miércoles, 1 de marzo de 2023

Para Madrid, preparen la chequera

Hubo una vez una mente privilegiada del toreo que ideó una plaza monumental en Madrid, para que pudiera tener cabida para todo el mundo y que nadie se quedara fuera, que todo el mundo pudiera ir a los toros. No progresó la Monumental de Sevilla, pero sí la de Las Ventas y ahora...


Bueno, ya sabemos casi todo lo que teníamos que saber para ir a los toros a Madrid esta temporada, carteles, corridas con nombres rimbombantes, desafíos, presentaciones – muchas-, pero ya les digo que o tienen un abono, o tienen una cuenta envidiable. Lo de tener un abono, de momento cuela y aunque también los han subido, comparando, hasta tenemos que dar gracias a los capataces de Las Ventas y decir eso que le dijo un tuerto a un amigo: “tú por lo menos tienes dos ojos por los que llorar”. Y es que los que no tengan abono y mucho menos los que vengan de fuera de Madrid, como quieran ir a una, dos o… ¿les da para ir más de dos tardes? Pues eso, que estos, igual tienen que empeñar un ojo para poder ejercer un año más de isidro. Que al viaje, algunos al hotel, a los desayunos, comidas, meriendas y cenas, hay que sumar el precio de las entradas. Que si nos fijamos en la corrida “In memorian”, a uno se le quitan las ganas de todo, sobre todo de desayunar, comer, merendar, cenar, porque todo se lo llevan los de Plaza 1. Que uno no se ha atrevido a mirar precios de la grada para abajo, porque el médico me ha recomendado que evite las sensaciones fuertes, pero una grada de sol que pase los 30 euros y una andanada los 20, eso ya no es que sea caro, eso es otra cosa y hasta puede que sea algo que figure en el código penal.

Que ya aviso el señor Casas, don Simón, que esto de los toros es un artículo de lujo, pero tanto, no lo imaginábamos, o quizá sí, no todos, pero muchos sí. Que había a quién los Reyes magos le echaban una excursioncita a Madrid por mayo para ir a los toros, pero es que ahora van a tener que ponerse de acuerdo los Magos, Papá Noel, el Deustch Bank y los de Nescafé con el sueldo ese para toda la vida. ¿Se imaginan? Que ahora Nescafé te regalara una entrada en San Isidro para toda la vida. Que al paso que vamos, igual les renta más lo del sueldo, porque cómo se está poniendo la cosa, ya me dirán. Que habrá quién me diga que si te pones a sumar los gastos del viaje viniendo de Murcia, Albacete, Sevilla o Tafalla, pues que no es tanto. ¿Qué no es tanto? Caramba con los capitalistas. Que va a haber que pensar en enamorar a uno de estos y pedirle que te ponga un piso, que siempre les será más barato que venir a los toros de fuera o un sueldo para toda la vida, como lo de Nescafé.

Que vaya con la liberalización. Que si alguien no lo había entendido, la cosa está muy clara, es abrir una puerta en el zoo y dejar que salgan los leones a pasear. Que lo mismo algún ingenuo pensaría que solo se comerían a los que se llamaran Ramón o mercedes o Segismundo, pero no, los leones, cuando salen de caza, devoran todo lo que se les pone por delante y estos señores de Plaza 1 no son leones, son hienas que rapiñan o quieren rapiñar hasta el último céntimo de los incautos que no piden otra cosa que poder ir a los toros. Que quizá quién estaba de acuerdo con esto de la liberalización, con que se aplicara eso tan justo y democrático de que le peguen el palo al de fuera y no a mí, quizá es que no se han enterado y nadie les ha contado lo que siempre ha sido la plaza de Madrid. Que te contaban la mentira de que era la más barata del mundo, pero no, solo tenían que comparar entrada por entrada con otras plazas de cualquier sitio del orbe taurino. Lo que ocurría, algo muy propio de Madrid, es que era una plaza popular y si no tenías para pagar 3000 euros por una entrada, tenías otras de menos de diez o de alrededor los 5 y pico. Pero caras las había como en todas partes o más. Pero Madrid debe ser tan complicada de entender, que ni algunos de los habituales, ni los que ahora la gobiernan, ni los puestos en el cargo por la propietaria, ni la misma propietaria la entienden. Y que algunos pensábamos que era muy sencillito saber cómo respira esta plaza. Pues igual no o igual es que no la quieren entender. Que lo mismo con estos precios consiguen unas recaudaciones estratosféricas, que seguro que vayan tres o tres mil, los de Plaza 1 lo van a calificar de un éxito rotundo, pero no, esto no puede ser un éxito si en Madrid ya no puede ir a los toros el que quiera ir a los toros, venga de dónde venga. Que no entiendo, ni lo quiero entender, el que se penalice a los de fuera porque son de fuera. Que igual es algo muy lógico para algunos, pero yo prefiero vivir en mi demencia de que se trate a todos por igual. Y lo que no sé es cómo estaremos los abonados en los toros, porque vamos a destacar por debajo de los demás, porque claro, a ver si ahora va pasar como decía Lennon, que el chocar de las joyas de las señoras, el humo de los cohíbas, los vapores del güisqui gran reserva o los destellos de los anillacos de oro, los relojes de oro y los dientes de oro nos van a señalar como los pobretones que hasta nos llevamos la almohadilla de casa y el agua de casa y el bocata de casa para no gastar y sobre todo, la vergüenza de casa, la vergüenza de ver como las gentes que con tanta ilusión han venido a los toros de todas partes ahora les dicen que para Madrid, preparen la chequera.

