezan a atisbar que las cosas ya no son cómo eran y como aves de rapiña quieren rebañar para ellos solos lo que queda. Y resulta que el guante no entra, no ajusta y ese colgajo ya no lo llena como debía, como cuando esto tenía intactos sus cinco dedos.

Eso sí, ahora pretenden vestirnos de gestas el anunciarse los de luces en una feria las veces que antes lo harían en dos o tres. Con el ganado de siempre, que si hace falta se le repite las veces que haga falta y vamos tirando, pero sin dejar que nadie se nos cuele adelantando por la derecha. Pero como tontos no son, los señores empresarios, aparte de una lista de hierros infames, los de siempre, entre col y col nos pretenden callar la boca con una de esas por las que clama el aficionado. Eso sí, estén bien o mal, ya habrá quién le ponga pegas, justificadas o no. Que sin temor a equivocarnos, lo más probable es que los resultados sean grandiosos, colosales, con reparto de despojos a tutiplén. Será por orejas. Que lo mismo hasta en plazas como la de Madrid vivimos el primer indulto de la infamia. Engordarán estadísticas para después tirárnoslas a la cara, como hacen los miserables con lo más sagrado, te lo echan a la jeta con el desprecio y chabacana chulería del que dice, pero no hace y al que solo le importa lo suyo, después lo suyo y después, lo suyo también. Solo les importa el reparto y si es entre menos, mejor, ya sean los tan cacareados derechos de imagen o los puestos en las ferias, carteles de pueblo o festivales. Que no les importa apartar ni a ganaderías con casta en sus venas, ni a toreros que quieran ser, ni por supuesto a aficionados que viven esto como si de ello dependiera si no su vida, sí su forma de vivir, lo que da sentido a su pasión. Y es que, queriendo o sin querer, estos taurinos  están, peligrosa e insensatamente, estrechando el círculo.

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lunes, 24 de enero de 2022

Poco se afeita para lo que hace falta

El afeitado no es solo emplear el serrucho, hay otra forma de hacerlo, es legal y no podemos esperar que los taurinos lo ilegalicen. Es su coartada.

Desde siempre se ha hablado del afeitado, del enfado, indignación que genera en unos, los aficionados, y de las excusas que ponen otros para justificarlo y ya hasta para casi defenderlo; no tanto en su versión de barbero que sierra la dignidad del toro vilmente, para después enmascarar con ruin maestría la fechoría. Que dicen unos que es para matar un poco el picante, pero que según parece, ese picante son cuatro dedos. Y la otra versión, generalizada y a la vista de todo el que se pase por el campo, que es el enfundado. Y diría que es algo hasta aceptado, pues hasta los que se consideran aficionados rigurosos y exigentes lo aplauden, que si no, los ganaderos pierden mucho dinero y eso no se lo pueden permitir. Si hasta en esas visitas de carricoche y foto a tutiplén se fotografían esas fundas con un toro detrás y luego las enseñamos ufanos, llenos de orgullo, para que se vea lo que hace mi súper cámara con un objetivo 50/200 con autofocus, automática, con sensor autodisparo que siempre te saca guapo y autofotógrafo, que ya no hace falta ni el fulano guiñando el ojito.

Que ya digo que ya no solo se enfrascan en justificar la tropelía, sino que nos lo quieren presentar como algo imprescindible que garantice la “integridad” del toro y en consecuencia, de la fiesta. Que uno escucha, hasta dónde su capacidad estomacal lo permita, a don Justo Hernández y lo que no entendemos es cómo no se publica la obligación de afeitar o enfundar a los toros antes de mandarlos a las plazas en el BOE, en los boletines de las Comunidades Autónomas, en los de los ayuntamientos y en los libros de actas de las comunidades de vecinos. Que nos cuenta el celebérrimo ganadero que lo del afeitado, eso de los análisis post morten, lo mismo de vísceras que de pitones, no es nada fiable, que a él mismo le sancionaron un toro por afeitado y resulta que solo era que no había dejado el pitón limpio de las fundas que él mismo puso y quitó. ¿Cabe mayor injusticia? Pero claro, no se le sancionó por el enfundado, práctica que él mismo reconoce, y con orgullo, pues nos garantiza a todos la integridad de los pitones, sino por un afeitado que él niega, ¡faltaría más!

