lunes, 12 de septiembre de 2022

Un desafío y muchos retos por delante


Los desafíos nos permiten ver el toro que normalmente no se suele ver, pero por contra, vemos a los toreros que hacen lo de siempre, lo de todos.


Lo del desafío ganadero, sin ser una fórmula que me vuelva loco, si sirve para poder ver toros de hierros que los taurinos y amantes del jarte tienen vetados y si de ellos dependiera, los exiliarían a los anillos de Saturno. Pero además de estos desafíos, hay muchos retos por delante, como el empezar a ahorrar para poder seguir yendo a los toros, que ya se sabe, con lo de Puttin, lo de Carlos III de Inglaterra, lo del cambio climático, la vuelta al cole, el seguro del coche, si es que no te vas a la Mutua y lo que te cuesta la alarma para que no te ocupen la mansión, a los precios que se van a poner las entradas para las Ventas, lo  de ir a los toros va a ponerse muy cuesta arriba. Que a los que piensen ir en un futuro a la plaza gestionada por el siempre cabreado señor Casas, don Simón, y el señor Garrido, con su carita de no haber roto en su vida un plato, nos han tirado no un guante retador a la cara, que ya es para pillarse un buen globo; nos han tirado un guante lleno de barro, un escupitajo y además nos han llamado de todo y nos han dicho eso de chincha rabiña, que tengo liberalización de precios y tú no los tienes, pero los pagas. Que malotes, ¿verdad? Que tampoco es para tanto la subida, si pensamos que las recaudaciones tienen un fin benéfico, para sufragar los gastos de la finca y el quad de perera, para que Talavante no se enfurruñe y le den sus buenos dineritos, para que Morante pueda seguir sosteniendo el gremio del Pret a porter taurino, para que el señor Roca siga alimentando la industria del antibalas o antipitones, para que Ferrera siga alimentando la industria del edredón y las cortinas de salones y dormitorios y para que los señores de Plaza 1 paguen en tiempo y forma a todos sus deudores. ¡Ah! Y para ver si al final se puede ampliar la finca de Fuente Ymbro con toda la provincia de Cádiz, parte de la de Málaga, Sevilla y el Coto de Doñana, a ver si así le cabe todo el ganado que el señor ganadero tiene preparado para Madrid, para otras plazas tiene ya otras finquitas apalabradas. Mucho reto y no sé si poco desafío. Que eso de los desafíos también tiene su miga.

Que si en este tipo de festejos la cuestión está en dos hierros frente a frente, si tiene que salir un sobrero, o dos como esta tarde, ¿ya no hay desafío? Pues visto lo visto, no, y entonces los de luces pueden tirar del repertorio habitual, sin que nadie parezca poder echárselo en cara, como si no fuera recomendable siempre, pero siempre, el que se ponga el toro en suerte en el caballo, el que se ponga a distancia, el que incluso se ponga tres veces, ya no por los desafíos, sino por darle un gustito al aficionado. El primero de Octavio Chacón, un mozo de Palha, parecía no entregarse del todo. Derribó en la primera vara en la paletilla y en la segunda, de lejos, pero sin demasiado convencimiento, solo recibió un picotazo. En la muleta, le recibió Chacón por ambos pitones con la derecha, pero sin torear, ni templar. A lo que mandara el toro, dejándole que le comiera el terreno, defendiéndose a base de trapazos destemplados sin mando alguno. Con el Saltillo que le tocó, el cuarto de la tarde, ya de primeras se dio media vuelta y lo enceló perdiendo terreno hacia afuera. Fue pronto y de lejos al caballo, queriendo pelear con fijeza, derrotando cuando le tapaban la salida. En el segundo puyazo, un marronazo traicionero dejó inservible al animal, que a partir de ahí ya evidenciaba una merma significativa, pero el espada seguía y seguía tirando trapazos sin sustancia y alargando el trasteo innecesariamente. Muy atento para proteger a los caballos al salir al ruedo, pero quizá eso ya no sea suficiente para un torero que hace unos años ofrecía mucho más que esto.

