viernes, 13 de mayo de 2022

¡Que viva Yony Güalquer y que viva el botellón de la Kultura!

El Botellón de la Cultura y dos verónicas, nada más, de Juan Ortega. Y Talavante muy parecido a cuando se marchó y nadie le echaba de menos 


Que solemnidad el día de la gran, excelsa, extraordinaria corrida de la Cultura. Cada año resulta más emotiva, más conmovedora. Que gusto ver al personal acercándose a la plaza con las obras completas de José María de Cossío debajo del brazo, para en los pasillos de la plaza organizar tertulias inesperadas sobre la existencia del toro, si el toro nace o se hace, sobre la metafísica de la suerte de varas, sobre si el segundo tercio es necesario o contingente, sobre el hecho consuetudinario del volapié o la suerte de recibir. Se va viendo como se acaloran los ánimos, pero siempre dentro del respeto y la confraternización de las diferentes escuelas del pensamiento taurino. Esas agrias discusiones sobre si el botellón de ginebra o de calimocho, porque claro, no se puede uno cerrar a lo que viene de fuera, pero claro, también hay que velar por lo propio. Y parece que al final no ha habido consenso y gran aporte de los asistentes a este magno acto cultural han bebido de todas las fuentes. Y lo de bebido no es metafórico, es literal, porque si no, perdónenme ustedes, hay que cosas que no se entienden. Que también puede ser que uno no es muy ducho en eso de la filosofía del botellón y de pimplarse hasta dar vivas hasta a las golondrinas que había años ha en la plaza de Madrid.

Corrida de Jandilla muy bien elegida y reelegida, porque tuvieron que traer otra remesa de toros, porque echaron varios para atrás. Eso es mimo, eso es buscar lo exquisito, justo con la aparición de Talavante en Madrid. Primera de feria que ha habido que remendar. Que me dirán que el remiendo es de la misma familia, pero si se anuncia un hierro, es para que vengan todos de ese hierro. ¡Ah, no! Que anunciaron de los dos. ¿Y anuncian de dos hierros y de uno solo sale un toro y el sobrero para por si acaso? O sea, que ya te van adelantando que habrá remiendos. Eso sí, de la misma familia. ¡Hombre! Pero, ¿qué cultura es esa? ¿La del tocomocho, pero a sabiendas? Pero como la gente estaba con lo del botellón, tampoco pasaba nada. Eso sí, hay que estar muy atento, porque no todo lo que pasa en la Cultura es lo que a algunos les parece. Que si en el cartel de Talavante y Juan Ortega, con un sobresaliente, como indica el reglamento, y la plaza arranca con una ovación cerrada, a ver si el señor Talavante, el señor Ortega y los señores de la tele se enteran que la fiesta no va con ellos, que a quién se quería sacar a saludar y rendirle los respetos de la afición de Madrid era precisamente al sobresaliente, ese que hace unos días se encontró de repente con cinco toros para él solito, Álvaro de la Calle. Que yo entiendo que unos se crean el endiosamiento que cultivan sus allegados, pero, ¡hombre! Un poquito de memoria y sensibilidad taurina. Que es que estos son del “to pa mí”. Si lo serán, que ni un quite le han ofrecido al sobresaliente, ni en el quinto, ni en el sexto, ni… nada.

De los Jandilla, poco se me ocurre, que como me decía un compañero de localidad, podía hacer un corta y pega de toda la corrida y salir del paso. Claro, como este caballero no estaba embolingado, pues ni se ha dedicado a soltar vivas, ni Bieeeejjjnnnnes, ni tan siquiera a pedir orejas y al final ha salido aburrido, desesperado y diciendo que no vuelve, mientras se despedía hasta el domingo, porque a los caballitos no va. Si es que esto o se ve hasta las trancas de morapio o… Pues eso, que los Jandillas han sido el prototipo del toro moderno, con la presencia más que justita para no calentar los ánimos, con ganas de escapar del cabllo sin apenas poder decir que cumplieron y con unos picotazos que daban para poco. Que solo se le dio al inválido que hizo quinto, a pesar de que se desmoronaba con mirarle; que las malas lenguas decían que Talavante buscaba que saliera el sobrero de Vegahermosa a ver si le salía parecido al que hizo tercero y del que le dieron una orejita. Y el sexto se desquitó tirando derrotes al peto, como si tuviera alguna cuenta con él. Que malos son los rencores y más con un peto acorazado.

De los espadas que hoy era el día señalado para que dieran una clase magistral, una conferencia sobre el toreo, pues bueno, no dieron ni apuntes fotocopiados para estudiarlos en casa. Como los malos profesores, dijeron a la concurrencia que cada uno se preparara el temario en casa. Y así unos tirarán del Cossío, de los escritos de Navalón, Díaz Cañabate, Vidal o Corrochano; otros irán a la güiquipedia a buscar suerte de varas, primer tercio, cruzarse o cargar la suerte y que Dios reparta suerte, porque igual no encuentran gran cosa; y otros, quizá los más, acudirán al “rincón del vago” y a estos no les arriendo la ganancia. Que lo mismo estos últimos son los que se han entusiasmado y pedido la oreja a Talavante en el tercero, con una faena llena de carreras, enganchones, tirones y más tirones, trapazos trallaceros, muñecazos sin rematar el muletazo, desarmes y pico, pico y más pico, sin que el matador fuera capaz de parar las embestidas del de Vegahermosa. El animal ya andaba con genio en banderillas y en la muleta eso fue a más. Eso sí, como allí veían emoción o cierta incertidumbre, los del “Rincón del Vago” se volvieron locos y venga a jalear lo que en otros días habría sido faena de bronca y gorda, por no haber podido con el animal, por haber estado a su merced. Que si le preguntan a alguno de estos “motivaos”, lo mismo le dicen que el toro tenía muchas teclas. Sí, como el de un piano… de un niño de cuatro años, con colorines para no perderse. En los otros dos el resumen puede resumirse en lo mismo, pero sin ese toro geniudo, con dos de Jandilla que bueno, estuvieron por allí, ideales para hacerles todo con ventajas, desde fuera y con la muleta al bies. En el quinto, ese inválido que no fue devuelto, el extremeño cambiaba de mano una y otra vez, pero nada, que no acababa de encontrar el camino…

