jueves, 25 de agosto de 2022

Paso a los potentados

Cuando los toros se convirtieron en un lujo solo para elegidos.


Que me cuenten ahora eso de que los Toros es la fiesta del pueblo ¡Miau! Si acaso, viendo los movimientos de la empresa de Madrid y la aquiescencia de la Comunidad, más parece una fiesta para los de la Moraleja, la Florida, Serrano, Velázquez o la calle Lista. Que dice la leyenda que antes vendían el colchón para ir a los toros, pero si usted no es de estas zonas con gente de bien, ya puede vender el coche, la casa o la vergüenza, si quiere ir a la plaza de Madrid. La fiesta del pueblo, dicen ¡Miau! Y oiga, que ni a Casas, ni a Garrido, ni a Abellán, ni a la señora Ayuso se les cae la cara de vergüenza. O sea, que para esto querían la liberalización de los precios. Si es que el nombre ya sonaba mal.

Que lo mismo esta gente se ha hecho sus cábalas y ha multiplicado directamente el número de asistentes de otros años, por los precios que ya han impuesto, repito, impuesto. Pero es posible que las cuentas no les salgan. Eso sí, a los señores abonados les respetan sus precio ¡Miau! Fuera de las ferias la opción es que te anuncien cuatro y hasta cinco carteles para el próximo mes y pico y si quieres el descuento de abonado, en día y medio o dos días, cuando se ponen generosos, tienes que dejarlo todo y echar a correr a la plaza a por tus entradas, ya vivas en la Guindalera o en Sebastopol. Que de la Guindalera te bajas andando, pero de Sebastopol… Que como tengas horario de comercio en tu trabajo, adiós al descuento, que bueno, el ser un pringado, uno que tiene que subsistir de su trabajo, solo era perder un descuento del 10 o 20%, pero, ¿y ahora? Ahora que te suben tu localidad hasta un 100% si no eres abonado. Que igual también puede ser para que los que vienen una vez al año paguen lo mismo que por esas plazas de Dios, que no les parece mal soltar 30 o 40 euritos por una tarde de toros, pero claro, ¿qué cuerpo aguanta esto en Madrid? Que no digo las 60 tardes de temporada, pero con diez o quince, ya tienes que pensártelo.

Este es el apoyo a la fiesta de toda esta gente cuyo descaro parece no tener límites. De verdad, no apoyen más los Toros, en serio, déjenlos de la mano de Dios, porque como los sigan apoyando, van a desaparecer mucho antes que las peores previsiones. Pero oiga, que todavía los hay que están de acuerdo en subir el precio de las entradas, ya digo, hasta un 100% del precio anterior, contando que estos ya eran precios después de otras subidas; creo que en un año fueron tres veces. Pues eso, que los hay encantados, porque parece ser que suponen que así los que vayan a la plaza serán mejores aficionados. Que vaya, cómo están las cabezas. Que ya lo aplaudían hace tiempo, así que ahora darán una fiesta en su calle o en su pueblo. Que igual les parece barato eso de ir a los toros. Que lo mismo usted me dice que veinte euros por una entrada, tampoco es tanto. Muy bien, pues ahora, eche mano de la calculadora y multiplique por unas 45 tardes, dejando de lado novilladas y corridas de rejones. ¿Qué le parece? Casi mil euritos de nada. Que el abonado no creo que se haga por cuestiones monetarias, el que se hace abonado se hace porque le gustan los toros, igual que el que se hace socio del Aleti se hace para ver al Guijuelo, al Elche y al equipo de la acera de enfrente, porque le gusta el fútbol en el campo, no es del de me gusta el fútbol los domingos por la tele. Pues los toros, igual, es porque te gustan los toros en la plaza y a lo mejor en la tele, ni los ven. Pero ahora sí que puede ser que los abonados se hagan por ahorrarse una pasta. Me saco el abono, voy a cuatro y las demás o las tiro o las regalo o…. ¿las revendo? ¿No resulta que se quería luchar contra la reventa? Pues me parece que se están luciendo. ¡Ah! Y los abonados que ahora se sientan felices porque a ellos no les han tocado aún el bolsillo, que echen mano de la sabiduría popular y se acuerden de aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Eso sí, llegará el día en que estos defensores de la fiesta, esta gente de orden, al que proteste le mandarán a los de seguridad, al que quiera que se aplique el reglamento le amenazarán con cualquier barbaridad y posarán sin vergüenza en la presentación de un calendario taurino, unas toallas taurinas, una exposición taurina, previa censura de las obras que no le gusten al señor Abellán o irán una tarde al callejón, paseándose justo a la hora de la corrida, para que salgan los partidarios a aplaudirla y a gritarla ¡Presidenta, presidenta! Eso sí, luego me dirán que no se pueden mezclar los toros con la política ¡Miau! Y que esto de los toros es la fiesta del pueblo ¡Miau! ¡Miau! ¡Miau! ¡Requetemiau! Eso sí, tengan muy claro que si usted, al que le cuesta un mundo apartar un dinero para poder sacar su abono, quiere seguir manteniendo su afición a los Toros, yendo a la plaza, por favor, hágase a un lado y deje paso a los potentados.

viernes, 19 de agosto de 2022

Los peligros de la modernidad

Aunque algunos se empeñen, los encierros son con toros o vacas, no con bolones, motos, patinetes o primos con mala uva.