Pepe Moral volvía a Madrid, sin la expectación de otros momentos. Esa que ahora mismo parece poco probable que vuelva a calar en los corazones de los aficionados. Si bien es verdad que pone con mucha gracia posturas de parecer que está haciendo algo, al final, a nada que te fijes y sin fijarte, ves que no da nada, ahí no hay nada y lo que es peor, no parece que le interese demasiado el toro que tiene delante, él va a hablar de su libro, como todos. El problema es que todos tienen el mismo libro, sin saber ya quién plagió a quién. Estaría curioso que alguien pidiera derechos de autor por esta manera tan sosa, aburrida y mentirosa de hacer ese sucedáneo de toreo. Porque toreo no es bailar la polca con el capote, que vale que en su primero lo puso de lejos para que lo picaran mal y después poco. Un animal que mostró fijeza y que poco a poco se le veía que se iba desfondando. Así llegó a la muleta, con poquitas energías, después de haber mostrado en banderillas que por el pitón derecho iba y hasta hacía hilo y que por el izquierdo le entraba la desgana y no se movía. Pero estaría Pepe Moral pidiendo el vasito de agua, pensando en a quién brindaba, que no se fijó en el detalle y decidió aplicarle la faena 334 del catálogo “pepemoralista”. Y mira que desde el burladero le decían que con la derecha, pero nada, él venga a tirar trapazos a media altura mientras el de Saltillo iba en paso de procesión. Pero oiga, que algunos jaleaban aquello de la lentitud; que por jalear, hasta eso tan…. Chabacano de tirar el palo o la de mentira, y un espadazo rinconero tirando el trapo al cielo de Madrid. Su segundo fue un sobrero de José Luis Pereda, al que le tanteo con una sosería insufrible, lo justo para pasar el trámite. A este, como no era de “desafío”, lo dejó a su aire en el caballo y eso que el animal se arrancó incluso un tantito codicioso, que en una tarde en la que los demás, aunque fueran de lejos, iban al pasito, ya es de agradecer. Y llegó el matador dispuesto a tocar el cielo. Si el repertorio 334 no funcionó, vamos a por el 335, con banderazos por delante, por detrás, por arriba, por abajo. Y el de Pereda acudía al engaño presto al toque. Pero ya ven, trapazos con el pico y más trapazos, despatarrado, dejándose tocar la tela, fuera de cacho, efectista, pero… El toro regalaba embestidas y el espada regalaba trapazos. Hubo quién pensó que tuvo suerte al no estar acertado con la espada, pues si le llegan a premiar aunque solo fuera con una bolsa de caramelos, quizá algunos, bastantes, le habrían protestado y es que ya se sabe, siempre habrá amargados a los que no les sube el alcohol como para ver bueno lo que solo es vulgar.

Pero no se crean que solo Pepe Moral no estuvo a la altura, que después venía Venegas, que también tenía lo suyo. Con el de Palha, un toro feote como muchos de esta casa, a las primeras de cambio, ¡hala! a darse la vuelta y perderle terreno, que eso está bien cuando el toro aprieta, pero no por si el toro aprieta, que es muy distinto. Mal en todo el primer tercio, para ponerlo en suerte, el pica para pegar marronazos sin sonrojarse, que si pido el cambio pero no lo pido. Con la pañosa se le revolvía, se le venía pronto y hasta codicioso y el de Beas se lió a pegar trapazos a la velocidad del rayo. Uno, otro, otro, sin tiempo para respirar. Pero oiga, estamos en lo de siempre, que hasta gustaron a parte del personal, quizá esos que le pidieron el despojo y después que se diera un garbeo por el ruedo. Inseguro, más por el pitón izquierdo, hizo que unos le jalearan y otros que le gritaran eso de se va sin torear, porque esa era la sensación, que el de Palha se le estaba yendo sin que le hubiera mandado ni a por tabaco. Su segundo, un torazo con trapío, pero sin kilos, lo que ya dice bastante, debía quedar fuera del desafío, como el otro, pues era un sobrero de Torrealta, al que ya de salida no hicieron ni por pararlo, ni por fijarlo. Fijo en el peto, pero sin apretar, se dolió en banderillas. Le recibió Venegas con telonazos y a nada que le echaba el trapo abajo, el animal besaba el suelo. Latigazos, trapazos pegando el manivolazo, que no rematando, enganchones y teniéndose que recolocar constantemente. Daba la sensación de ni poder, ni saber hacerse con el de Torrealta, pero eso no impedía que él siguiera y siguiera hasta aburrir y hacernos pensar que lo de los desafíos se lo podrían plantear los de luces como un reto, pero no parece que esto tenga remedio y al final todo se queda solo en un desafío y muchos retos por delante.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html


domingo, 4 de septiembre de 2022

Concurso, concurso, el Pasapalabra

Queríamos ver buenos tercios de varas, lidias, pero na de na. Un señor que solo pedía al de aúpa que levantara el palo, pero ni ese gusto le quisieron dar. Todo quedó desierto.


La ilusión que hacía hace años una concurso, pero el paso del tiempo y quizá la nula selección de los ejemplares a lidiar, que más bien parecen reses que se quedan descolgadas y sin poder encajar en ninguna corrida. Pero si encima añadimos a esto lo de “novillada concurso”, entonces es posible que a algunos nos estalle la cabeza, sobre todo si pensamos que las concurso requieren un bagaje determinado, conocimiento de la lidia y del toro. Pues nada, con cogemos tres chavales, de los cuales incluso uno se presentaba en Madrid, les anunciamos para esta cosa rara y ya tenemos montado el esperpento, que como tal, como esperpento, no ha defraudado a nadie; otra cosa es si lo vemos como una corrida especial y de características muy determinadas, en lo que lo principal es el lucimiento del toro, hasta más allá de lo que debería ser habitual. Pues nada, novillada concurso y novilleros que… vamos, como si en un juicio por un crimen de los gordos ponemos a estudiantes de segundo de Derecho. No lo quiero ni pensar.