Y así fue la corrida de la Cultura 2022; ¡Ay, no! Perdón, perdón, mil perdones. Sí, ahora recuerdo. Que estaba yo con el sofismo del taurino y se me ha ido el alma al Olimpo. Pues sí, también estaba Juan Ortega, la gracia sevillana, que se agotó en su primero con unas aseadas verónicas de recibo, destacando las del pitón derecho. Y aquí se acabó su discurso, ya saben pico, enganchones, carreras, citando muy desde fuera, inseguro y dando muchas vueltas para tantear por dónde entrarle al toro, como en el cuarto. Y en el sexto, pues a todo lo anterior le sumamos una apatía y una sosería poco soportable, aunque para ello invocáramos a la escuela existencialista, pero sin querer nos íbamos al nihilismo más profundo y ya saben, que por nada te pones a querer cortarte las venas o pegarte un lingotazo de cicuta en todo lo alto. Y como viene siendo tradicional en este día de la Cultura, en contra de las intenciones del señor Casas, don Simón, tampoco acudió el señor ministro de Cultura, pero bueno, paciencia. Que la ausencia de este y de todos sus predecesores no empañe un día tan señalado y cantemos todos esa oda al saber, a la alegría y al morapio de garrafón. ¡Que viva Yony Güalquer y que viva el botellón de la Kultura!

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Arte abstracto en las Ventas

Al menos José Chacón se apartó del vanguardismo taurino y pareando nos volvió a lo que tanto añoramos. 

Ya saben ustedes que la plaza de Madrid es un punto de referencia cultural durante todo el año y con mayor intensidad durante la feria de San Isidro, hay tertulias, conferencias, exposiciones de arte, arte figurativo, escultura, siempre con el toro y la tauromaquia como referente. Pero ya sabemos que en esto del arte moderno hay muchas cosas que se nos escapan, que uno las ve y se queda frío, que te plantas delante de una obra titulada “Atardecer en la dehesa” y tú miras y miras y vuelves a mirar y no ves ni el atardecer, ni la dehesa, ni nada de nada; es arte abstracto y a unos garabatos, unos pegotes como si se hubiera desparramado un tintero y a un trozo de madera pegado al lienzo le llama atardecer y encima te dicen que es en una dehesa. Pero, ¡ojo! No descarten que haya quién lo vea y hasta se atreva a querer explicarlo. Pues ahora póngase ustedes en situación. Paga su entrada para ver una corrida de otros, entra en la plaza para ver una corrida de toros, se sienta en su localidad para ver una corrida de toros y resulta que te ponen delante la versión perfomance de “Atardecer en la dehesa”. Pero tranquilo, siempre va a haber quién le pretenda explicar que esto es un toro y que esos que andan por allí son artistas. Cinco del hierro del Torero y un sobrero, el quinto, de Montealto. El primero un torazo, grandón de todo, los demás con mucha leña, pero nada más y el sobrero un búfalo al que solo le faltaban los Sioux acechando. Corrida mansa, pero alguno pudo haber tenido mejor dado más de sí en el último tercio. El primero de la tarde suelto, escarbando, se puso al picador y a su cabalgadura por montera. Literal. Se lo pasó por los lomos y en el segundo encuentro, tapándole la salida los mandó más allá de las rayas del tercio. El artista que le tocó en suerte, Antonio Ferrera, no hizo más que primero dejarle suelto y luego limitarse a darle trallazos destemplados, a permitirle tocársela demasiadas veces, a meter el pico constantemente y a no parar quieto un instante. En el quinto el baile comenzó ya desde el recibo de capote, con mantazos desajustados. El toro iba a su aire y si por estas se encontraba un caballo, pues hala, cumplido el primer tercio. Saludaron José Chacón y Fernando Sánchez, uno por parear pudiendo al toro y el otro por esa especie de recorte con que siempre nos “sorprende” para dejar su par. Ferrera empezó dando distancia al toro, pero inmediatamente continuó el baile ya iniciado, sin parar quieto, que si una colada y sin poder con el animal, incapaz, no pudiendo hacer otra cosa que dejarse enganchar las telas.Quizá es que no se le picó, quizá que no se le cuidó en la lidia y quizá porque tampoco era para ponerse a dar derechazos y naturales. Quizá.

El segundo del cartel de esto que cuesta calificar, fue Daniel Luque, que al cornalón segundo le permitió engancharle las telas ya de salida. Mal picado, el animal parecía hacer como que hacía, pero salía del peto huyendo sin ruborizarse. Parecía el día del enganchón y las correrías por el ruedo y Luque se lo tomó al pie de la letra en el trasteo de muleta, costándole hasta encontrar el sitio y el momento de cuadrar al toro. Le tocó al sevillano el de Montealto, con el que ya de inicio no se le veía cómodo. Un toro que no paró de escarbar durante toda la lidia, al que se le dio un primer picotazo y de segundas, parecía que iba a derribar al verle levantar el caballo con el pitón izquierdo. Incierto en la muleta, lo que quizá provocara una tremenda desconfianza en el matador, que no acertaba a pararse un momento, hasta que el buey se quedó, pero sin dejar de escarbar.