En estos días convulsos en los que nos encontramos con una amenaza a la vuelta de la esquina, que los peligros se nos vienen encima sin llamarlos, siempre inoportunos y sin nada de tacto, hay uno que nos acecha y no acabamos de ser conscientes de ello: la modernidad. Sí, eso que parece que sucede así, de pronto, que una mañana se levanta uno y decide ser moderno y empieza desayunando leche de llama con brotes de coliflor de la isla de Java, que dicen que no tiene azúcares añadidos, ni sustraídos. Y ¡ojo! Dense cuenta que no hablo ni del progreso, ni de la evolución, ni de avances tecnológicos, ni de vanguardias artísticas, que sean todos bienvenidos y si es en abundancia, miel sobre hojuelas. Hablo de la modernidad y todo esto viene porque acabo de escuchar al alcalde de un pueblo de la provincia de Madrid, donde la modernidad llegó hace unos años y por lo dicho por el señor alcalde, ha montado casa y negocio en el pueblo. Que resulta que como eso de los toros es algo viejuno, del pasado, una tradición atávica, lo contrario a ser moderno, pues nada, decidieron que se eliminaban los encierros con reses de lidia y en su lugar, ¡Oh modernidad! Las sustituyeron por unos bolones tremendos. Bueno, como gracia, igual no está mal, aunque quizá podrían empezar por cambiarle el nombre, porque no me consta que al final del recorrido se encierren los bolones, si acaso, los recogerán y los meterán en un almacén hasta la próxima. Pero no, será por ese poso ibérico, que lo siguen llamando encierro; ganas de confundir y crear falsas ilusiones. Eso sí, en los primero “encierros” tuvieron sus más y sus menos, porque resulta que los bolones no tiraban derrotes, ni pegaban cornadas, pero a nada que te descuidabas te planchaba en el asfalto que te tenían que despegar con agua calentita, una espátula y mucho cuidado de que no se quedara un diente en un paso de cebra.

Y ahora nos sale el señor alcalde, todo feliz y contento él y nos da el parte del encierro del día, diciendo que se han visto muy buenas carreras, algunas tan buenas, que no tenían que envidiar a las de Pamplona. ¡Pero! Señor, que en Pamplona salen toros y no bolones, que los bolones ni tienen querencias, ni hay manera de encelarlos, ni de cortarlos para hacer un quite a un corredor en peligro, ni tan siquiera tienen intención de querer coger. Porque lo de los encierros de toros o vacas es porque estos animales, aunque usted no se lo crea, quieren coger, se quieren comer a quien tienen delante, a la derecha, a la izquierda y hasta pegados a la penca del rabo. Que lo de los bolones es para atletas que corran mucho y ya está y si llega el caso, que salten mucho, pero ya está, la cosa no va más allá. Que hasta servidor, con años, panza, torpes piernas y más torpes ideas, puede salir con los bolones sin requerir más conocimientos que las leyes de la gravedad, que si hay una cuesta y yo me pongo arriba de la cuesta, el bolón siempre irá para abajo. Me echaré unas risas, pero nada más. Que una res de lidia, macho o hembra, se mueve por otras inquietudes más allá de las leyes de la gravedad. Que en Pamplona, donde usted cree que corren tan bien como en su pueblo, al que alcaldes aparte da gusto ir. Para correr esos toros es preciso saber la ganadería, cómo se desenvuelve el ganado de ese encaste, saber de distancias, terrenos, querencias, si cortan por aquí o por allá y hasta de fechas del calendario, por aquello de que haya más o menso corredores.