Y ahí que han ido Rubén Fernández, Alejandro Adame y Fernando Plaza a ver si se llevaban el bote del concurso y nada, Pasapalabra Pasapalabra, Pasapalabra… Si ni poner el toro al caballo, que sabían que era una delas preguntas que les caían seguro, pero nada, los que en contadas ocasiones han puesto el toro en suerte han sido los peones. Igual es que ya habían estado en el concurso y se lo sabían de otras veces. Que mira que se lo tenían dicho a los tres, que son tres entradas al caballo, pues nada, hasta pedían el cambio con dos entradas, que no me atrevo a llamarles puyazos, porque tampoco nos vamos a poner ahora a contar mentiras y hacerles creer a ustedes lo que no ha sido. El primero de los Bayones mostraba una invalidez más que manifiesta, pero ni el usía, ni el propio espada y algún despistado más repararon en ello. Eso sí, ya se encargó Rubén Fernández de descalificarlo al pedir el cambio en el segundo puyazo. Hala, fuera del concurso. El segundo, de Alejandro Vázquez, parecía plantar batalla en el caballo, aunque sin humillar, pero ya en la segunda vara apenas ni llegó a cumplir y en la tercera se limitó a topar contra el peto. En la muleta sí que iba y venía, sin sometimiento, pero se movía. Influyó para mal el que su matador, Alejandro Adame, le dejara tocar demasiado la tela. El de Montealto, que fue bien al caballo dándole distancia, pero apenas tuvo opción de poder demostrar más que algún derrote cuando le levantaron el palo, pues apenas se le señalaron las tres varas. Hay que destacar la buena labor de Blas Márquez para dejar el toro en suerte. Pero lo que no se vio en el peto se vio con los palos, de los que se dolió sin pudor alguno. Si alguna opción podía tener para el último tercio, Fernando Plaza se ocupó de desbaratarla. El animal parecía querer ir, incluso venirse arriba, no mucho, pero si lo suficiente para que el espada no saliera del embarullamiento en el que cayó en su idea de dar pases y más pases. Hacía cuarto uno de Brazuelas, que ya buscaba las tablas desde el inicio. Muy corretón, siguió suelto en el caballo, donde pegaba un cabezazo y salía de najas. Tampoco parecía que se le fuera a picar con tanto fallo con la vara y en la tercera, bien colocado por Andrés Revuelta, le cogieron en buen sitio, pero se marchó de inmediato. En la muleta la verdad es que tampoco tenía nada, pero Rubén Fernández se ocupó de que pudiera dar menos. El de Quintas, un aparejado, rara avis en la actualidad, nos podía hacer recordar aquellas fotos de toros de comienzos del XX. Pero si acaso la estampa y ya. No quería caballo y a la mínima ya estaba o tirando derrotes o queriéndose marchar. Que él no estaba para concursos, ni mucho menos para premios, ni tan siquiera para clasificarse para la siguiente fase. Es verdad que desde el primer muletazo Adame le atosigó, ahogándole cualquier posibilidad de embestida, pero tampoco es que tuviera el animal mucha idea de tomar el engaño. Eso só, el azteca pareció ver allí una alimaña y nada más lejos. Iba a cerrar uno de Pablo Mayoral, con una bella estampa, pero empezó haciendo extraños con la pata izquierda y acabó rebozado por el suelo, por lo que tuvo que ser devuelto, para que saliera uno de Rekagorri que quería poco caballo, estando más pendiente de si alguien le invitaba a salir de debajo del peto. Y como solo se le dieron dos puyazos, otro que quedaba fuera del concurso. Mostraba querencia hacia las tablas, entraba con aspereza y hasta se puso pegajosito, sin que Fernando Plaza supiera meterlo en cintura. El toro iba a su aire y ya fuera por la incertidumbre que ofrecía el propio toro o por la falta de pericia evidente del espada, hacía que la faena transcurriera en un cierto ambiente de inquietud.