Volvía Gonzalo Caballero a Madrid tras aquella cogida en esta misma plaza y volvió a dejar patente su escasa capacidad para ponerse delante del toro, provocando por momentos una angustia innecesaria, viéndole cogido casi en cada pase. A su primero le dejó a lo que él quisiera, que deambulara por dónde mejor le viniera. Notaba el palo y salía a escape del peto. En banderillas apretó por el derecho, lo que luego se evidenció durante la faena de Caballero que, rodilla en tierra, y muletazos por ambos pitones, se lo sacó fuera de la raya. Demasiado acelerado, ya en los medios se el vencía mucho y a cada embestida era un ay, pero el madrileño no parecía tener más argumentos que a ver si le daba derechazos o naturales sin mando ninguno, sin saber defenderse mínimamente, yendo con el muletazo hecho y el toro a su aire. Y hay que dar gracias porque se lo quitara de encima hasta con habilidad. En el sexto fue más de lo mismo, aunque menos angustioso. Mal picado, el matador haciendo poco caso a la lidia, para llegar a la faena de muleta, en la que el escenario fue el mismo, el toro iba y venía y solo se le recetaban trapazos con el pico, muletazos pegando tirones, mucho enganchón, banderazos mil y teniendo que recuperar el sitio permanentemente, más pareciendo que su objetivo fuera que pasara el tiempo a montar un trasteo con sentido para aprovechar las embestidas del toro. Que será lo que se lleva ahora, porque es una práctica muy común lo del pico, los enganchones, las carreras y no ser capaces de aprovechar mínimamente las muchas o pocas arrancadas, pero es que al final te quedas como si contemplaras el “Atardecer en la dehesa” ensoñando el toreo, ensoñando el toro encastado y llegas a la triste conclusión de que son cosas del arte moderno y hay días, la mayoría, que lo que toca en la plaza es una sesión de insufrible arte abstracto en las Ventas.

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jueves, 12 de mayo de 2022

Veinte años no es nada

Hasta tres verónicas ha enlazado el Juli. Que con una antes de marcharse valdría, pero bueno, estaba voluntarioso


Después de más de dos décadas viendo a Julián López, al final le hemos podido ver serio, tirando de un toro, sin retorcimientos, respetando la plaza de Madrid y marchándose con dignidad de las Ventas. Solo nos queda esperar y desear que ahora vaya de aquí para adelante, que le podamos ver con algo más que con Garcigrande, que le podamos ver intentando hacerlo, que podamos verle sin torear con el pico de la muleta y que le podamos ver tirándose como una vela detrás de la espada, en definitiva, que podamos verle sin trampas, sin trucos y con verdad. Ya puestos, porque no vamos a pedir.

Se anunciaban tres figuras del momento, tres figuras que desgranan el toreo moderno como ninguno, con lo de la Quinta, procedencia Santa Coloma, vía Buendía. Que para que nos entendamos, es como ver a los hermanos Marx representando Hamlet; que no es algo raro, no debería serlo, pero sí que es inusual. Presentación de acuerdo a lo que es este encaste, sin exageraciones, incluso algunos con más tamaño del que se podría esperar, aunque el tamaño, como los kilos no son signo de trapío, pero sí, estos sí que tenían trapío. En cuanto a su comportamiento, pues insulsos en el caballo, si acaso apenas llegaron a cumplir, que cuando no se dormían en el peto, derrotaban la guata o peleaban con un solo pitón. Que tampoco se puede decir que los espadas y sus cuadrillas hicieran por lucirlos en el primer tercio. Pero luego, como ocurre con el toro moderno, en el último tercio iban y venían. Quizá habría que destacar el cuarto, que se puso complicado después que Morante de la Puebla le permitiera tocar el capote desde el primer lance y de forma muy continuada. Y el cuarto, con el que El Juli se tuvo que poner serio, muy serio. Pero que no se me entienda mal, que nadie piense que teníamos delante al monstruo de siete cabezas comiéndose a todo el pasara por allí con las medias rosas. Y hoy que me siento benévolo, muy benévolo, no diré que el ganado ha estado claramente por encima de la terna, pero lo que no ha estado de ninguna manera es por debajo de esta.

Era la primera aparición de Morante de la Puebla en la feria y no se puede decir que el público no le esperara y no estuviera a favor desde el primer minuto. Que no habían aparcado el tiro de caballos y ya estaba el personal aplaudiéndole entusiasmado. Que en los lances de recibo, entre enganchones y sin quietud, ya le jaleaban cada capotazo como si hubiera resucitado el mismísimo Lagartijo el Grande. Permitió que el de la Quinta fuera tres veces al caballo y que se le pegara, tomó la pañosa y poniendo poses flamencas mientras con los muletazos el animal iba de acá para allá y vuelta, que si ahora se me cuela, que si tiro de piquito, que si me tengo que recolocar constantemente, que si no acabo de encontrarme, que si no estoy cómodo, mientras las ganas de jalearle y de subirle a los cielos seguían casi intactas. Luego ya se agotaron del todo en su segundo las cosas no solo no mejoraron, sino que empeoraron y empeoraban por momentos. Mala colocación de los de luces en el ruedo, lo que pudo costarle caro al Lili en banderillas. Tomó la muleta el sevillano y apenas la tomó ya se percibía demasiada desconfianza, rondando al toro a ver por dónde, a ver qué, pero al final, nada, un toro que acusó todo lo malo que se le hizo desde el primer capotazo, haciéndole todo esto bastante peor de lo que era. Eso sí, quiero destacar un detalle del torero, cuando sin alaracas, con discreción, se fue a cubrir la salida de un picador del ruedo, ejerciendo de director de lidia, porque eso también es cosa de toreros.