Que a veces esto de la modernidad se nos va de las manos y como este señor alcalde y los que decidieron lo de los bolones, querer hablar de encierros sin toros o vacas, es como eso del filete de tofu con sabor a carne, las salchichas de hierbas que parecen de cerdo, el licor que no es licor que parece licor, las fiestas sin fiestas, los conciertos sin músicos o… vaya usted a saber. Que se empeñan en ser modernos, muy modernos, pero sin soltar amarras con el pasado. Que cada uno es muy libre, pero si un encierro es malo, caca, no tocar, no lo toque y llame a lo de los bolones como quiera, pero no encierro. Llámelo el bolonero, bolones a la carrera, bolones cuesta abajo, bolones y carretones, ¡ah, no! Que los carretones son algo taurino. Bueno, pues sin carretones, simplemente bolones. Eso sí, avisen que igual pueden acabar estampados contra el asfalto y acabar con un diente pegado y camuflado en un paso de cebra. Y es que mucha fiesta, mucha fiesta, pero nadie avisa de los peligros de la modernidad.

viernes, 12 de agosto de 2022

Mi primo salió a hombros en las Ventas

Aquel día en que un torero no cortó ni un despojo y dejó una forma de hacer el toreo para la historia.


Vivimos unos momentos de gran entusiasmo festivalero por parte del taurinismo. Esto que dicen que un día se trataba de toros y toreros, de toros fieros, encastados e incluso algunos bravos y de toreros capaces, que se crecían ante los problemas que esos toros les planteaban siempre, porque no había toro bobo, ahora ha mutado en otra cosa que a algunos nos cuesta identificar. Vamos, que nos cuesta hasta ponerle nombre. Eso que nuestros mayores llamaban los Toros, ahora dicen que se llama tauromaquia. Bueno, dejémoslos que se crean más cultos por utilizar ese término. A mí no me molesta, si acaso me molesta más lo que ahora mismo se identifica con eso de la tauromaquia. Ahora en la tauromaquia de lo que se trata es de que haya triunfos, triunfos y más triunfos, muchos triunfos. Pero no se vayan ustedes a creer, porque desear los triunfos los hemos deseado de toda la vida de Dios; quizá la mayor diferencia es que hace un tiempo, cuando íbamos a los toros, no se nos ocurría eso de fabricarlos a costa de lo que fuera. Si la cosa no pitaba, no había triunfos. Y había días incluso en que podía triunfar un ganadero y los de luces fracasar estrepitosamente. Pero en lo de la tauromaquia, como si te compraras un triunfo por piezas al comprar la entrada, luego te lo montas tú solito. Unas gotas de alcoholazo por aquí, una merendola por allá, un paisano, un amigo o el torero de moda, unos pañuelitos blancos que hasta te los reparten en la puerta de la plaza y a nada que te pongas, te fabricas un triunfo que será la envidia de cuñados, compañeros de trabajos y colegas de botellón.

Que sí, que estarán los típicos que te quieren echar el invento abajo. Es como si estás construyendo un castillito de arena a la orilla del mar y llega el vendedor ambulante y te lo pisotea todo. Pues esto es lo mismo, lo único que esos triunfos de fabricación propia son castillos en el aire. Antes, cuando era lo de los Toros, una salida a hombros y más en Madrid, era el pasaporte para hacer temporada, para ganarte contratos hasta en la Luna, pero, ¿qué pasa en esto de la tauromaquia? Pues que salen a hombros por docenas. ¿Y después? Pues después viene la otra parte. ¿Ustedes se acuerdan de cuántos castillitos de arena hicieron a la orilla del mar? Pues igual recuerdan más castillitos que salidas a hombros. Eso sí, del castillito en cuestión se acordarán las abuelitas, como de las salidas a hombros se acuerda el paisano, el primo o el vecino de la puerta de al lado. Que llegas a un aficionado a los Toros, igual aquí no entran los de la tauromaquia, y si quieres hundirles en la miseria les preguntas que cuántas salidas a hombros han visto en la última feria, que cómo se llamaba aquel novillero que ganó el certamen de “Cénate las Ventas” o cuántos despojos se llevó el figura de turno y se te quedan mirando con una cara como para retirarte el saludo de por vida. Que me dirán que son cosas de la edad, que se acuerdan de lo que pasó hace años, pero no de lo que comieron ayer, pero no. Que si no quiere perder las amistades, debería aclararle al aficionado en cuestión que usted tampoco se acuerda. ¿Cómo te vas a acordar? El de la casquería de la esquina, tira que va, porque es su negocio, pero, ¿los aficionados? ¡Venga ya, hombre! Eso sí, si algún fan de la tauromaquia, esos que miden la afición por kilómetros y yintonises, esos lo mismo se acuerdan de fulanito de tal y te sacan que dio dos naturales muy “güenos”, lo que no es lo mismo que torear, pero ellos titan del bisturí y de quinientos treinta y siete trapazos te dicen que dos les emocionaron. ¡Ay la emoción! Pero es para otro día.