En cuanto a los espadas, pues poco que decir y bueno, pues nada, nada bueno. Rubén Fernández sin recursos, sin saber cuál era su sitio en el ruedo en una lidia ordenada, incapaz de dar un muletazo limpio, siempre bailando y mal, muy mal con los aceros; pinchazos, innumerables descabellos y encima se permitía el lujo de alargar innecesariamente el trasteo del cuarto, hasta tener que oír dos avisos. Alejandro Adame sufrió el engaño de los paisanos y vecinos, que le jalearon la vulgaridad y la trampa, ignorando un primer bajonazo que le descalificaba para cualquier concurso de todo, ni el Pasaconelpico, ni Saber y trapacear, ni el 1, 2, 3, descabella otra vez. Pero él, que es muy descarado, se dio una vueltecita al ruedo entre las protestas del personal. ¿Qué más da? Si yo lo valgo. Si lo valdrá, que hasta entró en quites cuando no le tocaba, pero eso daba lo mismo. A su segundo le convirtió en un imposible mayor de lo que podía ser, con un encimismo injustificado, más bajonazos de esos que te lleven los civiles, y golpes de verduguillo atornillados, a ver si así … Pero oiga, que aún hubo una familia, muy cariñosa ella, dispuesta a batir palmas en su honor y a encararse con quién no las imitara y a estos, lo más apropiado parecía ser el mostrarles el dedo corazón, el del medio, así levantado o doblar el bracito de señorita delicada con el impulso del otro brazo. ¡Qué monas! No me digan que no. Y el tercero, Fernando Plaza, quizá fue el más discreto, que incluso medio condujo a su primero en los comienzos de faena del tercero, pero ya no hubo más, pico, embarullado, vulgarote, con mucho enganchón. Al sexto le hizo el caso justo, no se asentó nunca con él, ni siquiera daba sensación de poder defenderse de la incertidumbre del toro. Al menos habrá que agradecerle que no masacrara a sus novillos con la espada, incluso con una rinconera y otra trasera. Y se suponía que al final habría premio, ¿no? O el bote, o lo que dieran esta semana o volver la que viene, pero nada de nada. Que no es que no se repartieran despojos, que no, es que ni un ¡Qué guapo eres!, ni el complementario, ni el reintegro. Vaya chasco de concursos y es que para concurso, concurso, el Pasapalabra.

viernes, 2 de septiembre de 2022

Un mundo de valores

El valor fundamental en los Toros no es otro que el toro y su integridad.


Siempre se ha hablado de los valores que existen y se transmiten desde el mundo de los Toros. A pesar de lo que muchos hablan encastillados en su ignorancia, estos valores son indiscutibles; desde el valor de la vida, el amor a los animales, sí, amor a los animales, el compañerismo por encima de la competencia y en connivencia con el espíritu de superación, de ser mejor que el de al lado, de ser el mejor, el respeto por los demás, por el animal que está ahí abajo, desde el momento en que nació. Y como dicen, el valor más importante, la verdad, que es el sustento de todo esto ya que convierte todo lo que rodea al todo en algo único y digno. Pero como ocurre con todo, siempre están los enemigos de los Toros, que trabajan día y noche para demostrar que tales valores no existen. Ahí tenemos aa los taurinos, a los que quizá más se les llene la boca con esto de un mundo lleno de valores, pero que son los que más se empeñan en desnudar a la fiesta de los Toros de tales valores.

Porque, ¿me van a contar a mí que es respetar los valores de la fiesta el que unos señores se quieran saltar las leyes en beneficio propio? ¿Me van a decir que los valores de los Toros son el querer imponer sus criterios en un reconocimiento, el amenazar incluso con la integridad de quienes actúan como autoridad si no se cumplen sus imposiciones? Quizás también tiene grandes valores morales el menguar premeditadamente las capacidades y condiciones que garantizan la integridad del toro. Eso de “tocarlos” o “arreglarlos”; el cometer un delito a sabiendas, porque aunque no lo tomen como tal, delito es. Esta gente creyente, pero no practicante. Que no practica ni la integridad, ni la tolerancia, ni nada que no sean ellos, luego ellos y después ellos, que se creen con derecho a apropiarse de lo que es de todos, a excluir al que no piensa como ellos o que no se somete a sus caprichos, a sus imposiciones.

Que lejos este mundo de los Toros con que me encuentro ahora, del que un día me mostraron y en el que más de una vez se apoyaron para enseñarme de la vida. Pero si despojamos a todo esto de su esencia, ¿qué nos queda? Lo que tenemos, que quién tiene el dinero es el que manda, que los que mandan, que no es lo mismo que gobernar, se creen omnipotentes y que para ellos todo vale, se creen que como una mala copia del Rey Sol, la fiesta son ellos y a los demás solo les conceden dos derechos que convierten en obligación, el pagar y el callar y si te intentas deshacer de estas ligaduras, entonces es que vas contra su libertad. Pero ellos siguen dale que dale con lo de los valores e incluso con lo de la cultura, que no sé si será para que se entere algún despistado o lo repiten y lo repiten para creérselo ellos mismos, porque es yal la gran mentira que nos quieren hacer tragar, que ni ellos se lo creen. Gente de valores, dicen y como principio fundamental de sus actuaciones está la mentira y sobre esta poco se puede construir. De niños nos decían que no hay que decir mentiras, que siempre con la verdad por delante, al menos en mi casa, y que mayor verdad que la de ponerse delante de un toro de lidia íntegro, al que había que dominar sin trucos, sin triquiñuelas. Pero será que uno se va haciendo mayor y ya no entiende cadi nada. Que los valores a observar es que el dinero lo puede todo y que si uno se arrima al que lo tiene, igual… Que si el poderoso despluma al débil, pero a mi no me toca, pues a estar con el poderoso. Eso sí, y esto no es cuestión de valores, sino de amplitud de miras, el día que le toquen a esos aplaude bandidos, a ver a quién van a pedir amparo y apoyo. Igual para entonces se ponen a pensar en los valores de los Toros, los valores para la vida. Porque está claro, que si queremos que en esto, como en la vida, haya justicia y prevalezca la verdad, habrá que hacer a un lado a las almas thrileras y partirse la cara por un mundo de valores.

jueves, 25 de agosto de 2022

Paso a los potentados

Cuando los toros se convirtieron en un lujo solo para elegidos.