Probablemente la gran sorpresa haya sido el Juli, pero desde el primer momento dejó claro que venía con otras maneras de las que ha venido a Madrid en estos veintidós años de alternativa. Recibió al segundo de la tarde a la verónica, muy erguido, con quietud, embarcando al toro y rematando con tres medias. No cuidó demasiado la lidia en el primer tercio. Con la muleta en la mano lo sacó más allá del tercio, lo pasó con la derecha con despaciosidad, sin retorcimientos, aunque con el pico y citando desde fuera. Exageraba más el atravesar la muleta con la zurda, mientras el animal la tomaba con dulzura, sin hacer ni un amago de extraño. A medida que avanzaba el trasteo también se exageró el abuso del pico, mientras el respetable vivía en el delirio. Los más retorcidos esperaban la hora del julipié, eso de citar, echarse a correr saliéndose de la suerte y arrear un sablazo, pero no, se tiró más derecho que nunca en la plaza de Madrid y cobró una entera, si acaso una pizquita trasera. Una oreja que si bien algunos no habrían pedido, algunos no la pedimos, pero que tampoco fue protestada. Con esta actitud, parecía improbable que no hubiera salida a hombros. Ya se frotaban las manos los partidarios y los ojos los no partidarios, que también los hay, claro que sí. Y ese quinto salió queriéndose marchar, pero el Juli lo sujetó en su capote. Uno de la Quinta que cuando más empujaba en el caballo era cuando le habían levantado el palo. La faena de muleta comenzó con una colada por cada pitón. Con esto lo del pico podía ser peligroso, había que evitar abrirle la ventana. Lo tomó muy de cerca en los muletazos siguientes, continuando con el pico y con mucha carrera para recolocarse. Andaba cazando muletazos, uno aquí, otro donde cayera y llegó el momento de unos naturales tirando del toro, llevándolo largo en cada muletazo, muy embebido, lo que normalmente se entiende como torear, así de simple. Con mando y hondura, ¡Válgame! Yo escribiendo estas cosas, pero es que así lo he visto. Que dirán que si tanto pico, tanta carrera, pues sí, pero en esta ocasión tengo que quedarme con la parte buena, que desde luego no esperaba. Ya digo que es la mejor tarde que he visto al Juli desde aquel día del festival de Chinchón, cuando el torero aún estudiaba el teorema de Pitágoras y las capitales del mundo. Falló con la espada y ahí quedó la tarde del madrileño.

En el cartel también se decía que toreaba Pablo Aguado, que quizá se encontró con un ambiente que no esperaba. La verdad que mostró cierta apatía, bastante sosería, con ese empeño de la naturalidad, pero haciendo lo que en otras tardes, ese toreo distante, muy erguido, siempre con el pico de la pañosa, pero en esta ocasión el personal no estaba por permitirle esa forma tan bella de mentir o esas mentiras en su toreo tan naturales. En el sexto se le notó que andaba aún más desorientado que en su primero, le permitió corretear por el ruedo, evitando no sin esfuerzo que se le marchara al picador de puerta. El final fue un trasteo insulso por uno y otro pitón, venga a correr y más correr, para terminar pinchando repetidas veces. Pero el personal ya no estaba con Aguado, unos ya se marchaban sin respetar al toro en el ruedo, otros entusiasmados porque su torero había cortado una oreja y nadie había dicho ni mu y otros que tras más de dos décadas de retorcimientos y demás cosas de don Julián, al fin le habían visto tirar de un toro y enroscárselo al natural y es que a la postre, ¿qué son veintidós años? Nada, porque ya saben, que veinte años no es nada.

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miércoles, 11 de mayo de 2022

Las oportunidades vuelan si no se aprovechan

Cómo estaría la cosa, que hicieron desmonterarse a Iván García con un palo en el suelo


Cuánto se clama por una oportunidad, una oportunidad para conseguir un trabajo, para obtener un ascenso en ese trabajo, para demostrarle a la pareja que aquello no era lo que parecía, para demostrarle al Cholo que uno puede ser un trotón sin freno, como a él le gusta o para mostrar en la plaza de Madrid el merecimiento para entrar en todos los carteles de todas las ferias del orbe taurino. Pero estas hay que agarrarlas con fuerza, hasta con los dientes, si llega el caso y no dejarlas escapar, y ya puestos, si te pones, te amarras a ella con una maroma de barco y hasta dónde se llegue, se ha llegado; al cielo, al infierno, al purgatorio, a la gloria o… pero hay que estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Que si resulta que el ganadero, en este caso el del Pilar, manda una corrida para que se toree, para demostrar lo que cada uno puede dar de sí, lo que no se puede dar es la sensación de que uno pasaba por allí y que no tenía el día para complicarse la existencia. Pero también pasa que así es como más te la complicas, cuando transmites la idea de que todo te da igual y que no tienes ni una chispita de afición, como ha sido el caso de Tomás Campos y Francisco José Espada. Javier Cortés al menos ha demostrado dignidad, querer, aunque luego la realidad no sea solo querer, pero al menos ha estado.

Corrida del Pilar bien presentada y con un punto de casta, presentando las dificultades lógicas del toro de lidia, sin ser la tonta del bote, todo lo que se les hiciera tendría mérito y les aseguro que se les podían hacer muchas cosas; eso sí, que nadie piense en eso del toro colaborador, el toro formal, el del ritmo, el bravo con mimbres de manso, el… nada con lo que tanto nos ofenden los taurinos próceres de la modernidad. Si ha habido alguno que hasta se ha permitido empujar en el caballo metiendo los riñones. El primero fue picado trasero, empujó cumpliendo en el caballo, mientras le tapaban la salida. Había que hacerle todo por abajo, porque en el momento en que olía las alturas tiraba un derrote y complicaba las cosas para el espada. Javier Cortés tuvo el mérito de tirar del toro, de bajarle la mano, demasiado despatarrado y sin apenas templar. Por momentos retrasaba la pierna de salida y estiraba el brazo en exceso. Por el pitón izquierdo el toro parecía que tenía las de ganar, imponiendo este su velocidad, mientras el madrileño intentaba quitárselo de encima de la mejor manera posible. Volvió a la diestra y de nuevo por abajo pudo retomar el mando; todo lo que fuera por arriba conllevaba el riesgo de verse cogido. Quizá le sobró la última tanda, más perfilero y empalmando más que ligando los muletazos. Y querría señalar que muy posiblemente todo el trasteo fue posible por la buena lidia previa de Luis González, que no dio ni un capotazo de más, ni innecesario.

A su segundo lo recogió Javier Cortés evitando al del Pilar carreras inútiles. Buscaba el capote con codicia, pero en el caballo su reacción fue la de liarse a cabezazos con el peto, donde apenas fue castigado. Quite por chicuelinas del matador, ajustadas, sin menearse un dedo, rematando con una media. Comenzó el trasteo dándole aire al toro con unos estatuarios a pies juntos sin rectificar en ninguno de los tres, rematando con una vistosa trincherilla. A partir de ahí se sucedieron muletazos deslavazados en línea y echándoselo para afuera. Se lo sacó más allá del tercio, pero la cosa iba en decadencia, el animal se empezaba a quedar, entraba como un mulo, mientras que Cortés si acaso acompañaba, teniéndose que recolocar a cada pase. Una actuación que se puede calificar como digna y más si se compara con sus compañeros de terna.