Pero por favor, si son aficionados a los Toros, no sean muy duros con los paisanos, primos o vecinos de la puerta de al lado y si les dicen que son paisanos, primos o vecinos de fulanito de tal, sí hombre, ese que salió por la Puerta Grande de Madrid, no les pongan mucha cara de asombro, si acaso pongan como excusa que ese día estaban en la boda de un paisano, primo o vecino de la puerta de al lado. Y yo me pregunto una y mil veces: ¿Para qué les sirven esos triunfos fabricados a los de luces? Pues en el mejor de los casos, para muy poco y en la mayoría, para nada. Si acaso si entran en una casa grande, para que medio toreen un año y ya está. Porque si eso de las salidas a hombros se da cada dos días, dependiendo de como funcionen los autobuses, ¿qué pueden tener de extraordinario? Pues nada que vaya más allá de contarlo después, aunque haya que explicar no solo quién es fulanito de tal, sino que igual hay que empezar por explicar que es torero. Eso sí, y el orgullo que siente el manitas de turno que con un pañuelito blanco es capaz de fabricarse un triunfo, al decir eso de mi primo salió a hombros en las Ventas.

domingo, 7 de agosto de 2022

Defender la Tauromaquia

Con este es la mejor manera de defender lo que sea

Hay multitud de voces que claman por la defensa de los toros, la tauromaquia que se dice ahora, y de los que nos sentimos ligados a esto, no creo que nadie afirmaría lo contrario. Claro que hay que defender al toro y a todo lo que se ha construido a su alrededor. Pero, ¿dónde vienen las discrepancias? Pues quizá en la misma idea de lo que es esta defensa. Unos optan por el camino de la exigencia, de identificar los problemas, no intentando ocultarlos y, a partir de ahí, darles una solución. Porque si no sacamos a la luz los males, ¿cómo pretendemos erradicarlos? Pero luego está la vertiente opuesta, la de los que creen que defender los toros es decir a todo que sí y que bueno, decir que todo es maravilloso, que aquí no pasa nada y que si existe algún problema es solo el que viene de esos que quieren sacar a la luz tales problemas o sencillamente miran en busca de una mano negra que viene de las alturas y que quiere acabar con los toros, porque sí, porque son malos por naturaleza, que no digo que no los haya, pero sí afirmo que no son el mayor peligro para la fiesta de los toros. Que es muy fácil eso de echar la culpa a los políticos, que yo no se la voy a quitar, pero ese es un recurso casi hasta infantil, entre otras cosas porque ni tan siquiera se paran en reparar lo que hacen los suyos y los de enfrente, aparte de peroratas vacías en favor de los toros, aunque actúen con hechos contundentes en contra de todo esto. Hay que defender la fiesta, eso dicen, pero al final, lo que realmente están diciendo es que hay que defender el negocio de unos pocos y del que pretenden aprovecharse muchos que, por supuesto, no sacarán un céntimo de toda esta marabunta. Este es un error muy habitual, asimilar la fiesta de los toros con lo que es el negocio de los que viven de los toros. Que un triunfo para la fiesta no es que se llene una plaza con cualquier cosa, algo que se jalea con entusiasmo. El triunfo sería el que se llene una plaza con el toro y con público que exija y que no transija con el medio toro, con trampas y numeritos casi circenses. Jalear ese show no es defender los Toros. Que ahora para muchos el defender lo que ellos llaman la Tauromaquia es que un señor se ponga a regar un ruedo vestido de luces, que exija que se pinten las tablas como a alguien se le ocurrió una noche de autobombo de genialidad.

Hay mucha chabacanería y actuaciones de mal gusto que se interpretan como defender la Tauromaquia. No hay defensa posible cuando alguien se mantiene en silencio ante una corrida de utreros para figurones, ante un encierro con pitones como puños, que callan ante un abusivo o un inexistente tercio de varas aludiendo a aquello de “cuidar al toro”. Habrá quién crea que se defiende los Toros por ir con el paisano o con el torero de sus preferencias como un hooligan de las islas más llenos de alcohol que una destilería, con el único objetivo de fabricar triunfos y lluvias de despojos. Que tampoco se defiende nada pretendiendo que otros callen el fraude, la trampa, porque no vaya a ser que a alguien se le abran los ojos. O el que mantengan un silencio cómplice, simplemente para que no se le desbarate a unos visitantes efímeros una tarde juerga, fiesta y meriendas. Pero sobre todo, no se defiende ni esto, ni nada, estando callados, haciendo el Tancredo, viviendo alimentando con silencio la mentira de la que se aprovechan unos pocos y que daña a muchos y en primer lugar a la fiesta de los Toros. Poco le queda a esto si callamos y miramos para otro lado y quizá esos marmolillos silentes tengan la conciencia tranquila, incluso hasta encontrarán el chivo expiatorio sobre el que verter su estupidez, que si los antis, que los políticos, que si… Y hasta reforzarán su posición con un estertóreo ¡Viva la Fiesta! O ¡Viva la Fiesta Brava! Que les vendrá que ni al pelo para escurrir el bulto de su responsabilidad, pero si se paran a pensar solo un instante, es posible que se den cuenta de que así no se defiende esto, con el silencio no se defiende nada, si acaso el negocio de los que trampean una tarde sí y otra también, pero no se crean ni por un momento que el silencio y esa condescendencia sirven para defender la Tauromaquia.

domingo, 31 de julio de 2022

Los misterios de la “Tauromaquia 5G”

Lo del primer tercio es una de esas cosas que ya cuesta entender.