Que me cuenten ahora eso de que los Toros es la fiesta del pueblo ¡Miau! Si acaso, viendo los movimientos de la empresa de Madrid y la aquiescencia de la Comunidad, más parece una fiesta para los de la Moraleja, la Florida, Serrano, Velázquez o la calle Lista. Que dice la leyenda que antes vendían el colchón para ir a los toros, pero si usted no es de estas zonas con gente de bien, ya puede vender el coche, la casa o la vergüenza, si quiere ir a la plaza de Madrid. La fiesta del pueblo, dicen ¡Miau! Y oiga, que ni a Casas, ni a Garrido, ni a Abellán, ni a la señora Ayuso se les cae la cara de vergüenza. O sea, que para esto querían la liberalización de los precios. Si es que el nombre ya sonaba mal.

Que lo mismo esta gente se ha hecho sus cábalas y ha multiplicado directamente el número de asistentes de otros años, por los precios que ya han impuesto, repito, impuesto. Pero es posible que las cuentas no les salgan. Eso sí, a los señores abonados les respetan sus precio ¡Miau! Fuera de las ferias la opción es que te anuncien cuatro y hasta cinco carteles para el próximo mes y pico y si quieres el descuento de abonado, en día y medio o dos días, cuando se ponen generosos, tienes que dejarlo todo y echar a correr a la plaza a por tus entradas, ya vivas en la Guindalera o en Sebastopol. Que de la Guindalera te bajas andando, pero de Sebastopol… Que como tengas horario de comercio en tu trabajo, adiós al descuento, que bueno, el ser un pringado, uno que tiene que subsistir de su trabajo, solo era perder un descuento del 10 o 20%, pero, ¿y ahora? Ahora que te suben tu localidad hasta un 100% si no eres abonado. Que igual también puede ser para que los que vienen una vez al año paguen lo mismo que por esas plazas de Dios, que no les parece mal soltar 30 o 40 euritos por una tarde de toros, pero claro, ¿qué cuerpo aguanta esto en Madrid? Que no digo las 60 tardes de temporada, pero con diez o quince, ya tienes que pensártelo.

Este es el apoyo a la fiesta de toda esta gente cuyo descaro parece no tener límites. De verdad, no apoyen más los Toros, en serio, déjenlos de la mano de Dios, porque como los sigan apoyando, van a desaparecer mucho antes que las peores previsiones. Pero oiga, que todavía los hay que están de acuerdo en subir el precio de las entradas, ya digo, hasta un 100% del precio anterior, contando que estos ya eran precios después de otras subidas; creo que en un año fueron tres veces. Pues eso, que los hay encantados, porque parece ser que suponen que así los que vayan a la plaza serán mejores aficionados. Que vaya, cómo están las cabezas. Que ya lo aplaudían hace tiempo, así que ahora darán una fiesta en su calle o en su pueblo. Que igual les parece barato eso de ir a los toros. Que lo mismo usted me dice que veinte euros por una entrada, tampoco es tanto. Muy bien, pues ahora, eche mano de la calculadora y multiplique por unas 45 tardes, dejando de lado novilladas y corridas de rejones. ¿Qué le parece? Casi mil euritos de nada. Que el abonado no creo que se haga por cuestiones monetarias, el que se hace abonado se hace porque le gustan los toros, igual que el que se hace socio del Aleti se hace para ver al Guijuelo, al Elche y al equipo de la acera de enfrente, porque le gusta el fútbol en el campo, no es del de me gusta el fútbol los domingos por la tele. Pues los toros, igual, es porque te gustan los toros en la plaza y a lo mejor en la tele, ni los ven. Pero ahora sí que puede ser que los abonados se hagan por ahorrarse una pasta. Me saco el abono, voy a cuatro y las demás o las tiro o las regalo o…. ¿las revendo? ¿No resulta que se quería luchar contra la reventa? Pues me parece que se están luciendo. ¡Ah! Y los abonados que ahora se sientan felices porque a ellos no les han tocado aún el bolsillo, que echen mano de la sabiduría popular y se acuerden de aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Eso sí, llegará el día en que estos defensores de la fiesta, esta gente de orden, al que proteste le mandarán a los de seguridad, al que quiera que se aplique el reglamento le amenazarán con cualquier barbaridad y posarán sin vergüenza en la presentación de un calendario taurino, unas toallas taurinas, una exposición taurina, previa censura de las obras que no le gusten al señor Abellán o irán una tarde al callejón, paseándose justo a la hora de la corrida, para que salgan los partidarios a aplaudirla y a gritarla ¡Presidenta, presidenta! Eso sí, luego me dirán que no se pueden mezclar los toros con la política ¡Miau! Y que esto de los toros es la fiesta del pueblo ¡Miau! ¡Miau! ¡Miau! ¡Requetemiau! Eso sí, tengan muy claro que si usted, al que le cuesta un mundo apartar un dinero para poder sacar su abono, quiere seguir manteniendo su afición a los Toros, yendo a la plaza, por favor, hágase a un lado y deje paso a los potentados.