Tomás Campos demostró entre muy poco y nada y lo que dejó ver no es para sentirse muy satisfecho. Mucho capotazo a su primero, mala lidia y sin cuidar la colocación en el caballo, donde de primeras parecía que el del Pilar iba a pelear al sentir el castigo, pero todo fue un espejismo, se limitó a dejarse y poco más. Muchas dudas de Campos desde el inicio del trasteo de muleta, que si por aquí me da un susto, que si por izquierdo me la engancha, que si le rondo a ver por dónde, banderazos y dejándose estar a merced del toro, sin saber, ni poder, simplemente aguantando los viajes del animal, no porque fuera una alimaña, sino porque la capacidad de su lidiador ofrecía demasiadas lagunas. Para acabar con un bajonazo vergonzoso. Su segundo, el que hacía quinto, salió echando las manos por delante y revolviéndose, a lo que Campos solo respondía intentando quitárselo de encima como fuera, porque se lo comía. Mala lidia en el primer tercio, mal tercio de banderillas. El castaño apretaba en el peto mientras le tapaban la salida, con un puyazo en mitad el lomo. Otra faena plena de deficiencias, muy fuera, sin saber por dónde meterle mano al del Pilar, pico y más pico, dejándose tocar la tela y además, por si fuera poco, se nos puso demasiado pesadito, lo que no suponía otra cosa que evidenciar más los defectos y los escasos conocimientos para la lidia. Otro bajonazo más allá incluso de la paletilla cerraba su tarde, de la que debería pensarse muchas cosas para el futuro, pero muchas.

Y el tercero era Francisco José Espada, al que algunos ya habíamos olvidado de sus presencias pasadas de novillero en esta plaza y del que nos gustaría olvidar y muy pronto su presencia más reciente. Recibió a su primero con un dubitativo manteo sin criterio, para rematar a una mano, él sabrá por qué. El animal peleó en el peto cuando buscaba la salida para afuera, para después quedarse allí parado sin más. Espada pronto comenzó a mostrar su idea vulgar del toreo, mucho pico, trallazos destemplados, a las primeras de cambio el animal se le quería marchar, pero si se le dejaba el engaño, iba con idea de querer coger aquel trapo rojo. El toro se toreaba solo y el madrileño si acaso acompañaba, que no toreaba. Siempre muy fuera, sin poder nunca a este tercero. Al menos no le quitaba el trapo, que ya es algo, vueltas y más vueltas, para acabar en un arrimón que más que demostrar ganas, mostraba todas sus carencias. Una faena eterna, un aviso antes de entrar a matar, pero él no tenía prisa, al cambiar el palo de mentira por la espada, aún se permitió deleitar al personal con unas manoletinas. Al que cerraba plaza le obsequió unos mantazos sin gracia y sin intención alguna. Suelto, se fue al que guardaba la puerta, donde empujó mientras le tapaban la salida. Un desorden absoluto en el ruedo, pero el matador igual se reservaba para el último tercio. Más trapazos con el pico, venga a correr, vulgarísimo, chabacano, venga a soltar un trapazo tras otro y además alargando demasiado el aburrimiento y hasta cierto enfado del personal, que ya tenía claro hasta dónde podía llegar Espada. Enganchones, apatía, para desembocar de nuevo en el arrimón que tanto parecía gustar a los partidarios, abrazado al lomo del toro, parecía cualquier cosa que es mejor no nombrar, más que un matador de toros. Y por si esto fuera poco, mitin con el descabello, perdonándosele desde el palco el que sonara el tercer aviso. Que los partidarios de algunos de la terna igual piden, exigen que se les ponga a sus toreros en todas las plazas del mundo, pero hay una cosa clara, nítida, que las oportunidades vuelan si no se aprovechan.

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martes, 10 de mayo de 2022

A ver quién pierde antes la ilusión

Quizá la novillada hubiera parecido otra cosa si se hubieran cuidado aspectos como el primer tercio


Algo que preocupa sobremanera a los taurinos es que los chavales no pierdan la ilusión por ser toreros, que no vaya a ser que les pongan delante unos bichos que les quiten la idea de volver a vestirse de luces y si cuelgan el vestido de torear, ¿de que se van a mantener esos taurinos que tanto dicen preocuparse por los chavales? Pero claro, hay algo que parece que no tienen en cuenta, que si la ilusión la pierden los que pagan por ver a sus chicos, entonces puede ser que estos se cansen de pagar y decidan no volver a una plaza… porque han perdido la ilusión. Que tendrían que percatarse que el grifo que anega el huerto está en la mano de público y aficionados. Y a la de Los maños estos últimos acudían con la ilusión de encontrarse con una novillada de verdad, con seis animales que pusieran la emoción en el ruedo. ¡Ay, la emoción! Eso sí que ilusiona. Ahora mismo están la Noche de Reyes y un festejo en el que comparezca el toro como el top de motivadores de ilusión y a continuación, pero ya a gran distancia, otras menudencias, como el que te toque un pleno al quince, el euromillón o que Milagritos ceda a las pretensiones de Alberto, el de las fotocopias.

La cosa es que una vez acabado el festejo, el público salía ilusionado. ¡Qué cosas! Que no ha sido para sacar a saludar al mayoral, desde luego que no, pero sí que daban ganas de saludar a los conocidos que te cruzabas. “¿Qué?” “Pues yo no me he aburrido”, “que esta fuera la peor”; frases que se repetían una y otra vez Seis novillos, seis, de Los Maños, procedencia Santa Coloma, segundo y tercero más justitos y el cuarto el que menos parecía de esa sangre. En líneas generales han salido corretones, incluso el quinto salió con ese brío de los toros de antes, buscando y queriendo saber qué era lo que se cocía allí. Pero decía que csi todos demasiado corretones, a lo que colaboraba el que los lidiadores no hicieran o no supieran hacer por fijarlos en las telas. Capotes al aire, telas por arriba y los novillos seguían camino por todo el ruedo. No me gusta aventurar, ni jugar a ser adivino, porque seguro que sería lamentable, pero sí que me hubiera gustado ver este encierro con otros lidiadores más entregados, con mejores modos y más eficaces. El primero cumplió en el caballo, con conatos de querer pelear en el peto. Pero Carlos Domínguez se limitaba a andar por allí, largando algún mantazo que otro para cubrir el expediente. Toreo vulgar con la muleta, evidenciando que a medida que avanzaba el trasteo, la sensación de que le novillo se les estaba yendo iba siendo mayor. Ventajista, abusando del pico y de colocarse demasiado fuera.