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miércoles, 15 de febrero de 2023

La televisión pronto llegará

Los toros ya están aquí, pero, ¿cómo se van a poder ver por televisión?


Según dicen, las retransmisiones taurinas, a partir de ya van a correr a caro de una nueva empresa, One Toro. Solo falta saber si se sumará alguna feria más, pero Madrid y Valencia ya han firmado. Ahora solo falta saber cómo podrán firmar también los que quieran apuntarse a ver los toros por el nuevo canal, lo que todavía es una incógnita, aunque lo mismo esta tarde, mañana por la mañana o al otro, ya se tendrá que saber. Aunque quienes vivan en la Comunidad de Madrid y nadie más, ya tienen seguro que el canal autonómico televisará un gran número de festejos, hasta catorce. Eso sí, el 16 de mayo no hagan planes de toros, que ese día las Ventas cierra por descanso del personal. Un detalle, un mal detalle. Pero claro, la llegada de One Toro ha provocado la desaparición del anterior canal que retransmitía las ferias de la temporada. Que si sigue habiendo toros por la tele, bueno, el mal el menos, pero ahora viene otra duda. ¿Harán los de la nueva tele que se cumpla eso de “detrás vendrá quien bueno te hará”? Pues Dios quiera que no, porque entonces, apañados estamos. Que si aquellos comentaristas tan melosos, tan a favor del torero, tan a favor del medio toro, tan comprensibles con la vulgaridad, ahora van a acabar pareciendo exigentes, como ya sucedió con ellos y con Manuel Molés, ¿pues ya me dirán? Que sí, no se crean que he perdido la chaveta, pero si este fue uno de los que más daño hizo a la fiesta con un micrófono en la mano, quien le sustituyó le superó con creces. Que el triunvirato formado por los periodistas que conducían la retransmisión, fuera el que fuera, el agotador Maxi Pérez y ya fuera Emilio Muñoz, Cristina Sánchez o Dávila Miura, era para mesarse las guedejas y hacer una pasmina con ellas.

Los nuevos, que tampoco son tan nuevos, lo mismo siguen engrosando ese neodiccionario taurino para el que hace falta un diccionario Taurino- Castellano, Castellano- Taurino que algunos no solo no entendemos, sino que preferimos no entender, por aquello del sonroja, la vergüenza ajena y el cabreo grado sumo. Que los nuevos tendrán que superar a los anteriores en justificar lo injustificable, en ese positivismo extremo que supera la necedad pretendiendo hacer bueno lo malo y pasable lo pésimo. Que igual es mucho pedir, que lo mismo estamos pidiendo imposibles, pero ya les digo yo que si empezaran por no darle la enhorabuena a todo aquel al que acercan el micrófono aunque hayan pegado un petardo monumental, pues ya la cosa mejoraría. Que si en lugar de decirles eso de “no ha podido ser”, empiezan por un simple “no has visto al toro o no le has entendido”, ya se daba más de uno con un canto en los dientes. Que no es tan difícil. Que igual bastaría con que pensaran con que la empresa que les paga ha puesto una pasta por delante y que eso ya debería bastar para exigir un espectáculo de calidad. Pero… anda que cuando nos ponemos a soñar.

