miércoles, 27 de diciembre de 2023

Cuento de Navidad… o de cuándo sea

El toreo soñado entre las nubes del cielo


Al final llegó ante una puerta mucho más modesta de lo que esperaba. Suponía grandeza, boato, mármoles y remates de oro, pero lo que se encontró fue una puerta de madera, bien cuidada, se la veía robusta, pero sin excesos. La flanqueaban dos jóvenes, ni altos, ni bajos, ni guapos, ni feos, ni rubios, ni con rizos rodeando un rostro amable y que desprendían mucha serenidad. Uno de ellos le recibió ya a lo lejos, invitándole a acercarse. Le preguntó su nombre, solo para llamarle por este, y le indicó que pasara a una casita que parecía de los jardineros. Allí un hombre mayor, con barba rala, vestido que una especie de túnica y llamaba la atención un llavero repleto y muy variado.

-          Buenas tardes, bienvenido.

-          Buenas tardes, gracias, no sé si es aquí dónde…

-          Aquí es, efectivamente. Has llegado al lugar indicado, este era tu destino desde hace mucho tiempo. Creo que tienes sitio reservado desde hace… Déjame ver… Bueno, eso da igual, has llegado dónde debías y te estábamos esperando.

-          Lo siento, si llego a saber, igual he tardado mucho.

-          No, por favor, has tardado lo que tenías que tardar. Aquí no hay prisa para nada y si tardas, mejor, nos alegramos de ello, porque eso quiere decir que antes tenías cosas que hacer. ¿Crees que has dejado todo rematado antes de venir?

-          Bueno, más o menos, siempre quedan cositas.

-          Desde luego. Descríbeme lo que hacías antes.

-          ¿Describirlo? Si quiere…

-          No, no me digas lo que eras, solo descríbelo. Es un juego que tenemos aquí.

-          Pues yo me vestía con ropas muy vistosas, coloridas, era como un ropaje de oficiante.

-          ¿religioso?

-          No, no, aunque sí que tenía que seguir un ritual.

-          ¡Ah! Vale, sigue, sigue.

-          Y entonces cogía unas telas y las movía delante de un animal, un animal muy fiero al que tenía que conducir por dónde pasar.

-          ¡Ay! Me gusta. Me suena mucho. Sigue, sigue.

-          Y si ese día estaba acertado y tenía fortuna, miles de voces se entusiasmaban hasta casi llegar a la locura.

-          ¿Y al acabar todo el mundo salía replicando lo que te habían visto hacer?

-          Sí, aunque eso no era siempre.

-          ¿Y el animal?

-          Pues si hay un paraíso para ellos, tendría que estar lleno de animales sensacionales que se ganaron la gloria eterna.

-          Bueno, no debería decirlo, porque esto solo era para las almas de la buena gente, pero… Otros que llegaron antes que tú y nos contaban y contaban, nos hicieron ver la necesidad de hacer un apartado para estos seres fabulosos. Pero, ¿crees que podrías hacer aquí lo que hacías allá? – La pregunta la acompañó con posturas flamencas, simulando algo que desde luego ya conocía desde hace tiempo.

-          ¡Hombre! Desde luego.

Y allí en el cielo, las almas de aficionados corrieron al conocer la noticia de que allí mismo iban a poder emocionarse con el misterio, la magia y el milagro del toreo. Los toros ya asomaban por entre las nubes guiados por vaqueros celestiales, adornados por alas relucientes, tanto o más que las de sus cabalgaduras. El arcángel Uriel ofreció su espada de fuego al oficiante de esa tarde, pero este prefería la suya que tantos triunfos le hizo cobrar. Sonaron las trompetas y la sinfonía de verónicas, medias, revoleras derechazos, trincherazos y naturales mecidos por el temple, dibujando círculos alrededor del sentimiento del toreo. Las voces se convirtieron en clamor, el clamor en algarabía y todos participaron de la locura que con unas telas y ante un toro, provocó aquel que lucía un mechón blanco, como si fuera la señal de estar tocado por la divinidad. Quizá alguien vea esto como un cuento de Navidad… o de cuando sea.

 

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lunes, 18 de diciembre de 2023

Un año más con la familia

Los mejores deseos para todos. Muy felices fiestas.