El segundo, que correspondió a Arturo Gilio, suelto por el ruedo porque nadie parecía tener ilusión en fijarlo y cuidar su lidia. Que ya de salida su matador se lanzó a pasarlo por gaoneras, eso sí, quedándose clavado a la arena. Se pasaban cuadrilla y matador el novillo el uno al otro, como si fuera una pelota y mientras, el de Los Maños a aguantar mantazos insulsos. Muy suelto, mal picado, todo muy desordenado. Con la muleta, Gilio empezó dando la sensación de que se iba a alborotar, para continuar con series con pico, con nada de gusto y pretendiendo encender los tendidos con recursos poco agraciados. García Pulido, emuló a sus compañeros en eso de dejar que su oponente se pegara sus buenas carreras por la arena, le pegaba un mantazo y el animal seguía trayecto, otro y nada, sin que se le pasara al espada el echarle un poquito el capote al suelo, que no es que sea mano de santo, pero es bastante más lógico que hacer ondear la bandera del Japón, porque así sí que no se sujeta al novillo. Eso sí, en los dos encuentros puso al toro en suerte, ¡qué ilusión! Mal picado, que si no ahora no atino, que si solo señalo el puyazo. Acudió una tercera vez, pero esta ya desde dentro de las rayas. El animal solo cabeceaba la guata, cara alta, para marcharse suelto del caballo. En el último tercio García Pulido obsequió al personal con una sonata de aburrimiento y sosería insoportable, pico, fuera de sitio y un bajonazo soltándole la tela en la cara, como para sentirse más que abochornado. Pero tampoco era cuestión de que se desilusionara por dejar la espada en la paletilla.

Al recibir al cuarto ya de salida Carlos Domínguez parecía aperreado con él, llegando a perder el capote. Mantazos que no impedían que este también corriera y corriera. Este rasgo no solo se ha repetido, sino que sorprendentemente no ha impedido que los novillos no llegaran al tercio final. Este quizá era el que menos parecía un Santa Coloma y el más toro del encierro. Mal picado, salió suelto del encuentro con el caballo. Con la muleta Carlos Domínguez se limitaba a cumular tandas y más tandas, vacías, anodinas, aburridas. Al quinto, el que sacó más brío en su aparición al ruedo, le recibió Gilio con mantazos para cubrir el expediente. El animalito hasta quería oponer resistencia en el caballo, aunque se le castigo demasiado justito y con un puyazo apenas señalado en su segunda entrada. Inició el azteca de rodillas, con trallazos sin demasiado sentido, para después erguirse y mantener su línea de muletazos son el pico. Resultó cogido al ir a dar un pase y adelantar demasiado el vacío de la muleta. Parecía de poca importancia, pero la cosa era seria y había de pasar a la enfermería. Y echaba el telón García Pulido, al que le tocó quizá el novillo con más complicaciones de la tarde, el que exigía mayores conocimientos de la lidia y los terrenos. Mostró genio al ir al caballo. Fallo garrafal del piquero que no atinó en el animal y apenas castigado en la segunda vara. El espada quizá se precipitó al pedir el cambio de tercio. Con la muleta empezó dándole distancia, todo sobre la derecha, ya que con la izquierda en un tímido conato de torear al natural, tras una colada, el novillero decidió no seguir por ahí. Era como si el toro se fuera aquerenciando en los terrenos en los que se había desarrollado toda la lidia, poniéndose cada vez más peligroso, olisqueando la arena, para arrancarse de repente, sin que García Pulido supiera defenderse, ni gestionar aquellos inconvenientes; como decía el otro, él había venido a hablar de su libro, de los derechazos, los naturales y poco más, pero de toreo nada. En definitiva un festejo para que los novilleros hubieran dicho mucho más, al menos tanto como los novillos de Los Maños, que en este caso sí que ilusionaron, aunque no a los de luces, sino a los de los billetes, a los que van con ellos por delante a taquilla con la ilusión de encontrarse con el toro, perdón, con el novillo. La cuestión es, después de la novillada, a ver quién pierde antes la ilusión.

 

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martes, 3 de mayo de 2022

Ni carrozas, ni paseos por el ruedo, ni toros, ni toreros, ni afición

Recordaba uno aquellos volapiés del Uceda Leal.


Pobre plaza de Madrid, adónde la han llevado. Festividad del 2 de mayo y la goyesca y todo lo que conllevaba la goyesca se lo ha llevado por delante la amenaza de lluvia. Que iba a organizarse el día del juicio en la plaza de las Ventas, pero al final ha sido que no, que ni agua ha caído. Que algunos hoy tenían especiales temores, pensando que si descargaba una tromba de agua, igual no iba a haber zodiacs suficientes para rescatar a todos los “vips” que se han dado de codazos para encontrar aposento en el callejón venteño. Que no digo yo que no vaya nadie al callejón, especialmente los que tienen que estar, faltaría más, pero, ¿y los demás? Que de sobra se ganan el título de “entrar de gañote”, “de gorra”, “por la cara”, “por la jeta” y encima a tener cuidado de que no se les mojen los zapatitos de gamuza azul. Pero mientras se despejaba tal muchedumbre callejonera, en los tendidos unos se lamentaban de no haber podido pisar el ruedo, otros de no haber paseado en carroza, con lo bien que les sentaba el traje de goyescos. Pero bueno, otro año más soleado será.