Que no voy ahora a ponerme a cuestionar si tanta tele sí o tanta tele no, porque en primer lugar me quiero poner en el sitio de quienes no tienen el privilegio de vivir a cinco estaciones de metro de las Ventas, por poner un ejemplo; de esa gente que quiere vivir los toros, pero que vive lejos de dónde dan toros y mucho más de dónde dan toros de verdad, si es que queda alguno. De esa gente que llegan las ferias y se plantan delante de la televisión y a pie firme aguantan lo que les echen y además tienen que escuchar esos comentarios que… Pues todos esos seguro que quieren saber cómo van a poder ver los toros, cuánto les va a costar, si lo podrán ver por la tele, el ordenador, el teléfono o mirándose en las rayas de la mano. Si para contratar van a tener estudiar “teleco” o si bastará con llamar a un teléfono, entrar en una web o si lo podrán comprar en los chinos del barrio. Que no hay que tener prisa para nada, pero que como no se apuren, al final les ca a pillar el toro, nunca mejor dicho, y que no les vale con esa promesa de que la televisión pronto llegará

 

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jueves, 9 de febrero de 2023

Acomodarse no es evolucionar

En lugar de acomodarse, mucho mejor enseñar al toro y acomodar su embestida. Pero eso ya quedó lejos, porque de aquello se ha pasado al colaborador para que el torero esté cómodo.

 

Llevamos años, demasiados, que tenemos que soportar eso de que el toreo evoluciona. Muy bien, bienvenida toda evolución, porque eso es progresar, avanzar, pero lo que nos cuentan nada tiene que ver con ello, sino con crear unas condiciones que permitan que todos los agentes de la fiesta, a excepción del aficionado que paga, vivan más y más cómodos. Esa supuesta evolución es alejar cualquier posible riesgo, tanto físico, algo inherente a esta actividad, como económicos, y ahí viene eso de las fundas, por poner un ejemplo. Que hay que felicitar a estos caballeros que han sabido encontrar el término ideal: evolución. ¿Quién se negaría al progreso? ¿Quién se negaría a que las cosas mejoren? Evidentemente, nadie, pero, ¿y si bajo eso de evolución nos quieren colar el timo del tocomocho?

Aunque igual hay que admitir que esto realmente es una evolución, porque han ido adaptando la fiesta a lo que a unos les va bien. Evolución es desterrar la casta y sustituirla por nobleza y así pasa, que el toro entonces tiene que tener embestidas formales y se convierte en un colaborador, ni tan siquiera oponente. Y como tal colaborador, él tiene que salir ya sabido, sabido de cómo tiene que ir a los engaños, de cómo colocar la cabeza -que expresión tan horrorosa- , de cuándo ir y cuándo no; que el siguiente paso va a ser que se toree solo. Se ha eliminado evolutivamente eso de enseñar al toro a embestir, de conducir y mandar en las embestidas. Así, de un plumazo han echado abajo el por qué de esto de los toros. Pero de la misma forma que se ha “evolucionado en el comportamiento, se ha hecho en las hechuras del animal. Ya podemos olvidarnos de esos toros imponentes con una arboladura de impresión. Ahora toca el toro bonito y que, por supuesto, quepa en la muleta. Eso sí, no nos faltará el que quiera confundir tamaño con trapío o arrobas por seriedad.

Pero aquí evoluciona todo quisque. Evolucionan los empresarios, confeccionando carteles, perdón, repitiendo carteles una y otra vez hasta la saciedad, siempre con los mismos hierros y con los mismos coletudos. Eso es evolucionar; curiosamente un inmovilismo insoportable, tedioso y que entroniza hasta límites insospechados a la vulgaridad. Que el aficionado pide que se contraten otras ganaderías y no las de siempre y te salen con que esas que el aficionado quiere “no embisten”, lo que en otras palabras quiere decir que no colaboran, que igual sacan una pizquita de casta y el artista de turno se puede “expresar”. Pero las del sistemaya pueden estar rodando por los suelos, que venden las camadas al completo, estén cómo estén. Todo para que los de luces estén “cómodos”. Y en esos carteles cerrados a cal y canto tampoco pueden entrar otros toreros y tener otra oportunidad porque… ¿qué más da el por qué? No se les pone y ya está. Que los hay que a lo mejor no han hecho demasiados méritos, pero claro, comparando, comparando, es que los oficiales han hecho menos. Entonces, ¿cuál es el criterio de la evolución?