En estas fechas todos, o casi todos, tendemos a acercarnos, a apretarnos en abrazos muy fuertes con los nuestros, con amigos, parientes, con los que compartimos tantas cosas, con los que queremos y nos quieren, en definitiva, con la familia. Y familia somos todos los que queremos vivir esto de los Toros, aunque como en todo, hay familiares más allegados y otros que casi ni salen en el árbol taurológico como primos muy, muy lejanos. Ahí se desenvuelven los amantes del término tauromaquia. Pero aún dentro de estos nos encontramos a otros que sí, que son del mismo pueblo que nosotros, que según dicen fueron primos lejanos de… ya ni se llega a alcanzar de quiénes fueron primos, que son la parte de la familia que adora la modernidad, el toro colaborador, del que unos abominan de su bobonería; que empiezan a considerar y hasta pensarse como algo aceptable eso de que no salga el caballo de picar, que videntemente no se pique y hasta llegar, esto ya los primos que ni tan siquiera son del mismo pueblo, a ver con buenos ojos las corridas incruentas. Estos son los que quieren que haya un lugar al que ir por ir para merendar, darle al alcoholazo y juntarse con los amigotes de la peña, club o asociación, que tampoco dudan en arrimarse al enemigo que nos desea que desaparezcamos por siempre jamás. Ya saben, en todas las familias tiene que haber de todo y en esta de los Toros, pues no iba a ser menos.

Pero ya digo, en estas fechas hay que apretujarse mucho dando abrazos. Que nos mirarán una parte de la familia a algunos y pensarán eso de “ya están aquí estos amargaos”. Aunque no se crean, que de esta parte también se dirá eso de “¡vaya, los que faltaban!” Que esto es como los cuñados, que no aguantamos al ajen o ajena, pero claro, el cuñadismo es recíproco. Y la cosa no es que uno sea anti y el otro aficionado a los Toros, que eso sería muy fácil, uno te llama salvaje, tú ignorante y que esperas que no toque el cordero o le deseas que le aproveche el asado de hierbas con forma de lechón y pobre como simplemente amague con mirar al que corrió por esos campos de Castilla o de dónde sea que se críen lechones ¡Esaaa manooo! Pero miren, hay que ser bueno y generoso y más en estas fechas, así que si alguien decide reconvertirse y hacerse lechonicida, pues bienvenido sea. Como si de repente el cuñado o cuñada deciden abandonar copita va, copita viene la fe pegapasista, el dogma del torillo bobón y colaborador, la secta de los incruentos y de los amantes del jarte. Qué habría más bonico que llegado el año nuevo, que pasados Reyes se echara a las calles y ocupara los tendidos de esas plazas del mundo una legión de amantes de la casta, el poder, el mando y la fiereza, encarnados en toros y toreros de esos que te hacen enmudecer, que de emociones de abuelas ya está uno harto, en los Toros, se entiende, que en lo otro es muy recomendable. Y mientras esperamos que suceda lo que seguro que no va a suceder, les hago llegar mis mejores deseos, que los Papa Noel den naturales por las esquinas y los rematen con el forzado de pecho, que los Magos veroniqueen con garbo y galanura, que Baltasar pique en todo lo alto, que Gaspar se asome al balcón para dejar los palos en el hoyo de las agujas y que Melchor culmine de un soberbio estoconazo al volapié, al encuentro o recibiendo, como los grandes, al tiempo que les deseo unas muy felices fiestas, un muy feliz Año Nuevo y muchas cosas buenas que les traigan los Reyes, los de Oriente, si por un momento se ponen a lo suyo y deciden dejar de sentirse Pepe Luis, Joselito o el mismísimo Belmonte; aunque por aquello del paisanaje, yo me quedaría con Vicente Pastor y con el más puro acento de Embajadores les diría que muchas FELICIDADES Y A GOZAR, un año más con la familia.

 

 

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domingo, 10 de diciembre de 2023

Cariño, estas Navidades, ni langostinos, ni lambrusco

Pues al final va a ser verdad que los toros se ponen por las nubes o que para pagar un abono íbamos a tener que ponernos a mirar a la Luna.