viernes, 19 de agosto de 2022

Los peligros de la modernidad

Aunque algunos se empeñen, los encierros son con toros o vacas, no con bolones, motos, patinetes o primos con mala uva.


En estos días convulsos en los que nos encontramos con una amenaza a la vuelta de la esquina, que los peligros se nos vienen encima sin llamarlos, siempre inoportunos y sin nada de tacto, hay uno que nos acecha y no acabamos de ser conscientes de ello: la modernidad. Sí, eso que parece que sucede así, de pronto, que una mañana se levanta uno y decide ser moderno y empieza desayunando leche de llama con brotes de coliflor de la isla de Java, que dicen que no tiene azúcares añadidos, ni sustraídos. Y ¡ojo! Dense cuenta que no hablo ni del progreso, ni de la evolución, ni de avances tecnológicos, ni de vanguardias artísticas, que sean todos bienvenidos y si es en abundancia, miel sobre hojuelas. Hablo de la modernidad y todo esto viene porque acabo de escuchar al alcalde de un pueblo de la provincia de Madrid, donde la modernidad llegó hace unos años y por lo dicho por el señor alcalde, ha montado casa y negocio en el pueblo. Que resulta que como eso de los toros es algo viejuno, del pasado, una tradición atávica, lo contrario a ser moderno, pues nada, decidieron que se eliminaban los encierros con reses de lidia y en su lugar, ¡Oh modernidad! Las sustituyeron por unos bolones tremendos. Bueno, como gracia, igual no está mal, aunque quizá podrían empezar por cambiarle el nombre, porque no me consta que al final del recorrido se encierren los bolones, si acaso, los recogerán y los meterán en un almacén hasta la próxima. Pero no, será por ese poso ibérico, que lo siguen llamando encierro; ganas de confundir y crear falsas ilusiones. Eso sí, en los primero “encierros” tuvieron sus más y sus menos, porque resulta que los bolones no tiraban derrotes, ni pegaban cornadas, pero a nada que te descuidabas te planchaba en el asfalto que te tenían que despegar con agua calentita, una espátula y mucho cuidado de que no se quedara un diente en un paso de cebra.

Y ahora nos sale el señor alcalde, todo feliz y contento él y nos da el parte del encierro del día, diciendo que se han visto muy buenas carreras, algunas tan buenas, que no tenían que envidiar a las de Pamplona. ¡Pero! Señor, que en Pamplona salen toros y no bolones, que los bolones ni tienen querencias, ni hay manera de encelarlos, ni de cortarlos para hacer un quite a un corredor en peligro, ni tan siquiera tienen intención de querer coger. Porque lo de los encierros de toros o vacas es porque estos animales, aunque usted no se lo crea, quieren coger, se quieren comer a quien tienen delante, a la derecha, a la izquierda y hasta pegados a la penca del rabo. Que lo de los bolones es para atletas que corran mucho y ya está y si llega el caso, que salten mucho, pero ya está, la cosa no va más allá. Que hasta servidor, con años, panza, torpes piernas y más torpes ideas, puede salir con los bolones sin requerir más conocimientos que las leyes de la gravedad, que si hay una cuesta y yo me pongo arriba de la cuesta, el bolón siempre irá para abajo. Me echaré unas risas, pero nada más. Que una res de lidia, macho o hembra, se mueve por otras inquietudes más allá de las leyes de la gravedad. Que en Pamplona, donde usted cree que corren tan bien como en su pueblo, al que alcaldes aparte da gusto ir. Para correr esos toros es preciso saber la ganadería, cómo se desenvuelve el ganado de ese encaste, saber de distancias, terrenos, querencias, si cortan por aquí o por allá y hasta de fechas del calendario, por aquello de que haya más o menso corredores.