Pero claro, si en este escenario de extrema comodidad para el que cría, que lo vende todo, todo y repite aquí y allá las veces que haga falta, comodidad para el que contrata, porque entre lo que controla uno y el colega de enfrente se montan mil ferias sin que nadie les ponga un pero, ya sean los maestrantes, la Comunidad de Madrid o la Parroquia de San Telmo, y además se ponen de perfil con la bajada de asistencia a las plazas, que luego ya acomodarán la estadística para que parezca lo contrario. Eso sí, poco a poco se van dando menos festejos, menos corridas de toros, las cuales, como ya se ha apuntado, copan los de siempre. Y lo s más cómodos de todos, los de luces, que además exigen esa comodidad y se escandalizan y apostatan del toro de verdad. Ellos quieren al animal dócil, al colaborador, el que les permite ponerse bonitos, expresarse y estar cómodos. Que si lo pensamos dos veces, sin quererlo, ellos mismos están tirando abajo su prestigio como toreros. Porque claro, si el torero está cómodo porque ya le viene todo dado, ¿qué sentido tienen ellos, su profesión, el espectáculo y la madre que trajo a la comodidad y la maldita evolución? Pero no se me agobien, que son masa los que están encantados con esta evolución. Eso sí, se quejarán de que haya desaparecido el toreo de capote, que la suerte de varas sea apenas un simulacro, pero no caerán en la cuenta de que los toros sean una máquina de ida y vuelta, porque mientras que en la muleta “se muevan” y permitan a los de luces “expresarse” y “estar cómodos”, todo va bien. Y si se les rechista, igual empiezan con que cada uno tiene su tauromaquia, con que es lo que hay y tenemos que acostumbrarnos y si se les aprieta, hasta te soltarán eso de que esto ha evolucionado, pero, ¡ay, amigo! Que no nos la den, porque acomodarse no es evolucionar.

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viernes, 3 de febrero de 2023

Eso sí que es una chirigota

Esperando a los chirigoteros de pega. Con estos pocas risas.

Se nos echa el Carnaval encima y quieras que no, aquí cada uno se inspira en sus disfraces, en las chirigotas en esas tierras del sur, sobre todo alrededor de la Bahía, del Falla y a dos pasos del Mentidero. Pero hay que tener cuidado, que en “Cai” las chirigotas, dentro de su absurdo, presentan un aspecto grotesco, pero en el fondo son muy serias haciendo de espejo distorsionado de la realidad, pero las chirigotas alejadas en unas cuantas leguas de la Tacita de Plata, a veces quieren dar una imagen de seriedad y acaban siendo grotescas. Que unas afinan las letras como estiletes y las otras apelotonan palabros con mal estilo. Y uno no lo esperaba, pero el otro día que me dio por pasarme por la puerta de una tertulia de la Asociación del Toro de Madrid, que seguro que ni de lejos se les había pasado que allí actuase chirigota alguna, pero… Que uno ve llegar al señor Garrido rodeado de su troupe, creo que pude contar hasta cinco, uno repeinao, otro con cara de pocos amigos, otros dos que igual solo iban de palmeros y el jefe. No llevaban guitarras, ni cazúes para el titirirí, sería todo a capela. No lo dijeron, pero parece ser que el nombre del grupo era, o es, “Los carpinteros, porque luego que dan el palo“. Que no se puede decir que no tuvieran tablas, que ya el día anterior habían tenido un éxito rotundo de crítica y público… afín. Que ya me dirán ustedes lo que influye en el aficionado si hacen presentación por todo lo alto de una feria por todo lo bajo o no, que no está mal, pero si nos ponen el filete y la carne está dura y revenía, por muchas patatas que te pongan y por mucho que te lo empanen, eso no hay cristiano que lo trasiegue.

Y habrá quién piense que lo que iba a cantar el señor Garrido era de una novedosísima exclusiva que nadie conocía, pero sí, claro que conocían sus mayores éxitos en los últimos tiempos. Desde antes de empezar ya había entusiastas tarareando esa de “Que suban los precios… pero a los demás” o un clásico del que muchos se sienten orgullosos de saberse la letra de pe a pa, “Me saco una barata y me voy abajo”. Esta casi es coreada a voces por el personal, si no fuera porque los vecinos y más de un aficionado se les podía haber echado a la chepa. Pero había que dar comienzo al acto, con la buena organización de siempre, que en esto la gente de la Asociación tiene quién sabe de técnicas y logísticas. Pero con lo que nadie contaba es que unos fueran a una tertulia en serio y otros a ver una chirigota sin gracia. Que al señor Garrido, vocalista principal, le hacían preguntas muy sensatas, preguntas que revientan en el pecho de cualquier aficionado, que hasta hubo mujeres que preguntaron, ¿adónde vamos a llegar? Pues vaya que si preguntaron. Que el señor chirigotero igual tampoco pensaba que así en dos palabras le fueran a dar una lección de afición y de extremado amor por la fiesta y por la Plaza de Madrid. Pero nada, él seguía con su tralarí tralará, con la coplilla de: ”Que majo soy y no me beso, porque no me llego”. Y las aficionadas seguían y los aficionados no paraban y nada, tralarí tralará y la novedad de “Los lunes al sol, si es que no está nublado”. Que también hubo quién entonó el “A mí me duele el callo, arrégleme lo mío”, pero en eso no entró nadie, que meta el pie en agua caliente con sal y andando, y nunca mejor dicho.