Hombre, si nos ponemos exquisitos a más no poder, es verdad y tiene toda la razón quién quiera afirmar esto, que los pitones no se mutilan al ser enfundados. Supuestamente, siempre supuestamente, no se les resta ni una uña al pitón. Pero eso sí, no me negarán que lo que se mutila, entre otras cosas, son las sensaciones del toro, las medidas, el tacto. ¿O tampoco? Que es como si al lado del armario de las galletas ponemos un escalón al que se sube su hijo para alcanzar la caja y “jincharse” a tostarricas a escondidas y de repente, sin previo aviso, se lo quitamos y entonces, ni galletas, ni tostarricas, ni nada de nada. Pues eso, al toro le quitamos el escalón, perdón, la funda, con esos cuatro dedos que prolongan el pitón y en la plaza, cuando cree que llega a dónde quiere llegar, ni galletas, ni tostarricas, ni nada de nada. Eso sí, el señor Hernández, don Justo, como el señor Ymbro, don Fuente, el inventor, pueden pasearse huecos de orgullo por tertulias, teles y por dónde les salga de sus reales, afirmando que no han afeitado a sus toros. ¿Y qué se puede hacer ante esto? Pues como mucho, ya en un exceso de atrevimiento, intentar ponerles la cara colorada, pero… no pierdan ni tiempo, ni energías, ni categoría, porque no lo van a conseguir. Es más, lo más probable es que tengan que aguantar el chaparrón de impertinencias y exabruptos de estos y de otros caballeros que consideran que esto, lo de los toros, es su exclusivo negociado y en el que nadie tiene derecho a meterse. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Que esto es suyo para ellos y punto, que nadie sabe más de esto que ellos; que saben hasta de los gustos que los que pagamos podemos y debemos tener. ¿Quién es usted para que le gusten y exija toros íntegros? A usted le va a apetecer ver lo que yo le diga y hala, pásese por taquilla, pague religiosamente, a la entrada agénciese su yintonic y ya no abra el pico si no es para jalear la vulgaridad y el fraude que con tanto salero nos cuelan estos caballeros… y otros caballeros. Y siempre encontrarán a esos aficionados de pro, rebosantes de sabiduría y rigor que siempre se pondrán comprensivos porque cuesta mucho criar un toro, que si se inutiliza las pérdidas pueden conllevar la ruina total y absoluta y que no dudarán, subidos en el carricoche, mostrar su arte fotográfico con su súper cámara con un objetivo 50/200 con autofocus, automática, con sensor autodisparo que siempre te saca guapo y autofotógrafo, que ya no hace falta ni el fulano guiñando el ojito. Y es que, visto lo visto y escuchado lo escuchado, no me negarán que poco se afeita para lo que hace falta.

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jueves, 18 de noviembre de 2021

La corrida sin muerte o la muerte del toreo

Hay muchos dispuestos a alargar el negocio a costa de eliminar lo fundamental, sin querer darse cuenta de que acabarían con la totalidad de la fiesta de los toros


Parece mentira, resulta insólito que gente que supuestamente vive del toro y que vive esto más cerca que nadie, planteen esto del toreo con ese simplismo desesperante de entenderlo como una simple danza en la que el actor principal, según sus parámetros, se limita a dar pases y más pases a un animal, a su “colaborador”. Así, de un solo golpe desarman cualquier fundamento de los toros, de eso que ellos llaman con tanta pomposidad “tauromaquia”, refiriéndose precisamente a los toros. De un plumazo mandan a paseo lo de lidiar, lo de poder, lo de mandar a un animal, lo de enseñarle a embestir, lo de llegar al último instante, ese que justifica todo esto, ese en el que se cambia la muerte por la gloria o es aquella la que se adueña de todo. Todo eso se suple por una danza graciosa, hasta con garbo, pero poquito más.