El tiempo pasa, vaya si pasa y a qué velocidad. Que cuando uno se quiere dar cuenta, ha perdido el tren y está solo como un pasmarote plantado en el andén, despidiendo a una máquina que se va y se va y se va y… Y eso le ha pasado a servidor con esto de los toros. Si habrán cambiado las cosas, que hasta el nombre me han cambiado. Ahora el que no habla de tauromaquia es un indocumentado en lides táuricas o un desfasado. Que uno no es que sea un portento de sabiduría de ningún tipo, pero casi prefiero quedarme en lo de desfasado. Que si lo seré, que aquello de la “Tauromaquia 2.0” me parece que también me ha sobrepasado. Uno que empezaba a pillarle el tranquillo y ya van por la “Tauromaquia 5G”. Que te pones a escuchar al personal, a la prensa, aficionados, profesionales, empresarios y aún prestando mucha atención a sus palabras, si les dedicas dos minutos y miras sus actos… Ahí es para volverse tarumba de la azotea.

Ahora resulta que el ir a los toros, o la tauromaquia, según quién hable, no es para ver las evoluciones de unos animales, cada uno con el comportamiento propio de su sangre, y la respuesta que unos señores vestidos de luces son capaces de dar. Se pide seriedad, rigor y resulta que lo importante es irse de merendola a la plaza. Que no es que te lleves el bocata y en el tercer toro, o cuando apriete el hambre, te lo enfundes sin ofrecer al vecino; si acaso el “¿gusta?” de cortesía y punto. Pero ahora es que hay plazas muy serias y soberanas, en las que dicen que así, de plano, que te las cenes y ya de paso, si acaso, te soltarán unos novillos que serán atendidos y cuidados por tres novilleros. Que esa es otra, con estos hay que tener un cuidado especial, porque llevan pocos o ningún festejo a sus espaldas. O sea, para que yo me entere, que hay que procurar que no les pase nada, pero de primeras ya les embarcas en semejante trance. Luego, que hay que tratarles con mimo, con cariño, por aquello de no quitarles la ilusión. O sea, que lo que fue plaza de toros un día, con esta “Tauromaquia 5G” se convierte en un tascuzo con olor a fritanga y además en un jardín de infancia, en el que al final a los niños se les da un caramelito, perdón, un despojo, que pasean todo contentos ante la dulce mirada de la abuela, el abuelo, la mamá, el papá, los hermanitos, primos, primas, vecinos, vecinas de esas que le vieron nacer, paisanos, gentes del barrio, primos de los paisanos amigos de los primos… Nunca se conoció un jardín de infancia con tanta concurrencia, ni creo que tan a favor de la criatura.