Pero hombre, aparte del capricho, al menos nos quedaba la esperanza de ver una corrida de toros, con toros y con toreros que torearan. Pero no, los toros, del Cortijillo, factoría Lozano, aceptables de presentación, quizá alguno bajaba algún peldaño, pero bueno, hay que ser condescendiente, que no vamos a pedir la cabeza de camada, que estas van a las plazas importantes, como Cenicientos, El Álamo o cualquier otra plaza de la Comunidad. Y que nadie vea aquí una broma sin fundamento, es que la realidad es que a esas plazas llevan toros que en Madrid ni olemos últimamente. Igual por eso apenas se pasaba del cuarto de entrada. Será que los del Cortijillo… Como suele ser norma, el primer tercio ha sido casi testimonial, manseando en el caballo, el que no parecía una devanadera tirando derrotes al peto, salía echando pestes y tirando coces a lo que se dejaba detrás. Muy abantos, correteando demasiado por el ruedo y los de goyesco sin intentar tan siquiera echarles un capote al suelo a ver si así se hacían con ellos. Era el hambre y las ganas de comer. Pero la cumbre de la mansedumbre y de la afición que asistía a las Ventas fue cuando en el sexto esos aficionados protestaban airadamente, qué digo, invadidos por la ira, pidiendo que se devolviera un manso. Que se oían voces clamando porque aquello permaneciera en el ruedo de la primera plaza del mundo. ¡Dónde vamos a llegar! Y los poquitos habituales que ocupaban su localidad de todos los días miraban aquí y allá; esto es de cámara oculta, pero, ¿realmente qué protestan?, ¿Qué es manso? Pero eso no puede ser, no, tiene que ser otra cosa. Y miraban si flojeaba de patas, de manos o de todo a la vez. Que no, que no, que es por manso. Y en el palco el mismo usía del día anterior. Los escalofríos recorrían el espinazo de más de uno, recordando a aquel otro presidente que echa a los mansos para atrás. Pero cosas del toro moderno, los animales hasta permitían que los de goyesco gastaran su bono de muletazos hasta no dejar ni uno en el taco de papeletas. Especialmente este mansito, que hasta puede que fuera el más viable para sacarle algo en el último tercio, algo que sucede en más de una ocasión, eso de los mansos de triunfo, pero…

El pero eran los goyescos. El que habría cartel, que no plaza, era Uceda leal, torero que pasea su torería con garbo y galanura y que acostumbrados a los que en lugar esa torería, desparraman poses de opereta, pues a nada que haga ya tiene al público entregado. Escaso, simplemente para pasar el trámite con el capote, más efectivo con la muleta para eso de llegar a los tendidos, pero con un toreo perfilero, por momentos escondiendo la pierna de salida y abusando del pico, no rematando los muletazos y en ocasiones no llegando más allá del cuarto de muletazo. Siempre citando desde muy fuera y en el mejor de los casos al hilo del pitón. Con la espada, su fuerte de otras épocas, tampoco fue lo esperado, aunque hay que reconocer que se echará en el morrillo derecho como una vela, pero a veces se nos va la mano y dejamos un solemne bajonazo.

El segundo era Antonio Ferrera, espectáculo asegurado, empezando por los trastos y siguiendo por sus modos. Voluntarioso con el capote para quitar al toro del caballo, incluso intentando aportar variedad, lo que el respetable agradecía, pero el balance no va más allá de mantazos echándose el toro para afuera. Amanerado con la pañosa, aparentando una excelsa naturalidad, al tiempo que atravesaba el engaño, permitiendo que el toro se lo tocara más de lo deseable, desarrollando lo más granado de su repertorio, que si me pongo flamenco en el muletazo y tengo que recuperar el sitio permanentemente, que si tiro el palo y me pongo a dar naturales con la derecha, que si… lo de siempre, aunque personalmente agradezco que en la suerte suprema no nos deleitara con su particular versión de estocada a distancia, acercándose a pasitos cortos y eléctricos. Pero seguro que durante la feria le veremos en semejante trance, al menos que haya suficiente personal para que lo aprecie y se lo agradezca.

Y cerraba el cartel y plaza, el que la abrió, el confirmante Francisco de Manuel, que ha dejado claro que es un torero de los de hoy, con todos los defectos vigentes y que tanto se jalean y casi ninguna virtud para el toreo. Toro inexistente con el capote, con dificultades para parar un toro, para llevarlo al caballo y que con la muleta es uno de tantos del toreo con el pico, de en ocasiones retrasar la pierna de salida, permitir que le toquen demasiado las telas, de no mandar y verse obligado a recolocarse a cada pase. Y además se encontró con ese manso protestado, que fue ver el rojo de la tela y decidió que la iba a seguir, aunque el espada le echara hacia afuera, hasta que entre enganchones y tropezones el animal se cansó y entonces de Manuel tiró del repertorio más puramente chabacano, que si arrimón, que si banderazo, que si trapazo a cómo salga, a lo que el respetable respondía hasta con entusiasmo. Se puso demasiado pesado, tanto que le llegó el aviso antes de entrar a matar, que ya es ser pesado. Por su parte, el señor presidente quiso mantenerse serio, no fuera a ser que le despidieran con más gritos de fuera del palco. No dio una oreja con petición, no sabemos si para evitar la bronca o porque valoró que después de un bajonazo no hay despojos que valgan. Una tarde que algunos quisieron convertir en solemne, con himno incluido sin saber muy bien en honor de quién, pero lo cierto es que con tanta ilusión que íbamos y al final no tuvimos ni carrozas, ni paseos por el ruedo, ni toros, ni toreros, ni afición.