Que seguro que nadie se sintió defraudado, porque seguro que todos, o casi todos, ya sabían el repertorio que traían “Los carpinteros, porque luego que dan el palo“, pero bueno, al menos que se enteraran de que a los aficionados de Madrid les gustan las chirigotas, pero las de verdad, las de “Cai” y que saliéndose de ahí, prefieren otra música, la del toro, la de los toreros de verdad, la de las ganaderías encastadas, la del toro de cinco y el torero de veinticinco -un clásico-, la del respeto a la Plaza de Madrid. Pero esas tendrán que seguirlas entonando por su cuenta, como vienen haciendo desde hace ya mucho, pero que mucho tiempo. Que con los gallos que sueltan estos chirigoteros sin gracia, esta gente no se desanima nunca; bueno, alguna vez un poquito, pero como el toro encastado, siguen peleando en el peto. Y mientras, “Los carpinteros, porque luego que dan el palo“, a lo suyo, pero de momento, a no ser que cambien el repertorio de forma radical, quitando los cuatro entusiastas de “Que suban los precios… pero a los demás” o “Me saco una barata y me voy abajo”, no creo que nadie les coree eso tan del Falla y de la Bahía, del “Eso sí que es una chirigota”.

 

PD.: Muchas gracias a la Asociación del Toro de Madrid por abrir sus tertulias a todo el mundo y además compartirlas en las redes para que nadie pierda detalle.

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lunes, 30 de enero de 2023

La estadística todo lo disfraza

 

Si los toros los reducimos a números, o nos engañamos o no sabremos valorarlos cómo se merecen. 

La verdad es que uno está hecho un lío. Toda la vida escuchando que esto es un arte, que lo toro es un arte sublime, que el arte es inconmensurable y ahora voy y me entero de que el arte, el mismo del que me hablaban antes, se mide al peso o por metros o por gente que se llevan a cuestas entre efluvios alcohólicos y arranques del paisanaje o por despojos acumulados en un serón o porque… vaya usted a saber por qué. Que esto es lo que los señores de Plaza 1 reivindican para justificar sus carteles, sus ferias y sus atropellos constantes a la plaza de Madrid. Justo lo mismito que deben hacer los de la Citroen, Balay, Ferrero Roche o don Simón, el del vino peleón y los zumos de polvos, tirar de cifras frías y sin alma, que es lo contrario a la forma de valorar el verdadero arte. Traduzcamos los resultados de una temporada en cifras, convirtamos el tan sobado concepto de arte en números y a poco que lo vistamos, nos sale un año triunfal, aunque igual debería decirse triunfalista.

Que esto de la estadística está muy bien, fenomenal y bien manejada, te disfraza cualquier pobre realidad de utopía. Ya saben eso de que si un señor se come dos pollos y a otro no le da ni para un ala, estadísticamente cada uno se come un pollo con su guarnición y todo. Pues en esto de los toros y de Plaza 1, que no quiero dejar fuera al señor Garrido, son maestros del cambalache estadístico, aunque también con sus limitaciones. Quizá recuerden ahora aquellos despojos que nadie entendía, excepto los familiares y paisanos de un torero que con tanto fervor agitaban los moqueros al viento de Madrid. Que empezaban a darles recompensas inmerecidas, si hablamos de que esto va de arte, de poder y mando, y les convertían en figurones. Que se alaba mucho la amistad, pero hay veces que esta la paga un tercero. Eso sí, si pensamos en la estadística de la última feria completa antes de la pandemia, lo conseguido por David de Miranda no se tiene en cuenta. Esa estadística no nos vale, táchenla de su cabeza. Pero aún hay más, porque si en la última actuación a un caballero le echaron el toro al corral por desidia de este, nada de números, o sí, pero en lugar de la de los trofeos, los supuestos méritos, parece que se han agarrado a otros números, que si cobra equis y no equis por equis, o que si lo lleva…, como ocurre con el señor Talavante, al que no se sabe por qué méritos, se le dan equis tardes por tres en el próximo ciclo. Y esta ciencia estadística también se puede aplicar a las ganaderías, las que más orejas han ofrecido con su colaboración infinita, además del aval de las figuras que con tanto entusiasmo las piden. Eso sí, si miran en la tabla de puyazos recibidos por el ganado de ciertos criadores de “productos”, entonces ese dato se desecha y si alguien lo reclama, es que es un negativo, un amargado, un frustrado y hay que echarle a los leones sin tardar, no vaya a ser que se acabe sacando un abono y siga ahí dando la matraca un añito más. A la palestra con ellos y que sean puestos fuera de combate.