Te pasas todo el año esperando estas fechas tan entrañables, tan familiares, tan navideñas, fechas de reencuentros de buen rollo y de tirar la casa por la ventana, todo sea dicho. Pero, ¡qué caray! Son una vez al año y si uno no puede darse un capricho, ¡qué vida es esta! Pues este año las Navidades van a ser muy distintas. Ya tenía apalabrados los langostinos con Justo, el de la pescadería, nada menos que dos cajas dos. Y al del súper ya le había encargado que me guardara una botella de lambrusco, del mismo del año pasado, que si para ello tenía que comprar dos cajas de cereales para que me entrara en la oferta, pues se compraban, que ya lo he dicho, ¡la casa por la ventana! Pero al final… Que qué poco dura la alegría en casa del pobre. Que a ver cómo le digo a mi santa que de lo dicho, nada, que este año hay que sacar el abono de los toros en diciembre. Que yo lo entiendo, porque seguro que los señores García Garrido y Casas están achuchados y necesitan las perras para pagar las angulas y el Moet Chandon, o lo que es peor, para pagar las angulas y el Moet Chandon del año pasado y si no aflojan, este año no les fían; aunque la verdad, si no es bajo amenazas, no entiendo cómo alguien puede aún fiarles. O a ver si la cosa va a ser que como ya tendrán cerrados los carteles de la feria del año que viene, lo mismo los figuras han pedido una señal, no fuera a ser que luego los de Plaza 1 se echaran atrás y les dejaran con Palmo y medio de narices. Que también la cosa puede ser que la señal se la tengan que dar a los ganaderos, pero… No, a los ganaderos no creo, porque a estos les aprietan que si no me traes seis y te devuelvo cuatro para que me traigas otros cinco y te echo para atrás seis, para que me vengas con otros cuatro y al final no te cojo ninguno, y así de marzo a octubre, mareando la perdiz, pero eso sí, aguantándose las risas, no vaya a ser que algún empleado de la ganadería les parta la crisma de un cantazo donde se encuentran las cejas.

Pero claro, habrá quién diga que no hace falta sacar ahora mismo el abono, que sí, que han avisado con menos de una semana de antelación y que habrá quien además de tener apalabrados los langostinos y el lambrusco, además hubieran aflojado la mosca y además, que ya se sabe que ahora es cosa de tirar la casa por la ventana, se hubieran tirado a por el turrón de Alicante y una bolsita de peladillas, por aquello de acompañar el plato principal. Pero tranquilos, que todo tiene solución, que la misma mañana que te decían que a sacar el abono de temporada a la voz de ya, llegando la tarde te daban un respiro y te daban dos días más, el 30 y 31 de enero. Que será por no agobiar, pero… ¿Hay fechas más duras en el calendario? Que llegas a final del maldito mes de la cuesta, contando los días para volver a cobrar y te llegan los pagos de la tarjeta de los Reyes, la Navidad, la lotería, las cenas con los amigos y a poquito que te acompañe la suerte, el seguro del coche y el aparato de los dientes del mayor. Pero todo sea por salvar a los señores García Garrido y Casas. Que uno aún pensaba que desde la propiedad de la plaza de Madrid alguien les diría que adónde van con el “cabash”. Pero tranquilos, no esperen tal cosa, porque tampoco se van a poner ellos a pensar en el aficionado, que si no lo han hecho nunca, lo van a hacer ahora. Que igual están tan convencidos como el señor Casas que esto de ir a los toros es un artículo de lujo y el que pueda, que lo pague y el que no… el que no, pues que se dedique a la cría del geranio. Que ustedes me vendrán con eso de que la plaza de Madrid es bien barata, baratísima, pero díganme, un poner, cómo se articula eso de soltar más de 400 bolos para una localidad de las no caras, o casi 900 para otra más cara, pero al sol, porque ya les digo yo que a estos de estos abonos, al sol, por supuesto, les resulta más doloroso soltar estas cantidades que a otros tirar de chequera para largar casi 3.000, 5.000, más de 6.000 o los 7.000 de los abonados más caros de sol, sol y sombra y sombra. Paradojas de la vida. Que con ese desembolso seguro que no tendrán que deshacer los acuerdos por las angulas, el cordero del Atlas, el reserva del 68 del siglo XIX o las huevas tricerraptor cuasi fosilizadas en esferificaciones de ámbar del Himalaya, pero yo a ver cómo lo hago, cómo me infundo el valor y fuerza necesarios para plantarme en casa delante de mi santa, los niños y luego la familia y allegados, para soltar de sopetón, sin que nadie lo viera venir, eso de Cariño, estas Navidades, ni langostinos, ni lambrusco.

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martes, 14 de noviembre de 2023

Suerte, vista y… al palco

Tres veces al caballo, suena música celestial. A ver en qué queda la propuesta de los señores presidentes.