Aseguran que es la única vía de salvar esto. ¿Esto? ¿Y qué es esto? Muy fácil, su negocio, porque en el momento en que se cumplan sus deseos, todo se habrá terminado para los toros. El aficionado abandonará al momento en que se alcance semejante culminación de lo absurdo. Que seguro que se felicitarán por ello, se congratularán de que ese aficionado molesto, el que exige, se vaya de una vez de las plazas, pero, ¿creen que los demás, su público querido, aguantará mucho más? Que equivocados están. Quieren contentar a esos que reniegan de los toros, a esos que disfrazan de barbarie el rito de las corridas de toros. Pero, ¿creen que se conformarán con que ni se pique, ni banderillee, ni se mate a los toros en el ruedo? A ver cuánto tardarían en ver humillación en que un señor con un trapo burle a un animal que corre y corre en su busca, pero que al final nunca lo alcanza. Que no se nos olvide, que son los mismos que ven humillante el montar un caballo, el que este tire de un carro, el que haya ocas en una cabalgata, el que a las gallinas les retiren los huevos, el que un perro corra, un pato vuele, un pez nade, pero no que  un necio babee mientras es engañado ante una pantomima.

Que ahora parece que a esos “profesionales”, que no matadores de toros, les ha entrado un ataque de moralidad, de ética animalista y con un extremado cinismo, sin un mínimo de vergüenza, afirman que a ellos les da pena matar a un toro. Que es algo muy respetable, pero, ¡hombre! ¿Y eso me lo dices después de haberte hecho de oro con el estoque en la mano? Y precisamente lo dices ahora, que es cuando más te cuesta eso de la suerte suprema. Que si tanta pena les da todo esto, lo tienen muy fácil, háganse a un lado, o mejor dicho, pásense al otro lado y adelante con los faroles. Pero no, no lo verán nuestros ojitos, porque ellos, igual que otros, dirán lo que quieran, pero seguirán haciendo el paseíllo mientras esto les dé sus dineros. ¿Y se supone que hay que unirse a estos caballeros? ¿Esta es la unidad que tanto cacarean?

Que mala cosa el presentar tan buena disposición para dejarnos llevar a su terreno y allí, en lo que ellos dominan, ponernos a querer defender lo nuestro, pero dejando de lado lo que convierte a esto de los toros en algo único, arrinconando los fundamentos sobre lo que esto se construyó a lo largo de los siglos y haciéndolo con tanto descaro y tan poco pudor como han querido apartar a todo y a todos aquellos que no les bailaran le agua, que no les aplaudieran cada trampa, el fraude, la mentira de la que ellos pretendían sacar buenos beneficios. Y de entrada, como dominguillos esperando el batacazo, parece que admiten la perversidad que los de enfrente atribuyen a los toros, la maldad, la inmoralidad, la falta de humanidad. Como si de repente se hubieran hecho buenos, gentes con corazón. Pero, y a partir de ahí, ¿qué nos queda? ¿Qué defensa puede haber? Pues la única defensa creíble, pero que no se atreven a reconocer, es la de mantener su negocio, lo que resulta más que evidente. Otra cosa es que qué quedaría de ese negocio, un negocio al que siguen aspirando esos especuladores de la fiesta. Que si les va mal, luego podrán clamar, pedir ayudas, pedir apoyos, unidad o que el aficionado corra a toda prisa a rescatarles, como siempre hacen, después de haberle dado una tremenda patada en su dignidad. Que allá cada uno con sus aspiraciones, con sus deseos más íntimos, con sus castillos en el aire, pero hay una cosa clara, para el que la quiera vero, por supuesto, y es que con estos planteamientos habría que optar entre la corrida sin muerte o la muerte del toreo.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros de:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-14-audios-mp3_rf_78210334_1.html

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-7-audios-mp3_rf_77889078_1.html