 Pero estos señores no se crean que solo se manejan con un arte estadístico sublime en eso de conformar carteles, ferias y feriotes, que también trabajan otros campos. Que ya lo decía el sabio, todo es matemática. Ahora han regalado 3.000 abonos; una medida que en principio solo se puede alabar. Para jubilados y jóvenes. Que no voy ahora a juzgar este regalo, pero uno no puede evitar que se le vengan a la memoria imágenes pasadas. Que recuerdo yo cuando con aquello de la grada joven, como ya hiciera frío o calor, siempre aparecían los mismos chavales, que la verdad, eran una bocanada de aire fresco. Venían con ganas de aprender, de ver toros, absorbían, y absorben, como esponjas, pero tampoco eran muchos, para qué engañarnos. Eso sí, los días de postureo aparecían todos, eso sí, buscando cuál era su localidad, porque no sabían adónde quedaba el número tal de la fila cual. Y llegaba la feria de otoño y mientras a esos no les quedaba tarjeta para hacer otro taladro, a estos “eventuales” se les veía que a lo sumo tenían media docena de agujeritos, si llegaba. Y eso era pagando, que no quiero ni pensar lo que puede ser si van a los toros de gratis. Que podría ser una medida estupenda para fomentar la afición de la juventud, pero claro, si el espíritu es que me la dan y así me aseguro que voy a ver al Juli y a Roca Rey, pues mucha, mucha afición no se va a hacer, que la que tienen ya la tienen muy definida. Pero claro, de esta manera, con esos tres mil abonos, en más de una docena de festejos, cuando la empresa dé el dato de entradas vendidas, que no de asistentes, ya tienen 3.000 seguros, aunque el aforo de la plaza parezca tan exiguo como poco acorde con la estadística de Plaza 1. Eso sí, al final de temporada se les llenará la boca con que ha habido casi un millón de entradas vendidas, que no de asistentes reales. Que no sé si podrán decir que han subido los abonados, quizá sí, pero ya les digo que el carácter de estos puede que sea muy diferente, porque, ¿sabían ustedes que un señor que tuviera abono de temporada, si no lo ha renovado por querer serlo solo de feria, pierde su abono y este lo ponen a la venta? Pues pregunten, pregunten, que no ha sido ni uno, ni dos casos y los que se descubrirán en marzo o abril cuando un caballero con décadas de abonado vaya a renovar y le digan que nanay de la China. Pero igual le dicen que como en lugar de equis abonados hay equis más dos, estadísticamente él no se han perdido abonos, pero… y es que ya saben, al final, la estadística todo lo disfraza.

 

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domingo, 22 de enero de 2023

Entre el toro que embiste y el toro que acude


El toro que embiste busca, el que acude, igual encuentra... o no.