Estamos salvados, no le demos más vueltas a esto de los toros, ya tenemos la solución al alcance de la mano. Basta leer las conclusiones de los presidentes de la ANPTE, para poder empezar a respirar. Aunque uno se pregunta si lo que ellos exponen nunca a estado en la cabeza de los aficionados y si no se han podido aplicar sin mucho pensárselo. Así, resumiendo, hablan de la supresión del indulto, que tal y cómo se viene aplicando desde el primer momento de su consentimiento, ha sido un verdadero disloque. Que lo que era un premio para el ganadero, pasó a ser la máxima recompensa para el torero. Quizá es que alguno pensaba que si se indultaba un toro, el torero se lo llevaría para su casa para ponerlo en el jardín o en las zonas comunes de su comunidad de vecinos. Que Esaú tendría que tener alquilada una campa para él solito y sus amigos colaboradores. Lo mismo hasta Victorino estría de acuerdo en esto de suprimir los indultos y así se evitaría sacrificar los suyos en el cajón de su finca.

Abogan los señores presidentes por análisis aleatorio de vísceras y pitones, algo que ya se viene haciendo, ¿no? Bueno, si no se hace será porque los usías no ven sospechas en ningún caso. Que dicen que se afeitan los toros, que hasta el señor Escolar lo afirma sin despeinarse, pero eso será un chascarrillo inocente, ¿verdad que sí? Que no sé si en varias temporadas se ha analizado medio pitón. Anda que no lo iban a agradecer esos que dicen que un afeitado hace más daño que un toro en puntas. Pues hala, un riesgo menos para los coletudos, que se hagan los análisis propuestos y así ya pueden dormir tranquilos. Y los barberos, pues que monten una peluquería, que se compren una franquicia de Llongueras y arreglado.

Que también dicen que tiene que haber equipos de presidentes bien formados y que se elijan de acuerdo a los principios de igualdad, mérito y capacidad. Pues ya estaría bien y además que no se conceda una segunda oreja si el toro no ha acudido tres veces al caballo. Que esto me recuerda, pero solo un poco, al reglamento previo al del 92. Pues oiga, no estaría mal, lo mismo no se daría tanto despojo regalado y las plazas empezarían a dejar de parecer un Black Friday permanente con tanta rebaja y tanto tirar por los suelos el prestigio de muchas aficiones. Y hasta aquí, todo de acuerdo, ¿no? O casi todo, que igual también le ponen pegas a lo de no darse orejas, indultos y cestas de Navidad todas las tardes. Pero ahora digo yo una cosa ¿Y al que se agarre a eso del conflicto de orden público y decida calmar a la muchedumbre sacando pañuelos como si estuviera despidiendo a un primo en el puerto de Cádiz? Aunque una de las propuestas puede ser la respuesta a estos caballeros, que si no están preparados o dispuestos a cumplir el reglamento, que no se suban al palco. Así de simple. Que imagino que los taurinos no estarían de acuerdo en que pusieran a un tipo mal encarado dispuesto a “robarles” orejas a tutiplén. Que si ya pretenden que no haya ni presidentes, ni reglamentos, ni veterinarios, ni aficionados críticos, van a consentir semejante atropello al jarte. Que los de luces deberían ser los veterinarios, presidentes y jaleadores de masas para así “crear un buen ambiente en la plaza” (sic Rafael García Garrido)

Que cómo verán esto los usías para salirnos con estas conclusiones después de mucho parlamentar en su congreso de la ANPTE. Que lo mismo hasta están convencidos de que si se aplicaran tales reformas en el reglamento, las cumplirían al pie de la letra. Que no lo tendrían nada fácil, lo mismo sería acompañados por un pelotón de civiles escoltándoles a la salida del festejo, pero si esto puede servir al menos para evitar que esto siga cayendo en barrena, bienvenido sea. Eso sí, señores presidentes, suerte, vista y… al palco.

 

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martes, 31 de octubre de 2023

Esto no va de toristas y toreristas

 

Sin el uno no y el otro no es posible la corrida de toros, el rito de los toros, pero quien no puede faltar jamás, es el toro. Este es el que justifica todo.