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lunes, 2 de mayo de 2022

Pues si esto es lo que nos espera, apriétense los machos

Solo uno que maneje el capote y la muleta y que conozca la lidia y que no acompañe y... Son tantas cosas

Años ha, resulta que la empresa gestora de la plaza de Madrid, fuera la que fuera, llegado mayo, además de organizar la feria de San Isidro, también montaba una pequeña feria de novilladas y la goyesca del 2 de mayo. Pero eso era antes. Y antes, hasta el aficionado sacaba su abono para asistir a ese aperitivo y así ver cómo estaban los nuevos valores del toreo. Pero ya digo, eran otros tiempos. En los actuales estos señores de Plaza 1 dan una novillada y la goyesca, ¡faltaría más! Y a esa novillada no se puede decir que el aficionado haya acudido desbocado con unas ansias desmedidas de ver toros, de ver a la cantera del toreo de mañana. Si acaso solo se han desbocado los paisanos de uno de los actuantes y han seguido desocados hasta el final. Que a estas horas igual nadie ha sido capaz de calmar esos ímpetus que provoca el paisanaje, que ya se sabe, la patria chica tira mucho, tanto, que es capaz de llevarse por delante cualquier atisbo de razón, sentido común y afición.

Novillos de María Cascón, decepcionantes en todos los sentidos. Siendo benévolos, justitos de presentación, pero, ¿a estas alturas vamos a ser benévolos? No, mejor intentar ser justos y en este caso hay que decir que si bien algunos lucían unas cabezas respetables, en conjunto han dejado bastante que desear, demasiado escurridos, con demasiada falta de remate, aún siendo novillos. En cuanto a comportamiento, muy pobre y además con el gran defecto de una alarmante flojera, una falta de fuerza que no admite excusas. Que siendo justos, además de los dos que se han devuelto por invalidez manifiesta, se deberían haber devuelto todos los demás. Bastante tenían con aguantarse en pie y algo tan básico, tan evidente, no lo consiguió ninguno de los pupilos de doña María Cascón. Podemos entrar en el detalle de que no fueron picados, fueron muy mal lidiados, dejándolos a su aire, que si iban sueltos por el ruedo, que fueran, que si no se les ponía en suerte, pues tampoco parecía eso tan grave. Que aquí hemos venido a lo que hemos venido, a sacar al paisano por la puerta chica, que la Grande parece que está en revisión en los talleres de los carpinteros y cerrajeros reales. Y de momento esta de ahora la abre el primer ratero que se presente no con una gubia, vale una tarjetita de crédito y presionando el resbalón con algo de maña, se abre de par en par. Del sobrero del Parralejo, al menos se mantuvo en pie y el de Casa de los Toreros, vaya nombrecito para una ganadería, quizá fue el más apto para eso que ahora llaman toreo, en lo que el animalito solo tiene que ir y venir.

Y además están los aspirantes a figuras del toreo, porque me cuesta creer que aspiren a empresas mayores como la de ser matadores de toros, por ejemplo. Que lo de figuras está tan devaluado precisamente por esas figuras y por estos aspirantes a serlo. Es lo que tiene el querer hacerlo tomando atajos, el atajo del destoreo, el atajo del ventajismo, el de no implicarse ni en la lidia, ni en conocer los secretos de esta, o el atajo de apoyarse en los paisanos para empujados por el entusiasmo que provoca la cercanía, la familiaridad o la vecindad, salir a cuestas por esa puerta que han puesto en lugar de la Puerta de Madrid. Esta, ya digo, debe proceder de uno de esos grandes almacenes del bricolage. No creo que merezca la pena entrar en el detalle de las respectivas lidias de David garzón, Miguelito o Diego García. Los dos primeros incapaces de presenta ante sus oponentes un mínimo de torería, de querer llevar la lidia con eficacia y corrección y mucho menos de toreo con algo de verdad. Mal con el capote, lanzando trallazos y esperando pasar el trámite capoteril, sin cuidar la colocación en el primer tercio, la propia y la del novillo ante el caballo, para seguir con la muleta siempre fuera, abusando del pico, sin mandar jamás, sin conducir las embestidas y si acaso acompañando, permitiendo que el toro les tocara constantemente los engaños y sin ser capaces de pararse quietos mínimamente. Que pensarán que ahora toca glosar el quehacer del tercero, Diego García, que ha salido a cuestas de la masa, que por otro lado tampoco es que fuera muy numerosa. Masa que en el primer novillo de su torero ya se delataron al pedir el primer despojo por haberse pasado todo el tiempo aperreado con el de Cascón, persiguiéndole por todo el ruedo, contándosele dos vueltas completas. Que aquí le largo un trapazo, allí otro, otro más allá y el de pecho un trecho más para allá. Y en su segundo, el que cerraba plaza, pues más de lo mismo; bueno, hubo una tanda de naturales aseadita, pero con eso ya nos vale para perder en norte, el sur, el este, el oeste y toda la rosa de los vientos. Medios muletazos saliéndose de la suerte a mitad de muletazo, pico y más pico con la zurda, un cuarto de pase dando muñecazos en lugar de correr la mano y rematar atrás y más trapazos hasta que se fue a por la espada. Quizá la mayor virtud fue no hacerse pesado. Y eso tan feo de antes de tomar el acero dedicarse a alisarse el pelo, secarse el sudor, el buchito de agua, el chorrito por el cogote y al fin, ya era hora, a tomar la espada y el toro, allí, esperando. Que a ver quién le cuenta a estos que hay que aprovechar cuando el toro pide la muerte para volcarse sobre el morrillo. No, antes hay que acicalarse e ir bien compuesto a terminar con una entera en mitad el lomo. ¡Viva Cartagena! Y sin pensarlo, el paisanaje sacaba los pañuelos a dos manos entre un griterío propio de… Un griterío y punto, que prosiguió mientras las mulillas y los mulilleros se convertían en estatuas de sal, volviendo a la vida solo cuando el señor del palco regaló el segundo despojo. Que el ocupante de tan honorable lugar, el señor de Villa Parro, una tarde más ha seguido engrosando su currículum de barbaridades, ofensas y falta de afición en la plaza de Madrid. El barullo por los despojos cambió por el ya demasiado habitual “Fuera del palco”; las peticiones de destitución de este usía se extendieron a toda velocidad por las redes, pero, ¿ustedes creen que esto ha sido simplemente un error? Que los hay que piensan que esto obedece a una consigna prefijada a la que tienen que responder todos los presidentes. Y como aquel que dice, estamos empezando. Pues si esto es lo que nos espera, apriétense los machos.

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