Pero claro, uno también escucha en los exigentes eso de la variedad de encastes, eso de los hierros que no lidian y cuando le ponen una de esas, pues aún esperan que actúen igual que las otras, las mayoritarias, las monoencastadas, las que ni en pintura, pero eso sí, de colores diferentes al negro. Y ojo, que luego esto tiene múltiples variantes, si el ganadero, los toreros o quién sea, son amigos o enemigos, si son simpáticos, buena gente, si se dejan saludar por la calle y pasar la mano por el hombro para una foto, si en Tarazona de los Pinos echó un toro o novillo que para qué, porque estos exigentes no se pierden una ni en Tarazona de los Pinos, ni en Cantarcillo del Valle, incluso despreciando lo que den en su plaza, de la que no se cansan de decir que es la primera plaza del mundo. ¡Qué cosas! Que estos son los mismos que te dicen cosas como: “hay que respetar la suerte de varas” o que “la suerte de varas es fundamental”. Que eso es así, a ver quién no está de acuerdo con tales sentencias… Bueno, la verdad es que hay ganaderos que dicen lo contrario, pero bueno. Pues eso, que mucha suerte de varas y resulta que todo lo ciñen a que el toro vaya al caballo, ya tarde un minuto, dos, seis, tres meses, si va al penco, ¡olé la fiesta! Que a ver quién es el valiente con conocimientos y verborrea capaz de decirles que es cómo, dónde, desde dónde vaya, cómo, de qué manera, con qué ganas y para dónde y desde dónde empuje, aparte de cómo se va de allí, para dónde tira, en fin. Que yo no seré el que se meta en tales explicaciones, porque me faltan conocimientos y verborrea, y a estas alturas, a mi edad, pues… Que tanta suerte de varas por aquí, tanto “hay que picar” por allí y resulta que en lo que centran toda su afición es en la muleta, que ya pueden haber arañado levemente los morrillos de loas toros, que ya pueden estos haber tirado derrotes o ni eso, que si luego van al trapo, estamos ante el corridón del siglo. Y no les digas que no, que igual se te ponen a darte explicaciones y es peor el golpe que el coscorrón. Y algo parecido sucede con los de luces, que tanto que hay que cuidar la lidia, pero si el fulano en cuestión ha pegado una tanda y media de cuartos de muletazo con pose flamenca, ya tenemos nuevo ídolo; y nos es que nos hagamos partidarios de ese torero para los restos, es que nos convertimos en hooligans que han perdido el sentido. Ferias enteras se podrían montar con los de dos cuartos de muletazos y medio y hierros que van y viene sin que sus viajes digan nada. Pero que el mal seguro que no está en ellos, el mal está en un servidor, que no ha sabido adaptarse a los tiempos, que no ha sido capaz de hacer caso a esa frase de “esto es lo que hay y hay que acostumbrarse! Que será por esto, por lo de la edad, que uno no ha sido, no es, ni será lo suficientemente espabilado para poder desentrañar os misterios de la “Tauromaquia 5G”.

lunes, 4 de julio de 2022

Es que os ponéis exigentes y no puede ser

Ángel otero y nada más, ¡qué lástima, lastimera!

Hay cosas que a algunos no les entra en la cocorota y es que no se puede confundir una tarde de toros, con un martirio voluntario. Que ya que vas, pues disfruta y déjate de mirar que si el animalito no se aguanta en pie, que si el torero corre el peligro de levantar un huracán desde el ruedo, de que los palmeros decidan hacer huelga a la japonesa y aplaudir a todo rabiar hasta al que pone el cartel de no hay billetes, aunque a este habría que montarle o una estatua, una calle o una ONG para que puede encontrar otra salida laboral. Pero bueno y si encima vamos a fijarnos e intentar entender lo que decide el señor guardia que se sube al palco, pues acabemos. Que esto no es vida.

Pero, afortunadamente, no todo el mundo es tan malaje como esos que pretenden ir a los toros a exigir y no a disfrutar de la “tauromaquia”. Que los hay animados que van y hacen salir a saludar a Gómez del Pilar al acabar el paseíllo. Qué menos, después de su última y gloriosa actuación en la que fue capaz de estar dando trapazos a un animal durante casi diez minutos, sin que el toro se enterara, pero oiga, dio pases, que lo de torear es cosa de esos “amargaos”. Que sí, que cuando un torero está grandioso, no menos, siempre se le ha sacado a saludar, pero es que ahora se quiere recibir con palmas a todo aquel que nos ha “gustao”, porque es majete y buena gente. ¡Ojo! Que también puede ser que después de ir a la enfermería se les sacara, pero claro, en los casos en que casi había estado más para allá que para acá. Pero claro, igual son los mismos que perdonan a Galván que se lie a pegar verónicas siempre con el pasito atrás y que le consienten que se ponga a poner poses flamencas con un inválido que no se aguantaba en pie, mientras protestaban los avinagrados y se deleitaban los amantes del “jarte”. Que bonito es ver mentir bonito, ¿verdad? Que al animalito que no se aguantaba sobre las pezuñas ya casi le obligaba el señor artista de la Isla a cabecear los engaños como si fuera Santillana, aquel rematador que llegaba al cielo y casi podía rematar lo mismo un balón, que un Boeing 747 que pasaba a su lado. Que me dirán ustedes que vaya crónica es esta, pero ya les digo yo, que esto no es una crónica de la corrida, es, si acaso, una crónica del absurdo, del absurdo de un ganado infame, inválido, hasta medianamente presentado, pero invadido por la termita en su interior. Y para dos que salen con algo, le tocan a Gómez del Pilar, que a su primear manso y afable para la muleta, solo fue capaz de darle trapazos, pero eso sí, le pegó dos tandas trapaceras de rodillas que hicieron las delicias de los motivados. Y a su segundo, que quizá tenía serie y media, no más, pues más de lo mismo, pero ya saben, entre arrimones y trapazos al más puro estilo de Paco Ojeda, y para contrarrestar las protestas de esos… pues una orejita que al espada le dio cosita pasear. Podía parecer esto la culminación del despropósito de un señor que se subió al palco, que no sé si era un comisario de policía, como manda el reglamento, o un caballero que andaba por los alrededores de la plaza, que había quedado allí con la/el querida/o y le dijeron que le iban a llevar a un sitio apartado donde solo se sentaban cuatro o cinco personas. Y él que pensó que iba a ser algo íntimo, se encontró enfrente a toda una plaza de toros. Perdón, a una plaza de toros toda granito y unos cuantos, más de cinco mil según la empresa que parecían menos de tres mil según el ojo humano, con unos diciendo fu y otros fa; los del fa son los animados, que con eso del fa aún esperaban que la cosa se animara y siguiera con el sol, la, si, do, re, mi…