Que gran afán el del ser humano, uy más si es español, de querer etiquetarlo todo, que si eres de esto o de lo otro, que si de tortilla con cebolla o sin cebolla, que si de vino o de cerveza, que si coche o tren, que si de botas o chanclas… yo soy de botas; y en esto de los toros, que si eres torista o torerista. Y pobre de ti como te dejes llevar por el primer impulso, que te declares de uno o de otro y el que esté enfrente sea del opuesto; a ver como recuperas esa amistad de años, que se rompe por un detalle como este. Que ciertamente no alcanzo a entender cómo se puede ser de una parte que integra un todo y no de ese todo. Yo soy de la parte izquierda de Charlize Theron, el brazo y pierna derechos es que no me dice nada. Que soy de la primera media hora de las pelis y luego, el resto, para Almodóvar. O eso de que vas a la plaza solo a ver el toro, que uno va a ver el toro, por supuesto, pero el toro y el resto. Que yo no voy al fútbol a ver solo al portero y al lateral izquierdo, ni voy a un restaurante para degustar la guarnición, dejando a un lado el resto, ni veo una carrera de Fórmula 1, por la tele, claro, para fijarme solo en los neumáticos. Pues en las corridas de toros me pasa igual, me interesa todo, el toro, el torero, los caballos picar, el presidente, los monosabios, hasta el que pinta las rayas. Eso sí, que nadie se me confunda, si no hay toro, el resto poca importancia tiene. Lo que hace el torero me pierde valor, lo que hacen picadores y peones me parece que no tiene sentido, nunca me olvido del toro, que es el que más me hace saltar de mi asiento. Porque si no hay toro, el resto me parece un ballet, un ejercicio pseudogimnástico, una representación con un cierto toque estrafalario.

Quizá todo esto es porque yo entiendo el toreo, el rito de los toros, como un todo que no puede fraccionarse según convenga. No entiendo que un señor ponga poses y zarandee una tela si el animal apenas logra sujetarse en pie. No entiendo esto si se simula el primer tercio, ni que el segundo sea un mero trámite antes de las posturas galanas del señor de la muleta. De la misma forma que no entiendo que todo se circunscriba a una faena de muleta y que se culmine con una cuchillada traicionera. Y esto, ¿es ser torista o torerista? Pues bastante he tenido, y tengo, durante toda mi vida por intentar entender esto y hacer el camino para intentar ser aficionado, como para que a mitad de camino tenga que decidirme por escoger solo una parte de algo tan grande. Aunque no se crean, que cuando sale el toro, si delante no hay toreros, y por toreros entiendo los que tengan valor, cabeza y condiciones para poner en práctica el toreo, en este caso también me falta esa parte importante del rito. Y además, tengo que reconocer que siento frustración, porque que aparezca un toro en la arena y que los que se enfrenten a él a lo más que lleguen es simplemente a estar, pues es un tanto desilusionante. Con lo caros que se venden los toros íntegros y que solo podamos ver a alguien pegando respingos, pues no resulta muy satisfactorio. Yo no quiero renunciar a nada, ni al toro, ni al torero, por supuesto, aunque si falta el primero, me sobra el segundo, me sobra todo, porque no está el eje de todo esto. Y no hay ni orejas, ni copas, ni charlas con amigos, ni fanfarria victoriosa que pueda cubrir la ausencia del toro. Que ustedes, o quién quiera, podrán seguir en ese dilema de toros o toreros, forzándose a si mismos a elegir dónde no cabe elección posible. Que los habrá que utilicen el término torista para tirárselo a la cara a los que no entiendan el mundo tal y como ellos lo conciben. Que te espetan lo de torista como si te dijeran que eres un carnicero sin alma que solo quieres ver a los toreros despanzurrados en la arena con las tripas fuera. Que hasta locutores de televisión se atreven a semejante barbaridad. Que no es que haya que echarles mucha cuenta a esa gente, porque lo primero que dejan ver a las claras es que no se han parado un segundo a entender cuál es el fundamento, los cimientos de estos que llamamos los Toros. Y quizá hasta puede ser una pérdida de tiempo y un derroche inútil de energías el hacerles ver que esto no va de toristas y toreristas.

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viernes, 13 de octubre de 2023

Entre, vivas, disco y botellones, se acabó la temporada

Ahora a esperar unos meses. Que ya nos anuncian que no va a haber toros para el año que viene, pero cuando hay que montar un festejo a gusto de los actuantes, no sé de dónde sacan tanto toro, para al final quedarse con los bueyes de una romería.