Que a veces esto de la modernidad se nos va de las manos y como este señor alcalde y los que decidieron lo de los bolones, querer hablar de encierros sin toros o vacas, es como eso del filete de tofu con sabor a carne, las salchichas de hierbas que parecen de cerdo, el licor que no es licor que parece licor, las fiestas sin fiestas, los conciertos sin músicos o… vaya usted a saber. Que se empeñan en ser modernos, muy modernos, pero sin soltar amarras con el pasado. Que cada uno es muy libre, pero si un encierro es malo, caca, no tocar, no lo toque y llame a lo de los bolones como quiera, pero no encierro. Llámelo el bolonero, bolones a la carrera, bolones cuesta abajo, bolones y carretones, ¡ah, no! Que los carretones son algo taurino. Bueno, pues sin carretones, simplemente bolones. Eso sí, avisen que igual pueden acabar estampados contra el asfalto y acabar con un diente pegado y camuflado en un paso de cebra. Y es que mucha fiesta, mucha fiesta, pero nadie avisa de los peligros de la modernidad.

viernes, 12 de agosto de 2022

Mi primo salió a hombros en las Ventas

Aquel día en que un torero no cortó ni un despojo y dejó una forma de hacer el toreo para la historia.


Vivimos unos momentos de gran entusiasmo festivalero por parte del taurinismo. Esto que dicen que un día se trataba de toros y toreros, de toros fieros, encastados e incluso algunos bravos y de toreros capaces, que se crecían ante los problemas que esos toros les planteaban siempre, porque no había toro bobo, ahora ha mutado en otra cosa que a algunos nos cuesta identificar. Vamos, que nos cuesta hasta ponerle nombre. Eso que nuestros mayores llamaban los Toros, ahora dicen que se llama tauromaquia. Bueno, dejémoslos que se crean más cultos por utilizar ese término. A mí no me molesta, si acaso me molesta más lo que ahora mismo se identifica con eso de la tauromaquia. Ahora en la tauromaquia de lo que se trata es de que haya triunfos, triunfos y más triunfos, muchos triunfos. Pero no se vayan ustedes a creer, porque desear los triunfos los hemos deseado de toda la vida de Dios; quizá la mayor diferencia es que hace un tiempo, cuando íbamos a los toros, no se nos ocurría eso de fabricarlos a costa de lo que fuera. Si la cosa no pitaba, no había triunfos. Y había días incluso en que podía triunfar un ganadero y los de luces fracasar estrepitosamente. Pero en lo de la tauromaquia, como si te compraras un triunfo por piezas al comprar la entrada, luego te lo montas tú solito. Unas gotas de alcoholazo por aquí, una merendola por allá, un paisano, un amigo o el torero de moda, unos pañuelitos blancos que hasta te los reparten en la puerta de la plaza y a nada que te pongas, te fabricas un triunfo que será la envidia de cuñados, compañeros de trabajos y colegas de botellón.

Que sí, que estarán los típicos que te quieren echar el invento abajo. Es como si estás construyendo un castillito de arena a la orilla del mar y llega el vendedor ambulante y te lo pisotea todo. Pues esto es lo mismo, lo único que esos triunfos de fabricación propia son castillos en el aire. Antes, cuando era lo de los Toros, una salida a hombros y más en Madrid, era el pasaporte para hacer temporada, para ganarte contratos hasta en la Luna, pero, ¿qué pasa en esto de la tauromaquia? Pues que salen a hombros por docenas. ¿Y después? Pues después viene la otra parte. ¿Ustedes se acuerdan de cuántos castillitos de arena hicieron a la orilla del mar? Pues igual recuerdan más castillitos que salidas a hombros. Eso sí, del castillito en cuestión se acordarán las abuelitas, como de las salidas a hombros se acuerda el paisano, el primo o el vecino de la puerta de al lado. Que llegas a un aficionado a los Toros, igual aquí no entran los de la tauromaquia, y si quieres hundirles en la miseria les preguntas que cuántas salidas a hombros han visto en la última feria, que cómo se llamaba aquel novillero que ganó el certamen de “Cénate las Ventas” o cuántos despojos se llevó el figura de turno y se te quedan mirando con una cara como para retirarte el saludo de por vida. Que me dirán que son cosas de la edad, que se acuerdan de lo que pasó hace años, pero no de lo que comieron ayer, pero no. Que si no quiere perder las amistades, debería aclararle al aficionado en cuestión que usted tampoco se acuerda. ¿Cómo te vas a acordar? El de la casquería de la esquina, tira que va, porque es su negocio, pero, ¿los aficionados? ¡Venga ya, hombre! Eso sí, si algún fan de la tauromaquia, esos que miden la afición por kilómetros y yintonises, esos lo mismo se acuerdan de fulanito de tal y te sacan que dio dos naturales muy “güenos”, lo que no es lo mismo que torear, pero ellos titan del bisturí y de quinientos treinta y siete trapazos te dicen que dos les emocionaron. ¡Ay la emoción! Pero es para otro día.