Y hubo otro señor calzando las rosas, al que el destino no ha llamado por los caminos del toreo. Que igual puede mejorar mucho más, que margen tiene, pero lo de empeorar va a ser más complicado y si lo logra… paciencia, suerte y sobre todo, paciencia con él. Que él se empeñaba en pegar trapazos, pero es que ni para engañar tenía garbo. Que si se fija en Galván, pues sabe como meterte la bola y para algunos hasta hacer que pase, pero este Francisco José Espada, no deja ni que le regalen una orejita, que después de un espadazo hasta la mano que levantó a los entusiastas del sitio, vino la verdad de la suerte, asomando cuatro cuartas el acero por el costado del último inválido. Y al final la cosa quedó en que unos se marcharon creyendo que les habían fastidiado la tarde los de las protestas, porque a ellos les había parecido todo estupendo y que si esto es así siempre, intentarán volver a las Ventas no una vez, sino al menos una vez al año, sin faltar ni uno. Y los otros, pues salieron pensando que esto se ha acabado, que esto no hay quién lo levante, porque nadie quiere que se levante. Unos desde el palco, otros mintiendo y mostrando sus incapacidades con los trastos, otros criando moribundos invadidos por la carcoma y otros aplaudiendo todo y alejando lejos de si cualquier atisbo de crítica o exigencia. Eso sí, al menos un tal Ángel Otero manejó el capote y los palos, que no es poco. Pero ya les digo, ¿cómo vamos a pasarlo “dabuti” si solo vemos lo malo mientras intentamos buscar lo bueno? Y es que os ponéis exigentes y no puede ser. 

lunes, 6 de junio de 2022

El último, que cierre la puerta

El toro, siempre el toro


Se terminó todo, adiós feria y con ella quizá también tengamos que decir adiós Madrid. No ha habido indultos, ni rabos, como temíamos al principio, pero la ruina en que ha quedado la plaza de Madrid es más que evidente. Ruina moral y física, porque hasta los techos se desmoronan, afortunadamente sin que nadie salga herido. Seguirán esas lenguas envenenadas queriendo confundir preguntando cuál es el toro de Madrid; muy sencillo, el esos taurinos no quieren ni ver. Seguirán queriendo desterrar a los que no se conforman, a los que critican, a los que se ponen de manos ante la mentira, la vulgaridad, el fraude. Y seguirán exigiendo respeto, pero lo que realmente piden es que les dejen seguir mangoneando en paz. También seguirá la pena de los que ven como su plaza, la que viven como una parte de ellos, sigue en caída libre, casi vacía de aficionados y demasiado llena de botellones, alcoholazo y gente que ve en esto de los toros una oportunidad de emborracharse sin límite, de berrear vivas, de mandar callar a quién les plazca y sentirse por unas horas los matones del barrio y una vez acabado el festejo, seguirla en esa discoteca promocionada por los señores Abellán, Casas y García Garrido, mientras desde la presidencia de la CAM los toros solo son un escaparate para lucirse y darse baños de multitudes afines, porque las no afines no pueden opinar, so pena de que te tilden de anti, antitaurino, antiespañol, antilibertad…

Y quizá no había nadie mejor para cerrar esta feria de vulgaridad, monotonía y mal gusto, que la ganadería de Victorino Martín y Antonio Ferrera, acompañados en el cartel de Sergio Serrano y Román. Que decían que era la corrida de la Prensa, lo que en los tiempos que corren no es decir mucho y menos si hablamos de toros. Lo de Victorino, pues vamos a ver, que si echamos cuentas de lo que muchos esperaban, un desastre total y absoluto, pues afortunadamente no ha respondido a esas nefastas expectativas. ¡Vaya alivio! Que a estas horas no he leído el boletín informativo a que nos tiene acostumbrados el ganadero, para quien a buen seguro, ha echado un corridón antológico que quedará en los anales del toreo. Él es así, que celebraba el que sus toros mujan y si además mueven la cola, les pone una calle; calle de Venturosillo. Pero la realidad es que ha sido, sin ser desastrosa, una corrida más, una de tantas, una de cualquier otro encaste y por supuesto de cualquier otro hierro y aquí pueden poner el nombre que mejor les venga; eso sí, no se me vengan arriba y pongan un hierro de su preferencia, mejor uno de los que torean las figuras habitualmente y que a veces no se explican que hacen en ferias como la de Madrid. Con uno de esos, lo clavan.