El cierre de una temporada siempre tenía algo de nostalgia en la despedida; los habituales se despedían de los demás habituales: “que tenga un buen invierno”, “nos vemos en marzo, si la salud nos respeta”, “a ver si encontramos un momento y nos vemos para Navidad”. Buenos deseos y lo dicho, la nostalgia de la despedida. Pero los tiempos han cambiado, ahora se celebra por todo lo alto, los que lo puedan celebrar, claro, los que tengan cuerpo para ello. Por ejemplo, la juventud; esos sí que saben de celebraciones. Es agarrarse un barreño lleno de alcoholazo y no hay nostalgia que se le ponga por delante. Que si la despedida es hoy, ellos ya empiezan la víspera; y vaya si empezaron, que quedaron para juntarse en una novillada sin caballos, el final de no sé qué camino y después, una marabunta de chavales que se metieron en la plaza, que no vieron el cartelito ese del metro de “antes de entrar dejen salir” y para adentro que se fueron. Que los que se iban lo hacían en fila india, lo mismo bajando escaleras, que intentando escapar de aquello por la puerta de Madrid. Que fue tal el éxito de la fiesta, que hasta invitaron a la policía, que viendo aquello decidió que todos para casa, que al día siguiente había que celebrar la Hispanidad, con sus banderitas, su himno, sus retales ganaderos y tres de luces, uno que esta vez no se despedía, el Cid, otro que quería celebrar con ceremonia su plante de hace un año cuando se dejó un toro vivió, Talavante, y otro al que cualquiera sabe qué le dijeron que iba a ser aquello, Isaac Fonseca.

El ganado era de… ¿De quién era? Se anunciaba… pero no, de esos no quedó ninguno, luego empezaron a rebuscar por los cajones, los corrales, los cercados, los carros del Rocío y encontraron al fin dos de Garcigrande, uno de Cortés y tres de Victoriano del Río. Que sería todo esto para dar gusto al aficionado de Madrid; sin duda, porque ya se sabe que la empresa, Plaza 1, es una perfecta conocedora de esta plaza. O igual no tanto. Los del primero, tres zambombos cortitos, para delicia del carnicero. El solitario, un buey que dejó el carro abandonado en mitad del polvo del camino. Y los otros tres, un vaco grandón, un ciervo para hacerse un perchero con poco gusto y el último, otro gordinflón para que el carnicero no se quedara con ganas de más. Se rumorea que pasaron por las inmediaciones de los pencos, pero mayormente por su cuenta, sin que nadie les dijera aquí te pongo y ahora vas a reventar aquellos faldones que se llaman peto. Quizá por eso no lo reventaron y tuvieron cuidado de no estropearlo. A ellos tampoco se les estropeo demasiado el morrillo, ni se les picó. Aunque luego llegaron los banderilleros a dejar los palos en mitad del lomo.

Iban los matadores ya citados, encabezados por El Cid, quizá por eso de que Talavante no abriera plaza. Se le hizo saludar al final del paseíllo, un ratito después del himno. Para que digan que la gente no es amable. Que aquí se saluda y se despide al personal las veces que haga falta. Y sería que alguien le avisara de la fiesta fin de curso, que El Cid se mantuvo toda la tarde a una distancia prudencial de sus oponentes. Brazo largo, espalda curvada, pico de la muleta y luego se ponía derechito, pero pasándoselo bien lejitos, no fuera a mancharse el terno. Que lo de que le enganchara el toro la muleta una y otra vez daba lo mismo, porque, ¿quién se lleva la muleta de fiesta? Trapazo echándose el animal para afuera. Él un torero experimentado, hasta parecía aturullarse en su segundo, pero ante eso, más exageración del pico. Y parecía interesado en lo de la fiesta, porque miraba al tendido como pidiendo explicaciones de la hora y el lugar, porque nadie pensara que fuera para recriminarle al personal las críticas por tanta trampa y tanta ventaja. Con lo que él ha sido para ese público y ese público para él. Flaca memoria de ambos.

Alejandro Talavante es un torero que despista, que lo mismo te dice que lo que hace un señor de Lima no es cómo él entiende esto, que se te pone a pegar culerinas como el primero para deleite de la parroquia fiel a san “Barreño de Yintonic”. Ahogó de primeras al segundo de la tarde y ahí se quedó todo. En el quinto mucho trapaceo, que si telonazos, que si cambios de mano, aderezado todo con un toreo abusando del pico y con mucho enganchón, hasta ya ponerse realmente pesado. Quizá quería recuperar los trapazos que no dio hace un año el día que tras tres avisos “indultó” un toro, pero que la incomprensión del respetable no supo llegar a entender.