Pero por favor, si son aficionados a los Toros, no sean muy duros con los paisanos, primos o vecinos de la puerta de al lado y si les dicen que son paisanos, primos o vecinos de fulanito de tal, sí hombre, ese que salió por la Puerta Grande de Madrid, no les pongan mucha cara de asombro, si acaso pongan como excusa que ese día estaban en la boda de un paisano, primo o vecino de la puerta de al lado. Y yo me pregunto una y mil veces: ¿Para qué les sirven esos triunfos fabricados a los de luces? Pues en el mejor de los casos, para muy poco y en la mayoría, para nada. Si acaso si entran en una casa grande, para que medio toreen un año y ya está. Porque si eso de las salidas a hombros se da cada dos días, dependiendo de como funcionen los autobuses, ¿qué pueden tener de extraordinario? Pues nada que vaya más allá de contarlo después, aunque haya que explicar no solo quién es fulanito de tal, sino que igual hay que empezar por explicar que es torero. Eso sí, y el orgullo que siente el manitas de turno que con un pañuelito blanco es capaz de fabricarse un triunfo, al decir eso de mi primo salió a hombros en las Ventas.

domingo, 7 de agosto de 2022

Defender la Tauromaquia

Con este es la mejor manera de defender lo que sea

Hay multitud de voces que claman por la defensa de los toros, la tauromaquia que se dice ahora, y de los que nos sentimos ligados a esto, no creo que nadie afirmaría lo contrario. Claro que hay que defender al toro y a todo lo que se ha construido a su alrededor. Pero, ¿dónde vienen las discrepancias? Pues quizá en la misma idea de lo que es esta defensa. Unos optan por el camino de la exigencia, de identificar los problemas, no intentando ocultarlos y, a partir de ahí, darles una solución. Porque si no sacamos a la luz los males, ¿cómo pretendemos erradicarlos? Pero luego está la vertiente opuesta, la de los que creen que defender los toros es decir a todo que sí y que bueno, decir que todo es maravilloso, que aquí no pasa nada y que si existe algún problema es solo el que viene de esos que quieren sacar a la luz tales problemas o sencillamente miran en busca de una mano negra que viene de las alturas y que quiere acabar con los toros, porque sí, porque son malos por naturaleza, que no digo que no los haya, pero sí afirmo que no son el mayor peligro para la fiesta de los toros. Que es muy fácil eso de echar la culpa a los políticos, que yo no se la voy a quitar, pero ese es un recurso casi hasta infantil, entre otras cosas porque ni tan siquiera se paran en reparar lo que hacen los suyos y los de enfrente, aparte de peroratas vacías en favor de los toros, aunque actúen con hechos contundentes en contra de todo esto. Hay que defender la fiesta, eso dicen, pero al final, lo que realmente están diciendo es que hay que defender el negocio de unos pocos y del que pretenden aprovecharse muchos que, por supuesto, no sacarán un céntimo de toda esta marabunta. Este es un error muy habitual, asimilar la fiesta de los toros con lo que es el negocio de los que viven de los toros. Que un triunfo para la fiesta no es que se llene una plaza con cualquier cosa, algo que se jalea con entusiasmo. El triunfo sería el que se llene una plaza con el toro y con público que exija y que no transija con el medio toro, con trampas y numeritos casi circenses. Jalear ese show no es defender los Toros. Que ahora para muchos el defender lo que ellos llaman la Tauromaquia es que un señor se ponga a regar un ruedo vestido de luces, que exija que se pinten las tablas como a alguien se le ocurrió una noche de autobombo de genialidad.

Hay mucha chabacanería y actuaciones de mal gusto que se interpretan como defender la Tauromaquia. No hay defensa posible cuando alguien se mantiene en silencio ante una corrida de utreros para figurones, ante un encierro con pitones como puños, que callan ante un abusivo o un inexistente tercio de varas aludiendo a aquello de “cuidar al toro”. Habrá quién crea que se defiende los Toros por ir con el paisano o con el torero de sus preferencias como un hooligan de las islas más llenos de alcohol que una destilería, con el único objetivo de fabricar triunfos y lluvias de despojos. Que tampoco se defiende nada pretendiendo que otros callen el fraude, la trampa, porque no vaya a ser que a alguien se le abran los ojos. O el que mantengan un silencio cómplice, simplemente para que no se le desbarate a unos visitantes efímeros una tarde juerga, fiesta y meriendas. Pero sobre todo, no se defiende ni esto, ni nada, estando callados, haciendo el Tancredo, viviendo alimentando con silencio la mentira de la que se aprovechan unos pocos y que daña a muchos y en primer lugar a la fiesta de los Toros. Poco le queda a esto si callamos y miramos para otro lado y quizá esos marmolillos silentes tengan la conciencia tranquila, incluso hasta encontrarán el chivo expiatorio sobre el que verter su estupidez, que si los antis, que los políticos, que si… Y hasta reforzarán su posición con un estertóreo ¡Viva la Fiesta! O ¡Viva la Fiesta Brava! Que les vendrá que ni al pelo para escurrir el bulto de su responsabilidad, pero si se paran a pensar solo un instante, es posible que se den cuenta de que así no se defiende esto, con el silencio no se defiende nada, si acaso el negocio de los que trampean una tarde sí y otra también, pero no se crean ni por un momento que el silencio y esa condescendencia sirven para defender la Tauromaquia.