Siempre ha habido patrones para identificar más o menos por dónde transitaban las ganaderías; que si encastadas o no, que si duras o no, que dulces o complicadas, que si blancas o negras… Luego llegó otra división quizá más ofensivas para la fiesta desde el punto de vista del respeto a los fundamentos de la fiesta, toristas y toreristas. Que hasta se ha llegado a hablar de toros muy toreros. Y a un nivel inferior aunque ya centrándose más en determinados toros, está eso de colaborador o no. Pero por encima de todo esto, los taurinos encontraron una división que aparte ensalzar a los suyos, servía para desplazar y arrinconar a los otros y es eso de las ganaderías que embisten y las que no. ¡Qué cosas! Que quizá habría que definir eso de “embestir”. Porque a mí personal entender, no es lo mismo embestir, que acudir. Y yo encuentro la distinción en que los que embisten son los que se quieren comer lo que se les pone delante, lo que obliga a sortear esas embestidas con saber, poder y firmeza. Que luego puede haber toros que se aplomen más o menos, que manseen más o menos, pero la cuestión es querer agarrar la presa y hacerla jirones. Y después están, siempre según una personalísima opinión, los que acuden a los engaños. Que sí que es verdad que lo hacen una y otra vez y que no se cansan, oiga. Pero quizá aquí encontremos otra diferencia más. A los que de verdad embisten hay que someterlos, porque si no, igual se nos suben a las barbas y nos depilan de una pasada. A los otros, los que acuden, se le les dan trapazos en línea; que me gustaría contar su comportamiento en el primer tercio y la forma de acudir a los capotes, pero como habitualmente no se da el caso, tampoco se puede ahondar en este aspecto. Que me gustaría a mí ver si los que acuden seguirían acudiendo tras pasar por el caballo de verdad, no después de una leve colleja, y si en el último tercio consentirían demasiado con muletazos de arriba abajo y de fuera adentro, rematando los muletazos. Que igual al segundo se nos despanzurraban y ni tan siquiera podrían acudir.

Pero una de las grandes diferencias entre los unos y los otros radica en que unos no se dejan así como así y los otros se dejan así y asao. Que con los primeros, posturas las menos, y con los segundos todas las posturas son pocas. Que a los primeros si les recibes con chicuelinas igual los tienes buscándote los tobillos todo el rato y los otros… los otros ya sabemos lo juguetones que se quedan. Que con los primeros solo cabe el arte de verdad y con los que acuden todo es arte. Que aquellos si no se les corre la mano hasta el final te pueden levantar a medio trapazo y los otros tragan hasta un cuarto, sin acusarlo lo más mínimo. Y a todo esto, el personal enloquece con estos últimos y con los que embisten, a veces hasta caen en la infamia de decir que esos animales son imposibles y que hay que mandarlos al matadero a todos, incluidos sus criadores. Es que ahora el criar toros de lidia, toros con casta, es un delito de lesa humanidad.

Iba a decir que adónde íbamos a ir a parar, pero está muy claro, se ha tomado una dirección en línea recta y a toda velocidad hacia el abismo y parece que los que transitan en esa nave lo jalean con entusiasmo. Que ellos quieren al toro que acuda. Que si va al caballo, ya sea desde dónde sea, cuándo sea y cómo sea, se le jalea y se celebra como al niño que ha sacado sobresaliente en plástica y gimnasia, aunque suspenda lengua y matemáticas. Y sigue en los tercios sucesivos acudiendo con esa alegría del que tampoco es que se alegre mucho, porque le falta eso de embestir y se deleita y deleita con acudir. Aunque no se crean, que cuando ven un toro embestir, tampoco le hacen ascos, pero se conforman con los que… en fin. Si al menos luego no denigraran, ni renegaran de los que embisten de verdad, pues algo se habría conseguido. Pero claro, es que otra cosa, que eso habría que ver en otro momento, ahora los que se dicen aficionados se ponen de parte del torero y no del toro. Que ahora todo el mundo se pone de parte y comprensivo con el torero, el empresario, el ganadero de los que acuden y hasta del que vende fantas durante la lidia del toro, pero… ¿quién se pone de parte del que paga? ¿Quién se pone de parte del aficionado que solo pide lo que siempre fue? Pues evidentemente, nadie o casi nadie y encima pretenden tirarnos a la cara la falsa disyuntiva entre el toro que embiste y el toro que acude.

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jueves, 15 de diciembre de 2022

Es tiempo de ser buenos

La afición llega muy lejos, más allá de Oriente, más allá de dónde parte una estrella y llega hasta nosotros como el suave vuelo de una mariposa, la del maestro Lalanda