Y el tercero, por eso de la Hispanidad, vino desde tierras mexicanas, Isaac Fonseca, que si de novillero era valiente y atrevido, haciendo un sello de ello, en la actualidad más parece un desnortado que tiene que soltar todos los trapazos que compró en la trapacería. Inoperante durante la lidia, se limitaba a andar por allí, molestando más que mandando. Ya saben eso de lo que molesta un piano en la bañera, ¿no? Pues eso. En el primero citando de lejos para recibir al toro con banderazos y trapazos echándoselo muy fuera y pasándoselo excesivamente lejos. Muy alborotado, enganchones, pico, trampas y bajonazo infame. En su segundo, el que decía adiós a esta temporada, aún peor, trapaceando sin criterio ninguno, atropellado, resultando cogido, lo que hizo que se aturullara aún más. Muy vulgar, en exceso, pareciendo más un capa de los que rondaban en otros tiempos por los pueblos, que un matador de alternativa. Pero ya todo daba igual, ya era tiempo de fiesta, fiesta para unos jóvenes que alegran la vista de muchos que ven el futuro de la fiesta asegurado, pero que te dicen que si no es por las copas y la disco de las Ventas, que ellos no aparecerían por la plaza ni jartos de Chococrispis. Y mientras unos se despedían hasta el año próximo, si la salud lo permitía, y se deseaban un buen invierno, unas felices pascuas y un próspero año nuevo, otros iban a lo suyo, a lo que habían ido de verdad a la plaza y entre, vivas, disco y botellones, se acabó la temporada.

 

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lunes, 9 de octubre de 2023

Una fiesta de(l) pueblo

Muchos defensores están echando palada tras palada sobre la plaza de Madrid, pero con mucho orgullo y convencimiento, porque ellos saben de que va esto y si se les contradice, te vienen con que esto es una fiesta de(l) pueblo.

Muchos son los que consideran que hay que ceder a la mayoría, a los impulsos de la masa, al delirio colectivo. Pues cedamos, pero mejor quedándonos a un lado y dejando pasar al entusiasmo del pueblo. Contra esto no cabe discusión. Pero dicho esto, no hay por qué verse obligado a adherirse a estas muestras de felicidad colectiva. Que bien puede haber celebraciones de(l) pueblo, pero no estamos obligados a hacerlas nuestras. Aunque, igual hay quién crea que estamos en esa obligación, ser uno más de los entusiastas de(l) pueblo. Y parece que esto es lo que nos ha dejado la última de esta tan poco afortunada feria de Otoño del 2023. Llegaba el hierro mítico de la plaza de Madrid, ni más ni menos que los Victorinos; casi na. Y así empezaron a salir al ruedo venteño, provocando el entusiasmo de(l) pueblo.

Don Victorino Martín se tiene que estar felicitando después de la corrida que echó, al fin lo ha conseguido, no solo que sus toros sean dóciles como todos, poco molestos como todos, del gusto de las figuras, sino que además ha conseguido que se le entregara ese aficionado con el que en otros tiempos se las tuvo tiesas. La exigencia ha claudicado a la reconversión monoencastada de lo de este ganadero. Y ahora, pues a seguir marchando, que ya solo le queda que le publiquen sus epístolas y le den el Planeta o el Nadal o el Cervantes, ya puestos; qué no conseguirá este señor. La presentación, pues uno de aquí, otro de allí, sin destacar ninguno y quedándose casi todos por debajo de lo exigible. Fuerzas las justas o menos. No se le pudo picar a ninguno, lo que ya se admite sin rubor. Que el siguiente paso va a ser eso que se rumorea de que sea el matador el que decida si salen los caballos o no. Pero luego acudían a la muleta como corderitos y si parecían algo más, quizá fuera por la impericia de los coletas, pero de estos ya hablaremos. La plaza estaba entregada a cualquier cosa, y vaya con las cosas que pasaron, sin pararse a pensar en si se picaba o se dejaba de picar. Que luego me dirán eso de que este o aquel era un “Victorino de los de antes”, ¡miau! ¿De los de antes de cuándo? ¿De antes de ayer por la tarde o de antes de tres semanas?