Se han empeñado algunos en lucir a los Victorinos poniéndolos de largo al caballo, pero estos respondían tardeando una barbaridad, si acaso se iban acercando, otros directamente se iban a dar un garbeo por el ruedo y cuando ya el picador les podía prácticamente alcanzar con el palo, entonces se arrancaban, unos para simplemente dejarse, otros para tirar cornadas al peto desesperadamente. Bueno, hubo uno que se arrancó a cierta distancia y hasta con prontitud, pero no, no tuvo pelea de bravo, se defendía tirando derrotes. Y de presencia, pues fieles a lo que ahora debe ser en exclusiva Victorino, todos cárdenos; eso sí, con un velamen que imponía respeto, algunos incluso cornivueltos. No todo iba a ser malo, que por lo menos nos pudiéramos deleitar admirando los pitones ya que las hechuras eran para el deleite justo.

Iba a decir que Antonio Ferrera se despedía hoy de la feria, pero vaya tontería, hoy se despedían todos, que era la última, pero es que uno tenía tantas ganas de despedirse del extremeño, que llega a caer en lo evidente. Y Ferrera estuvo a lo suyo, a no parar de correr, a abusar del pico, medios trapazos sin templar, trallazos allá dónde pillara y citar siempre desde fuera, siendo un rasgo quizá de honradez el tirar la espada de palo, reconociendo que para lo que le vale, tampoco la necesita. Quizá para cuando aprenda a darle uso, entonces dejará de tirarla a la arena con desprecio. Y cuando sus fans estaban entusiasmados con un arrimón en el cuarto, rompió el jarrón de la abuela estampándolo contara la pared con un tremendo y sublime bajonazo.

Sergio Serrano ha mostrado dos caras, aparte de la de torero voluntarioso con eso de irse a portagayola en sus dos toros, una para ser arrollado al salirle el toro parado y la otra al menos para hacer que pasara el animal. En su primero, un toro que se paraba ya de salida, que le costaba ir al caballo, que esperaba a los banderilleros, que no se entregaba en los primeros muletazos, que se quedaba corto, Serrano citando desde fuera empezó a tirar del toro en un muletazo. Continuó queriendo aprovechar los viajes, pero el toro, que iba con la cara alta, no estaba para ayudar. Quizá hasta estaba demasiado aquerenciado en los terrenos donde se había desarrolla casi toda la lidia hasta el momento. Cambió al pitón izquierdo y de nuevo consiguió tirar del toro, mandarle en la embestida. Intercaló momentos de meter el pico y trazar líneas, pero aquello ni valía, ni era para confiarse y de nuevo con la zurda dos naturales y uno profundo, muy hondo. Parecía que había llegado el momento de tomar la espada, pero no, alargó la faena innecesariamente, sin aportar nada a lo hecho. Falló con la espada, empeñado en matar en la suerte natural, en la que la ayuda por parte del Victorino era nula. En su segundo mostró la cara más conocida en esta plaza, la de la modernidad, la de la sosería, la de las escasas virtudes y los muchos defectos.

Román por su parte, pues lo de siempre y en esta ocasión sin que le arroparan sus partidarios. Centrado solo en el último tercio, sin aportar nada, con muchas carencias finalizando todos los muletazos apuntando a las nubes. Y sin darnos cuenta, la feris del reencuentro, la de la vuelta, se nos había ido entre los dedos, quedándonos una sensación de pena, no porque se terminara este calvario, sino porque se te vienen a la mente los años pasados, las compañías que se fueron y pensando dónde y cómo estaremos el próximo mes de mayo, si nos recibirá nuestra plaza o si ya solo la ocuparán las huestes del botellón, la chusma a la que le sobra todo lo que no sea aclamar al paisano, al vecino, al torero por el que se convierten en hooligans ciegos a cualquier razón que no sea la del jolgorio. ¿Qué será de nosotros? ¿Qué será de todos? Ahora solo queda marcharnos, darles a ustedes las gracias por los ratos que nos han dedicado, recoger nuestras cosas, llevarnos los recuerdos, si es que nos queda alguno de esta feria finiquitada con un bajón traicionero y volvernos cada uno a nuestro sitio. Eso sí, seamos civilizados, dejemos las cosas tal y como las encontramos para los que vengan, nosotros u otros y el último, que cierre la puerta.

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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