Ya saben, hay que ser buenos, hay que ser buenas personas, lo que un castizo llamaría buena gente. Que buena gente es Manolín, ¿y el Juanín? ¿Qué me dices del Juanín? Pero ese cuando se enfada, cuidado con él. Que no le vayas a quitar lo suyo o que no vea una injusticia, que se pone como un Miura rompiendo plaza. Ya, pero es que Juanín es buena gente, pero no es tonto, no confundamos los términos. Que es que hay mucha disfunción semántica en el orbe lingüístico y social de las personas y seres humanos en general. Que también es verdad que en esto influyen mucho las malas lenguas y los que las dejan trotar por los sembrados ajenos. Que resulta que uno de estos va y te dice que lo mejor para el mundo es que todos estemos unidos. Pero claro, si esa utópica unión no tiene otro fin que quitarme lo mío y que el unidadofilo se ponga las botas y ponga su negocio a funcionar a costa de los demás, ¿entonces? Entonces hay que dejar de ser buenos y toca defenderse de esta perversión del lenguaje y sobre del que la formula y pone su maquinaria trincona a funcionar. Vamos, un Casas, don Simón, por ejemplo, que va y te quiere convencer de que esto de los toros hay que pagarlo a precio de oro, porque si no, el arte no puede subsistir. Pero es que visto así, este no pide unidad, este caballero pide mentecatos, sordos, ciegos, mudos, pero ágiles de manos para vaciarse los bolsillos y llenarle a él los suyos. Pero claro, si al menos después del timo de la estampita, al menos las estampitas estuvieran plastificadas, a todos color y cada uno diferente de las demás y si una es bonita, la otra mejor, pues igual mira, igual compensa un poquito el ser de esa unidad que tanto predica y hasta ser buenos… y tontos. Pero claro, luego llega el momento de la verdad, uno, todo bondad, después de cambiar a los niños de cole, por eso de ahorrar, de quitarse de la carne y abonarse al chup chup del Avecrem, de olvidarse del iphone de última generación y cambiarlo por un tamtam modelo “Ecos de la abana”, con lo ahorrado se va a los toros y ¡Zas! En todos los morros te pegan el tocomocho, que piensas que vas a ver toros y como diría una madre de las de antes, ¡ni toros, ni toras, como me quite la zapatilla”. Pues eso, que en mitad de mayo ves salir por los chiqueros al buey del Belén para allá por diciembre, pero con el mismo trapío que la mula. ¡Hala! Ya tienes la mula y el buey, todo en uno. Pero como es mayo o junio o cuando sea que es diciembre, aún puedes no ser bueno, ni mucho menos tonto. Pero a pesar del primer sopapo, metafórico, por supuesto, ahí que seguimos sentados; quizá esperando los pastorcillo, los tres Reyes Magos y la estrella, nos encontramos que no hay otra cosa que el “caganer”. Un caballero que se dedica a poner poses asín, asao y de aquella manera. ¿Se puede ser bueno entonces? Pues ya les digo yo que si lo intentan, igual hasta se sienten un poco tontos. Pero claro, alrededor de usted hay una muchedumbre que pierde el sentido. ¿Serán buenos todos ellos? Pero si aún quedan meses para la Navidad, que o me estoy volviendo tonto o me estoy volviendo un mal bicho sin alma. Que si los buenos son los que quieren el toro chico, los que no quieren que se le pique, los que fabricas triunfos a domicilio e invisten de divinidades a los coletudos, entonces es que los demás “semos” más malos que Caín.

Pero bueno, como ni es mayo y aún queda un tiempecito para que todo este enredo se enrede todavía más, para que nos suban las bilis, la bilirrubina y la tensión a 29-19, seamos buenos, aunque ya lo seamos doce meses al año, pero bueno, demostrémoslo, o quizá sería más correcto que pongámonos tiernos, que dejemos a un lado la careta de gentes serias, buenas, que no tontos, y digámosle a los nuestros cuanto les queremos, cuanto les apreciamos, les valoramos y deseamos tenerles siempre a nuestro lado. Lo mismo que les digo y les deseo a todos los que durante el resto del año se han pasado y se pasan por esta bitácora (sic Xavier González Fisher), mucha feliz, muchos besos, muchas risas, mucha alegría y a seguir hablando, pensando y viviendo los toros. Que en Nochebuena no les falte nadie a la mesa, aunque el pavo o el cordero o el cabrito estarían encantados de no estar, que en esas cenas y comidas que más parecen de un condenado, puedan decir todo lo bueno que llevan dentro a los seres queridos. Que en la Nochevieja tomen las uvas y no se atraganten, si es que viven en España, y si moran otros paraísos, que brinden con champán hasta que sientan las burbujas hacerles cosquillas en la nariz. Y que bien el gordito de rojo o los Magos de oriente, el Olentxero, el Cagatió  el Pato Donald les traigan todo lo que deseen. Y que en todas las mesas del mundo y todos los niños del mundo rebose la ilusión y la felicidad debida y parece que obligada, en estas fechas; en estas y en todas. Para todos, todos, muchísimas felicidades y que seamos buenos, que no tontos, todo el año, aunque parezca que solo ahora es tiempo de ser buenos.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html