Abría cartel Román, que se encontró con un inválido al que el señor presidente se negó a devolver a los corrales, que solo daba para ir al caballo andandito y quedarse dormido debajo del peto, que si hacía por meter la cara mínimamente a los capotes se venía abajo. Y Román quería darle muletazos y muletazos, que el animal no daba ni para hacer de enfermero con él, pero sí que tuvo fuerzas para en un momento en que con el pico se quedó al descubierto el espada, le tirara un derrote seco, que más tarde le mandaría a la cama. Intentó pasarle por el izquierdo, pero ahí el Victorino solo se defendía. La verdad es que el que te enganche un animal así no tiene ningún sentido, es jugársela por nada y para nada. Animales así solo tienen un camino y ya que no fue devuelto, un espadazo y a otra cosa. Y que Román se recupere muy pronto de este innecesario percance.

La estrella de la tarde fue Borja Jiménez, al que parece que Madrid ha adoptado como su nuevo ídolo, uno más en la misma temporada y van… Puede que el mérito más destacable de este torero sea repetir la misma faena tres veces y culminarla con tres medias tendidas atravesadas y desprendidas. Que eso no lo hace todo el mundo. A sus dos primeros los recibió de capote manteándole y a las primeras de cambio dándose la vuelta para perderle terreno hacia los medios. Que lo metió en la tela, es verdad, pero para eso, para no saber ganarle terreno a ninguno de sus toros, que deje a los peones, ¿no creen? Y el tercero fue a recibirlo a portagayola, para tirarse al suelo y luego darle mantazo tras mantazo. Eso sí, en cuanto se pegaba una media a su aire, como con desprecio, la gente se encendía, sin importar si la tela toreaba al toro o al aire, que fue lo más toreado, el aire. Ni hablar de manejar las lidias, mucho capotazo y sin cuidar el poner a los toros en suerte, aunque para que hicieran lo que hicieron los Victorinos, debió pensar que mejor se quedaba quieto. Y me permitirán que siga contando el trasteo de los tres toros que despacho al mismo tiempo, porque ya digo, fueron tres calcos; eso sí, el personal se echaba las manos a la cabeza con delirio e incredulidad. Otros se las echaban por no entender ese delirio e incredulidad. Aquello era una fiesta de(l) pueblo, no cabía discusión. Y cada uno cuenta lo que ve y hace sus propios razonamientos. Manejó Borja Jiménez la diestra y la siniestra, pero con un denominador común, aparte de citar con el pico, los muletazos, sin mando, seguidos de carreras. Raro fue aquel en el que no se tuvo que recolocar a la carrera, solo iba atrás, sin mando, cuando el toro proseguía y no le quitaba el trapo de un tirón, como sucedía casi siempre. Y mi pregunta es si hay mando cuando hay que recolocarse permanentemente. Sí, la plaza estaba entregada, pero, qué me van a contar si se le jaleaban hasta los enganchones, cuando no había terminado el muletazo y estaba bailando. Que esto es la fiesta de(l) pueblo y es así, pero permítanme mi estupor al ver así a Madrid. Que podría seguir hablando de las tres faenas, pero sería hacer lo mismo que hizo Borja Jiménez, repetir, repetir y volver a repetir. Y como colofón, tres estocadas más o menos traseras o desprendidas, tres medias, si llegaba, tendidas y atravesadillas. Que eso tiene mucho mérito, no me digan que no. Una oreja por toro y si le echan seis más, seis orejas, no les quepa duda. Me dirán que si un natural, que si dos, que si un remate, que si es desmadejado ya es la locura enloquecida, pero, ¿es eso torear? ¿O es dar pases? Yo lo tengo claro, pero si alguien me convence de lo contario. ¿Y es un buen muletazo el que no tiene mando, el que si acaso va a la velocidad que marca el toro y que no se remata? Pero insisto, esto es una fiesta de(l) pueblo y así hay que tomarla.

Además dicen que anduvo por allí Leo Valadez, que no hizo más que los demás, mantazos, no poder a sus toros de recibo, trapazos y baile continuo con la pañosa y el enfado del paisanaje, que esperaban poder reivindicar la tierra con su torero. Torero al que en una tarde parecida a esta de las de fiestas de8l) pueblo, alguno reivindicó para volverle a ver en Madrid. Pues hala, ahí le tienen, que estuvo, pero pareció no estar. Pero aquí lo que cuenta y lo que no hay que olvidar, ni mucho menos, y que nadie se llame a engaño, es que esto es una fiesta de(l) pueblo.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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